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Restaurante El Celler de Can Roca

203
Datos de El Celler de Can Roca (Girona)
Precio Medio:
202 €
Valoración Media:
9.1 10
Servicio del vino:
9.3 10
Comida:
9.5 10
Entorno:
8.6 10
Calidad-precio:
8.8 10
Fotos:
 
Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 100,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingos, lunes, primera quincena de julio y Navidades

Teléfono

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Opiniones de El Celler de Can Roca (Girona)

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El Celler de Can Roca (Girona)
Servicio del vino: 10 10
Comida: 10 10
Entorno: 10 10
Calidad-Precio: 10 10
10.0 10
Antoni_Alicante

Antoni_Alicante 05/12/16 19:54

Fecha de visita*: 01/10/16
Precio por persona: 229.0

Había estado una vez en el Celler de Can Roca y, si una conclusión extraje de aquella primera visita, es que se trataba de un sitio al que valía la pena regresar. Y mucho. Esa y bastantes otras más que hoy no vienen al caso. Quería resaltar esa. Desconocía el cuándo y el con quién volvería, pero tenía bien claro que este lugar merecía más de una visita. Y la ocasión no tardó en presentarse. Gente de mi familia tenía ganas de ir y, tras no pocas aventuras por conseguir reserva, ésta llegó hace bastantes meses atrás y con una fecha para señalar en el calendario: la noche del 1 de octubre de 2016.

Cuando estuve por primera vez en el Celler y compartí mi valoración en este mismo portal, tuve que encabezarla con un titular y ese fue exactamente el mismo que da nombre al post que hoy nos ocupa. No se me ocurre mejor sentencia que califique todo cuanto allí acontece.

Seis fuimos las personas que nos sentamos esa noche alrededor de la mesa. Circunstancias muy diferentes respecto aquella primera vez: bastantes menos comensales en ella (aquel día fuimos trece grandes amigos quienes disfrutamos del festín y ahora la familia más cercana), cena vespertina en esta ocasión en lugar de comida a mediodía, acomodados ahora en el salón principal a diferencia de la otra vez que estuvimos en el reservado que precede a la bodega… Factores muy distintos que predisponían y auguraban, si cabe, todavía un mayor disfrute.

La velada en el Celler comenzó con una cuasi obligada visita a las cocinas del restaurante. Con Joan Roca como guía, recorrimos las distintas estancias donde decenas de personas se afanaban en sus tareas, cabalgándose literalmente las propias de recogida y limpieza del pase de mediodía con las del servicio de cenas que acababa de comenzar. Cazos, sofisticadas máquinas, fogones, hornos de leña, vajillas apiladas, platos con su montaje ya iniciado… Un espectáculo a la vista y un regalo para quienes compartimos la afición a los restaurantes con la pasión por la cocina. Sonidos que, aunque nos resulte difícil comprender, transmiten paz y orden por un lado, frenesí y tensión por otro. Aquí se trabaja de caliente, pero de una forma meticulosa, matemática, sin que nadie pierda los nervios. Olores que nos embriagan y nos generan aún mayor ansiedad. ¡Vayamos a la mesa cuanto antes!

Tomamos asiento en nuestra mesa circular y la luz, que nos parece tenue al principio, se convierte en un auténtico regalo a lo largo de la cena. Focaliza toda la atención sobre el plato, te disuade de las mesas colindantes, te transmite paz, bienestar. Mantelería impoluta y tres grandes rocas en el centro de la misma como seña de identidad de estos tres hermanos que se disponen a hacernos disfrutar como pocas veces lo hayamos hecho antes.

Tomamos unos aperitivos previos: hay quien se pide un vermut, otros una cerveza y otros, los más avispados, un excelente cava de bienvenida gentileza de la casa. Ojeamos la carta de vinos y quedamos impresionados por el número de referencias que recoge la misma. Nos sentimos apabullados, pero, aún así, felices y entusiasmados. Nos ofrecen la posibilidad de escoger entre dos menús. Tardamos un segundo en tomar una decisión: el menú más largo.

- Comerse el mundo: Presentación que cuenta ya con años de historia y ejerce como obertura del menú. Se mantiene el concepto e imagen pero el contenido se somete a variaciones prácticamente cada temporada. Un gran farolillo negro hace las veces de “el mundo”. Se descubre ante el comensal y, en su interior, encontramos cinco pequeños bocados que se toman directamente con la mano y que, según nos cuentan, son el fruto de los múltiples viajes que realizan los hermanos Roca alrededor del planeta. En esta ocasión nos sirvieron:

o Corea: bocadillo frito de panco con tocino cocinado con salsa de soja, kimchi y aceite de sésamo.
o Japón: Crema de miso con niñoñaki.
o Tailandia: Salsa thai, pollo, cilantro, coco, lima y curri rojo.
o China: Corneto con verduras encurtidas con crema de ciruelas.
o Perú: Causa limeña.

Sin entrar en detalles pormenorizados, sí diré que resulta sobresaliente el efecto que todos ellos producen en de cada uno de nosotros. Me atrevo a pronosticar como efecto unánime y generalizado entre quienes tengan la suerte de comer alguna ocasión en este restaurante: los sabores intensos, novedosos en algún caso, a la vez que elegantes, sin estridencias y el dominio absoluto tanto de la técnica como de la presentación. Justamente estos mismos tres trazos podrían extenderse y definir a la perfección la cocina que se hace en el Celler. El primer pase supone, por tanto, la mejor carta de presentación de la casa. Siempre bajo mi óptica personal destacaría China y Tailandia por encima de los demás.

- Memorias de un bar de de las afueras de Girona:

La historia de la familia Roca es posiblemente conocida ya por todos. De ello se han encargado sobradamente los medios de comunicación hasta el punto que ciertas personas empezamos a sentirnos ya un tanto “empalagadas” de ella. Pero es innegable que la progresión en esta casa se ha fundamentado sobre cuatro pilares: la ambición, la humildad, la honradez y el esfuerzo. Y mucho de ello, digo yo, les vendrá a los hermanos Roca heredado o aprendido de sus padres y del restaurante que ellos regentaban. Con este plato, se rinde un sentido y merecido homenaje a Can Roca, la casa de los padres y origen de esta gran historia. Ello se hace mediante la reinterpretación de cinco de las tapas o platos más representativos del bar. La puesta en escena es curiosa y divertida: se coloca ante cada comensal una especie de sobre cerrado que, finalmente, resulta ser un desplegable en tres dimensiones que se convierte en la barra de Can Roca sobre la que se sirven los cinco snacks: Calamares a la romana, riñones al Jerez, bombón de pichón, bacalao con espinacas, campari. Se percibe menos sorpresa y disfrute con respecto a los snacks que le antecedieron, pero sin dejar de merecerse el calificativo de sobresalientes. Personalmente me quedo con el bombón de pichón.

- Helado de aceitunas verdes: Otra de las presentaciones “estandarte” del restaurante. De un pequeño olivo bonsái penden estas esferificaciones que simulan las aceitunas y que se elaboran a partir de un helado de las mismas. Aunque ha variado un poco (antes eran olivas caramelizadas), entiendo perfectamente que no se retire este pase del menú. Las pseudo-aceitunas están riquísimas y se hace inevitable la broma de intentar apoderarse de las de los otros comensales.

- Estrella de mar: Cremoso de marisco y polvo de gamba. Sobre una finísima y frágil tortita que guarda cierta similitud con la pequeña red sobre la que se sirven, se nos presenta una preciosa estrella de mar realizada con la crema de mariscos de contundencia sápida brutal. Tal vez uno de los bocados más apabullantes en un menú en el que siempre se tiene en cuenta la contención y el control. Es bueno someter al comensal a ciertas descargas como ésta. A mí, personalmente, me encantó. Uno de esos momentos en los que, instintivamente, cierras los ojos y valoras la suerte de poder estar allí en ese momento.

- El coral: Estructura de acero simulando las formaciones y arrecifes de coral marino sobre la que se sustentan dos cucharillas en la que se han emplatado sendos snacks: el Mejillón en escabeche y aire de albariño (de tamaño considerable el molusco y cargada de personalidad la espuma que lo recubre por completo) y el Ceviche de dorada (fresquísimo, “cilantroso”, si se me permite el calificativo, pero no en exceso).

- Bombón de trufa: Se nos invita a cada comensal a tomar uno de ellos de una especie de bombonera tallada sobre piedra que lleva el servicio en sus manos. Placer hedonista, sabor a raudales, un verdadero regalo para el cliente. Se echa de menos otra ronda del personal alrededor de la mesa.

- Brioche de ceps: último snack del menú (podemos contabilizar hasta dieciséis) con el que se cierra brillantemente la primera parte del mismo. Otro portento técnico, de textura enormemente sedosa, esponjosa y con el sabor siempre embaucador que otorgan las setas frescas de temporada. A uno le queda la duda si no sería mejor seguir en esta línea, disfrutar durante horas de un menú confeccionado únicamente con estas elaboraciones de tamaño reducido pero de impresionante magnitud sápida. ¡Cuánto estudio y trabajo se esconden tras cada uno de ellos!

- Ensalada verde: Aguacate, pepino, lima, acedera, chartreuse, shiso verde, estragón, rúcula, oxalis, sorbete de aceituna y aceite de oliva: Los snacks nos han dejado asombrados, maravillados, en estado de shock… Esta ensalada viene a ser lo que podríamos denominar un “borrón y cuenta nueva”. Volvemos a empezar y lo hacemos de la mano de una elaboración tremendamente refrescante, balsámica, curativa, si se me permite la expresión. Infinidad de matices sápidos, texturas, colores y temperaturas… Otro plato portentoso, en la línea fresca y tremendamente vegetal de otros muchos degustados en restaurantes gastronómicos pero a un nivel estratosférico. El éxtasis vegetal.

- Salmonete marinado con kombu, cremoso de higos chumbos, anémonas de mar, salicornia, limón y vinagre de katsuobushi: El pescado se sirve prácticamente crudo y con unos acompañamientos realmente originales, quizás los más rompedores en cuanto a los platos salados del menú se refiere. Estamos ante una elaboración que se desmarca un tanto de la tónica general que se impone en la cocina de Joan caracterizada por la armonía y la medida. El plato genera cierto desconcierto en el comensal, empezando por lo visual y acabando por lo gustativo. Un plato complejo.

- Ostra con manzana, algas, champiñones, trufas y ajo negro sobre una crema de anémonas y destilado de tierra: cinco pequeñas porciones de la ostra con cinco miniguarniciones entre las cuales hay algunas con las que jamás se me hubiese ocurrido acompañar al molusco. El máximo exponente de esa sorpresa es la ostra con trufa que, lejos de desmerecer, alcanza matices brillantes y un resultado excelso. No le van a la zaga los otros acompañamientos, especialmente los champiñones. Muy destacable también la crema sobre la que se emplata que rebosa sabor marino por doquier. Plato top.

- Cigala con salsa de cacahuetes, mole negro con chocolate y crema de galeras con coco y ceps: Cola de crustáceo de tamaño XXL sometida a la justa cocción y, nuevamente, con acompañantes sorprendentes. No resulta tan llamativo, sin embargo, el resultado final. Armonía total entre los matices marinos de la cigala y los torrefactos que aporta el cacahuete o el cacao del mole. Destacable la textura de la cola del animal. Perfecta.

- Calamares con tempeh de “mongetes del ganxet” con una semana de fermentación, dos semanas y cuatro semanas: El calamar se presenta nuevamente cuasi crudo, cortado y presentado en forma de tartar. Se nos invita a degustarlo combinando cada bocado de éste con las distintas motas de salsa que lo acompañan, sin llegar a mezclarlas entre sí. Todas ellas han sido elaboradas a partir de la cocción a baja temperatura de estas legumbres autóctonas. Con el paso de los días en el ronner el guiso gana densidad, color, intensidad y sabor. Elaboraciones muy curiosas con resultados satisfactorios. Coincidimos todos en que, cuanto más cocción, más rico nos resulta el tempeh resultante.

- Gamba marinada en vinagre de arroz, el jugo de sus cabezas, sus patas crujientes y una velouté de algas y pan de fitoplancton: Plato que se sirve desde hace años en el Celler aunque se ha cambiado el recipiente en el que se emplata y la disposición de los elementos. Homenaje al producto estrella de la Costa Brava, la gamba de Palamós, y, por extensión, a los platos en los que prima la selección y calidad del protagonista principal. Reconocimiento, a su vez, a la cocina tranquila, de cocciones largas y reductivas para obtener altas dosis de concentración mediante esa crema sobre la que descansa la gamba. Y homenaje también a la cocina de vanguardia con esos pequeños guiños que suponen la “fosilificación” de las patas del crustáceo y el bizcocho marino. Tres corrientes culinarias perfectamente representadas y conjuntadas en un mismo plato.

- Raya roja con jugo de pimientos escalibados i ruibarbo: El pescado llega perfectamente desespinado y desprovisto del cartílago, característico de la raya, que puede resultarnos molesto. La cocción es también perfecta. Sin embargo, echamos en falta un sabor más intenso en el filete. El plato, aún estando rico, no consigue emocionar especialmente a nadie de los que compartimos mesa.

- Besugo con sanfaina del jugo de sus espinas: Recuperamos rápidamente el nivel con un plato de aparente sencillez. El filete ha sido cocinado perfectamente y se sirve sobre el lecho de esta especie de “suquet” tamizado y con el remate de la torta elaborada con una deliciosa sanfaina. No me atrevería a afirmar que se trate de un plato de fácil ejecución (supongo yo que no), pero sí resulta fácilmente comprensible para el comensal de cualquier condición o bagaje culinario y ello es garantía de éxito y aprobación unánime.

- Cochinillo ibérico con ensalada de papaya verde, pomelo thai, manzana, cilantro, lima y anacardo, puré de tamarindo y shiso: La carne resulta digna de un monumento, ejemplo insuperable para el alumnado de las academias de cocina. Su evidente clasicismo se contrarresta con las guarniciones de marcado carácter vegetal y con clara inspiración oriental. Frescas y cítricas cuasi todas ellas, suponen un contrapunto ideal a los matices grasos que siempre nos da el cochinillo. Acierto total.

- Cordero con puré de berenjenas, garbanzos, manitas de cordero y tomate especiado: Sin llegar a parecerse al extraordinario mandala de cordero que deguste en mi anterior visita, se atisba cierta similitud en cuanto a la cuidada presentación y la combinación de la carne con múltiples y variados acompañantes. El resultado es un plato muy vistoso y sorprendentemente ligero, cosa que se agradece a estas alturas del menú.

- Lata de ternera escarlata: bearnesa de remolacha, sandía a la brasa, frutos rojos confitados, pimiento al horno de leña y sisho morado: Plato bello, de los más bonitos de cuantos han pasado ante nosotros. Con el hilo conductor del color rojo se combinan elementos cuyo resultado final no sólo desborda vistosidad sino también armonía, sabor y placer. Tal como comentábamos con el cordero, se persigue la liviandad, aunque estemos hablando de platos de carne y de reses tan serias como el cordero o la vaca. Doy fe que se consigue.

- Un helado de narices: Pequeño “polo” con forma de nariz, lo que claramente supone un guiño en clave de humor al rasgo más característico de la fisionomía del maestro de los postres del Celler, Jordi Roca. Al mismo tiempo, se consigue limpiar el paladar y dejarlo listo para afrontar los postres.

- Bosque lluvioso: agua destilada de tierra, galleta de algarrobas, polvo de abeto, helado de anís, doncel e hinojo. Granizado de abeto: La sensación al terminar el plato es similar a la que experimente cuando pude degustar el famosísimo viaje a la Habana de este mismo cocinero. Reconocimiento máximo a la innovación, al riesgo, a la técnica y la originalidad. Nada, absolutamente nada, de lo degustado hasta ese momento se asemeja ni en lo más mínimo a esto, pero he de confesarles que no me gustó. Se reproducen a la perfección los aromas del monte y, seguramente, sus sabores, pues nunca me he comido literalmente el bosque. Pero ello, a parte de la sorpresa e incredulidad, no aporta grandes dosis de placer.

- Cromatismo naranja: Una perla de gran tamaño nos llega a la mesa y, tras romperla, descubrimos gran variedad de ingredientes en su interior. Tal circunstancia acarrea un sinfín de sensaciones. Sabores y texturas de distinta índole: dulce, ácido, amargo, crujiente, sedoso…. Una auténtica maravilla.

- Caja de habanos: Chocolate con leche, vainilla, higos pasos, hoja de tabaco y cacao. Un postre “redondo” en la medida que quedan representados los elementos fundamentales para que un plato triunfe: una presentación original y vistosa, unos aromas sorprendentes (realmente el olor recordaba al de una caja de puros aunque luego en boca no se percibía) y una armonía perfecta entre todos los ingredientes del plato. El perfecto colofón a un menú que recordaremos por mucho tiempo.

La maravillosa comida del Celler no puede presentarse en un envoltorio cualquiera. Quien se encarga de hacerla llegar a la mesa y de instruir al comensal debe estar a la misma altura que aquello que nos viene en el plato. Y así sucede en el Celler. Maravilloso el trato recibido por las personas que se encargaron de nosotros aquella noche, encabezadas por Jordi. Sin estridencia alguna, con el nivel perfecto en todas las variables que condicionan el disfrute óptimo del personal que sirve en sala: su presencia, su actitud, su proximidad cuando se les requiere, su distanciamiento cuando así lo pide el comensal, comprendiendo el lenguaje no verbal… El personal del Celler sabe hacer una lectura perfecta de la idiosincrasia de cada una de las mesas y muestra una capacidad camaleónica por adaptarse a ellas. Chapeau.

El servicio del vino es otra de las fortalezas de esta casa. Heterogeneidad en la mesa en cuanto se refiere a gustos, conocimientos y nivel de disfrute. Desde gente que no toma vino, hasta gente que empezamos a disfrutar mucho con él. Ello nos obliga a descartar la opción de maridaje y a ceñirnos a referencias de la carta de gama media-baja. Al menos esta casa haberlas haylas, que en otras no, y muy interesantes, por cierto.

Tras la primera botella de Albet i Noia El Celler brut reserva (Penedés) gentileza de la casa y, arrastrados por las tendencias que se imponen últimamente y que nos llevan hacía vinos de un perfil más atlántico, pedimos, en primer lugar, una botella de Bodegas Viñátigo Gual 2014 (Tenerife) que acompañó los primeros pases del menú. Con los pescados degustamos un vino de la Bodega Marañones: Pies descalzos albillo 2011 (Madrid). Tomamos Algueira brancellao 2013 – (Ribera Sacra) con las carnes y rematamos la cena con Molino Real 2014 (Málaga).

Nuestra estancia en el Celler concluyó con los cafés y unos originales petit fours que tomamos en la terraza y con la visita a la bodega de la mano del propio Pitu Roca en la que nos queda retratada, tras una puesta en escena, un tanto teatral, toda su pasión y conocimiento sobre el mundo del vino del gran Josep Roca.

Abandonamos las instalaciones cercanas ya las dos de la madrugada de una noche con muy poco de otoñal. La felicidad nos embarga. Nos invade esa sensación que se tiene cuando se es sabedor de que acabamos de vivir algo muy bonito. Lejos de convertirse en una experiencia exclusiva o exclusivista, comer en el Celler tiene mucho de familiar, de cercano y entrañable. Es curioso, pero así es como lo siento. No me queda otra que esperar a que se presente nuevamente la ocasión de volver. No la desperdiciaré. Seguro que no.

No dejéis de visitar esta misma valoración ilustrada con fotografías en: http://www.vinowine.es/restaurantes/el-celler-de-can-roca-el-celler-de-la-felicidad.html

El Celler de Can Roca (Girona)
Servicio del vino: - 10
Comida: - 10
Entorno: - 10
Calidad-Precio: - 10
- 10


…… y pasó nuestro encuentro anual en El Celler de Can Roca, y nos quedó y quedará imborrable su recuerdo. Un recuerdo que se acentúa cada vez que ojeamos las fotos de los platos y vinos que nos recuerdan nuestro paso una vez más por el mejor restaurante del mundo.
Únicamente una sombra ha deslucido este día, se nos coló Murphy con su conocida Ley y les fastidió el viaje a Eugenio y Mercedes. No fuimos los únicos que los echamos en falta, Pitu y varios camareros, metres y sommeliers del Celler, nos mostraron su extrañeza al no verlos por allí.

Como ya es habitual nos acomodamos en el salón, donde mientras unos (entre los que por descontado yo no me encontraba), eligen los vinos discutiendo con Pitu añadas, terruños, y otras cosas por el estilo que escapan a mis conocimientos, el resto vamos dando cuenta de algunos de los entrantes.

  • Como el bonsái, del que este año no colgaban Aceitunas Caramelizadas como en otras ediciones, sino unas refrescantes y apetitosas Aceitunas de Helado de Oliva Verde, a pesar de que nos avisaron, a algún comensal acostumbrado a la textura de la anterior versión tuvieron que reponérselas.
  • Y como estamos en plena temporada de calçots no podía faltar la versión de Joan, El Calçot Lyo. Algo diferente a la calçotada que nos montó ayer Diego (Maresme), en la que los calçots no estaban liofilizados, pero también estaban riquísimos.
  • Dos cucharas magníficamente presentadas en unas ramas de Coral, una de ellas con Ceviche de Dorada, para mi gusto con un pelín de gusto a pimiento rojo, pero es que yo detesto el pimiento rojo, al resto de comensales les encantó.
  • Y otra con la delicada Ostra yin-yang , con el jugo de su propia cocción y Ajo Negro.
  • Pero si espectacular fue la ostra, espectacular fue la capacidad de reacción con las dos diferentes cucharitas que trajeron a dos “comensalas” alérgicas a las ostras, una con una mus, o crema, o un noséqué de Piñones y la otra con una espuma de Percebes.

  • Seguimos con otro producto de temporada, El Bombón de Trufa, tan apasionante como encontrar una trufa entre el musgo de los bosques de la Vall de Llémena.
  • Y un voluptuoso Brioche de Trufa, relleno de una Mayonesa de Trufa templada, y coronado por una especie de “txapela” de trufa. Trufa en estado puro.

    Los aperitivos los acompañamos con el Cava Albet i Noya “Clàssic” El Celler Brut Reserva.
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  • Llegados a este punto parece que los que estaban estudiando de la carta de vinos ya se habían puesto de acuerdo, así que pasamos al comedor dispuestos a comernos el mundo.
    Y vaya si nos lo comimos….. En Tailandia: Salsa thai, pollo, Cilantro, coco, curry rojo y lima, en Japón: crema de miso con nyinyonyaki, en China: Verduras Encurtidas con crema de ciruelas y en Perú: Causa Limeña. Una manera de trasladarnos las vivencias adquiridas en sus viajes por todo el planeta.

  • Que los Roca son entrañables, nos lo han demostrado en múltiples ocasiones, y lo han vuelto a hacer una vez más como ellos mejor saben, con un “plato”,Memorias de un bar en las afueras de Girona, y entrecomillo lo de plato porque se trata de un desplegable de cartón blanco a modo de cuento infantil donde aparecen 3 fotografías antiguas de los hermanos. Junto a ellas, adaptaciones de las típicas elaboraciones que en aquellos tiempos se servían en la mayoría de bares de este tipo, calamares a la romana, riñones al jerez, mejillones, bacalao……. y campari. Pero lo que me emocionó fue la historia de este plato, quizás porque mi padre fue camarero y puedo entender lo que es vivir de niño las esperas hasta que se levantaran los últimos clientes y poder volver con tu padre a casa. Por eso, cuando Pitu nos contó que la historia de este plato se refiere a que tras nueve años de no cerrar ni un día el Bar de sus padres, deciden hacerlo un domingo y con las ventanas cerradas y sin hacer ruido se reúne la familia para tomar unos berberechos y un Campari.

    Estos dos platos con el Cava Mas Via 1995 Gran Reserva Familiar Mestres Sagues
    Un cava de larga crianza (unos 130 meses) que presentaba un bonito color dorado y con una burbuja, todavía con bastante presencia. En nariz empieza algo reducido pero se abre rápidamente, y en boca se muestra bastante expresivo. ¿Quién ha dicho que los cavas no envejecen bien?.
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  • Y entramos en los principales con el Consomé de calabaza con té verde, tofu de avellana, licuado de calabaza y de espinacas, chirivía, zumo de la fruta de la pasión, pipa de calabaza, nabo y castaña a la brasa. Un plato donde se demuestra que utilizando solo ingredientes humildes y con un umbral de sabor medio para que todos actúen, se consigue una armonía que da lugar a un nuevo y fascinante sabor. Pura creación.

    Y magníficamente acompañado con el Champagne CuvéeDes Princes 1982 De Venoge.
    Bonita botella la de este “blanc de blancs” de los pagos de Avize, Oger, Cramant y Chouilly. Esta cuvée inicialmente se llamaba “Champagne des Princes”, pero enseguida se prohibió su nombre por la AOC Champagne y pasó a llamarse “Grand Vin des Princes”. En estos momentos ya ha perdido casi toda la burbuja convirtiéndose en un muy interesante “vino tranquilo”. La armonía con el “Consomé de calabaza con té verde” fue casi perfecta.
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  • Nos gustó el Salmonete marinado con kombu, espuma de higo chumbo, anémona, salicornia, lima, gelatina de P.X. y vinagre de katsuobushi.
  • Magnifica la Cigala con salsa de habas de cacao, mole negro con chocolate y crema de galera con coco y ceps. Un acierto en la sutileza de la salsa que la arropa.

    Ambos platos fueron acompañamos con un Côtes du Jura Les Chalasses “MarnesBleues” 2006 Ganevat.
    Una de las varias decenas de cuvées que embotella este domaine. Ésta en concreto, se elabora en forma “ouillé”, con la rara variedad autóctona “savagninvert”. Amplio, graso y tendido, y con una buena mineralidad. Quizás sea menos austero que las cuvées elaboradas con Chardonnay.
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  • En la Ensalada de perdiz con col fermentada, caldo ahumado y espuma de estragón, alguien comenta que quizás el estragón desequilibra un poco el conjunto.

  • El Pichón con arroz fermentado, con salsa de cáscara de arroz, salsa de koji, arroz fermentado y pan de arroz con parfait de pichón, justifica de por sí la mirada a Oriente de los Roca. No se nos ocurre otro adjetivo que el de "rotundo" para definir el plato, un 10. Referencia.

    Acompañados ambos con otra joya, el Jerez Fino Coronel Ricardo de Valderrama.
    Uno de los finos de esta bodega Jerezana, ya desaparecida, que podría ser de los años 50 del siglo pasado. A pesar de los años que lleva este fino embotellado, es como si no hubiera pasado el tiempo por él. No se aprecia ningún síntoma de vejez, al contrario se muestra pletórico y con mucha vida por delante… bueno, desgraciadamente, a esta botella no…
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  • La gamba marinada en vinagre de arroz, con el jugo de cabeza de gamba, las patas crujientes, el velouté de algas y el pan de fitoplancton. Otra versión extraordinaria de la Gamba de Palamós, a la altura de otras probadas aquí.

    A la que hizo los honores un espectacular RheingauRüdesheim Berg Schlossberg 2001 Georg Breuer.
    Este vino, de pago mítico del Rheingau,se encuentra en un momento óptimo de consumo. En nariz aparecen intensos aromas frutales, acompañados por elegantes aromas minerales y especiados. Frutal, mineral y con una magnífica acidez en boca, que se presenta de forma delineada y con una larga persistencia. Una pasada, vamos.
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  • Tras estos 2 últimos platazos, seguimos con la Raya confitada con aceite de Mostaza, mantequilla noisette, miel, vinagre de chardonnay, bergamota, mostaza aromatizada, tápenas confitadas y avellana ahumada. Un pescado no muy habitual en nuestros mercados, por lo que aprovecho mis visitas a Perpignan para aprovisionarme.

    Raya que armonizó perfectamente con un Puligny-Montrachet 1er Cru Les Perrieres 2007 Louis Carillon.
    Este vino aún se elaboró bajo la supervisión de Louis Carillon, antes de que sus hijos dividieran el domaine en dos partes, y por eso había que aprovechar la ocasión de probarlo. La nariz de este vino es de ensueño, llena de matices. La boca es de una finura prodigiosa. Está en un buen momento de consumo este premier cru del 2007.
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  • Y acabamos la parte marina con el Besugo con sanfaina, preparad pan para mojar en su “suquet”.

    Que acompañamos con un Saumur Champigny Le Bourg 2006 Clos Rougeard.
    Recientemente ha fallecido Charly Foucault, uno de los propietarios de esta bodega, y por ello era un buen momento de rendirle un homenaje, probando su vino más emblemático. Este cabernet-franc del Loira posee una enorme elegancia tanto en nariz como en boca. Es sutil, con ligeros toques de frutos rojos, tabaco, especiados y florales. Armonizó de maravilla con el “Besugo con sanfaina”.
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  • Y llega un clásico, el contundente Cochinillo Ibérico con madroño y granada. Bestial!! Este plato solo tiene un problema, su tamaño. Todos habríamos querido repetir, y no una sola vez.

  • Y el Cordero con Puré de Berenjenas y Garbanzos, con pies de cordero y tomate especiado.

    Dos platos que disfrutamos con un……
    Ribera del Duero Vega Sicilia Único 1965 Mágnum.
    Este 65 es uno de los grandes “Vegas” de la mítica década de los 60, en esta bodega, y posiblemente el único grande de añada impar. Al estar en formato magnum se le nota que le queda todavía bastante recorrido. Es más, diría que esta botella no terminó de expresar todo su potencial. En nariz se expresa con sutilidad, mientras que en boca tiene una mayor plenitud con unos taninos aterciopelados que lo hacen tremendamente disfrutable. Para quitarse el sombrero con este vino.
    **********************************
  • El último y grandísimo plato es la Llata de ternera con tuétano, tendones y aguacate terroso. La ternera cocinada 3 días a baja temperatura se convierte en un manjar y con sus acompañantes forma un plato de 4 texturas memorable.

    Para este platazo, también teníamos preparado un vino a su altura, un vino “cocinado” durante más de 80 años a baja temperatura…. Rioja Castillo de Ygay Gran Reserva Especial 1934.
    La primera expresión que te viene a la cabeza cuando hueles este vino es ¡Wow!. Tiene una nariz tremendamente expresiva y compleja. Es para estar oliéndolo durante horas. En boca es muy elegante con las clásicas notas terciarias de un Rioja de esta edad, pero que en absoluto reflejan los más de 80 años que han pasado por esta botella. Sin duda, uno de los grandes vinos españoles de todos los tiempos. Un vino monumental.
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  • Déjame que te cuente limeña, déjame que te diga... el primero de los postres, Suspiro Limeño. La leche de base, el dulce de leche cuyo azúcar es sujetado por la lima, el cilantro y el pisco, forman un conjunto fresco de 2 texturas. Sobresaliente.
  • Seguido por el notable Perfume Turco, (rosa melocotón, azafrán, comino, canela y pistachos). Comentando el plato salió a relucir Paco Torreblanca, quien ya acertó con los postres especiados. .
  • Y una agradable sorpresa, el rediseño, remodelación o actualización del Cromatismo Naranja. Sigue con el mismo nombre aunque trasladado al mundo de la automoción, más que un " restyling" para mí es un modelo nuevo con todas las de la ley.

    Estos postres merecían algo grande, como este magnífico SauternesChâteauDoisy-Daene 1990 de la comuna de Barsac.
    Después de los 25 años que han pasado desde que se elaborara este vino, se encuentra en un momento óptimo de consumo, aunque tiene cuerda para rato. Clásica nariz de Sauternes, muy expresiva. En boca tiene una bonita dulzura y acidez, y unos agradables toques amargos en el final de la misma. La armonización fue magnífica con los tres postres propuestos por Jordi. **********************************
  • Y ponemos punto y finan a otro día de disfrute con la Anarkía del chocolate. Es lo que yo llamaría la “anarquía ordenada”, cada uno de sus elementos ocupa su sitio que imagino perfectamente estudiado. Como decía en mi comentario del 2014, otra genialidad del pequeño de los Roca. Y van…..

    Disfrutado con un Jerez PX Superior “Muy Dulce” González Byass.
    Un PX jerez con alma montillana, posiblemente elaborado en los años 50. Ese carácter montillano está muy presente tanto en nariz, con las típicas notas de piel de naranja, como en boca, con la golosidad y dulzura tan característica de la zona. Estos vinos suelen ser eternos y así se manifestó, en todo su esplendor, sin un ápice de decaimiento. Además, hizo una armonización perfecta con la “Anarquía de Chocolate” que nos sirvieron al final de la comida. Magnífico broche para un plantel de vinos extraordinario. **********************************


    Qué más se puede decir que no hallamos dicho ya del Celler de Can Roca? Vemos que su cocina se va enriqueciendo con nuevos sabores y elaboraciones traídos de sus viajes por todo el mundo, pero la sensación final es la de haber comido en casa de unos amigos.

    SI!! Como habréis notado los que me conocéis, en la redacción de este comentario y especialmente en el apartado "vinos", he contado con ayuda de unos amigos compañeros de mesa.

    Y nos quedamos con lo que queda, sabores, recuerdos, y la ilusión de ir preparando la próxima.

  • El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: 10 10
    Comida: 10 10
    Entorno: 10 10
    Calidad-Precio: 10 10
    10.0 10
    Isaac Agüero

    Isaac Agüero 28/12/15 17:30

    Fecha de visita*: 19/12/15
    Precio por persona: 300.0

    El Celler de Can Roca se mejora a sí mismo porque ellos son los que marcan su límite. Podrían comerse el mundo culinario en silencio, pero no lo hacen, se centran en la conquista del comensal. La experiencia es el camino, nunca el fin.
    Apenas se antepone el discurso al bocado, el paladar es el cerebro. Poco que entender y mucho que disfrutar.

    Quinta visita al tempo de Girona y sin duda que va camino de leyenda, sino lo es ya. Seis comensales de amplias experiencias gastronómicas y total unanimidad. Del “ya, nada volverá a ser lo mismo” a “El Celler juega en otra liga” pasando por otras citas como “nunca he estado en un restaurante igual”, “El Celler es la cuna de la hospitalidad” ó el definitivo “Pellízcame Pitu, que no me lo creo”.

    Ir en la estación otoñal provoca la disponibilidad de ciertos productos (erizo, trufa, angulas, becada) que de por sí ya son joyas, si le sumas la mano y el talento de Joan Roca se convierten en bocados inolvidables.

    Sus viajes están comenzando a tener una influencia en su cocina, ampliando sus miras. En este último menú, Turquía está bien presente con una tartaleta de hoja de parra con puré de lentejas en “el mundo”, un kokorek en “memorias de un bar”, con el cordero con puré de berenjenas y garbanzos y por parte de Jordi con el perfume turco.

    Treinta y cuatro pases diferentes hacen inabordable el análisis unitario detallado. Indudablemente, se encuentran cualidades en común: sabor, elegancia y ligereza, ésta última anclada en la suavidad de las salsas, en su liviandad.

    Los aperitivos se presentan en cuatro pasos: el mundo, memoria de un bar, el mar y la tierra. Turquía, el kokorek (cordero y patata), una espectacular velouté de erizo de mar a la brasa y un profundo guiso de pulpitos se llevaban los grandes aplausos en los tres primeros.
    En los relativos a lo terrenal, la evolución de las aceitunas hacia un helado es esplendorosa y una pequeña recreación de la sopa de trufa Paul Bocuse nos da a entender que hay múltiples formas de disfrutar de la gastronomía y que Joan se podría llamar Jean si quisiese.

    La delicadeza comienza a reflejarse con el consomé de calabaza. Licuados densos junto con frutas y verduras a temperatura templada. A continuación, en el plato de níscalos y piñones se alternan sensaciones de escabeche y brasa sobre una suave crema del fruto seco. Amalgama de matices en un solo plato.

    En el salmonete marinado en kombu, realmente esplendoroso, se integra en el plato a una planta invasiva del Cabo de Creus como el higo chumbo y se refuerza el sabor a mar mediante la espuma de anémona. Mientras que la cigala con salsa de haba de cacao y mole negro es un ejemplo de combinar un producto ya de por sí sutil con secundarios fuertes sin que el primero pierda la personalidad. La cocina es proporciones.

    La suavidad de la ensalada de perdiz con col fermentada da paso a la gamba katsuobushi, paradigma de la superación “rockera”, de mejorar año a año la representación de este crustáceo de Palamós. Su textura (ligeramente hecha) y sabor a través de ese fondo equilibrado de sus cabezas y vinagre de arroz la convierten directamente en uno de los platos del año.

    La angula como si fuera una pasta al tartufo es directamente lujo y hedonismo. Pilpileadas en ellas mismas adquiere una asombrosa densidad que se remata con lascas de trufa blanca. Directamente se provoca a la evocación, al hecho de poder estar viviendo un momento único. ¿Volveré a degustar algo así?

    Finalizarían los pescados con la anguila con sidra y manzana. Notas ahumadas, textura densa y sedosa rematando el plato con un punto de acidez. Mucho nivel.

    Las mollejas con nueces de macadamia y miso representan la extrema finura con la que concibe la cocina Joan. Consigue una aparente contradicción, la untuosidad ligera. En el caso de la melva con jugo de pimientos escalibados se glorifican desde la absoluta delicadeza productos de mayor cotidianeidad. Pescado casi crudo que se atempera con el jugo denso de la verdura.

    Te trasladan a un mercado turco con el cordero con puré de berenjenas y garbanzos. Especias, acidez a través del yogur. La apertura de miras que se está produciendo todos los veranos provoca una ampliación del espectro culinario en el cual el comensal es el que verdaderamente gana.

    El remate vendría con dos platos de caza, disciplina que Joan directamente borda. El civet de liebre con caqui resulta exquisito y la becada con arroz fermentado te deja sin palabras, sin saber que decir, subyugado a esta cocina. La reflexión te hace concluir que no hay nada igual.

    ¡Qué complejo es el papel de Jordi Roca! En pocos restaurantes el postrero además de ser tan visible, tiene al cliente situado en un nivel tan alto antes de entrar en acción. Es hora de rematar una comida perfecta. Como si alguien tuviese que tocar después de Bruce Springsteen. Con el mundo dulce, en Jordi surgió la chispa adecuada. Talento llama a talento.

    Postres con infinidad de elementos, de elevada ligereza y que combinan siempre diversas texturas. Se comienza rememorando la anterior indagación de Jordi en las fragancias con el perfume turco. ¿Un postre que huele como un perfume ó un perfume que huele como un postre? Genialidad en la que puedes ir comparando olfativamente postre y perfume.

    El cromatismo naranja ha cambiado de aspecto rodeado de una delicada esfera de azúcar soplado. En su interior cierta acidez y mucha frescura. A continuación, el cupcake con nueces y regaliz, de mayor dulzura y con un punto alcohólico a través de la ratafía que encandila.

    Finalizaríamos con dos extras, un navideño Panettone con trufa blanca que me trasladó de la incredulidad a la felicidad y un brochazo de la anarquía de chocolate que es una de los postres que más representa a Jordi. Maestría y creatividad sin límites.

    Esta misiva no puede finalizar sin mencionar a Josep Roca. El patrono de la hospitalidad, de la empatía con el cliente, de ofrecer lo mejor de lo que dispone, de hacer que nos sintamos como en nuestra casa. Siempre desde la modestia y la paciencia, provocando que el cliente sea el centro, sin ser él nunca protagonista. ¡Qué gran suerte tuvimos cuando Josep entró en la Escuela de Hostelería de Girona y se dio cuenta que no todos los alumnos eran “extraterrestres” como Joan!

    ¿Quién da más? Nadie.
    Solo a veces lo efímero llega a ser inolvidable.
    El Celler de Can Roca: La leyenda

    Lean el post completo, hay una pequeña sorpresa que no deben dejar pasar

    http://www.complicidadgastronomica.es/2015/12/el-celler-de-can-roca-otono-2015-la-leyenda/

    El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: 10 10
    Comida: 10 10
    Entorno: 10 10
    Calidad-Precio: 10 10
    10.0 10
    Cervino5

    Cervino5 06/08/15 10:49

    Fecha de visita*: 25/07/15
    Precio por persona: 300.0

    Reconozco que un año y medio después de nuestra primera e inolvidable visita, la nota y valoración de antemano para EL CELLER DEL CAN ROCA va a ser por supuesto otro 10… LO SIENTO PERO SI. Tal vez sea este el motivo que al bajar del taxi en el portalón de entrada me devoren (de nuevo) los nervios por la experiencia que (de nuevo) estamos a punto de vivir.

    Ya al inicio del menú FESTIVAL reflexiono sobre nuestra primera visita. Me vienen a la mente imágenes imborrables y absolutamente mágicas (y me refiero únicamente a las propuestas gastronómicas) en forma de “helado contessa de espárragos blancos”, de “alfombra de castañas y anguila”, de una soberbia “ensalada de ortiguillas, navajas, espardeñas y alga”, y del genial postre “helado de masa madre”… Pues bien, de la reciente visita no soy capaz de determinar qué propuesta del menú FESTIVAL no estuviera a esa altura. Desde el inicio del menú (menú propiamente dicho) y durante las siguientes 3 o 4 horas todas las presentaciones me parecieron de un nivel fuera de rango, sin que ningún momento las expectativas bajaran del 10:

    - “Consomé de verano” (emulsión vegetal, zanahoria, habitas, tirabeques, judía perona, flores y hojas). Asombrosa intensidad de una emulsión única en técnica, estética, densidad, elegancia y en punto de cocción de los vegetales que la acompañan (o decoran). El tiempo se detiene..., como el buen toreo, hay que disfrutarlo muy despacio.

    - “Helado de ajo blanco con merengue de jerez, clorofila y sardina”. Presentación que si no es anunciada puede dar lugar a engaños o a relajamientos. Pero es anunciada y no engaña, un ahumado soberbio (que acompaña), un helado insuperable (con inmensa técnica y por supuesto imaginación), en el que la clorofila envuelve todo. 10 absoluto.

    - “Caballa con encurtidos y huevas de mújol” (salsa de caballa con vino blanco, limón, alcaparras y guindillas en vinagre, tomate frío, hueva de mújol, caballa marinada con sal y azúcar). En la mesa de al lado (de origen italiano) estarán mucho más tiempo fotografiando que saboreando esta maravilla, y puede que hasta con razón. Sin duda alguna, por el contraste de la propia salsa de la caballa, por el inmenso ahumado del producto y por las espectaculares e inconcebibles (por acidez) alcaparras, uno de las estrellas del menú. Una obra de arte.

    Seguimos en ascenso…, pero en toda experiencia se necesitan tiempos de descanso…, en cuanto vemos el siguiente plato pensamos que nos dejaran descansar tras el soberbio inicio…, craso error:

    - “Infusión de sauco con cerezas al amaretto, cerezas al jengibre y anguila ahumada”. Me es difícil describir (entender) esta propuesta…, una fabulosa angula ahumada que potencia el sabor de manera inconcebible entre unos imposibles compañeros de viaje… Un lujo.

    De repente aparece un clásico de la casa, la gamba de Palamós…, pero en dos propuestas diferentes. En todos los ahumados servidos con anterioridad, a Ana le han dado un golpe de sartén por orden del ginecólogo (valiente chorrada, pero…). En esta propuesta le han dado una vuelta al “tema”…, y sinceramente no se con cual opción me quedo de la “Gamba marinada en vinagre de arroz” (jugo de la cabeza, patas crujientes, velouté de algas y pan de fitoplancton).

    - Opción a).- Marinado absolutamente delicado (¡Increíble!) que se combina con las otras estrellas del plato: la crema de alga y el jugo de la propia gamba, así como el pan de fitoplancton y las patas crujientes. Plato estrella y referencia actual de los grandes chefs españoles del momento, pero el de aquí difícilmente superable.

    - Opción b).- Mismo producto e intención, pero en el que el marinado se modifica por un ligero toque de plancha. Se modifica también la presentación, absolutamente sublime.

    ¿Cuál es mejor? Que lo diga el increíble producto…, no lo sé. Yo, personalmente me quedo con el segundo, no tanto por el “marinado Vs. plancha” (ambos de 10), sino por una presentación del segundo en donde la crema de alga se presenta aparte, mientras que el jugo de la propia gamba se mezcla con algas y el pan de fitoplancton. En cualquier caso soberbios ambos. Seguimos a velocidad de crucero, cuando somos de nuevos engañados… ¿Un descanso…?

    - “Ostra en salsa de anémona” (salsa de anémona, arena de ajo blanco, nueces tiernas, algas y manzana). La presentación no parece nada del otro mundo…, pero insisto: anuncian lo que se te viene encima… Propuesta que no soy capaz de explicar. Otro 10, y ya van….

    - “Raya confitada en aceite de mostaza” (mantequilla noisette, miel, vinagre de chadonnay, bergamota, mostaza aromatizada, alcaparras confitadas y avellana ahumada). Sublime presentación en el que la raya es confitada por la mantequilla y por cuatro composiciones de mostaza que juegan o bailan en una disposición imposible. Acudo a los comentarios de Isaac para conocer su opinión (y entender lo que estamos disfrutando), a él me remito.

    ¿Para cuándo un “casi”…? Serán las carnes…

    - “Besugo con samfaina”. Espectacular presentación en el que una capa finísima de gelatina de samfamina (preparación catalana de berenjena y calabacín) cubre, decora, dibuja y protege un producto inolvidable como si de la piel se tratase. La perfección.

    - “Cochinillo ibérico con ajos tiernos a la brasa, ajo verde, ajo negro y ñoras al ajo.” Pues no, no va a ser la pieza de cochinillo quien no destaque en el menú. Además soy fanático del ajo…, en todas sus formas y gamas, así que disfrute de cada uno de los sabores y medidas que equilibraban un producto perfecto de punto y de sabor.

    - “Cordero con puré de berenjenas y garbanzos, pies de cordero y tomate especiado”. Tal vez por exceso, por desgaste emocional, o bien porque es imposible navegar a tanta altura durante tanto tiempo, notamos un pequeño bajón (AL FIN), pero no nos engañemos la propuesta es muy buena..., somos mas de cochinillo, supongo.

    - Para finalizar, “jarrete de ternera con tuberaestivum, tuétano, tendones y aguacate terroso”. Potencia absoluta de sabor y de sofisticación, en donde el jarrete se presenta muy tierno y delicioso. Toda la potencia de la propuesta se marida de manera sublime con un CUNE IMPERIAL 2008 (Gran Reserva), y por algún que otro vino tinto que por pesado me facilitaron. Excelso final.

    Y nos queda Jordi, y a estas alturas…

    - “Suspiro limeño” (leche, lima, cilantro, dulce de leche y pisco). El primero de los postres a simple vista parece algo empalagoso, pero para nada. Suavidad y delicadeza en una fantástica combinación de sabores cítricos que homenajean al fantástico pisco sour peruano. Muy bueno.

    - “Cromatismo naranja”. Sorprendente presentación de un postre muy ligero que permite rebajar la gran experiencia disfrutada hasta ese momento, en el que destaca sobremanera la acidez de la fruta de la pasión.

    - “Anarkia de cochocale”. ¿Qué decir…? Una locura de elaboración en la que se presentan 15 diferentes texturas de cacao que permiten disfrutar de diferentes sensaciones y de variedad de impresiones. Sin duda el mejor postre de los tres. Excelente.

    Y qué decir de la tercera piedra del camino, Josep. Maridaje soberbio, de altura, sorprendente en algún caso (siempre para bien). Un acompañamiento extraordinario para cada una de las propuestas del menú, que sinceramente las mejora. De matrícula de honor (con asterisco los que me parecieron más “sorprendentes”, que no sobresalientes -absolutamente todos-).

    - “Albert i Noya “Clássic” El CellerBrut Reserva (DO Penedes)”.
    - “Talesia SO2 (DO Coster del Segre)”. *
    - “J. Landron Le Fief du Breil Sur Lie 2004” (OC MuscadetSévre et Maine).
    - “La Bota de FlowerPower Equipo Navazos 57 Más Allá (DO Jerez).*
    - “SarninBerrux 2013” (AOC Volnay).
    - “Heymann-LöwensteinUhlen “R” 2009” (VDP Mosel).
    - “Solear Saca de Primavera 2015” (DO Manzanilla de Sanlucar de Barrameda).*
    - “DomaineValette 2013” (AOC Pouilly-Vinzelles).
    - “Pardas Sumoll 2009” (DO Penedés).
    - “Finca Peruco Goyo García Viadero 2011” (DO Ribera de Duero).*
    - “La Solana 2011 – Suertes del Marques” (DO Valle de la Orotova).*
    - “Cune Imperial Gran Reserva 2008” (DO Rioja).*
    - “Reichsgraf Von KesselstattScharzhofberger 2006 Spätlese” (VDP Mosel).
    - “Matias I Torres Malvasia” (DO La Palma).
    - “Café EtiopìaHachira / PX Toro Albalá 1959”.*

    Entre medias cayeron otras copas…, pero ya ni las recuerdo.

    No soy quien en valorar el nivel de la cocina del chef Joan Roca, pero mi impresión es que la evolución (para mejor) de la cocina de EL CELLER DEL CAN ROCA es indiscutible, por suerte, nuestras dos visitas han coincido siempre con la calificación como el Restaurante nº 1 del Mundo, que no por valoración, por otro lado, aunque me cuesta creer que el año que viene no repitan. Da igual, sinceramente EL CELLER DE CAN ROCA es un LUJO.

    Y por supuesto hubo cerveza en la terraza en donde mitigar los nervios iniciales, MIKKELER “EL CELLER DE CAN ROCA” (cerveza estilo pilsener muy afrutada), hubo visita a una “gran” cocina en plena explosión de trabajo, disfrutamos como no de la presentación de viejos y nuevos aperitivos/entrantes, con ligeras variaciones, mejoras (grandioso por original e intensidad la “Memoria de un bar de Girona”) y con alguna que otra sorpresa negativa (incomprensiblemente mi “brioche de trufa” no funcionó…), de un magnifico servicio de pan, y por supuesto de una predisposición, generosidad y comprensión por parte de todo el equipo de sala (de nuevo un excelente y soberbio trabajo). Al final hicimos una nueva visita a una limpia y silenciosa “gran” cocina…

    Para acabar, en la terraza disfrutamos de una copa hasta que Joan nos recuerda que el servicio de noche estaba a punto de empezar… Reconozco que cuesta irse del EL CELLER DE CAN ROCA… En fin, otro revolcón y ya van dos…, no hay dos sin tres, dicen.

    El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: 10 10
    Comida: 10 10
    Entorno: 10 10
    Calidad-Precio: 10 10
    10.0 10
    Isaac Agüero

    Isaac Agüero 13/07/15 13:26

    Fecha de visita*: 04/07/15
    Precio por persona: 300.0

    Al buscar en la RAE, la palabra festival, su segunda acepción es FIESTA. El Menú Festival de El Celler de Can Roca contiene 16 aperitivos, 11 platos, 3 postres y esta vez se acompañó con 16 vinos. ¿Se puede formar parte de una fiesta gastronómica mayor? En su conjunto, sinceramente creo que no. Sin duda estamos ante el mejor restaurante de España en toda su extensión.

    Se puede escribir que probablemente no sean los más rompedores, que su cocina no toma excesivos riesgos aparentes, que no se pasa de 0 a 100 en pocos segundos. Como en el trapecio donde no por saltar sin red, se salta mejor.

    La experiencia del comensal se apalanca en el provecho de la trilogía, en la cocina serena y perfeccionista de Joan, en la generosidad y armonía vinícola de Josep (¿dónde se degusta esta cantidad y calidad de vino por ese precio?) y en los sólidos valores de la casa (humildad, cercanía, hospitalidad, trabajo).

    La conjunción de la terna cada vez es más visible. El vino y el mundo dulce totalmente conjuntados. Helados salados (oliva verde y ajoblanco), merengue de Jerez, vinagre de Chardonnay, escabeche con albariño. La armonización de los tres mundos les hace totalmente únicos.

    Poco puedo decir sobre el maridaje. De todos los restaurantes que conozco sin duda, el Celler es el que dispone de un equipo más completo de sumilleres, todos ellos identificados con una corbata roja y de una armonía vinícola más generosa. El recorrido es largo, variado, casi al cincuenta repartido entre vinos españoles y del mundo, intercalando vinos accesibles de alta calidad con otros de mayor precio. Se va desde un champagne Jacques Lassaigne BB Extra Brut a una manzanilla en rama seca de Barbadillo, desde la Bota de FlowerPower 57 Más Allá a un Pardas Sumoll del Penedés, desde un la Solana 2011 del Valle de La Orotova a un Vega Sicilia Valbuena 2003. Cadencia vinícola. Mientras otros se autoproclaman buscadores de armonías, aquí estamos ante el mejor camarero de vinos.

    Se tiene la percepción de la grandeza cuando la experiencia se acerca al fin. El nivel de los numerosos bocados es altísimo. La armonía y el equilibrio cohesionados con el sabor como protagonista sin que la sensación en el comensal sea de pesadumbre después del festival.

    Resulta complejo separar totalmente la parte emocional y empática de la gastronómica. Me cuestiono, si es necesario hacerlo y concluyo que en el análisis de la experiencia cuentan las dos. En ningún otro lugar como en el Celler de Can Roca la calidad y la aptitud confluyen juntas en la cúspide. Similar análisis para el sobrevalorado riesgo culinario, ¿es siempre necesario? Para nada. Cuando se quiere, se encuentra, resulta sencillo y algunas veces apetece. Personalmente, me sitúo más en la parte hedonista de la gastronomía. El placer por el placer.

    La cumbre culinaria de listas de mercadotecnia no ha provocado que lo importante en este restaurante igual que en la casa de comidas de sus padres sea el cliente. Una vez que se cruza la puerta, se percibe que las estrellas no son ellos sino cada una de las personas que se sentarán en esa sala triangular y llena de luz. Pies en el suelo y confinidad para que nosotros seamos los protagonistas.

    Los Roca ganan sin sprintes evidentes ni estridencias, sin apelar a la vanguardia como vehículo de gozo. Como un atleta de medio fondo que vence liderando desde el principio. Parece que no ha apretado el acelerador, pero lleva 29 años preparándose. Superándose poco a poco para cada prueba. Cada servicio es una carrera en la que vencen.

    En 2016, el Celler de Can Roca cumplirá treinta años. Tres décadas. Grandeza que se construyen a base de trabajo, talento y respeto. Quiero estar allí para sentirlo.

    Para ver fotos y post completo http://www.complicidadgastronomica.es/?p=5135 (donde está la descripción de los platos)

    El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: 10 10
    Comida: 10 10
    Entorno: 10 10
    Calidad-Precio: 10 10
    10.0 10
    Jotayb

    Jotayb 07/07/15 00:33

    Fecha de visita*: 11/04/15
    Precio por persona: 291.5

    ¿Qué motivo puede generar que dos parejas que apenas se conocen, una de ellas de Montepellier (Francia) y la otra de Bilbao, se desplacen cada una desde sus respectivas ciudades y decidan encontrarse en Gerona? Pues seguramente todos los que navegais por estos lares habréis pensado que El Celler de Can Roca tiene mucho que ver y no os equivocais.
    Todo comenzó este pasado mes de enero; tras conocer a Joan y a Marie Claire en una visita que hicieron a Bilbao, surgió la oportunidad de compartir mesa con ellos en El Celler en el mes de abril. Al parecer, tenían una reserva para 4 comensales y la pareja que les iba a acompañar falló. Es la magia que tiene esta afición y Verema...llevábamos muchos meses intentando reservar en este templo de la gastronomía y cuando menos lo esperábamos, nos surge la oportunidad de visitarlo a 3 meses vista...no pudimos decir que no a esta oportunidad única :-)

    Una vez llegada la deseada fecha, los 4 nos presentamos frente al restaurante con la suficiente antelación como para dar un paseo y poder ver el bar de los padres de Los Hermanos Roca, situado no muy lejos del gastronómico. Un bar de carretera donde todo comienza...un bar de carretera que con el paso de los años genera el mejor restaurante del mundo. Curioso contraste a escasos metros de distancia.
    De vuelta al Celler, entramos de los primeros con una sensación de total expectación inundándonos. Tras una visita a la cocina, lugar donde se escenifica toda esta magia (impresionante), nos acomodan en una mesa redonda; para nosotros, en ese momento, la mesa más codiciada...la mejor mesa del mundo.

    No miramos apenas la carta, veníamos a probarlo todo y nos fuímos directos al MENÚ FESTIVAL, el cual se compuso de las siguientes creaciones:

    *COMERSE EN MUNDO
    1-México: burrito de mole poblano y guacamole.
    2-Turquía: Tartaleta de hoja de parra con puré de lentejas, berenjena y especias con shots de yogur de cabra y pepino.
    3-China: verduras encurtidas con crema de ciruelas.
    4-Marruecos: almendra, rosa, miel, azafrán, ras el hanout, yogur de cabra.
    5-Corea: pan frito con panco y panceta con salsa de soja, kimchi y aceite de sésamo.

    *MEMORIA DE UN BAR EN LAS AFUERAS DE GIRONA: ingeniosa escenificación mediante un decorado de cartón en miniatura que simula el bar de los padres de los hermanos Roca...donde todo comenzó.

    1-Calamares a la romana.
    2-Riñones al Jerez.
    3-Tortilla de patata y cebolla.
    4-Espina de anchoa en tempura de arroz de Pals.
    5-Campari.

    *OLIVAS CARAMELIZADAS. Presentadas colgadas de un pequeño olivo.

    *CORAL: Escabeche de percebes al laurel y albariño. Ceviche de Dorada.

    *CRUJIENTE DE MAÍZ CON CORTEZA DE COCHINILLO IBÉRICO.

    *BOMBÓN DE PERRECHICOS.

    *BRIOCHE DE PERRECHICOS.

    *CONSOMÉ DE PRIMAVERA: emulsión vegetal, zanahoria, habitas, tirabeques, judía perona, flores y hojas.

    *HELADO DE TRES GUSTOS DE MAÍZ: maíz fermentado y sablé de maíz tostado, cuitlacoche y cuitacloche salteado, maíz cocido y vainilla.

    *SEPIA CON GUISANTES: pesto de guisantes, coral y tinta de sepia.

    *CABALLA CON ENCURTIDOS Y HUEVA DE MÚJOL: salsa de caballa con vino blanco, limón, alcaparras y guindillas en vinagre, tomate frito, hueva de mújol, caballa marinada con sal y azúcar.

    *GAMBA MARINADA EN VINAGRE DE ARROZ: jugo de la cabeza, patas crujientes, velouté de algas y pan fitoplancton.

    *OSTRA CON ANÉMONA: salsa de anémona, arena de ajoblanco, nueces tiernas, algas y manzana.

    *RAYA CONFITADA CON ACEITE DE MOSTAZA: mantequilla noisette, miel, vinagre de charnonnay, bergamota, mostaza aromatizada, alcaparras confitadas y avellana ahumada.

    *MAR Y MONTAÑA: sardina con papada, caldo de espinas a la brasa, salsa de cochinillo y aceite de perifollo.

    *COCHINILLO IBÉRICO: con ajos tiernos a la brasa, ajo verde, ajo negro y ñoras al ajo.

    *JARRETE DE TERNERA: con setas, tuétano, tendones, aguacate terroso y colmenillas.

    *TRILOGÍA DE PICHÓN: corazón de pichón y nube de arroz. Caldo de pichón. Morcilla y pechuga de pichón Tatjé.

    *SUSPIRO LIMEÑO: Leche, lima, cilantro, dulce de leche y pisco.

    *CROMATISMO NARANJA.

    *ANARKIA DE CHOCOLATE.

    Cocina elegante como ninguna visitada hasta ahora. Todos y cada uno de los platos que componen el menú en un nivel altísimo que no decae según va desarrollándose la experiencia.
    Alguno de esos platos serán para mí inolvidables: por su sabor, la gamba marinada en vinagre de arroz; para mí, uno de los mejores platos que haya comido nunca.
    Y por su presentación: Caballa con encurtidos y huevas de mújol. Impresionante y preciosa presentación sobre una pizarra negra sobre la que destacan todos los colores de esta elaboración.

    Especial mención haré a los panes que acompañaron al menú...variedad y calidad en todos ellos. Más que panes parecían bollería para acompañar el menú, de lo mejorcito que he probado en este apartado.

    **VINOS. Como curiosidad, echamos un vistazo a las 3 "enciclopedias" que componían la carta de vinos: (Cavas, blancos y Champagnes)-(Vinos Tintos y Rosados)-(Aguardientes y licores), las cuales eran transportadas en una estantería móvil debido a su volumen y peso...increíble darse un paseo por cualquiera de las tres, interminables. Para los amantes del vino una auténtica locura.
    Nosotros optamos por el maridaje que prepara especialmente Josep Roca para cada plato, con un precio de 90 € con Iva. Aquí va la relación de vinos que acompañaron excelentemente el menú anteriormente descrito.

    1-ALBET I NOYA "CLASSIC". El Celler Brut D.O. Penedès.
    2-GUITIAN +50. 2010. D.O. Valdeorras.
    3-BAILLOT MILLOT. 2013. A.O.C. Meursault.
    4-FORANELL. 2010. D.O. Alella.
    5-MATASSA. 2013. Vin du Pays des Côtes Catalanes.
    6-HEYMANN-LÖWENSTEIN UHLEN "R". 2008. VDP Mosel.
    7-VALDESPINO INOCENTE D.O. Jerez.
    8-COMTE LAFON. 2012. A.O.C Viré-Clessé.
    9-LA MAISON ROMANÉE CHÂTEAU DE BERZÉ. 2013. A.O.C Mâcon.
    10-THIERRI GERMAIN FRANC DE PIED. 2010. A.O.C Saumur Champigny.
    11-VEGA SICILIA VALBUENA. 2005. D.O. Ribera del Duero.
    12-VIÑA BOSCONIA. 2003. D.O.Ca. Rioja.
    13-MAXIMIN GRÜNHAUSER HERRENBERG. 2003. Kabinet VDP Mosel.
    14-TOKAJI OREMUS 5 PUTTONYOS. 2000.
    15-CAFÉ ETIOPÍA TOMOCA / PX LA CAÑADA SIERRA DE MONTILLA PÉREZ BARQUERO.

    Para finalizar, Joan y MC recordaron que en su anterior visita al Celler habían probado un SAKE muy rico y no querían quedarse con las ganas...y nosotros tampoco. Preguntamos al sommelier y ahí que nos lo saca: KATSUYAMA, un SAKE DULCE que a mí particularmente me encantó y puso el broche final a este disfrute difícilmente alcanzable...y tuvieron el detalle de no cobrarlo en cuenta :-)
    Como todos os podéis imaginar, el servicio del vino espectacular; excelentes copas, temperaturas adecuadas para cada vino, cada plato con su vino específico para realzar sabores y jugar con los contrastes. Vinos expresamente seleccionados por Josep Roca de su impresionante bodega (tuvimos la oportunidad de verla al finalizar la comida y el que vaya que no se pierda esta joya de 50.000 botellas y alrededor de 3500 referencias) que para el nivel que yo tengo en este campo ha sido de lo mejorcito que he vivido.
    El summelier que nos atendió, un joven bien formado, nos explicó cada vino perfectamente y atendió nuestras dudas solventándolas siempre con una sonrisa en la boca. Atento como ninguno, mientras nos iba sirviendo los sucesivos vinos nos escuchó hablar a Joan y a mí de los TOKAJI y de los puttonyos. Joan no había probado el de 6 puttonyos y pese a que en el maridaje constaba el de 5, el summelier nos dio la sorpresa al traernos TOKAJI OREMUS 6 PUTTONYOS 2003 sin nosotros sospecharlo. A Joan le encantó :-)) Estupendo detalle que seguía sumando sorpresas a este festival gastronómico.

    El precio de toda esta experiencia ascendió a 291,50€ Iva Incluido (195€ el menú Festival, 90€ el Maridaje + aguas y cafés). Yo no voy a decir en lo que tiene que gastar cada uno su dinero, ni si es mucho o poco...sólo una indicación...todo aquel que disfrute de la gastronomía debiera visitar este restaurante al menos una vez en la vida.

    No quiero terminar esta extensa crónica sin hacer referencia a las dos personas que hicieron posible que nosotros estuviéramos sentados con "ellos", "ese" día en "esa" mesa. Su compañía, su trato, su saber estar y complicidad crearon en ambiente "perfecto" para generar la mejor experiencia gastronómica que hasta el día de hoy hemos tenido.
    Gracias Joan y Marie Claire por darnos la oportunidad de vivir junto a vosotros esta experiencia ;-)

    El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: - 10
    Comida: - 10
    Entorno: - 10
    Calidad-Precio: - 10
    - 10
    Jeronimo

    Jeronimo 02/12/14 21:05

    Fecha de visita*: 08/11/14
    Precio por persona: 195.0

    Como viene siendo habitual en los últimos años, un grupo de 11 amigos nos reunimos en el Celler de Can Roca para disfrutar de una de una de las experiencias enogastronómicas más sobresalientes que uno se pueda llegar a imaginar.


    Cuando llegué algunos amigos ya estaban visitando la cocina y la bodega acompañados por Joan y Pitu respectivamente, mientras otros con la ayuda de Carles Aymerich, elegían los vinos. Así que el resto para no aburrirnos le fuimos dando al cava de bienvenida….. y mientras fueron llegando los clásicos “snacks” del Celler, como las…..:


  • Olivas caramelizadas. Con las presentaciones de los nuevos amigos y los saludos a los ya conocidos, se me pasó un poco el tema de las fotografías en la fase de los snacks, por ello algunos platos aparecen casi vacios y el olivo tras la recogida de la aceituna.

  • Seguidas por, Bombón de carpano con pomelo y sésamo negro.

  • Crujiente de maíz con corteza de cochinillo ibérico .

  • Bombón de trufa.

  • Brioche de trufa.
  • Y llegó la hora de Comerse el mundo. Una vuelta al mundo probando los sabores más representativos de México, Turquía, Corea, China y Marruecos.
  • Rematando la tanda de “Snacks” y sobre una base de “coral inoxidable”: Escabeche de percebes al laurel y albariño y Crema de erizo de mar a la brasa.
  • Maridados los snacks con: Unas botellas de Colet-Navazos Extra-Brut 2008, que cumplieron perfectamente como copa de bienvenida y con parte de los “Snacks”. Un cava que me gusta especialmente.
  • Y rematado el maridaje con: Con el resto de “Snacks” seguimos con los espumosos y con la primera "joya" del día, un Gramona Colección de Arte J.M. Broto GR 1997, decorada Albert Rafols-Casamada . 100% chardonnay y con más de 100 meses de crianza. Un regalo personal del Sr. Xavier Gramona para este día, y un detallazo que espero tener la ocasión de agradecerle personalmente.

    Y empiezan a llegar platos y más platos:


  • Consomé de Otoño . Puré de chirivía, emulsión de calabaza, granada, avellana, dados de nabo, raíz de perifollo, salsifí, remolacha, espinacas, castaña, sésamo y rabanitos.
  • Maridado con: Champagne Louis Roederer Vintage Rosé 2000. Servido en cata a ciegas que por descontado que yo no acerté. Bueno en lo único que acerté y en lo que todos estuvimos de acuerdo, es en que estaba muy, pero que muy bueno. Luego al ver la marca me acordé del amigo David Rabasa, sommelier de Ricard Camarena.


  • Helado de tres gustos . Maíz fermentado y sablé de maíz tostado, cuitlacoche y cuitlacoche salteado, maíz cocido y vainilla.
  • Maridado con: Un Borgoña blanco, el Leroy Chassagne-Montrachet 1er Cru “Morgeot” 1999, que resultó espectacular.


  • Alfombra de castañas con anguila. Castaña a la brasa, anguila ahumada, estragón, hinojo, mantequilla tostada, naranja confitada y yuzu. Un plato sencillamente espectaculatr tanto por su sabor como por su presentación.
  • Maridado con: Un blanco de los años 60 Federico Paternina Rinsol . Y van dos blancos a cual más espectacular.


  • Royal de foie y alcachofa con naranja y aceite de trufa. El amigo Diego, “Maresme”, le comentó a Joan Roca que recordaba este plato que le impresionó en nuestra visita del 2011, y Joan tras reñirle cariñosamente por no haberlo dicho antes, se fue a la cocina y hizo lo que únicamente puede hacer alguien de su nivel, sorprendernos y demostrarnos una vez más porqué es el número uno mundial.
  • Maridado con: un Grans-Fassian Trittenheimer Apotheke Riesling Auslese-Gk 1994. Tras el nuevo plato sorpresa, Pitu y Carles tuvieron que improvisar y este fue el conejo que se sacaron de la chistera. Uno de los vinos que más me gustó de todos los catados.


  • Caballa con encurtidos. Caballa con encurtidos y huevas de mújol marinada con sal y azúcar, salsa de caballas con vino blanco, limón, tápenas y guindillas en vinagre, tomate frito e infusión de caballa. Increíble lo que se puede hacer con una materia prima tan humilde.
  • Maridado con: Y seguimos con los blancos, en esta ocasión un vino griego, el Hatzidakis Aidani 2013. Nos lo recomendó Carles Aymerich y no defraudó, un vino que no conocíamos ninguno de los presentes y que conjugó perfectamente con el plato.


  • Gamba marinada en vinagre de arroz. Con el jugo de la cabeza, patas crujientes y veluté de gamba. Un ingrediente que no falta nunca, la gamba, pero años tras año Joan y su equipo nos sorprenden con elaboraciones diferentes, y años tras año superan al anterior. Sin duda una de las estrellas del día.
  • Maridado con: Este plato se merecía algo especial, así que entre Pitu y Carles nos propusieron un Magnum de Heymann-Löwenstein Riesling GG Ühlen “R” 2005. Un Riesling excepcional.


  • Ostra con anémona. Cocinada al vacío a 85º durante 5 minutos, con salsa de anémona, arena de ajos, nueces tiernas y veluté de filoplancton. Otro producto que no suele faltar en los menús del Celler, y que mejora en cada ocasión, aunque como dice Eugenio, nunca olvidaremos la ahumada con la Manzanilla Nº20 de Navazos.
  • Por intolerancias se cambiaron algunos platos, por ejemplo uno de Ostra con anémona, que fue sustituido por uno de Salmonete, otros por Parmentier de Bogavante con trompetas de la muerte, y todo ello sin un solo fallo.
  • Maridado con: Un vino de los años 50, un Agustín Blázquez Fino-Amontillado”Carta Blanca” Pago Macharnudo. Al ver la etiqueta creí que no me gustaría no soy muy de este tipo de vinos, pero para mi sorpresa un vinazo, no en vano dicen los que entienden más que yo que es uno de los mejores vinos catados este día.


  • Atún con caldo de ceps. Otro detalle de Joan. Soy un fan del atún y de los ceps, y si por separado me gustan, unidos en este mar y montaña me han entusiasmado.
  • Maridado con: Muy bueno tenía que estar el Domaine Ganevat Côtes du Jura “Les Vignes de Mon Pere” 1998 que ya catamos el pasado año, para que mis amigos repitieran, y es que este Côtes du Jura con más de 100 meses en barrica estaba extraordinario.


  • Raya confitada con aceite de mostaza. Con mantequilla noisette, miel, vinagre de chardonnay, bergamota, mostaza aromatizada, tápenas confitadas y avellana ahumada. Un plato muy suave.
  • Maridado con: Un Grand Cru, el Domaine Raveneau Chablis Grand Cru “Valmur” 2007. Chablis es la más conocida denominación de vinos blancos de Borgoña, y Domaine Raveneau su productor más destacado.


  • Mar y montaña de sardina con papada . Con caldo de las espinas a la brasa, salsa de cochinillo y aceite de perifollo. Un divertido trampantojo que simulando un sardina, bajo la piel de la misma escondía una lámina de papada de cerdo. Celler al 100x100.
  • Maridado con: Aquí los vinos cambian de color, y siguiendo la recomendación de Carles acompañamos este plato con un Pierre Gonon Saint-Joseph 2008. Un nuevo acierto Carles.


  • Cochinillo ibérico con higos y mole de algarrobas. Otro plato que aunque con diferentes elaboraciones no suele faltar en el Celler, el cochinillo, vamos a ver si ahora que ya tengo la máquina de envasar al vacío, lo intento hacer en casa y me sale comestible.
  • Maridado con: Y empezamos ya a hablar de cosas serias con un Alvaro Palacios L’Ermita 1995. Esto decía el amigo Eugenio de él “Tras una larga aireación se muestra serio y profundo, largo y mineral, con potencia pero ya muy bien integrada, con acidez y estructura, vino todavía con un largo recorrido pero con una calidad fuera de toda duda. Quizá el mejor Priorato tinto catado hasta el momento. ¡Un gran vino!” . Totalmente de acuerdo, ¡Un gran vino!.


  • Jarrete de ternera. Con perrechico, tuétano, tendones, aguacate terroso y trufa. La melosidad del Jarrete rematada con unas láminas de trufa.
  • Maridado con: Pues eso, que hablando de cosas serias………. un Vega Sicilia Único 1975. Un vino que no suele faltar en nuestra mesa es este. Tras las añadas del 62 y 68 de pasadas ediciones, en esta ocasión con la del 75 hemos vuelto a tocar el cielo.


  • Trilogía del pichón. Con Morcilla y pechuga de pichón, acompañado del Corazón del pichón y nube de arroz. y de Caldo de pichón. La traca final, un plato de caza un perfecto punto de cocción y donde sobresalía el Caldo, un caldo que precisaba de 15 pichones para obtener un litro de caldo
  • Maridado con: Y no dejamos de hablar de cosas serias, especialmente con este “viejuno”, un Castillo Ygay Gran Reserva Especial 1942 . Si con el Único del 75 tocamos el cielo, con este ya nos hemos instalado definitivamente en él.


    Y llegó el turno de Jordi

  • Adaptación del perfume “Coco Mademoiselle”. Con destilado de jazmín, lichi, pomelo, bergamota, vainilla, jarabe de auró y rosas, una delicada, acertada y aromática adaptación del perfume de Chanel.
  • Maridado con: Una rareza, ya que se trataba de un Sake añejo de “Rosa”. Lo de Sake de “Rosa”, no es porque sea de rosas, pero no podemos deciros el nombre ya que está todo en japonés, así que lo hemos bautizado con el nombre de Rosa que es la que lo trajo de su primer viaje a Japón hace casi treinta años. No teníamos ni idea de lo que se escondía en su interior pero resultó una agradable sorpresa que no solo nos sorprendió a nosotros, sino que llamó la atención del mismísimo Pitu Roca .


  • Cromatismo naranja. Delicado, un plato que te enamora ya antes de probarlo, con jugo de zanahoria, naranja sanguina, aguardiente de albaricoque, fruta de la pasión, yema de huevo, una explosión de color y de sabor.
  • Maridado con: Con un extraordinario Sauternes, un Château Suduiraut 1988. Una apuesta segura que combinó y potenció perfectamente el plato.


  • Anarkía del chocolate. Decía no sé quién que la arruga es bella, y quién pruebe este postre dirá que la anarquía es divina. Un montón de tipos de chocolate de diferentes texturas, sabores y elaboraciones, colocados aparentemente sin orden ni concierto, pero donde todo está calculado al milímetro para cumplir con su misión. Otra genialidad del pequeño de los Roca.
  • Maridado con: Con un Oporto del 55, concretamente un Real Vinícola Porto Vintage de 1955. Un oporto viejo que puso el broche de oro a la Anarkía.


    Cafés, Petits Fourts,de varios tipos.


    La fiesta ya tocaba a su fin y únicamente nos quedaba la grabación del video, un divertimento que empezó la pasada edición y que la falta de preparación técnica de su "director", hace que ni la profesionalidad del protagonista principal lo salve de ser uno de los peores videos de la historia.


    Advertiros que cualquier parecido con el anterior comentario de Eugenio es pura coincidencia, o no…... Pero es que el tío no se ha dejado nada en el tintero, y esto del "copiar y pegar" es tan cómodo....... así que aparte de colgar algunas fotos que sirvan de complemento grafico a su excelente y extenso comentario, únicamente añadir dos cositas que podríamos calificar de apreciaciones casi “personales”.


    La primera es que encontré a faltar el “Bon dia Sr. Jeroni. Benvingut al Celler” de Quim Garriga. Son muchos años y muchas visitas al Celler y no recuerdo una sola ocasión en la que Quim no estuviera al pie del cañón. La buena noticia es que ya tengo otro amigo al que visitar si algún día me descuelgo por México.

    Y por último contaros que me alegró y me emocionó encontrar trabajando en el Celler a Carla, la hija de Manel Matilla, amigo y forero que por desgracia nos dejó no hace mucho. Sabía que su hija estaba estudiando en la Escola d'Hosteleria de Girona y al verla no pude menos que pensar en lo orgulloso que estaría su padre. Carla, un beso muy grande de la gran familia Veremera.

  • El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: 10 10
    Comida: 10 10
    Entorno: 10 10
    Calidad-Precio: 10 10
    10.0 10
    EuSaenz

    EuSaenz 18/11/14 11:49

    Fecha de visita*: 08/11/14
    Precio por persona: 195.0

    Por fin llegó el gran día de nuestra quedada anual en El Celler, este año trasladado del habitual inicio de la primavera a la plenitud del otoño. Y de nuevo se convirtió en un auténtico festín de 7 horas sin parar de comer y beber al máximo de los niveles, todo a través de un menú de 24 pases y con 20 botellas de vino abiertas, 2 de ellas mágnums. Absolutamente demoledor por ritmo e intensidad, sin duda la fiesta más copiosa de todas cuantas hemos vivido en El Celler, al límite de lo físicamente tolerable. Pero…¿y lo bien que lo pasamos? Eso no se puede cuantificar, pero trataremos de resumirlo en los próximos renglones.

    Como siempre, un cálido recibimiento por parte de los tres hermanos y de todo el personal, nos sentamos en los sofás de la entrada para ver la carta de vinos y diseñar con Carles Aymerich –un gran profesional- toda la secuencia de vinos y platos, mientras otros compañeros visitaban la bodega con Pitu y la cocina con Joan y…al lío. Esta vez la fiesta consistió en:

    Olivas caramelizadas
    Bombón de carpano con pomelo y sésamo negro
    Crujiente de maíz con corteza de cochinillo ibérico
    Bombón de trufa
    Brioche de trufa
    Comerse el mundo: México, Turquía, Corea, China y Marruecos
    Coral: escabeche de percebes al laurel y albariño. Crema de erizo de mar a la brasa.

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    Colet-Navazos Extra-Brut 2008 [8,5/10]
    Gramona Colección de Arte J.M. Broto GR 1997 [9,4/10]

    Comenzamos con los clásicos “snacks” del Celler, las ya conocidas olivas en el arbolito, el explosivo y fresquísimo bombón de Carpano, el terroso y envolvente bombón de trufa y el siempre encantador brioche con la laminita de trufa. Como nuevos aperitivos presentaban ese crujiente que recordaba a los “kikos”, la nueva versión del juego “comerse el mundo” con 5 países en liza y el divertimento de adivinarlos y por último el que más nos sorprendió, ese precioso coral con las cucharas conteniendo sus respectivas cremas, ambas pura esencia marina.

    Y nada mejor que unos buenos espumosos con esta fase, primero el siempre fiable y fresquísimo Colet-Navazos Extra-Brut, fantástico por cierto en el año 2008 y después una gran joya, una Colección de Arte de Gramona, son mágnum decorados por artistas contemporáneos y que se subastan con fines benéficos y contienen uno de los grandes vinos de la casa, un Gran Reserva del 97, 100% chardonnay, con más de 100 meses de crianza. Un espumoso de clase mundial, joven, estructurado y con cuerda para rato. De los mejores cavas probados y una verdadera rareza.

    Consomé de Otoño: puré de chirivía, emulsión de calabaza, granada, avellana, dados de nabo, raíz de perifollo, salsifí, remolacha, espinacas, castaña, sésamo y rabanitos
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    Louis Roederer Vintage Rosé 2000 [9,3/10]

    Plato de una belleza visual impactante pero que nos pareció quizá excesivamente sutil, con un trabajo y una técnica impecables, era posible reconocer cada una de las partes integrantes. No fue lo que más nos gustó, aunque a otros sin embargo les encantó. Nosotros preferimos sabores más marcados.

    Se nos sirvió a ciegas este espumoso que situamos como Champagne y que desde luego estaba francamente bueno, elegante y profundo, mineral, mejorando en copa, cremoso y tremendamente gastronómico, con un tenue color piel de cebolla. Louis Roederer es una gran casa y este Vintage no desmerece en absoluto, un excelente vino.

    Helado de tres gustos de maíz, maíz fermentado y sablé de maíz tostado, cuitlacoche y cuitlacoche salteado, maíz cocido y vainilla.
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    Leroy Chassagne-Montrachet 1er Cru “Morgeot” 1999 [9,7/10]

    Aquí sin embargo no destacó tanto la presentación, un corte de helado con tres bandas y cada una con un sabor distinto, un plato original pero que tampoco nos terminó por entusiasmar, máxime cuando recordábamos la comtessa de espárragos del año pasado. Bien, pero aquí no encontramos esa magia del Celler…

    Otra cosa fue el vino, aquí si hubo magia y mucha, ni más ni menos que la gran dama del vino, Lalou-Bize Leroy, aunque sea en su facción “maison”. Un espectáculo en la copa, nariz brutalmente mineral, complejísima, vino entero, redondo, fabuloso, encantador, grande. La magia de la mejor Borgoña blanca y el mejor Chassgane 1er Cru que hemos probado hasta el momento, incluso superior a más de un Grand Cru. ¡Un espectáculo!

    Alfombra de castañas con anguila, castaña a la brasa, anguila ahumada, estragón, hinojo, mantequilla tostada, naranja confitada y yuzu.
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    Federico Paternina Rinsol [9,5/10]

    Tras dos primeros platos un poco decepcionantes, aquí por fin llegó la chistera de Joan Roca. Sobre un recipiente de cristal con una brasa humeante dentro, que saca el humo por un agujero hecho en un papel film que lo cierra por arriba, se encuentra esta mezcla de sabores y texturas descritas sencillamente genial.

    Para beber, una rareza enorme de Federico Paternina, este Rinsol es un blanco de los años 60 presentado en botella renana y envuelto en una pintoresca funda de caña, un vino excepcional en todas sus fases, aunque agradecía sobremanera el aire como suele ocurrir con los Riojas blancos viejos. Complejo, vivo, con acidez, largo, grande. Un vino blanco de nivel mundial.

    Royal de foie y alcachofa con naranja y aceite de trufa.
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    Grans-Fassian Trittenheimer Apotheke Riesling Auslese-Gk 1994 [9,3/10]

    Un compañero le comentó a Joan Roca que este plato nos impresionó en nuestra primera visita en 2011 y que es quizá el mejor de los que hayamos probado en El Celler. Joan le contestó que por qué no se lo dijo antes, pues nos los hubiera preparado. La cuestión es que tenía naranja, foie y alcachofa en la cocina, y nos lo preparó como sorpresa. Detalles como este son los que hacen que El Celler sea el único “tres estrellas” al que volvemos año tras año. Joan nos hizo felices con este plato, que para nosotros ya es mítico. Y además demostró una vez más, lo gran tipo que es y la humildad que le caracteriza. Inigualable.

    Y este plato extra llevaba también su vino extra, elegido con mucho criterio por Pitu y Carles, este excelente auslese de Grans Fassian, digno heredero del fabuloso 1990 del que nos hemos bebido algunas botellas. Vino complejo en nariz, voluptuoso, elegante, manteniendo acidez y con un dulzor muy bien integrado, sin duda uno de los mejores auslese si tenemos en cuenta su RCP, que además estuvo perfecto con el carácter del plato.

    Caballa con encurtidos y huevas de mújol marinada con sal y azúcar, salsa de caballas con vino blanco, limón, tápenas y guindillas en vinagre, tomate frito e infusión de caballa.
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    Hatzidakis Aidani 2013 [8,9/10]

    Siempre nos han gustado más las elaboraciones de pescados azules que las de blancos en El Celler, y desde luego que esta caballa así lo confirma, pescado de calidad y punto impecables, marinado en cítricos y con muchos contrastes sápidos, además de una imagen impactante. Un auténtico homenaje a ese pescado tan barato como delicioso que es la caballa.

    Para beber, Carles nos recomendó este vino griego de Santorini, lo cierto es que alguna vez habíamos probado los blancos secos de la zona y resultan muy minerales, casi volcánicos, en especial los de la uva assyrtico. Este es de la variedad aidani y está elaborado por uno de los mejores productores de la isla, siendo un vino graso y mineral que funcionó perfectamente con el plato, un vino francamente interesante y muy desconocido.

    Gamba marinada en vinagre de arroz, jugo de la cabeza, patas crujientes y veluté de gamba.
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    Heymann-Löwenstein Riesling GG Ühlen “R” 2005 [9,5/10]

    La gamba de Palamós es todo un clásico en El Celler y hemos probado una versión distinta en todas nuestras visitas. Pues bien, esta ha sido sin duda la mejor. Apenas cocinada, simplemente marinada en un suave vinagre, fresca, deliciosa, puro sabor. Y con las patas formando dos texturas distintas. Una maravilla y quizá el mejor plato del menú junto con el royal de alcachofas.

    Dado que teníamos otro plato extra después, Carles y Pitu nos cambiaron la secuencia de maridajes en el momento (algo complicado y que hicieron como siempre a la perfección) y nos abrieron este mágnum del soberbio Ühlen “R” de Heymann-Löwenstein, un pago único en Mosela por su composición de pizarra roja. Vino austero y mineral, equilibrado, con una portentosa longitud, no sé si fue por el año, por ser mágnum o por el momento, pero sin duda ha sido la mejor botella de este productor que hemos probado. Excepcional riesling.

    Ostra con anémona cocinada al vacío a 85º durante 5 minutos, salsa de anémona, arena de ajos, nueces tiernas y veluté de filoplancton.
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    Agustín Blázquez Fino-Amontillado”Carta Blanca” Pago Macharnudo [10/10]

    La ostra es otro clásico en El Celler que suelen variar todos los años. La versión 2014 tiene una impecable presentación, apenas cocinada y plena de sabor, con ese curioso y excelente veluté que la acompañaba. Mejor que la del año pasado, pero nuestra preferida sigue siendo aquella que venía con una piedra incandescente sobre la que Pitu nos echó la Manzanilla Nº20 de Navazos…

    Y en la copa llegó la bestia. De nuevo nos encontramos con el salvaje Carta Blanca de Blázquez, 100% pago Macharnudo, una botella de los años 50. No tenía la limpieza visual de la que bebimos unos meses entes en Toledo (aquella descansó en vertical varios días y esta acababa de viajar en AVE), pero desde un primer momento nos dijo “aquí estoy yo”. Un vino con una intensidad y una tensión prácticamente inigualables, de lo más grande jamás probado. Nuestro vino del año.

    Atún con caldo de ceps
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    Domaine Ganevat Côtes du Jura “Les Vignes de Mon Pere” 1998 [9,6/10]

    Otro plato extra con el que Joan Roca nos sorprendió, un delicioso atún cortado en finas láminas con una salsa concentrada y adictiva y coronado por unas finas lascas de ceps, un mar y montaña distinto, muy especial, nos gustó mucho este plato más que nada porque somos fanáticos del atún. Otro detallazo.

    El único vino que decidimos repetir del pasado año es este impresionante Côtes du Jura del gran Fanfan Ganevat, una savagnin sin flor criada durante más de 100 meses en barricas y que continúa por su inmaculado camino con una enorme pureza en nariz y un paso por boca parte fresco y parte graso pero con una clase formidable, uno de los mejores vinos del Jura que conocemos. Excepcional.

    Raya confitada con aceite de mostaza, mantequilla noisette, miel, vinagre de chardonnay, bergamota, mostaza aromatizada, tápenas confitadas y avellana ahumada.
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    Domaine Raveneau Chablis Grand Cru “Valmur” 2007 [9,5/10]

    Como decíamos antes, nos suelen gustar más en El Celler los pescados azules que los blancos, a estos últimos siempre les ha faltado quizá algo de riesgo y así recordamos un lenguado o la dorada “de la piga”, y algo parecido nos pasó con esta Raya, impecable de calidad y punto de cocción pero algo insulsa en su presentación y acompañamiento. Se nos quedó algo corta.

    Lo que no se quedó corto fue el vino, ni más ni menos que un Grand Cru del mejor y más aclamado productor de Chablis, casi un mito en Borgoña, Domaine Raveneau. Un vino tremendamente joven pero con una clase fuera de lo común, todo en su lugar, acidez, longitud, mineralidad, expresión de terruño, elegancia. Para nosotros, el mejor productor de largo en Chablis, pese a que Dauvissat nos encanta igualmente.

    Mar y montaña de sardina con papada, caldo de las espinas a la brasa, salsa de cochinillo y aceite de perifollo.
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    Pierre Gonon Saint-Joseph 2008 [8,9/10]

    Quizá más montaña y mar que mar y montaña, un delicioso trampantojo que sobre una delicada lámina de papada sobrepone la piel de una sardina, mezclando salsas con una maestría inigualable. Otro de esos platos que aúnan todo lo que esperamos del este restaurante, producto, técnica, imaginación, armonía y sabor. Excelso.

    Con este plato, Carles nos sugirió un tinto suave y ligero y nos propuso este siempre convincente Saint-Joseph de añada discreta, pero que bajo su criterio estaba evolucionando muy bien y lo cierto es que nos pareció un gran acierto de nuevo, un tinto que ya conocíamos y que en efecto está evolucionando con estilo fresco y frutal, acidez marcada y un tanino suave que funcionaba de maravilla con el plato.

    Cochinillo ibérico con higos y mole de algarrobas
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    Alvaro Palacios L’Ermita 1995 [9,6/10]

    Otro plato habitual los últimos años en esta casa y que siempre responde, la versión 2014 viene con un acompañamiento de higos y con ese mole que, al igual que otros platos, recogen inspiraciones de su reciente gira mexicana. Como siempre excepcional, con un sabor y una textura crujiente que resultan adictivos. Otra forma de comer un excelente cochinillo.

    Acompañamos con el que quizá es el vino más conocido del Priorato, L’Ermita de Alvaro palacios, en un año excepcional como fue el 95. En aquella época no era solo garnacha, sino que llevaba cabernet y cariñena. Tras una larga aireación se muestra serio y profundo, largo y mineral, con potencia pero ya muy bien integrada, con acidez y estructura, vino todavía con un largo recorrido pero con una calidad fuera de toda duda. Quizá el mejor Priorato tinto catado hasta el momento. ¡Un gran vino!

    Jarrete de ternera con perrechico, tuétano, tendones, aguacate terroso y trufa
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    Vega Sicilia Único 1975 [9,8/10]

    Delicadísimo este jarrete, meloso, perfectamente cocinado, con su jugoso tuétano y una guarnición de aguacates coronados por dos finas láminas de trufa. De nuevo la maestría de Joan con los puntos y los contrastes en liza en un plato que si bien no sorprende, sí que resulta sumamente delicioso.

    Otro de los clásicos que no suele faltar en nuestras quedadas en El Celler es el Vega viejo, recordamos aquel elegante y suntuoso 62 y en especial el increíble 68, quizá el más perfecto vino tinto que hayamos probado. Este 75 está igualmente al máximo nivel, muy Vega, todo en su lugar, complejo y estructurado, largo, directo, redondo, en plena forma, tremendamente elegante. A la hora de la verdad fue el tinto que más nos gustó por su equilibrio de registros. Un gran Vega.

    Trilogía del pichón. Corazón del pichón y nube de arroz. Caldo de pichón. Morcilla y pechuga de pichón.
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    Castillo Ygay Gran Reserva Especial 1942 [9,7/10]

    Y un plato de caza para terminar la parte salada, como ocurrió otros años con la paloma torcaz o la liebre a la royal. Plato académico y original, con un pichón perfectamente tratado de punto, ni muy sangrante ni muy hecho. Lo que más nos sorprendió es el caldo, lentamente cocinado y concentrado, hacían falta 15 pichones para 1 litro creo que nos dijeron. Tremendo.

    Rematamos la parte tinta con uno de los más grandes de todos los tiempos, el inigualable Ygay 1942, vino que nació en la posguerra y vio la luz en la década de los 80, elaborado con la paciencia que requerían estas joyas sin par. Botella re-etiquetada en bodega. Una nariz hipnótica, complejísima, todavía joven pero con grandeza, incluso con fruta, paso por boca pleno de finuras y elegancia, quizá con un poco menos de pegada que la botella que disfrutamos hace unos meses en Segovia, en cualquier caso, un vino absolutamente histórico.

    Adaptación del perfume “Coco Mademoiselle”, destilado de jazmín, lichi, pomelo, bergamota, vainilla, jarabe de auró y rosas.
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    Sake “añejo” de Jerónimo

    Estaba previsto poner como primer postre el helado de masa madre y como ya lo tomamos el año pasado, se nos presentó una de las habituales adaptaciones de perfumes de Jordi Roca, en este caso del Coco Mademoiselle, en un postre más aromático y delicado de concepción. Fue el que menos convenció de los tres.

    El amigo Jerónimo aportó un Sake de uno de sus viajes a Japón que resultó ser añejo y una verdadera rareza que incluso puso en guardia a Pitu Roca. De color ambarino y muy complejo en nariz, pero con esa sutilidad en boca propia de los buenos sakes, sin duda una de las mayores curiosidades de la jornada, que no nos atrevemos a puntuar. Pero estaba francamente bien.

    Cromatismo naranja
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    Château Suduiraut 1988 [9,4/10]

    Esperábamos este postre con mucha ansiedad pues nos acordábamos del cromatismo verde que tomamos en 2011, probablemente el mejor y más complejo postre que hayamos tomado nunca. De nuevo una composición preciosa a la vista y de una enorme complejidad técnica, jugo de zanahoria, naranja sanguina, aguardiente de albaricoque, fruta de la pasión, yema de huevo…en fin, una maravilla que sitúa a Jordi a la altura de su consideración como mejor repostero del mundo.

    Suduiraut es un Sauternes que siempre nos ha gustado mucho y a buen precio, además es de los no muchos que tenían con años, así que nos decidimos a pedirlo. ¡Acierto total! Un Sauternes finísimo, limpio, cítrico, casi primario todavía pero ya con esa prestancia que va otorgando el tiempo en botella, además con una acidez y frescura en boca mayor que en otros Sauternes probados, un vino con una calidad muy elevada y francamente satisfactorio.

    Anarkía del chocolate
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    Real Vinícola Porto Vintage 1955 [9,5/10]

    Terminamos con este postre que hace honor a su nombre, un montonazo de chocolates distintos en composición y texturas situados de forma anárquica en el plato. Quien sea amante del chocolate disfrutará mucho, el que no…debería pedir otra cosa. A nosotros nos pareció formidable.

    Y pocos vinos hay mejores con chocolates que un Porto Vintage viejo, así que abrimos este de Real Vinícola de un año sumamente bueno como fue 1955. Los vinos de este tipo necesitan muchos años para ir integrando ese alcohol y ganando complejidad y lo cierto es que este se encontraba en ese momento, con un alcohol poco protagonista y una agradable paleta aromática, resultando complejo y con peso en todas sus fases. Y un excelente vino con mucho recorrido todavía.

    Hubo quien quiso cambiar algún plato, la ostra por la nueva versión del parmentier de bogavante (lo probamos un poco y exquisito) y el pichón por un arroz igualmente soberbio. Todo facilidades en una mesa tan compleja como la nuestra, donde a un menú alargado en el momento se sumaban copas distintas para cada vino, desfilando casi 250 en total sin prácticamente fallos. Los detalles, esos detalles que hacen del Celler el mejor restaurante (de largo) que conocemos y que hacen que año tras año volvamos a cumplir con nuestra cita. Lo del plato de alcachofas y foie, el segundo plato extra de atún, cómo son capaces de cambiar la secuencia de vinos sin que se note, las facilidades que te dan en la elección y asesoramiento sobre los vinos, el detalle de dejarnos traer algunas botellas y tratarlas exactamente igual que si fueran suyas, el buen hacer de todos los camareros, la espectacular selección de panes que ofrecen, en fin, detalles que uno tras otro hacen que una vez más hayan alcanzado la perfección en todos y cada uno de los aspectos en los que podemos valorar un restaurante.

    En cuanto a los precios, el menú está ahora en 195€, 30 más que en abril del pasado año que lo visitamos por última vez. Subida muy severa en la que quizá tiene que ver el año como número uno mundial en la famosa lista. Pero a la hora de la verdad si tenemos en cuenta todos estos detalles además del buen precio en general de los vinos, el precio final de la experiencia (al fin y al cabo en lugares como este no pagas solo un menú, sino que pagas la experiencia) es realmente contenido.

    Así pues, fueron de nuevo 7 horas de verdadero placer en las que comimos, bebimos y disfrutamos como no lo hacemos en ningún otro restaurante. Volveremos de nuevo a disfrutar de esta -ya institucional- quedada “veremera”. ¡Hasta la próxima!

    PS. Adjuntamos fotos de los vinos viejos:

    http://www.verema.com/foros/foro-vino/temas/1045169-mundo-viejuno-vinos-antiguos-que-habeis-bebido?page=162#respuesta_1244442

    El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: 10 10
    Comida: 10 10
    Entorno: 10 10
    Calidad-Precio: 10 10
    10.0 10
    J.Landeira

    J.Landeira 19/10/14 20:29

    Fecha de visita*: 12/10/13
    Precio por persona: 295.0

    Empezamos:

    los mejores aperitivos, platos y postres calificados con 5 estrellas:

    2.- Peru: caldo de ceviche.

    6.- Tartaleta de camarones.

    7.- Bombon de carpano con pomelo y sesamo negro.

    9.- Brioche de Boletus Edulis (Ceps).

    14.- Caballa con escurtidos y huevas de mujol.

    15.- Ensalada de ortiguillas de mar (anemonas de mar), navajas, cohombro de mar (espardeñas) y algas escabechadas.

    16.- Toda la gamba.

    23.- Adaptacion del perfume Shalimar de Guerlain.

    Todo espectacular, los platos no se pueden expresar, los sabores no tenian limite, eran sorpresas que venian, que primero nos dieron la carta, pero no quisimos saber ni lo que habia, yo tan solo conte los platos, la explicacion de los camareros espectacular, el somelier perfecto acorde con los vinos, y su explicacion de cada copa de vino por plato era perfecta, la atencion a los comensales ya sin palabras, las mesas limpias, planchadas sobre lino, ni una arruga, detalle importante, era imposible encontar una sola miga de pan en el suelo de una sala de 200 mt2 cuadrado

    Primero llegamos a las 13.15 y nos enseñaron las cocinas en pleno rendimiento de trabajo, como se hacia y como lo hacian, algo breve, pero muy interesate! sobre todo la destiladora para destilados de tierra, se podia hacer fotos , video y lo que uno quisiera siempre que no molestadas al ir y venir de 35 cocineros altamente cualificados en una cocica de tambien 200 mt2.

    Nos sentamos a comer a las 13.35 y acabamos de comer el ultimo postre a las 18.00 h pasadas.

    Despues sorprendentemente fui hablar con Jordi Roca, el trato espectacular, la persona flipante, no queriamos molestar mucho al chef Joan Roca que tambien se encontaba alli en las cocinas, a las 18.30 pasadas despues de comer, le pedimos solo hablar 2 minutos con Joan Roca para no molestarlo ya que esta es su diminuto despacho de la entrada a las cocinas, y hacernos unas fotos sin molestarle mucho, y el hombre se ofrecio, pero lo bueno es que empezamos hablar de los programas de Masterchef, Topchef, El Can Padilla y la comparacion con El Celler De Can Roca, y mi amigo que habia estado en El Bulli en el 2007 el año de las espumas, y el hombre empezo a contestar preguntar , pero al final empezo a enrollarse el con nosotros en ves de nosotros con el, y ya para acabar nos esperaba Josep Roca, el cual nos abrio la puestas de su bodega de tros 200 mt2 50 mt2 x 4 cajitas :-), mas hablando de los vinos que tenia, Petrus y demas, lo mas impresionante es que Josep Roca "Pitu" conoce Jean Michel Jarre , hablamos de y del teclado de Houston, lo cual espera que le envie un cd de mi musica para escuchar que le dije que le enviaria como muestra de agradecimiento, compre un pequeño libro de el que solo valia 18 euros , me lo firmo y ademas se veia que disfruto cuando le pedi que me lo firmada, casi tropezo apunto de caerse! :-)

    Excelente experiencia! ...algo mas que un restaurante!

    El tema es que vamos a repetir porque van cambiando los platos, pero otros largos 11 meses de espera... buff.

    J.Landeira

    El Celler de Can Roca (Girona)
    Servicio del vino: - 10
    Comida: - 10
    Entorno: - 10
    Calidad-Precio: - 10
    - 10
    G-M.

    G-M. 15/10/14 22:14

    Fecha de visita*: 03/10/14
    Precio por persona: 291.0

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    Puedes leer también este comentario, desarrollado e ilustrado con fotografías, en la sección de blogs de Verema (bloG-M) o acceder directamente a él pinchando este link:
    http://www.verema.com/blog/blog-m/1239109-celler-can-roca-buscaba-chistera-encontre-guante-seda

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    Después de la impagable experiencia con la Peña Gastronómica Los Restauranteros, en la que tuvimos el privilegio de degustar en el restaurante Can Roca (el de los padres) un menú compuesto de platos tradicionales de la madre y de platos y vinos de los tres exitosos hermanos, me faltaba algo… y no era otra cosa que comer en el mismísimo El Celler de Can Roca.

    Un precioso día de principios de octubre de 2014, gracias a don Jerónimo, el Gran Jefe, se cumplió mi deseo.

    Tal como cuento en el post que linkeo al principio ya conocía las instalaciones, pero no dejaron de sorprenderme. Uno se siente bien allá en esa finca de ese barrio de Girona. Luminosidad a raudales, clase, sosiego aparente. Queda en mi retina ese patio interior poblado de chopos que susurraban ya el incipiente otoño…

    De la dotación, qué decir, pues eso oigan, que estamos hablando de uno de los mejores restaurantes del mundo. Y todo está acorde a esa categoría. Desde los más mínimos detalles hasta los más gruesos. Maneras de number one por todos sus costados.

    Ya sentados en nuestra mesita, con mi silla orientada al citado patio interior, con una copita de cava en la mano, con mi mirada hipnóticamente fijada en la variedad de marrones de las hojas caídas, aparecieron las cartas y los tres libracos de vinos (blancos y espumosos uno, tintos y rosados otro y aguardientes y licores el tercero).

    En cuanto a la carta… ¡No pensaba yo que tuviera que elegir nada! Daba por descontado que habría un menú degustación que se alteraría únicamente en función de intolerancias y/o fobias y punto. Pero no, amigo, tienes que elegir entre dos menús: Menú degustación de Clásicos y Menú Festival. Se entiende que el primero recoge un mix de platos del pasado y el presente, y el segundo del presente y… del futuro. Aunque teníamos clara nuestra elección (es a mesa completa) me costó… “¿y no podemos probar todo?”. Como ya habíamos transitado por el pasado, regresamos al futuro y optamos por el Menú Festival.

    Las cartas de vinos las hojeé por simple gusto, ya que estando de por medio “el Pitu Roca”, quien te ofrece la posibilidad de maridaje (90€) pues… maridaje del Pitu, sí o sí. Desaprovechar esa oportunidad un loco de los vinos es de locos… pero ahora de remate.

    Hago seguir el detalle del menú con su correspondiente maridaje:

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    • Aperitivos  Albet i Noya Cava El Celler Brut D.O. Penedès
    o Comerse el mundo
    -México: burrito de mole poblano y guacamole
    -Turquía: Tartaleta de hoja de parra con puré de lentejas, berenjena y especias con shots de yogur de cabra y pepino
    -China: verduras encurtidas con crema de ciruelas
    -Marruecos: almendra, rosa, miel, azafrán, ras el hanout, yogur de cabra
    -Corea: pan frito con panco y panceta con salsa de soja, tirabeques, kimchi y aceite de sésamo
    o Olivas caramelizadas
    o Coral: Escabeche de percebes al laurel y albariño. Crema de erizo de mar a la brasa
    o Bombón de carpano con pomelo y sésamo negro
    o Crujiente de maíz con corteza de cochinillo ibérico
    o Bombón de trufa
    o Brioche de trufa
    • Consomé de otoño  Celler Cosmic Valentia 13 D.O. Empordà
    puré de chirivía, emulsión de calabaza, granada, avellana, dados de nabo, raíz de perifollo, salsifí, remolacha, espinacas, castaña, setas y rabanitos
    • Leche de tigre  Gonzalez Byass Tio Pepe Pisco Fino En Rama
    puré de aguacate, puré de “camote”, dados de pepino, puré de ají, brotes de cilantro, hielo de lima, langosta, dorada, puré de pimiento rojo y salsa de tigre
    • Helado de tres gustos de maíz  Domaine Henri Boillot 11 A.O.C. Puligny-Montrachet
    maíz fermentado y sablé de maíz tostado, cuitlacoche y cuitlacoche salteado, maíz cocido y vainilla
    • Caballa con encurtidos y hueva de mújol  Matassa 12 Vin du Pays des Côtes Catalanes
    salsa de caballa con vino blanco, limón, tápenas i guindillas en vinagres, tomate frito, hueva de mújol, caballa marinada con sal y azucar. Infusión de caballa.
    • Gamba con vinagre  Heymann-Löwenstein Uhlen “R” 06 VDP Mosel
    jugo de la cabeza, patas crujientes, velouté de gamba, gamba marinada en vinagre de arroz
    • Ostra con anémona  Equipo Navazos La Bota de FlorPower “Más allá” nº53
    ostra cocinada al vacio a 85º durante 5 minutos, salsa de anémona, arena de ajos, nueces tiernas, algas, velouté de fitoplancton
    • Raya confitada  Régnard Valmur 91 A.O.C. Chablis Grand Cru
    raya con aceite de mostaza, mantequilla noisette, miel, vinagre de chardonnay, bergamota, mostaza aromatizada, tápenas confitadas y avellana ahumada
    • Mar y montaña  Cobero 12 Valle de Bedoya (Cantabria)
    sardina con papada, caldo de las espinas a la brasa, salsa de cochinillo y aceite de perifollo
    • Cochinillo ibérico con higos y mole de algarrobas  Jamet 06 A.O.C. Côte Rôtie
    • Jarrete de ternera con perrechico, tuétano, tendones, aguacate terroso y trufa  Cune Reserva 1974 D.O. Ca. Rioja
    • Trilogía de pichón  Goyo García Viadero 86 D.O. Ribera de Duero
    corazón de pichón y nube de arroz. Caldo de pichón. Morcilla y pechuga de pichón Tatjé
    • Milhojas de higos  Grans-Fassian Piesporter Goldtröpfchen 05 Spätlese VDP Mosel
    • Helado de masa madre con pulpa de cacao, lichis secos y merengue de vinagre balsámico  Sake Katsuyama Gozenshu Gen
    • Anarkia de chocolate  Café Panamá Geisha / Toro Albalá PX 1962 D.O. Montilla-Moriles / Oremus Tokaji Aszú 6 puttonyos 2006

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    Tal y como anuncio en el título de este post, llegamos al Celler buscando una chistera… y lo que encontramos fue un guante de seda. Buscábamos magia y encontramos elegancia. En ciertos momentos echamos de menos la magia, en ninguno la elegancia.

    El Celler de Can Roca, hoy, y visto por mis ojos, no es un lugar en el que te quedes extasiado por una de sus obras, en el que te quedes perplejo, en el que te quedes noqueado. Es un lugar que te gana por el conjunto, por la armonía reinante, por la secuencia, por la finura, por la clase… y por sus maridajes. Por supuesto que tiene creaciones de gran altura, combinaciones audaces, presentaciones sublimes… pero si buscas magia, te decepcionará. Ve y busca esfericidad, altura de miras, perspectiva. Y la encontrarás. Y saldrás aplaudiendo con las orejas.

    Mucha imaginación, pero con los pies en la tierra (excepto Jordi, que “se va de la bola” y nos regala un postre de helado de masa madre que descansa sobre una cama que se mueve simulando el baile que efectúa la misma masa madre cuando fermenta... ¡pero es que encima va el Pitu y lo marida con un sake!).

    El equipo de El Celler en pleno estaba recién aterrizado, pues acababan de llegar de una gira mexicana (“nos trataban como a estrellas de rock” nos comentó Pitu mostrando su sorpesa). Y esto se notó en dos aspectos.

    Por un lado se les notaba cansados, algo faltos de energía. Con Joan mantuvimos una breve conversación, suficiente para percibir su honestidad y también su fatiga, y con Pitu estuvimos más rato pues tuvo la deferencia de mostrarnos su bodega, y aunque nos emocionó como la primera vez, le faltaba la chispa, el brillo en los ojos que exhibía en esa fantástica primera vez con Los Restauranteros.

    Por otro lado, se notó en los constantes guiños a esas tierras: burrito, leche de tigre, cuitlacoche, mole de algarrobas (genial esta interpretación mediterránea del mole poblano), pisco-fino (de nuevo genial… ¿a quién se le ocurre mezclar pisco y fino?... ¡pues al Pitu!, te lo hace otro e igual le quemas en la hoguera por hereje).

    Y ya que hablamos del Pitu… ¡qué maridajes! Chapeau. Habéis podido leer en la minuta las armonías que nos brindó… Excelente. Joan y Josep alcanzan la máxima expresión del concepto maridaje. Son hermanos ¿no? Pues habrá que llamar desde ahora a este tema de las armonías enogastronómicas “hermanaje”, coño.

    Al final, ya con los postres, alcanzó este tema su climax con el milhojas de higos al que acompañaba el riesling spätlese citado. El higo estaba a la sazón, con lo que su textura tenía un apresto firme y agradable pero mostraba carencias de dulzor y acidez, algo que derrochaba a raudales el riesling… Cuando te llevabas a boca una cucharadita y un buchito, se te saltaban las lágrimas. Tanto me agradó y me sorprendió esta complementación, esta conexión, que le pregunté al Pitu si sus hermanos y él creaban los platos y maridajes conjuntamente, porque de verdad que… Pero no, me contestó humildemente que no, que él se limitaba a elegir los vinos después de que sus hermanos parieran los platos.

    Mención especial para Manuel, del “Pitu Team”, un sumiller bestial que nos atendió maravillosamente durante toda la comida.

    Una experiencia que todo buen gastrónomo español o no español tiene que vivir, al menos una vez en la vida. Estamos hablando de uno de los grandes. Uno de los grandes a nivel mundial.

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