Restaurante 534 en Valencia
  

Restaurante 534

10
Datos de 534
Precio Medio:
44 €
Valoración Media:
7.1 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
7.4 10
Entorno:
6.6 10
Calidad-precio:
7.4 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Camins del Grau
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 28,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


10 Opiniones de 534

Nueva etapa con familia Torrijos en cocina y sala, después de la ruptura de la empresa con Raul Aleixandre, ya desvinculado también de Trencadish, sin grandes cambios en la decoración y con un servicio en desarrollo con poco control de la sala y mucha voluntad. Se echó de menos un platito para el pan que habia que dejar sobre el mantel con cada cambio de platos.

Unas cervezas de entrada, una cocacola (reclamada dos veces), copas generosas de vino blanco Belmonte y un par de aguas con gas para arrancar la comida de seis que empezamos un poco tarde para variar. El aceite en aceiteras rellenables. Buen pan y buen servicio del mismo. Los vasos para el agua hubo que pedirlos uno a uno conforme decidiamos beber agua.

La carta de vinos es corta pero correcta, sin grandes sorpresas y novedades. Elegimos un Contino Reserva 2005 y como no fuimos los únicos agotamos las existencias.

En la carta de comidas un buen menú y otras opciones de carta con cosas interesantes.
Un aperitivo por cortesía: caballa marinada con picadillo de aguacate bueno.

Los primeros al centro de la mesa: Buñuelos de bacalao (12€) buenos aunque comparables con los de Raul, salen perdiendo.
Ensalada de tomate cherry, diferentes hojas verdes (rucula, lechuga, roble...), alcachofas y frutos secos (10€), en buena ración y muy correcta, ya aliñada de salida.
Canutillos de foie con chutney de pollo y jenjibre (8€) poco interesante.
Una tosta de anchoas normalita
Steak Tartare (17€). Fatal. Color grisáceo por la salsa que llevaba, pasado de punto de picante (sin preguntar) de forma que puesto en la mesa daba ganas de retirarlo sin probar.

De segundos: entrecotte de buey (¿ternera?) correctos y bien.
Sargo bastante mal: Compacto, duro, seco.
Arroz de alcachofas y rape: buen punto de arroz y bien de sabor, las alcachofas muy pasadas de cocción, el rape desmigado y demasiado cocido y escaso.

Nos quedamos sin vino y tras varios intentos de conseguir que alguien se acercara, optamos por un cava muy interesante: Raventos i Blanc de la Finca 2009 que andaba un poco corto de frío.

Postres (de media 4-5€): torrija de horchata y su sorbete: de lo mejor.
Consomé de cítricos con sorbete de vainilla: interesante
Chocolate en texturas: correcto sin más.
Buñuelos con crema y frutos rojos y helado de vainilla: componentes no integrados.

Más de agua sin gas y cafés para todos. No hubo ofrecimientos de chupitos ni otros cafés o mistelas.

Acabamos los últimos cuando ya se había ido el resto del comedor casi lleno cuando empezábamos a comer.

Sensaciones de que no encontramos el punto de qué comer: carne o pescado, arroz, solo entrantes... Creo que la cocina está por definirse hacia donde ir.

En general me ha gustado.

Me gusto el ambiente super relajado a la vez que intimo (es cierto que no había mucha gente esta noche).

Pero para mi le faltan las ganas, cuidar los detalles... por ejemplo faltaban velas y algunas bombillas estaban quemadas, el maitre es un poco seco (no se molesta en tirar de la silla o coger los abrigos etc.. pero es muy simpático), las vistas son horrorosas (podrian poner plantas delante de las ventanas o vinilo traslucido), el famoso cocinero pues con cara de pocos amigos haciendo llamadas de atrás de la barra que ni se molesto en preguntar que tal ni nada... Pues eso los detalles.

Por una vez el ambiente musical me pareció acertado y al final el servicio menos presente me gusta mucho (te dejan pan y bebidas para que te vayas sirviendo según te parezca y no te cortan las conversaciones cada 2 minutos para contarte lo que vas a comer como los vas a comer etc...)

La comida pues... Es que tu ve un problema.

El entrante del menú eran los boquerones especiales de la casa... (por la noche en pleno invierno, personalmente me parece de entrada poco acertado) Pues resulta que esos boquerones eran enormes con cabeza espina dorsal, bueno enteritos. Y nos toco sacar los filetes. A mi me hubiera parecido mucho mejor que este trabajillo lo haga el pinche y ya les había cogido manía a los boquerones. Además eran marinado de un modo que había mucho sabor a espacies (demasiada porque me arruino toda la cena) pero que todavía estaban demasiado crudos... pues... Me cayeron fatal. Y no disfrute de la cena. de principal también pedí un pescado que más de lo mismo...

El postre no estaba mal pero quizás la presentación en vasos poco delicada incluso basta.

No recuerdo el vino lo eligió mi acompañante.

Conclusión para mi a todo le falta el pequeño plus que diferencia un buen restaurante de un restaurante, este plus donde se ve el esmero, el amor al oficio, las ganas de innovar y de mejorar la experiencia del cliente.

Si tengo la oportunidad, me gustaría repetir a ver si lo de los boquerones no fue lo que me dejo tan decepcionada y negativa.

He tenido la oportunidad de ir ya dos veces a comer (por cuestiones de trabajo) y las impresiones han sido muy buenas. La sala resulta un poco oscura para mi gusto. Las dos mejores mesas, en mi opinión, son las que están al lado de la cocina, lo que te permite ver el trajín de Raúl Aleixandre y su equipo. Mesas sobrias, sin manteles, para mantener precios competitivos. Lo más importante está en los platos. Se nota la gran técnica de Raúl y su esmerada selección de materia prima.

Al mediodia tienen un menú de 22€ que incluye dos buenos panes (de aceite y uno oscuro, quizás de centeno) y una entradita inicial. Como entrante probé en las dos sesiones el carpaccio de boletus, el carpaccio de pulpo (ambos muy buenos) y un poco de la brandada de bacalao (espectacular de sabor, quizás lo que más me gustó de todo). De plato principal, el arroz meloso marinero, con chipirones y gambitas peladas, muy sustancioso, se acaba el plato y yo, que soy un apasionado de los buenos arroces, me quedo con ganas de más (lástima que no haya perol de apoyo, como ocurre con otro magnífico arroz similar: el marinero de El Poblet). Se cierra con un postre bastante bueno aunque es lo que menos me llama la atención.

Referente al servicio del vino, carta corta pero con una buena selección. Pedimos Lusco 2011 (18,34€), Condes de Albarei 2011 (15,34€). Personal de sala muy profesional y discreto, no sé si serán las mismas personas que se comentaban en cronicas anteriores porque a mi el servicio me pareció excelente y no nos pusieron ningún problema para elegir mesa. Gin-tonic final muy bien preparado (10€) para algunos de los comensales. El precio es una media de los dos días. Muy buena relación calidad-precio. Tengo ganas de volver para probar sus cenas en un ambiente más distendido.

Cena de dos personas, entre semana, miercoles noche, casi todas las mesas llenas, dijimos que nos sacara Raul lo que quisiera, chips de patata violeta y yuca, steak tartare buenisimo con el toque de cilantro, carpaccio de boletus con queso, que gran materia prima, y eso que se huye de los lujos, menos mal porque el producto es brutal, mollejas con colmenillas, espectaculares, las mollejas me encantan, pero creo que son las mejores mollejas que se pueden tomar ahora mismo en la provincia, sepionets a la brasa, de tamaño y frescura perfecto, (creo que van todas las tardes a la subasta, ir por la noche y encontrar ese material, quieres que el tiempo se detenga) con una vinagreta de piñones, helado de turron, para beber tuvo la deferencia de servirnos tres copas de champagne, que lo abrio exproceso, solo bebia yo, el servico de Jose Miguel, espectacular, creo y opino que en la actualidad es el mejor profesional de sala que hay en Valencia, en amabilidad, saber estar, no lo ves y lo tienes siempre cuando lo necesitas, muy atento, explica cualquier plato que le preguntes, el servicio del champagne fue sensacional, en ningun momento me falto ni lo tuve que pedirnos quedamos solos y no puso ninguna cara rara aunque fuera entre semana por la hora, de hecho nos ofrecio si queriamos licores o gin tonic, pero teniamos que conducir y no era plan, felicidades a este duo de campeones, a Raul ya lo conociamos sobradamente y sabemos de su talento, pero Jose Miguel creo que es el complemento perfecto en la sala, he ido tres veces y siempre he salido muy satisfecho, para mi en la actualidad la mejor opcion de valencia, el marco me parece muy bonito, ademas se crea un confort con las velas, la originalidad de las sillas cada una con un tapizado, la cocina y la bodega vistas.......un detalle, seleccion de musica muy interesante y agradable...........felicidades, a seguir por ese camino

Veo que en unos de los primeros comentarios sobre el restaurante álguien ha sufrido ya algo parecido a lo que nos ocurrió.
Es la 3ª vez que acudo a este restaurante y a diferencia de las primeras, llegamos pronto para cenar (2 personas) y todas las mesas estaban vacías. Después de comprobar la reserva nos dirigen a la primera mesa nada más entrar al restaurante, mesa que está un tanto en medio y que todo el mundo que entra pasa prácticamente por tu lado con la consiguiente falta de intimidad. Le comento al metre que preferimos cualquier mesa de las que está pegada a las ventanas y aquí viene la sorpresa desagradable. Nos dice que no puede ser, que él coloca a la gente en función de cuando has hecho la reserva y en este caso, nosotros éramos los últimos. Nos quedamos atónitos. Pregunto si TODAS las mesas están reservadas y la gente ha pedido sentarse en determinada mesa y seguimos alucinando con la contestación. En absoluto, no hay ninguna reservada, Si ud cuando ha llamado me hubiera comentado que quiere alguna en especial, se la hubieramos reservado sin problemas de estar libre. Cada vez entendemos menos al personaje este. O sea, que hemos sido los últimos en reservar por teléfono, llegamos los primeros al restaurante, no hay ninguna mesa reservada y no sienta en una de las peores en medio del tránsito y la entrada. Y va y nos dice que no nos enfademos que es el sistema que utiliza y que le parece el más justo. Evidentemente mi cara significaba otra sensación, de hecho, mi acompañante y yo comentamos unos minutos después que lo suyo era habernos ido ipso facto ante tal despropósito pero por aquello de no querer estropear una velada que pretendía ser agradable nos quedamos no sin antes expresarle que no compartía esa forma de "sentar" a los clientes, que no me había gustado un pelo el asunto y que por mi trabajo he de realizar comidas de representación con frecuencia pero que desde luego me había quedado muy desencantado con el suceso ( en otras palabras...que ésta va a ser la última vez que vengo por aquí). Bien, llegados aquí, con un cliente contrariado con el restaurante vacio en ese momento, un verdadero profesional te invita a elegir la mesa que quieras y te explica sus normas y como funcionan (es su negocio) pero trata de salvar ese cliente, quedas bien y si la comida es grata, y lo fue, ese cliente vuelve, Nosotros no lo haremos, es más me encargaré personalmente de explicar lo simpático del metre a compañeros de profesión que con frecuencia nos preguntamos donde llevar a nuestros clientes. Sin entrar en mucho detalle ( no es el motivo de mi escrito y la comida está muy bien referenciada en otros post) diré que la cena estuvo bien aunque volvimos a chocar con el metre. Pedimos a la carta y había jamón de Bellota y queso por otro lado. Pedimos un plato con mitad y mitad y no podía ser. O jamón o queso o dos raciones completas. Inaudita esta rigidez. He de decir que el metre quiso congraciarse con nosotros y después de decirnos que no, nos acercó un poco de queso para acompañar al jamón (muy bueno por cierto) que acabó siendo nuestra elección. Las carnes muy buenas pero muy corta la carta. Los pescados (pedí rape) también muy bien. Pedimos un vino del Puerto n 18 que estaba fuera de temperatura pero se perdona. Lo de las mesas no. Por últimos pedimos un gin tonic de Gvine. Nos lo tarjeron ya preparado sin darnos opción a decir quiero menos ginebra o menos tónica. Además de que aunque en cuando des el primer trago puedas comprobar que efectivamente es la Ginebra que he pedido no está de más prepararlo en la mesa (ya que cobras un buen dinero) y esmerarte en la preparación de la bebida (allá donde lo saben preparar bien es un verdadero espectáculo) y cuidar esos detalles. No volveremos.

Esta claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero a mí personalmente la decoración del local no me acabó de gustar. La pared redonda del fondo llena de ventanas da un toque de "mirador" bastante atractiva, aunque las vistas que te encuentras (un parque desangelado con motos aparcadas) no te hacen disfrutar precisamente de las vistas. Lo que me llamó la atención es la cantidad de mesas que tiene este local... no quiero imaginar cuando se llene la de gente que cabe en esa sala.
Por lo leído y comentado ya sobre este restaurante, la cocina que encontré fue exactamente lo que esperaba. Producto con algunos matices que un buen cocinero, como es Raúl Aleixandre, sabe imprimir.
Tomamos el menú degustación de 30€ que consta de un primer detalle de la casa, unos anillas de pota encebollados, con piñones y una croqueta de ave. Correcto. Seguimos con una brandada de bacalao con una teja de queso. La brandada bastante buena, muy fina de sabor, tal vez algo falta de sabor del bacalao, pero se lo perdono por la textura tan delicada que se consigue. Por desgracia, el queso es muy basto y rudo, tanto en presentación, textura (algo blando), como en sabor.
Un par de sepionets con boletus y piñones (otra vez) y una vinagreta muy rica con un punto cítrico que me encantó. ¡Plato redondo!
Carpaccio de boletus pinícola en papillote, piñones (de nuevo) y queso fundido. La pinta no es muy buena, pero lo cierto es que el resultado es muy bueno, sobre todo la seta que está perfectamente preparada y llena de sabor.
De plato principal yo tomé pescado, una merluza muy rica con unas verduras con una textura perfecta, tersa y crujiente y... piñones. Mi acompañante el costillar de black angus que estaba exquisito también.
De postre un helado de turrón con frutos secos y fruta escarchada, bastante bueno también.
En general la cocina me gustó, para este rango de precios, y obviando algunos detalles poco cuidados que no costaría nada pulir, aunque supongo que con el tiempo todo se mejorará.
La carta de vinos está bien seleccionada, con buenos representantes en todas sus secciones y precios correctos. Tomamos un Raventós i Blanc De Nit, bien servido y en cubitera. Buenas copas para el vino.

A partir de aquí, la nota negativa que, pese a haberme gustado la cocina, me hará tardar en volver a este restaurante. Entramos al local a las 21:05 y abren a las 21h. Dos mesas cenando de dos personas y pedimos sentarnos, no habíamos reservado y uno de los camareros nos dirige hacia una de las mesas. En eso que nos cruzamos con otro camarero que le pregunta si tenemos reserva -No- es la respuesta. Tuerce el gesto y dice: "a la siete". La mesa siete es una mesa que se encuentra detrás de un pilar, pero para mejorar la situación, le han colocado un parabán que te aisla, solo visualmente, de todo el restaurante. Si os dicen de ir a la mesa siete, mejor cambiar de local.
Pero ojo, aquí yo también fui culpable de la situación, pues claro, pensé que estaría lleno el local por las reservas... En total al final de la noche quedaron libres como unas 13-14 mesas. Por tanto la culpa es en parte mía por no haber preguntado la razón por la cual nos daban la mesa "de castigo". Imagino que no les sienta bien que no reserves, pero podían no admitir mesas si no es por estricta reserva. Lo malo además de la mesa es que tras el pilar había otra mesa, cuya conversación, a ratos interesantes, nos amenizó toda la velada, pues es obvio que un parabán y un pilar no aislan acústicamente, tan solo visualmente.
Una pena haber recibido ese castigo y una lástima no haberme percatado de él hasta que no hubo pasado un rato, siempre pensando de buena fe, que el camarero, sus razones tendría.

Se proponía comida de “casi trabajo” entresemana con calor agobiante en Valencia. Imperaba elegir una zona estratégica que nos viniera bien para sentarnos en la mesa a las 15 horas. Ahí estaba el 534, local de reciente inauguración con la garantía que ofrece los antecedentes del equipo que está al frente de la empresa.

Ambiente tranquilo, dos mesas más en toda la sala, predomina la penumbra, tonos oscuros, agradables, separación correcta de mesas aunque a valorar con el local más lleno, diversos estilos de las mismas, vestidas con camino. Buena vajilla, cristalería y cubertería. Selección musical de fondo acertada a volumen idóneo.

Como ya se ha comentado, la carta está configurada de modo que por un camino u otro te lleva a solicitar el menú 534 (27€ + 3€ de servicio mesa) consistente en tres entrantes, plato y postre.

Como aperitivo dos cervezas rubias de barril fresquitas tiradas, desafortunadamente, al estilo levantino, que acompañaron a cuatro pequeñas patatas con su fina piel, en su punto, de textura acertada y servidas con una salsa tipo mojo verde en pequeño bol aparte para aderezar al gusto.

Albóndigas de Bacalao con su Tripa. Una unidad por comensal. Fina cobertura y cremoso interior sabroso. Cuando intenté comenzar a deleitarme con ella ya se había terminado.

Boletus Pinicola en Papillote. Servido en forma de finas láminas montadas unas encima de otras acompañadas de trozitos de queso mozarella quizá con un buen salteado de piñones y puede que orégano fresco que completaban un gran aderezo. El entrante de la comida.

Berberechos al vapor. Presentado en plato al centro para compartir. Buen producto con sencilla elaboración.

Mero con Jugo de Rustido. Buen grosor del taco de lomo, sabrosas lascas, para mi gusto perfectamente cocinado, bastante marcado por fuera con tierno interior. Se acompañaba de unas verduras “al dente” que hacían su función.

Piña Escarchada con Toffee, Hinojo y Coco. La espuma que acompañaba a la piña me sorprendió con su fondo de queso. Correcto final.

Pan aplanado blanco en rodajas de corteza crujiente y un dedo de miga esponjosa con intenso sabor a aceite y sal. Bueno.

Café correcto. Nos lo acompañaron de un Buñuelo de Chocolate con Confitura de Naranja montado en una cuchara como colofón.

Para beber nos aconsejaron un cava Tantum Ergo Rosé (26,34€) que nos gustó y acompañó perfectamente.

El servicio fue muy atento, dispuesto, facilitador y profesional en definitiva. Constantes los cambios de platos y cubiertos.

La sensación final global con la que salí fue que no hubo “flechazo” y esto me genera una actitud de mantenerme a la espera de otros comentarios que me transmitan una evolución o bien comprobarla por mí mismo de aquí a un tiempo. En mi humilde opinión, el perfil de mercado por el que ha optado la empresa es de dura competencia, aunque desde luego la experiencia y profesionalidad que tienen como aval seguramente les permitirá pulir determinados aspectos.

Nos decidimos a visitar este local para probar la cocina del cocinero Raúl Aleixandre, ya que en su momento no pudimos hacerlo en el Ca Sento.

El local está bien, hay una aceptable separación de mesas, el servicio no es de mantel pero no está mal, los camareros están pendientes y en general está bien. Acompaña una buena música ambiental.

Pedimos el menú de 30 euros (IVA incluido y servicio de pan también), ya que si pides platos sueltos sale mucho más caro y se nota que los precios los ponen para que finalmente pidas el menú.

La verdad es que íbamos con una idea de otro tipo de cocina, más de tapas y entrantes pequeños, pero no fué así.

Nos sacaron unos aperitivos consistentes en unas cocretas de cocido, buen sabor y una textura suave, y unos pinchitos de salmón muy buenos.

El menú consistió en:

Como entrantes:

- gazpacho de buey de mar: el buey de mar brillaba por su ausencia, en su lugar había unos trocitos de verdura; hay que decir que de sabor estaba bueno, era un plato fresco que dejaba al final un recuerdo marino. Seguramente el buey de mar estaría disuelto.

- Escalibada: un plato muy pobre, ya que la presentación era un trocito de bacalao sobre una rodaja de tomate. Se presentaban 4 porciones. Plato bastante insípido.

- Vieiras: una por cabeza, muy pequeños, te quedabas con ganas de más; estaba buena.

Como plato principal había para elegir arroz marinero, mero con pepino y calabacín y cordero asado.
Pedimos para compartir el arroz marinero con gambas, que estaba muy bueno, grano de arroz consistente, y un fondo de sabor profundo.
También pedimos el mero, nos gustó menos que el arroz pero estaba muy bien hecho.

De postre las ya comentadas cerezas con helado de vainilla y también melocones con helado; creo que el postre es muy simple, nada imaginativo, flojo.

La carta de vinos es corta pero los precios son comedidos; nos pedimos un cava Raventos a 15,34 €.

No nos gustó el que en una hora nos ventilaran, ya que entramos a las 10,40 y a las 11,45 estábamos fuera, incluso al traernos los postres ya nos preguntaron si queríamos tomar café.

Creo que es un sitio al que se puede ir alguna vez ya que el precio es aceptable (30 euros) pero no puedes salirte del menú porque así sale caro (la mayoría de los platos sueltos rondaban los 15 euros), acompaña unos precios moderados en los vinos, y el entorno no está mal. Sin embargo, creo que si no van cambiando el menú con cierta frecuencia no vale la pena repetir.

Como anécdota, contamos 9 personas en cocina, supongo que la mayoría serían becarios, porque entonces las cuentas no pueden salir, además, los platos del menú no creo que necesiten tanto personal para su elaboración.

La nueva propuesta de Raúl Aleixandre (Ca Sento).

Local espacioso de corte moderno y decoración contenida, sin ostentaciones, bañado por una envolvente atmósfera que crea la luz matizada que procede de un ventanal que se abre sobre el pasaje.

Combina mesas y sillas de madera con otras de diferentes materiales. Las de madera, amplias y cómodas.

Siguiendo la tendencia actual, dispone de una carta muy muy cortita, impropia de un restaurante de este nivel, de modo que casi todos acabamos irremisiblemente en el menú, el Menú 534, por otra parte amplio, generoso y equilibrado. Por 30€ te ofrece lo siguiente:

-----Aperitivos
Pulpo en escabeche. Servido en una falsa latita de conservas, muy rico.
Caballa marinada en sopa de naranja y miso. Un pequeño manjar.
Espuma de parmesano con pan frito y confitura de limón. Interesante.

-----Entrantes
Cigala en costra de sal. Una simple cigala… de gran calidad.
Ostra con granizado de Granny Smith. Frescura, frescura. Qué bien le acompañaba ese granizado de manzana a la ostra.
Sepionet con boletus. Cambiamos de tercio: tersura junto a melosidad. Saborrrrr.

-----Principal (podías optar entre arroz, carne o pescado)
Costillar con puré de manzana ácida. Estaba yo dudando entre el rape y el costillar y cuando nos lo cantaron… me decidí. Costillar de black angus con un puré de manzana y jengibre. De locura. El costillar estaba como confitado y con solo rozarlo con el tenedor se despegaba del hueso y se deshacía… Ufffffffff

-----Postre
Cerezas estofadas con helado de vainilla y crocanti de almendras. Original ese estofado de cerezas, con una textura indescriptible y heterogénea.

En resumen, una destacable cocina mediterránea moderna, con base de mercado, y atractivas y variadas presentaciones.

Bien esa carta de vinos, con moderada oferta comparándolo con la división en la que juega, pero seleccionada con conocimiento y un punto de audacia, totalmente a mi gusto. Tratados con mimo y profesionalidad.

El servicio, bueno, con constante cambio de vajilla y cubiertos. Se apreciaba bastante diferencia entre el Jefe de Sala, un tipo atento, sonriente y muy eficaz, con el resto del equipo, aunque ágiles y disciplinados, de menor nivel. Tuvo varios detalles distinguidos, como ofrecerle a un comensal que se dejó la ostra otro entrante a cambio (sin que nadie se lo dijera, simplemente estando pendiente), darme por escrito el menú al observar que me interesaba por ello, o sacarme un orujo de jengibre al percatarse de que me gustaba cuando nos explicaba el plato de carne… Con Jefes de Sala así, da gusto.

Qué curioso: hoy, 27/7/12, el día que hago la valoración, la prima de riesgo ha cerrado a… ¡534! Como es sabido el nombre del restaurante se debe precisamente al valor de este diferencial en el momento de la apertura del local. Ayer... superaba holgadamente los 600.

Dificil comentario porque puedes hacerlo comparando con el ex-Ca Sento o puedes hacer borron y cuenta nueva y comentar un restaurante nuevo. Voy a optar por lo segundo y Raul lo agradecerá porque aquí el planteamiento es distinto y merece un revival en otro momento (ver: https://www.verema.com/blog/abreunvinito/986905-homenaje-ca-sento-resurgir-cenizas-como-ave-fenix )

Comida para 3 en un local donde antes había una franquicia que creo se llamaba Jol. Bonita y atractiva decoración externa. En el interior mesas distribuidas de forma que hay muchas pero no da sensación de juntas con buen material de mantelería, cubiertos, copas... El local estaba prácticamente lleno y además Raúl nos saludó a varias mesas por lo que la sensación es de que muchos estábamos para apoyarle (y curiosear) en los primeros momentos.

Camareros un poco despistados arriba y abajo. Mucha insistencia en el menú del día (¿?) cuando queríamos probar el nuevo planteamiento gastronómico de Raúl. Buen cambio constante de platos y cubiertos y copas. Carta de vinos no extensa que si comparamos con otros restaurantes similares pues estaría un poco bajo del promedio y con precios un poco mejor del promedio. carta de comida con bastantes opciones de entrantes y en la linea de cocina creativa de Raul; menos opciones en cuanto a segundos platos pero con precios bastante ajustados.
Agua y dos copas de Raventos i Blanc Hereu brut reserva 2009 (bien)como aperitivo. Un Tamtum Ergo brut nature pinot noir reserva 2009 (correcto) y un 4 kilos mallorquin superior (ver catas aparte) más otras dos de agua. Servicio de vino dar a catar, corcho en la mesa y hasta luego; el tinto hubo que enfriarlo un poco.

Todo platos al centro:
Croquetas de bacalao con piñones muy sabrosas, pequeñas y no tan perfectas como las antiguas (y ya no comparo más). Viera con ñoquis de patata correcta. Tallarines de calamar con salsa y guisantes regular de sabor pero bien presentados y buena textura. Steack tártara en buena ración (no se nos pidió opinión de picante) y sabroso y bastante sentidito. Mollejas con colmenillas sobre lecho de yuca con diferencia lo mejor tanto por las mollejas como por las setas.
Plato principal; costillar de agnus al horno con manzana ácida y salsa de miel y gengibre; superior, en su punto de horno bien hecho pero jugoso, en buena ración, un acierto.
Postres: cerezas en orujo y helado de vainilla muy buenas, nada empalagosas bien de licor y chocolate sobre tierra de limón muy correcto.
Los cafés consiguientes sin dulces ni sólidos ni líquidos.
Invitación a orujos superespecial de la antigua bodega Esprit der Schieferterrasses: orujo de calidad.
La sensación al salir es de que comimos y bebimos bien en una sitio competitivo de calidad y a un precio similar a otros buenos sitios y que cuando se asiente un poco tiene que ir fácil a más porque conocimiento y materia prima hay para ello.

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