Restaurante La Cuina de Boro (CERRADO) en Valencia

Restaurante La Cuina de Boro (CERRADO)

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Datos de La Cuina de Boro (CERRADO)
Precio Medio:
51 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
8.6 10
Comida:
8.0 10
Entorno:
7.8 10
Calidad-precio:
7.8 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Campanar
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado, Valenciana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


72 Opiniones de La Cuina de Boro (CERRADO)

Poco más que añadir al comentario de Dani, elegí la Cuina de Boro seguro que iba a confirmar las grandes impresiones previas de los que ya lo conocíamos e iba a sorprender a los que se estrenaban. Paqra los curiosos pongo los vinos que armonizaron con los platos: Ajo blanco con carpaccio de carabinero y melocotón con Londoño rosado 2010
Coca de sardina ahumada, tomate confitado y caviar de Lagavuli con Go de Godello 2008
Titaina de atún rojo son huevo a baja temperatura y crujiente de pan de especias con Champagne Delamotte Brut Rosé.

Seta rellena trufada con Domaine Jean-Jacques Confuron Bourgogne aligoté 2007

Arroz de all i pebre de anguilas con Macharnudo Alto (La Bota de Fino) nº 27. Saca de marzo 2011.

Cochinillo con confitura de frutos secos y cítricos con San Román 2004.

Canutillo de piña natural rellenos de mousse de coco y cremoso de

chocolate y té con nube de Halls con Fondillón Primitivo Quiles Gran Reserva Solera 1948.

Petit fours con los cafés.... y fuimos buenos (era ya tarde) y no hubo coperio final.

Reitero el excelente nivel de la cocina y el espectacular servicio en sala con Maite pendiente de todos los detalles.

El precio es SIN VINO

Entono el mea culpa y casi me tiro de los pelos por no haber visitado antes La Cuina de Boro. Sin lugar a dudas, un restaurantes que hay tener muy en cuenta y elevarlo a ese podio de los grandes de Valencia. No tiene estrella de ningún neumático, posiblemente sea desconocido para los no residentes en Valencia, pero es, sin lugar a dudas, otro de los grandes desconocidos.
Tal vez la localización de local no sea la más idónea para los que viven en el centro de Valencia, pues se encuentra algo apartado. Pero a los que vivimos en los pueblos colindantes, casi nos viene mejor no meternos en el meollo de la ciudad, además la zona tiene bastantes plazas de aparcamiento por la noche.
El local es amplio, decoración clásica con cómodas de madera, lámparas de araña de cristal.... No es la decoración que más me gusta, pero es un lugar elegante, amplio y donde te sientes realmente cómodo.
Pasaré a describir el menú que tomamos. Menú pactado para realización de una cata que consistió en ajo blanco con carpaccio de carabinero. Empezamos con artillería pesada, pues me pareció un plato de 10. Pero a la vez me da miedo empezar tan tan bien, pues se crean expectativas muy altas. Continuamos con una coca de sardina ahumada, tomate confitado y caviar de Lagavulin, y de nuevo gran acierto, pues el me pareció un plato exquisito, con una sardina de gran calidad y ese toque de puro humo del Lagavulin. Combinación acertada y conjunto de sabores y texturas memorable. Titaina de atún rojo con huevo a baja temperatura y crujiente de pan de especias. Siendo un enamorado de los platos con huevo, suelo ponerles bastantes peros a estos platos... Pero cuando no los hay, no los hay y punto. Muy rica la titaina y el huevo en perfecto punto de cocción. Estos platos además tienen un valor añadidos de mis raíces, de las raíces de la cocina valenciana y de los platos que siempre se han comido en casa. Lo difícil es hacer que un plato tan típico y tan interiorizado, llegue a hacernos recordar ese sabor a casa. Seta rellena trufada, una seta rellena con carne picada y un punto trufado muy rico. Parece ser una especialidad de la casa y, aunque me pareció un escalón por debajo del resto de platos, es un plato muy rico.
Y ahora la apuesta arriesgada, porque hacerle comer a un valenciano arroz por la noche es casi una provocación. Personalmente, me horroriza cuando veo a los turistas a las 7 de la tarde con la paella sobre la mesa... Sin embargo, el arroz estaba muy rico, con el punto picante que tiene que tener un all-i-pebre, el sabor de la anguila y todos los matices que yo pido a este plato. Muy bueno, aunque alguien se quejó de un punto de exceso de sal, cosa que no me suele pasar, pues me gusta ese puntito de más en los arroces, lo que llamamos el arroz sentidet. Al último plato llegué por lo pelos, y porque la ración que me tocó era más comedida que la que tenían otros de mis acompañantes: cochinillo con confitura de frutos secos y cítricos. Y es que cuando se elabora un cochinillo a baja cocción, cuidado y bien cocinado, el resultado no puede ser otro. El postre consistió en un plato con tres preparaciones: canutillo de piña natural rellenos de mousse de coco (ligero y fresco), cremoso de
chocolate y té (para los amantes del chocolate puro) y nube de Halls (más técnico y divertido que rico, pero muy interesante).

El servicio del vino fue siempre excepcional. Maite se encargo de descorchar, envinar, servir el vino y cuidarnos en cada momento. Un servicio perfecto del que no puedo poner ningún pero. Las copas son de calidad y me faltó ver la carta de vinos. Aun así no puedo resistirme a poner un 10 en este apartado.

Como tomamos un menú degustación y los vinos llevamos nosotros, no pongo precio en la caja para no desvirtuar la media.

Nada más entrar te trasladas a un ambiente relajado, ya predispuestos a disfrutar, cocina de origen y tradición con toques actualizados, difícil las elecciones, perfectas las elaboraciones y tiempos, especialmente en los arroces.
Luego esta Maite, no deja de sorprenderte su perfecto manejo en la sala, su juventud se convierte en un plus, para disfrutar en los vinos dejarlo a su elección, cada referencia es una gozada y luego escuchar las explicaciones y anécdotas de ese vino, con la nueva ley nos perdemos el disfrute de la cava de habanos, no hay que olvidar que ha sido subcampeona del mundo en la cata de habanos, nada menos que en Cuba!!!!!, las ginebras para la sobremesa, vuelven a sorprenderte en numero y marcas difícilmente imaginables, otro lugar fuera del entorno mediático, que se esfuerza por mantener una gran cocina y que esta sea valorada por lo que tiene que ser.

Después de terminar de cenar, Maite alma y cabeza de La Cuina de Boro, cerro las puertas e invito a distintos [email protected], algunos con restaurantes, otros que trabajan en restaurantes, comentando anécdotas, y acompañados de varios gin, una persona nos llamo la atención, nos sonaba de algo, pero no relacionábamos, pero esa persona al final se descubrió y nos llamo gratamente la atención, era un gran conocido de aquí en Verema, era….. el aquí llamado POLEN, una grata sorpresa para añadir a la fantástica velada.
Gracias Maite

Visita al mediodia con motivo de la cuina oberta. Precio del menú: 20 euros/pax; precio pagado: 44 euros/pax.
Siento decirlo, pero no lo recomiendo a pesar de las buenas críticas de algunos foreros yo no pienso volver, ni dar segundas oportunidades, ni pensar que han tenido un mal día y no creo que porque se trate de un precio de menú de cuina oberta justifique el comportamiento que a continuación detallaré.

En cuanto al menú:
- guacamole con crujiente de maíz: insípido; a los cuatro comensales (3 señoritas y un caballero-yo) nos pareció insípido, y de hecho, una compañera de mantel pidió un salero.

-Milhojas de verduras gratinado: más insípido que el anterior, no sé si es que se quedaron sin sal o es que nosotros somos muy salerosos, pero el caso es que estaba totalmente plano; los he probado mejores en restaurantes sin tanto renombre.

- Crujiente de morcilla de arroz con habitas tiernas y cebolla caramelizada: el mejor entrante, muy sabroso y hubiera repetido.

Plato Principal: arroz meloso de vieiras con alcachofas y ajos tiernos: muy bueno, sabroso, con dos trozos de vieiras en cada plato y buena cantidad; nos hemos quedado llenos y no ha hecho falta repetir.

Postre: canutillo de piña natural relleno de mousse de coco y ron y cremoso de chocolate con té de ceylan con nube de halls: prescindible totalmente, el canutillo estaba correoso y el chocolate para nuestro gusto estaba muy fuerte.

En cuanto a los vinos, nos ofrece maridarlo con tres vinos a un precio de 12 euros/pax; aceptamos, pero resulta que era una copa por vino, y como eran tres vinos, en total 3 copas, si repetías copas te las cobraban a 3,90 euros. Como no lo sabiamos repetimos algunos comensales algún vino. De haberlo sabido hubieramos pedido la botella entera, que se cobraba a 21 euros y hubieramos bebido más copas.
Los vinos del maridaje flojos, flojos: sólo me acuerdo del perro verde, un vino de rueda demasiado visto; el cava estaba pasable, y el tinto, que no me acuerdo del nombre porque prefiero olvidarlo, estaba cerradísimo.

Le comento a Maite, la sumiller, el hecho de que nos cobran varias copas aparte y dice que eso es normal, y le comento que de haberlo sabido hubieramos pedido las botellas enteras porque hubieramos bebido más y más económico y lo niega; para no discutir pagamos la cuenta sin dejar un céntimo de propina y juramentándonos no volver más ni recomendarlo a nadie. He ido a varias cenas/comida a restaurante con maridaje y si repetías alguna copa no te la cobraban, aquí sí. Flaco favor que se hacen, pues con no nolver asunto solucionado.

Desde luego, si cuina oberta se hace con el objetivo de fomentar la asistencia a determinados restaurante, debo decir que en este caso han conseguido el efecto inverso.

En el precio se incluye el café, una cerveza por comensal y un vino dulce (uno solo) para compartir los 4, pues los precios de los vinos dulces era de aupa. En algunos casos, con una copa casi te pagagas la botella entera.

Pregunta: ¿si voy con alguien que conociera a Maite el resultado hubiera sido el mismo?
Respuesta: NO, hubieramos comido mejor, bebido más y de mas calidad y el precio bastante inferior.
Resultado: mejor ir bien acompañado.

Aunque había leído las reseñas de Verema La Cuina de Boro me sorprendió por algo que no esperaba. Una cocina sencilla pero muy bien hecha. Para empezar una titaina con un huevo pochado realmente espectacular, con su tomate y su “tonyina” en gruesos tacos y con un profundo sabor. Nada que ver con la gran mayoría de titainas que hacen por ahí a base de tomate de bote y “residuos” de atún. Lo único que lamento de este plato es que era escaso (a la próxima repetiré). De segundo bacalao con tomate, muy bueno sin pasarse en la cocción y jugoso. Sencillo pero suculento.
Antes del postre tomamos una selección de 5 quesos presentados ordenadamente de más a menos fuerte con un Blue Stilton particularmente cremoso y de potente sabor.
Como postre una mousse (muy densa) de chocolate con algo parecido a nubes de menta. Muy rico sin llegar a empalagar.
La carta de vinos está cuidada con muchas denominaciones donde elegir. El servicio es correcto con envinado de copas y cambio de servicio en cada uno de los vinos tomados. Para empezar Arrayán Merlot, seguido de un Pontac (pedido por los riojistas de la mesa) que sabía a poco comparado con el Arrayán. Finalmente volvimos sobre nuestros pasos y rematamos los quesos con un Abadía Retuerta que mantuvo el tipo.
Para finalizar cafés (con mignardies) y unos gin tonic con ginebra valenciana GINSELF de sabor a mandarina y que da un agradable sabor cítrico.
Servicio atento y agradable en un ambiente tranquilo. El precio es algo caro pero se puede repetir de vez en cuando.

Iba con la idea de encontrarme un local recargadamente clásico por comentarios anteriores y por alusiones de otro tipo. La fachada y la entrada al mismo ya me pone en antecedentes de todo lo contrario. La decoración es personal y muy particular, su clasicismo se ve mezclado en una sala de techos altos y con muy buena iluminación, ecléctico en definitiva. Puede que poco acogedor, aunque a decir verdad muy bien contrarrestado por la suavidad y buen gusto de los colores que junto a las sillas te hacen sentir muy cómodo, y es que todo suma.
Se cuidan los detalles, mantelería de hilo, copas Riedel, una magnífica carta de vinos... detalles de buen restaurante. La carta de platos me pareció corta pero también suficiente, a mi juicio hace que te centres.
Decidimos compartir entrantes y rematar con uno de los platos de arroz a cual más atractivo. Desde luego que mejor para pensar que una copa de Fino Antique, toda una joya.
- Un tierno mil hojas de verduras bien cocido con un punto de suavidad muy bueno gracias a una emulsión de mahonesa un poco sentidita de ajo.
- El par de croquetas de chipirones con crema de carabineros fué el que menos destacó pero también lo considero bien ejecutado.
- El crujiente de morcilla de arroz con cebolla caramelizada realmente bueno, con toque de comino para dar frescor y dulzor restando potencia. El nombre de este entrante dice menos que el nivel que llega a tener.
- El tournedó de manitas de cerdo fué el que más nos gusto de todos, gran textura y sabor.
Todos los entrantes muy bien presentados.
En el arroz nos tuvimos que dejar llevar, uno por ser la primera vez que acudíamos, y dos, porque como decía la elección se hizo difícil al leer combinaciones muy ricas. No solemos tomar arroz por la noche y por otra parte me temía que pudiera haber alguna restricción al pedirlo. No fué así y nos deleitamos con un meloso de cigalas, rape y setas.
Acabamos saciados y de postre nos sugirieron al decir que necesitábamos algo que no fuera pesado, unos canutillos de piña y coco muy ricos que también compartimos al igual que los entrantes.
Maite tiró de muñeca para envinarnos un Gotin del Risc Lías 2006 que viendo su profesionalidad, me gratificó el coincidir con ella en la elección del mismo. Un vino en una evolución estupenda que fué muy bien servido. Ese servicio lo traslado al que nos dispensó Maite en todo momento, me encanta y me apabulla que tras ese aplomo haya una persona tan joven con las ideas tan claras.
Salimos con la certeza de haber estado en un buen restaurante, tanto por la calidad de comida como por los detalles que ya se han dicho. Como el del café por ejemplo, ¿Colombia o Brasil?.
En fin, supongo que volveré por mucho que esté al "otro lado" de la ciudad, y no hablo solo de geografía.

La sensación después de la comida de hoy es la de haber comido dignamente (muy bien para esos 38 € del menú) y en un sitio con ciertos detalles de grande restaurante (esa carta de vinos, por ejemplo).

El menú consistía en un aperitivo, tres entradas (crujiente de morcilla con cebolla caramelizada, seta rellena trufada), pescado, carne (rabo de toro con trompetas de la muerte) y un postre (milhojas de la casa con mouse de mango). El resto de platos (unos cachistos de carne con pisto y huevo a baja tempura, pescado con una especie de all-i-pebre) no puedo detallarlos más pues o no los "cantaron" o lo hicieron tan rápidamente que no pude oirlos con claridad. "Pues vuelve a preguntar" - dirá alguien. Pues no soy de esos. Si hay prisas en la sala, no seré yo quien entretenga al personal, aunque detenerse y "cantar" alto y claro el plato supone 3 segundos más. Destacaría la seta rellena por encima de los demás platos: muy rica.

El servcio del vino es más que correcto con una carta extensa y un trato muy bueno: copas Riedel, envinado de las copas, temperatura, mesa auxiliar sin dejar nunca nuestra copa vacía... Excelente. Hemos tomado Dominio de Atauta 2006

Trato amable y mobiliario, mantelería, vajilla... muy correctas. Quiza la cubertería podría mejorar. Pero es una apreciación muy personal.

Jaleado por los comentarios entusiastas de la mayoría aquí, decidí ir a probar este restaurante.

En cuanto a la decoración, estoy de acuerdo con jordi. A mi personalmente no me gusta nada, parece la casa de mi abuela de los años 40, eso sí al menos con el gusto de ser monocromático en los entornos del marrón y evitarnos un disgusto histriónico mayor.

Respecto a la comida tengo que decir que los primeros mucho mejor que los principales, que me decepcionaron: no estaban mal pero demasiado "normalitos" para un restaurante de tanto nombre.

Refiriéndome a los primeros, si que estaba muy buena una ensalada de tabule y algo menos aunque también bien unas croquetas de calamar en su tinta.

El servicio eso sí amable y correcto y se les nota que les gusta lo que hacen.

Regreso al local que tanto me decepcionó en diciembre y cuya reseña tantos comentarios suscito. A todos gracias por sus consideraciones. Como la decoración no ha cambiado ni mi opinión sobre ella tampoco, decido sentarme de espaldas a la vista general del comedor. Descubro así, además de una curiosa zona superior con unos pequeños reservados útiles tal vez para comidas de negocio, que un poco menos de potencia lumínica atenuaría la rigidez de su decoración. La profesionalidad y amabilidad de Pérez no está en discusión por lo que no merece la pena insistir en este punto, aunque su comportamiento en diciembre fue sorprendente. Otra cosa es que la reposición de la cubertería en las cajoneras tuviera que hacerse con clientes (nosotros) en el local. Pero esto también me ha sucedido en el Petrossian de la 58 con la Séptima y los precios, y la supuesta charme del local, son muy superiores.

Al igual que la vez anterior probamos el milhojas y la seta rellena. La opinión: algo más favorable para ésta y menos para el primero que estaba tibio/frío en su interior. Probamos otros entrantes entre los que sobresale la salsa dulce (con miel y mostaza al menos) que acompaña al tartar de atún y solomillo, en una combinación algo insulsa para mi gusto (un poco de pimienta de sechuan lo alegraría quizá). Mediocre la ensalada de pulpo pasada de ajitos y con una materia prima decente pero no espectacular y nada sorprendentes los bombones de foie.

De segundos excelente el bacalao y menos destacables, aunque no por ello descalificables, las carnes (nada de experimentos con el conejo en esta ocasión: ternera). Los postres, al centro con una combinación de varios, de calidad pero como en tantos otros restaurantes. Los vinos de mi elección, unos mejores que otros, muy bien servidos. Los precios moderados y sensatos en estos tiempos de excesos.

La valoración no cambia. Pero puede exponerse en sentido más positivo que en mi comentario primero influido por las excesivas expectativas derivadas de la lectura de reseñas que en mi modesta opinión son exageradas y la nula atención recibida. En todo caso fue un error mío porque debería haber "situado" a las dominadas por el elogio personal y por cuestiones habituales y nada destacables en restaurantes profesionales (que hay bastantes).

Es, pues, un local a tener en cuenta dentro de la oferta de la ciudad, de servicio profesional (habitualmente) y amabilidad a reseñar en Teresa Pérez, con unos platos logrados y otros menos. La relación calidad precio es muy favorable, pero hay escasa sorpresa a la hora de degustar lo pedido (exceptuando la salsa del tartar y el milhojas). Sin tomar en cuenta la RCP queda fuera de mis preferidos en Valencia (casi todos fuera de la propia ciudad).

Al margen de ello, debiera, en mi modesta opinión, separar a fumadores y no fumadores por áreas de forma que la contaminación entre ellas fuera mínima. El local y la demanda lo permite y una carne perfumada por el humo de un habano no es plato de gusto (para la mayoría). La prohibición está cerca pero ya sabemos cómo seguramente se aplicará aquí. Y sin embargo nadie debería fumarse otros humos que no fueran los suyos.
*La fecha es sólo aproximada

Como ya se ha dicho, local espectacular, excelente separación de mesas y decoración clásica pero con gusto. Las copas, vajilla y cubertería son excelentes y el servicio del vino exquisito, como no podría ser de otra manera estando en manos de Maite, quien además asesora convenientemente al respecto. En relación con la comida, muy buena materia prima, ensalada de pulpo, muy rica, croquetas de jamón ibérico excelentes, muy bien acompañadas, crujiente de morcilla de burgos, y como plato principal pescado, en concreto bacalao, para mi gusto en el punto adecuado y muy sabroso. Muy rico el postre de chocolate cuyo nombre, como el de los platos no recuerdo. Para beber un buen Riesling básico que aguanto bien la comida y finalmente una copa vino dulce, también de origen germánico gentileza de la casa. Muy bueno el pan y los cafes. Destacar el trato recibido, como siempre.

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