Restaurante La posada de Agueda en Requena
  

Restaurante La posada de Agueda

16
Datos de La posada de Agueda
Precio Medio:
40 €
Valoración Media:
6.3 10
Servicio del vino:
5.3 10
Comida:
7.1 10
Entorno:
6.0 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 20,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante La posada de Agueda berberechos La posada de Agueda tiramisu La posada de Agueda en Requena Suquet de rape

16 Opiniones de La posada de Agueda

Nueva visita con la intención de repetir ese manjar de verdinas con langosta y pequeña decepción que pese a aviso previo, no hubo verdinas, aunque sí alubia blanca.

Seis para comer en local casi al completo lo que hizo que el servicio anduviera con algunos despistes tales como reclamar carta de vinos, servidos los platos antes que los cubiertos que además no se pusieron a todos los comensales teniendo la carne poco hecha enfriándose en la mesa y más cuando se había solicitado que no se sirvieran los dos platos de carne a la vez para que no se enfriara, falta de cafés solicitados... aunque compensados con la amabilidad del personal.

Unas cervezas de barril y Alhambra sin alcohol, agua de Solan de Cabres y de vino un cava de Dominio de la Vega 2014 que se notaba algo decaído por el tiempo pasado; el servicio básico con llenado de primera copa y dejar en enfriador para autoservicio el resto del tiempo. Sobre la mesa una par de cestillos de muy buen pan y rosquilletas interesantes y algo de tomate en cuenco sobre la mesa.

Entrantes a compartir el centro:

. anchos (1 pp) sobre media loncha de tomate crudo y un detalle de cebolla y alcaparra, más para aprentar que por necesidad; tamaño medio, bien de sabor y punto de sal.

. plato de jamón ibérico cortado a mano, buen punto de curado y buen sabor.

Plato de cuchara:

. alubias con langosta: un plato con mucho fundamento (fondo) con alubias blancas que consigue trabar un poco el caldo (aunque las verdinas son otro mundo), con media langosta; a día de hoy la ración fue menor que la otra vez. Plato muy recomendable. Solo hubo una excepción de un comensal que no participó.

Principal:

. pulpo a la plancha con acelgas: guiso de una pata de pulpo con sus acelgas. Referido como bien.

. ceviche de corvina: ya a la vista destaca la presencia de cebolla que tiene demasiado predominio en el sabor; bien el ceviche y algo corta la ración de corvina.

. entrecotte de angus x 3: perfectos de punto, carne muy sabrosa, tierna; se acompañan de una curisoas mini patatas fritas y algún pimiento de padrón decorativo. Muy buena materia prima.

Postre:

. helado de café x 2: va más allá del helado que quizás le falta intensidad de sabor a café; una base de natilla y chocolate líquido complementan hasta superar al actor principal.

. yogurt: en un amplio vaso con buena presencia del yogourt y unas frutas rojas. Bonito y sabroso.

Unos cafés finales buenos sin más extras. Un lástima para los que vinieron adrede a por verdinas por primera vez y se quedaron defraudados.

 

Un local ya descrito en anteriores comentarios en cuanto a las características del local. mesas bien separadas, bien vestidas, copas correctas, sillas cómodas; nuestra mesa con vistas al campo. Servicio en sala muy amable con buena dosis profesional y también familiar especialmente por ir con cliente asíduo que previamente había encargado el plato principal y del que es ferviente seguidor.

Carta de platos con buenas opciones de cuchara, suficiente variedad de una cocina con características clásicas y de buen producto con un emplatado correcto y vajilla actual. Carta de vinos con tendencias muy clásicas, predominio de vinos locales y con precios al uso. Servicio de vino de dar a catar y primer servicio con buen cambio de copas y nos ofrecieron copas de vino para el cava sin pedirlo.

Cinco para comer y disfrutar de comida, vino y compañía. Local sin llenar. En la parte líquida arrancamos, y por invitación de un comensal cercano y conocido, con un cava Dominio de la Vega Autentic; proseguimos con un tinto y ante la ausencia del Roda anunciado en la carta, nos ofrecen Viña Tondonia 1999 advirtiendonos que no sabría su estado, y aceptamos el reto, resultando bastante envejecido al decantarlo aunque a posteriori se abrió y algo se rescató; abrió una segunda botella que aparentaba aún peor estado con un corcho demasiado embebido, que retiró totalmente; al final decidimos irnos a lo reciente y nos bebimos un Pago Carraovejas finca y bodega 2015 que aguantó ya el resto de la comida.

Previamente matamos el hambre del viaje con un buen cesto de pan y rosquilletas y un amargo e intenso aceite Oli oli, un cornicabra de primera presión en frio. Lo pedido a compartir al centro:

. jamón serrano: un buen jamón cortado a máquina

. ceviche de corvina: demasiado fuerte de vinagre y cebolla que el zumo de naranja no consiguió frenar; buena idea pero mal resuelta ya que la cebolla se qudó casi toda.

. steak tartar: bien elaborado, buena carne y bien troceada; un poco más de rock and roll hubiera aumentado su éxito

. viera asada: perfecta de punto de fuego, sabrosa, grande, buena compañia en plato individual. Recomendable.

. principal: cazuela de alubias verdinas con langosta: de lo mejor en comida en cuchara desde hace tiempo. Un fondo de base bárbaro de sabor, casi gelatinoso; unas alubias verdinas de llorar y media langosta por persona, que una vez troceada y empapada del jugo de fondo perdía su sensación de marisco seco que siempre le acompaña. Buena ración aunque a todos nos pareció un plato como para repetir por lo menos media ración. Imprescindible conocer.

. postres individuales: cada uno eligió aunque no resistimos probar de todo, que en mi caso lo pedido fue un helado de coco con salsa de mango y reducción de vino tinto. En general todos muy correctos.

Al final salió el chef Julio Ochando y debatimos unos minutos y agradecimos al chef y a la mano experta que nos guió para disfrutar del platazo de verdinas por el que vale la pena el desvío. Unos buenos cafés para la vuelta a casa.

Requena es un sitio donde me gustaría vivir, al menos eso creo. Esto me ha llevado a visitarlo en numerosas ocasiones. Es grande, pero huele a pueblo. Y sus alrededores, a meseta.

Gastronómicamente es sencilla, pero contundente. Embutido a la brasa, o en orza, junto a su arriero, han sido platos recurrentes una y otra vez. De hecho, cuando me he salido de ellos, es cuando he visto alguna carencia.

No iba a ser una excepción esta vez, solo que quería comprobar que hay otro sitio que por la información llegada de hace tiempo le daba un plus a esa tradición.

El local tiene cierta distinción respecto a los demás. No es rústico. Su decoración está cuidada y mezcla clasicismo con otros elementos modernos que lo suavizan y actualizan.

La recepción por parte del personal es correcta, seria, atenta... siendo más campechano el trato del señor que toma la comanda. A todas luces parece el dueño.

Mesas bien vestidas. Copas decentes que pueden ser sustituidas si lo solicitas por un par de formatos a elegir, siendo unas Schott altas las elegidas.

La carta es un folio impreso que figura en la mesa por cada comensal. Nada que objetar a esto. Si, podría ser una cartulina más pequeña y tal, pero lo hace cómodo igualmente.

Los vinos sí vienen en una carta más convencional. No son muchas las referencias, pero hay una representación suficiente. Sin embargo, cuando te fallan un par de referencias es cuando echas en falta realmente un mayor número de las mismas.

Acabamos por pedir un Las Ocho 2010 de Chozas Carrascal. Previamente, se pidieron un par de refrescos y un agua grande, a lo que añadieron unos snacks (rosquilletas de sésamo, papas y aceitunas chafadas), amén del servicio de pan.

La opción es a la carta, no hay menú, desconozco si por festivo o qué, pero a veces se agradece.

Nos decantamos por dos entrantes antes de los principales.

Unos buñuelos de bacalao, dos por cabeza, que casi estoy en disposición de decir que puede que sean los mejores que he probado. Grandes, crujientes y esponjosos, con la patata justa y las hebras del bacalao saliendo en cada bocado. Perfectos.

Y un pulpo a la plancha con el corte longitudinal grueso sobre una cama de acelgas al ajillo. Tierno, gustoso, y unas acelgas que ya imaginas hacerte en tu casa para cenar.

No hubo coincidencia en ninguno de los principales.

- Canelones de pasta fresca con setas y jamón. Pasta elaborada por ellos y relleno muy natural. Plato suave.

- Entrecot de vaca servido con pimientos de padrón y patatas. Buena calidad de la carne que se vio afectada por un punto hecho de más según solicitud, claro.

- Magret de pato asado con Pedro Ximenez. Sabor profundo de la brasa, tal y como pasaba con el entrecot, y muy buena presentación, con puré de manzana asada y lámina de mango para dar frescura. Muy bueno.

- Orza de Requena. Nada que descubrir, lógico, pero reseñar la buena representación de la misma. Servido también con padrón y patatas.

Efectivamente, los probé todos. Mi mujer y yo compartimos el magret y la orza, por ese orden como es natural, al mayor le sobro media carne, y al pequeño le robé medio canelón, literal.

Las carnes las hacen a la brasa, ni que decir tiene el sabor que imprime. Las raciones son buenas, y la calidad del producto en general también, poniendo además cuidado a la imagen de los platos, sobre todo a aquellos que se dejan, como en este caso el pulpo y el magret.

En cuanto al postre, pedimos un par para compartir. El brownie de chocolate ni lo probé, pero las natillas caseras con helado de turrón estaban deliciosas. Líquidas practicamente con un helado casero bien prieto, con lo que tenía sentido cada cucharada. Me gustó también el postre.

Un sólo café final para mi. Un Reke café. Marca propia de este maravilloso pueblo.

He de volver cuando haga más frío para probar por ejemplo sus gazpachos manchegos, sus alubias con perdiz, la propia perdiz escabechada, la cual me dijo que era de tiro, repetir orza... y quien sabe si se destapan con caza mayor.

Buñuelos excelentes, como siempre. Pedimos salmon de entrante, bueno pero no llamativo. De segundos entrecotes (abundantes). Todo, como siempre, con buena presentacion, servicio mesa y calidad. No tomamos vino.

Pasábamos el fin de semana cerca de Requena y no dudamos al elegir el sitio para cenar, nos habían hablado bien y sobretodo nos parecía algo diferente a lo que ofrece la zona.

Aunque la localización no es especialmente atractiva, en la antigua nacional Madrid-Valencia y el edificio por fuera no transmite nada, hay que destacar que por dentro resulta bastante acogedor. A nivel de diseño combina la parte rústica con un estilo moderno. Nosotros sólo vimos un único salón no muy grande, pero el gran espejo del fondo le da a la sala profundidad y amplitud.

Fuimos a cenar, por lo que la luz tenue pero suficiente, le acababa de dar el toque romántico que pensamos buscan proporcionar los propietarios.

La mesa con mantel de hilo, copas de vino correctas, servicio de agua, vajilla blanca y moderna y servicio de pan correcto junto con unas rosquilletas “artesanas” con pipas, muy ricas la verdad, un buen detalle.

Para empezar pedimos tres entrantes para compartir:

-ensalada de pera en almíbar, ración bastante grande y generosa, con mezcla de frutos rojos, quesos, frutos secos y sobretodo la pera que le daba un toque agridulce muy agradable.

-Sardina ahumada con tomate bien presentada, sabrosa e ideal para compartir.

-Croqueta de berenjena con queso parmesano y buñuelos de bacalao. Algo sencillo pero diferente. Sobre todo la croqueta de berenjena con un suave sabor a queso que no resultaba pesado.

Como plato principal pedimos magret de pato con frutas del bosque al punto, ciertamente muy bueno. En general los platos están bien elaborados, con productos de calidad, y buena presentación.

Para beber pedimos Cava Carlota Suria. Hay de decir que la persona que nos atendió, que pensamos que es la dueña, tuvo ciertas dificultades para abrir la botella, no mostrando excesiva destreza, justificándolo en que había aprendido a abrir botellas hacía una semana (a nivel anecdótico está bien pero no para contar a los clientes) asimismo tuvimos que pedirle que no llenará tanto las copas, dado que el cava no estaba suficientemente frio.

Respecto al servicio no estuvo mal pero se puede mejorar, si bien hubo cambio de servicio tras los entrantes, también es cierto un par de detalles llamaron nuestra atención. Por una parte, un hombre vestido de cocinero salió en un par de ocasiones interesándose por si estábamos a gusto y si los platos eran de nuestro agrado. Agradecemos la atención pero con preguntar una vez suficiente sino puede llegar a agobiar. Y por otra parte el camarero, que pensamos era el hijo de los dueños, que debía estar aprendiendo ya que se oyó como le daban instrucciones sobre cómo colocar los cubiertos, intentó llevarse los platos cuando todavía no habíamos acabado. Por lo demás un servicio correcto y adecuado, mostrando trato cercano.
Sólo tomamos café, aunque nos anunciaron los postres y tenían buena pinta.

Salimos a 33 euros por persona y en general la calidad-precio es correcta. La sensación que transmite es de un restaurante con potencial, decir que cuando llamamos para reservar preguntamos si había menú degustación, quien atendió el teléfono (seguramente el propietario) dudó por unos segundos pero finalmente contesto que no. Seguimos pensado y ahora con más razón, que quizá con un menú degustación podrían hacer una buena exhibición de sus platos.

Una grata sorpresa al entrar a este restaurante que pronto nos vuelve a la realidad cuando nos presentan la carta que por otro lado tenemos que pedir pues no nos la traen. Cuando preguntamos si tienen al go fuera de carta nos dicen que no y luego nos viene un señor vestido de cocinero y nos dice que fuera de carta tienen varios platos ¿? poca coordinación. Pedimos una ensalada de perdiz escabechada con membrillo muy apetitosa y luego un plato de embutidos de orza ( los he comido mejores en otras zonas pese a estar en Requena) de postre un browni que resulta ser un normalito bizcocho de chocolate, de beber nos decantamos por copas de vino ya que el precio de las botellas en carta nos resulta abusivo casi el doble que en tienda, no está el horno p'a bollos.
El precio por persona nos salió bien pues comimos como uno.

Como aperitivo de la casa melba escabechada con un toque de naranja, gran contraste el escabeche con el cítrico. De primero varios platos para compartir; patata rellena de foie, alcachofa rellena de mousselina de centollo y gazpacho manchego. Todos ellos bien resueltos, en particular la alcachofa con un sabor intenso.
De segundo entrecote a la plancha (bien de tamaño y sabor) y perdiz escabechada que no me gustó mucho. El escabechado casi no se notaba y parecía más una perdiz en aceite.
De postre sorbete de limón y piña natural. Cafés y dos chupitos de whisky. Se echa de menos algún dulce con los cafés (bastaría un bombón).
Carta de vino con predominio de Utiel-Requena como no puede ser de otra manera. Tomamos Árbol Blanco un tinto reserva 2005 con una potencia excepcional, si es cierto que se trata de un reserva con 18 meses de barrica no debería estar a la venta pues le quedan otros cinco años para "calmarse". Sin duda un vino de guarda que todavía está algo áspero en boca. El servicio consiste en descorche y dar a catar, a partir de ahí autoservicio.
Menaje, mantelarías y entorno muy correcto. Merece la pena la visita si se está por la zona.

Me gusta que los restaurantes tengan carta, éste no tiene por que, según me dijeron, utilizan producto fresco. ¿Tanto cuesta imprimir una carta en un folio diariamente? ¿Los restaurantes que tienen carta no utilizan producto fresco? ¿El vino tampoco puede estar en una carta, se compra diariamente? ¿Cuando te sirven no te pueden repetir que es lo que vas a comer y que lleva el plato?
Aparte de esto y de que no me ofrecieron ningún plato de la comarca, la cocina es buena.
Platos sencillos pero bien resueltos.
Tomamos berberechos, pulpo a la brasa, vieiras con puré de calabaza, y suquet de rape. Espero que las verduras fuesen de las huertas de Requena. De postre una especie de tiramisú deconstruido, muy bueno y original.
Vino Impromtum 2007, 25 euros. Descorche y cata inicial. Bien, no pido más.
El servicio regular. No te anuncian los platos. Los cubiertos los cambiaron después del tercer plato, para usarlos solo en el último.

http://www.ojoalplato.com/archives/2280

He tenido la suerte de comer en muy buenos restaurantes, pero “La Posada de Agueda” es mi favorito desde hace muchos años, y creo que lo será por muchos más.

La ubicación del restaurante... podría ser mejor, ya que se encuentra junto a la carretera Madrid-Valencia, enfrente de un hipermercado, pienso que estaría mejor en la Avda. Arrabal de Requena o en La Villa (el casco antiguo). Cabe destacar la facilidad para encontrar aparcamiento junto al restaurante. La “mala” ubicación queda contrarrestada con creces gracias a su acogedor ambiente, dispone de dos comedores, cada uno decorado con un estilo diferente, uno rustico/rural y otro muy chic, todo está cuidado al detalle y en ambos comedores disfrutaremos de un entorno acogedor y tranquilo.

El servicio es inmejorable, Agueda, la jefa de sala, nos recibe siempre con ese trato tan familiar y personalizado, que hace que nos sintamos como en casa nada más cruzar la puerta. Pilar, camarera y sumiller, tan sonriente y atenta, nos recita con su dulce e inconfundible voz los platos que disponen fuera de carta, según temporada, y nunca se equivoca a la hora de aconsejarnos el vino, siempre de la zona y acorde con la ocasión y la comida. Mientras nos sirven, la espera se hace más amena gracias a esos detalles a los que nos tiene acostumbrados Julio, el jefe de cocina, que con maestría prepara unos pequeños y sabrosos aperitivos, con los cuales obsequia a sus clientes hasta que llega la comida o cena.

“La Posada de Agueda” es un restaurante de “cocina de mercado”, con lo cual, fuera de carta siempre dispone de un sinfín de platos acorde a la temporada, a cada cual más sorprendente y apetitoso. Desde sus frescas y sabrosas ensaladas como la de “canónigos con nueces, queso de cabra y jamón de pato”, a sus elaborados platos, el ultimo que tuve el placer de probar fue el “Solomillo a la reducción de Pedro Ximenez”, pasando por los variados y sorprendentes entrantes, me resulta difícil decantarme por uno en particular así es que mentare las “patatas gratinadas rellenas de setas y foie gras” y los “pimientos rellenos de setas y gambas”. Los platos son generosos, la calidad no pugna con la cantidad, cosa que suele pasar en otros restaurantes.

Haré hincapié en la carta de postres, si hay algo que me molesta es comer como un señor en un restaurante y que a la hora del postre me presenten una carta de postres o helados prefabricados de marca X, esto no pasa en “La Posada de Agueda”, todos los postres son caseros y gozan de una elegancia y cuidada elaboración acorde al resto de platos, mi favorito es el “helado de café con mascarpone” pero todos están riquísimos y Julio no deja de añadir nuevas ideas a su carta.

En cuanto a los precios, están más que justificados, por eso le pongo un 10 en calidad/precio, por el momento no he encontrado sitio en el que por 45 o 50 € se cene tan bien, esté tan a gusto, y el servicio sea tan exquisito. Muchos son los restaurantes que sin ofrecer la mitad que “La Posada de Agueda” cobran muchísimo más.

Volví despues de un tiempo y me encontré con que ya no es lo que era, vinos de la zona a precios disparatados y cocina que ha perdido buen oficio. No sé si han habido cambios de propiedad pero ya no me merece la pena subir hasta allá solo para comer.

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.

Cerrar