Restaurante El Club Allard en Madrid
  

Restaurante El Club Allard

15
Datos de El Club Allard
Precio Medio:
131 €
Valoración Media:
8.4 10
Servicio del vino:
7.6 10
Comida:
9.1 10
Entorno:
8.8 10
Calidad-precio:
8.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Moncloa - Aravaca
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 97,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante El Club Allard El Club Allard El Club Allard en Madrid Restaurante en Madrid Restaurante El Club Allard El Club Allard El Club Allard en Madrid Crema de apio-nabo con sardina ahumada Restaurante en Madrid Lomo de salmonete en caldo corto de azafrán Restaurante El Club Allard "Txangurro" de cáscara blanda El Club Allard Raviolis de Alubias de Tolosa e infusión de berza El Club Allard en Madrid TOrrija de tomate y sardina en aceite Restaurante en Madrid el huevo...un clásico Restaurante El Club Allard la pecera...que postre¡¡¡ El Club Allard el local

15 Opiniones de El Club Allard

El Club Allard esta ubicado dentro de la Casa Gallarda, edificio que, arquitectónicamente, pertenece al estilo del modernismo madrileño. El edificio fue construido entre los años 1911 y 1914, forma parte del conjunto de edificios que fueron construidos o reformados según el plan de impulso a la modernización urbanística de la ciudad puesto en marcha a principios del siglo XX por el Ayuntamiento de la capital, con el gran apoyo de la monarquía alfonsina.

La belleza del edificio hizo que fuera declarado como Bien de interés cultural en 1997, lo cual conlleva que la especial protección de que goza, impide que el restaurante pueda mostrar, exteriormente, ninguna clase de publicidad.

La familia Gallardo sigue viviendo en el edificio y alquila los pisos que ocupa el restaurante. En la primera planta después de pasar una escalinata de mármol, a la derecha, el restaurante; a la izquierda un espacio para eventos y en el piso superior, otro espacio con amplia capacidad, igualmente para eventos.

El restaurante abre sus puertas en 1998, pero no como restaurante abierto al publico, sino como un club privado, será a partir del 2003, cuando el público, en general, pueda acceder a sus instalaciones. Coincide ese ultimo año, con la incorporación a la plantilla de Maria Marte (actual chef) y de Diego Guerrero (anterior chef) que, bajo su dirección, contribuyó a que el Club Allard pudiera alcanzar las cotas de prestigio que aun hoy mantiene, aunque desde el 2013, él ya no sea el director de orquesta (2007: primera estrella Michelin; 2011: segunda estrella Michelin)

Pero en 2013 Diego Guerrero abandona el Club Allard para emprender sus propios proyectos, y es el momento en que Maria Marte, que desde su llegada al establecimiento en el 2003, fue pasando por funciones variopintas, desde fregar platos hasta convertirse en la mano derecha del chef, obtiene la recompensa a su tesón, a su coraje, a su ilusión y a sus ganas inmensas. Se convierte en chef del restaurante y con éxito, Maria revalidó y sigue revalidando las dos estrellas de la guía roja, y por si eso no fuera suficiente, en 2014 consiguió el Premio nacional de Gastronomía.

Y ahí empieza otra historia, con varios puntos a destacar: la valentía por parte de la dirección del establecimiento en confiar a Maria la responsabilidad de dirigir las cocinas; la seguridad de Maria en su capacidad, y la repulsa que desde ciertos ámbitos de la critica se desataron en torno a la capacidad del nuevo chef. Este ultimo aspecto, es muy curioso, esas dudas se difunden, se leen y suscitan la curiosidad entre los aficionados, que acuden y llenan sus salas dispuestos a constatar la opinión de los eruditos y que después de sus visitas, muchos se preguntan donde está esa falta de capacidad.

Dentro de ese marco elegante, con unas instalaciones acordes con el lugar y un servicio de sala numeroso y muy profesional, la oferta gastronómica se presenta bajo el formato de menús de degustación, con dos alternativas: Encuentro con 10 etapas y Seducción con 14 etapas. Esta ultima ha sido la elegida para nuestra visita.

Existe la posibilidad de maridaje, no ha sido muestro caso, en este capitulo y dentro de una importante, por cantidad y calidad de su carta, oferta vinícola, nos hemos decantado por una referencia, de la que solo habíamos leído comentarios, un La Maldicion del 2015, un vino blanco DO vinos de Madrid de Marc Isart, viticultor. Un monivarietal de uva malvar, con crianza en barricas de roble francés. Vino fresco, fácil de beber y muy agradable.

La cocina que muestra Maria Marte, denota criterios personales, sabores delicados y buen gusto. Estamos ante una cocina que fusiona los sabores mediterráneos con sabores latinoamericanos. Una cocina muy personal que seguirá creciendo.

- Anguila ahumada con rocoto y cocoblanco. Buen comienzo. Diferente, sabroso.

- Bombón de carabinero. Explosión de sabor en boca, servido sobre una hoja de mertensia, con intenso sabor a ostra.

- Chupito de pez mantequilla y espárrago blanco. Original, recomiendan mezclar ambos componentes, y llevan razón, individualmente, la espuma de espárrago blanco esta muy bien conseguida, pero la parte el chupito de pez mantequilla aunque intenso de sabor, deja sensaciones en boca de grasa, al mezclar se equilibra el sabor y produce un muy buen resultado.

- Cupcake de huevo de codorniz y trufa. Recomiendan comerlo de un bocado para que el huevo explosione en la boca. Original y agradable.

- Cigalas confitadas con ajomarino. Se trata de un plato, estéticamente, muy bonito. A simple vista puede parecer un plato comprado con esa intensidad de color verde, pero se trata de un plato pintado en cocina con una pasta de plancton y algas, que no empañan el sabor de la cigala, solo le aportan matices. Son duda un gran plato.

- Carrillera de rape con cremoso de lima keffir. Perfecta ejecución del rape, con un ligero rebozado al que el cremoso de lima le aporta un contrapunto mas que agradable.

- Sopa de queso Comte y roca de nuez. Plato especial para los adictos al queso. Sorprendente, una crema realizada a partir de queso comte de 36 meses de maduración, acompañado de granada y un tartar de uva. Muy bueno.

- Arroz del mar. Un trampantojo. Elaborado con calamar picado muy fino que sustituye al arroz y plancton en la salsa. Intenso de sabor.

- Urta con migas de remolacha y escabeche de tomatillo. Hermosa racion de urta muy bien horneada y un buen contraste con el escabeche de tomatillo. Buena combinación.

- Picanha de wagyu. Tierno y jugoso.

- Flor de hibiscus con pisco sour. Guiño a su tierra, recreando, en un postre, una flor tipica de su pais. Se trata de una espuma de cítricos sobre una base de caramelo y tierra de pistacho.

- Queso en dos texturas con membrillo de guayaba. Postre sencillo, bien resuelto con la aportación de la guayaba.

- Cremoso de chocolate. Diferentes texturas de chocolate. Muy bueno para los chocolateadictos.

- La pizarra. Cierre del menu, a modo de petit four.

Unos cafés con hielo inician el cierre de la visita que se vera rematada con la oportunidad de conocer y charlar unos minutos de manera distendida con la chef María Marte, persona que transmite ilusión, ganas y coraje desde sus primeras palabras y cuyo trabajo merece mucho la pena conocer.

Reseña completa y fotos en https://comercongusto.es/el-club-allard/

Curiosidad por conocer la cocina de esta mujer que acompaño durante años a Diego Guerrero en los fogones y que tiene una historia de aprendizaje y superación admirable.

El edificio en el que esta el local y el hecho de entrar por un elegante portal, ya te dicen que dentro todos los detalles decorativos van a estar bien cuidados, tonos grises, blancos, negros y combinados con dorados oro de las lámparas.

Mesas bien adornadas y amplias, servicio bien uniformado, más bien de forma clásica, par mi gusto, pero todo alrededor de este local, respira clasicismo arquitectónico.

Empezamos con un aperitivo de espuma de cebolla caramelizada, donde debemos mojar la tarjeta de presentación del club , puesta en la mesa , una por cada comensal , hecha de patata , original , sin mas .

Seguimos con anguila ahumada con Rocoto y coco blanco, tartar de fresa, almendra fresca, unas nubes de coco, rocoto y algún tubérculo, todo ello suavizando la potencia de la anguila, sobre todo las fresas y el coco, buen principio.

Palomitas de mar y migas de quínoa, acompañado de una emulsión de erizo de mar en pipeta , erizo rebozado , haciendo las formas de palomitas , algo falto de ese sabor potente que suele tener el erizo , me imagino que lo suavizaran , y con la emulsión regué la quínoa , rico .

Chupito de pez mantequilla y espárrago blanco acompañado de una tosta que tenia algas y alguna cosilla mas, caviar orly, muy rico el chupito.

El último aperitivo fue un cupcake de huevo de codorniz y trufa, el cake de yuca, relleno de un huevo a baja temperatura y con una mousse de espinaca trufada a su izquierda calabaza con jamón, para poner encima del cupcake y comer de bocado, rico también.

Empezamos con los entrantes y la verdad empezamos torcidos , cigalas confitadas con ajo marino , ajo blanco hecho con plancton , bonito enunciado , pero las colas de cigalas estaban pasadas de cocción , de confitadas nada , yo deje una de las dos y se lo comente a la persona que me servia , Ana se comió las dos , nos pidieron disculpas y nos sacaron otra vez el plato , a los dos , así si , era otra cosa .

Usuzukuri en flor , presentado en un cuenco , en forma de flor , presentan el pargo con ese magistral corte japonés , es un corte que nos gusta mucho , siempre al momento y con el pescado lo mas fresco posible , yo creo que el emplatado de este pase , se hizo , para mi , con demasiado tiempo de espera hasta el servicio , es una opinión nada profesional , los bordes de color mas oscuro y además la textura y el enlazado en forma de flor , hacían que al coger el pescado , se tratase por su textura y temperatura , mas de un carpaccio demasiado atemperado que de un buen usuzukuri , el acompañamiento con una espuma de pico de gallo y cilantro , salsa mexicana , daban un poco de sabor y no estaba mal , pero para nada ,yo , le enunciaría como un usuzukuri .

Arroz del mar, para mi el mejor del día junto con la ventresca de lubina, que os comentare a continuación, te aconsejan mezclarlo todo, la verdad es que tiene un sabor tan marino, que cuando te explican la elaboración lo entiendes, aunque parece un arroz , son trozos de calamar , troceados al tamaño del arroz , cocinados con plancton y acompañados de unas conchitas de colores , que si son de arroz y puntos verdes de alga , este plato si te sorprende por la elaboración y sobre todo por la presentación .

Pato a la brasa con maíz, pato salvaje a la brasa acompañado de una falsa mini mazorca de maíz, hecha, valga la redundancia con choclo , que es un maíz , por encima , a modo de ceniza blanca , un aceite deshidratado y oliva negra , repito un plato mas que estaba rico .

La otra estrella de la comida junto con el arroz del mar, ventresca de lubina con “Tsuyu No Moto”, la mejor parte de este pescado las más grasa, elaborada con esta salsa japonesa cuyo principal ingrediente es la soja fermentada, por encima un aire de soja, muy bueno.

Para acabar los salados, picanha de wagyu, de la parte, precisamente no mas conocida por aquí del buey, zona muy utilizada en asados en la zona de brasil, quizás por eso no reconocí esa textura a mantequilla que suele tener esta carne, sin embargo de sabor nulo, como casi siempre, para mi, a esta carne lo que mejor le viene es un buen acompañamiento, que le de un poco de sabor y en eso este plato estaba bien elaborado, lengua de vaca , espuma de niscalo , trufa negra y un acompañamiento hecho con patata , que parecían algas por la textura y el color verde , la verdad es que con este tubérculo hacen algún que otro trampantojo , bueno pues estos acompañamientos , salvaron la textura y sabor de esta parte del buey .


Ahora un pre-postre para limpiarnos un poco el salado y dar paso al dulce, flor de hibiscus con pisco sour, muy refrescante.

Pera-piña con torrija de tres leches, soy muy torrijero y esta estaba bastante seca, aunque con una espuma de yogurt que le acompañaba, salvamos los muebles, el trampantojo en forma de pera, en su interior llevaba una crema de piña.

Acabamos los postres con el monte invernal, original bizcocho de chocolate ahumado, cremoso helado de aguacate, me encanto, me comí el mió y el de Ana ya que no le gusta el aguacate, además granizado de chocolate blanco y cubierto de un crujiente de caramelo.

Como petit fours, la pizarra, sobre un emplatado de pizarra, tizas de merengue seco de fruta de la pasión, que pintan y galletitas en forma de letras y números de jengibre y un borrador de galleta bretona y crema de yuzu, muy original.

Para beber me deje aconsejar por el sumiller y me pedí un ribeiro, lagar do merens barr, 45€ iva incluido, la verdad es que los vinos estaban bien cargados, pero esto es lo de siempre las estrellas, parece ser, que aumentan el precio.

Tuvieron el detalle de invitarme a una copita de oloroso tradición, espectacular, me pedí una copa de un orujo de los pirineos, Mirabel, 7,75€, potente.

El menú 115€ +5€, servicio de pan y aceite, las cosas como son, buena y variada selección de pan y aceite del marques del marques de Griñon, pero yo soy mas de que me cobren 120€ y se dejen de complementos, de hecho no tengo recuerdo en que en un menú de este estilo me cobren el pan aparte.

El servicio profesional, llenado de copa, buena atención.

Resumiendo, que creo que ya es tarde para eso, decepcionados tanto yo, como Ana, en cuanto al menú, ese día y a esa hora, para nosotros no es un menú de dos estrellas michelín, si fue un mal día de ellos o nuestro , no lo se, pero difícil que con la inmensa oferta gastronomica que tenemos en la capital lo volvamos a comprobar.

Por fín , llego el día de conocer este restaurante y el trabajo de su actual chef. Encuentro un sitio , elegante y distinguido,confortable , amplio. Buena atención desde el principio, correctos, sin excesos, sin demasiada etiqueta, adecuados. Carta de vinos amplia, con precios no excesivos o estratosféricos como en otros, actualizada y con las novedades pertinentes. Buen servicio del mismo, con algunos despistes de atención, la sala es grande , compartimentada, no siempre te ven. Yo aconsejaría sugerirles que dejen el vino en la mesa. Probamos el menú descrito por el compañero anterior. Sentí que estaba ante una cocina diferente, con personalidad, con rasgos distintivos y además me gustó, disfruté, me sentí pleno. Una cocina de fusión, con claras raíces americanas , pero instalada en una cocina atlántica, orientada al mar fundamentalmente. Gusto y acierto cromático en las presentaciones. Cocina divertida, entretenida, divertida y peculiar. Nada del menú me resultó descartable, de los aperitivos al postre, algún exceso cítrico, un rodaballo excelentemente cocinado y presentado , pero sin sabor y un plato que no entendía , pero que no descarto, el usuzukuri. La excelencia en varios, el chupito de pez mantequilla, las palomitas, el inicio con la anguila ahumada.. con sus texturas , el coco , uhmmmmm. Por cierto 14 platos , menú 115, en Madrid, no está mal..Salíó María a saludar, no entraré en su historia y en su valor, admirable,ella y su trabajo. Cuatro horas de disfrute total..

Daba cierta pereza volver al Allard después de la marcha de Diego Guerrero, pero ha valido la pena, María Marte, con sus propias elaboraciones y su fusión de sabores, innovadores, no desmerece en absoluto. Es distinta pero igual de genial y creativa. Sin más preámbulos porque el local ya está bien descrito en otros comentarios anteriores, pasamos a comentar:

Dan tres opciones de menú, de 10 platos, de 12 y de 14. Elegimos el menú de 10 y acertamos, ¡todo un 10!
Vino: Un Corimbo de las bodegas Lahorra, muy bueno.

Antes de empezar con los diez platos nos obsequiaron con una salsa de cebolla caramelizada extraordinaria, ligera, cremosa, que se untaba con la tarjeta del Allard (una oblea de arroz que no lo parecía)

Anguila ahumada con rocoto y cocoblanco: Todo un acierto, un plato fresco, combinando perfectamente el sabor de la anguila con la salsa del coco.

Palomitas de mar y migas de Quinoa: Maravillosa conjunción acompañada de una pipeta (de plástico y pequeñita, con salsa de erizo de mar). Todo un acierto porque hay gente a la que el sabor del erizo les parece excesivo. A mi me encanta.

Cupcake de trufa de codorniz y huevo: Seguimos el sabio consejo de coronarlo con un trocito de calabaza y meterlo de golpe en la boca donde se mezclan y expresan todos los sabores. De nota (para dos de mis acompañantes, lo mejor de la comida)

Usuzukuri en flor: Una especie de carpaccio de sargo puesto en forma de flor con una crema de aguacate finísima en el centro y otros componentes que por desgracia no recuerdo.

Arroz del mar: mi favorito, el mar, verde, en la mesa, con todos sus sabores. Después de degustar ese plato soberbio nos desvelan el trampantojo: el arroz no es arroz sino trocitos de calamar (sic) y el arroz aparece como unos crujientes que podrían parecer algas en molde de berberecho. Para llorar.

Rodaballo al horno con arbequina ahumada y miniverduras (espárrago, tomate cherry, etc): Como Dios manda, rodaballo de verdad, en su punto, ¡todo un lujo!!

Cochinillo confitado con copota de "echalion": Muy bueno, pero ya llegábamos sin el necesario apetito para hacerle los honores. En parte la culpa es que nos pusieron desde el principio pan y un aceite maravilloso (con sal) y no podía uno resistirse a ir probando.

De postres:
Flor de Hibiscus con Pisco sour: Muy acertado para cambiar sabores de salado a dulce.
Rocas de chocolate: muy buenas pero no memorables. Ahí sí que echamos de menos el "Huevo pocha de Diego.
Para acompañar a los cafés , la Pizarra, con petit tours muy originales, en forma de tizas con las que podías pintar en la pizarra, letras comestibles y unas trufas pequeñitas de las que no se olvida uno fácilmente.

Se pasó María Marte a saludar a la hora de los cafés, muy agradable, preocupándose de comprobar si todo había estado a nuestro gusto (una de las comensales es celiaca y el trato fue exquisito)
Totalmente recomendable.

Un local al que se entra por el patio de una finca ya que forma parte del edificio en su primera planta, a modo de club privado con decoración lujosa y señorial, todo impecable: las mesas, el servicio, la cuberteria, vajilla y cristalería, mesas bien vestidas y separadas. Un sitio que no sería de extrañar que exigieran corbata y traje de gala para ir a comer. Los camareros parecían salidos de la mejor academia.
Dispone de un salon privado en una especia de altillo, llamado la pecera, con una mesa que mira hacia la cocina. Un espectáculo comer allí. Una pena no haberlo sabido antes. Otra pena fue no poder haber estado con el chef, mi tocayo Diego.

Elección de uno del grupo, vamos a comer los 5 perjudicados por el Noma; tras haber cenado en el casino, desayunado en Casa Gijon y mirando el reloj para ir a cenar a DiverXO, así que empezamos pronto (por una vez en la historia) y con el planteamiento de no cargar de alcohol para poder llegar bien a la cena. Somos de los primeros en entrar al comedor que poco a poco se fue llenando hasta completarse en su totalidad de gente diversa: parejas jóvenes, mediana edad y hasta familias.

Nos sentamos en magnífica mesa redonda, y tenemos delante un tarjeton cogido a una peana que nos habla de las opciones de los menús disponibles: menú Encuentro 86€, menú Seducción 98€ y menú Revolución 115€ (IVA incluido como marca la ley). No vamos a perder la antigüedad, así que a por el largo. No obstante miramos la enorme carta con lo que ante tanta duda, nos reafirmamos.

La carta de vinos parecía más la guía de teléfonos por su tamaño. No solo estaban casi todos, sino que puedes elegir hasta las añadas. Después de disfrutar de las vistas, nos decidimos por un cava para toda la comida procurando ser cautos y compensar con agua, por cierto Numen, y por aquello de hidratarse bien para el resto del día. El elegido: Raventos y Blanc de Nit rosado 2011 que fue muy buena compañía (2 botellas).

Primera sorpresa: el tarjetón del menú es un trampantojo que se come, una especie de neula (papel de arroz) impresa. Brindamos por las consecuencias del Noma. Mojamos el tarjetón en una especie de salsas de cacahuete, especias, y americana. Ya estamos comiendo y aún no ha empezado el desfile. Además nos traen panes variados a cual más atractivo: de tomate, de aceitunas, de baicon, de semillas, blanco... Pues hay que resistirse (lo más posible).

Nous commençons (que dirían Tip y Coll): Txangurro de cáscara blanda. Espectacular presentación en una caja de madera (de las típicas de pescado) eso sí con el anagrama del local impreso, en el fondo, sobre una base de algas, se apoyan los cangrejos reales cogidos cuando mudan la piel y rellenos de txangurro; todo ello acompañado de hielo seco que llena de vapor de agua la mesa. Entrada triunfal. Para hacer fotos y hasta videos.

Trufa de caza con foie y setas. Hecho con los higadillos de caza, virutas de foie sobre una tierra de setas, simulando todo el bosque y servido sobre un bol de cristal de doble fondo que al levantar la tapa, salen aromas de eucalipto conforme se disipa la niebla. Vamos flipando y nunca mejor dicho.

Hoja de caviar. En realidad se trata de una composición hecha sobre hoja de papel comestible (una oblea), de una hoja (de árbol) de ostra con caviar iraní y una suave crema de coliflor que se come al estilo taco mexicano: juntando los laterales de la base y todo a la vez, para combinar todos los elementos y sabores juntos en la boca como una explosión.

Chantilly de Cantagrullas con algas. Algo así como tierra y mar. un buen queso de la Granja Cantagrullas junto a varias algas, alguna caramelizada. Quizás el más flojo de sabor. Buena presentación pero tras las dos primeras parece más flojo.

Verdinas con berberechos y erizo de mar. Sobre una piedra caliente unos inmejorables berberechos y un elaborado aire de erizo de mar con profundidad de sensación de plato de alta mar.

Huevo con pan y panceta sobre crema ligera de patata. Parece que es un plato clásico de la casa. Se trata de un ravioli de pan relleno de huevo y panceta sobre una crema de patata. Estamos ya deslumbrados y ya casi nos parece normal, lo que en otras condiciones parecería extraordinario.

Bonito del Norte con tomate. Un muy sabroso bonito, casi crudo, con licuado de nuez macadamia y agua de tomate. Un plato muy cítrico y muy fresco que anuncia la entrada en principales. ¿O ya habíamos entrado? Ando perdido y casi sin batería para las fotos. Maldición.

Sepionet fungi formis con alioli de wasabi: sobre una seta de oreja unas sepias como si fueran algas en tinta de calamar. Aquí no hay nada que esté en su sitio, que sea lo que parece. ¿Esto es serio o es informal? Lo que es en realidad es un disfrute.

Lubina con marinada corcana. Una hoja que sabe a ostra con espuma de pescado. Quizás el plato menos interesante de todos a pesar de que la lubina estaba buena, pero no llegó al nivel de composición y sabores de los anteriores.

Pichón de Araiz asado al momento con arroz de trufa. Dicen que las aves es de lo más complejo en carnes; pues ésta impresionaba con un punto perfecto, la textura y el sabor insuperables. Buena compañía con el arroz de trufa que hasta tenía su socarrat.

Hay que hacer un punto y aparte y dejar sitio para la parte dulce:
Flor de Hibisco y Pisco Sour. Una combinación de cítricos sobre una fina lámina de caramelo y tierra de pistacho. Como si te trasladaras a Lima.

Entramos en los postres: La Pecera. Buque insignia de la casa, que podría llamarse "Buscando a Nemo": dentro de una pecera una mezcla de todo tipo de trampantojos que simulan una concha de mejillón que en realidad es chocolate, rocas marinas que son churros, corales que es chocolate blanco con frambuesa liofilizada, Nemo que es una nube con sabor a té, y más cosas que no recuerdo; todo ello con una base de crema de yogourt y espuma. Un postre que un niño hubiera sido incapaz de comerlo sin llorar de pena por destruir el hábitat de Nemo.

"Y para acabar un huevo duro" palabras textuales, no de los hermanos Marx, sino del maitre (un profesional de libro). Se trata del famoso Huevo Poché que Diego Guerrero ha dado la vuelta al mundo y aparece en todos los libros como su creación más emblemática. Sobre un cuadrado de madera, un cuenco que contiene en su interior un huevo duro (de los de color marronáceo, no los blancos) apoyado sobre unas pocas patatas paja.
Lo miras, le das la vuelta, lo mueves y baila, lo tocas y parece la cáscara, coges la cucharita y lo golpeas un poco y se astilla como la cáscara del huevo cocido, golpeas más y se rompe de forma irregular quedando la cáscara por el interior blanca y como el huevo a medio cocer, el interior queda una parte de huevo duro (la clara) y otra parte del huevo amarillo casi anaranjado (la yema cocida) con textura en parte semilíquida y en parte cuajada. Todo ello como digo sobre una base que parecen unas pequeñas patatas paja. Ya no sabes si pedir pan para mojar el huevo. Pero seamos serios: estamos en la sección de postre. Algo pasa aquí.
Con miedo empiezas a probar las partes: la cáscara es chocolate blanco con la parte exterior pintada de color, la clara es una gelificación de coco y la yema no es más que un dulce mango en diferentes texturas. Por si faltaba algo, las patatas son raices de salsifí, como una yuca dulce. Ya estamos seguros que ésto es un sitio serio, pero con humor informal.

Los cafés y "La Cara de Buda", los petit fours, con una presentación humeante y mentolada.

A falta de Diego, pudimos saludar a Mary, la jefa de cocina, que entró de aprendiz, y vaya si ha aprendido a pesar de su juventud.

¡¡Menudo día que llevamos!! ¡¡ y lo que falta!! Cogemos un taxi hacia el hotel y en la radio oímos que el Valencia va ganando en el Nou Camp. Se alinean los astros.

La trampa al ojo, la sorpresa de lo que parece pero no es, ...
Ya sin Diego Guerrero al frente, llegamos con cierto miedo y expectación ante la posibilidad de que la experiencia hubiera sufrido la falta. Sin embargo, no fue el caso y pudimos comprobar que María Marte, jefe de cocina con Diego, ha conseguido mantener la línea del restaurante. Habrá que esperar la renovación de la carta para encontrar su propio estilo.

Su situación es inmejorable. En un edificio señorial, sin indicaciones, El Club Allard nace como un espacio privado, con el objeto de disponer de un punto de encuentro donde poder compartir actividades de carácter cultural, social y gastronómico. Hasta el 2003, el establecimiento no abre sus puertas al público. En su interior, lujosos salones, con grandes lámparas, tonos grises y blancos que hacen que el ambiente sea acogedor y elegante.

Sin carta, el restaurante ofrece 3 menús degustación: Menú Encuentro (86€), Menú Seducción (98€) y Menú Revolución (115€). La tarjeta que anuncia los menús es comestible (papel de arroz) para mojarla en un cuenco de espuma de cacahuete. Optamos por el menú Revolución:

"Txangurro" de cáscara blanda: de sabor muy agradable, servido en una caja de madera sobre algas.
Trufa de caza con foie y setas: falsa trufa de carne de caza con virutas de foie y tierra de setas. Original presentación simulando un bosque con neblina incluida (eupcalipto) en el doble fondo de un bol de cristal. De sabores y aromas perfectos.
Hoja de caviar: hoja de ostra, caviar iraní con crema de coliflor sobre una hoja redonda de papel comestible. Se dobla todo sobre esta hoja, en forma de taco y así se come. Excelente combinación de sabores.
Chantilly de Cantagrullas con algas: queso de la Granja Cantagrullas (Valladolid), con algas y alga ñori caramelizada. Muy buena presentación, buena combinación de temperatura, pero algo soso de sabor, aunque agradable.
Crema de apio-nabo con sardina ahumada: repitiendo el caviar iraní, con huevas de aceite de oliva y florecitas de aguacate. La sardina en su punto, muy fresco.
Verdinas con berberechos y erizo de mar: los berberechos de excelente calidad y sorprendente el aire de erizo de mar. Servido en piedra caliente, muy bueno.
Huevo con pan y panceta sobre crema ligera de patata: un clásico. Ravioli de pan relleno de huevo y panceta sobre una exquisita crema de patata.
Sepionet fingi formis con alioli de wasabi: sepias sobre una seta tratada de tal manera que da la impresión de que estás comiendo algas. Uno de los que más nos gustó.
Lomo de salmonete en caldo corto de azafrán: muy bueno el salmonete y muy acertada la combinación con el caldo de azafrán y el aire de coco.
Pichón de Araiz asado al momento con arroz de trufa: impresionante la calidad y el punto del pichón muy bien acompañado con los sabores intensos de las setas y el arroz de trufa.
Flor de Hibisco y Pisco Sour: prepostre muy acertado para bajar la comida y comenzar con los postre. Muy buena combinación de espuma de cítricos sobre una fina lámina de caramelo y tierra de bizcocho de pistacho.
La Pecera: otro clásico. Gran postre con concha de mejillón (chocolate pintado), pez (nube de té), corales (chocolate blando cubierto de frambuesa liofilizada), rocas marinas verdes con auténtico sabor a churros, todo sobre crema de yogourt y espuma. Un espectáculo visual y de sabores.
Huevo Poché: el clásico trampantojo de Diego Guerrero que ha dado la vuelta al mundo: cáscara de chocolate con leche y, al romperlo, clara de coco y yema de mango.
"La Cara de Buda": y con el café, los petit fours. Buen final, donde la mesa queda envuelta en un relajante humo con aroma a menta.

2 menús + 2 cervezas Mahou + botella de vino (Treinta Mil Maravedíes 2012) + 1 café: 265 €.

Aquí os dejo el enlace en facebook con 2 link:
Un book fotográfico y un cortometraje audiovisual del restaurante en You Tube
Enjoy!!

https://www.facebook.com/notes/javier-azcona-fabon/le-club-allard/499453350139187

Elegante lugar con acceso curioso a traves del portal. No entraré en describir mas del comedor y solo decir que al mediodia en un soleado dia de otoño resultó marco perfecto para la comida y la sobremesa. Comentar tambien que se llenó a un 90%.
Una vez que nos acomodaron en nuestra mesa nos trajeron una crema de cacahuete indicandonos que se comia con la tarjeta que reposaba delante de nosotros y que era comestible. Curioso. Ni la crema ni la tarjeta tenian un sabor inolvidable pero ese pequeño guiño deja una buena sensacion.
Nos ofrecieron un aperitivo y aquí tengo que decir que la oferta, al menos la que nos recitó el camarero , era escasa. En champagne solo Andre Clouet y en cava, Juve &Camps. Un dos estrellas tiene que tener algo mas en espumosos por copas para aperitivo… Nos decidimos por un Andre Clouet que estaba poco frio.
La carta se compone de 3 menus sin posibilidad de pedir un primero , segundo y postre. Llegó el mismo Diego Guerrero a explicarnos todo y nos sugirió el intermedio: Seduccion donde nos dijo se combinaban sus clasicos con las ultimas innovaciones.
Para beber elegimos un 4 kilos mallorquin que para empezar nos hizo de compañero ideal por su ligereza y equilibrio. Paso a enumerar lo que iba apareciendo:
-Trufa de caza con foie y setas. Quiza lo mejor y lo mas sorprendente. Y asi se lo hicimos saber a Diego cuando casi al final vino de nuevo a la mesa. El liston queda tan alto al principio que luego es dificil superarlo. El plato se presenta en una bola de cristal que al mover desprende un humo con olor a bosque, madera y tomillo. Sencillamente espectacular ese aroma y la textura de la falsa trufa asi como su concentrado e increible sabor. De 10
- Hoja de caviar. Caviar en 3 texturas. Buena presentacion pero algo soso en sabores. Poco perceptible el sabor del caviar. Tras lo anterior nos dejo un poco frios
-Mini baybell de camembert trufado. Habia leido sus mas y sus menos de este clasico. A los que estabamos nos encantó. Sutileza. De nuevo subimos expectativas
-Tapa de pez mantequilla: Guiño japones con un “sashimi” de pez mantequilla originalmente presentado en una especie de pan de crital sobre una lampara con fuego que mantiene una sopa japonesa. Muy bueno
-Papillote de setas y verduras de temporada. Original presentacion de un papillote de celofan que cortan en la mesa y descubre una sopa de lo mencionado. Original presentacion pero las setas no decian mucho: cantarellus y senderuelas y poco mas pude reconocer,,Lo mas flojo en mi opinion aunque mis dos acompañantes opinaron lo contrario
-cococha de salmon ahumada con caldo corto de azafran, erizo de mar, aire de coco y banana crab: Otro plato de casi 10. Sin palabras.
-Huevo con pan y panceta sobre crema ligera de patata. Otro clasico que no defrauda. Por poner una pega…algo insipido para lo que esperaba por la presencia de panceta
-Mero al horno con ajoblanco de ajo negro, caldo de sus espinas y pu-ehr de canela y limon. Para mi el segundo “peor “ plato. Estaba bueno pero no me entusiasmo. La introduccion de productos orientales que hace en los platos no me acaba de convencer.
-Pichon de Araiz asado al momento con arroz de trufa: Otro 10. Esplendida carne y contraste de arroz aromatico y crujiente.

Para el pichon ya habiamos terminado el 4kilos y decidimos pedir Gran Crour del Priorato. Potencia de 15º que acompañó el pichon a la perfeccion y nos hizo pedir un surtido de quesos en sustitucion del prepostre y los 2 postres del menu. Acierto total. No recuerdo los quesos salvo un Stilton pero nos encantaron y fueron maridados con excelencia.
Cafes y petit fours que yo no probé ( no eran las croquetas de chocolate).

El total de la cuenta para 3 ascendio a 445 euros que nos parecio mas que razonable para lo que vivimos
En resumen, gratisima experiencia con algun “detalle” comentado que no es propio de un 2 estrellas pero perdonable en su conjunto.
Todo lo he puntuado como MUY BUENO excepto el servicio de vino que he puesto solo BUENO porque la carta aun siendo correcta no es espectacular y sobre todo porque el tema de los aperitivos y el champagne caliente no es de recibo...

Entrada al restaurante, mesa para las 14,15 horas.STOP. Parte del servicio nos hace una radiografía (podrían ser más discretos).STOP. Diego nos saluda y nos toma nota del menú, pedimos el revolución.STOP. Local muy ponponso, antiguo, y que dá la sensación que en cualquier momento se pueda desprender una lámpara. Muy apropiado para los de la Guía Michelín.STOP. Tomamos de aperitivo unas copas de champagne.STOP. El servicio atento, sobre todo para una mesa que deberían ser socios del club o políticos que molestaban un poco con sus carcajadas, para nosotros algún que otro despiste, sobre todo cuando nos marchamos.STOP.

EL MENÚ:

- Trufa de caza y setas. (8,5).
- Mini Babybell de Camembert Truffeé. (9,5).
- Tapa de pez mantequilla. (7).
- Empanadilla de viera con ajo negro. (7,5).
- Papillote de setas y verduras de temporada. (7,5).
- Huevo con pan y panceta sobre crema ligera de patata. (8,5).
- Lorito con verduras de temporada de "la Finca de Los Cuervos" y sal de Añana. (9).
- Mero al horno con ajoblanco de ajo negro, caldo de sus propias espinas y Pu-her de canela y limón. (8,5).
- Taco de liebre. (9).
- Rompope. (8).
- La Pecera. (10).
- Huevo poche. Muy conseguido pero no nos gustó. (5).
- Petit fours. (7).

LA BEBIDA:

- Champagne de no se que marca. Despite por no comentarlo con el sumiller, y fallo de éste por no informarnos,y de quien realizó la factura por no detallarlo.
- Vino tinto FURVUS, recomendado por el sumiller (Estaba bueno pero al menú le iba más un blanco en general. Nos dio las dos opciones pero insistimos un poco en el tinto.
- Agua.
- Café.

COMENTARIOS: El menú lo han detallado en los comentarios anteriores, si alguien desea que le expliquemos algún plato en general que nos pregunte. Diego se presentó dos veces en la mesa, le faltó un poco de retórica, pero bueno, lo suyo es la cocina. El servico en general bien, pero si llegamos a ser de la Michelín,seguramente no se llevan las dos estrellas (No se puede prestar tanta atención a una mesa, sean quien sean, y dejar al amparo las demás). Los platos muy sorpredentes en presentación y buenos en general. Indicar que hemos puntuado con arreglo a la categoría del restaurante.

RESUMIENDO: Buena comida la que nos ofreció Diego, en un bonito local, con un servicio correcto (perdonamos la atención desmedida de la mesa que hemos comentado con respecto a las demás), y un precio razonable para la categoría del Restaurante.

La cocina de Diego nos impresionó muchísimo, y nos ofreció todo lo que buscábamos sin duda. Esa capacidad para jugar con la creatividad en el plato, ese uso impecable de la técnica... en definitiva, ese "PLUS" que personalmente buscamos en un restaurante de este nivel. Tal y como hablabamos después con Diego, cuando uno va a un restaurante de nivel ya parte de la base de una excelente materia prima, y de un empleo de las técnicas de cocina impecables, pero intentar ofrecer al cliente un "plus", algo diferente a los demás como es el caso de los platos que tomamos en El Club Allard, es lo que personalmente busco, y la cocina de Diego personalmente ha sido para mi inolvidable.

Creo que no exagero si digo que nos encontramos ante EL RESTAURANTE MÁS CREATIVO DE MADRID, y seguramente uno de los mayores del mundo. Todo en él es sorpresa, creatividad, originalidad a borbotones. (como surgió el concepto de el Bulli, ¿no?). Como dijimos al principio, aparte de la base de las excelentes materias primas, y ciertas técnicas de cocina de un 2 Estrellas Michelin, aquí si que intentan ofrecer al cliente algo más, sorprenderle, dejarle todo el rato con ese pensamiento de "¿como lo habrán logrado?", y sobre todo, con un recuerdo imborrable en su memoria, pues habrá MUY, pero que MUY pocos sitios en el mundo más sorprendentes y originales que El Club Allard. Sin duda que no solo ha mantenido estos años el nivel, sino que ha ido a más, y a mejor donde ya es muy difícil hacerlo. Si algo no te dejará El Club Allard, es indiferente.

Os dejo fotos y nuestra visión personal de los platos en el blog, espero que os guste y os sirva!

http://la-cocina-creativa.blogspot.com.es/2012/05/el-club-allard-creatividad-en-estado.html

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