Restaurante La Embajada (CERRADO) en Valencia
  

Restaurante La Embajada (CERRADO)

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Datos de La Embajada (CERRADO)
Precio Medio:
52 €
Valoración Media:
7.9 10
Servicio del vino:
6.4 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
9.7 10
Calidad-precio:
7.6 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: L'Eixample
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 27,50 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


28 Opiniones de La Embajada (CERRADO)

Lamento tener que rectificarme sobre mi anterior comentario, pero por desgracia la belleza del local, no supera sus deficiencias culinarias y de servicio, cierto es que en la anterior ocasión fuimos a cenar y que además no había apenas ocupación de mesas, ergo todo es subjetivo según el momento que lo cuentas.
Segunda visita, esta vez a medio día, rechazamos la oferta de menús (no nos encajaba ninguno de ellos) y recurrimos a la carta, craso error, porque evidentemente a medio día, no se les ve preparados para salirse del guion.
Pedimos tres entradas, que tuvimos que ir negociando, ya que algunas de ellas no las podían servir por no tener genero, igualmente nos ocurrió con el vino, optamos por un Habla del Silencio que anunciaban a 18€ y después de seguir pidiendo otras referencias porque no les quedaba, nos decantamos por un clásico Muga, que ya nos incrementaba a 28€, pero ni por esas, al final le dijimos que era más sencillo que nos dijera que le queda, ofreciéndonos un Roda por 33€, es decir, del origen de 18, casi duplicamos hasta los 33€.
El camarero que nos atendió, despistado y acelerado, nos sirvieron platos del menú de otra mesa, que tuvimos que devolver por su error y lo peor de todo fue su supuesto “chuletón de buey” a 27€ que anuncian para 2 personas, que apenas parecía un bistec de poco más de 100gr perdido en una enorme pizarra.
Creo que tendrán que ingeniárselas un poco más, o aquello se convertirá en una fonda muy bonita.
Saludos

Probablemente uno de los restaurantes más bellos de la ciudad, con clase, con distinción, con emblema.
El restaurante, ubicado en el primer piso de una casa noble (podríamos llamar palacio) de la plaza Alfonso Magnánimo del siglo XIX, posee distintos espacios que permiten la estancia de manera más discreta si lo deseas.
Después de la restauración que han llevado a cabo durante los meses de verano, un nuevo espacio más informal dentro del propio restaurante pero debidamente separado, recuerda a una barra de cualquier gastrobar que existe a ras del suelo, pero ninguno puede competir en su ubicación, este es imbatible, aunque no este Patiño, al que siempre se le puede encontrar en su nuevo restaurante.
Un espacio más desenfadado que el resto de los salones, permite una degustación tanto de tapas como de la nueva cocina con toques peruanos que proponen, en su barra se exhiben mariscos del día, en mi caso nos decantamos por el salón tradicional, que con un aspecto inmejorable, tanto en la puesta en escena, como la mesa vestida, hacen que la cualquier ocasión, sea especial.
Un servicio muy atento y profesional, pendiente en todo momento de agradar y complacer, hacen que te sientas como un marques, en un ambiente cuasi palaciego, la carta es curiosa, puedes optar a dos tipos de menú degustación, uno por 60€, otro por 45€, también hay otro por 20€, pero solo de mañanas, o una serie de tapas perfectamente elaboradas que no pensarías poder tomar allí.
Nos decantamos por esta opción y el resultado fue inmejorable, por cierto, exquisito ese cochinillo tipo cochifrito, una carta de vinos no muy amplia y tal vez algo más caros de lo que el mercado señala, sobre todo teniendo en cuenta sus referencias.
Respecto a los postres, indicar que además de no poder verlos en carta alguna, cosa que siempre invita a pecar, el maître nos ofreció tan solo dos opciones, de manera que solicitamos ambas para cuatro, pero a nadie nos convenció, le falta vida a esos postres que querían ser algo y se quedaron en nada.
Un lugar para volver, aunque para ello no precises escusa alguna.
Saludos

Atrás quedaron los tiempos de Vicente Patiño. De aquello solo queda el lugar porque la comida ni se le parece. No vuelvo.

Lugar ya muy descrito y aunque ha cambiado de gerencia mucho en los últimos años, sigue siendo un lugar de los más elegantes de Valencia.
Esta vez, y de ahí el comentario, va desde otro punto de vista, ya que se trata de un coctel en los salones del local, en lugar de una comida o cena al uso; opción interesante para celebraciones de grupo, recepciones, inauguraciones, clausura de eventos...

Como coctel que es, todos de pié, servicio de bebidas con camareros muy debutantes con cervezas de barril, refrescos y de vinos Valtravieso roble y Melior verdejo de Matarromera, muy correctos ambos; aunque supongo que siempre hay opciones diferentes según precio, que en este caso desconozco.

El coctel: salpicon bueno, carpaccio de ternera bueno, pollo al curry más difícil, croquetas de York y de atun, queso brie con tomate, brandada de bacalao muy buena, rollito de pato contundente algo seco, chupito de pisto de lo mejor.

En postres: bolitas de melon y sandia; brownie de chocolate. Ambos cumplidores.

Una opción a veces necesaria, en un marco muy vistoso.

Local céntrico justo al lado de el corte inglés, era un antiguo palacete y después sede de un banco, ahora reconvertido a restaurante.
Para mi el local es impresionante, aunque con algún fallito como las sillas,algo incomodas.
Nos hemos decantado por el menú ejecutivo, que consta de un entrante, un plato principal y un postre con un precio atractivo para el entorno de 25 euros con una bebida, postre y café incluido.

De aperitivo nos han puesto unas patatas fritas y nosotros hemos pedido además unas anchoas y sardina ahumada, para mi esta segunda mejor que las anchoas.

Entrantes:

Ensalada niçoise: bastante sencilla, con diferentes lechugas, tomate, patata, huevo y una salsa de mostaza, para mi un plato normalito para lo que esperaba.

Principales:

Arroz de verduras y setas, lo han pedido mis compañeros, buen sabor y correcto.
Muslo de pato confitado con puré de patata, estaba bueno y con buena elaboración.

Postre:

Hojaldre de plátano al rón, también me ha gustado , con una salsa muy rica, será por el ron.

Para beber nos hemos decantado por un Corolilla reserva,carta de vinos algo corta y multiplicada por 2 mínimo, sin servicio de vino

Resumiendo,el local es impresionante, pero esperaba algo más de este sitio del que tenía buenas referencias, quizás más elaboración de los platos o algo que me sorprendiera.Lastima no haberlo probado cuando estaba Patiño.

Tendremos que repetir para darle otra oportunidad

Celebración familiar este pasado 20 de Julio… fresquito en Valencia.
Nos acercamos con muchas ganas después de leer tan buenas críticas aquí en Verema.
Aparcamos un pelín antes y esperamos en una ‘zona de fumadores’ bastante apañada en la tomamos un par de cervezas y otro de aguas ya que no disponían de ningún refresco sin gas…
Van llegando y algún Martini después nos acomodan en uno de los bonitos reservados, una pena que el aire acondicionado no daba más de sí… pasamos un pelín de calor.
Mesa para once adultos y las dos perlas de l’Albufera.

Para las herederas del imperio de los Andrade…
• Jamón (lo devoraron)
• Arroz meloso de pollo de corral y hongos, brutal arroz, brutal sabor y brutal ración que nos encargamos de que no se tirara nada…
• Helado de dos chocolates

Para los ‘adultos’, menú cerrado que consistió en…
• Tres entrantes: Cucharilla de ensaladilla rusa, Tomatito relleno de queso y una cremita de puerros. Bien.
• Croquetas de puchero. Buenas.
• Falso ravioli de Beicon, aquí me harté de mojar pan. Pan que como describe el compañero anterior estaba cortado en rodajas, muy bueno de sabor por cierto.
• Carrilleras con cremoso de patata y mostaza, buenas también, pero la verdad, que cuando ya flaqueaba el hambre, nos plantaron tres más que generosos trozos. Hubiese preferido raciones más abundantes en los entrames.

Se maridó el menú con unos correctos Melior verdejo y un Valtravieso roble. Continuo llenado en bonitas copas.

Texturas en chocolates creo que se llamaba el postre y buen café.

Se aportó una tarta fondant de estas que están tan de moda, bonita de verdad y muy rica. Nos la sirvieron toda y fue imposible acabarla.

Rato muy agradable el que pasamos en un entorno estupendo. Servicio muy profesional, con algunos fallos (como es normal). La RCP la desconozco, aunque viendo su web, hay menús bastante asequibles.

Imposible encontrar anoche ni una de las virtudes expresadas en los comentarios anteriores salvo lo referido al lugar, un antiguo monasterio del siglo XVI transformado en palacete en los principios del XX.

Para empezar no esperan ni a que te sientes para preguntarte si deseas tomar un aperitivo.

Pedimos una botella de champagne que nos intentaron servir EN COPAS DE VINO. La verdad es que me quedé escandalizado de la falta de profesionalidad demostrada, un fallo IMPERDONABLE en un restaurante cuya factura es la que es. No volvieron a llenar las copas ni una sola vez en toda la noche.

El pan parecía de supermercado, cortado a rodajas como en un vulgar bar de tapas.

Pedimos el Menú Gastronómico. Correcto, pero nada fuera de lo común. Pedí la carne al punto y la trajeron algo pasada. La ostra muy buena.

Creo que los sitios hay que valorarlos acorde a su relación calidad-precio y el servicio de este local es de bajísima calidad si lo comparamos con el precio que pagamos.

Una pena, no volveremos.

Poco que añadir a los muchos elogios brindados a La Embajada en la mayor parte de las críticas que preceden a ésta.
La ubicación del restaurante, en el primer piso de lo que, si no me equivoco, inicialmente fue un convento en el siglo XVI y posteriormente un palacete señorial, es de las mejores que se pueden encontrar en Valencia. Elegante, señorial y acogedora, con acertados guiños a la vanguardia y la modernidad.
El servicio en sala profesional, atento y educado, sabiendo estar en todo momento.
La carta variada y atrayente, con el acierto de la posibilidad de que se pueda disfrutar de este restaurante a un buen precio, pudiendo comer o cenar desde tapas "tradicionales" hasta platos más creativos (así aparecen en la carta), pasando por varias opciones de menús.
En nuestro caso, sábado por la noche, nos decantamos por el Menú Gastronómico (54 euros), queríamos probar al máximo la cocina de Patiño, compuesto por cuatro entrantes, media ración de pescado, media ración de carne, un prepostre y un postre (pido disculpas de antemano por la falta de detalles en alguno de los platos pero las notas tomadas in situ se debieron de quedar allí).
Antes de comenzar con el menú dos aperitivos del chef muy bien conseguidos para ir haciendo boca.
Como entrantes: ostra con ponzu de hierbas cítricas, manzana y rábano (muy bueno el ensamblaje de la ostra con su acompañamiento); royal de almendra tierna, quisquilla de Santa Pola y salicornia (original textura y sabor sorprendente); arroz escabechado de algas y calamar (para los que adoramos el arroz un acierto incluir este plato en el menú, muy bien cocinado); y puerros, mostaza y almendras (acertado pero el menos sorprendente de los cuatro entrantes). Lamento no recordar el tipo de pescado que tomamos pero sí que la guarnición acompañante era un gazpacho de clochinas muy rico. Pero lo mejor estaba por llegar con el magnífico alto de buey servido como carne, en mi opinión perfecto y lo mejor de la cena.
En cuanto a los postres, muy ricos la fogassa (dulce típico de la zona de Xàtiva y Ontinyent) de calabaza, nueces y cítricos y la pera con tofe y regaliz, aunque eché de menos que entre los dos postres no hubiera ni un ápice de chocolate (imprescindible para los adictos después de una buena comida), quizás el único "pero" que le pondría al menú.
En cuanto al servicio del vino, tal vez la vertiente que quede por pulir en La Embajada. Aunque con alguna referencia sorprendente (tomamos un Obscur 2008 magnífico, vino valenciano cuya existencia reconozco desconocía hasta este momento), la carta se queda muy corta para el nivel del restaurante y el potencial gastronómico que ofrece. Preguntamos sobre este vino y la explicación del jefe de sala atentísima y cumplidísima, pero se echa de menos que el servicio del vino en la mesa se prolongue durante toda la cena.
En definitiva, gran restaurante en Valencia que en poco tiempo se contará sin duda entre los grandes de la ciudad (para ello tal vez sea necesario mejorar el aspecto enológico), del que se puede disfrutar todavía a precios razonables.

Sábado noche, acudimos a este restaurante con reserva previa y altas expectativas de disfrutar de la cocina de Patiño.

Creo que no es necesario redundar en la majestuosidad y elegancia del palacete en cuestión. Solamente mencionar que me parece precioso y lleno de encanto. Es ideal para una cena romántica puesto que La Embajada cuenta con un marco que bien puede sumergirte en un cuento de príncipes y princesas. www.laembajada.es

A nuestra llegada nos ofrecen las distintas opciones y nos decidimos por el Menú Embajada 35 € (2 entrantes, pescado, carne y postre) que para cenar nos parecía más que suficiente.

Nada más sentarnos nos obsequiaron con unos APERITIVOS:

~ Unos largos palitos a modo de rosquilleta acompañados de una salsa de atún y mahonesa.

~ Falsa empanadilla de pisto y atún. Un clásico, por lo que he leído, que consiste en una especie de deconstrucción de empanadilla. Difícil de explicar, mejor probarlo. Original y suave para empezar.

Como ENTRANTES nos trajeron:

~ Ostra con ponzu de hierbas cítricas, manzana y rábano. "Bicho" de buen tamaño y melosidad patente que se sumergía en un caldo que no logré identificar. Correcto bocado de mar.

~ Hongos al ajillo y nueces. Sobre una base de crema de nueces muy lograda reposaban las setas en láminas grandes y finas. Curioso plato del que esperaba algo más. En mi opinión, presentación algo tosca y conjunto falto de enganche.

El plato de pescado consistía en un lomito de Corvina con crema de verduras y legumbres. Buen punto de cocción, algo falto de punto de sal para mi gusto, muy sabrosa la crema y buen montaje vistoso y colorido.

Y para finalizar, Presa ibérica con hongos. Tal vez es porque soy muy carnívora, pero fue el plato que más me gustó. Buen taco de carne, tierno, jugoso y potente. Además de la intensa salsa acompañaban a la presa unos taquitos de hongo con agradable sabor a la tierra. Buen producto y estupenda ejecución.

Como postre, pudimos degustar una exquisita Espuma de calabaza con helado de cítricos y migas de torta. Estupendo colofón protagonizado por un postre suave que aunaba colores, sabores y texturas: ácidos y dulces se entremezclaban con la ligereza de la espuma, el frescor del helado y la densidad de la torta.

Pan cortado en grandes rebanadas de miga esponjosa y corteza gruesa y crujiente.

Para beber, Fer tomó un vermut rojo Martini y continuó con un par de copas de vino, Merlor 2012 Verdejo y un ribera Valtravieso. Yo, como es de esperar, empecé con cerveza y terminé con ella.

Mesas amplias, bien vestidas de impecable blanco y con más que sobrada separación entre ellas. Copas, cubertería, vajilla y demás de refinada corrección. Música chill-out ambientando la escena. Atmósfera tranquila y sosegada.

Servicio joven, discreto y tal vez demasiado serio para mi gusto.

En este incomparable marco y con semejantes expectativas la mirada justiciera de esta forera se hace algo más exigente. Una cadencia de platos que te obligaba a comerte el pan entre uno y otro, oh, oh, servicio algo desorientado y con algún fallo de protocolo, ainnnnssss, algún plato algo carente de enganche... En definitiva, esta princesa tiene un cuento pendiente con este castillo encantado.

  • Espuma de calabaza con helado de cítricos y migas de torta

  • Presa ibérica con hongos

  • Corvina con crema de verduras y legumbres

Nueva visita a la Embajada. Creo que ya se ha descrito en comentarios anteriores el marco y el entorno con la suficiente prodigalidad como para no repetir. En cualquier caso, para darse una idea acertada de como es , quizás lo mejor es darse una vuelta por su pagina web y asi poder hacerse una idea.
Tomamos Menú la Embajada
Aperitivos de la casa Crema de apionabo servida en un pequeño cuenco y ensaladilla en una cucharita.
Almendra asada con gambas y agua de tomate Se coloca la almendra en el fondo del plato y encima , acompañadas de vegetales , las gambas. Plato redondo con sabor profundo y potente. Se mezclan el mar con la almendra y el fondo cítrico del tomate. Pasas por diferentes fases , ya que el juego de las texturas acompaña a la unión de los sabores. Hay granos sueltos de sal que , al morderlos todavía potencian mas el conjunto. Después de la introducción de la almendra , en forma de una especie de crema, aparece la gamba con todo su poder potenciada por los vegetales que la acompañaban y al final, aparece la frescura protagonizada por el tomate.
Ostra Gillardeau con salsa Ponzu . No tenia ni dea lo que era la salsa Ponzu, pero el resultado me ha encantado. Ostra de muy buen tamaño , de hecho , había que partir la para comerla, la cual cuando se une a la salsa , provoca una sensación continua de sabores , mezclándose el sabor potente del mar con el de la soja y los vegetales y cítricos. Al principio domina la ostra , luego la soja , mas tarde el resto de los ingredientes de la salsa , se unen y potencian nuevamente el sabor de la ostra. Al final, sinfín de sabores, para tomar dos docenas de ostras y un litro de salsa.
Guisantes con pil pil de cebolla . Elegancia , finura y delicadeza. Guisantes muy grandes , con muy poca cocción, lo cual les hacia estar duros , se acompañaban de pequeñas las de bacalao sobre el fondo del pil pil. Otra demostración insultante del dominio de las salsas y de las bases por parte del cocinero. Otra demostración de técnica y de plato redondo. Tres texturas diferentes , al morder otra cascada de sabores, uniéndose y siendo contra punto el salado del bacalao con el punto dulce del pil pil y de los guisantes. Soberbio plato . Entra de menos a mas, llega a la cumbre y , el final vuelve a bajar.
Espárragos con chile español y naranja. Si la salsa anterior ya deslumbra , esta no se queda a atrás. Plato muy vistoso cromáticamente , ya que salsa anaranjada combina con el verde los espárragos laminados que la adornan. Mezclados, imbuidos con la salsa, espárragos blancos y naranja en forma de gajos. Plato sorpresivo y original. Expresión de creatividad sin abandonar los principios de la cocina. Los espárragos no son blandos , explotan al morder y llenan la boca con su sabor , el punto citrio de la naranja es sutil y al final, las papilas después de cada bocado se impregnan de un suave picante que va creciendo de forma escalonada. Sorpresa no sólo en la idea del plato, sino en su ejecución. Arriesgda con resultado sobresaliente.
Rodaballo con all i pebre Se presenta el pescado , con perfecto punto de cocción , piel crujiente, capa gelatinosa y carne prieta (tres tejidos perfectamente diferenciados en uno) con sabor fresco y potente sobre la base del all i pebre. Entra el pescado , se mastica , extraes el sabor y luego , envolviendo , cuando el sabor del rodaballo va decayendo , entonces aparece el all i pebre en forma de , como no, salsa extraordinaria. La salsa lo vuelve a empujar , lo arropa y lo hace que vuelva a emerger el pescado , para al final , hacerse dueña de la situación y dejar ese fondo picante que se abre en lateral en la boca. Deconstrucción? Variación? No, más fácil, Creación, en base a otros platos , pero Creación con dominio aplastante de la situación.
Cordero glaseado Perfecta ejecución de la carne , tierna, melosa y con un sabor notabilísimo, sobre un fondo de una crema de hígado simplemente brutal. Final apoteósico en potencia .

Postre : Espuma de calabaza con un helado de cítricos Muy refrescante , fue un buen final , para una cena excelente, a pesar de que no soy mucho de este tipo de postres.
Muy buen pan , crujiente y cortado en rebanadas. Café muy bien servido (al fin alguien entiende el concepto de café corto)

Servicio de vino de nivel . Y aquí , me gustaría hacer una consideración sobre Amanda como responsable de este apartado. No la conocí en su época anterior en el ya cerrado Ca Sento , pero , es innegable que , su capacidad de adaptación , al ir de aquel restaurante a éste , es simplemente sobresaliente. Sólo puedo decir que , todos los vinos que ella me ha descubierto , todos , sin excepción , ya no sólo me han gustado , sino que me han sorprendido. Imagino , y esto de deja de ser una mera elucubración, que , para alguien que estaba acostumbrada a lidiar con todas las gamas de vinos y con un determinado tipo de clientes , el cambiar radicalmente de escenario y de clientela , no debe de ser nada fácil. No sólo los tiempos han cambiado en su caso , ha cambiado casi todo. Y su adaptación es simplemente sobresaliente. Pertenece Amanda a ese tipo de profesional , cada vez más difícil de encontrar, que sin estridencias, sin pedanterías y sin alardes , ayuda, informa y te enseña sobre el mundo del vino. Para nada va de estrella , para nada quiere destacar , pero , tengo claro que esa sala no sería la misma , ni mucho menos si ella no estuviera. Y no sólo eso, es que además, sabe trasmitir perfectamente el ideario y la concepción que viene desde la cocina. Siempre con sonrisa, siempre con amabilidad, siempre discreta y siempre correcta. Creo que su la bor debe de quedar reconocida porque , en este caso , su labor va más allá de ser sumiller (lo cual por si sólo ya es bastante).
Muy buen servicio de sala . Como complemento del párrafo anterior , las veces que he ido siempre me ha atendido un excelente camarero (del cual lamento no conocer su nombre). Rápido, educado , eficiente , respetuoso y cercano. Un excelente profesional

Que la Embajada es uno de los restaurantes mas bonitos que se puede visitar creo que esta fuera de dudas. Que su marco es incomparable, majestuoso e impactante parece que es algo que casi todos estamos de acuerdo. Y que durante mucho tiempo ese ha sido el activo mas importante y lo mas comentado en los círculos , creo que tampoco tiene muchas dudas. Pero , ahora, creo que , el gran activo que puede tener la Embajada es además de su marco y de su servicio , su cocina. Y voy un punto más allá, su verdadero activo potencial se llama Vicente Patiño. Su cocina es creativa, imaginativa , arriesgada, sabrosa y con base técnica elevadísima. Nada tiene que ver este Vicente Patiño con el de Oleo. Las circunstancias han cambiado y ahora es cuando empieza a ser él mismo. Y creo que , cuando es él mismo , es mucho cocinero. Toca todos los palos y todos los toca no bien, sino muy bien. Quizás el apartado mas a mejorar es de los postres , pero también es verdad que , en Valencia es un apartado donde , en general los clientes no le dan la misma a importancia que a otros. Su potencial de crecimiento es enorme , porque , no podemos olvidar que Patiño trabaja en paralelo de dos formas por la filosofía del local. En la Embajada se hacen eventos masivos y , entiendo que compaginar esos eventos masivos con las necesidades de un restaurante con cocina mas personal no puede ser fácil nunca. Y Vicente lo compatibiliza. Es capaz de dar una cena para 100 y al dia siguiente servir una sala de cinco mesas de dos personas con platos diferentes tanto en concepción como en ejecución. Cuando Vicente Patiño se pone a pensar y a ejecutar , cuando desarrolla su talento sin cortapisas ni limites , pasa de ser un estupendo cocinero a una pasada de cocinero.
Por eso, precisamente por eso, él ha logrado que aquí la Cocina con mayúsculas vaya mas allá de un Marco con mayúsculas. Esperemos que dure, porque Valencia necesita cocineros como él
El precio es sin vinos Y el diez en comida no es porque no se pueda superar (que la puede superar y de hecho lo hará). El diez viene como consecuencia de una comida extraordinaria o sea que no se encuentra de forma fácil

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