Restaurante Dos palillos en Barcelona

Restaurante Dos palillos

Datos de Dos palillos
Precio Medio:
76 €
Valoración Media:
6.4 10
Servicio del vino:
5.4 10
Comida:
7.6 10
Entorno:
6.9 10
Calidad-precio:
5.4 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Barcelona
Localidad: Barcelona
Zona: Ciutat Vella (Barcelona)
Dirección: Carrer d'Elisabets, 9
Código postal: 08001
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: domingo y lunes

Teléfono


16 Opiniones de Dos palillos

A los mandos Albert Raurich que junto con su jefe de cocina Takeshi Somekawa proponen una cocina fundamentalmente asiática con guiños ibéricos y mediterráneos. Sushis, sashimis, dumplings, baos. Estilo libre en un espacio que también respira libertad, dejando fuera cualquier tipo de atrofia empalagosa entre los que sirven y los que disfrutan.

La tapa es el hilo conductor, la sucesión de las mismas conforma el camino. Mejor dejarse llevar para el disfrute, sin preguntarse por órdenes establecidos que en Dos Palillos directamente no aplican.
Diecisiete pases salados y cuatro dulces. Los primeros breves. Al final se echa en falta algún plato de mayor volumen donde se repitan sabores agradables y requiera una cocina aún de mayor fondo con mayores posibilidades de inclusión de diferentes matices. Respecto a la visita de hace tres años, se repiten cuatro de los bocados resultando la experiencia menos sorpresiva pero especialmente suculenta. Cierto estancamiento sabroso.

El comienzo es atronador, como cuando un concierto comienza con un éxito con el tuétano a las cinco especias chinas. La grasa se funde en la boca de manera elegante. Bocado frágil que marca por donde va la línea culinaria.

De especial finura son los nenúfares thai de corteza de cerdo, sin apenas grasa, solo la piel especialmente crujiente y muy etérea. Se modela como un taco, ligeros a pesar de su aspecto y con elementos herbáceos que aportan frescura al bocado.

De menor impacto sápido resultan los pescaditos atrapados en la red con matices de frutos secos a través de la red y de un caviar de almendras. Sutil.

La ensalada de alga codium con aceite de pimientos de padrón parece un homenaje a Galicia. Un mar y tierra cuya mezcla convence en boca, pero que se queda algo corto por su escasez. Igual es que lo bueno si breve dos veces bueno. Para algunos aspectos, no me convence del todo el refrán.

Con los dos siguientes platos se entra en terrenos de largas cocciones o maduraciones. En primer lugar el Hojitashi de espardeña, tras una cocción de días la espardeña además de alargarse toma esa tonalidad oscura y pierde parte de su sabor marino. Me resulta más especial y delicado el nare sushi de lubina con una salsa de pulpa de arroz fermentada con sake. Tonos ahumados y lácticos que son como siempre una gran combinación.

Finalizaríamos esta especia de trilogía con los jurelitos macerados con kombu. Ejemplo de aparente sencillez que conquista.

En la misma línea que el plato anterior, el sashimi de ventresca de atún y mentaiko (huevas marinadas de abadejo) casero. Producto que salta a la vista y que en boca vuelve a producir (como el tuétano) esa placentera sensación de grasa en esto caso marina. Cuando no masticar se convierte en gozo. Superior.
El sushi de erizo es original en su puesta en escena, invertido sobre su propia cáscara, pero se desequilibra por un exceso de wasabi entre los granos de arroz.

Como si fuera una secuencia declinatoria de la soja, se suceden los dos siguientes platos, el denominado Yuba-mochi, una especie de ravioli con la nata de la soja, edamame y soja fermentada que se complemente seguidamente con la soja en colores formado por helado y salsa de soja añeja, el edamame y su praliné. Probablemente la mayor muestra de cocina junto con los dumplings, baos y postres.

Las gambas crudas (cuerpo) y calientes (cabeza) con aceite de té negro es uno de esos pases que han permanecido impasibles en el menú. Pareciera complicado eliminar un plato que aun siendo básico provoca ese contraste de gozo en boca. Ejemplo de fusión con sentido.

A continuación, la parte más china del menú que despega con el noumifu (tempura china elaborada con harina de arroz) de sesitos de cordero. Verdaderamente goloso y equilibrado a través de esa pequeña ensalada de su parte superior. Se percibe de forma directa el yodo con el siumai de cangrejo real y su coral, dos unidades desaparecen en un verdadero abrir y cerrar de ojos. Cerrando el ciclo con el xiao long bao, especie de raviolis liquidos rellenos de carne al vapor. Tres bocados que representan muy bien la cocina de Raurich, suculencia directa.

Tampoco tiene sustituto frente a otras temporadas, la hamburguesa japonesa de vaca gallega madurada que además lleva jengibre, pepino y shiso. Sin peros ni grandes exclamaciones. Gustoso, pan al vapor realmente destacable.

Mayor frialdad con el tataki de buey que se acompaña con una salsa que cada comensal mezcla de huevo de codorniz, miso blanco, soja y especias. Ésta de cierta profundidad mientras la carne carecía de una adecuada temperatura y además no destacaba por su permanencia gustosa.

Los postres rayan a un nivel no por debajo de la cocina salada, especialmente los dos primeros. Un especial kakaigori de yuzu, textura de nieve, de intensa volatilidad que se deshace en la boca penetrando toda esa deseada acidez.

El coco estilo thai rezuma altura de miras y puede que sea el plato de mayor número de matices. Picante, ácido, dulce y completado por el juego de texturas. Brillante.

Sin llegar al nivel anterior, pero resultando agradable y diferente, el helado de jengibre con corteza caramelizada. Se utiliza a modo de cuchara, resalta el contraste dulce-ácido y recuerda a almendras garrapiñadas pero con un gusto ligeramente más profundo. Menor admiración provoca el pastel de mochis (fresa, arroz, té verde,….) sobre una base de chocolate derretido.

Dos Palillos sigue por sus fueros de provocar impacto y placer directo, sin complicar aparentemente la propuesta buscando vías alternativas de disfrute ó nuevos campos de investigación. Pareciera como si se encontrase cómodo dónde actualmente está, como si Raurich hubiera alcanzado una tranquila madurez.

El entorno ayuda a caminar por los alrededores de un “tapeo” que se equilibra entre la finura de las composiciones y un perfil más canalla que no pone límite a la mezcla. En la barra se junta oriente (elaboraciones) con nuestro más cercano occidente (producto) resultando en una de las propuestas de fusión más respetadas de nuestro país. Todo ello, desde una línea donde la suculencia/sapiencia es siempre el eje por el que transita el menú resultando casi innegociable.

Se alcanzan las cotas más altas con bocados como el tuétano a las cinco especias, el sashimi de ventresca de atún, la soja en 3 colores y la trilogía de platillos chinos (noumifu de sesos de cordero, siumai de cangrejo real y xiao long bao) mientras que los pescaditos en su red ó el tataki de buey están uno ó dos cuerpos por debajo. También nos queda esa incertidumbre relativa a cuál sería el resultado si se afrontase algún plato de mayor calado.

Dos Palillos: EL rock sigue sonando. Ya saben post completo y fotos en

http://www.complicidadgastronomica.es/2016/03/dospalillos/

No conseguíamos comer en este restaurante, ya que cierra en Agosto y Navidades, coincidiendo con las épocas en las que podemos visitar la ciudad, pero, en esta ocasión, la visita pudo adelantarse a julio, con lo que no podíamos dejar pasar la oportunidad.
El restaurante de Albert Raurich, discípulo de Ferran Adrià, une (a mi entender sin fusionar), a la perfección, dos culturas gastronómicas, Asia y España. Así, el nombre del restaurante hace referencia a la forma de comer este tipo de comida, pero, también, a ese pequeño utensilio tan tradicional en las tapas españolas.
Al entrar, el típico bar de tapas, totalmente informal, donde sólo se come a la carta y sin reserva. Más adelante, tras una pequeña cortina, la Barra Asiática, una estancia muy elegante y cuidada. Una barra continua de madera alrededor de una zona central de trabajo y asomada a la cocina, donde podemos observar la elaboración de los platos, con taburetes altos donde sentarse a disfrutar de los dos menús degustación (uno corto y uno largo) o de la carta (sólo las mediodías). Aquí es necesario reservar.
Habíamos reservado en la barra asiática y, aunque lo recomendable, y con razón, es optar por uno de los dos menús para poder saborear todos su platos, al no encontrarnos en plenas facultades físicas, nos decantamos por ir pidiendo de la carta lo que más nos apeteciera.

Así tomamos:

- CRUJIENTES DE POLLO CON CURRY, pieles secas y crujientes de pollo aderezadas con curry. Curiosa y deliciosa entrada.
- WON TON FRITO DE CARNE, 'ravioli' chino frito, relleno de carne de cerdo y verdura acompañada de salsa dulce de mango. Muy rico.
- ORTIGUILLAS DE MAR EN TEMPURA. Muy aficionadas a éstas, nos parecieron bastante buenas.
- ROLLITO FRESCO VIETNAMITA CON POLLO DE CORRAL, oblea de arroz con tortilla, pollo, albahaca y cilantro. Muy fresco.
- DUMPLING AL VAPOR DE GAMBITAS, empanadilla china de fécula de patata, rellena de gamba roja fresca y panceta de tocino ibérico. Espectacular, tanto en sabor como en las texturas. Sin duda, una de las tapas que más nos sorprendió.
- WOK DE VERDURITAS TIERNAS, mini zanahorias, tirabeques, pack choi, shuen kai, choi sum, jengibre. Muy agradable para los amantes, como yo, de los vegetales, todos ellos en perfecto punto de cocción.
- SUNOMONO DE ALGAS FRESCAS Y MOLUSCOS, algas frescas de Galicia con cañaíllas, percebes y berberechos. De excelente calidad y presentación, uno de los platos que más nos gustó.
- JAPO BURGER, pan casero al vapor, carne de vaca, jengibre, pepino, shiso. Riquísima, la carne sabrosísima y en su punto exacto. Muy recomendable.
- PAPADA DE CERDO IBÉRICO A LA CANTONESA, con materia prima ibérica, estilo chino y esa lentísima cocción que llevábamos observando durante toda la comida, sabíamos que el éxito estaba garantizado, y así fue, no nos decepcionó lo más mínimo. Tierna, jugosa, ..., ¡mmm, deliciosa!
- YAKITORI DE POLLO DE CORRAL, pequeñas brochetas de pollo de corral a la brasa. Quizá no muy sorprendente en su presentación, pero sí por su exquisito sabor.
- GAMBAS A LA PARRILLA, servidas con el cuerpo crudo y la cabeza a la parrilla, sobre el carbón, en una palabra, ¡impresionantes!

Y de beber:

- 4 cervezas.
- Una botella de vino.

Precio Total: 120 €, muy buena relación calidad-precio.

Todo ello con un servicio muy cuidado y atento por parte de las mismas personas que elaboran los platos.
En definitiva, un restaurante con no sólo dos palillos, sino con una merecidísima estrella.

  • JAPO BURGER

  • GAMBAS A LA PARRILLA

Estamos con ganas de cenar y, adonde nos acercamos, acaban de estrenar la primera estrella Michelin. Es el Bar-Restaurante “Dos palillos”, cerca de las Ramblas de Barcelona, en Casa Camper. Hemos reservado mesa en la ansiada “barra asiática”, para notar un poco el nivel y la presentación formal.
Al llegar, notamos seriedad y trabajo en el interior, pero la recepción en el pasillo de una barra de bar es algo seca. Tienen bastantes aperitivos y decoraciones para que te encuentres a gusto durante la espera previa antes de pasar a cenar, una sala-restaurante que se intuye desde fuera a través de las cortinas , muy bien ambientada y con nivelazo. Es el paso del bar a la luna.
En las Reservas por teléfono y on-line te recepcionan por horarios bastante rigurosos, y nuestra mesa tiene cita a las 22.30pm. No se demoran casi nada, unos 5min., tomándonos en ese momento una copa de vino catalán D.O.Cava “BERTHA Brut Nature Reserva” bien ensamblado en su coupage, fresco, suave y muy agradable, perfecto para limpiar sensaciones grasientas en la boca de los comensales, sobre todo, antes de deleitarse con un menú degustación asiático. Un Cava 89 puntos Gm.
Nos sentamos en una barra en forma de U grande, y de cara frontal a la cocina, pudiendo observar todo el restaurante, un habitáculo de unos 35 metros cuadrados, no más. Decoraciones de Buda y bambú, luz íntima graduable, música suave, …...ya estamos en otra zona y muy cómodos. En cocina se cuentan hast 4 o 5 personas a la vez, además de la maitre.
Una lectura rápida y concienzuda a la carta de vinos ya ha hemos elegido 2 vinos 2 para el menú degustación 2 palillos 2:
Comenzaremos el menú en Cataluña, haciendo honor a la tierra con otro vino D.O.Cava “Torelló 225 Brut Nature Gran Reserva” selección brutal de esta bodega, fino y con unas notas amargas y tostadas como el caramelo suave de toffeé. Ummm….largo y redondo. Un 8,9 . Es beyond.
Para el second round debemos buscar algo más graso y untuoso, pero sin pasarnos y con un componente floral y un buen frescor de bosque y hierba de montaña. Por ello selecciono una bodega alemana especial llamada KUHLING-GILLOT de la zona de Rheinhessen, un vino fresco QUINTERRA Trocken 2010 de uva Riesling, sin duda un gran acierto y a un precio bastante asequible (recomiendo ojear la carta adjunta).
El menú es cambiante según los productos diarios de mercado y de temporada, y suelen constar de unos 14 o 16 platos, sin ser excesivos en sus cantidades y sin pasar desapercibidos, llegando al final del menú perfectamente. La propia barra predispone a entablar relaciones inter-comensales de diferentes nacionalidades; japonesa, holandesa, americana…..todos unidos por el reflejo asiático y por sus palillos.
La vajilla es corecta, el trato del personal muy amable, sin duda la gente joven está bien enseñada.
Algunos de sus platos más impactantes fueron los siguientes:

-Crujientes de pollo con curry, con sus pieles crocantes.
-El rollito fresco vietnamita con pollo de corral insertado en oblea de arroz con tortilla, albahaca y cilantro que deja sabores binarios en paladar y todos ellos muy equilibrados.
-Mención aparte <>, incluso algún percebe, digno de un 9,9.
-Ostrón con sake a la parrilla directamente del Delta del río Ebro, es superior, nada escurridizo, y con sabores marinos frescos y colorido.
-Por decir alguno más, no pasa desapercibida la Japo burguer de carne vacuna o de Buey con pan casero al vapor, jengibre, pepino y shiso, muy jugosa, pudiendo comer 2 mas.
-En los postres, los buñuelos de chocolate y jengibre quitan el sentido, y es que el “ginger” es apto para orienteadictos.

Si quereis mas platos e información debeis adentraros en el mundo del palillo, como hice yo. LA DESPEDIDA SERA MENOS DOLOROSA.

A destacar
El producto
Servicio y velocidad
Carta de vinos
Tiempos
Imaginación culinaria

A mejorar
Aspecto del BAR externo
Luz y luminotecnia
Música
Entorno

Después de la cena, en mis notas, he escrito: “Producto y producto, tratamiento, solamente el justo y adecuado, sin técnicas ni alardes”.

Diría que todos aquellos discípulos de Ferrán Adriá, y tomando como discípulos aquellos que han tenido un papel de responsabilidad durante años en el Bulli, se caracterizan por poner en marcha propuestas diferentes. Lo entiendo como una máxima bulliniana, y en el caso de Albert Raurich, esto también se ha llevado a sus últimas consecuencias. Hasta desde fuera, no estaríamos ante la entrada de una restaurante al uso.Juzguen ustedes.

Desde un punto de vista culinario, el menú festival se compone de diecinueve platillos y tres postres. Pocas veces, me he enfrentado ante un menú tan variado, más de tapas que de platos; pero al final estamos ante veintidós bocados diferentes. Eso provoca un compás sin pausa, una organización milimétrica. “Pim, pam, pum”; trasiego y golpes continuos tras las transparentes bambalinas. Definitivamente, en Dos Palillos vuelan los platillos.

EL primer aperitivo es una declaración de intenciones, un cocktail de cava con humeshu (ciruela japonesa). Verdadera fusión de ingredientes patrios y japoneses. En Albert Raurich, podemos encontrarnos ante el primer cocinero que verdaderamente comenzó con una propuesta de fusión. Seguimos con los chanquetes con shiso verde, con toques picantes y cítricos; diferente, correcto. Y a continuación la caballa curada en sala y vinagre de arroz con tororo kombu, comenzamos a ascender, sobre todo en la textura, frescura y sabor del pescado. Es de agradecer que se alcance una textura muy agradable en estos pescados casi crudos.

Otro bocado que representa esa fusión que hemos comentado antes, es el rollito fresco de pollo crujiente. Inversión de papeles, el pollo hace de rollo, y las verduras y hierbas de relleno. Equilibrio de grasa y frescor. Un bocado divertido, conseguido.

Bajamos un peldaño con el sunomomo de algas frescas y moluscos, percebes, cañaillas, y otros con unas algas bañadas en vinagre. Agradable, pero no mejora el sabor de comerse unos percebes recién cocidos en su punto de sal.

Trilogía festivalera, en los tres pequeños actos que vienen a continuación. Unas gambas rojas frescas crudas y calientes, cuerpo crudo, y cabeza a la plancha; con la recomendación de tomar primero los cuerpos, y luego las cabezas, por el componente yodado de éstas. De diez. Luego una ostra a la parrilla con sake; generosidad en el bivalvo que viene atemperado por ese punto de calor, para luego beber el sake templado con notas de brasas en el mismo caparazón de la ostra. Sorprendente, el licor japonés de poca graduación cómo retiene el resto de sabores. Y una de las sorpresas de la noche un sasami de pollo de corral ; atrevimiento , ya que se trata de tres pequeños trozos de pechuga en su punto perfecto de plancha. Es algo así como el summun del pollo, para que uno se acuerde a lo que sabía un pollo. Genial descaro.

Otro terceto a ritmo endiablado que comienza con un sashimi tibio de calamar con yuzu, calamar fresco con un ligero punto de calor y un contraste ácido. Continua con una tempura de huevas y semen de jurel, atrevimiento radical. Encuentro en el plato sobre todo textura; original, no apto para todos los públicos. Finalizamos con un pankoage de cangrejo real, una especie de empanado alrededor del crustáceo. Menos emoción que en el acto anterior.

Seguimos con unos dumpling al vapor de langostinos frescos; a destacar por todo lo alta la pasta del dumpling, pura delicadeza y frescura. Adicción de alto nivel. Difícil encontrar una pasta, de esta calidad, sobre todo desde el punto de vista de textura, finísima.

Como parte del juego y de la experiencia, unos te maki de toro de autoservicio, donde te proporcionan el alga nori, el arroz y la ventresca. Entiendo que el nombre de “te maki” viene dado porque te los tienes que hacer tú. Lo cual tiene su punto en función de la habilidad manual de cada uno, la mía floja. De todas formas, se abren diferentes posibilidades, también podemos tomar un sashimi de toro, y luego el arroz. Gran materia prima. Seguimos con esa osadía en alguna de las propuestas.

Otro bocado para el juego, un shabu-shabu de pulpitos, toro, calamar y brotes tiernos de algas. EL shabu-shabu consiste en calentar ligeramente los productos sobre un caldo caliente, en este caso sobre un dashi. Puro producto, sobre una técnica sencilla. Lo que más recuerdo es el sabor diferente de las diversas partes de los pulpitos, por una parte los tentáculos, pura suavidad frente a la cabeza que aporta unos sabores más agrios, duros y atrevidos.

Esto es como una gran montaña con más picos que valles; y ahora vamos a alcanzar uno de los primeros con la nippon burger con la cual se comienza una sucesión de poker (cuatro) de bocados de carne. Contrastes grasos y ácidos a base de cítricos, carne en su punto de jugosidad y sabor; junto con una especie de molletes chinos que son pura melosidad.

Nos mantenemos en las alturas con el Shao Lom Pao. Se trata de una especie de raviolis rellenos de sopa y carne. Explosivo” y delicado.

Seguimos con la papada de cerdo ibérico a la cantonesa. Cuando me llegó, la comenté “ te estábamos esperando”, ya que durante toda la noche habíamos visto como se mantenía en calor. Corte de cirujano para un bocado que a la vez resulta fino y graso.

Y acabamos los 19 bocados, con uno gulesco, en concreto un tuétano teriyaki con katsuobushi. Contraste entre la carne y la grasa con el pescado seco que des mi perspectiva aporta cierto contenido salino.

Llegados a estas alturas, la verdad es que uno está casi ko. No solamente se trata de lo ingerido, sino del ritmo, ya que entre plato y plato no hay relax ni descanso. Nos enfrentamos a los postres como el púgil que está punto de caer, pero todavía aguanto los últimos golpes que ya tienen menos fuerza. En primer lugar, un dorayaki de yuzu, un bizcocho muy esponjoso y ligero que apenas golpea. A continuación un anindoufu (flan de almendra amarga) que viene acompañado con piedras secas de almendra. Y para finalizar un ningyo yaki de chocolate , un buñuelo ligero de chocolate que es como un beso cariñoso de buenas noches. Un toque final dulce que es una declaración de intenciones actuando como cierre y broche.

Dos Palillos no solo es una experiencia gastronómica. También una pequeña provocación con un milimetrado performance. Se pueden hacer las cosas diferentes para alcanzar un mismo resultado. Dos Palillos con su estrella también es un fiel reflejo de la flexibilidad de la Guía Michelin, que pone preponderancia en aquello que llega al plato. La experiencia es el recorrido.

Para el post completo, http://www.complicidadgastronomica.es/2013/03/dos-palillos-donde-vuelan-los-platillos/

Siendo un admirador del Bulli y por lo tanto de Raurich, debo decir que me esperaba mas de este restaurante. Elegí el gran menú degustación, compuesto por doce platos, en su mayoria japoneses, alguno hubo de fusion japo-mediterranea. Todos ellos era muy buenos, y dificultosos. Fue un placer poder conversar con Albert.
Y por ultimo subrallar su elevado precio, ya que todavía no ostentan estrella Michellin.
P.D.: Me hizo gracia, que uno mismo se acaba haciendo el sushi.... Te dan los ingredientes, y te lo montan como un juego.

Con el paso de los años la capacidad para sorprendernos corre el riesgo de ir oxidándose. A medida que acumulamos vida y experiencias vamos también perdiendo la inocencia y esa predisposición a ilusionarnos. O quizás sea que dejamos de buscar nuevos desafíos… Esto ocurre también en el plano gastronómico, sí, donde es tan fácil ir a lo seguro y caemos a menudo en sabores rutinarios. Por eso a veces conviene prestarse a unas cuantas sacudidas que nos despierten y nos inviten a recorrer sendas gustativas alternativas. En tal caso, no es mala idea acercarse a dos palillos.

El motivo: porque es uno de esos lugares donde nos ayudan a recuperar la emoción, afilar la curiosidad y espabilar las a veces adormiladas papilas gustativas, aunque sea a base de embestidas no siempre acertadas. Y así hicimos. Sentados en su barra asiática nos sentíamos ante un cuadrilátero de excepción para asistir al entrenamiento de fórmulas elaboradas en directo. La hiperactividad de la cocina es contagiosa. Idas y venidas, aromas, cruces de miradas, manipulación de materias y materiales, despliegue técnico… Todo dentro de una atmósfera desenfadada donde el caos se hace orden. Mientras la magia se pasea por el ring, arena de ajetreados cocineros, uno siente de nuevo sus pupilas dilatar y el pulso acelerado. Se palpa la emoción de una gran noche.

La Fritura de boquerones con polvo de especias abre boca desde la seguridad de lo autóctono elaborado con brillantez. A partir de ahí se precipitará una abrumadora lluvia de impactos. A veces el ritmo es tan acelerado que nos invade la sensación de no poder asimilar sabores, casi ni digerir. La avalancha de platos es despiadada y uno anhela un tiempo muerto. Pero no hay compasión para los sparrings, que (¡sorpresa!) somos nosotros mismos. Pim-pam-pum. Los cocineros entrenan sus habilidades sobre el comensal con un desparpajo admirable y una cortesía informal sin las cuales el espectáculo se vendría abajo.

El Rollo de gambas rebozadas, envuelto en pasta de arroz y rúcula, es otro buen bocado, así como el Arenque fileteado, servido con un polvo de algas que se deshace al paladear. Albert Raurich nos indica cómo degustarlas, y con ello el primer asalto llega a su fin. Respiramos.

Pero de nuevo suena la campana y vuelven a la carga con su Onsen tamago para dar un empujón al menú, que empieza definitivamente a perfilarse y tomar cuerpo. Huevo cocido a 63 grados (siguiendo la tradición nipona de portar un huevo a las termas), viene servido en bol flotando en un caldo buenísimo.

Así continúa la sucesión de sabores, imparable, tanto como la inevitable avalancha de sensaciones que va provocando a su paso. El Tempura de tomates cherry es un golpe de frescor que aporta nuevos bríos para continuar la noche, mientras que el Temaki de toro de atún con nori que viene a continuación es otro exponente de la buena calidad de las materias primas, canto a la lejana e inevitable conexión Cádiz-Japón.

Después aparece su Tataki de pollo de corral, o “Lección sobre cómo amar el pollo crudo”. La cosa tiene su punto masoquista parece, tras la pícara advertencia de nuestro cocinero. “Hay gente que no puede con ello”, advierte, pero en nuestro caso la grima queda rápidamente superada. Aderezado con sal y acompañado de wasabi, fue un directo genial que dio paso a unos Chipirones salteados no tan suculentos como se nos antojaba.

En cambio el Sunomono de algas frescas y moluscos sí fue otro bocado que no olvidaremos, más por exquisitez estética que gustativa. Resultó imposible de entrada no caer rendidos ante el sugestivo paisajismo de algas y bivalvos que nos plantaron delante. No obstante el jardincito marino en cuestión se revela, esta vez sí, como un desafío demasiado complicado al paladar, con un paleta de sabores a los que no estamos en absoluto habituados y que no acabaremos de encajar.

Pero si el gancho falla, atacan con un crochet. Los Dumplings de gambitas y panceta son el súmmum del binomio “ibéricoriental”. Una delicia demasiado breve que nos dejó con ganas de más.

A continuación llegó un plato de gran originalidad y curiosa presentación. Se trata de una Sopa de verduras, que resultó ser un bálsamo aromático y sabrosísimo, elaborado y servido en bolsa de film transparente Carta Fata.

Sin embargo la Japo burger con la que encaramos el último tramo de combate no deja de ser un ejercicio orientalizante y facilón de materia (carne de wagyu, jenjibre, pepino) y formato que nos resultó totalmente prescindible. Fue en cambio la intensa Papada de cerdo ibérico a la cantonesa, de cocción lentísima según comentaban, lo que nos dejó definitivamente noqueados por su sabrosa pesadez. Inesperado cruzado final y estamos contra las cuerdas. De este aturdimiento ya no nos recuperamos a lo largo de unos postres que flojean y que sólo le otorgarán a dos palillos una definitiva victoria por K.O. técnico. Una lástima que el ultimo punch no tuviera la potencia suficiente para cerrar como se merecía una noche de sorpresas e impactos, con varios rounds para el recuerdo.

Demostrado quedó que no hay nada como unos buenos sopapos gustativos para despertar la ilusión y avivar el espíritu. Ni tampoco unos sopapos verbales, por cierto, vienen mal en los tiempos actuales para abrirnos los ojos y dejar las cosas claras, si es que no lo estaban suficientemente. Grande Arguiñano esta semana, enorme. Menos mal que nos quedan cocineros aguerridos.

Estuvimos en el bar, no en el restaurante porque no teníamos reserva. Resulta curiosa la barra, antigua, de los bares de siempre, y el contraste con la comida.
Probamos varias tapas: Wok de verduritas tiernas, papada de cerdo ibérico a la cantonesa, won ton frito de carne, temaki de toro de atún con nori, japoburguer, medusa,(y alguna más que ahora no recuerdo) no necesariamente en ese orden.
Todas estaban muy buenas. El nivel es increíble. Los camareros, muy agradables y atentos.
Bebimos un vino blanco chileno que no desentonaba con la comida, aunque con la papada pedimos un palo cortado (por aquello de la aventura del combinar comida y bebida).
En general he de decir que la experiencia fue buena y agradable, y sin embargo, me quedé insatisfecho, con la sensación de que podía haber sido algo más intenso. Quizás solos ea que deberíamos haber reservado emsa en el restaruante y haber probado el menú degustación. Ya digo que es solo una impresión, que el tono general en todo momento fue de claidad y profesionalidad. Supongo que lo que debo hacer es repetir esta vez en el restaurante.

Fuimos a este magnífico restaurant el pasado sábado y a pesar de que a nivel particular teníamos buenas recomendaciones, algún post de esta misma página nos había generado dudas.

No consigo entender alguno de los comentarios anteriores al estilo de taburetes incómodos o demasiado altos. En mi caso (1,76m de altura i 60a i poco “atleta”) no noté ninguna inconveniente ni incomodidad. Al contrario….

El trato de los cocineros-camareros muy agradable y próximo y el público agradable y entregado. Sí que siempre hay quien da la nota… Este sábado había unos clientes “habituales” (estas parejas con años de convivencia que en el fondo se odian) que estaban más preocupados por intentar explicar que habían llegado de vacaciones de Mikonos a la propietaria, que no en comer… Pero forman parte de un tipo de fauna que encuentras en cualquier sitio.

Sólo un "pero" entré ... y es que inicialmente nos atendió una maître (?) Con la que de entrada inicié uno de mis típicos "desafíos ".... ;). Primero idiomático (yo en catalán) y a continuación en cuanto a que elegir ... Muy raro todo ... Yo quería elegir un menú degustación y ella me decía que siendo el primer día que íbamos mejor nos ayudara ella a elegir platos de la carta ... (¿¿?¿). Precisamente tengo entendido que los menús degustación son precisamente para ayudar a descubrir un restaurante....

En fin... que "yo a lo mio" ... Es decir menú degustación “sí o sí”. Supongo que debe tratarse de este moda de personal no demasiado dotados intelectualmente (hasta aquí nada que objetar), pero que piensan que los demás son aún menos dotados que ellos... O tal vez tenía miedo de que el primer plato le dijéramos "oigggggg .... Que esto esta crudoooo .... ". Afortunadamente la "desafortunada maître" ya no apareció más en toda la comida... Igual se traumatizó.. :).

Comentado este "pero", que no deja de ser una anécdota, decir que el menú nos encantó y la atención del resto del personal también. Ofrecían dos menús y tomamos el “Menú un palillo” (en mi bloc hay la fotografía con el listado que ofrecen y también de algunos platos). Su precio son 45 €. Y existe además de carta, un menú superior con más platos (Menú dos palillos).

Nos encantó ... Quizás unos platos más que otros, pero todos eran de gran nivel y una vez terminado el menú, pedimos un par de cosas más antes de los postres y una de ellas era el pollo crudo (sashimi) que nos entró por los ojos de verlo servir en la barra.

Los platos se elaboran delante del cliente y los mismos cocineros les sirven en la barra. Alguno de los platos variaron respecto al menú que se puede leer, pero no teníamos ningún problema y algún plato se nos olvidamos de fotografiarlo... :(.

Como vinos tomamos un Gewurztraminer i alguna copa adicional cuando se terminó. En resumen un lugar recomendable.

Ricard Sampere
www.restaurantscat.cat

Perdonad que empiece por mi valoración personal, que es aceptable.
En las diversas ocasiones que acudido a este restaurante, el resultado ha sido satisfactorio, ni más, ni menos.

Me agrada mucho el ambiente, distribución y decoración, incluso la música del local. Me encuentro cómodo y disfruto de la compañía, y la comida, que si no es emocionante, es buena para mi gusto.
Del menú largo, lo mentado, de mas de 10 platos, me hicieron vibrar, el wok de verduras, los hand rolls de ventresca de atún y una estupenda papada de cerdo de cocción ultra-lenta sobre brasa (+ de 16H, realmente buena.

La carta de vinos, bueno, se salvan algunas referencias interesantes para los que nos gusta probar cosas de fuera. El servicio, empezó correcto y acabo un poco anárquico... Pero yo soy de los que no le importa servirse el vino uno mismo....

Uno de los puntos fuertes del local era la coreografía de cocineros y camareros en el interior de la barra. La simpatía de estos y el servicio y eficiencia en la explicación de los platos. La extremada y necesaria limpieza de una cocina a la vista de los clientes, etc.

Pues bién, esto tan importante para el devenir de este restaurante se ha tornado irregular. No es tan limpio... Algunos [email protected] no eran todo lo eficientes y simpáticos que si son otros. No se ven la buenas caras que habían antes... Dangerous.. no sé el motivo, pero solo hay unos pocos....

Total que como se despisten un poco con esto, lo que era bueno/suficiente dejara de serlo.

Fui con mi madre a cenar ayer por la noche. Al volver a casa, ella se comió una tostada con jamón, y yo dos yogures.
Me temía que fuera más un ejercicio de marketing que de restauración, un local de esos en los que pagas el gran caché diseñador en la cuenta....Y así fue.
A mi el tema de decorar el local como un bar antiguo me gustaba, y la verdad es que está conseguido. Los problemas empezaron al subirnos al taburete, que, según nos contaron, son así de altos porque la barra estaba pensada para comer de pie. Primer síntoma de que no tiene las tablas de un bar antiguo...

Después, el tema comida, veo para mi sorpresa que la carta es muy parecida a la de otro restaurante barcelonés de tapas asiáticas que está muy bien, pero el doble de caro, y pienso que, o están muy muy buenas, o el precio es injustificado. La primera, una ostra con sake o algo así que toma mi madre, dice que muy buena. Lástima que aún no nos hayan puesto las dos copas de vino blanco que hemos pedido hace diez minutos. Las demás tapas, sólo pedimos dos porque empezamos a desconfiar del tema, buenas, pero sin más. Y con un cuarto de hora de espera entre la segunda y la tercera...Raciones muy pequeñas, y en la cuenta se confunden y nos cobran un plato de más. Muchos de los platos de la carta no estaban, y me da la impresión que los guardan para los posibles menús degustación que se tomen en la sala. Entonces, ¿para qué los ponen en la carta de la barra, si piensan que no somos merecedores de ellos?

Sin que nosotros demos pie a ello, la camarera se disculpa cuando nos vamos: que si es cambio de turno, que si era tarde, que si tal, que si cual...Y durante la cena, el chef que según creo ha trabajado siete años con Adriá pero tiene que recurrir a Asia para abrir un restaurante, echa la bronca dos veces a las camareras, en una actitud bastante prepotente, que da una impresión de divismo total, y que acrecienta la sensación de que a este señor el confort de la clientela le da igual, y que tiene otras motivaciones....

Hay otros restaurantes en la ciudad que ofrecen comida de este tipo, mejor, a mejor precio, y, desde luego, tratando mejor al personal detrás y delante de la barra, así que alguien me explique las ventajas de este local...

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