Restaurante Casa Salvador en Cullera
  

Restaurante Casa Salvador

44
Datos de Casa Salvador
Precio Medio:
47 €
Valoración Media:
5.6 10
Servicio del vino:
4.9 10
Comida:
5.3 10
Entorno:
7.5 10
Calidad-precio:
4.2 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado, Valenciana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 31,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Nunca

Teléfono


44 Opiniones de Casa Salvador

Hacía bastante tiempo que no iba a Casa Salvador, sin duda uno de los más afamados restaurantes valencianos, puntero y clásico en el tema de los arroces. Pero además Casa Salvador tiene una aliciente especial, un entorno excelente en L'Estany de Cullera con unas vistas magníficas del entorno de la Albufera. El restaurante en sí es algo grande para mi gusto, pues cuando se llenan sus comedores es bullicioso y algo ruidoso, recomiendo por tanto la terraza siempre que se pueda y el tiempo acompañe.

Esta vez acudí invitado a una degustación de arroces con champagnes Lanson, un verdadero disfrute en todos los sentidos, por lo bebido y por lo comido.

Paella de raya y ajetes tiernos. Empezamos por uno de los arroces clásicos de la casa, personalmente de los que más me gustan desde siempre. Si es la primera vez que se visita Casa Salvador, esta sería la mejor opción.

Arroz meloso de reguerot. Pato, corazón de alcachofas y pimiento rojo, un fondo fantástico lleno de sabor, con ese punto de caza del pato y las alcachofas llevando el plato a tierra, a sabores de monte que se bordan con unas hierbas aromáticas de monte bajo entre las que creí encontrar algo de pebrella y que Salvador no me quiso revelar... Los secretos del chef.

Paella de congreso. Esta paella es la que hizo Salvador para el Primer Congreso Internacional del Arroz, una paella de conejo, setas y trufa. Una paella de temporada por la estacionalidad de las setas, sobre todo por la trufa negra de invierno. El resultado es un arroz perfecto de sabor, equilibrado, con una vuelta de tuerca a la clásica paella valenciana de pollo y conejo.

Meloso de Argilés. Salvador dedicó este arroz hace algunos años al crítico gastronómico Alfredo Argilés. Pasamos ahora a un arroz marinero lleno de marisco, con una vieira por plato y buen surtido de verduras, con un fondo muy especiado y potente.

Paella de langosta. Una imagen vale más que mil palabras: arroz suelto, buen fondo marino y el pieza del decápodo presidiendo el plato con majestuosidad. La langosta no sólo da fondo, da presencia y está en plena forma. Y es que cuántos platos con langosta dejan el bicho incomible, lo exprimen y te encuentras un corcho debajo de la corteza. Aquí tiene un papel estelar.

Meloso de pato y anguilas. Y tanto ir del mar a la montaña al final acabamos con un mar y montaña, con un excelente juego de jugosidad, de texturas, de la grasa cremosa del pato a la tersa de la anguila, de la proteína animal y la textura fibrosa del ave a la carne melosa del pez. Muy rico, una forma excelente de terminar.

Terminamos con un postre basado en un bizcocho con una crema inglesa, unos frutos rojos y el helado cítrico refrescante.

No he hablado de los puntos del arroz, de la textura de cada uno de los platos porque se presuponen perfectos. Y lo son. Todos los arroces salieron en su punto, sin excesos de aceite, sabores a arroz pegado (que a veces los valencianos abusamos del socarrat).

En cuanto al servicio fue en todo momento perfecto, siempre atentos, tanto el servicio de mesa en general como el servicio de vino. Aunque los platos estaban maridados, ojeé de nuevo la carta de vinos para comprobar que sigue en forma, con un muchas referencias clásicas y un buen apartado de blancos y espumosos, que son los mejores aliados para esta cocina.

Tras años sin visitar Casa Salvador, este domingo he vuelto con mi pareja, y hemos abandonado el local jurándonos que jamás volveremos. Caro y malo. 80 euros por unos mejillones, una paella de pollo y conejo para dos, un solo postre y un Enrique Mendoza blanco me parece abusivo. Lo pagas a gusto, o al menos no tan a disgusto, si comes bien. Pero la paella era sencillamente impresentable, con un arroz que no sabía a nada, verduras quemadas y poco o nada frescas, y lo peor: cuatro piezas enormes de pechuga mal cortada y una miserable pata de conejo. Ni muslo, ni alitas, no costillas de conejo... No sé si se les había acabado la carne, o es que también están de recortes, pero ni en cafeterías para guiris he visto paellas peor presentadas. Y los caracoles tan insípidos como duros, apenas descongelados. Pagar 36 euros por tan penosa paella para dos me parece una barbaridad. El resto (mejillones y postre de calabaza), estaban correctos.Los precios de los vinos, altos. El servicio también correcto. Lo curioso es que el propio Salvador Gascó, que creo que se percató de que la paella no era de nuestra agrado, nos preguntó si estaba buena, y educadamente le dijimos que no. No pareció muy contrariado, ni tuvo el detalle de invitar a un chupito o algo así para agradar a un cliente descontento. Claro que viendo lo que ocurría en mesas contiguas (en al menos dos se hablaba de lo malo que estaba el arroz) no ganaría para invitar a chupitos. Una pena, semejante entorno merece más cuidado al cocinar arroz.

Local de ubicación excepcional cuyo paisaje desde la terraza es una postal que no ha cambiado en décadas y que todo el mundo que va por primera vez hace fotos de forma imparable. Han conseguido un buen aislamiento del calor a base de ventiladores y humidificadores ya que la orientación sur asegura una buena dosis de sol muy interesante durante el año menos en julio y agosto; no hace calor; las mesas pegadas a la barandilla de la terraza se complementan con unas sombrillas pero que por algunos puntos se filtra el sol y se nota en agosto. Mesas con buena distribución en la amplia terraza. Algunas duplicaron servicio.

Mantel, copas, cubertería, cambio de platos, muy correctos. Servicio profesional (no debutantes de verano), bien de eficiencia.
Carta de vinos espectacular, bien hecha hasta con las etiquetas de las botellas, con muchas referencias de todos los sitios llegando hasta burdeos de 1500€ la botella.
Carta de comidas que se puede consultar previamente por internet e incluso reservarlo con antelación para asegurarte el tipo de arroz porque hay no muchos, sino muchísimas opciones de arroces y elegible si seco, meloso o caldoso. Los precios de las raciones son elevados aunque las raciones son abundantes.

Cinco para comer (incluyendo 3 veremeros) en ya clásica comida veraniega de playa. De entradas optamos por 3 raciones de ensalada que incluye a parte de abundante verde, tomate, tacos de atun en aceite, piparras, pimiento y aceitunas aliñados: suficiente para los 5 que ya arrastrabamos un aperitivo con cervezas, 5 clases de queso, jamon, patatas chips, berberechos...No pudimos resistir añadir unas tellinas muy buenas, de tamaño medio.

De principal y servidos al centro optamos por 3 raciones de arroz Quinn, con bogavante, rape y ajos tiernos. Buena cocción del arroz, de capa fina en la paella, abundante cantidad de pescado y marisco, muy bien de sabor y hubiera sido suficiente para los cinco.
De complemento de raciones que faltaba, dos, fueron de all i pebre, buena cantidad de anguila, patatas bien cocidas, caldo trabado, abundante ración; tanto es así, que sobró una que nos llevamos en fiambrera que nos pusieron.

A pesar de los veremeros, esta vez fueron 4 de agua con gas y otra sin gas, y sólo una de vino y además blanco: Jean Leon petit chardonnay 2010 muy suave, quizás demasiado, servido sin buena temperatura y que hubo que enfriar, lo que retrasó su disfrute.

De postres: una mousse de turron muy sabroso y bien presentado, un carpacchio de piña complementado con una bola de helado de aceite de oliva, curioso pero difícil por el amargor del aceite, 3 raciones de melón.

Un buen pan que apenas probamos con acetite y tostado, un regalo de una bola de helado de aceite de oliva para probar al centro, dos cafés y sin opción de chupitos, petits fours, etc.

Un entorno excepcional, servicio profesional, buena bodega, muy buenos arroces. ¿Problema? El precio: más de 45€ para una ensalada, un arroz y un melon, con botella de agua y dos copas de vino más bien barato.

Juré que no volvería a este sitio, pero los compremisos laborales obligan y la semana pasada tuve que visitarlo sí o sí.

He estado en Salvador varias veces a lo largo de la última década, y es preocupante el nivel al que han llegado.

Pedimos de entrante unos chipirones con habitas, mediocres a más no poder, con el sempiterno ajo que le meten a todo en Casa Salvador. Además, entre los chipirones encontramos pequeños trozos de cáscaras de tellina... No sé cómo habrían llegado hasta allí.

Luego tomamos un arroz con pato, ajos tiernos y alcachofas: el pato supongo que murió de viejo, y el arroz soso a más no poder. Eso sí, a 19 euros la ración.

No recuerdo ni qué vino pedimos porque yo conducía y no iba a beber, pero el que sacaron estaba a temperatura ambiente y hubo que traer una cubitera con hielo para enfriarlo. El servicio consiste en servirlo y darlo a probar.

A la pregunta de qué nos había parecido el arroz (se quedó la mitad en el plato) dijimos lo que he comentado: que no sabía a nada. El camarero se disculpó y ahí quedó la cosa. Supongo que no le dijo nada a Salvador, que desde que llegamos hasta que nos fuimos no se movió de la caja registradora. Donde había poco que registrar, por cierto, porque había cuatro o cinco mesas ocupadas en todo el restaurante, contando salones y terraza. Eso sí, perfectamente ataviado con su uniforme de cocinero.

Aclaro que en la valoración que voy a hacer del sitio no voy a puntuar el entorno para no desvirtuar el resto de puntos (como sucede en la puntuación general). Y lo comento porque L'Estany de Cullera es maravilloso. Lo mejor, de lejos. Si al entorno le cascas un 10, que es lo que merece, el restaurante se queda con una nota que no merece.

En fin, esto no hace sino reafirmar la idea que tenía sobre Casa Salvador: se le ha pasado el arroz.

Que cada vez es más difícil comer un arroz como aquellos que preparaban nuestras abuelas, está claro. En Valencia hay alguna opción, pero normalmente toca desplazarse a El Palmar, Sueca, Cullera... para comer un arroz como es debido.
Hoy hemos celebrado una comida familiar en la fabulosa terraza de este clásico de Cullera. Si se acude, conviene reservar en esta terraza que tiene uns vistas increíbles de l'estany.
Hemos pedido un par de entrantes:
- Calamares a la romana (sencillamente los mejores que he comido).
- Sepia a la plancha (muy buena y con una 'picaeta' espectacular, con almendras incluidas).
Como platos principales:
- Arroz con sepia, zamburiñas y verduras para dos.
- Arròs del senyoret para dos.
Ambos en su punto, con abundante socarrat. El arroz, suelto, por supuesto y con el punto justo de sal. Sabrosos, pero me quedo con el que comí en mi visita anterior: arroz con raya y ajos tiernos, espectacular.

Dos postres:
- Tarta de chocolate y piñones (con mucha almendra, muy buena tarta).
- Soufflé de chocolate (para los adictos al chocolate).

No hemos bebido vino. He consultado la carta de vinos y hay opciones para todos los bolsillos, principalmente para los más llenos.
Quizá el servicio deja un poco que desear, pero si se va sin prisas da un poco igual.

Aconsejable si se vive fuera de Valencia y se quiere comer un arroz en condiciones aunque la RCP se ha disparado un poco... Habría que revisar este aspecto porque no está la situación como para ir soltando billetes.

Creo que despues de tanto años al pie del cañon merece una valoracion en esta mi ultima visita, positiva. Domingo, local lleno y esperaba despues de ver los ultimos comentarios, pues un mal servicio,lento y un poco fuera de sitio todo. Pero realmente no fue asi, todo puntual y todo en perfecto equilibrio. Comimos unos entrantes de sepia, y unos mejillones buenisimos, antes telefonicamente ya habiamos pedido (para mi la primera vez que la como en este restaurante) una paella de pollo y conejo, que realmente estuvo exquisita. Bebimos un Vega de la Reina del 98, que estaba muy bueno.

Fui hace algunos años, en Primavera. La verdad es que entonces el entorno (comimos en la terraza) influyó de manera decisiva en mi valoración de aquel momento, y encontré el conjunto satisfactorio. Sin embargo, he vuelto a ir recientemente y me he llevado un gran chasco: sin un día fantástico en un entorno agradable, la cocina me pareció absolutamente anodina. No le vi la gracia por ningún sitio, para comer lo que ofrece no hace falta ir hasta allí.

desde luego ,para gusto colores, yo llevo muchos años llendo a casa salvador, y siempre me han tratado bien, con atencion pero sin ser empalagosos, me molesta que esten siempre encima de mí, para eso ya existen otros restaurantes pijos más caros y menos hogareños que te impiden disfrutar de una comida con conversaciones que no les importan.
en casa comemos bastante a dieta, por eso cuando voy a restaurante pido que no le pongan mucha sal por que enseguida lo noto. el arroz de reguerot es de lo mejor que he provado nunca,el flan de queso de muerte, y el carpaccio de piña con almibar casero y helado de aceite de oliva ni te digo. precio calidad: seguiré llendo aunque ellos tengan un mal día

Sere breve: comimos ayer en casa salvador,un amigo me lo recomendo y estabamos cerca y paramos alli.
Lo calificare por apartados:

.ambiente: un poco pijo para mi gusto pero agradable, nos toco mesa en la terraza delante del estanque, encantador

.servicio: mal. Y no por culpa del propio servicio,sino porque éste era escaso: cadapetcion nuestra (agua,pann.n) tardaba entre diez y quince minutos

.ensalada: sabrosa. Se notaba que todo era de primera

.paella: nos pedimos la valenciana, pollo y conejo para dos.:

Muy sabrosa,el socarraet deliciosamente repartido con el resro del arroz al servirlo, sus garrofons, todo de priMERea. PERO...

PAELLA muy aceitosa,y poca cantidad. Ignoro porque pero tenua demasiado aceite como minimo para mi guati!!!

Le doy un notable bajo.

Por segunda vez visito el restaurante Casa Salvador en Cullera, la primera vez fue con mi pareja y comimos bien aunque con una RCP cara; esta vez vuelvo con unos amigos para que puedan disfrutar de las vistas en la terraza y comer un buen arroz, pero esta vez ví cosas que no justifican la visita ni el precio pagado, me explico: Llamamos durante la mañana para reservar y primera impresión mala, tengo que forcejear para que nos permitan llegar a las 14:30h, insistían en que debía ser a las 14h, y solo cuando dije que no reservábamos porque no podíamos llegar a esa hora se avienen a cambiarla. Miramos la carta, entrantes caros y arroces subidos de precio, pero si el producto y la elaboración lo vale estoy dispuesto a pagarlo y disfrutar de la comida. Elegimos pulpo a la brasa con verduritas y chipirones con habas, ambos en torno a los 20 euros por plato, y primera decepción, porque el pulpo es recalentado y en el plato predominan las verduras cocinadas sin gracia, los chipirones bien. Escogemos el arroz con cigalas, rape y setas, ahí no podemos fallar, y me encuentro con un arroz normalito, tarifado a 24 € por ración y con unos ingredientes que por el precio cobrado y la fama del local son injustificables: las cigalas congeladas y los trozos de rape escasísimos y con poco sabor, como resultado un arroz que puedes comer en cualquier sitio pero cobrado a precio de oro; ¿qué lleva a un local a ahorrar de esa forma en los ingredientes cuando los cobra así? no me lo explico, y con el postre lo mismo, flan de queso sin gracia a 6 €. El camarero atendiendo sin ninguna "atención", sin cariño hacia lo que ofrece, y hay que protestar para que te traigan una copa medio decente en la que tomar el licor. En fin, tengo mucho respeto por su dueño, Salvador Gascón, sin duda una de las personas que más ha hecho por la cocina basada en los arroces, experimentado y rescatando arroces antiguos, pero ahora mismo, en su restaurante no ofrece esa calidad, quizás es que ya no está él tan pendiente de las cocinas.

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