Restaurante Momiji en Martín & Mary en Valencia
  

Restaurante Momiji en Martín & Mary

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Datos de Momiji en Martín & Mary
Precio Medio:
30 €
Valoración Media:
7.5 10
Servicio del vino:
6.6 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
6.0 10
Calidad-precio:
8.5 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Japonesa
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 15,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Abierto mediodías de lunes a sábado de 12.30 a 16.00 Abierto noches de jueves a sábado de 20.30 a 23.00

Teléfono

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14 Opiniones de Momiji en Martín & Mary

Antes de nada, me disculpo por el retraso en la publicación de la crónica ya que el comentario anterior del foro, realmente es más reciente.

Pasando a la crónica, esta vez la excusa de la comida resulta ser la celebración de un cumpleaños de los de “cambio de década”. Estoy,… más bien no sé como estoy, pero una cosa es segura, me toca elegir a mí.

Hace tiempo que un nombre sobresale en la lista y hoy parece el día perfecto para ello: Momiji. Siempre me apetece el “pescaito” a palo seco, pero esta vez estoy obsesionado con un sashimi de vieiras desde que vi una foto en una de las crónicas sobre este local. Tras dos intentos de reserva fallidos en anteriores ocasiones por estar completos, esta vez reservo anticipadamente, con premeditación y alevosía (pero sin nocturnidad).

Llegamos al local puntuales, a las 13:45. A pesar de conocer el entorno (que ya ha sido ampliamente descrito), no deja de parecer un poco “desangelado”. Una lástima, porque el género que se observa tras la barra promete.

Nos ofrecen un menú interesante que consta de varios platos interesantes, pero como diría Umbral, “yo he venido a hablar de mi libro”. Ojeamos la carta y apresurado llamo a la camarera para preguntar de manera retorica (o no): “¿No tienes sashimi de vieira?”

Por el tono desesperado de la pregunta, la empleada advierte perfectamente que lo que realmente le quería decir era: “Por favor, por favor, no me jodas que llevo toda la semana sin pensar en otra cosa”. Asiente con la cabeza y respiro aliviado, ya podemos pasar al resto. Nos aconseja el “plato estrella”, la anguila y aceptamos. También hemos leído sobre el tartar de atún, así que lo pedimos y completamos con un futomaki y unos niguiris. Un par de Turias acompañaran la comanda.

Entrantes
1.- Tartar de atún
2.- Anguila de la Albufera kabayaki

Sushi y Sashimi
3.- Futomaki especial
4.- Sashimi de vieira

Niguiris
5.- Niguiri de salmón salvaje
6.- Niguiri de atún rojo

La calidad intrínseca de todo lo servido es soberbia, destacando una excelente materia prima sobre la preparación, a diferencia de otros locales de la ciudad.

La anguila efectivamente resulta ser un plato estrella aunque, sin ánimo de parecer burgués o estar en contra de IKEA, yo preferiría que los rollitos ya vinieran montados, pues la destreza de los comensales puede ser muy “variable”. El tartar de atún, merece totalmente los comentarios leídos en el foro. Futomaki correcto y niguiris muy destacables, aunque lamentablemente hubo que recordar su comanda y llegaron un poco fuera de tiempo.

Y luego está la vieira. El punto y aparte es literal. Bocado de perfección absoluta. No necesita ni peluquería, ni maquillaje, es una top model nata. Mucho se escribe sobre el pez mantequilla y, desconozco si los que yo he probado han sido de la máxima calidad, pero tengo claro que ESA viera sí que era mantequilla pura. Un pensamiento me viene a la cabeza: "espero que los japoneses sigan peleándose mucho tiempo por el pez mantequilla y nos dejen las vieiras en paz".

Termino con un pequeño consejo para todos aquellos usuarios de la barra: ¡¡aseguraros de llevar pantalones de talle alto!! Nosotros disfrutamos (o no) durante toda la comida de la generosa “hucha” de un cliente que, dicho sea de paso, pareció disfrutar de la barra.

Concepto sencillo aunque no fácil de conseguir: producto fresco de mucha calidad (extensión de la pescadería vecina "Martín y Mari"), cocciones justas y transparencia total (es una barra totalmente abierta a la cocina, aunque ahora prolongada con algunas mesas). Según ellos dicen cocina estilo "sushi kaiseki".

Comenzamos con el aperitivo de la casa unas edamame ligeramente frititas y con un toque de ¿pimentón?

Tartar de atún: Es cierto que están de moda los tartares, pero éste en concreto, además del gran producto usado, gran acierto la combinación de la salsa que lo acompañaba. Plato para repetir.

Nigiri de salmón salvaje braseado: Muy rico, parece que se monta y luego se brasea con soplete, por lo que queda parcialmente braseado. Rico, rico.

Futomaki de bogavante: Es cierto, que acostumbrados a muchos maki de fusión, nos faltó algún puntito. Pero entiendo que con un bogavante de calidad no es necesario enmascar sabores con salsas. Fue el plato que menos nos gustó.

Ventresca de salmón salvaje con una sabrosa salva y huevas: Plato caliente con 4 piezas de ventresca. Producto en su máximo esplendor.

Sin duda, creo que el concepto de Momiji es bueno. Como punto a mejorar, una pena que tratándose de una barra tan pequeña donde se come tan cerca de los cocineros, estén tan diferenciados los roles, y para pedir haya que esperar a ser atendido por la persona de sala, así como que muchas veces se ve como algunos platos se quedan preparados en la barra esperando a ser "repartidos" por la persona de sala.

Repetiremos para seguir conociendo la carta. No opino del vino porque no tomamos.

Unas pocas mesas y una interesante barra son las características de este restaurante japonés ubicado en los bajos del precioso mercado de Colón de Valencia. Pedimos el menú corto de "entre semana", Miyakazi, que cuesta 16€. Tomamos:
Daikon con wasabi. Un nabo blanco que recuerda ligeramente al rábano con el toque picantito de una especie de caldo de wasabi.
Sopa de misho con almejas de carril. Muy rica, pero al fin y al cabo una sopa miso, con el añadido de un par de almejitas muy ricas, eso sí.
Chawanmushi. Es como una natilla caliente de huevo con bastante sabor a mar y rematada con huevas de salmón. Suave.
Ventresca de salmón con un caldito cítrico y toques de soja. Espectacular, muy rica y sabrosa.
De postre un cremoso de chocolate con crema inglesa y crocante. Muy rico aunque poco japo.

De beber un godello Guitian, rico rico y para el fin de fiesta un te verde.

Me sentí Alfredo Landa en muchos momentos, si. Allí que fui directo a la barra al ver sitio de sobra creyendo que se trataba de pedir y listo. ¡Caramba! ¿Qué acaso no se hace eso siempre? Pero aquí no, resulta que al otro lado de la misma son todos cocineros, preparadores o lo que sea, y que de forma periférica es un camarero quien te toma nota. Humillante para un hombre de barra... No somos nadie.

Luego sí son ellos los que te sirven. Te explican los ingredientes y su compleja elaboración. Pero amigo... si no tienes idea y te suena a chino, que diga a japo, saca el móvil y graba.

La modificación numérica en el título de la peli viene para que me cuadrara con este menú que tienen, ideal como toma de contacto, y por desmarcarme algo del personaje paleto que interpreta tan bien nuestro querido Alfredo, pues en realidad mi incultura va más por el conocimiento de esta cocina que por los sabores, donde gracias a su influencia, de una manera u otra, te vienen recuerdos.

Bien está decir que en esta primera vez huí del sushi y opté por lo siguiente en cada una de las dos opciones que daban por plato.

Menú 15 €. El cual incluye un aperitivo previo, tres platitos, postre y una bebida.

- Daikon con wasabi. No es para mi esto.

- Sopa de misho con almejas de carril. Agradable, con sustancia pero sin marcar.

- Chawanmushi. Que es una especie de natilla caliente de huevo que en este caso llevaba pollo de corral y boletus. Al parecer es típico, aunque por su identificable sabor no da ningún problema al iniciado. Se notaba la calidad de los ingredientes, pero la textura de la natilla caliente no me va.

- Salmón saikyo-yaki. Una pieza que no estaba mal de tamaño, marinada y cocida a baja temperatura que era una puta locura, espectacularrrrr... Emplatada sobre una hoja de no sé qué por la que menos mal que pregunté si se comía.

- Piña al Umeshu con gelatina de te verde. Me hubiese gustado sentir más el sabor verde, porque la piña, piña es. Sin complicaciones aparentes, ojo.

Con una copa de Babel Brut me bastó. Al fin y al cabo son platillos japos y el ir solo hace que tampoco te vengas arriba.

Tiro adelante con el sitio. Habrá un nuevo paso más largo. A la próxima voy ya a por makis, sashimis, cuquis, ñoñis o la madre que los parió.

Situado bajo el mercado de Colon, en el área gastronómica, un espacio diáfano y frío característico de las grandes superficies. Ya conocíamos esta ubicación por lo que no fue una sorpresa. Disponen, además de sushi, de ostras gallegas y cuveé prestige, puede que las mejores de la ciudad.
Escueta carta con menú ejecutivo y otro más amplio. La carta de vinos está limitada a 2 blancos (rueda y albariño), un tinto, un cava, un cremant y un champagne. Nos decantamos por tomar unas ostras así como un menú de 25 euros/pax que se componía de una ensalada de pollo, otra de encurtidos, unos niguiris de pescado blanco, maki de cangrejo, temaki de salmón, futomaki de atún y postre. Decidimos completarlo con un ceviche de bogavante. Para acompañar la comida tomamos un cava Babel de vinya natura, dado que el cremant se había agotado. Copas Schott de flauta muy adecuadas, servicio de la primera copa y champañera colocada a mi vera para poder hacer uso. Servicio profesional, agradable y correcto.
Hemos de reconocer la calidad de la materia prima, la esmerada sencillez de ejecución y presentación de las piezas, con adecuada proporción entre arroz/pescado. Correcto.

Tras ver la demostración del tocayo Diego en el mercado de Ruzafa en el sábado anterior, nos convence para hacer una visita en compañía de jóvenes amantes de esta cocina. La pena es que veniamos de comer y no habíamos hecho aún mucho siitio, aunque la reserva se hizo sabiendo ya que una cena formal de menú degustación se hacía imposible.

Cuatro para cenar y elegimos el menú de 50€ para dos personas y lo complementamos un poco para que llegara para 4 personas. A la hora del precio pondremos por 3 personas ya que se ajustaría un poco más a lo que la gente puede esperar de precio, y más en una cocina japonesa que si tiene algo de calidad de producto es siempre más caro de la media..
Hay una extensa carta de platos a cual más interesante. Varios sashimi, nigiris, hosomaki, uramaki, futomaki, temaki, tartar... Buenas raciones y buena calidad de materia prima.
Dos sugerencias ya comentadas de menús: 50 y 70€ para dos personas y parece lo ideal para 4 el probar ambos. Aparte hay una oferta de ostras para tomar con una copa de vino: por ejemplo 2 ostras Prestige nº 3 (más pequeñas) y copa de vino Optimus por 6€.
Los suplementos al menú fueron 8 ostras cuvée nº 2, más que buenas, un remaki de anguila imprescindible y una botella de agua.

El menú de 50€ para dos: edaname, tartar de atun y manzana, tataki de salmon, nigiris de pesacdo blanco (lubina) de playa, uramaki california, futomaki de carabineros. Todos en alto nivel pero especialmente los dos últimos. Buena salsa de soja.
Includo en el precio una botella de un verdejo Optimus alo mejor que la media de verdejos habituales.

Costó 89€ los cuatro aunque en realidad comimos como tres. Por una vez no fue 3x4 sino 4x3 y así lo reflejo en el precio para ser más próximo a la realidad.
Una pena el sitio en las cenas porque se queda aislado del mundo. ¿O es una ventaja en fallas? En cualquiera caso, una cocina especial con un trato especial. Merece la pena.

Guiado por los comentarios previos nos acercamos hoy a probar el sushi de Momiji. Tomamos el menú de 50 euros para dos sustituyendo el vino por un par de cervezas. No voy a repetir los platos que ya han sido descrito con detalle en comentarios anteriores, simplemente añadir que la comida ha sido excelente y que volveremos sin duda, la próxima vez a por el otro menú. De todos los platos a destacar el tataki de salmón y el tartar de atún, aunque a este último, como ya han comentado antes le faltaba un poco de "chispa".

Aprovechando la estancia el fin de semana en Valencia, nos decidimos a probar este establecimiento tras las críticas tan favorables que me preceden y siendo unos “rastreadores de buen sushi” como somos. Tras alguna consulta con GM me insiste que no espere un buen entorno ni un restaurante al uso. Soy consciente y no me importa. Reserva para tres que más tarde se convierte en cuatro al unirse a nuestra mesa Jesús (Tereli). Llegamos al mercado y ciertamente sorprende lo desangelado del lugar. Todos los bajos están prácticamente cerrados y le falta animación al sitio. Tras la cena nos comentan que es inminente la apertura de varios locales que dotarán de ambiente y más encanto al espacio. Un lugar tan bonito como el mercado de Colón y una ciudad como Valencia se lo merecen. Se habla desde las instituciones públicas del apoyo al emprendedor, al pequeño empresario, al autónomo… La gestión que se ha llevado de este espacio no parece ser el mejor ejemplo de esa política.

Se puede pedir a la carta y, además, se ofrecen dos menús tal como se explica: el de 50 € para dos pax y el de 70 € también para dos comensales. Ambos incluyen una botella de vino: Óptimus verdejo con el primer menú y Pazo de Señorans con el segundo. Me parecen unos vinos bastante dignos. Como somos cuatro personas y ninguno de los platos se repite en ambos menús decidimos pedir uno de cada (para los 4 pax, o sea). Se sucede un listado de platos alternando uno y otro menú (copio de GM):

• Edamame
• Ostras Prestige Cuveé
• Niguiri de vieira
• Niguiri de lubina
• Uramaki California
• Uramaki de atún picante
• Tataki de salmón
• Tataki de atún
• Futomaki de carabinero
• Futomaki de bogavante
• Tartar de salmón
• Tartar de atún

Todas las elaboraciones muy correctas, con presencia de ingredientes menos habituales en las franquicias de sushi y locales “de batalla”. Los platos salen de la mano de uno de los cocineros y promotores del negocio que nos ilustra con sus explicaciones sobre la técnica de elaboración, los condimentos y la manera de tomar cada plato. Interesante. No quiero destacar algún plato sobre los demás pues sería ningunear al resto y todos me parecieron de nivel: las edamames salteada en vez de cocinadas al vapor o hervidas, las ostras de sabor fino, los niguiris con porciones de pescado poco habituales (generosas), los tártares con una frescura máxima, los tatakis apenas marcados (y cuando digo apenas es apenas)… Si me agradó probar cosas nuevas como esos frutomakis de bogavante y de carabinero.

Comentamos que, con un nivel tan alto en la comida y con la capacidad “tragona” de cuantos nos sentamos esa noche a cenar, podríamos haber engullido bastantes platos más. La cantidad, pues, desde mi punto de vista es la justa y, eso sí, acorde con el precio pagado. Pedimos una copa extra de Pazo para acabar la cena (generosa pero a 4 €). No se cobraron unos niguiris extra de vieira y de lubina (para que los cuatro pudiésemos degustar ambas preparaciones), ni los cafés. La cuenta resulta fácil de calcular: 30 € de dividir entre cuatro la suma de ambos menús más 4 € de la copa extra: 34. Muy bien.

La dicha ha querido que la visita a este restaurante coincida con mi valoración número 200 en la sección de restaurantes de Verema. No era consciente de ello pero ahora, a posteriori, me he dado cuenta y me agrada esta coincidencia pues la cena del sábado reunió los tres elementos que me han llevado a alcanzar esta cifra y que me motivan a seguir escribiendo: la pasión por los productos alimenticios y la cocina en sí, la admiración por la gente que lo hace bien en restauración y el disfrute de la compañía con personas que igualmente valoran todo aquello que puede llegar a generar el hecho de sentarse a la mesa de un restaurante. Aprovecho para dar las gracias a [email protected] [email protected] que leéis todos y cada uno de mis comentarios y a [email protected] [email protected] que hemos compartido mesa en estas doscientas experiencias. Lo hemos pasado bien. Y nos queda lo mejor.

Sábado noche. Aprovechando visita a la Experiencia Verema busco un japonés para cenar. Me uno a reserva efectuada por Antoni_Alicante (gracias crack).

Mesas en lugar abierto, tipo mercado. Trato cordial, amistoso y directo.

Ofrecen dos menús o carta. Primer menú de 50 euros/dos personas, el segundo 70 euros. Somos cuatro, uno de cada. Incluye vino: Optimus verdejo el primero, Pazo Señorans Albariño el segundo.

Los platos los ya comentados con las valoraciones anteriores.

Destaco el niguiri de lubina y de vieria (untuoso, fresco, sabor!!!) y el futomaki de carabinero. El resto se mantiene en una línea bastante alta.

Nos invitaron a cafés. Copa adicional de Pazo Señorans (4€).

En breve cambiarán a un local justo enfrente. A seguir.

¿Cuál es el componente esencial de sushi? Ya respondo yo: el pescado.

¿Cuál es una de las mejores pescaderías de Valencia? Ya respondo yo: Martin&Mari.

¿Qué sucedería si los de Martin&Mari se asesoran, se forman y montan un restaurante de sushi a las puertas de su pescadería? Ya respondo yo: que lo petan.

Pues eso.

El producto y su elaboración se merecen un entorno mejor. Sí, en el céntrico y precioso Mercado de Colón. Sí pero… en los bajos. Sin ningún encanto, demasiado abierto el espacio, desprotegido, mesas pequeñas, servilletas de papel diminutas, sin platos individuales…

Había dos menús, ambos para dos personas, uno de 50€ y otro de 70€ por pareja. Como íbamos cuatro, pues pedimos los dos menús, con lo que recorrimos prácticamente toda la carta de Momiji.

"Muchas poquitas cosas". Relaciono lo consumido:

Edamame
Ostras Prestige Cuveé
Niguiri de vieira
Niguiri de lubina
Uramaki California
Uramaki de atún picante
Tataki de salmón
Tataki de atún
Futomaki de carabinero
Futomaki de bogavante
Tartar de salmón
Tartar de atún

Las edamame (vainas de soja plancheadas y especiadas picantillas que se chupan comiendo sólo las habas tirando de la vaina) adictivas; las ostras, Prestige Cuvée, de gran calidad; los niguiri, con poquito arroz (que ya llevaba algo de aceite y wasabi) dejando el protagonismo y ensalzando “la tapa”; los uramaki (el alga dentro), un deleite, el de atún de morirse; los tataki, puro sabor, con ese vuelta y vuelta y una ligera emulsión; los futomaki (el maki típico con el alga en el exterior pero más grueso) muy ricos, el de carabinero excelente; y los tartar excelso género, cómo no, pero les faltaba un puntillo de “chispa”.

Buen servicio. Tardaron en comenzar, pero luego todo rodado.

En el menú entraba una botella de blanco que nos cambiaron sin ningún problema por un correcto cava valenciano: Babel Vinya Natura Brut, en correctas copas de flauta y champanera adecuada. Sin servicio del mismo.

Volveremos, sin duda. Si mejoraran el entorno… ¡No saldría de ahí¡

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