Restaurante Q de Barella en Valencia

Restaurante Q de Barella

25
Datos de Q de Barella
Precio Medio:
46 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
8.1 10
Comida:
8.4 10
Entorno:
7.5 10
Calidad-precio:
8.5 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas:
Precio desde 24,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


25 Opiniones de Q de Barella

Me sentí a gusto nada más entrar.

Tenía, no me digas porqué, bajas expectativas con este restaurante. Y ya cuando llamé y me dijeron que solo había un menú, porque estábamos en la semana de “Cuina oberta”, y que no había sitio en la sala principal, que tendría que ser en mesas altas… Pues estuve a punto de echarme atrás.

Menos mal que no lo hice, porque me hubiera perdido un grata experiencia.

Me encantó el local, tanto la primera sala, la de mesas altas, como la convencional. Guapas instalaciones, modernas, desahogadas, cools… Buen trabajo de decoración, con sencillez pero con clase, con detalles muy apreciables.

Nos tocó en suerte la mesa alta del fondo, la de debajo de la genial fotografía del mono y los niños. Esa será ya para siempre “mi” mesa. Cuando vaya a "Q de Barella" pediré esa mesa.

Mesas y sillas altas sí, pero comodísimas, me hicieron sentirme “en mi salsa”, con esa maderas oscuras desnudas sobre las que pusieron mantelitos individuales que imitaban la pizarra. Me gusta apoyarme, sentir, tocar la madera.

Y el Menú Cuina Oberta Noche fue el siguiente:

Snacks de arroz con tomillo.
Corte de foie con algas.
Tartar de atún con olivas.
Pulpo con almendras y moscatel.
Suquet de clótxina valenciana con mojama.
Presa D.O. Teruel con calabaza, jengibre y yogurt.
Torrijas de orxata con helado de canela.

Una cena equilibrada, completa. Quique, la “Q” de Barella, cocina como los ángeles. Buena técnica aplicada con mucho criterio. Crea con imaginación, combina audazmente, pero no “se va de madre”. Tiene los pies en el suelo. Me gustó esta propuesta. Mucho.

La presentación del corte de foie fue soberbia, como si te comieras un corte de helado de los de críos, con la mano. El sabor del tartar de atún con olivas, una locura, con las aceitunas y el aceite de oliva amalgamando y capitaneando el picado. La combinación del pulpo con almendras y moscatel, de mucha altura, con ese maravilloso juego de contrastes. El suquet de clótxina valenciana con mojama, un complicado ejercicio de textura, vaporoso, aéreo… si perder un ápice de sabor. Y la presa D.O. Teruel con calabaza, jengibre y yogurt, con la presa ya de por sí sabrosa (el único lunar de la noche, se pasó un punto de plancha a mi gusto), elevada a los altares por el puntillo tan deliciosamente picante, balsámico e incisivo que le otorga el jengibre.

De beber, una manzanilla La Gitana para atemperarnos, una botellita de Tantum Ergo Brut Nature para pasar la cena y un Dolç de Mendoza con los postres. Carta discreta en cuanto al número de referencias, bien seleccionadas ellas, corte moderno. Buen coperío y trato correcto del vino.

El servicio, también destacable, con varios jóvenes preparados y atentos, entre los que destacaba uno con acento maño que era un crack.

Salió luego Quique Barella a saludar, como los toreros después de las grandes faenas. Un tipo como su cocina: con los pies en el suelo pero con la mente abierta y voladora.

Volveremos sin ninguna duda. En un par de semanas, que pase el tema de Cuina Oberta, a probar su menú gastronómico “grande”.

Decoración moderna y un tanto minimalista, el conjunto cálido y agradable. Dispone de dos espacios diferenciados, a la entrada uno con taburetes y mesas altas apto para un ágape más informal y el otro un comedor al uso. La separación entre mesas correcta, las mesas sin mantel vestidas con unos sencillos manteles individuales, el mobiliario cómodo.

Quique ofrece una cocina actualizada, personal, basada en el producto de mercado y el recetario tradicional. Sus creaciones son de presentaciones cuidadas y combinaciones distintas, intentando desmarcarse de tendencias y estereotipos.

No ofrece carta, cuatro menús deben saciar la curiosidad y el hambre del comensal. Uno por 22 euros cuyo plato principal es el arroz, tal vez más apto para mediodía y tres menús más. Por 25 euros el de tapas, 29.50 euros el de Jocs de Cuina y 39.50 euros su opción más completa, Jocs de Cuina XL. Además cobra 2.50 euros por comensal en concepto de pan, snacks y petit fours.

La carta de vinos no es muy extensa, apenas 50 referencias, supongo que no están los tiempos para cartas enciclopédicas. Diferencia entre espumosos, blancos, tintos de la Comunidad Valenciana, Rioja, Ribera y otras regiones. Alguna que otra opción interesante es posible encontrar entre sus propuestas.

La cristalería de calidad, creo recordar Schott-Zwiesel. El vino se sirve a temperatura adecuada, siguen la liturgia de servicio y son diligentes con el oportuno cambio de copas al cambiar de referencia. El precio de los vinos con recargo dispar pero en conjunto aceptable.

Visitamos el restaurante para cenar la primera noche del XIII Encuentro Verema Valencia. El menú Jocs de Cuina, compuesto por aperitivo, dos entrantes, principal a elegir entre dos opciones y postre fue nuestra elección.

El menú propuesto para ese día fue:
Aperitivo: Crema de hervido valenciano con migas. Recuerdo a las raíces, son varios los cocineros que ofrecen su particular versión de este popular plato tradicional valenciano. Presentado en una pequeña cazuela y por tanto de ración escasa, me quedé con ganas de más. Me gustó el sabor de la crema a pesar que me hubiese sido más de mi gusto de una densidad más espesa.

Foie en escabeche con daikon. Cuando antes decía que Quique Barella intenta combinaciones distintas, demarcándose de tendencias y estereotipos, me refería a platos como éste. Particularmente me gusta el foie de todas las formas posibles, pero reconozco que se ha abusado de su oferta y generalmente se ofrece sin imaginación alguna. Esta es una forma distinta de cocinar el hígado, más fresca, menos grasa al escabecharlo. Plato muy comentado, que no convenció a todos los que compartimos esta cena.

Calamar de playa con espuma de patata, jugo de pollo asado y aire de cacao. Presentación muy original. Otro plato de riesgo, un mar y montaña de matrimonio poco manido. El plato fue de mi gusto a pesar que le faltaba un punto de calor.

Plato principal a elegir entre: corvina con cous cous de coliflor y algas, ó Presa D.O. Teruel con parmentier de sobrasada. Tanto uno como el otro fueron del agrado de todos. En mi caso me decanté por la carne y la disfruté.

Torrijas de horchata con helado de canela. Plato emblemático de este cocinero, auténtico guiño a la tierra. Gustó hasta a los no golosos. No me extraña que sea un postre que ha acompañado a este cocinero durante años. Destaca por su equilibrio y dulzor comedido.

Unos buenos Petit fours: financiers y rocas de chocolate blanco, acompañaron a los cafés y vinos dulces.

Para beber tras unas cervezas y vermouths iniciales, empezamos con un par de botellas del siempre refrescante riesling Dr. Loosen Blau Schiefer Troken 2012. Pasamos al tinto de la mano de los primos Pérez del Priorat con su joven propuesta L’Inconscient 2011 y rematamos con un “viejuno” que todavía mostraba su carácter frutal, un mágnum de Remirez de Ganuza de 1994 aportado por mi amigo y compañero de la Peña Gastronómica los Restauranteros, Toni Grimalt. Gracias Toni, un bonito detalle regalarnos este vinazo.

Cafés e infusiones siguieron a los postres y unas copas de vino dulce a elección entre el moscatel de Enrique Mendoza, el Casta Diva de Gutierrez de la Vega y el tinto dulce Dolç de Mendoza pusieron fin a esta cena tan agradablemente compartida.

Restaurante a seguirle la pista, a mi me gustó y convenció.

¿Quieres ver las fotos? http://www.vinowine.es/restaurantes/q-de-barella-restaurant.html

Local amplio. Decoración moderna y minimalista. Ambiente relajado. Buena separación de mesas. Sin manteles. Sillas cómodas. Buen menaje. Servicio atento y eficiente. Fuimos directamente a por el menú y llevamos nuestro propio vino (descorche de 5,-€ por persona). Copas de buena calidad y servicio de decantado de uno de los vinos. Descorche, prueba y varios llenados, aunque finalmente optamos por servirnos nosotros mismos (por no molestar ;-P).

Menú consistente en un aperitivo, dos entrantes, un plato principal y postre. Bebidas, cafés y petit-fours no incluidos. No recuerdo si nos cobraron el pan (muy bueno e ideal para mojar).

Aperitivo:
- Crema de hervido valenciano con migas - Cremosa, suave y muy sabrosa.

Entrantes:
- Bonito en escabeche con alcachofa y habas de soja tiernas - No encontré la alcachofa, pero el bonito tenía un punto de escabeche delicado y las habas añadían un punto crujiente y fresco delicioso.
- Sepionet de playa con mahonesa de coco y migas de peregil -
Sabor espectacular el de los sepionets. Pensé que la receta incluía algún caldo de gambas debido a su intenso sabor a marisco. Al final de la comida, el cocinero nos explicó cómo conseguía ese sabor. Agradable toque fresco de las migas de peregil y el punto dulzón de la mahonesa de coco.

Plato principal:
- Arroz meloso marinero - Especie de "arròs del senyoret" meloso. Después de los tres platos probados, éste se quedó corto, triste, apagado. Bueno sin más.

Postre:
- Fresa, chocolate - Sencillo final a base de un correcto sorbete de fresa, un insípido bizcocho de chocolate y una teja meramente decorativa.

Destacar los "financiers" de los petit fours que, a pesar de su aspecto de mini-magdalena, resultaron realmente estupendos: ligeros, sabrosos, para repetir sine die. También muy buenas las rocas de chocolate.

Por los poco más de 30,-€ que pagamos con todos los extras, un lugar absolutamente recomendable y del que me gustaría probar la carta. Da gusto comprobar lo que puede conseguirse con un buen trabajo del cocinero de productos en los que lo único modesto es su precio.

Gracias a Almolo y a Wyllys por su (siempre) acertado criterio a la hora de elegir restaurantes y vinos respectivamente, y a todos los asistentes por su agradabilísima y reconfortante compañía @->-

  • Fresa, chocolate. Bonita presentación pero discreto sabor :-|

  • Crema de hervido valenciano con migas. Mi única objeción: su reducido tamaño :-)

Este año ya tocaba dejarse caer por la experiencia Verema en Valencia (XIII edición) y, después de pasar por el Espai un par de horitas (¡menudo ambiente!), me “apunté” a la cena paralela que había organizado el compañero forero José Ruiz en este restaurante que acumula tantas buenas valoraciones en este portal. A las altas expectativas por lo gastronómico, se sumaba también la ilusión por volver a encontrarse con foreros y gente conocida como Ana Juan , Manu y su esposa Gloria, José Enrique y Kath y gente que todavía no había tenido la ocasión de conocer: Javi, Mara y Jesús. La noche prometía, pues.

Buena acogida por parte del personal a nuestra llegada con recepción de abrigos y chaquetas. Restaurante espacioso con una decoración cálida y actual y una separación suficiente entre las mesas que dota de intimidad y tranquilidad a los comensales. Me sorprendió que no se llenase dadas las buenas valoraciones que se han escrito en Verema y estando justamente la ciudad plagada de foreros con ganas de probar los locales de Valencia. El “anfitrión” había concretado para nuestra mesa tomar el menú “jocs de cuina” y me pareció una decisión muy acertada: un pequeño aperitivo, dos entrantes, un principal a elegir y un postre por 29,50€.

- Aperitivo: Crema de bullit valencià con migas: Como dicen mis antecesores, se sirve una diminuta olla con la cremita y las ollas. EMHO se ha sacrificado la cantidad en pos del resultado visual y la presentación del plato. Querer servirlo en la cazuelita conlleva que la cantidad de crema sea minúscula y las migas cuasi testimoniales. Estando bueno como está, se echa en falta más cantidad y yo, personalmente, más densidad en la crema, muy liviana. A pesar de todo ello, tengo en cuenta que sólo se trata de un pequeño aperitivo.

- Foie en escabeche con daikon: Se nos explica que no se sirven tostas con el foie pues se trata de un plato ideado para tomar “a bocado” como una carne. Lo pruebo. Está rico y con la originalidad del sabor avinagrado que le da el suave escabeche. A pesar de ello, se me hace un poco empalagoso por lo que decido desoir el consejo del servicio y “montármelo” sobre el pan que han traído a la mesa (riquísimo, por cierto). Para mí, mucho más rico así.

- Calamar de playa con espuma de patata, jugo de pollo asado y aire de cacao: Buen plato, algo falto de temperatura en mi caso. La combinación de todos los componentes es acertada. El cefalópodo con la patata y el fondo suave del pollo es una gozada. El cacao le aporta belleza al plato y le da un punto exótico y de vanguardia al conjunto.

- De plato principal nos dieron a elegir entre Presa ibérica o Corvina. Aunque se trata de un plato “más visto”, yo elegí el primero pues llegaba con hambre y la carne me sacia más que el pescado. Contento con la elección pues me encantó el plato, quizás el que más. Muy tierna, apenas marcada por fuera y cortada en finas lonchas a posteriori. Los comensales que tomaron la corvina hablaban bien de ella y ciertamente su apariencia era apetitosa. En otra ocasión.

- Torrija de horchata con helado de canela: Se comenta en las valoraciones que me preceden que se trata de un postre clásico de este cocinero y ciertamente lo borda. El caramelizado crujiente de la torrija está muy rico y la combinación con el helado lo hace muy apetitoso.

Me despreocupé bastante del tema del vino. No ojeé la carta (doctores tenía la mesa). Tomamos varias botellas de un Riesling que espero que algún otro forero reseñe y un par, si no me equivoco, de L’insconscient. Como remate, con los principales, tomamos un mágnum de Remírez de Ganuza 1994 que aportó uno de los comensales. Gustó mucho y todavía se puede tomar. Cambios de copas y rellenado bastante eficaz.

Se pidieron, además, cervezas y vermouths Perucchi, aguas y cafés, con lo que la RCP me parece buena. Una velada con gente así bien lo merece.

Después de 9 años en el grupo El Alto Quique Barella por fin se ha embarcado en un proyecto en solitario. Formado en la escuela de Hostelería de Castellón si mal no recuerdo , su trabajo le aupó como uno de los cocineros punteros de la capital con platos históricos como el Canelón de arros amb fesols i naps o la torrija de horchata con helado de canela.

Desde mediados de año ocupa el antiguo local de Torrijos y Apicius en la calle Finlandia. Una completa reforma lo ha dotado de dos espacios. El primero a la entrada más informal con 3 mesas altas pero cómodas para 6 comensales cada una y una sala muy agradable con decoración cálida y moderna.
No hay carta pero dispone de 4 tipos de menú: Arroz (22e) Tapas (25e), Jocs de Cuina ( 29.50e) y Jocs de cuina XL (39.50e). El servicio de pan (muy bueno de Paco Roig) y petit fours se cobra a 2.50e por comensal.

Nosotros cansados un poco de los menús de arroz optamos por el de 5 tapas y postre recomendado por un amigo bloggero.

.Crema de hervido valenciano con migas: Entrando en calor

.Bonito en escabeche con alcachofas y habas de soja tierna: El plato de la comida. Tremendo. Producto de primera y un escabeche suave, delicado.

. Sepionets de playa con mayonesa de coco y migas de perejil: De nuevo respeto por el producto. Mucho sabor en este plato con una curiosa mayonesa. Buena combinación.

.Vieira con romesco y tallarines de judías verde: Este plato no entraba en el menú pero ante mi interés al elegir los platos llegó a la mesa sin pedirlo y sin coste alguno. Un gran detalle. En apariencia sencillo, el contraste entre el sabor de la viera y un romesco suave pero exento de dulzura es perfecto. Otro para el recuerdo.

. Crema de calabaza con sardina ahumada y sésamo negro: calabaza en dos texturas, buena combinación. El plato menos sorprendente.

. Huevo a baja temperatura con papada y espuma de patata trufada: Contundencia para acabar. Aunque la yema no acabó de salir todo lo líquida que debiera, la combinación de sabores es muy potente.

. Piña colada; Muy refrescante. Interesante.

.Torrija de horchata con helado de canela: uno de los históricos de Quique Barella y que han tenido que recuperar ante la demanda de los clientes. El postre perfecto sin excesiva dulzura y homenajeando a su tierra.

Cafés y petit fours (roca de chocolate y financier) además de invitación a un chupito de Pacharán terminaron la comida.

El servicio de sala está impecablemente dirigido por Elsa Fuillerat amable, cercano pero sin agobios. Buen servicio del vino con continuo rellenado de copas. Como ya citó Dani C. adolece de referencias en el apartado sobre todo de espumosos cuestión esta a revisar. Tomamos un cava muy correcto Antique Millesime..

Un menú con buenas sensaciones al igual que su cocina que no conocíamos. Basada en el producto valenciano, por lo visto prima éste con no demasiada manipulación y jugando como máximo con 3 ingredientes respetando así la esencia del mismo. Son tiempos complicados pero estos proyectos en solitario que persigue todo buen cocinero donde desarrollar su trabajo sin presiones se agradecen.

  • Torrija

  • Vieira

  • bonito en escabeche

Tenía ganas de visitar este local, hace unas semanas cene en un local muy cercano a Q, y un amigo y compañero de mesa me dijo “ has ido al restaurante de Barella?” le conteste que lo tenía en la lista de pendientes. Llame a principios de semana, por eso de que el viernes era 14. Lo único que tenía claro es que no quería un menú de “amor y todo es muy potito”.
El local, me gustó mucho, separando 2 zonas. Nosotros nos sentamos en la parte del fondo en una mesa para 5 comensales (nos sobro mesa, pero y lo cómodo y espacioso que cenamos….), la decoración está muy currada.
La idea era pedir menú de tapas (por no tener una cena copiosa), pero no nos casaba los platos. Así que pedimos un menú “JOCS DE CUINA” con modificaciones sin ningún incremento en nota (ojo, bonito gesto que hace un tiempo sería impensable en un menú)”
En el tema de la cubertería, cristalería y vajilla, diré que me agrado mucho la vajilla iba variando según cada plato dando mucho juego a los ingredientes. La cristalería era Schott.
El servicio fue muy profesional (teniendo en cuenta que el local termino de llenarse sobre las 22:15, más o menos casi todos los comensales iniciamos la velada en el mismo momento.) Buen tiempo de espera entre plato y plato, explicando en cada momento de que se trataba cada presentación.
El tema de los vinos: Pretendía que la cena se regase con un blanco, me casan más. Encontré unas 12 referencias, eche en falta algún vino blanco más trabajado (varios verdejos, algún riesling, valenciano) quería uno que acompañase durante toda la velada, algo con cuerpo. No me apetecía cenar con el perro verde…así que tire para la tierra IMPROMPTUM. No debo comentarlo más, pues un vino muy valorado en esta página y saber que es un valor seguro.

Vamos a contar las viandas:

-Aperitivo, crema de hervido valenciano con migas, muy bien presentado en ollita pequeña muy cuca. El fondo era el de un bullidet
-Foie en escabeche con daikon, el foie (sin menospreciar) no era de supermercado. Potente, trabajado acompañado con el nabo japonés y un poquito de pan de pistachos, perfecto.
-Calamar de playa con espuma de patata, jugo de pollo asado y aire de cacao. Sin duda el plato de la noche con diferencia. El molusco, era de una calidad IM-PRESIONANTE. Compro en el mercado central y del cabanyal y he decir que es de los mejores que he comido. La presentación con esa espuma que parecen los grumos del cola-cao de la mañana con ese fondo de patata.

Aquí es donde viene la variación de plato principal, las opciones fueron Corvina o Presa. Pedimos si podíamos cambiarlo por el tataki, pero nos avisa que eso es pequeño y que si lo acompaña un huevo a baja temperatura, decimos que sí.

-Tataki de bonito con aceite de escabeche, alcachofa y habas de soja tiernas. Un plato que podría ser servido en cualquier japonés.
-Huevo a baja temperatura con corteza de cerdo. El pequeño fallo fue con la lleva del huevo, que estaba demasiado hecha. Pero buena de sabor.
-Torrija de orxata con helado de canela, un clásico en su cocina, que más se puede decir?

Mi conclusión es que la Rcp es buena, la materia prima es de calidad la cual es trabajada. Es un sitio para volver. Para mí, este local refleja la gran cantidad de muy buenos cocineros que tenemos y sobre todo los que están arriesgando en crear proyectos con la situación que hay, chapeau.

El desglose de la nota fueron:
Menú: 29,50*2
Vino: 26

Luego tome una infusión, no recuerdo ni precios, de pan, agua y té.
Al final ( lo se por el cargo 96,30)

Menú XL es una buena opción para conocer algo más de la cocina interesante de Quique Barella. Este fué nuestro planteamiento aunque algunos problemas de tolerancias obligaron a cambiar algunos platos con lo que ampliamos conocimientos.

Mientras completamos la mesa: una cerveza Cruz Campo Gran Reserva; luego una Buckler cero. Agua natural. De vino nos fuimos a un Pruno 2012 para contentar lo más posible, sin profundizar en vinos más especializados. Panes a elegir que no puedes resistir de probar, siendo el de algas el que más me gustó; también de remolacha y otro más normal. Unos chips de plátano frito

Empezamos con un aperitivo: crema de hervido valenciano con migas servido en una mini ollita con su tapa y todo

Ostra valenciana con sopa de fideos picante y aire de lima. Un plato muy aromático y "airoso" en sustitución del limón.

Tosta de trufa con tocino ibérico y yema. Para comer con los dedos, a pequeños bocados, Muy bien ensamblado todo, de lo mejor.

Viera con romescu y tallarines de judías verdes. Poco contacto de la viera con la plancha y bien la cocción de verduras: Bien. Hubo necesidad de cambiar por sepionet de playa (poco hecho) con mahonesa de coco y migas de perejil; muy espectacular la mahonesa. mejor opcion.

Merluza con suquet. En su punto entre cruda y hecha, con su piel crujiente que hay que comer con la carne.

Lomo de ternera con zanahorias. Muy en su punto la carne; suficiente cantidad, sabrosa

De postre: fresa (helado) con chocolate e dos texturas en forma esponjosa y en forma cremosa

Segundo postre torrija de horchata con helado de canela. Lo mejor que puedes tomar en postre, aquí y casi en cualquier sitio. Un clásico muy bien hecho.

Café muy bueno. Dos infusiones digestivas ante la ausencia de las habituales de poleo, manzanilla...

Muy buen servicio en sala, con desenfado pero muy profesional, con buenos cimientos. Servicio de vino bien resuelto. Unas palabras de Quique interesandose por el resultado de la comida.

Lástima de pocas mesas presentes, aún siendo entre semana, hacen poco sostenible esta situación de diario entre semana. Hay que sobrevivir hasta divisar tierra otra vez.

Quedada de compañeros de fatiga diaria. En esta ocasión me tocaba proponer sitio y mi elección la tenía clara desde hace tiempo. Los comentarios aquí vertidos y el curriculum de esta cocina eran una garantía.

Siete comensales que nos estrenábamos en esta plaza. Poco que añadir a la descripción del local ya realizada. En general, se logra una atmósfera tranquila aunque un tanto fría. Sillas cómodas con buena separación entre mesas. Individuales de cartón duro, servilletas de tela y correcto menaje. Entre semana y tan sólo una mesa de dos aparte de la nuestra.

Llego el último pero me pongo rápidamente al día. Una cañita fría, creo que de la cerveza de 007 y aún me da tiempo a pillar algún que otro fino y crujiente Chip de Yuca. Nos decidimos por el menú Jocs de Cuina XL ya reseñado en anteriores comentarios al que añadimos un plato a compartir al centro. Así quedó la cosa:

Crema de Alcachofa con Migas. A modo de aperitivo y servido en una minicazuela nos encontramos una cremita muy equilibrada de un producto, en mi caso, fetiche. Buen augurio.

Ostra Valenciana con Sopa Picante. …y yo, que no me suelo entender bien con este molusco, lo hice a las mil maravillas en esta ocasión. Cubierto por una espuma muy aireada de lima que le daba ese puntito cítrico para terminar de redondear el bocado. Armonía.

Sepionet de Playa con Mahonesa de Coco y Migas de Perejil. Prometía visualmente pero tuve el infortunio de que tres de los cuatro pequeños cefalópodos acababan de bajar del Tranvía a la Malvarrosa y estaban cargados de arena. Esto en boca da al traste con todo, siendo incapaz ya de valorar el acompañamiento. Tristeza.

Foie Escabechado con Daikon. Plato extra servido en dos raciones al centro de la mesa y que define a la perfección Dani C. en su comentario, motivo por el que lo pedí y al que me remito. Conexión veremera.

Vieira con Romesco y Tallarines de Judías Verdes. Buen producto y resultado de una vieira tierna y sabrosa que combinaba excelentemente con las verduras al punto y rematada por una salsa nada estridente. Culmen.

Sargo en Suquet. No entrará en la lista de mis pescados favoritos pero estaba bien manejado su punto y dejaba a la espuma densa del suquet campar a sus anchas en cada bocado demostrando su potencia y personalidad. Puede que se buscara ese efecto o eso me pareció. Efectividad.

Civet de Anguila. Ideal para amantes de una potente contundencia en el plato. Intensidad ya de por sí alta que aporta la carne de la anguila incrementada a tope con la reducción del guiso. Se acompañaba de una arena de cacao, trocitos de mejillón y unas finas algas fritas. Triple salto mortal.

Fresa Chocolate. Dos texturas para el chocolate, una tierna esponja y una crema densa separadas por una bola de helado de fresa de una intensidad fuera de lo común. Sorpresa.

Torrija de Orxata con Helado de Canela. No hace falta detallar este afamado y ya clásico postre de Barella. Lo incluiría en mi particular menú del fin del mundo. No te puedes morir sin probarlo. Innegociable.

Para beber además de la ronda de cañas inicial, un par o tres botellas de agua, una Cruzcampo GR de 75 cl y vino, concretamente dos botellas de Bobos 2011 D.O. Utiel Requena (35 €) que no había tenido el placer de probar y que me gustó.

El servicio de pan consistía en unas rebanadas de rústico de corteza dura y crujiente y un interior algo seco y otras de un pan de remolacha que finalmente no probé.

Para concluir un Café Nespresso y en un arrebato Gastiolero una copita de PX, creo que Néctar PX, muy pero que muy rico.

El servicio de carácter cercano, amable, simpático y juvenil. El del vino, muy bien, buenas copas, presentación, corcho en mesa, prueba y muy pendientes de rellenar aunque, en mi caso, me moriré sin acostumbrarme a esto último.

A modo de conclusión, corroborar lo expuesto en anteriores comentarios. Mi impresión es que se trata de una cocina de muy buen nivel ofreciendo productos que, a veces, pueden resultar “difíciles” para el cliente pero cuyo manejo y presentación consiguen finalmente romper los prejuicios o resquemores hacia ellos. Esta cocina consigue transmitir que se disfruta trabajando en ella combinando elementos ya clásicos de su repertorio sobre productos muy arraigados en esta tierra. Tuve la impresión que aún le queda mucho que mostrar, que hay ganas, que hay proyección y que hay seguridad pues las raíces son fuertes.

Nota: El precio reflejado es el del menú base ya que opino que el precio final con los añadidos, bebida, etc... podría desvirtuar esa referencia.

  • Torrija de Orxata con Helado de Canela

  • Vieira con Romesco y Tallarines de Judías Verdes

  • Ostra Valenciana con Sopa Picante

De Quique Barella nos enamoramos en el desaparecido El Alto de Colón hace ya mucho tiempo, así que cuando nos enteramos de que cogía la batuta de su propio negocio lo dejamos aterrizar, esperamos las primeros meses a que se aclimatara en su nueva ubicación y, por fin, nos decidimos a visitarlo.

El local es ya un viejo conocido, con la misma distribución que han tenido sus precedentes pero con una decoración mucho más moderna y acorde. Continúa la zona de tapas al entrar y el espacio del restaurante propiamente dicho algo más resguardado.
Cocina de mercado con la evidente personalidad del autor que ya firma su restaurante con su inicial y apellido, marcando así una clara intención de dejar claro quién manda, quién dirige este nuevo proyecto gastronómico y por ende, se aboga por una apuesta personal y singular.

De los distintos menús que ofrecen optamos por el gastronómico, el llamado Jocs de cuina XL. El precio es de 39,50€, al que hay que añadir 2,50€ del servicio del pan, snacks y petit fours. Nos plantamos por tanto en un menú de 42€, bebida a parte, pero como confiamos en el buen hacer Quique le dejamos que jugara con nosotros y aceptamos las reglas del juego.

El menú consiste en un gazpacho de remolacha con sardina ahumada, sí, algo que hemos probado un montón de veces, aunque no siempre está bueno. En este caso está perfecto, es fresco, cremoso y con una sardina excelente, lo que hace te prepara para relajarte y dejarte llevar aún más. ¡Qué importante es el aperitivo en un restaurante! Y qué poco lo cuidan muchos... La carta de presentación y la despedida son fundamentales y muchos descuidan estos detalles. Afortunadamente no pasa esto en Q de Barella.

Seguimos con una ostra con manzana granny smith y hojas de mostaza. Buena calidad de la ostra y buen juego, tal vez algo manido el tema de la manzana, pero muy interesante el punto de las hojas de mostaza. Agradezco enormemente que mi acompañante no coma ostras, porque se la cambiaron por un plato excelente que de este modo pude probar: foie en escabeche, para mí uno de los mejores platos de la cena. Foie a baja temperatura con una textura cremosa pero nada grasa y el punto fresco del daikon (el típico nabo blanco japonés) y el vinagre que le aporta acidez, así nos alejamos de los ya tan cansinos foies con dulces, mermeladas y demás. Aquí sólo encontrarás el punto dulce de la pimienta rosa, sutil y acertado.

Esa noche se quedaron sin caballa, así que nos avisaron de que había un cambio en el menú, ofreciéndonos una vieira con salsa romescu y tallarines de judías verdes. Buen producto y una salsa romescu nada dulce, de nuevo ese punto fresco y ácido que da mucho más juego con la carne de la vieira.

Calamar de playa con espuma de patata, jugo de pollo asado y aire de cacao. Curiosa la combinación del cacao con el calamar, dos sabores bastante dulces que se sustentan bastante bien, mientras que el caldo de pollo que le da consistencia al plato y la patata, que aporta textura. Además me gustó mucho el emplatado.

El plato principal de pescado fue el pez sable con berenjenas thai y pack choi. A mí me estas berenejenas me encantan, es un plato que siempre pido en Casa Ru y que me sorprendió al encontrarlo aquí. El pack choi o col china le da un toque muy rico al pescado, pues tiene un punto casi amargo, como el de la endivia y la combinación asiática con pez sable me pareció muy original y rica.

Y de carne... pues otro pescado. Esta me parece (junto con el foie) la apuesta más interesante y personal de Barella. Civet de anguila, sí sí, de anguila. La misma técnica de la carne de caza pero con este singular pez teleosteo que tan bien conoce la cocina valenciana. Ese sabor graso de la anguila casa a la perfección con el civet, lo hace un plato serio, con peso. Tal vez el mejor plato de la noche.

El menú finaliza con dos postres, el primero un juego más efectista que rico, pero a mí me gusta que los cocineros jueguen y den rienda suelta a su imaginación: tinto de verano con melocotón. Un vino de fondo, una gelatina de gaseosa y un helado de melocotón. Para mí tiene un encanto especial, pues es la combinación que siempre tomaba mi abuelo: vino peleón, La Casera y esos trozos de melocotón. Me gustó, sin ser un plato memorable.

La torrijas de horchata con helado de canela me parece un postre mayúsculo, con más fundamento y raíces, además de que está muy muy bueno, sin excesos de dulzores y perfecto equilibrio. La cena acabó con los petit fours que anunciábamos al principio, una gominola, unas rocas de chocolate blanco y un financier.

En cuanto al servicio del vino simplemente decir que fue perfecto. Cuando se llevan la botella de vino fuera de mi vista me suelo poner nervioso, a no ser que conozca bien al encargado de la sala. Y es que en estas ocasiones suelo acabar pasando sed, así que prefiero el self service a estar padeciendo por no tener vino en la copa. Pero no fue el caso. No sólo nos sirvieron perfectamente el vino, sino que además tuvieron especial atención al tempo, el ritmo de bebida de todas las mesas y nunca vi a nadie con la copa vacía. Copas de calidad, Schott, que acompañan impecable servicio. Y ahora el pero por el cual no puedo darle el 10 en el apartado del servicio del vino: la carta. Con este menú tan mediterráneo, donde se apuesta por el pescado y la verdura, por los sabores delicados y el equilibrio entre ingredientes, debería haber una carta extensa de espumosos, blancos e incluso algunos rosados que podrían dar juego. El apartado de espumosos es anecdótico y a precios algo elevados, lo que me hizo decantarme por el apartado de blancos que, aunque cojo, tenía alguna cosa más interesante. Al final un albariño de Paco y Lola fue la elección. Como le dijimos al propio Quique Barella, la carta de tintos debería menguar en pro del resto de vinos, mucho más fáciles de armonizar con su cocina. Además se deberían revisar los precios de los espumosos, pues sin duda es la opción más interesante para la cocina que se elabora.

En resumidas cuentas: un lugar al que volveremos para probar los distintos menús que ofrecen y seguir la evolución y propuestas de este Quique Barella.

Queríamos probar el nuevo proyecto de Quique Barella y hace un par de semanas nos decidimos.
El local tiene un diseño atractivo en el que predomina la madera. Mesas sin mantel pero con copas Schott. Disponen de varios menús nocturnos. Nosotros tomamos el Jocs de Cuina (29,50€):
- Aperitivo: Clóxina con aguacate, hígado de rape y granizado de sandía . Un aperitivo refrescante. El hígado de rape tiene un sabor muy intenso a pescado que puede no gustar pero en el plato la cantidad era pequeña y se mantenía el equilibrio.
- Foie en escabeche con daikon . Una ración generosa de foie coronada con una espiral de daikon. El daikon es un rábano blanco originario de Asia, cuyo sabor desconocía pero que es ligero y suave y enriquece el plato sin restar protagonismo.
- Morcilla del calamar con su caldo . Un plato que la propia Elsa (jefa de la sala y mujer de Quique) y nos comentó que mientras lo pensaban les recordaba al sabor de los calamares encebollados que se hacían en su casa en la infancia. Un sabor clásico pero delicado,sin aristas, y con una apariencia innovadora.
- Corvina con berenjenas thai y pak choi . Es el plato que más me gustó: el pescado fresco, berenjenas chinas salteadas, el pak choi y una salsa thai con ají que le daba un toque picante. Aunque a mi acompañante le pareció demasiado picante.
- Pluma ibérica con parmentier de sobrasada. Plato bueno y robusto.
- Torrija de horchata con helado de canela. Soberbia.

Pan de buena calidad. Los precios de los vinos son comedidos con botellas de vino desde 10 euros (Entreflores Verdejo, Bodejas Príncipe de Viana). Servicio del vino muy correcto. Cabe destacar que Elsa lleva la sala de manera impecable con una simpatía y entusiasmo que se contagia y eleva la experiencia del comensal. Altamente recomendable.

Algunas fotos

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