Restaurante Nozomi Sushi Bar en Valencia

Restaurante Nozomi Sushi Bar

Datos de Nozomi Sushi Bar
Precio Medio:
44 €
Valoración Media:
8.5 10
Servicio del vino:
7.9 10
Comida:
9.1 10
Entorno:
8.9 10
Calidad-precio:
8.1 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Dirección: C/ Pedro III el Grande, 11
Código postal: 46005
Tipo de cocina: Japonesa
Vino por copas:
Precio desde 37,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


17 Opiniones de Nozomi Sushi Bar

Restaurante: Nozomi
Dirección: Pere III el gran, 11 – València
Teléfono: 96 148 77 64
Tipo de cocina: Japonesa
Precio de la experiencia: 61,00 €

La historia personal de Nuria Morell y José Miguel Herrera y su irrupción en el mundo de la cocina y la restauración, aunque semejantes a otras de más calado mediático, no dejan de sorprendernos. Su llegada al complejo mundo de la hostelería se demoró un tanto. No me atrevería a tildarlo de una vocación tardía pues, visto lo que ofrecen en su casa, uno no echa en falta ni un ápice de la vocación ni de la profesionalidad que caracteriza a quienes se han dedicado a ello desde bien jóvenes. Seguramente ya llevaban dentro mucho de lo uno y bastante de lo otro antes de meterse de lleno en esta labor. Pero sí es cierto que, hace poco más de una década, esta pareja no se dedicaba en absoluto a ello. Fue su pasión por la cultura japonesa la que les llevó hasta el mundo de la cocina.

Los primeros pasos en hostelería los dieron con la apertura de Sushi Home. Corría el año 2007 cuando Nuria, después de haberse formado convenientemente de la mano de Mario Payán, se vio en condiciones de arrancar, junto a su inseparable José Miguel, con este negocio de comida japonesa para llevar enclavado en una estrecha callejuela del popular barrio del Carmen. Atrás quedaba su carrera dedicada a la abogacía iniciando una apasionante y exitosa aventura que, por aquel entonces, costaba imaginar. El local adquirió gran renombre en la ciudad y todo indicaba que, más pronto o más tarde, habría que dar un paso más allá.

Ese paso llegó con la apertura de Nozomi en 2015. Del modesto local del Carmen se pasó a un precioso restaurante en el barrio de Ruzafa. La cocina nipona más básica y más reconocible dio paso a unas elaboraciones que escondían más estudio y unas combinaciones ciertamente sorprendentes. Y el público reconoció ese esfuerzo, esa valentía, acudiendo prácticamente en masa al nuevo local de Nuria y José Miguel.

La seducción que ejerce Nozomi sobre sus clientes comienza nada más traspasar sus puertas. La distribución de los espacios y el acertado interiorismo, fruto del trabajo del conocido estudio Masquespacio, nos trasladan de inmediato al imperio del sol. El dominio apabullante de la madera, el origami de flores de papel que cuelga del techo, la estupenda insonorización del espacio y la indumentaria sobria del personal, especialmente de quienes ofician en cocina, evocan irremediablemente la atmosfera relajada y elegante del lejano oriente. Posiblemente sea uno de los salones donde más cómodo me he sentido.

La carta del restaurante es extensa y llegar a conocerla a fondo puede llevarnos varias visitas. Declinamos el menú degustación que propone un acercamiento somero a la misma para quienes dan sus primeros pasos en la cocina nipona. No sin alguna que otra dificultad, pues son muchas las propuestas que nos resultan atrayentes, conseguimos confeccionar nuestra comanda.

- Ensalada de col y salsa ponzu: A modo de aperitivo nos sirven dos pequeños cuencos al centro de la mesa con esta clásica combinación. Dado que la col se condimenta con la salsa líquida tal vez sería conveniente el emplatado individual. Un buen comienzo con esos toques cítricos y punzantes del yuzu.

- Tempura de soft crab: Se prepara con la carnaza del cangrejo de concha blanda que se envuelve con una tempura suave y ligera. Se acompaña de mayonesa picante y unas virutas de alga aonori. Delicioso, para repetir una y otra vez.

- Tartar de bonito: con cebollino y aceite de sésamo: Se disfruta de igual manera tomando directamente el bonito, perfectamente cortado a cuchillo, sin mezclarlo con la salsa, como combinándolo con ella. Ambos bocados nos resultan exquisitos, fruto sin duda alguna de la frescura extrema de la carne del pescado.

- Sashimi mixto: atún rojo del Mediterráneo y salmón ecológico. Pocas palabras se necesitan para describir aquello que no precisa de descripción. Una maravilla de producto.

- Usuzukuri de pez limón: Se trata de un corte fino del pescado a modo de tiradito peruano, en finas lonchas. Éste se sirve con rúcula, crujiente de ajo, salsa ponzu y aceite de humo. Divertido el juego de texturas con el crujiente de la rúcula y el ajo y muy curioso el aliño con el aceite de humo.

- Usuzukuri de dorada: En esta ocasión se acompaña con sal maldon, furikake de shiso rojo (sisho deshidratado y molido) y aceite de trufa blanca. Sin bajar el nivel ni un ápice.

- Uramaki  de atún picante, mayonesa japonesa, aguacate y panko: Rollo de eminente concepto clásico, sin concesión alguna a fusiones o reinterpretaciones. Precisión académica y limpieza de sabores, rasgos inconfundibles de la buena cocina japonesa. Se sirve en compañía de los makis de salmón y aguacate y los de de toro y cebollino. En la misma línea que el uramaki: ejecución impecable y pureza sápida.

- En el apartado de Nigiris, amplio e inabarcable, nos decantamos por cuatro propuestas, comenzando por uno de concepción más clásica y espartana, el de gamba dulce, y adentrándonos en otros más arriesgados e innovadores: anguila con foie; jurel con aceite de humo y pescado blanco con crema de trufa y sal maldon. La característica común en todos ellos es la poca cantidad de arroz que se usa como base del nigiri y la cantidad considerable de pescado que los corona. Otro rasgo extrapolable a todos ellos es la frescura del producto y la alta carga sápida de cada bocado.

- Para acabar, cada uno de los comensales elegimos entre las opciones de los temakis aquella que nos resulta más apetitosa. Llegan a la mesa diferentes elaboraciones: de piel de salmón crujiente, de atún picante, de toro, etc. Agrada en especial la textura del alga con la que se confecciona el cucurucho. A diferencia de otras degustadas en otros lugares, queda perfectamente integrada en el bocado, ni reseca ni correosa. Bravo.

- Tiramisú de té verde: postre muy original y sorprendente. La textura e incluso algunos matices sápidos reproducen literalmente los del conocido postre. Sin embargo, predomina otro sabor sobre ellos nada habitual en la popular tarta, el del té.

- Crema de jengibre, manzana ácida y helado de dulce de leche, o dicho de otro modo, un perfecto ensamblaje en un mismo plato entre lo balsámico, el dulzor contenido y un punto de acidez. Un ejemplo clarísimo de lo que podríamos calificar como postres “de nueva generación”, ligeros, provocadores y nada empalagosos.

Durante la comida tomamos tres vinos diferentes: Algueira brandán godello, Agas do tempo ribeiro y albariño Fillaboa. La carta de vinos es extensa y a precios razonables: hay un apartado significativo de sakes y otro de vinos internacionales. Servicio siempre atento al rellenado de copas.

Resultaría muy categórico y excluyente calificar Nozomi como el mejor restaurante japonés de la ciutat de València. Ello sólo podría afirmarse cuando se hubiese estado en todos ellos circunstancia que no se cumple en el caso de quien les escribe. Sí puedo afirmar con rotundidad que, de los que he estado, es con mucha diferencia el mejor de ellos. En primer lugar y como causa mayor por la excelencia de su cocina, la concepción de la carta, la selección y frescura del producto y la elegante presentación. Pero no deja de ser menos importante el contexto en el que se desarrolla la experiencia: ese marco incomparable que constituye la sala principal, esa buena carta de vinos, esa atmósfera sobria y de disfrute que se genera en Nozomi y el servicio cordial y profesional por parte de José Miguel y todo el equipo. Un lugar al que se vuelve siempre que se puede, sin duda alguna.

Podéis leer esta misma valoración acompañada de fotografías muy ilustrativas en: https://www.vinowine.es/restaurantes/nozomi-cocina-nipona-de-altos-vuelos.html

Nozomi era una asignatura pendiente. De hecho, debería ser asignatura obligatoria (o troncal, como dicen algunos) para todos los amantes de la gastronomía de esta ciudad o de más allá. Le tenía ganas, las expectativas era muy altas, pero jamás imaginaba que, al cruzar la puesta para salir, el grado de satisfacción iba a ser tan alto como el que resultó ser.

En Nozomi se ha cuidado y se cuida todo hasta el último detalle. Uno lee y se empapa de información (en ocasiones en demasía) sobre el lugar que va a visitar y, sabiendo más o menos el precio final al que iba a resultarnos la velada, me sorprendió nada más entrar el entorno del local y todo cuanto lo rodea. Un comedor y unos materiales elegante, con una reverberación cuasi inexistente, una iluminación intimista pero sobradamente suficiente, un ambiente muy zen, actual, sin caer en el ridículo minimalismo que nos ha azotado estos últimos años… Y la cocina, esa cocina enorme, abierta, limpia… Y el personal, un ejército de cocineros, camareros… elegantemente vestidos, con un trato que transmite sapiencia, profesionalidad y la sensación de estar a tu entera disposición. Mi primer hurra va por ellos y por quien efectúa la selección, a pesar de la anécdota que les narraré más adelante.

Hay un menú degustación del cual no dudo ni un ápice pero nosotros íbamos decididos a pedir sobre la carta. Entrantes, sopas, ensaladas, tártares o tartares, sashimis, usuzukoris (corte del pescado más fino – lo desconocía), makis, uramakis, temakis y postres. Mucho donde elegir y todo apetecible. Decidimos pedir algo de cada apartado y, aunque nos pierde el atún y el salmón, probar pescados variados: los susodichos, el jurel, el pez mantequilla, el bogavante…

- Col con salsa ponzu: Aperitivo de cortesía con las tiras finas de col y esta salsa hecha con soja y yuzu, un cítrico japonés que empieza a resultarnos ya bastante familiar.

- Hígado de rape: He tomado este plato en cuatro o cinco restaurantes y he de decir que jamás otro plato ha generado tanta controversia en mi paladar. Algunas veces me ha parecido un bocado insuperable y otras no he podido ni acabarlo por sus fuertes aromas y sabores. Supongo que ello depende de la frescura del género o la técnica utilizada. Éste, aun mostrándose como un bocado de muchísima personalidad, me encantó. Riesgo y triunfo.

- Tartar de atún rojo: Tiras de tamaño mayor al acostumbrado que facilitan la degustación con los palillos. Escaso aliño y espolvoreado con semillas de sésamo. Se nos aconseja no acompañarlo con la soja. Esos consejos se repiten en cada uno de los platos. Excepcional.

- Sashimi de salmón: Cinco hermosos tacos de un salmón de calidad y frescura excepcional. Pura mantequilla. La anécdota de la cena: como somos tres comensales, pedimos un cuchillo para partir uno de los tacos y poder tomar dos pedacitos cada uno. Nos contestan con un rotundo y seco NO. Nos quedamos descolocados. Intuimos que esa es la filosofía de la casa, la de no servir cubiertos y, mucho menos, cuchillos, pero, a modo de crítica constructiva, creo que no es modo de contestar. Se debe exponer esa filosofía y explicar los motivos. Detalle que no nos gustó pero que decidimos omitir rápidamente.

- Nigiris de jurel con aceite de humo: Un pasote, El nigiri es la bolita de arroz sin uso del alga nori. Original y diferente. A eso hemos venido.

- Nigiri de pez mantequilla con trufa: Mejor aún. Un bocado excelso. Brutal.

- Uramaki de bogavante: Piezas de diámetro menor al habitual, con el corazón del crustáceo y un arroz preparado a la perfección. Otra maravilla.

- Uramaki de steack tartar: Rico también aunque un pelín por debajo del resto. Quisimos hacer una incursión en la carne y realmente no hubiese sido necesario.

- Temaki de langostino: Canutillo con el alga nori que esconde el arroz, un langostino tempurizado y una salsa picante. Riquísimo.

- Crema de jengibre: Original postre. Muy curiosa y rica esa crema helada y el pequeño bizcocho (¿de saque?) que la acompaña.

Aquellos veremeros masoquistas que suelen leer mis valoraciones saben que acostumbro a extenderme más en la descripción de los platos. La simpleza de los platos de Nozomi, que no su bajeza de nivel, me obliga a prescindir prácticamente de las palabras y a plasmar únicamente con un par de adjetivos la sensación de cada bocado. Ciertamente resultó un festín, una bocanada de aire fresco, un bofetón bien dado en toda regla. Genial.

Tomamos dos botellas de vino: Pazo de Señorans 2015 (necesita madurar) y Sancerre Vicent Pinard Sauvignon Blanc (mejor). A la carta de vinos le metería algunas referencias más con DO y variedades emergentes que están triunfando en la alta gastronomía. Servicio perfecto, rellenando la copa continuamente.

Queda todo dicho. Un lugar donde disfruté un montón y en el que todas las piezas encajan: local, cocina, servicio y RCP. Bravo.

Un local que siempre transmite tranquilidad, que nadie habla en tono alto, con decoración propia de sala de relax... siempre acompaña para una buena experiencia.

Comida para 4, con interés de recordar alguna cosa ya probada y ver novedades. De las últimas poco que contar, si acaso en el apartado de vinos donde sí las hay y son interesantes y menos habituales tales como Pico del Aguila. bodega Suertes del Marqués, Lalama....

Encargamos para cada uno:
. edemame x 2 (a compartir): aperitivo más de moda que de interés gastronómico.
. tempura de soft crab (cangrejo de blando caparazón): espectaculares
. témpura de ortiguillas de mar: muy bien
. tartar de atun (a compartir) con cebolleta y sésamo: con punto picante, bien cortado.
. tartar de pez mantequilla con tinta de calamar y crujiente de wakame(a compartir): diferente e interesante.
. nigiri de salmón braseado con una mahonesa japonesa e ikura; bien hecho, sabroso, con huevas de salmón. Muy bien.
. nigiri braseado de anguila con foie: muy bien
. uramaki Tokio: hecho de bogavante con cebolla caramelizada, mahonesa japonesa para soja. Lo mejor.
. temaki especial: canutillo de langostinos tempurizados con mahonesa picante y tobikko: de lo mejor; hay que comerlo rápido que se enfría el alga que lleva.

Postre:
. bizcocho de sésamo con chocolate y helado de vainilla para tres
."Jardin Zen", como petit fours: tres trufas variadas y dos chocolatinas caseras. Curiosa la de te verde.

Cafés buenos, aunque servidos con tal rapidez que llegaron antes que los postres y se tomaron ya frios. Lástima.

Para beber: Pícaro del Aguila 2013 (bodega que visitamos la semana anterior) y que acompañó bien. Para los postres una botella de un auslese cuvée 2013 Kracher bastante equilibrado de dulce, acidez y color.

Calidad importante a precio considerable sobre todo si eres dificil de saciar, porque acabas pidiendo muchas opciones.

He comido allí varias veces. Tiene apariencia bastante espartana, con un estilo evidentemente japonés de respeto hacia el origen pero reinterpretado. Agradable ambiente para los sentidos utilizando materiales sencillos como la madera y el hormigón; además aprovecha muy bien el espacio con el box del bar y los aseos de paneles modulares que separa el vestíbulo del comedor con cocina abierta.
Siempre pido a la carta; aconsejaría pedir el menú sólo si vas muy perdido. Las aportaciones que hacen con trufa, ahumados o ingredientes no ortodoxos japoneses me parecen muy logradas. Perfecta ejecución dentro de la escala japonesa que ya es mucho decir; excelente producto. Atmósfera muy seria, se siente la concentración que se vive en la cocina. Entre semana se puede conseguir mesa para comer. Buenos riesling, siendo mi debilidad tengo que valorar esto; además no son del todo fáciles de encontrar y complementan perfecto con el sushi. Madera, hormigón, buena comida, atmosfera tranquila: se deja acompañar perfectamente por un buen vino. De mis japoneses de referencia el mejor por delante de Komori y Tastem.

De Nozomi hay dos superlativos que nadie puede refutar: es la mesa más codiciada de la ciudad y el restaurante más bonito de Valencia. Había visto fotos y ya se veía espectacular, pero la verdad es que cuando te metes allí, con esa iluminación, el origami de las mariposas de papel, los suelos de cemento, las mesas de madera... la paz entra en ti, el zen se consigue y se transmite. Uno se empapa de la esencia del restaurante y se deja llevar por su equilibrio. Creedme, no exagero.

Como compartí mesa con G-M poco de nuevo añadiré a su comentario, más allá de mi subjetividad y las fotos de lo que comimos.
Optamos por el menú degustación, que recomiendo si es la primera visita, al que añadimos dos platos de nigiri extra, más por mera curiosidad y consecuencia de lo bien que estábamos comiendo que por hambre.

La ensalada de pepino y alga con sashimi de caballa inicia el menú junto con una sopa miso muy rica, no las mejores que he probado, pero sí muy buenas. Los tartares también destacables, muy original el de pez mantequilla con tinta de calamar y bueno el de salmón, aunque aquí ya empezamos a debatir si las expectativas eran demasiado altas, todo bueno pero para que toda la parroquia ande haciendo colas interminables...

El sashimi ya subió el nivel, esa vieira, el calamar dulce y las gambas son una maravilla, al igual que el sashimi de dorada con aceite de trufa, aunque para mi gusto la trufa se comió el sabor de la dorada. Y llegaron los nigiri, LOS NIGIRI, enfatizo aunque tenga que gritarlo ¡qué maravilla! Jurel con aroma de humo, toro braseado con mayo japonesa, pez mantequilla con trufa y anguila braseada con foie. Sí, los mejores nigiris que he comido nunca, sin parangón y sin miedo a decirlo. Creo que la próxima vez haremos una de nigiris en exclusiva, de hecho aquí es donde añadimos dos de más al menú.

Había que mantener el nivel. Y se mantuvo con los makis de shiitake y los california de maki de cangrejo, al igual que el temaki, que tanto cuesta comer en condiciones, con esas preparaciones chiclosas del alga nori. Aquí es de langostino tempurizado y, aunque los nigiri nos volvieron locos, hay que reconocer que estaban muy conseguidos los temakis y los disfrutamos.

El postre es lo que menos que gustó, aunque por otro lado es a lo que nos tienen acostumbrados los japos. Como es algo de lo que puedo prescindir, la próxima vez cambiaré el bizcocho sifonizado con cosas por otro plato.

Respecto a la carta de vinos decir que pensaba que iba a ser más extensa y mejor escogida. No está mal, tiene cosas interesantes pero la verdad es que eché en falta algo más de variedad. Buen servicio, tratando siempre de agradar y cristalería acorde a las circunstancias. Me gusta el servicio de Nozomi, nada encorsetado, cercano pero manteniendo la elegancia y la paz del local.

De lo que bebimos, mejor dejo imagen, éramos cuatro y cayeron cuatro, así que el precio puede modificar bastante la media, pero qué le vamos a hacer, somos así. Mejor no pongo precio para no desvirtuar la ficha.

Volveremos, si nos dejan...

Le tenía yo ganas a este restaurante. Había intentado reservar con escasa fortuna, si bien es cierto que o para ese mismo día, o de un día para otro. Esa misma tarde, el amigo de un amigo que también es mi amigo, nos cedió sus dos plazas porque no podía ir su novia. Vaya alegrón, oye, por fin conoceremos Nozomi. Luego nos enteramos, hablando con el propietario, de que la suerte que habíamos tenido era aún mayor de lo que pensábamos, puesto que la lista de espera para fines de semana es muy, muy larga.

La primera sensación es impactante, te adentras en un esqueleto de madera con aire de “portátil” que forma una casa dentro de otra casa, la de verdad. Cocina al fondo -tras un amplio patio que hace de sala principal- con mucha gente currando, tranquilos, organizados. Hay equipo, hay equipo.

A nosotros nos ubicaron en una zona un poquito más elevada que está a la derecha, mucho más íntima.

Ambiente zen, maderas claras, gamas de grises, origami adornando el techo, iluminación tenue, casi demasiado a mi gusto, había zonas umbrías en las propias mesas.

Muy, muy curioso el local.

Se trata, más que de un restaurante japonés, de un restaurante especializado en sushi japonés.

Tomamos el menú degustación (35€ sin bebidas), que consiste en:

Ensalada
Sopa
Usuzukuri
Sashimi
Nigiri (3)
Maki (3)
Uramaki (2)
Temaki (1)
Postre

Esa es siempre la estructura del citado menú, los ingredientes varían en función de la estacionalidad del mercado u otros criterios de cocina. Muy bien pensado y diseñado.

Y así, por nuestra mesa desfilaron la ensalada, la sopa (es ensalada o sopa, pero tomamos una cada uno, para compartiresvivir), usuzukuri, sashimi… y bien, la cosa iba bien, pero no para tirar cohetes.

Hasta que llegaron los nigiri. Ah amigo, qué nigiri! Buahhhh, brutales. Fíjate que no recuerdo exactamente de qué eran, pero sí recuerdo dos cosas: la armonía y la textura y sabor del grano, que estaba tibio, como parafinado, se unían entre ellos queriendo separarse, y el resultado en boca era sensacional, se deslizaban por ella, juntos pero no revueltos, deleitando las papilas gustativas y textativas (jaja, perdonen el palabro). Son, sin duda, los mejores niguiri que he comido nunca.

Maki y uramaki muy buenos, y temaki excelente, mira que es difícil comer un buen temaki, qué habitual es tener que desgarrar el alga a tirones, moviendo la cabeza de un lado a otro cual cocodrilo aferrado a su presa, pues no hay dios que los seccione simplemente con la mordida vertical. Estos temaki no, estos se comían de maravilla, incluso con su puntito crunch.

Añadimos un par de platos, nigiri también, pero con menos protagonismo del arroz, que no recuerdo bien por lo extasiado que quedé con los nigiri anteriores (y con el vino), lo que no dice mucho ni de ellos ni de mí, aunque uno era de toro (toro de atún, no de lidia, yo creo que es la ventresca con un corte diferente).

El postre, muy mejorable, desentonó. Un recurso que me estoy encontrando últimamente que es como una tarta de bizcocho desmigada a la que le ponen alguna cosilla para salir del paso.

Bebimos muy bien, demasiado bien quizás, tienen carta de vinos donde perderte. Por ello no pondré el precio de la cena. El menú degustación son 35€ como decíamos, y luego ya…

Buen servicio, acorde con el entorno.

Volveré a por los nigiri. El menú degustación está muy bien como decía, pero quizás cuando regrese -si consigo reservar mesa- me haga un temático de nigiri.

Toda una experiencia gastronómica. He comido allí varias veces.
Aunque el menú degustación es muy bueno para mi tiene un punto frustrante porque querría comer mucho más de cada plato que ponen. Así que normalmente pido a la carta, ya que la conozco bien. El niguiri de pez mantequilla con salsa de trufa es uno de los platos más sabrosos que he comido nunca, más allá de la regionalidad de la comida. Un restaurante muy recomendable y muy bien llevado por sus dueños. Además el local es muy bonito y agradable. Su único problema real: reserva con tiempo.

Pues tras varios intentos (fallas, agosto) fallidos, por fin coincide visita familiar con opción de reserva.
Local ya descrito sin cambios. Necesidad de abrir el altillo por estar todo más que lleno (esto tampoco es diferente) pero con alguna mesa de 6 comensales en la zona alta que es algo más ruidosa que la baja.

Elegimos menú degustación Omakase con elección de ingredientes en cocina y que se debe encargar antes de las 14.30 y de las 22.30 y para mesa completa. Consiste en entrante de ensalada o sopa, tartar, usuzukuri, sashimi, 3 piezas de nigiri, 3 de maki, 2 de uramaki, 1 temaki más el postre.

Para beber pedimos unas cervezas de inicio: karin de tirador y asahi de botella. Unos snacks hechos con piel de dorada tostada por cortesía. Para el menú un Selbach kabinett 2013 (11 grs azúcar) después de descartar comer con burbujas. Dado a catar y con servicio frecuente.

El menú degustación:
. ensalada de vinagreta y arroz con caballa: muy buenas las algas que acompañaba y bien la caballa.
. tartar, fueron dos: de emperador con salsa de miso ligeramente picante: muy bueno. El otro de bonito con salsa de soja y cebollino, bien pero menos original.
. usuzukuri de dorada con aceite de trufa y sisho rojo: muy bueno
. sashimi de viera, gamba dulce y sepia con nabo y esa alga que recuerda a los percebes: buen conjunto de sabores marinos diferentes.
. nigiris: de atún en aceite de toro, de jurel con aceite de humo. Correctos
. makis: de cangrejo y pez mantequilla: mejor
. uramaki de salmon braseado con huevas y mahonesa japonesa
. temaki con atún ligeramente picante con una excelente alga nori de enoltorio
Añadimos un extra de nigiri de anguila ahumada con foie: de lo mejor.
. postre: bizcocho de sésamo con helado de vainilla y chocolate: regular.
Añadimos un par de copitas de sake que, aparte de los grados de alcohol, a más puntuación positiva (+) en SMV los hace más agradables. Elegimos Musashino y Seiryu, siendo éste último más aromático y algo anisado.

Servicio rápido (6 en cocina y 4 en sala) permiten cenar en dos horas con un buen ritmo de platos lo que es fundamental en este tipo de locales.

El japo que más me gusta en Valencia por la calidad y variedad de sus platos.

De vuelta a Nozomi justo el día previo al cierre, cosa que no se notó para nada. Como ibamos con niño pedimos el menu de degustación para los adultos que por 32€ ofrece variedad y notable calidad. Está compuesto por ENSALADA O SOPA (pedimos una de cada, excelente la ensalada con muy buen trabajo cobn las algas y un atractivo aliño y muy rica la sopa, que es sopa Miso). Tras ello tartar de atún, usuzukuri de dorada, brutal... para demostrar lo importante que es el corte del pescado llevaba un toque de aceite de trufa blanca y sisho rojo; sashimi variado (sepia, vieira, gamba acmpañado de una alga con sabor a percebe), 3 piezas de niguiri variado por persona, 3 de maki y 2 uramakis (delicioso el aporte de las setas) y finalmente 1 temaki, en el que destaco la textura del alga nori. Para finalizar con un sabroso postre elaborado con el cítrico Yuzu. Aparte pedimos algunos platos, probamos la tempura de verduras, muy buena y también unos nigiris braseados, concretamente el de buey, tremendo, con un punto picante medio y muy sabroso y espectacular el de sardina marinada. Excelente combinación de sabores y texturas y enorme el disfrute gastronómico. De beber un riesling con un toquecito de azúcar residual, el kabinett de Selbach. Te verde para acabar la sesión. Felicidades al equipo de Nozomi por su buen hacer y por mantener un nivel tan alto. Sin duda mi japonés de referencia en Valencia.

Tras varios intentos conseguimos tener mesa el domingo por la noche , fue un regalo de mi gatita , que casi siempre acierta.
El local estaba lleno , lo cual no significa que hubiera un ambiente sobrecargado , todo lo contrario , el local tiene una climatización e insorización perfectas.
En cuanto al entorno , disposición de las mesas etc... que os voy a contar está todo correcto , nada que decir.
Pero con el afán de que continúen mejorando me gustaría aportar algunos detalles.
Tomamos menú degustación , no me voy a quejar de las cantidades porque la verdad es que cenamos muy bien...pero si que detecté algunos errores en la composición del menú, uno de ellos fue la repetición del pez mantequilla en dos de los platos , a mi particularmente me encanta , pero considero que es mas de lo mismo y si lo repites pues imagínate.
Otra de las cosas que no terminé de entender fue el uso continuado del aceite de trufa , esa potencia se cargó la sutileza de algún pescado , no recuerdo cual , cosa que no es de extrañar . Para finalizar nos pusieron un langostino crujiente envuelto en alga nori , el error a mi parecer fue doble , primero porque fue el plato mas contundente y al ponerlo cuando ya estás saturado pierde bastante interés , y lo segundo es que lleva un exceso de mahonesa que arruina el sabor del langostino.
Es cierto que le tenia miedo al postre , los japoneses no saben de repostería , pero en este caso no tengo nada que decir , el postre fue mas que correcto y con un equilibrado dulce ácido.
En todo caso como habéis visto no he querido profundizar en cada plato del menú , porque eso ya os lo sabeis , pero si quiero mencionar que el nigiri salmón braseado aun estando perfecto , considero que está ya muy visto.
Entiendo que ser creativo con la cocina japo es complicado , pero si hablamos de estilos me quedo con Komori.
Otra cosa , se respira demasiada tensión en la cocina vista , pienso que la concentración es una cosa importante , pero la tensión no le va bien a un sushi bar, tal vez un comportamiento mas desenfado le iría mejor.
En cuanto al vino tomamos un Francés a base de Sylvaner y Muscat , 2012 que fue perfecto.La opción cerveza descartada por supuesto.

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