Restaurante La Salgar en Gijón
  

Restaurante La Salgar

8
Datos de La Salgar
Precio Medio:
55 €
Valoración Media:
8.5 10
Servicio del vino:
8.1 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
8.3 10
Calidad-precio:
9.1 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor, Asturiana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 35,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


8 Opiniones de La Salgar

Hace unos cinco años, cuando arrancó aquella extraña iniciativa de formar una peña con personas que disfrutaban de un modo especial al sentarse en la mesa de un restaurante y que apenas se conocían entre sí, pocos imaginábamos que la aventura llegaría tan lejos. Pero aquí nos volvimos a encontrar, en la ciudad de Gijón, tras habernos reunidos con anterioridad en diez ocasiones y en diferentes puntos de la geografía española y manteniéndonos aún como miembros de la peña la mayoría de quienes iniciamos este proyecto.

 

Ejercía como anfitrión en esta ocasión nuestro querido presidente, Isaac Agüero, que, sin ser asturiano, mantiene unos vínculos gastronómicos muy especiales con esta región. Isaac, madrileño de adopción, se siente, ante todo, cántabro, pero no era ningún secreto para nosotros que llevaba tiempo queriendo organizar un encuentro en esta comunidad. Esperó pacientemente a que todos nosotros preparásemos los respectivos encuentros en nuestras ciudades de procedencia (Zaragoza, Girona, Bilbao, Valencia, Madrid, Barcelona, Alcoi, Santander, Dénia-Ondara y Segovia) y, una vez acabada esta primera ronda, se ofreció a preparar la próxima quedada en Gijón. No hubo ninguna objeción al respecto y allí nos reencontramos en una otoñal noche de viernes.

 

La Salgar es el restaurante que se ubica junto al “Muséu del poblu d’Asturies”. Actualmente está bajo la dirección de Nacho y Esther Manzano. La solvencia de esa marca está más que contrastada y es indudable el prestigio de Nacho como uno de los grandes impulsores de la alta cocina astur y uno de los mejores cocineros de este país. El inmueble tiene un cierto aire de edificación efímera con el cristal y la madera como elementos claramente predominantes. La sala es amplia y totalmente diáfana, aunque se respeta una más que correcta separación entre mesas. Justamente son esos enormes ventanales los que dotan al espacio de unas bonitas vistas hacia los jardines que rodean el edificio. A pesar de haberlo visitado durante la noche y no poder disfrutar completamente de ellas, resultó agradable contemplar en la penumbra la típica estampa otoñal de los bosques asturianos de hoja caduca en plena temporada de caída del follaje.

 

Los tonos cálidos de la madera y de los escasos muros que hay en la sala, junto a la tenue iluminación, confieren al comedor un ambiente intimista y agradable que invita a la relajación y al disfrute pausado de la velada. Mesas bien vestidas, sillones muy cómodos y una vajilla, cubertería y cristalería de calidad contribuyen también a aumentar el nivel gastronómico de la experiencia.

 

En La Salgar, nombre que le viene al restaurante de la aldea donde se ubica Casa Marcial, el hermano mayor de éste, se ofrece principalmente una cocina de mercado que hunde sus raíces en el producto asturiano, pero con la marca de identidad propia y personal que deja la impronta de los hermanos Manzano. Los oricios, la merluza, el bacalao, el pitu de caleya… nutren las despensas de esta casa, pero las recetas clásicas se reinterpretan desde la visión que aportan las nuevas técnicas de cocción y unas presentaciones mucho más contemporáneas.

 

El menú que degustamos se preparo ex profeso para nuestro grupo e intentaba plasmar la trayectoria culinaria que ha vivido Casa Marcial estos últimos treinta años y mostrar alguno de los platos actuales de La Salgar.

 

- En un primer pase, llegan a la mesa tres snacks o aperitivos de cortesía que se colocan al centro de la misma para ser compartidos: Crujiente de algas con mayonesa de Kimchi, piel de bacalao crujiente con mojo rojo y el pitu y su entorno.  Los tres bocados nos resultan sabrosos y elegantes al cincuenta por cien. No se acusa carencia sápida alguna en ninguno de ellos, pero la potencia es usada con control, sin apabullar.

 

- Mantequilla de boletus: Normalmente no hubiese hecho alusión alguna al tratarse claramente de un elemento secundario en los menús degustación, como tampoco suelo hacerlo con el aceite, las sales o el agua que se sirve. Pero nos resultó tan extraordinariamente cautivadora que no puedo pasarla por alto. Combinó a la perfección con los panes que nos ofrecieron: pan de leche y de maíz.

 

- Croquetas de jamón: De sobra son conocidas la fama y el renombre de las croquetas de Nacho. No había tenido ocasión de probarlas y les prometo que no desmerecen. La ejecución y presencia es magistral, insuperable. Sabor elegante, aunque un pelín contenido de potencia.

 

- Torto de maíz con cebolla confitada y queso de cabrales: Según nos cuenta el equipo de sala, éste podría considerarse el primer plato que ideó Nacho cuando contaba con tan sólo catorce años. En Casa Marcial empezaron a servirlo en el año 1985. Mi experiencia con los tortos se limitaba a un único encuentro ese mismo día a mediodía en un modesto bar-restaurante de Gijón donde comimos correctamente y bebimos estupendamente. Les confieso que mi impresión no fue nada buena aunque, apenas unas horas después, ésta cambió rotundamente con la degustación del torto de La Salgar. Base mucho más fina y crujiente que los citados anteriormente y acertado el condumio que la acompaña, controlando con maestría la extraordinaria potencia del queso cabrales.

 

- Otoño, manzana, castaña y setas (2006): Me confieso un enamorado de los productos otoñales, especialmente de las setas, y de estos consomés que se realizan a partir de las partes menos agradecidas de las mismas y reduciéndolos horas y horas para recoger toda su esencia. Un buen fondo como éste garantiza al menos el setenta por cien del éxito de un gran plato. Si al mismo se le añaden acertadamente unas ricas setas frescas, unos cachitos de castaña y los daditos de manzana Grand Smith que aportan un aire de frescura y acidez al conjunto, estamos ante una de las elaboraciones de la noche. Gran disfrute.

 

- Panceta crujiente con vinagreta de verduras y caldo de fabada (2003): Plato tan o aún más aplaudido que su antecesor. La fabada aparece, en teoría, como secundario aunque realmente es quien predomina y ejerce como enlace entre el resto de elementos: unos deliciosos cortes de panceta, unas fresquísimas hojas de lechuga y unas pocas fabes. Sorprende y maravilla el aliño con vinagre, costumbre heredada de muchos hogares donde se rocían las legumbres directamente con él. Su presencia es muy notable, pero sin llegar a interferir.

 

- Merluza en su esencia con su holandesa y huevas secas (2015): Se trata de una interpretación personal de un plato muy típico en el Norte: la merluza a la romana. En él, el pescado solía acompañarse con la clásica ensalada de lechuga y cebolla. En la versión de La Salgar esta misma ensalada se presenta en forma de licuado. Además, acompaña al conjunto una rica holandesa que, realmente, es un pilpil a partir de las espinas y cabezas del pez. Notable.

 

- Terrina de jabalí con su destrozo, su propio jugo, puré de chirivía y ñoqui de maíz: O, dicho de otro modo, una manera más que elegante de degustar carne de caza, de jabalí, en este caso. La terrina me pareció excelente y muy acertadas ambas guarniciones. El uso del maíz es otro guiño a la interesante despensa que nos ofrece la comunidad de Asturias.

 

- Panacota de apio con agua de manzana y granizado de hinojo (2012): Aunque si bien es cierto que este postre se asemeja bastante a otros degustados en diversos restaurantes de nivel, aquí un servidor nunca se cansa de encontrarse estas propuestas con un carácter extremadamente fresco y ligero. Se agradecen enormemente los matices frutales y herbáceos y esos toques ácidos y punzantes.

 

- Galleta de naranja con crema inglesa, mango confitado y helado de mango: Seguimos en la línea de postres ligeros y poco empalagosos, aunque en éste se alcanza un nivel de dulzor bastante más alto que en su antecesor fruto, principalmente, de la crema inglesa y del mango que ha sido confitado. Un cierre perfecto para una gran cena.

 

- Por si alguien se había quedado con hambre o echaba en falta bocados más golosos, nos sirvieron unos ricos y bastante más dulces petit fours: galleta de mantequilla y chocolate, praliné y avellana.

 

La elección y servicio de vinos en La Salgar corrió esa noche a cargo de José Luís García Ruiz, sumiller del restaurante Casa Marcial, que tuvo el gran detalle de acompañarnos para la ocasión. Su propuesta para armonizar la cena arrancó con un vino del marco de Jerez: Manzanilla Los Caireles. A partir de aquí, todos los vinos que salieron fueron de origen asturiano o, a lo sumo, procedentes de la vecina Galicia: un blanco de la tierra, La Fanfarria 2015, una sidra brut, Pomarina 2015, un vino tinto DO Ribeiro, Son de Arriero 2015, y, para acabar una riquísima sidra de hielo: Valderán 20 manzanas.

 

Con los cafés y las infusiones, estuvimos departiendo un rato con el propio Nacho sobre detalles curiosos y nada trascendentales en el devenir de su carrera, de sus restaurantes y de nuestra peña. Su hermana Esther no se encontraba demasiado bien de salud esa noche y no pudo sumarse a la conversación. No fue una charla excesivamente larga, pues no eran horas de cháchara, pero a todos nos resultó un encuentro entrañable, natural y sincero. Ya allí quisimos mostrar todo nuestro agradecimiento a Nacho y al equipo de La Salgar por las atenciones recibidas, reconocimiento que quiero reiterar desde aquí pues todos ellos mostraron extremadamente atentos y hospitalarios con nosotros. Muchas gracias.

 

Post ilustrado con fotografías en: http://www.vinowine.es/restaurantes/la-salgar-la-casa-de-nacho-manzano-en-gijon.html

La cena con la que se inauguró oficialmente el Encuentro Otoñal de la Peña Gastronómica Los Restauranteros se celebró en este elegante y acogedor restaurante que regenta la familia Manzano en Gijón. Por todos es conocida la trayectoria y el bagaje de los profesionales al mando de la empresa resultando estéril, a mi entender, realizar mayores disquisiciones en este sentido.

Atmósfera, como decía, de tintes hogareños sobre un fondo moderno y ecléctico que te hace sentir cómodo desde que atraviesas la puerta de entrada. Madera, tenue iluminación cálida, amplios ventanales con vistas a una zona ajardinada que deben dar mucho juego y empaque a la luz del día. Cómodas sillas y espléndida mesa para disfrutar del menú elaborado exprofeso, haciendo un recorrido por los platos más significativos de su cocina.

Una mantequilla con boletus para darle unte al rico pan, tanto el de masa madre como el de maíz, y dar comienzo a la función, abriendo fuego con: 

Crujiente de Algas con Mayonesa de Limón

Piel de Bacalao Crujiente con Mojo Rojo

El Pitu y su Entorno

…y una vez hecho el calentamiento:

Croquetas de Jamón 

Torto de Maíz, Cebolla Confitada y Queso Cabrales 

Otoño, Manzana, Castaña y Setas

Panceta Crujiente con Vinagreta de Verduras y Caldo de Fabada

Merluza en su Esencia con su Holandesa y Huevas Secas

Terrina de Jabalí con su Destrozo

…terminando con:

Panacota de Apio con Agua de Manzana e Hinojo

Galleta de Naranja con Crema Inglesa y Helado de Mango 

Incapaz de advertir algo nuevo respecto a anteriores valoraciones. Nivel alto en todos los platos alcanzando alguno, como el de la Panceta, la excelencia. Me impactó, como a muchos de los presentes, la Panacota y particularmente también me prendó la Terrina de Jabalí con esa chirivía y unas notas especiadas dulces que ensamblaban a la perfección el conjunto.

Para beber, agua, vino y sidra, concretamente Manzanilla Los Caireles, La Fanfarria 2015, Sidra Pomarina y Son de Arrieiro 2015, acabando con Valveran 20 manzanas. Todas las elecciones muy bien acompasadas a los platos, tal como era de esperar dado el nivel de sumillería liderado por Juan Luis García que ofició esta noche en La Salgar.

En resumen, completo recorrido por algunos de los platos representativos de la cocina Manzano a la cual no le hace falta presentación a estas alturas. Ideación, inteligencia, manos, pulcritud, claridad, visión, pulidez y garantía fueron cincelando lo que supuso una nueva experiencia de gran altura vivida con Los Restauranteros. Un auténtico placer.

PD1.: Enhorabuena y muchas gracias por todo el trabajo y organización, Isaac.

PD2.: El precio reflejado es sin vinos y la RCP puntuada en función de ello.

Acudimos a este restaurante gracias a la invitación de la peña "Los Restauranteros", evento organizado en esta ocasión por Isaac Agüero (gracias por vuestra acogida!).

Nos presentan un menú maridado con platos clásicos de Nacho Manzano, quien tiene el detalle de acudir al restaurante, actualmente regentado por su hermana Esther.

La sala bonita y con techos altos. La atención muy buena a pesar de las dificultades que presenta una mesa tan grande.

Los platos con un muy buen nivel general, a destacar desde mi punto de vista La panceta crujiente con vinagreta de verduras, con el toque espectacular que le dió el vinagre, y el primero de los postres, la panacota de apio con agua de manzana y granizado de hinojo, muy original y refrescante, gran acierto.

El maridaje también muy buen nivel, vinos no excesivamente complejos pero acompañando perfectamente los platos.

Y la relación calidad-precio muuuy buena, 60 € por persona con lo que comimos y bebimos... perfecto.

Gracias de nuevo a la Peña por la invitación.

Primer acto oficial de la Peña Restauranteros en Asturias, de la mano de Isaac Agüero, no podíamos estar en mejores manos para esto del comer, conocía la cocina de Nacho Manzano del restaurante donde regenta las dos estrellas, precisamente el local, Casa Marcial esta en La Salgar de ahí el nombre de este otro local donde comparte protagonismo con su hermana Esther, que es la que cocina en este restaurante con estrella michelín de Gijón, junto con la planificación de Nacho.

El local esta en el museo Etnográfico, su interior esta decorado con mucho gusto, espacioso, techo de madera , espacio entre mesas y menaje de primera.

Estaba Nacho supervisando el menú, también teníamos al sumiller de Casa Marcial, un menú donde hacíamos un recorrido por varios platos de Nacho, perfectamente ejecutados por su hermana, para la ocasión.

Empezamos con unos aperitivos, crujiente de algas con mayonesa de Kimchi, piel de bacalao crujiente con mojo rojo y un aperitivo muy acorde con la tierra, el pitu y su entorno, en el interior de un crujiente con forma de cresta un farfel de higadillo de pitu, todos ellos muy sabrosos y bien acompañados con Manzanilla Los Caireles.

Luego unas ricas croquetas de jamón, deliciosas, de 1993, el plato, no las croquetas.

Nos sacaron también una rica mantequilla de Boletus, buenísima con el pan de maiz y semillas o con el de leche, no quedo nada.

Torto de maíz con cebolla confitada y queso de cabrales, cebolla caramelizada, huevo y queso, sobre un torto muy etéreo, un pase realmente sabroso, este plato lo ideo Nacho con catorce años y empezaron a servirlo en 1985.

Aquí ya nos pusieron un blanco de la tierra, La Fanfarria 2015, buen maridaje.

Otoño , manzana , castaña y setas , plato del 2006 , rebozuelo , lengua de vaca y boletus , con los trozos menos atractivos hacen una infusión , que esta cojonuda , ademas de las ricas setas , manzana cocinada , que aporta un punto acido-dulce que le va muy bien a las setas y la castaña también armoniza con todo el conjunto , un plato para la época , sin duda .

Aquí empezamos con una sidra brut, Pomarina 2015, madre mia, como entra, muy rica.

Panceta crujiente con vinagreta de verduras y caldo de fabada del 2003, este plato me ha sorprendido y me ha hecho recordar sabores de antaño, cuando mi abuelo echaba vinagre a las alubias, la idea surge de cuando se juntaban en familia a comer fabada y se picaba la ensalada, buen producto y un contraste en boca muy bueno, la grasa de la panceta y la faba con el vinagre de la ensalada, gusto mucho, una vez mas la sencillez triunfa.

Merluza en su esencia con su holandesa y huevas secas (2015) , delicioso , material de primera , cocción sublime , una interpretación libre de merluza a la romana , de la clásica ensalada que se comía con la merluza , hacen un licuado , el huevo se presenta en su holandesa , un ligero pil-pil de su piel y espinas y a modo de pan las huevas secas de la merluza , una maravilla .

Para el siguiente plato nos sacaron un tinto gallego Son de Arriero 2015, ribeiro, otro acierto más.

Acabamos el apartado salado, terrina de jabalí con su destrozo, su propio jugo, puré de chirivia y ñoqui de maíz, contundente final sabroso y bien acompañado del vino, la frescura de este tinto va muy bien con la caza.

Primer postre, (2012) panacota de apio con agua de manzana y granizado de hinojo, un postre para refrescar y que para mi esta entre los mejores que he comido, la panacota muy buena, los trozos de manzana aportaban frescor a la dulce panacota.

Acabamos con un postre de 1996, se notaba, más clásico, una galleta de naranja con crema inglesa, mango confitado y helado de mango, rico y contundente, con hambre no nos quedamos, para nada, los postres con la rica sidra Valderan 20 manzanas, me encanta, creo que sea el final dulce en bebida con la mejor RCP y que con esa acidez-dulce mejor contraste haga con estos platos finales, unos petit fours (galleta de mantequilla y chocolate, praliné y avellana)con el café y todo dios encantado.

Después de esta revisión de platos de cocina asturiana de autor, salimos todos encantados, gracias a todo el equipo , maravilloso de La Salgar, a Nacho Manzano y a Esther por elaborar este menú para la ocasión y a Isaac por llevarnos y gestionarlo todo , no se podía empezar mejor y todo este disfruté por 60€ vinos aparte.

Restaurante de Nacho Manzano en Gijon, que al igual que el primero,- Casa Marcial-, tambien ostenta una estrella Michelin.

Esta ubicado, en un lugar tranquilo, frente al estadio de el Molinon, y delante del Museo del Pueblo de Asturias. Una de las paredes acristalada que permite ver la colección de horreos que posee el museo, la luminosidad en el local, por consiguiente, esta mas que garantizada.

En sala, gente joven, preparada, con muy buenas maneras, sabiendo estar en su sitio, pero sin perder la sonrisa, la amabilidad y la cercania. Muy buena sala.

Carta y dos menus,el tradicional y el gastronomico, de 7 y 8 platos y precios de 37 y 55€ sin IVA, respectivamente. Maridajes, respectivamente, de 15 y 19 €/pax.

Hay posibilidades de cambios, por intolerancias, alergias, etc.

Buena carta de vinos, bastante completa y con precios razonables. En este capitulo nos decantamos por un Leirana barrica 2008.

Nos decantamos por el menu tradicional, con un cambio.

Vamos al lio, que me disperso.

- Como aperitivo, una brandada de bacalao con su piel y mojo, al que calificar como rico, seria decir poco.

- Revuelto de cebolla caramelizada y cabrales sobre torto de maiz. Tela, tela, .... , Cosa mas rica ! Para recomendar.

- Croquetas especiales de jamon de Nacho Manzano. De las mejorcitas que se pueden tomar en nuestra piel de toro. Sabrosas, semiliquidas. De aplauso.

- Fabada asturiana. Para empezar bien, hay que probar una fabadita, y esta, merece ser probada. Para mi, no es la numero uno, pero esta cerca.

- En este punto, el menu ofrecia un arroz con pitu de caleya, lo cambiamos por un arroz con almejas. Rico, sabroso, lleno de almejas.

- Minigalleta de naranja con helado de mango y jengibre. Postre refrescante y con buen contraste de sabores en boca.

- Arroz con leche tradicional. Al igual que en el caso de la fabada, no se debe dejar pasar la oportunidad de comenzar con un buen arroz con leche, y este, lo merece sin ninguna duda.

- Petit four (galleta de mantequilla y chocolate, praliné y avellana)

Con nuestros cafes con hielo y unos chupitos de sidra de hielo, producto del que no tenia conocimiento, y como cierre dulzón de una buena comida, no solo me ha parecido un buen producto, sino que lo he buscado, encontrado y comprado, ponemos fin a esta muy buena experiencia.

Coincido con Isierrar en la descripción perfecta del local que ha hecho. Muy bien el servicio de vino y cambios de platos, rapidez.. sobre todo los que iniciamos la cena pronto ya que el local acabó llenandose. Lástima de algunos padres que no sujetaban a un pequeño que correteaba por el comedor molestando a casi todas las mesas y camareras. Estaban parejas en plan romántico y gastandose una buena pasta en una cena especial que no tienen por qué estar haciendo de canguros.
Esther acude a todas las mesas a informar, aconsejar con un trato exquisito, teniendo control de todas las mesas. Sin embargo en el servicio se nota cierto descontrol, que no falta de interés: tres [email protected] distintos quisieron llenar una copa de vino de quien no bebía vino. Sería mejor repartir funciones o mesas que ir tapando agujeros.
Carta de vinos correcta con variadas y suficientes opciones, con el habitual recargo (sobrecargo más bien). Carta de platos buena y variada más opciones de menú más asturiano y menú degustación más creativo y de más precio. Optamos por platos de carta ya que no todos elegíamos menú; yo me quedé con las ganas.

Cortesía de la casa: mantequillas de sabores muy destacable la de albahaca y rúcula. Nos gustó y nos trajeron otra racion triple de la misma. Además un vasito aperitivo de centollo y espuma de tomate correcto de sabor.

Cuatro comensales. Comida al centro: croquetas de jamon casero con una muy generosa ración y muy buen sabor. Revuelto de huevo, queso de cabrales (poco notorio) y cebolla caramelizada sobre tortas de maiz: la cebolla excesivamente pasada por la sartén; no le acabé de encontrar el punto al plato.
Platos principales: verduras a la plancha en ración muy generosa bien en su punto (no variadas:unas crudas y otras quemadas). Sedoso de bonito: tacos de bonito marinados crudos en una salsa hechas con las espinas del bonito, verduras y algunas cosas más en ración correcta servido en frío, y con un extraordinario sabor. Dos raciones de arroz meloso con el famoso pitu de caleya (pollo de corral) sabroso, abundante, bien de coccion y con un pollo que de tanto sabor parecía pato; para mi gusto le falta sabor de verduras al arroz (pero eso es muy valenciano, y estamos en asturias).
Postres: un arroz con leche que estaba más cerca de mousse con una lámina de caramelo tostado (como la crema catalana) que hacía que supiese poco a arroz o a leche: diferente. La famosa torrija con helado de vainilla: muy buena y sabrosa, algo pasada de fuego en superficie y bien combinada con el helado.

Además de 4 panes correctos más luego uno de maiz para repetir. Dos de agua sin gas de litro y una botella de godello Guitian muy bien de temperatura y copas y servicio.

No hubo cafés; tampoco ofrecimientos de chupitos, dulcitos... Recoger la cuenta costó más de lo debido según parece por problema informático de la impresora, y hubiera sido un buen momento para ofrecer la degustación de un licor. Tampoco despedida por algo del desorden comentado al principio, con lo que la salida fué algo fría. Lástima.
Aun así la sensación fué de muy buen sitio y comida. Con ganas de volver a por el menú de medio dia de 37€ que promete.

No imagina encontrarme un espacio tan acogedor: suelo de moqueta, paredes bien decoradas y todo en un armonioso equilibrio. El servicio atento, cercano pero profesional.En cuanto a la comida:Croquetas impresionantes, de las mejores que he comido, todo lo demás perfecto, chuletón en su punto, bien servido... Un sitio muy recomendable.

Me encontraba hospedado en un hotel muy próximo a este restaurante del que no tenía ninguna referencia, excepto que es una "sucursal" de Nacho Manzano (Casa Marcial) en Gijón, llevado por su hermana Esther, siempre bajo la atenta mirada del mediático chief. Así es que la curiosidad me llevó a este local... y acerté de lleno. Simplemente para repetir.

Situado en el Muséu del Pueblu D'Asturies y del que saca magnífico partido. Consta de un gran salón con decoración modernita. Una de las paredes con siluetas grandes y negras de ganado vacuno (divertido) sobre un una pared marrón, y justo enfrente un enorme ventanal de unos 25m que da a los jardines del museo, de donde procede tanta luminosidada natural en la sala. Además se pueden ver parte de las construcciones populares que se exhiben en el museo (hórreos, paneras, etc). Separación entre mesas generosa.

Carta basada descaradamente en productos de la tierra de primerísima calidad, pero para comensales heterogéneos: Platos creativos, casi de autor, y otros del recetario tradicional como la clásica fabada o el pitu de Caleya.

Servicio muy atento llevado por jóvenes con ganas, y desde luego eficiente. Toda clase de facilidades para confeccionar tu menú a base de medias raciones (sin recargo adicional). Sin embargo, tienen dos menús degustación: Uno corto y clásico (35€ ?), y otro más largo y creativo (62€ ?).

Solo un pan en el servicio, pero muy bueno, y degustación de tres mantequillas: De limón, albahaca y aceitunas negras.

Mi menú personalizado consistió de:

- Un detalle de la casa que no recuerdo bien (creo que era una crema fría de calabacín)

- Raviolis rellenos de boletus (media): Estupendos raviolis, con la pasta en su punto y amplísimo sabor proporcionado por el propio caldo de la cocción de los boletus.

- Callos de bacalao (entera): Impresionante guiso de los interiores del bacalao. Textura gelatinosa y de intensísimo sabor. No los voy a olvidar.

- Mero (media): Les pedí que me lo pusieran simplemente a la plancha (me aseguraron que era del día). Madre mía que punto el del taco de lomo del pescado: Soberbio. Ojalá hubiera pedido la ración entera.

- Pitu de Caleya (media): Aquí me dejó un tanto indiferente el punto del pollo, quizás por la parte que me presentaron (pechuga, siempre más seca que la que siempre he probado: muslo). Me acordaba del mero con nostalgia.

- Bizcocho fluido de chocolate: Espera de 15m que recompensa. Este es un postre con el que disfruto a tope. En este local, simplemente de ensueño. Chocolate, chocolate, y acompañado de un sorbete de frambuesa bestial de sabor.

Carta de vinos muy conseguida. No es muy larga pero muy bien estructurada y versátil. Si además los precios acompañan, pues mejor. En mi caso pedí Viña Tondonia Blanco Rva 2000 (23€ + IVA) servido en copas Spiegelau. Lo sirvieron demasiado frío para el vino que es, pero no hizo falta de cubitera en toda la noche. Atentos a rellenar.

Precio total: 85.86€ (inc. IVA, vino, pan y servicio a 2€, y botella de agua de litro a 2€).

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