Restaurante Dolium en Valencia
  

Restaurante Dolium

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Datos de Dolium
Precio Medio:
47 €
Valoración Media:
7.8 10
Servicio del vino:
7.9 10
Comida:
8.4 10
Entorno:
7.4 10
Calidad-precio:
7.6 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 35,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


21 Opiniones de Dolium

Sin cambios en el aspecto físico del local salvo una mejora sustancial en la ocupación de mesas (¿las fechas prenavideñas?). Nos ubicamos en una muy deseable mesa redonda para cinco comensales y colocada en el comedor al otro lado de la entrada de la cocina, pegada a la cristalera de la calle (tapada con cortina); el mejor punto y la mejor mesa.

La cocina ha cambiado un poco en sus opciones poniendo más esfuerzo en los entrantes con mejores presentaciones y algunas novedades. Está claro que el motivo principal de acudir a este restaurante se centra en su plato estrella: el steak y su elaboración en la sala; por ello es importante dotar de unas buenas entradas (individuales o compartidas) para dar paso a la estrella presente, en mayor o menor proporción, en casi todas las mesas. Hay también un menú degustación, amplio, que incluye steak a modo de entrante, por 35€ sin incluir bebidas; no entra en la pelea de un menú del día.

La carta de vinos ha cambiado en algunos vinos. El querido Rolland Galarreta ha desaparecido (más por problemas externos que por demanda) y aceptamos la recomendación de un tinto de Toro asesorado por el propio Michel Rolland: Campo Alegre 2013 que aguantó toda la comida con un servicio continuado de relleno de copas sin apretar. En la previa, una manzanilla La Gitana bien servida en mesa. También hizo falta aguas grandes: Bezoya sin gas y un par de Vichy con gas y la coca cola habitual.

Elegimos la comanda, acertando el fallo de carta no avisado, el calamar de playa, mientras aparcan (¡qué difícil es aparcar en la zona!) los últimos en llegar porque la hora de cierre de cocina se acerca peligrosamente; los primeros que aparcamos, fuimos dando cuenta de unas aceitunas y unos palitos chips más un cestillo de buen pan con un aceite agradable OleAurum; pronto hizo falta añadir una ración de jamón ibérico Lazo.

Una vez completada la mesa, tomamos:

. otro plato de jamón ibérico Lazo (21€): cortado a máquina, buen sabor, buena ración, más una pequeña presencia de lomo (típico del local).

. sardina ahumada, con burrata y falso pesto de tomate picante (4,50€): a modo de tapa individual para comer en un par de bocados. Buen conjunto de elementos y calidad de producto.

. matrimonio de manitas y cigala (5€): un mar y montaña individual de llamativa presencia, correcto de sabor.

. pareja de hecho: pulpo y papada (4,50€): de nuevo un mar y montaña individual con buen punto de fuego de ambos productos.

. steak tartar (21,50€) x 2: preparado junto a la mesa, dado a probar previamente, lo que nos permitió potenciar un poco más de sal y especias. Sigue muy bien, aunque el color demasiado rosado es su único defecto (solo en lo visual).

Otros principales que se tomaron en la mesa con buena aceptación: corvina y paletilla de cordero (17-18€) x 2 servida deshuesada.

Postres compartidos en la mesa: tarta de pera y chocolate caliente (7€): a modo de tarta de manzana sobre un buen hojaldre, sustituyendo una fruta por otra; el chocolate viene aparte para añadir al gusto. Otra especialidad que motiva la visita, es tomar un clásico desaparecido de los postres: el crêppe souzette que, aunque se preparó algo alejado de la mesa ¿?, estuvo en esta ocasión mejor en cuanto a un menor punto de dulzor y concentración.

Unos buenos cafés finales sin extras añadidos (con lo poco que cuesta, dadas las fechas, unos cortes de turrón), una sobremesa corta por el inicio tardío del ágape puso punto final.

 

Local sin cambios aparentes más allá de una nueva carta en la parte física pero manteniendo la cocina clásica que le caracteriza. Repartida en entrantes (bocados) individuales tales como anchoas, vieras, sardinas, variedad de croquetas y canelón de rabo de toro; otros entrantes para compartir, jamón, ensaladas, salmón, pulpo y también magret y cochinillo; con 3 tipos de arroces, una fideuá más, por encargo previo, paella y arroz de bogavante; los principales con pescados (lubina, rodaballo, rape) y carnes (steak, solomillo, chuletón); para finalizar postres con hasta 7 opciones. No son muchos platos, no hay grandes guiños a una cocina arriesgada, porque no es su liga. El local a menos del 50% de ocupación.

En la parte de vinos hay quizás más variedad, aún así con pocos vinos fuera de planteamientos clásicos. Por esta vez dejaremos ese maridaje clásico con Rolland Galarreta que aquí hemos mencionado en muchos casos y nos iremos a un vino para que dure toda la comida para los 4 comensales: 6ª elemento, un bobal de mucho cuerpo. Además pudimos degustar unas copas de Clotas una curiosa monastrell castellonense por gentileza de la propia bodega y amigos veremeros de la mesa cercana. El servicio del vino bien de inicio y un relleno esporádico para pasar al autoservicio.

Empezamos con algunas aguas con gas (Perrier), alguna cerveza, coca cola y un curioso fino Electric, más por la botella que por el vino. Unos palitos y unas aceitunas que hubieran agradecido un recipiente para los huesos; también un correcto aceite Ducado de Segorbe y una buena cesta de panes y rosquilletas a destacar.

Para comer y compartir al centro unos entrantes:

. jamón: buena ración de un jamón cortado a máquina y que desconozco por qué se merma la ración para sustituirla por un lomo embochado correcto.

. croqueta de jamón y taco de foie: gran tamaño, muy bien de sabor, perfecta fritura; el emplatado con un sombrerillo de foie no lo acabo de entender.

. anchoas del cantábrico: un par de lomos por persona presentadas con un par de tostas amplias y complementadas con un helado que me pareció de salazones muy curioso y bien elegido. Servido individualmente.

El principal fue un empate a dos entre el clásico steak y el arroz de rodaballo y ajos tiernos, desempatado con una ración extra a compartir por los carnívoros y tomado previo a la carne. A destacar:

. el arroz: un fondo marino correcto, un ligero lomo de pescado encima y casi ausencia total de ajos tiernos en presencia y sabor. Se solicitó ali oli para complementar, y le vino bien.

. carne: dado a probar de forma previa, la intensidad del picante que subimos medio punto y acertamos. La carne en exceso picada y le perjudica la textura, casi pasta y una decoloración del tono de carne que le hace perder en la parte visiual. Se acompañan de pan tostado.

Postre: se eligió solo una opción: el crêpe suzette. Preciosa preparación en sala quedando un plato contundente bien de sabor a naranja, algo pesado de azúcar y un poco demasiado denso en su salsa, casi un jarabe.

Unos cafés finales y agotar (sin acabar de conseguir) el vino. Despedida de amigos vecinos.

 

Tres comensales, local elegante, trato exquisito y producto de calidad.

De entrantes: carpaccio de gambas (rico) y un sabroso ravioli de rabo de toro, con una reducción "pa mojar"

De principal:  steak tartar....para mi gusto, el mejor de la ciudad.

Cervezas, un par de botellas de Rolland Galarreta (rico; asesorados perfectamente por el "veterano" maitre; así da gusto....)

Cafés y copas.

Un clásico que nunca defrauda...no es "barato", pero el producto y el trato, lo valen.

Mantiene el menú Y EL PRECIO del año 2014, pero nos fuimos a pedir a carta. Mesa amplia para  personas semicircular muy agradable. Unas cervezas que alegran la espera, un buen pan y un aceite agradable que no recuerdo.

Lo comido:

. ensalada de tomate  raff €) con espárragos blancos, ahumados y encurtidos: bien preparada y buena materia prima

. anchoas (2 pp a 2.75€ la unidad) tamaño medio, bien preparadas y bien de sal; declinamos la presencia de tomate y queso, solo con un buen aceite

. calamar fresco a la plancha (15€): resultó dura la carne

. sardina ahumada (4€) con berenjenas a la miel de romero, humus y aceitunas negras: perfecta, sabrosa, buena textura. Recomendable.

. steak tartar para casi todos: genial como siempre; el color claro hecha para atrás hasta que lo pruebas. La mayoria de las mesas lo tiene por lo que... si el río suena...

. postre: biscuit 2017:(6€) con maiz y chocolate caliente: un clásico remozado en la presentación. Sigue estando bueno.

Para beber empezamos por un atrevido Oluar di Sil  2016 que gustó y sorprendió. Luego pasamos a un tinto y que para mí hay un trinomio: Dolium + steak tartar + Rollan gallarreta (hoy, del 2014).

Unos cafés buenos, sin extras.

Servicio en sala siempre correcto, académicamente perfecto pero con facilidad para el acercamiento. No fallarás.

 

Aquellos que percibimos los descensos de la hemoglobina, como si de perturbaciones en la fuerza se tratara, cada cierto tiempo nos vemos obligados a buscar una dosis que equilibre nuestros niveles. Esta necesidad periódica, combinada con el efecto seductor de la novedad, nos empuja a la búsqueda de alternativas que, además de restaurar los equilibrios corporales, aporten un plus de satisfacción sensorial. Rastreando el foro en busca de algún estímulo pronto llego a la conclusión de que el dúo Gastronomo-Dolium es una visita obligada en Valencia y ante las preferencias de dos foreros de calado, me decanto por la segunda opción, aunque tengo la impresión de que ésta era una decisión win-win.

El lugar ha sido ampliamente descrito en comentarios previos, por lo que no es menester profundizar en este aspecto. Simplemente queda corroborar el corte clásico del local, en el mejor sentido de la palabra, es decir mesas amplias, separadas, muy bien vestidas, sillas cómodas y servicio con muchas tablas que sabe mantener la distancia adecuada en cada ocasión. Dado que se trataba de la primera visita, nos decidimos por el menú degustación (35€ iva incluido) que no incluye la bebida y el café, pero sí su famoso Steak Tartar. Consta de tres entrantes, un principal a elegir y un postre. Ojeando la carta de vino con el Steak en mente, una referencia llama mi inexperta atención: Martinet Bru de Priorat. Al pedir consejo al jefe de sala sobre el maridaje propuesto, corrobora la elección.

Entrantes:
1.- Aperitivo de la casa
2.- Chupito de gazpacho de cereza
3.- Ensalada de bonito hecho en casa con guacamole y pasas de tomate cherry
4.- Chipirones con ligera bullabesa y hueva de salmon


Principal:
5.- Rodaballo con salsa yodada de clochina y verduritas escabechadas
6.- Steak Tartar

Postre:
7.- Oro parece: Trampantojo con chocolate
8.- Café, infusión y petit fours
9.- Martinet Bru, Priorat, 2012

Los entrantes en esta ocasión, sin llegar a resultar sorprendentes pero tampoco anodinos, llegan a la mesa perfectamente ejecutados y presentados. El gazpacho de cereza tiene un punto dulce que me llama la atención. Curiosa la botellita. La ensalada tiene unas trazas de guacamole realmente deliciosas y el corte del bonito denota una pieza excelente. Vamos bien. Los chipirones están perfectos de sabor, con un punto tostadito muy destacable y una buena salsa que no enmascara el sabor de las piezas. Hasta aquí todo mejor que correcto, pero estamos en ascuas del acto principal.

El rodaballo es uno de mis pescados favoritos y en este caso estaba perfecto de sabor como era de esperar, así como las verduritas escabechadas que forman unos tropezones con valor propio. El único punto discordante sería la porción del pescado que nos pareció un pelín justa. Con solo un poquito más hubiera sido perfecto, aunque si tuviera un euro por todas las veces que he pensado esto…

La presentación del Steak en el plato resulta de color más claro al esperado, supongo debido a la mezcla particular de ingredientes que utilizan en su preparación. Me sorprende la sensación del primer bocado, por resultar extremadamente suave y delicado, hasta el punto de pensar que quizá nos hemos equivocado en la elección. Sin embargo, una vez en el paladar, comienza a transmitir numerosos matices y el sabor se torna mucho más complejo. Al contacto con el vino es un auténtico festival de sensaciones. No sé si me atrevería a decir con rotundidad que es el mejor que he probado, pero tiene una especie de equilibrio perfecto entre la sensación inicial y el desarrollo posterior en boca, que me inclina a definirlo como el steak áureo. A medida que avanzo en la degustación voy aletargando la velocidad para intentar maximizar el placer hasta el punto de imitar el final de un partido de baloncesto, con provocación de faltas personales, técnicas, tiros libres y toda clase de argucias cuyo único pretexto es dilatar el tiempo lo máximo posible.

Inevitablemente llega el turno del postre que en esta ocasión es de chocolate y plátano. Está bien, pero me duele excesivamente tener que sobrescribir el sabor anterior. Por último, nos sirven la infusión y café con sus petit fours correspondientes, mientras veo pasar para mi desgracia un cremaet de ron hacia otra mesa. Se me ha escapado esta vez, pero a la próxima no lo cuenta.

La preparación del Steak es un arte absolutamente personal, donde la mano del autor define con exactitud el plato, del mismo modo que las huellas dactilares identifican a la persona. Su ejecución es más compleja de lo que, a priori pudiera parecer la simple mezcla de unos determinados ingredientes en sus proporciones adecuadas. El abanico completo de resultados abarca desde un chapapote de carne hasta el éxtasis carnívoro. No sé muy bien si por este hecho, o por muchas otras razones, todavía existe un notable porcentaje de gente, incluso con autodeclaradas preferencias carnívoras, que siguen mostrando algún tipo de temor o recelo a probarlo, imagino por aquello de la “carne cruda”. Por si les resulta de ayuda, aunque mi opinión no es más que la de un Steaklover adicto, les diría que el maridaje de Steak+vino es el bocado carnívoro por excelencia y les aconsejaría la delicada preparación de este local en particular, para dar ese primer paso porque seguro que no se arrepentirán.

  • Martinet Bru

  • Cafe, infusión y petit fours

  • Oro parece

  • Steak Tartar

  • Rodaballo

  • Aperitivo y entrantes

Un local especializado en steak tartare pero con más opciones de las que parece aiempre en un entorno de comida y vinos clásicos. Un servicio en sala con muchos quinquenios de profesionalidad a cuestas asegura un buen disfrute.
En la carta hay una buena presencia de arroces que alguna vez habrá que probar, así como sus otras carnes, pero es muy dificil resistirse al steak. En los postres hay interesante trampantojo de oro parece, crepes suzette... que siempre se quedan fuera inmerecidamente.

Cuatro para comer con entrantes al centro:
. jamón ibérico (rechazamos compartir el lomito): siempre de muy buena calidad
. calamar de playa a la plancha: buena piexa, bien hecha, nada dura ni aceitosa
. buñuelos de bacalao con mousse de alioli: bien hechos y fritos

Princiaples.
. tres de su famoso steak tartare cada uno con su punto de especias, sal y picante después de corregir mediante prueba personal. Perfecto.
. otro optó por el atún plancha sobre titaina y alcachofas confitadas con buen resultado. Muy original presentación en tacos enrollados.

Postres:
. 3 decantados a la fruta
. un biscuit glasé al amaretto y chocolate caliente: correcto pues lo recordaba mejor.
. buenos cafés finales

Para beber buscando diferencias, decidimos un Costers del Gravet 2012. un bue npan y un buen aceite Olixir LXR siempre acompañando.

Nueva visita con la ilusión del steak. Esta vez 4 a comer, tarde como siempre. No hay cobertura dentro, así que al menos comida tranquila.

Un buen aceite Ducado de Segorbe y una cesta de pan con panecillos básicos, pan tostado algo duro y colines. Unas aceitunas y unas papas caseras (creo) porque llegué tarde a ellas, con unas cervezas, Alhambra, y agua Perrier, de entrada. Luego pasamos al vino, tinto, el mismo que la última vez y parece que era la última botella de Rolland Galarreta, un gran vino de tempranillo y merlot 2010, con sus 14.5º hizo que aguantáramos toda la comida con una sola botella. Añadimos agua sin gas, Viladrau.

De entradas nos quedamos sin alcachofas por llegar tarde. Pero disfrutamos de:
. sardina ahumada sobre coca d´oli y escalibada: buena sardina, perfecta de sabor, lomo gordo y jugoso cobre una coca tirando a seca a pesar de la escalibada.
. volcan de tomate con tronco de bonito en aceite de oliva: en realidad la forma de montaña la adopta el bonito, de buena calidad, jugoso sin exceso de aceite; en la base cortado como gajos, un buen tomate.
. pulpo cocido en casa sobre parmentier de patata al pimentón: el parmentier poco sabroso a pesar del buen pimentón; el pulpo bien de cocción, ración justa para compartir.

De principales:
. tres del deseado steak tartar que aumentamos un poco el punto de picante sobre la cata previa. Una gozada ver como lo preparan en sala, con una mezcla de muchos ingredientes (hasta vodka Absolut); una buena carne bien de corte, buena ración. Acompañan unas patatas paja que resultaron algo surtidas por venir de dos tandas unas blandas y otras (la mayoría) perfectamente crujientes; unas lonchas de pan para acompañar (tostas caseras).
. la otra opción fue un solomillo y verduras plancha referido como bueno.

De postre:
. fruta al centro: kiwi, persimon, uvas, piña, fresas cortadas.

Unos buenos cafés con unos petit fours de chocolate blanco con frutos secos y, creo, algo de leche condensada, porque cargaba la sensación de dulce en demasía. No hubo tiempo para copas aunque vimos preparar con mimo buenos GT,

Buen servicio en sala a costa de padre e hija y alguna ayuda ocasional, muy profesional y sabiendo estar y servir sin parecer que están.

"No tengo ni la más remota idea de qué coño cantaban aquellas dos italianas. Y lo cierto es que no quiero saberlo. Las cosas buenas no hace falta entenderlas..."

Hago válida esa mítica frase de Morgan Freeman en Cadena Perpetua para este Steak Tartar de Dolium. Magistral. Me importa bien poco lo que llevara. Sacan la carne de cocina picada a cuchillo y la maceran en sala en una mesa al alcance visual de todos.

Uno viene aquí por él. Pero además se encuentra con unos entrantes que ofrecen un guiño de actualidad.

Le precedieron, dentro del menú degustación, un Ajo blanco con sardina ahumada y uvas, y un Pulpo con falsa morcilla y humus de garbanzo.

Ambos a buen nivel y con tintes de modernidad, como bien apuntaba. Fresco y sápido el primero, y bien montado el segundo, con la originalidad de la morcilla que no era otra cosa que verduritas con tinta de calamar.

Y fuera de menú, un plato de Jamón y lomito ibérico de bellota. Buenísima materia prima.

El postre era bien básico, pero igualmente rico. Refrescantes dados de Piña natural en almíbar con helado de coco.

El restaurante tiene clasicismo, pero sin caer en lo rancio. Servicio de sala a la vieja usanza por parte de padre e hija. Perfecto en la secuencia de los platos. Qué tranquilidad da un mâitre así. Pendiente constantemente.

Buena vajilla, con cambio de cubiertos y copas en función de lo degustado. Aseos impolutos.

El menú degustación va cambiando como así demuestra su web. Salvo su estrella, su equilibrado steak.

La carta de vinos es clásica y con referencia digna de valencianos. Por convicción, más que por nacionalismo, fuimos a parar, y ya van unas cuantas, a los vinos de Hispano Suizas. Un Tantum Ergo Brut Nature 2010 para entrantes, y un Bassus Pinot Noir 2012 que maridó a la perfección con el steak.

Hubo antes un par de cervezas para limpiar esófago, y un par de tés verdes después.

Tenía muchas ganas de salirme de la corriente, volver a lo de siempre. Está claro que encontré lo que buscaba. Volveré.

Hace dos viernes decidimos darnos un homenaje y acudimos a un restaurante que me habían recomendado por el steak tartar ..., y acertamos de pleno!
La sorpresa fue que además del mejor steak tartar -tampoco es que haya comido muchos-, en el menú degustación se añadieron dos platos sorprendentes.

Empezamos con una croqueta de espinacas rebozada con parmesano muy sabrosa y equilibrada en cuanto a sabores, aunque quizás algo grande para ser un aperitivo. Siguió una sopa de ajo blanco con sardina ahumada y uva, quizás el plato que resultó menos popular, aunque la mezcla se sabores en la boca sorprendió. Continuamos con un pulpo con falsa morcilla de burgos; el plato nos resultó sorprendente a los cuatro sobre todo por la falsa morcilla, trabajada y con una textura muy agradable. El pulpo, en su punto y riquísimo, aunque quizás la morcilla le quita el protagonismo.

Con la estrella del restaurante, un steak tartar preparado en sala, con una equilibrada combinación de especias, nos acabaron de ganar, aunque ya estábamos rendidos por el pulpo.

El vino que tomamos estuvo a la altura de la comida, Finca Costanza (x2).

Un sitio de referencia en Valencia, en la que además de su característico steak tartar, parece que empiezan a modernizar algo su cocina. Un acierto la falsa morcilla.
Como casi todos los comentarios anteriores, el servicio en sala excelente.

Oye Fer... podríamos ir al sitio aquel que dijiste haber leído en la web esa que consultas... el del Steak Tartare...

Esas proposiciones a un tío facilón como yo tienen siempre la misma respuesta... Pon fecha y hora!

No voy a entrar en detalles sobre el aspecto y decoración del local pues está perfectamente plasmada en comentarios previos. Ambiente tradicional a rabiar en todos sus aspectos.

Tras mirar detenidamente la carta nos percatamos que la mejor opción era un menú que consta de dos entrantes, principal a elegir entre dos, postre y café por 35 €. Sin cambios en su composición respecto al del comentario previo del compañero Abreunvinito. Al tema:

Huevo Escalfado con Crema de Calabaza al Aroma de Tartufo. Aquí aparece mi inseparable amigo, el huevo, esta vez bañado en una deliciosa crema espesa de alta intensidad de sabor y fondo casi dulce. Agradable.

Timbal de Confit de Pato sobre Celeri Caramelizado y Manzana Ácida. Bien resuelto y presentado aunque la repetición de notas dulces combinadas, en este caso, con la acidez tímida que aportaba la manzana suponía correr un riesgo innecesario al poder saciar al comensal antes de hora. Bis.

Steak Tartare. No ando yo muy puesto en este emblemático plato que habré probado no más de cinco o seis veces. No siempre me ha gustado y desde luego nunca enamorado... pero aquí llegó el flechazo en pleno corazón. Torta fina y amplia con una carne de gran calidad picada a cuchillo en sala y aderezada espectacularmente, apenas me hizo falta pan. Tan embobado me quedé que se me olvidó pedir la receta de la preparación... aunque dudo que me la hubieran dado. Inenarrable.

Texturas de Chocolate, Coco y Menta. Acierto pleno en la combinación de elementos donde el coco presentado en forma de helado y la hierbabuena refrescaban y daban ligereza. Liviano.

Para beber, agua y vino, concretamente El Vínculo 2006 D.O. La Mancha, Roda Reserva 2008 D.O.Ca Rioja y Gran Reserva 904 2001 D.O.Ca Rioja que acompañaron muy bien, especialmente el último de ellos con el Steak y que le fue sencillamente… perfecto.

Un café correcto cerró la comida.

Corroborar lo vertido en anteriores opiniones. Creo que se trata de un lugar imprescindible a visitar si eres amante del Steak Tartare... y si no, también... tal y como fue mi caso. Consiguen engancharte y hacen que aflore la necesidad de volver a probarlo... pero aquí, en esta casa, donde no fallan con él.

Nota: El precio reflejado es el del menú y la RCP valorada en función del mismo.

  • Steak Tartare

  • Timbal de Confit de Pato sobre Celeri Caramelizado y Manzana Ácida

  • Huevo Escalfado con Crema de Calabaza al Aroma de Tartufo

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