Restaurante El Celler de Can Roca: Una experiencia espectacular


Realmente no es ir a comer en un gran restaurante, no, es una gran experiencia inigualable, que vale la pena recordar. En ningún otro restaurante he tenido las sensaciones que he tenido en éste, desde el trato, el lugar, la experiencia gastronómica, el maridaje con unos vinos que se adaptan a cada plato, el compromiso de los Roca con su propio barrio, (esto daría para otros comentarios más profundos, un barrio de trabajadores, del que nunca se han movido y siempre han estado comprometidos con él)... en definitiva el saber estar y dar emociones y sensaciones a todos los que tenemos el privilegio de disfrutar un tiempo en su compañía. 

Nada más llegar nos enseñaron la cocina, no me voy a alargar, pero era un espectáculo, luego hablamos con Josep Pitu Roca sobre todo de vinos, es una grata experiencia ver cómo vive y disfruta en ese mundo y quedamos que al final nos enseñaría la bodega.

Elegimos el menú festival de los dos que nos ofrecieron, entre el clásico y el festival, con su maridaje de vinos. Después de preguntarnos si nos gustaba todo lo que había en la carta o si eramos intolerantes a algún producto, cambiamos algún plato, a partir de aquí empezó el festival. 

Comenzamos con una copa de champán un blanc de noir, extraordinario Ruppert Leroy y comenzamos con los aperitivos, comerse el mundo, una serie de pequeños aperitivos, de distintos lugares del mundo con un bola del mundo del que salían varios brazos de cada país, muy bonito y una gran puesta en escena. Primero Turquía, impresionante el sabor conjunto de varios sabores de Turquía, luego Perú, Corea, Tailandia y Japón. Todos los saboresdelataban sus orígenes diferenciados. Después nos sacan un tríptico en relieve con fotos antiguas de los tres hermanos en el bar familiar de su barrio, cinco tapas de recuerdo, buenísimo el canelón de la madre. Coral, en un original elemento metálico con forma de coral, dos cucharas metálicas royal de berberechos y parpatana de atún con jenjibre, impresionante. Luego nos sacan un bonsai de olivo con unas esferificaciones heladas de aceituna verde y también crujiente de aceituna negra. Luego una hoja de haba con tartar de habitas y finalmente para los aperitivos un brioche de trufa exquisito. Todo esto regado con el champagne que ya he dicho, un Palo Cortado del 86 y un Gramona Celler Batlle del 04. 

Empezamos el menú con unos panes muy variados, brioche de tomate o aceituna, focaccia de aceite de oliva, pan de vino tinto , pasas y albaricoque, chapata etc. Todo es un espectáculo, que de tan simple y grato es emocionante. La vajilla, las copas, los comentarios....y todo era grandioso. Empezamos con una ensalada roja con un vino Còsmic de Agullana y seguimos por una dorada con leche de arroz y sake, lo acompañaba un sake Katsuyama. Los guisantes a la brasa, geniales, la cigala con artemisa y la sepia a la brutesca, todo una delicia para los sentidos. Cambiamos de otro menú porque queriamos probar la ostra al chablis, sensacional, acompañada de un Chablis 1er Cru de Droin Montée de Tonnerre. Antes con los otros platos bebimos un Macon de Lafon, un sensacional Gran Caus del 04 y las 3 miradas la viña de Antoñin de Montilla Moriles. Seguimos con la merluza semicurada, qué delicia! con un vino del Loire de Sancerre Le Paradis, El pescado de mercado al vapor, un salmonete con un curioso vino del priorat Partida Pedrer y anguila chapada del delta del ebro, sensacional con un Mas d'en compte blanco. Se acabó la parte de pescado y ciertamente cuando hay calidad y una gran elaboración disfrutas.

El soufflé de trufa con molleja de ternera y el magret de pato ahumado a la naranja y el Pastrami de ternera a baja temperatura durante 72 horas eran las aproximaciones a la carne, de forma maravillosa, acompañando un Villa Bosconia, una garnacha espectacular encontrada en Cariñena  de Anayón antiquisima y un Saint Joseph.

A estas alturas pasamos a los postres y nos encontramos con un Petricor, tierra con helado de pino, algarroba y chocolate, alucinante, con un Mosel Ziliken Spältese. Una tarta al whisky con un whisky Macallan de Can Roca a la tarta muy curioso. Una manzana al horno con relleno espectacular recordando las manzanas de las ferias con una sidra al hielo de Astigarraga.

Luego pasamos a los petit fours con el carro de postres y el carro de chocolates y el cafe. A estas alturas no sabíamos si estábamos levitando o era real, memorable experiencia, servicio impecable, en la comida y en los vinos, la comida, otro mundo, los vinos espectaculares. Todo expléndido. Se puede decir que el precio es caro, pero creo que la relación calidad precio no hay nadie que la supere.

Para acabar después de unas conversaciones interesantísimas con Josep Pitu, nos llevo a la bodega y he de decir que nos llegó a emocionar en ese santuario. Entre la experiencia gastronómica y ésta visita a la bodega con los comentarios de Josep, creo que es una de mis mayores experiencias en este campo. Genial y extraordinario. Dificil de superar. 

 

 

 

 

 

 

 

  1. #2

    Joan Thomas

    Enhorabuena por esa excelente vivencia. Esas experiencias no se olvidan nunca.
    Gran momento gastronómico.
    Saludos

  2. #3

    Abreunvinito

    Siempre es bueno peregrinar al templo de los dioses...
    Saludos

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