Restaurante Sant Pau (CERRADO) en Sant Pol de Mar
  

Restaurante Sant Pau (CERRADO)

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Datos de Sant Pau (CERRADO)
Precio Medio:
196 €
Valoración Media:
8.6 10
Servicio del vino:
8.6 10
Comida:
9.1 10
Entorno:
8.4 10
Calidad-precio:
7.8 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 160,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


59 Opiniones de Sant Pau (CERRADO)

Segunda visita al restaurante Sant Pau y sensaciones muy diferentes a las de la primera vez (que estuvo muy bien, todo hay que decirlo). Servicio muy bueno, aunque a veces un poco pesadito. Sumiller muy agradable (distinto al de la primera vez) y que nos hacía jugar a descubrir que vinos nos había puesto. El menú se puede consultar en detalle en la web del restaurante. Comida muy correcta, sólo faltaría, pero creo que primaba el arte en la presentación del plato por encima de la comida en sí. La conclusión es que ningún plato me sorprendió, lo cual es lo que siempre esperas de un restaurante así. Repito, comida muy correcta, presentaciones muy bonitas, pero punto. Para rematar, raciones muy pequeñas; ya sé que a un restaurante de estas características no vas a hincharte ni lo pretendes, pero otra cosa es que todo te lo puedas comer prácticamente de un bocado…Carme Ruscalleda muy amable y atenta.
En definitiva, experiencia regular.

Comentario públicado por mí mismo hace 4 días aquí:
http://www.asueldodemoscu.net/?p=3287

Nos pusimos en contacto con ellos el pasado mes de Octubre y no pudieron darnos mesa hasta este mismo Sábado, 14 de febrero, una fecha antipática como pocas, porque dejar un solo día para los enamorados es de una tacañería insorportable por parte del calendario. El caso es que mi pareja y un servidor estuvimos esperando cinco meses, ahorrando unos pocos euros cada semana como si fuésemos hormiguitas, para poder cenar en el restaurante Sant Pau de Carme Ruscalleda y Toni Balam en Sant Pol de Mar, una pintoresca población costera catalana, a medio camino entre Barcelona y la Costa Brava. Según la prestigiosa Guía Michelín se trata de uno de los seis restaurantes de España que merecen su máxima calificación, esas famosas tres estrellas.

No quiero ahorrar palabras para detallar las sensaciones de aquella noche. Reconozco que no pensaba en la clase obrera ni el en politburó del Partido Comunista Cubano cuando estaba a punto de entrar por la puerta de este templo de la «alta» cocina, aunque la lucha de clases dominó por unos segundos mi pensamiento al observar los lujosos utilitarios que en ese preciso instante entraban por la puerta contigua en el discreto aparcamiento reservado a los clientes del restaurante. A uno, que llegó con el coche de San Fernando, la recepción le resultó algo abrumadora, pues los abrigos no tuvieron la oportunidad de entrar al comedor, elegante, sobrio mas no minimalista, dominado por tonalidades moradas que no palidecían ante una iluminación tan sobrada como tenue, tan resplandeciente como discreta, y salpicado por un exhuberante jarrón repleto de rosas impecablemente ordenadas. Un segundo espacio se abría más iluminado frente a nosotros, pero no llegamos a pisarlo, pues nuestra mesa era la primera, a mano izquierda, bajo un espejo de forma apaisada, con vistas a otra mesa gemela, todavía en el lado izquierdo, en la que terminaría por sentarse otra pareja y una mesa más grande en el flanco derecho a la que accedieron unas ocho personas. Un lienzo en el que destacaba la figura de la montaña de Montjuic y el puerto de Barcelona se enfretaba cara a cara con otro más rural y algo tenebroso que no pude desentrañar. Todo es impecable en este restaurante, que debe su nombre a una ermita cercana.

Eran las nueve en punto de la noche cuando tomamos asiento. Nos gusta la gastronomía, disfrutamos probando restaurantes, y Sant Pau se había convertido en una piedra de toque, un aparente salto de calidad, una prueba, un experimiento, un esfuerzo económico. Queríamos descubrir lo que encierran las paredes de uno de esos templos consagrados por las élites gastronómicas, y sólo podíamos llevar a cabo nuestra empresa en uno de los mejor valorados de nuestro país, un restaurante que, no obstante, pudiese matizar los inevitables efluvios elitistas asociados a la «alta» cocina, y Carme Ruscalleda, personaje popular en Catalunya y con la tercera estrella todavía caliente, prometía responder a nuestras inquietudes, pues no parecía haber sucumbido a una suerte de ultrasofisticación alienante ni dejaba de emanar la cercanía que sólo se puede hallar lejos de las grandes urbes. Habíamos llegado a Sant Pol a media tarde, dispuestos a impregnarnos del entorno que inspira a esta profesional y a su equipo.

Un caldo de bienvenida prepara las vías digestivas, y me atrevo a decir que mentales, para el extenso menú degustación, pues no se nos hubiese pasado por la cabeza comer a a la carta. El vino, recomendado, pues nuestra pretenciosidad no se alimenta en terrenos desconocidos, fue un blanco algo seco, un Priorat llamado Kyrie, de Costers del Siurana, algo distante de nuestras preferencias habituales en estas lides, que acostumbran a perderse por los «verdejos» de Rueda o los albariños gallegos. El caso es que el blanco iba a juego con el menú, en el que dominaban los productos del mare nostrum. Los aperitivos, apetitosos, sutiles y excepcionalmente preparados y servidos (como todo el menú), pasaban por una brocheta de langostino con ciruela confitada, una sorprendente «calçotada» helada y las mejores judías posibles, del «ganxet», junto a un rollito de col, para terminar con una madalena rellena de queso «tupí», detalle que me retrotrajo a mis queridísimos Pirineos. El mar y la montaña se abrazaban a la perfección en este micro-menú de periodicidad mensual que por lo visto caracteriza a este restaurante.

Los primeros platos empiezan con un foie gras laminado y caliente con chutney de piña y germinados, para pasar a una pelota de cigalas y rape en una «bañera» con caldo de algas y una leve foresta de juliana cítrica y vegetal. El sabor de esa especie de «albóndiga» era especialmente delicioso, como corresponde a los pescados frescos. A continuación, tripa de bacalao trufada con un sutil toque a turrón que me dejó tan perplejo como encantado. Casi no había tiempo para asimilar todo lo que estaba sucediendo. El siguiente plato, una gamba rodeada de un universo de alcachofas (cremosas, en juliana, fritas y en chips) podría resumir a la perfección ese espíritu de cocina de pueblo marinero de toda la vida actualizada que propone el Sant Pau. A continuación, guisantes cocidos durante cinco minutos con araña de mar sin espinas y unos daditos de butifarra negra. Tras los primeros platos, la carne permitía dos opciones, que nos apresuramos a escoger: pies de cerdo con salsa picante, shiitake, macadamia y vegetales crudos y un canelón al revés que, como nos apuntó Toni Balam en un simpático gesto, del revés en el plato pero del derecho en la boca. Era entonces el momento de los quesos con sus correspondientes contrastes, que también renuevan mensualmente. Los de este mes, por riguroso orden de degustacíon, son: un Casa Mateu blando (oveja) con ravioli de tomate, perejil y olivas, un Ibores de Cáceres (cabra) con peras al horno con pimiento rojo, un Montsec (cabra) con membrillo y almendra tostada, un Palet Bourguignon (vaca) con galleta de zanahoria y marc de Borgoña y, para terminar, un Roquefort (oveja) con bizcocho de pasas y vino dulce de Mataró.

Los postres se iniciaban con un cubo transparente que encerraba frutas rojas, coco y shiso y, a continuación, un «frío y caliente» con chocolate blanco y negro, trufa, ron y virutas de oro. Por último, diez divertimentos de pastelería distinguidos con diferentes formas geométricas entre los que destacaban sabores como el chocolate, el café, la almendra, la canela, la vainilla, el curry, el arroz, el cabello de ángel o el limón, todo ello aderezado con vino de Vanyuls e Ino de Masia Serra. Mientras tanto, Carme Ruscalleda salía a saludar mesa por mesa a todos los comensales, tratando seguramente de recabar sensaciones, críticas u opiniones. La mía, la nuestra, no puede ser mejor: una experiencia dedicada exclusivamente a los sentidos, a todos ellos, una cena memorable, perfectamente mesurada y equilibrada, un espectáculo perpretado por 40 profesionales para poco más de 30 comensales que casi dura tres horas, sin prisas pero sin pausas, un hermoso canto a la gastronomía, una invitación al ahorro para aquellos amantes de la cocina que no podemos desembolsar de buenas a primeras los poco más de 200 euros que cuesta una cena de este calibre.

Desde La Habana, sorprendidos, a punto de congelar mis emolumentos, me preguntan: ¿no te avergüenza el descaro con el que hablas de un tema como éste en plena crisis? Mi respuesta es que, sin que sirva de excusa o desagravio, se trata de una cuestión de preferencias, una cuestión electiva, una cuestión que, no por todo ello, deja de resultar controvertida, incluso para mí mismo. ¿Nos hemos dejado llevar hacia lo que podría entenderse como una metáfora de nuestra opulenta y decadente sociedad, consagrada al consumismo exhacerbado y/o elitista o nos hemos limitado a disfrutar de una extraordinaria manifestación artístico-cultural que da empleo a cuatro decenas de personas? Quién sabe si un poco de todo eso, quién sabe.

La primera visita al Sant Pau ha sido un placer para todos los sentidos, aunque también hay que reconocer que no tenía ninguna referencia anterior para comparar. La proxima vez, a ver qué pasa. Escogimos el menú degustación que está compuesto por dos entrantes, cinco platos centrales y luego a escoger el canelón al revés o el "Cabirol" (corzo). Tomé el corzo, uno de los mejores platos junto con la Pilota d'escarmalans i rap. A continuación, el plato de 5 quesos con contrastes, dos postres y los diez divertimentos. Todos los platos en su punto, aunque para mi gusto uno de los platos de pescado, lubina, un poquitín crudo. De vinos tomamos un Joh Jos Crhistoffel Urziger Wurzgarten Riesling Auslese 2003 (magnífico), un Pago de los Capellanes Reserva 2005 (le faltaba un poquito más de botella), un 2 Pi Erre 2005 (muy correcto) y para los postres un Saint Hyppolite 2004 (con buena acidez para ayudar a terminar el menú). El que más me gustó el Urziger.

Estupendo, hacía dias que nos nos emocionabamos tanto con un sitio. Es la segunda vez que vamos, la primera hace tres años y esta vez ha estado excelente. Hemos hecho el menú degustación de otoño, a mencionar los aperitivos inspirados en canciones navideñas tradicionales catalanas, muy originales. La pularda maravillosa, la flor de calabacín y en el caso de la gamba es un plus el chip de patitas, inesperado y muy bueno.
Nos ha gustado más el pescado, que estaba muy logrado, en cambio la carne más normalita mi marido hizo el ciervo y yo el canelón al revés, que ya había probado hace 3 años. Los quesos muy bien maridados y en nuestro caso hicimos un vino blanco verdejo de rueda muy bueno y una copa de tinto, con la carne. Para los postres hicimos un gwuntzerminer con el ikebana y un pedro ximenez con el chocolate. Los divertimentos.. pues eso divertidos. La atención muy bien y el sommelier muy acertado y atento.
Planeamos regresar la próxima primavera, porque ya veis como va el tema de mesas con lo pequeño que es. Al menos una vez se debe probar la Carme, porque su cocina es muy distintiva y tiene un sentido de la estética muy logrado, no en vano se nota la influencia japonesa y eso habla muy bien de su trabajo, ha logrado sumar en vez de confundirse.

Por fin visitamos este restaurante al que hacia tiempo que queríamos ir.
Sinceramente.... no me sorprendio, esperaba muchíssimo mas, no puedo criticar nada ya que el servicio fue correcto, el local no me emociono pero tenía su encanto y la comida también correcta y bien elaborada, pero no huvo nada y sobretodo ningún plato o combinación que llamara mi atención, me dejó bastante indiferente.
Ya se que las comparaciones son odiosas pero..... hace poco estuve en Arzak y no hay color.
Seguramente repetiremos, ya que quiero pensar que este restaurante puede ofrecer mucho mas o por lo menos eso espero

En Sant Pau se respira un ambiente especial.
Quizás sea porque desde las mesas del comedor exterior se ve el mar que esta a 20 metros. Quizás sea porque desde el magnifico patio se ve la cocina y como trabajan afanosamente los equipos de Carme Ruscalleda mientras se oye el romper de las olas.Y desde este patio se percibe una quietud que luego se percibe en los platos de Carme.

Elegimos el menú de degustación 128 € y de vino un Kyrie 2005.
El menu lo componen, un caldo de bienvenida y 4 aperitivos, 6 platos centrales, un plato de quesos, dos postres y unos divertimentos de patelería.

De los que probamos lo que más nos gustó fue la SOPA DE PULARDA, la TEMPURA DE FLOR DE CALABACÍN y CALAMAR DE POTERA 2008, CON CINCO SABORES.
Los contrases de los quesos muy buenos.
Uno de los postres, el IKEBANA DE OTOÑO, requesón, frambuesa,hojas secas, pensamientos muy agradable.

El servicio quizás un poco más flojo de lo esperable. Carme saludó a medio almuerzo a todas las mesas, nos dedicó el par de libros que yo llevaba y tengo que decir que hace las dedicatorias más artísticas de cuantas he conocido.

Experiencia muy positiva, en linea con lo que esperaba a través de sus libros de cocina.
Volveré si puedo.
Dos consejos: la mejor mesa es la 8 y es preferible ir en tren desde barna. La parada esta justo delante del restaurante y el día que almorzamos había varias mesas que habían venido así.

Para ver el menú completo y todas las fotos de los platos, como siempre:

http://www.noselepuedellamarcocina.com/2008/10/24/dia-2-del-pequeno-tour-gastronomico-carme-ruscalleda/

  • El famoso patio y las vistas a la cocina y restaurante

  • Tempura de flor de calabacín

  • Sopa de pularda

No se le puede criticar nada, la elaboración, la calidad de la materia prima, el servicio,etc, todo excelente, es otro nivel. Quizás me esperaba más ya que era mi primera visita a un "estrellado" (invitado por mi mujer como regalo de cumpleaños) pero no me emocioné como esperaba, quizás una cocina muy sutil para mi gusto. Eso no quita que hubo algunos platos increibles como el ketchup de atún, la coca de sardina o la tabla de quesos maridada (para llorar). Los postres(divertimentos) increibles y divertidos como su nombre indica.
El único pero los vinos, no por el servicio ni mucho menos sino por el precio, me esperaba bastante más tratándose de este restaurante. Tomamos unas 5-6 copas en total de: Jean Leon Petit Chardonnay, Finca l´Argatà y Marcel Deiss ( el mejor en mi opinión con la tabla de quesos). En resumen me esperaba vinos más sorprendentes, quizás porque algunos ya los conocía, aunque también reconozco que es difícil maridar algunos de los platos que tomamos.
En resumen, no volveremos( entre otras cosas por el precio) aunque lo recomiendo como experiencia.

No me sorprendiò nada .No me emocionò nada .Sevicio justo .Tres veces cayeron al suelo los cubiertos de los platos retirados al colocarlos en una mesa auxiliar .Servicio de vino , para mi lo mejor . Tomamos Trio Infernal 1/3 .160€ por persona

De los mejores restaurantes que he estado. Una cocina creativa pero con raices muy locales, y saludable, comimos el menu degustación, y pude cambiar la sopa de bacalao por el arroz cremoso con bogavante , que estaba espectacular. El menu completisimo, el trato del personal muy correcto y amable. Toni Balam estaba pendiente de todo, luego vino Carme a preguntar muy amable nos enseño la cocina, da gusto trabajar en ese entorno, jamas habia visto una cocina con esas vistas, es limpieza.
La cocina de Carme es de otra galaxia, natural, creativa, e inspirada en la huerta, este menu de primavera con las flores. Sencillamente espectacular

En conjunto, el mejor 3 estrellas de cataluña; si bien la visita también sirve para reflexionar sobre la cocina creativa actual. En parte, algunas de las cosas que comes tienen un sabor perfecto, pero su escasez, logra que la sensación sea muy superior, como si el cerebro quisiera "aprovechar" al máximo con lo mínimo. Por lo demás, una brigada de sala impecable, un servicio de vino excelente y en la medida normal (carta de referencias justas)y la cocina bien pensada, sin lugar a la improvisación. El ambiente, supera de lejos la inquieta sensación mediática de su chef, resultando tranquilo y consiguiendo un escenario donde la comida es el centro del espectáculo.

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