Restaurante Capritx en Terrassa
  

Restaurante Capritx

36
Datos de Capritx
Precio Medio:
76 €
Valoración Media:
8.0 10
Servicio del vino:
8.3 10
Comida:
8.9 10
Entorno:
6.6 10
Calidad-precio:
8.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 52,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingo y lunes

Teléfono


36 Opiniones de Capritx

Con motivo de mi 40 cumpleaños fuimos mi mujer y yo a comer a este restaurante de nuestra ciudad. Con una carta de vinos cuidada y muy detallada y un menú degustación fabuloso que acompañamos con un Peligres 2014. De entrada fuera de menú se nos ofrecen 2 aperitivos, una tacita con caldo de mejillones y unas gambas de Palamós marinadas. Corrección absoluta de las 2 personas que estaban en sala y una increíble labor en cocina. Por destacar uno de los platos, destacaría el Rossejat de algas, calamar y piñones.

El precio introducido incluye menú, bebida y cafés

  • Bonito encebollado

  • Rossejat de algas, calamar y piñones

  • Menú degustación

Acogedor restaurante a las afueras de Terrassa. Es regentado por la tercera generación y se fundó en 1952. Muy pocas mesas muy bien atendidas. Aunque sólo disponen de un menú degustación (larguísimo), desde el momento de la reserva tienen en cuenta cualquier alergia o cambio que se desee. Lo primero que llama la atención es la sencillez y naturalidad en todo lo que hacen. Ellos mismos reconocen que huyen del exceso de protocolo, cosa que se agradece pues comes más relajado. Sorprende a la vez su sensacional carta de vinos y la originalidad de los platos. Aunque el menú cuesta acabárselo, nos decantamos por su selección de quesos artesanales (y desconocidos!) catalanes (que nos acabaron de rematar...). Una de las estrellas con la mejor relación calidad/precio (si no la mejor!).

Sorprendente restaurante en Terrassa con 1 estrella Michelin más que merecida. Por su capacidad (5 mesas), por su cocina diferente y comprometida con el territorio y por su naturalidad en su servicio y trato. Menú degustación de 14 pequeñas joyas, de las que destacaron especialmente la pulpa de berenjena con bonito y praliné de ajo negro, y el caldo de jengibre con ñoquis de garbanzos, realmente sublimes. Relación calidad precio sin igual (menú degustación 58,00€). Carta de vinos brutal, digna de los grandes, dónde de cada vino incorporan fotos del enólogo, del viñedo, del vino y del paisaje, así como toda la información técnica de bodega y vino. Optamos por un fantástico vino blanco de Rafa Bernabé (Viñedos Culturales), Tinajas de la Mata que maridó realmente bien (para los dos platos fuertes hicimos una copa de tinto de la misma bodega, Cipreses de Usaldón). Imprescindible para quién busque una estrella diferente.

Al entrar percibes una "cercanía" extraña en un restaurante de una supuesta categoría, esperas un trato algo más respetuoso. Te traen la carta con la historia y filosofía del restaurante, pero no coincide con el menú que finalmente se hace, y te traen otra hoja con el menú degustación que realmente se hará. No se puede negar la alta elaboración y la excelente imagen de los platos, pero se echa en falta un plato " algo" consistente, dentro del minimalismo de la cocina de vanguardia. Yo salí con hambre por primera vez en un menú de estas características. El pan, exquisito , y gracias a él no fuimos al frankurt que hay a 200 metros más para arriba.
Del menú , más allá de los gustos personales de cada uno, me sobra escandalosamente la cebolla encurtida...pobre, pobre..yo lo hubiera quitado del menú " ayer mismo ". Luego hay platos arriesgados, donde puede te puede pasar que alguno no te convenza, pero gustos son gustos..
La maitre, educada , pero quiero pensar que tuvo un mal día y no daba pie con bola, abrió 3 botellas de cava en otras mesas y a 2 de ellas se le vertió el cava como sí celebrase un Gran Premio de F1. Por no hablar del tapón de una de las botellas que casi le da en un ojo a una comensal... Y no escuché ni un triste "perdón"...También quiere hablar catalán, pero utiliza castellanismos constantemente, degradando el idioma. Mejor utilizar el que se domina, no pasa nada.
Respecto a la factura, hace feo ver la expresión "repetición de pan" 3 eur, cortados a 2,30 y 3 aguas de 0.5 ml a 2,5 c/u, estos conceptos deberían formar parte del menú, entiendo que el negocio lo hacen cocinando, no vendiendo café Nespresso y agua Viladrau, el pan excelente, ya lo comenté antes...
Respecto al ambiente del local, inicialmente agradable y silencioso, pero se volvió ruidoso con la entrada de clientes en grupos.
Quizás nuestras expectativas eran superiores al trato recibido y al global de la cena, y es por eso que nos quedó un sabor agridulce a la salida.

Teníamos muchas ganas de comprobar los motivos por los cuales el Capritx había recibido su estrella michelín el año pasado. Y, realmente, comprobamos que realmente la merece. Está en un barrio anodino en las afueras de la ciudad de Terrassa, con una entrada discreta que corresponde a una decoración relativamente sencilla, con paredes pintadas de color ocre y una barra de bebidas y cafés un tanto kitsch. El local es realmente pequeño, con apenas cinco mesas. La cristalería, vajilla y cubertería son modernas y elegantes. El trato resultó amable y cordial y, como hacía solo un día que habían vuelto de las vacaciones, solo estaba ocupada otra mesa. Esto nos proporcionó calma absoluta y pudimos concentrarnos exclusivamente en la comida, al fin de al cabo, el motivo de la visita.
La verdad es que empezamos mal: el aperitivo de cebolla encurtida con un caldo de anchoa era decepcionante, sin sabor prácticamente. En cambio, el rebujito de pomelo era muy fresco y original.
Seguimos con un bombón de queso y galleta de tomate, de sabor explosivo y unas notables croquetas de alcachofa con mayonesa de trufa. Muy interesante la sardina con mazamorra vallesana. Está última consiste en una crema de alubias con arroz negro, vinagre y aceite. A gran altura estaba la butifarra del perol a la catalana, exquisita, servida con pan con tomate crujiente y olivas negras.
Extraordinaria la esqueixada de bonito y berenjena, con un sabor ahumado muy agradable, cremoso y sabroso. Tuvimos que refrenarnos para no devorarlo a toda prisa. Se tenía que paladear cada bocado.
Como plato fuera del menú degustación nos incluyeron unos gnocchi de garbanzos con sopa de jengibre, esplendidos, especialmente el caldo de sabor realmente intenso. Otro plato con sabor marcado fueron los espárragos con crema de pimienta verde, capaces de levantar a un muerto. La sabrosa yema de huevo rellena de crema de millo con caldo de gallina continuó esta serie de platos aparentemente sencillos, sin un gran despliegue técnico, pero de excelente factura. Y a nivel estratosférico, verdadera lección de cocina, el carpaccio de presa ibérica con quinoa crocante y salsa de boletus. La sopa de pescado de roca, gambas y menta, nos pareció algo fuera de lo común, y la demostración de que el cocinero, con ingredientes humildes y sencillos, consigue realizar una alta cocina que justifica, sobradamente, el desplazamiento. Terminamos los platos salados con los tallarines de calamar al pil-pil, de justa fama.
Como prepostre habíamos pedido una tabla de quesos, una extraordinaria selección de cinco quesos artesanales catalanes (Casa Mateu, Tartera, Cuirol, Veciana y Blau de l'avi Ton, este último en el Olimpo de los quesos azules), acompañados de algo fuera de lo común: una hoja con una completa explicación de cada uno de ellos.
Para limpiar la boca se nos sirvió una sopa de frutas, buena combinación de ácido y dulce. El primer postre, un polvo de yogurt con helado de azafrán y crema de albaricoque y naranja, nos encantó por su justa acidez y suave dulzor. Y nos sorprendió el último, las rocas de chocolate con helado de nuez moscada y hoja de papel de menta, combinación excelente de texturas y sabores.
Con los cafés se nos sirvió un único petit four, una sabrosísima gominola de mandarina. Uno de los pocos aspectos realmente a mejorar.
Mención aparte se merece la forma de presentar los vinos. Un libro confeccionado por ellos mismos donde se presenta cada uno de los vinos con una completa ficha de él y de la bodega de procedencia. Muy bien seleccionados y a precios razonables, un ejemplo a seguir. Nosotros pudimos seleccionar un extraordinario y raro vino, el Pamina, un DO Jura de pequeña producción que nos acompañó durante casi toda la comida de forma adecuada. Con los quesos y los postres tomamos un Pedro Ximenez, un PX Hidalgo, denso y muy agradable.
En definitiva, un broche de oro a un verano que ha estado plagado de excelentes experiencias gastronómicas. El Capritx pertenece a la peor especie de restaurantes: aquellos a los que es obligado volver.

Este pequeño establecimiento de Terrassa rebosa personalidad por todos sus costados. Su emplazamiento se debe a sus orígenes familiares, ya que es la evolución del negocio familiar que fundaron los abuelos de Artur Martinez, xef y propietario. Sus cinco mesas ya sorprenden, albergando un máximo de 14-15 comensales. Trato muy amable y sencillo que se agradece. La carta de vinos sale de lo convencional, ofreciendo un cuaderno amplio y muy detallado, basado en vinos de pequeños productores y naturales y con precios más que correctos. Ofrecen dos menús degustación de precios tremendamente atractivos (48,00 y 58,00 €), diferenciados entre sí por su número de platos. Ante una intolerancia alimentaria de mi mujer reaccionaron fabulosamente, cambiando dos de los platos del menú Artur (grande). La cocina es como mínimo muy diferente y personal. Un sello propio que destaca por su desnudez y su apuesta por los productos autóctonos y de temporada. Destaco principalmente las láminas de presa ibérica con quinoa inflada, las gambitas con aguacate y huevas del juego de sus cabezas y el postre de yogur, naranja y azafrán. En especial sus afamados tallarines de calamar al pil-pil. Brutales! Digno de visitar ya no tanto por su cocina si no por conocer su historia.

Restaurante pequeño y acogedor con un excelente servicio, eficaz, atento y muy amable: impecable. El Menú Artur, 61 € está bien pero no sorprende ni mucho menos emociona (el plato más sabroso, la presa ibérica con quinoa, realmente delicioso). Lo demás bien pero ESCASO...menos mal del pan que es buenísimo (por cierto, solicitamos otra bandejita de pan y nos la cobraron aparte -3 €- lo cual lo considero un abuso y falta de tacto). Pues eso, bien pero ni comparación con otros estrellas como por ejemplo Els Casals, Can Jubany, Manairó o BO-TIC, etc....
NOTA: Vino no incluid en el precio

restaurante con una * michelin y buenas críticas de verema.

pequeño y acojedor, con muy pocas mesas, es un bar de antes redecorado con gracia.

hay un sólo camarero pero el servicio es ágil y el ritmo de cocina muy correcto y adecuado.
por cierto el camarero recoge varias veces las migas porque el pan, exquisito y casero, las genera en abundancia debido a lo crujiente que está.

mantelería, cristalería, loza y cubiertos correctos...

el tema del vino muy elaborado y eficiente en la parte de diseño, hay un librito (ofrecen más de una unidad por mesa con lo que se puede consultar individualmente) con una explicación de cada vino...etc etc, pero el servicio es muy simple, "éste quieres éste te traigo" (algo que me ha sucedido en el mismo can roca!), con lo que esa excelencia se pierde....

tienen dos menús, uno más corto y otro más largo (48€/58€) con diversidad de mini-platos.

la relación calidad precio es algo justa pues echas en falta algún plato más...si el usuario no es de comer pan (que por cierto está excelente) puede ser que se perciba un pelin justo.

desconozco la rotación del menú y la explicación de los mismos que genera dos tamaños...

repetiré la visita y es recomendable.

Pocas veces he podido gozar de un estrella Michellin, a un precio tan razonable.
Elegí el menú degustacion extenso 75€/pax.
Todos los platos eran deliciosos, y técnicamente elaborados. Me encantó el carpaccio de presa ibérica con quinoa crujiente; y la trufa con ralladura de melanosphorum(sublime).
Pude ver por dentro la cocina, y no es mas grande que la de mi casa; realmente lo que hacen tiene mucho merito.

Gran pequeño restaurante! Artur Martínez desarrola una cocina sin grandes alardes, ni técnicos ni de producto, pero de una sabrosidad excelente. A destacar la raíz de apio a la carbonara con anguila ahumada, la presa ibérica con ceps y quinoa, y el absolutamente perfecto petit-fôur: la trufa (con aspecto de trufa melanosporum recién sacada de la tierra, ligerísimo relleno de chocolate amargo y recubierto de cacao y ralladura de trufa. Espectacular.)
Pocas veces he estado tan seguro de que voy a volver a un restaurante.

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