Restaurante El Poblet en Valencia
  

Restaurante El Poblet

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Datos de El Poblet
Precio Medio:
79 €
Valoración Media:
8.0 10
Servicio del vino:
8.7 10
Comida:
8.1 10
Entorno:
7.9 10
Calidad-precio:
7.1 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 50,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingo y lunes noche

Teléfono

Restaurante El Poblet Arroz a banda con velo de azafrán El Poblet Hoja de tabaco y toro El Poblet en Valencia Cebollita encurtida con emulsión de anguila ahumada y perlas de wasabi Restaurante en Valencia Piedras de parmesano Restaurante El Poblet El bosque animado El Poblet La gallina de los huevos de oro El Poblet en Valencia Cremoso de chocolate blanco, mango y fruta de la pasión Restaurante en Valencia El fondo del mar Restaurante El Poblet Pan de maíz ahumado El Poblet el crepe de ralladuras, mmmmm El Poblet en Valencia El postre de chocolate, bonito Restaurante en Valencia El Poblet de Valencia Restaurante El Poblet La Bruma El Poblet Tomate El Poblet en Valencia Chutney de mango Restaurante en Valencia Petit fours Restaurante El Poblet Gamba roja de Denia El Poblet Chips marinos El Poblet en Valencia Papel & buey & guarnición Restaurante en Valencia Arroz de cenizas Restaurante El Poblet Gambas de Denia El Poblet El "bosque animado"

19 Opiniones de El Poblet

De nuevo la necesidad de un menú pactado de antemano, para celebrar una reunión de trabajo y con la posibilidad de la mesa redonda del comedor privado que permitó que los seis estuvieramos más que anchos. El servicio fué apabullante por la cantidad de gente y profesioonalidad a pesar de la juventud, aunque también es cierto que la falta de mesas llenas de los comedores vecinos, permitieron un lujo de servicio. Se mantiene el chef Luis Valls que vino a preguntar y comentar.

Todo pactado tanto comida como bebidas. arrancamos con cervezas iniciales de La Fallera, para seguir con blanco Emina Verdejo 2016 y con tinto Tarima organic 2016 (magnifica relacion precio/calidad) con servicio completo sin cargar ni faltar en las copas; por supuesto también hubo que beber agua que fueron Numen sin gas y Vichy con gas. Unos buenos panes y buen aceite de arbequina Bordemus hicieron de buen complemento inicial.

Lo comido servido sobre una vajilla muy ad hoc:

. sorbete de vermut rojo, zumo naranja y mango: extraña textura semisólida con buen sabor

. chips con forma de raices de olivo, buena mahonesa

. almendras: la verde espuma de crema de almendras y cubierta de cacao, la cruda y la frita con un punto de almendra amarga. Curiosa presentación.

. turrón de almendras arriba con leche de almendras y teniendo abajo una gelatina de quisquilla y otras sorpresas como puerro. Bueno.

. sopa de tomates verdes emulsionada con hierbas frescas con gamba pato y nieve de tomate. Platazo. Diferentes texturas (desde sopa a la nieve mientras dure) con un fondo de gran sabor de tomate verde y esa gamba de textura muy cremosa. Imprescindible.

. cubalibre de foie: plato estrella y emblemático, tan conocido y probado como deseado: la escarcha de limón que le acompaña le quita (si es que hay) sensación de volumen del cremoso de foie. Para comerse un pozal, y más con los brioches de mantequilla que elaboran en el restaurante para acompañarlo.

. presa ibérica de Joselito: escasa ración de una buena carne perfecta de punto y sabor.

. postre: chocolate con helado de mascarpone: perfecto de punto de dulce y equilibrado con el helado.

Unos buenos cafés y sin prisa para salir. De ahí nos fuimos a una cata de vinos interesantes del siglo XXI. Final feliz.

 

Un menú pactado (de tendencia clásica) para 4 comensales con libre elección de platos por parte del chef Luis Valls, incluyendo el vino blanco inicial Rebels de Bata 2016 y seguimos con tinto Tarima Organic.
La jefa de sala Teresa Pérez, creo recordar (ex Cuina de Boro) controla y supervisa con su maestría conocida haciendo que todo funcione como reloj.

Reformas en el local desde última visita quedando comedores parcelados que permite más intimidad y sensación de soledad si hay pocos comensales.

Buen pan y aceite Bardomus tras unas cervezas artesanales propias: La Fallera, La Valiente, La Beata con diferentes intensidades. Recomendables.

Lo comido:
. Unos chips de aperitivos clásicos de la casa.
. para mojar una salsita que se trata de una emulsión tipo mahonesa pero con base de caldo Dashi
. almendras en texturas: sobre un plato en forma de tronco almendras en forma y texturas diferentes: verde tal y como está en el árbol, peladas maduras y tostadas
. plato con base de turrón de almendra y no recuerdo bien su contenido.
. base de crema de ajo y almendras, quisquillas y una gelatina elaborada con las cabezas de las quisquillas, papel de leche de almendras y gotas de turrón
. sopa de tomates verdes emulsionados con hierbas frescas y gamba pato ¿?
. cubalibre de foie: el foie cubierto por una fina capa de coca-cola y ron con remate de escarcha de limón. Acompaña un brioche para mojar, algo imprecindible y recomendable.
. bosque brumoso: sésamo, corazón de parmesano y diferentes setas. Espectacular presentación con hielo seco haciendo la bruma de otoño.
. arroz de cenizas: un clásico y siempre intrigante arroz. Plato estrella que hay que conocer. Caldo de pichón y trompetas de la muerte en el fondo.
. postre: fondo crema de queso sorbete de cassis y polvo extracto de hoja de higuera. Precioso el plato con forma de hoja de higuera.

Todo ello en gran nivel de cocina, presentación, emplatado y descripción.

Unos cafes finales con tres buenos petits fours más un bombón de chocolate.

Atención exquisita por parte del equipo de sala.
Comenzamos el menú con un trampantojo, un aperitivo de rosa, que viene a ser unas tiras de manzana osmotizada. Muy bonito pero de comer nada.
El resto de platos no tenían buena combinación de sabores, la decoración excelente, muy trabajada pero ni sabes lo que comes ni te gusta a lo que sabe.
Un plato de carne que sabía más a whisky que a carne, un postre de pizarra que deja bastante que desear.
Y cuando te llega la cuenta, después de no haber disfrutado ninguno de los platos, la pagas a disgusto.
Se escucha el cachondeo de la cocina desde la sala a pesar de haber dos mesas.
Varios platos eran representaciones sin sentido de paisajes que realmente no recordaba nada a lo que decían.
No creo que realmente la gente disfrute y entienda comiendo ese tipo de platos (bosque animado, la bruma, pizarra de chocolate...)
El cubalibre de foie con escarcha de limón estaba buena pero no deja de ser una mousse de foie con una gelatina de cocacola que de coste no supone ni 50 centimos y te lo preparan en cualquier sitio igual.

Oportunidad de conocer de primera mano las propuestas culinarias de un triestrellado. Y si hay interés y existe la oportunidad, pues adelante.

Ocupa un local, muy céntrico, con dos plantas, la planta de calle donde se ubica Vuelve Carolina y la planta superior donde se ubica el Poblet.

Decoración a la altura de un establecimiento de este nivel, moderna, con buenas mesas, bien montadas y equipadas, iluminación un tanto escasa, en mi opinión.

Servicio de sala bien vestido y numeroso, y como es lógico cuando el grupo es numeroso, no todos están a la misma altura, atentos, profesionales, aunque también se nota a quien la atención y las buenas maneras, solo les salen como obligación.

Carta de vinos, potente en ambos sentidos, por cantidad de referencias y por precios. Quizás esto ultimo explique la prohibición de hacer fotos de la carta de vinos.

Como siempre, vinos blancos de la tierra, seis referencias, de ella y por recomendación de la sala, nos quedamos con un Blanc de Trilogía 2015, DO Valencia, Sauvignon blanc, muscat y verdil, fermentado en barrica. Fresco y persistente en boca.

La oferta culinaria se centra en tres propuestas: Menú históricos a 49,5€ ; Menú paisajes transformados a 77€; y Menú festival a 110€. Nos decantamos por el intermedio, el Menú paisajes, sobre el que solicitamos un cambio para un solo comensal, pase 4.

Y sin mas preámbulos.

1. Pétalos de rosa y gin tonic de manzana. Plato muy visual. Rosa, cuyos pétalos interiores han sido sustituidos por finas laminas de manzana impregnadas de un suave vinagre de frambuesa que le aporta color y sabor. Sabor que se acrecienta con un gustoso gin tonic de manzana.

2. Nudo marinero. Navaja abierta a lo largo y entrelazada para asemejar un nudo. No me dijo gran cosa.

3. Cubalibre de foie con su brioche. Plato super clásico, que ya tuvimos ocasión de probar en los tiempos en que Dacosta andaba por los madriles en Albora. Lo importante es que pasados los años, el plato sigue igual de bueno.

4. Sopa fría de cerezas con gamba roja de Denia. Plato de sustitución para un comensal. Pulpa de la cereza y caldo de cocción de las cabezas de las gambas, junto con otros ingredientes. Plato muy fresco y con muy buen sabor.

4. Ostra frita. Platazo directamente. Un plato de una gran técnica. Un soporte que asemeja la concha de la ostra, elaborado a partir de la proteína seca del bicho, y una espuma ligera que contiene la ostra troceada. Explosión de sabores y texturas en boca.

5. Gamba roja de Denia con té de bledas y salsa americana. Un plato muy estético. Una hermosa y muy sabrosa gamba roja, apenas cocida, servida en el plato, envuelta en papel celofán rojo. El sabor de la gamba y su textura es importante, la mezcla del te con la salsa americana le aporta demasiada fuerza.

6. La gallina de los huevos de oro. Huevo a baja temperatura, cubierto con una aleación comestible dorada y con fondo de caldo de gallina concentrado. Buen sabor.

7. Salmonete con perlas de la cabeza (tapioca infusionada con caldo de su cabeza) sobre velo de cebollino. Salmonete bien de punto, pero en su conjunto no me dijo grancosa.

8. Arroz de cenizas. Elaborado con pato, pichón y trompetas de los muertos. Las cenizas se elaboran a partir de almidón de trigo. El resultado final es un arroz meloso, con intenso sabor, que pide mas cantidad. Platazo.

9. Pizarras de chocolate. Postre muy visual. Refrescante, pero una vez pasado el efecto visual, no quedará para el recuerdo.

10. Petits fours. Dentro de una caja y semienterrados en una tierra comestible, diferentes bocaditos para acompañar el café.

Experiencia que aúna el gusto culinario con los efectos visuales. A nivel global, es una buena experiencia, pero me ha faltado algo que no sabría calificar, no ha saltado la chispa.

Restaurante céntrico, situado a escasos metros de la Plaza del Ayuntamiento. En la planta baja se ubica Vuelve Carolina, el gastrobar y en el piso de arriba El Poblet. Consta de un comedor principal y un par de reservados. La decoración moderna con cierto aire nórdico.

Quique Dacosta ofrece una cocina en la que impera el producto mediterráneo, sabrosa, delicada, imaginativa, con una utilización impecable de la técnica y una presentación de estética inmejorable, tremendamente elegante. En algunas de sus creaciones es posible constatar cocina de vanguardia elaborada con productos de la tierra, muy locales.

Desde que la pareja argentina compuesta por Germán Carrizo y Carolina Lourenço decidieron emprender en solitario, dirige la cocina el joven cocinero Luis Valls Rozalén. Y según la experiencia que os cuento hoy aquí defiende la plaza con entera solvencia y profesionalidad

La gerente y sumiller del restaurante es Manoli Romeralo, un referente de la restauración española que acredita numerosos reconocimientos entre ellos el Premio Nacional de Gastronomía al Mejor Sumiller de 2008, el Premio Internacional de Gastronomía al Mejor Sumiller de 2010 y campeona del mundo de Habanosommelier en 2006, por nombrar tal vez los más relevantes.

La carta de vinos es amplia, bien estructurada y especialmente bien elegida, tanto en referencias nacionales como internacionales. El recargo medio bastante decente, entorno a un 50% del precio de tienda. Las copas de nivel y el servio perfecto.

Servicio en sala comandado por Maite Pérez que conocía de otras propuestas “restauranteras”, quien por cierto también es una excelente sumiller. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto respecto del servicio en un restaurante. El servicio es simpático, solvente y muy profesional, simplemente perfecto.

También resulta destacable el servicio del vino realizado por la joven sumiller que nos atendió, así como el acertadísimo maridaje que nos propuso para el menú elegido.

Menú degustación de Históricos con maridaje:
Empezamos con un par de aperitivos:

Chips Marinos. Chips elaborados con un crujiente de arroz de presentación muy efectista pero de sabor contenido, más atractivos visualmente que gustativamente. Unos infusionados con tomate y los verdes con algas y ajo, acompañados de una emulsión de codium. Algunas formas recuerdan a una estrella de mar.

Tomate encurtido y tomate encurtido en seco. Intenso sabor a tomate, ese sabor casi perdido actualmente. Acompañados de bastones de pan con parmesano, pesto y trufa. Buenos, pero sin sorpresa alguna.

Acompañamos el par de snacks, fuera del la armonía del menú, con un par de copas de Zerej, una manzanilla pasada en rama muy especial, seleccionada entre las botas de Juan Piñero por Armando Guerra (Taberna der Guerrita).Saca de enero de 2015, de tan sólo 120 botellas en formato magnum, a la que este restaurante tiene acceso gracias a la buena amistad entre Armando y Manolí. Potente, sápida, punzante y muy definida. Un lujo empezar con Zerej.

El menú propiamente dicho

Pétalos de rosa y Gin Tónic de Manzana. Plato de reciente creación, del 2013. Sobre una rosa natural se depositan unos falsos pétalos centrales de láminas de manzana impregnadas de aceite esencial de rosas y vinagre de frambuesas. Textura y sabor parecido al de una gominola de sabor ligeramente acido y final dulce. Trampantojo a comer con ayuda de unas pinzas. Se marida con el propio Gin Tónic de Manzana, que provoca una sensación gustativa muy parecida al de una sidra natural. Refrescante y armoniosa forma de comenzar en menú.

Cubalibre de foie con escarcha de limón y rúcula salvaje. Clásico de la casa, uno de los platos más demandados y seguramente el más conocido. Creación del año 2001. El único que había probado años atrás, pero que no me importó nada de nada volverme a encontrar en la mesa. Crema de foie sobre la que reposa una fina capa de gel de cubalibre realizado con Ron Barceló Imperial. Sabores y texturas que armonizan perfectamente.

Acompaño la apreciada y siempre escasa sidra Malus Mama 2009. Una sidra natural elaborada por Iñaki Otegui en el País Vasco con manzanas autóctonas, que envejece durante un año en barricas de roble francés. El resultado es espectacular con una nariz definida y limpia y un dulzor comedido. Armonía acertadísima y poco frecuente.

Gazpacho de cereza y gamba de Denia. Quique Dacosta rinde merecido homenaje al producto estelar de Denia, la gamba roja. En la composición de sus menús siempre encontraremos este manjar. Plato creado en 2007 y que aúna dos productos muy alicantinos, la gamba roja de Denia y las cerezas de la montaña de Alicante. Sopa fría en la que mezcla la pulpa de las cerezas con el jugo de las cabezas cocidas de las gambas, añadiendo también tomate, remolacha, pimiento rojo, vinagre de Jerez y aceite de arbequina. Completa el plato con unas mitades de cerezas y las colas de gamba cocinadas en aceite a baja temperatura. Respeto máximo por el producto, mínima intervención al cocinar las colas.

El acompañante elegido para este plato fue el palo cortado Península de Lustau. Ámbar oscuro, límpido y brillante. Nariz intensa, avellanas tostadas, fruta escarchada y notas de barniz. En boca resulta seco, cálido, salino y de final amargo. Armonizó muy bien con las notas yodadas de las gambas y la aportación acida del gazpacho de cerezas.

Salmonete con perlas de su cabeza. Lomos de salmonete con perlas de tapioca infusionadas con un caldo concentrado de sus cabezas, acompañados de cebolla encurtida. El pescado en su punto, poco hecho, trasmitiendo su delicadeza y las perlas le aportan la potencia sápida y la cebolla en vinagreta, un contrapunto crujiente. Plato equilibrado, sabroso y bueno, pero tal vez el que menos me sorprendió de todos.

La armonía propuesta fue el Viña Tondonia Reserva Blanco 2000. Amarillo dorado. Frutas amarillas maduras, piel de limón confitada, junto con notas ahumadas y tostadas. En boca se presenta seco, con volumen, buena acidez y un final amargoso y salino. Acompañó muy bien con el salmonete, especialmente con las sabrosas perlas de su cabeza.

Arroz cenizas. Plato del 2008. El arroz es uno de esos productos icono de la Comunidad Valenciana que no suele faltar en el menú de cualquier restaurante valenciano que se precie. Este arroz constituye toda una alegoría a los quemas de los arrozales tras la siega. Arroz contemporáneo elaborado con un caldo de gran potencia al que se le añaden los higadillos de pichón braseados y pato. Las líneas negras se consiguen con las trompetas de la muerte y tiras de gelatina elaboradas con jugo de trufa y la ceniza se consigue con almidón de trigo modificado emulsionado con aceite. El resultado es un arroz meloso, ultra sápido, pero de grano muy al dente, algo entero. Espectacular…

El acompañante propuesto para este peculiar arroz fue el Château d’Ampuis E. Guigal. Côte-Rôtie. Un syrah, con un pequeño toque de viognier. Nariz de cierta intensidad en la que aprecio frutas negras, notas especiadas y ahumadas junto con recuerdos de caja de puros. En boca resulta fresco, gracias a su acertada acidez y de final abocado. Adecuada armonía con el potente arroz cenizas, consiguió quitarle densidad a cada una de las cucharadas de este sabroso y contundente arroz.

Campo de cítricos. 2006. Otro guiño a la tierra, intentando representar un campo de naranjas en el plato, tanto los frutos, los sabores como la tierra. Crema de naranja, tierra de fruta de la pasión y diferentes cítricos en texturas. Dulce fresco, equilibrado, sin empalago, con lo goloso que soy y me encantó. Con una presentación bellísima. Para repetir…

Armonizaron por afinidad, tanta que postre y vino podríamos decir que son primos hermanos, con Wittmann Riesling Auslese 2012. Nariz muy fresca, aromas cítricos escarchados, flores blancas y almíbar ligero. En boca presenta un perfecto equilibrio entre acidez y dulzura.

Con los cafés, llegaron los petit fours en forma de La Caja Mágica. Al remover como en una batea, entre una tierra (comestible) aparecen unos delicados y sabrosos bocaditos con los que acompañar los cafés que estaban enterrados en la misma. Consistentes en: macarón de chocolate, bomba de avellanas y pepitas de oro.

Salí tremendamente contento, mi experiencia ha sido totalmente satisfactoria, además en todos los ámbitos: el servicio en sala, la cocina, la armonía de los vinos propuestos, fue un día redondo. Totalmente recomendable, supone experimentar alta cocina a un precio más que razonable de aquellos platos que se han convertido en encumbrados históricos de la marca referente.

Post completo ilustrado con fotos en: http://www.vinowine.es/restaurantes/menu-historicos-en-rte-el-poblet.html

Hacía demasiado tiempo que queríamos volver por El Poblet, y eso que volvimos el verano pasado al restaurante madre de Denia. Aún así disfrutar de los platos de Quique Dacosta en la ciudad de Valencia, aunque sea de temporadas pasadas, es un lujo. Si a eso le añades la profesionalidad de la sala a cargo de Maite y el saber hacer de Manoli que, pese a estar entre bambalinas, se hace presente y notable en cada detalle, la experiencia no puede ser de otra manera que excelente.

El local es precioso, me encante el estilo moderno que le han sabido dar sin perder calidez en las estancias. Mobiliario cómodo y vajilla, cubertería y cristalería a la altura de lo esperado en un restaurante con estrella Michelin y de alguien tan meticuloso con todas las sensaciones plásticas como es Quique Dacosta.

Fuimos a comer a mediodía, así que probamos el menú Grace Kelly que es, más o menos, el menú del día de la casa. Como cabe esperar, se trata de un menú de platos “clásicos” del chef, perfecto para quien no ha estado en Denia, pero tampoco está nada mal para los que queremos recordar platos de pasadas visitas.

Como sólo bebía yo, optamos por el maridaje que nos iban proponiendo, así que abrimos camino con el champagne Baron-Fuenté, un todoterreno perfecto para los entrantes.

Empezamos con sus corales, unos chips vistosos y sabrosos en un plato muy visual. Volvimos a probar el bosque animado, otro de los grandes clásicos del cocinero pero una versión mini, a modo de degustación, acompañado de una rosquilleta ecológica de cacahuete de collaret, la típica variedad valenciana.

El bocadito de cebollita encurtida con emulsión de anguila ahumada y perlas de wasabi es genial: potente, con los sabores puros de todos los ingredientes y perfecto equilibrio. Es un plato de un bocado del que hubiera dado buena cuenta de unas cuantas raciones más.

Piedras de parmesano, otro de los trampantojos que probamos en el Made in the Moon de hace un par de años. Unas falsas piedras rellenas de una crema del célebre queso. Excelente presentación de la preparación que se mimetiza entre las piedras reales. Primero debes encontrarlas para poder disfrutarlas.

Hoja de tabaco y toro. Este es sin duda el plato que nos gustó. Primera porque era la de las pocas cosas que no habíamos probado, pero sobre todo porque es un plato perfecto. La hoja de tabaco es un alga kombu prensada y cortada de tal forma que da un aspecto marmolado muy similar a la hoja de tabaco. La soja ahumada da coloración y sabores que aún asemejan más a este nuevo trampantojo, y el corte de atún, el toro, redondea el conjunto. Plato de 10, de quitarse el sombrero. Aquí nos fuimos a por un Lustau Palo Cortado Península, perfecto maridaje por las notas salinas, ahumadas y tostadas del plato y el vino.

La gallina de los huevos de oro: un plato que pude probar la primera vez que visitamos el restaurante de Denia, cuando aún se llamaba El Poblet. Un huevo a baja temperatura una aleación comestible dorada y un caldo de gallina de sabor concentrado. Para este plato cambiamos a un Viña Tondonia Blanco Reserva 1999, con todo el carácter de estos vinos riojanos que casó muy bien tanto con la grasa de la yema de este huevo como con el arroz.

Y llegó el arroz, a banda con velo de azafrán y coronado por una gamba de Denia. Perfecto de sabor y punto de cocción, el velo de azafrán bien integrado y la gamba para qué perder el tiempo en describir el sabor de este producto que Quique Dacosta lleva como bandera.

Terminamos un cremoso con chocolate blanco, mango y fruta de la pasión. Estéticamente es un plato muy bueno, pero para mi gusto los sabores de las dos frutas, pese a tener mucha acidez, pecan de exceso de presencia. A mi acompañante, por contra, le encantó este postre.

Con las infusiones y cafés vienen los petit fours, un detalle final para terminar una comida excelente y a un precio más que ajustado. Sin duda, la mejor opción de conocer la cocina de Quique Dacosta a un precio correcto.

Innecesario hablar del local, de la calidad del servicio, elegancia, servicio de copas constantes, cambio de platos, etc.. porque bien descrito está ya, además la estrella Michelín bien ganada lo avala y por si faltaba algo en sala está Mayte (ex Cuina de Boro) al menos en el comedor privado.

Cuatro comensales y dos opciones: Menú degustación El Poblet (65€) y menú de Clásicos. Optamos por el "Degustación".

Aperitivos fuera de menú y por cortesía de la casa:
. corteza marina: sabor a mar (pero poco) y aparente presentación efectista en cucuruchos.
. rosquilleta de cacao del collaret con crema de rúcula: muy buena crema y un palito rosquilleta con ese cacao valenciano en vías de extinción

Entrantes:
. maderas: topinambur y ahumados. Bonito de presentación con diferentes texturas, sabores y hasta colores. Acierto.
. Maria blody: un bocadito (hay que tomarlo entero o cambiar de camisa) con su punto de tomate, su punto picante de pimiento, su punto de ajo, su punto de vodka... Esencia pura.
. empanadilla de sepia y wasabi: puestas como camaleones encima de una piedra tiene el punto justo de picante para no quedar algo insulsa.
. cremoso de parmesano con velo de 6 albahacas: sobre un fondo de queso cremoso poco poderoso para no apoderarse de los sabores queda un tapiz verde con muchos y pequeños ingredientes como si fueran pequeños juguetes sobre el césped. Punto de curry y superrefrescante. De lo mejor nuevo que probé.
. la bruma: una superficie como acristalada (ventana) con unos agujeros invisibles por los que sale la bruma del hielo dejan entrever unos brotes verdes. Muy efectista y muy tipo cocina del Noma.
. proteína de ostra: la ostra se presenta en tempura junto a polvo de ostra con una caparazón de arroz frito. Muy buen conjunto, sorprendente presentación pero con buen fondo de sabor. Muy bueno.
. salmonete eucalipto: buen pescado, pequeña ración, bien hecho y presentado
. arroz de presa con remolacha y avellanas: hay muchos matices. Un aire de remolacha que corona el plato, buen arroz, un crujiente que es pan de molde tostado, avellanas trituradas... Para ir descubriendo
. campo de cítricos: ya un clásico de la casa. Siempre es de agradecer un postre refrescante más que cargante de dulce. Bien.
. dind: presencia de helado de horchata entre otros ingredientes que no recuerdo
. petits fours (3): presentación en plataforma (negra o blanca) Buenos de presencia y sabor.

No hubo extras ni por nuestra parte ni por la suya.
La sensación es de un buen disfrute de una cocina con algún plato aún presente en Denia, pero que va haciendo incorporaciones de aquello que allí se renueva en carta.

A todo ésto hay que añadir un servicio de un pan de maíz extraordinario. Agua Numen y un tinto Finca La Garriga 2010 de buena presencia y fondo, con algún sedimento y mucho tinte de copa. Costó decidir porque la carta de vinos es enciclopédica.

Bonito restaurante situado en el piso de arriba de el "Vuelve Carolina". Respecto al local, correcto para su nivel, con algún toque kitch de decoración pero sin estridencias.
Tras ser amablemente acompañados nuestra mesa, amplia y sillas cómodas, nos ofrecieron algo para tomar y elegimos unas copas de cava rosado "de Nits" de Raventós i Blanc, nos ofrecieron un aperitivo de wasabi. Muy bueno. Un buen comienzo.
Dado que visitamos este restaurante el día de Reyes, sólo ofrecían 2 menús a elegir, y nos decantamos por el más largo, aunque los dos eran atractivos. Para beber, un Macán 2009, gran elección: temperatura, copas y el servicio del mismo, impecable. Color limpio, brillante, predominando el picota con ribete casi morado lo que denota su juventud. A su muestra en copa me sorprendió su falta de expresividad, más ausente que tímido…pero esa timidez se volvió impetuosidad, tras las notas lácticas aparecen violetas, rosas, cerezas muy elegante. A tiempo aparecen los tostados, café, toffe y algo de incienso. Vino denso, con volumen en boca, fresco, con una acidez presente pero perfectamente integrada. Persistencia media. Es todo un señor vino, con una presencia y clase que considero a la altura de sus orígenes. Invita a beber más y a ver su evolución en botella.
Respecto a los platos, no me extenderé en la descripciones dado que son clásicos de este gran cocinero: escarcha de tomate, carpaccio de presa, gamba de Denia, la gallina de los huevos de oro, todo muy correcto. No entendí bien el concepto de la abstracción del mar pero tampoco puedo considerar que no me gustara. El plato que más me sorprendió fue el arroz cenizas, son de esos platos que valen una visita. Postres también correctos.
Me gustaría destacar el servicio, muy profesional: el restaurante lleno y conseguir llevar una sala con precisión milimétrica, es digno de elogiar.
En resumen un buen restaurante, con un buen servicio pero que en inevitablemente se percibe como sucursal de su proyecto principal.

Conocí un reservado al que accedimos directamente por lo que no puedo opinar sobre el resto del local.
El servicio fue suficiente, nunca faltó y nunca se excedió.
El vino fue muy bien servido.
La insonorización del local era perfecta, se conversaba muy agradablemente.
La mesa para 6, redonda, limpia, sin cubiertos ni servilletas, solo un vaso para agua, era una imagen algo fría, sorprendente, pero muy correcta.
Los entrantes de la casa eran irrelevantes: unos cortezas, unos conos... nada que decir.
La mini ensalada con mini´hojas y mini´flores, muy buena, quizás algo sosa pero bonita.
Unos buñuelos idénticos con tres contenidos diferentes estaban buenísimos, espectaculares en su sabor, sorprendentes: unas patatas fritas con huevos mejores que las de Lucio (mucho mejores), un cocido con su pringá y una croqueta clásica pero , en ese momento, sorprendente por parecerse a lo que era, muy muy ricos.
Una gamba roja en celofán estaba muy buena, pero una gamba.
Una cuña de carne (solomillo) con otra de una especie de berenjena frita en tempera, era buena y ¡grande!, se agradecía por la cosa del hambre. Correcta pero la carne con leve "toque" de tiempo en frigorífico que altera algún borde de la pieza, nadie mas lo notó.
El postre de chocolate precioso pero irrelevante.
Junto con los "buñuelos", lo mejor de la noche, el postre consistente en un "crepe" lleno de allanaras de limón y naranja, solo la parte coloreada, grande, muy bueno y de textura nueva, sorprendente. Muy bueno.

En fin: que me gustó, me llenó y aunque eché de menos algo de "parafernalia", volvería pues hubo sorpresas y calidad. El vino elegido lo fié por alguien que no sabía y eso deslució las posibilidades, pero eso es culpa nuestra.

Lo primero es destacar el ambiente agradable y silencioso del local merced a un buen aislamiento acustico(y mas teniendo en cuenta que comimos en plena mascletá)y a una decoración serena y diafana.

El servicio profesional, cercano y que aparecía justo cuando era necesario.

La comida para 2 personas consistió en:

- 2 vermuts blancos y el entrante invitación de la casa

- Chips marinos: Suaves y con una presentación colorísta, presentando cada tipo (alga, camarones...) su identidad aunque se echaba de menos algo mas de sutilidad y matices.

- La Bruma: Decepción con este clásico, a pesar de la presentación llamativa y de la calidad de los ingredientes, se queda en un "¿y ya está?"

- Bosque animado: En la línea del anterior.

- Surtido de croquetas: Excelente al paladar, aunque las 5 pequeñas croquetas se quedan muy cortas para compartir.

- Steak tartar: Fantástico (aunque falto de algo de personalidad).

Como platos principales:

- Arroz caldoso de langosta y pelota de puchero: Muy bien cogido el punto al arroz y realmente sabroso (aunque la combinación mar y montaña queda un poco deslucida en cuanto a matices), servido en el plato y acompañado de la cazuela para poder repetir.

- Tataki de atún: Buen producto (no excelente) y presentación algo deslucida.

De postres:

- 2 cafés solos.

- Gianduja de cítricos: Muy original en presentación y en texturas, aunque algo corto en sabor.

- Chocolate mascarpone: Excelente, un acierto.

Acompañamos la comida con un Larmandier rosado, que fue una elección algo rotunda para la comida.

En general todo correcto con algunos destellos de brillantez, viéndose la experiencia lastrada por las expectativas hacia la marca Dacosta, creo que deben apostar por una identidad própia mas definida en lugar de transmitir (intencionadamente o no) la sensación de segunda marca.

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