Restaurante Jose María en Segovia
  

Restaurante Jose María

69
Datos de Jose María
Precio Medio:
50 €
Valoración Media:
6.5 10
Servicio del vino:
6.0 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
6.3 10
Calidad-precio:
6.5 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Tradicional, Castellana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante Jose María Los judiones del Real Sitio acompañados con las delicias del gorrino Jose María La sopa castellana Jose María en Segovia Cochinillo de Segovia Restaurante en Segovia Cortando el cochinillo Restaurante Jose María Jose María Jose María en Segovia Ponche Segoviano Restaurante en Segovia Cochinillo Asado Restaurante Jose María Ensalada del Tiempo

69 Opiniones de Jose María

Despues de estar esperando 1hora y 15minutos,tuvimos que marchar despues de estar aguantando pisotones y empujones de la gente que tambien estaba esperando,el personaje de la entrada nos comento que nos llamaría por teléfono cuando nos tocara,todavia sigo esperando,llame para interesarme por la mesa y me comentan que me llamaron dos veces,mi registro de llamadas está a disposición de quien quiera verlo,yo en mi tiempo allí esperando(que fue 1h15m no vi a nadie llamar por teléfono)
Sólo un restaurante de medio pelo hace esa jugada,la suerte es que no pedi la hoja de reclamaciones y que el encargado me atendiera,porque tuve que llevar a mi madre(75años)a urgencias con un golpe de calor y de nervios del disgusto y de la mala educacion de los camareros
No volvere.....

Tras la cena del dia anterior de cochinillo en Cándido y la comida del día de lechazo al horno, como si no hubiera mañana, en las bodegas de Duron, llegada la noche y la cena, decidimos hacerla compartida al centro de una bien montada mesa cuadrada para 8 y aunque algo apretados, nos permitió la mayor interrelación entre los asistentes. Buscamos más cenar de raciones compartidas que disfrutar las especialidades de la casa tales como el cochinillo con marca de orígen o el corderillo lechal asado al horno.

El local tenía el comedor del sótano cerrado ¿? cosa que nunca había visto en visitas anteriores, mientras que el resto del local estaba lleno. Mantiene un servicio en sala muy profesional, muy eficiente y experimentado.  Todo lo demás sigue igual de bien: mesas, mantel, copas, etc.. Como opción de vino nos dieron el "vino de la casa", una magnum de Pago de Carraovejas tinto de autor 2015 (ni se preguntó otras opciones) más las botellas de agua consiguientes y las cervezas previas de rigor. El servicio de vino ni se dió a catar de inicio, luego tuvo reposiciones frecuentes.

Mientras llega la comanda, un buen pan loncheado de hogaza de masa madre y un aceite Lectus de arbequina hacen compañía a los primeros tragos de ese vino tan especial. Lo encargado a cocina:

. torreznillos del alma (14 €) bien churruscados: buenas piezas en la ración pero que no cuadra con el número de comensales teniendo que hacer cálculos del máximo común divisor para no equivocar el reparto. Algo menos crujientes y con más grasa que proteina.

. mollejillas de cordero lechal (22 €) a la plancha salteadas con ajos tiernos y setas: sabrosas y jugosas, bien integrados todos los elementos. Amplia ración.

. setas de temporada (fuera de carta): varias clases, corta ración, y no encontré la anunciada amanita cesárea. Bien de plancha.

. los judiones del Real Sitio (11.50 €) con todos su acompañamiento: tan difícil de compartir por ser plato de cuchara como por la calidad de la misma que invita más a repetir que a compartir.

. ensalada mixta (9,50 €) con lechuga, pepino, granada, bonito, huevo duro y tomate de "El Cercao": cumple sin más.

. morcilla segoviana casera (9 €) solo frita: sabrosa y nada diferenciable de la de Burgos. Cumple bien.

Para los postres algunos nos decantamos por postre líquido como Verdling de Ossian (4 €) mucho menos dulce de lo esperado y otro por un muy buen gewürztraminer eisswine (11.50€) que gustó más y que lamento no recordar. Otros optaron por compartir postres al uso, siendo destacables los sabores de los helados de casi todos ellos y como conjunto, el choco negro (7 €) con núcleo de naranja y espejo de caramelo. Recomendable.

Algunos cafés e infusiones finales dieron paso a que los valientes remataran más tarde y en otros locales con unas copas en la madrugada. Comprobamos que había vida más allá de los asados al horno.

No estaba D. José María, quizás andaba recogiendo el reciente premio Nacional de Hostelería. Bien merecido.

Segunda visita a esta casa de cochinillos, sin querer ofender, todo lo contrario, y de milagro, ya que el domingo, después del fin de semana de la quedada de los Restauranteros, el amigo Mario y un servidor no teníamos el tren hasta las 16:35, y la verdad después de los días pasados, no pensaba yo que acabaríamos comiendo cochinillo, pero como irnos de Segovia, así, que semos de Bilbao, coño¡¡.

Nos levantamos tarde, sin hambre, y decidimos ir a ver el acueducto y el alcázar, yo ya conocía Segovia, pero Mario no, y casi nos vamos sin ver nada, cosas del finde gastronomico.

Antes pasamos por el Jose Maria, tenían todo reservado, pero abren el comedor grande a la una, sin reservas y hasta que se llene, nos dijeron que sin problemas, joder, sin problemas, llegamos a y cinco y todo pillado, local hasta la cartola.

Como la persona que se encarga de las reservas, es la que nos atendió, cuando nos dijo, que quizás a las dos, le volvimos a contar que teníamos el tren, y si nos comprometíamos a dejar la mesa a las dos y media, hora a la que estaba reservada, nos dejaba entrar, así que por supuesto no le iba a dejar con el antojo a Mario.

Cumplimos por supuesto, eso si, fuimos al grano, no pedimos el menú degustación, una ensalada, con huevo, ventresca, tomate, bien surtida y que casi dejamos entera, 8,63€+iva.

Dos raciones de cochinillo, a 23,63+iva, con su jugo, muy ricas, yo me quede con la zona de las costillitas, mantequilla, y la zona de cabeza y muslo, de Mario, también estaba deliciosa, bien, como tiene que ser, un lechón joven y bien asado, tampoco es difícil, cuando el producto es bueno y se tiene mas que cogido el tranquillo a la elaboración, pero yo prefiero asegurar y comerlo aquí.

Quedaba sitio y tiempo para compartir un par de postres , una tarta de queso , una rica Mouse de quesos castellanos , con helado , no me acuerdo de que , y un tiramisu con helado de moka , 5,45€ + iva , cada uno , ricos y elaboración moderna , ver fotos .

Una copita de PX Osborne 1827 a 3,41+iva y un blanco dulce de ossian, Verdling, que la verdad es mas para un aperitivo, que para un dulce, bueno, para nuestro gusto, que en realidad es vino dulce.

Nos sobro tiempo, servicio profesional, de los de antes, bien organizado y muchos, madre mia el fin de semana la que se monta, hasta las cartolas, 106,17 € los dos, aaaa, con una botella de Carraovejas de autor, yo pensé que era un roble , pero no , son doce mese en barrica de tercer uso , por lo que no tiene tanta madera como el crianza , me gusta mas , pues eso , después de agradecer el detalle de darnos mesa , nos acercamos hasta Juan bravo a tomar un gin , estaba la plaza mayor animada , música country y bazucada y dimos por acabado el finde gastronomico .

Comida familiar y esas cosas. Vamos a José María que les resulta un lugar agradable en el que refugiarse en esto del comer.

En la miríada de estancias de las que consta el lugar nos toca, esta vez, en una de las nuevas. Oye, pues a mi me gusta más que las clásicas. Ya sé (y ya me percaté) que las huestes turísticas gustan más del clásico tipismo y del ostión al tostón con el canto del plato. Hay gente pa'tó.

Servicio eficaz y solvente; Clásico y tradicional. Si bien, y desde mi punto de vista, en la sana intención de doblar meses corren un poco más de lo adecuado y conlleva algunos errores. Nada grave y subsanable, pero mejoraría todo mucho con un poco más de pausa en todos los órdenes del servicio. Doblar mesas mola. Que el cliente esté más contento, mola más.

Nada más sentarte te ponen un plato de aperitivo con una crema de queso y unas tostadas para ir haciendo un poco de gimnasia y magnesia con el juego de muñeca.

Raciones generosas. Notablemente generosas. Platos redondos de un tamaño más que notable. Cuentan que la ensalada de endibias con salsa de crema de queso muy bien y los trigueros (que son sencillamente verdes, no nos liemos) también bien. Por mi parte, muy rico el asunto de las alcachofas y cardos con almendra. Sigue el asunto con un, según me cuentan, muy rico bacalao en falso alioli (que ante las dudas que surgen pruebo y es una crema con azafrán según mi bioimplante sensitivo de sabores). El entrecot cuentan que muy bien. Algo peor el chuletón de buey (que presumo sería de gentil ternera). La proporción grasa, hueso y carne va en ese orden decreciente. Demasiada grasa, desde mi punto de vista, y al final lo que menos había era carne. Mi perdíz en escabeche ooooye, muy rica.

De vino poco, que había que conducir. Pregunto por vino por copas de Rueda y me indican que sólo tienen Quintaluna. De modo que una copa bebí. Razonable.

Infusión y cafés y ale, recogiendo el campamento.

Escapada a Segovia con el propósito de comer en Jose María pra celebar mi cumple.
Objetivo cumplido... y satisfactoriamente. Por supuesto, paseo previo por la ciudad y firme propósito de ir a pasar un fin de semana más pronto que tarde (ya se sabe que, lo que tenemos cerca, muchas veces lo pasamos por alto).

En cuanto a la comida en si, habíamos reservado con tiempo y nos acomodaron en un salón moderno al que accedimos cruzando el bar, el mesón clásico y haciendo una pequeña excursión por las instalaciones. Decoración moderna que nada tiene que ver con el mesón castellano por el que se accede.

Mientras ojeábamos y hojeábamos la carta no sirvieon un paté de cochinillo como detalle de la casa. Muy cremoso y de buen sabor.
Escogimos un menú degustación que, al final, nos hizo pedir clemencia...

Empezamos con una ensalada de pavo con granada, canónigos... rica ciertamente.
Sigue la cosa con una degustación de judiones de La Granja. Excelentes. Grandes, tiernos, potentes de sabor, bien acompañados por su choricillo, su morcilla, sus... ¿callos? Pues sí... había unos pequeños trocitos de callos. Estupendos los judiones.
El tercer paso fue un salteado de setas ariadas al ajillo, correctas. Estaban muy bien hechas y cumplieron su objetivo de limpiar la boca de las sensaciones de los judiones.
A continunación un volauvent (o como se escriba) de salmón, con una muy ligera y agradable velouté. El hojaldre en su punto y sin reblandecerse, a pesar de la velouté que salseaba el plato. Salmón en su punto.
Llegados a este punto empezamos a pensar que, como comida, ya estaba bien. A partir de aquí... gula. Pero claro... faltaba la estrella de la casa. Su Majestad el Cochinillo hace acto de presencia. Nada que decir. No es mi asado predilecto (mi orden es, sin duda, cabrito, luego cordero y finalemtne cochinillo). Pero estaba perfecto. No había nada que objetarle. Carne tierna que se desacía, jugo sabrosísimo para mojar sin parar... o tomar a cucharadas... Y qué decir de la piel, dorada, crujiente, perfecta. El cochinillo, soberbio.
Pues aquí no acaba la cosa... falta el postre... tambien incluido en la degustación. Ponche segoviano (no podía ser de otro modo) con helado de turrón. Contundencia. En consonancia con lo que había ido apareciendo por la mesa hasta ese momento.
No tomamos café... no había sitio...
Para beber, obviamente, Pago de Carraovejas tinto de autor 2013. Incluido también en el precio del menú degustación.

En resumen... Homenaje prenavideño por 49 euros por persona (incluye todo... hasta el vino). Volveré sin duda pero... no creo que elija el menú degustación. Me pareció demasiado abudante (o me hago viejo y cada vez como menos, o realmente es mucha traca). El precio, por lo que comimos, muy muy bueno.

Más que recomendable.

Pues ya ha pasado un año y nueva reunión de grupo en la misma localización y ambiente. No hay cambios que reseñar pues se mantiene bien lo que funciona y no hay cambios ni en el local ni el tipo de cocina ni en los camareros que siguen siendo gente con espolones y que son capaces de ventilarse la cena de un grupo amplio en menos de dos horas, lo cual se agradece.

Entrantes de temporada:
. croqueta casera de jamón con cristal de fremolacha: un par por persona (se puede repetir aunque supongo de algun comensal que no vino); buen sabor, buen tamaño, correcto rebozado y frito.
. tentempié tradicional segoviano con patata neuvas y láminas de bacalao: mucho nombre, poca ración en general y menosde bacalao (luego al final de la cena se agradeció), cocina muy casera bien resuelta.
. espárragos verdes a la plancha con salmon curado, calabacín y sal Maldon. Los espárragos para comerse una docena, simplemento perfectos, grandes, carnosos, nada fibrosos, punto de plancha perfecto.

Plato principal:
. ensalada de "la Princesa" con pimientos asados, aguacate, nueces y queso de rulo: plato de relleno, sin nada destacable.
. cochinillo asado de nuetsra corte y hornada (DO Cochinillo de Segovia): perfecto. Piel de cristal, buienas raciones, carne jugosa, punto de horno perfecto (ninguna parte cruda ni seca). Es verdad que la parafernalia del ritual del plato para separar las raciones y demostrar lo tierno que está, forma parte del espectáculo que se puede considerar una turistada pero comparable a sacar la paella a la mesa y luego servirla en raciones. Don Jose María lo disfruta y nos lo transmite, al igual que luego pasa por las mesas preguntando como va la cena. Yo lo prefiero a que las raciones de paella y de cochinillo vengan ya emplatadas de cocina. Al menos así sé que esa paella y ese cochinillo es el mío.

Postre: homenaje aromatizado al espliego. De nuevo puesta en escena de la aromatización quemando ramas de espliego.
El plato que lleva un poco de todo: helado de turrón, chocolate negro (denso y profundo de sabor). Muy buenos elementos aunque con emplatado mejorable.

Para beber, por supuesto vinos de José María:
. blanco Ossian Quintaluna 2014: un verdejo de los buenas. Esta bodega no es que pertenezca a la bodega del dueño, es que comercializan juntos.
. Pago de Carraovejas tinto de autor 2013. El vino de la casa y que solo aquí lo tomas o lo oompras (si hay excedente). Este año aun le falta un poco en botella para acabar de ensamblarse.
El servicio de vino sin restricciones aunque solo la primera entrega se hace por los camareros y luego botellas al centro de la mesa.
. agua Solan de Cabres
. cafés e infusiones
. chupitos de destilados, con profusión e insistencia y múltiples opciones. Para mi gusto el Ruavieja de café, de lo mejor.

Desconozco el precio final pactado, pero una cena de grupo en la que comes como si fueras individualmente a cenar. Muy de agradecer.

Después de haber comido en otras ocasiones en el Mesón de Cándido y en El Bernardino y habiendo leído las excelentes críticas vertidas por la gran mayoría de sus visitantes sobre este restaurante, decidimos probar para ver qué tal… y la experiencia se puede calificar como absoluta decepción.

En primer lugar, no encontraban la reserva hecha hacía cuatro días y, tras un tiempo de incertidumbre, nos instalaron en una mesa, no sin alguna que otra reticencia (incomprensible).

El local, mesón del montón, nada que ver con el encanto del Cándido (con sus habitaciones, sus vistas al acueducto, el servicio del cochinillo,…).

El servicio atropellado, a un ritmo vertiginoso, más propio de un bar de carretera. Diferencia de trato, enseñando el cochinillo antes de cortarlo a unas mesas si y a otras no (a la nuestra no), lo mismo que el dueño (con medallas incluidas), acercándose a las mesas que él creía conveniente (en este caso, a la nuestra si y a otras no).

En cuanto a la comida, ni aun suponiendo que fuera un mal día, no tiene ninguna justificación:

Entrantes:

- Los judiones del Real Sitio acompañados con las delicias del gorrino: lo único que realmente valió la pena de la comida. Muy buenos.
- La sopa castellana «clásica» con pan de candeal y reposada en cazuela: sosísima y totalmente insípida, parecía pan mojado en agua.

Plato principal:

- Denominación Marca de Garantía «Cochinillo de Segovia»: siendo su plato referente, nos defraudó hasta límites insospechados. Sin sabor, corteza correosa, nada crujiente (hasta el punto de tener que dejarla), carne reseca, presentación totalmente descuidada (casi por fuera del plato y no por las dimensiones). Inaceptable.

Postre:

- Nuestra tarta «Ponche segoviano» con crema de vainilla y helado de turrón: de los peores ponches segovianos que hemos probado.

El precio, junto con pan (2,8 €), 2 cervezas (4,8 €), agua (2,4 €) y 1 café (1,8 €): 88 €.

En definitiva, restaurante muy, muy por debajo de nuestras expectativas, dejándonos una sensación de fraude total. Sintiéndolo mucho, para no volver.
Así, de los visitados hasta ahora, nos quedamos con la puesta en escena y la situación del Cándido (y cochinillo bueno, al menos mucho mejor que en este) y el Cochinillo/ Cordero de El Bernardino.

Ahorraré los comentarios generales del lugar y solo añadiré que esta vez el grupo ocupó toca la parte baja de la bodega (unos 90) y aún quedamos casi 20 para irnos al lateral que hay antes de bajar por la escalera donde está el santuario (grandes y viejos vinos). Esta zona tiene una decoración diferente, de aspecto moderno, bien equipada como todo el comedor y que tuvimos a nuestro lado un buen servicio. No se olvidó el jefe de pasar a la demostración del ritual del cochinillo y ahora entiendo más que los platos de la vajilla no sean de Sevres porque se oían caer al suelo (tras el ritual de cortar con ellos el cochinillo) como si fuera una mascletá.

Como eramos grupo de final de evento pues estaba ya todo pactado. La ventaja aquí es que el vino de la casa es muy superior al vino de la carta pactado en otros sitios. Al final no pude resistir y aprovechando que volvía en tren, compré una cajita de tres y no fuí el único. Pasando por los comedores estaba lleno como siempre (aparte de nosotros).

Entrantes al centro y en amplias raciones: ensalada de "La Princesa" con pimientos asados, aguacates y queso de rulo. Buena cantidad y de agradecer que no todo sea verde, más que nada por no quitarle la comida al que viene detrás, el cochinillo.
Jamón y lomo ibérico con pan de llanera al oliva Virgen. Muy bueno el pan y el jamón, el lomo estaba cortado demasiado fino y quedaba poco sabroso, y eso que no era por falta de cantidad.
Cigarrillos crujientes de morcilla segoviana en pasta break. Un canutillo de la consabida pasta que estaba bien crujiente y un relleno de morcilla que no descubrí si lo de segoviana era por estar comprada allí porque tenía algún ingrediente especial. Buen conjunto.
Tentempié tradicional segoviano con patatas y lomo curado de olla. Un plato con mucho fondo y sabor pero bastante desestructurado.

Como primero: Crema de cangrejos y gambas con brotes de verduras tiernas. Simplemente correcto.

Como principal: cochinillo asado de nuestra corte y hornada (D. Marca garantía: cochinillo de Segovia). Extraordinario. Aparte de la presentación, la calidad de la carne, el punto de cocción, el caldito acompañante, la piel de cristal... repito, extraordinario.

Postre: homenaje aromatizado al espliego. Más aparatoso que convincente. Hubiera preferido el ponche de otras veces, pero para cenar ya íbamos bien.

En la bodega: pues si antes había Pago de Carraovejas tinto de autor 2011, ahora se ha unido desde hace poco, la comercialización conjunta con Ossian, teniendo Quintaluna como blanco de la casa. Ya no sé si me gusta más ir a comer o ir a beber los vinos de la casa.

Unos cafés e infusiones, más el agua correspondiente durante la comida completaron la fiesta. Además una invitación a chupito y elegí patxaran que estaba bueno (ventajas de volver en bus). Desconozco el precio por no estar en la organización.
Al final el dueño se volvió a pasar porque me pilló un twitter con la foto y el comentario positivo de los dos vinos y se acercó a agradecerlo. ¡¡Por Dios qué miedo me da ésto!!

Estaba previsto visitar Segovia el Viernes Santo y en esas fechas tan señaladas ya se sabe que corre uno el riesgo de quedarse sin mesa a no ser que se espabile y haga su reserva correspondiente. Más aún tratándose de un grupo de nueve personas y una ciudad plagada de visitantes como la bonita villa de Segovia. Como también apetecía darse un pequeño homenaje y huyendo de cocina moderna y el riesgo de fallar decidimos visitar esta casa atendiendo los buenos comentarios en general del local y, más concretamente, de algunos foreros conocidos que me lo aconsejaron como “apuesta segura”. Reserva realizada unos 20 días antes y nos marcaron ya la hora de llegada: 13.45 h. No sé si pretendían ofrecer un segundo turno de comidas en nuestra mesa pero, una vez allí, nadie nos metió prisas ni atosigues. Permanecimos en el salón hasta pasadas las 17.00. Algunas de las mesas colindantes que acabaron antes sí fueron “dobladas”.

Nos reciben en la entrada y lo primero que llama la atención es la sensación de bullicio en la zona de la barra y el listado de reservas donde buscan nuestra mesa: son folios y folios de nombres lo cual nos da una idea de la capacidad del local y el volumen de trabajo que puede acumularse en un día así. Seguimos al camarero cruzando varios salones, un patio, unas escaleras… un laberinto. Todos y cuantos camareros nos cruzamos en este periplo nos saludan amablemente con una sonrisa en la boca: me gusta. Finalmente llegamos al salón del sótano donde parece ser que alojan las mesas grandes. Una preciosa mesa redonda nos espera. Estamos cómodos, anchos… Rápidamente nos atienden de manera cordial y nos traen unas cañas bien frías (el calor de fuera poco habitual en Segovia nos ha “castigado” con más de 24 grados). Elegimos el menú degustación sin pensarlo:

- Ensalada de tomate, aguacate y queso de cabra: refrescante bocado que agradecemos aunque no falto de potencia que le da la porción generosa de queso. Buen aliño con AOVE.

- Espárragos a la plancha y salmón ahumado: Sin pena ni gloria. Dos buenos productos pero sin demasiada conexión para “maridarlos” en un mismo plato.

- Salteado de setas, mollejas de cordero, riñones y gambas: Empezamos a disfrutar de lo recio de la cocina castellana. Mucho sabor, punto un pelín pasado, pero plato rico que hace el disfrute de la mesa entera.

- Judiones de la Granja: No soy comedor de judías y similares. Mea culpa. Defecto imperdonable, pero una especie de “trauma infantil” en el comedor escolar cuando era niño me impide disfrutar de ellas. Lo siento. Tomé 4 o 5 por probar y me repele su textura. Las puedo tomar con arroz, pero no solas. Sí di buena cuenta del fondo que las acompañaba que estaba muy muy rico: denso, sabroso….

- Cochinillo: Se presenta entero a la mesa y se parte con un plato antes de servirlo. No puedo compararlo con muchos otros pues lo he probado en contadas ocasiones. Estaba rico, especialmente la piel crujiente.

- Ponche segoviano con helado de turrón: Buen bocado dulce para acabar dignamente esta comida copiosa.

Tomamos varias (muchas) botellas de Pago de Carraovejas que se ofrece incluido en el menú, agua abundante, refrescos, cafés, licores finales… Muy grata sorpresa con la cuenta final: 46 €, el precio del menú degustación, ni extras de pan y servicio, ni cervezas y refrescos, ni “cafeses”, ni orujos, ni IVAs ni po… Olé! Honradez.

No puntuaré el servicio del vino porqué ni ojeé la carta ni sé como se lo manejan. Sí que es admirable que se sirva el vino “de la casa” sin limitaciones ni escatimar. Puntuaré el entorno mejor de lo habitual pues aunque el comedor no reúne elementos decorativos destacables ni vistas maravillosas, ni vajillas imposibles, ni copas de calidad… la sola presencia de José Mª saludando a todas y cada una de las mesas, su simpatía y perseverancia (alguien comentó en nuestra mesa: ¿Qué coño hace este señor aquí a su edad y con lo “forrado” que debe estar?), el buen servicio y el ambiente agradable que reinaba en el salón hacen subir nota. Lo aconsejaría sin dudar a quien visite la ciudad.

Visita obligada a este restaurante que tan buena fama tiene dentro de la ciudad de Segovia por el manejo del cochinillo.
Nos decantamos por el menú degustación (y casi nos arrepentimos), hay que hacer hueco.
No hace falta detallar el vino que acompaña el menú, pues los propietarios del restaurante son los impulsores del famoso Pago de Carraovejas. Nos lo sirvieron y estuvo excelente para acompañar toda la comida.
Empezamos por un tartar de caza con una lámina de foie mi-cuit que estaba espectacular, muy buen contraste entre foie y la carne del tartar. A continuación nos sacaron también unas fabes con chorizo muy castizas y espectaculares.
El plato principal, el cochinillo estaba sublime, con una capa crujiente por la piel que aporta ese toque de plato sabroso que junto con el jugoso de la carne resultan en una combinación perfecta al paladar. Nada que opinar acerca del cochinillo, simplemente el mejor.
De postre probamos la famosa tarta de Segovia, con crema de vainilla, buena.
Sin duda un lugar para repetir.

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