Restaurante Piñera en Madrid
  

Restaurante Piñera

30
Datos de Piñera
Precio Medio:
69 €
Valoración Media:
7.8 10
Servicio del vino:
8.6 10
Comida:
8.2 10
Entorno:
7.3 10
Calidad-precio:
7.1 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Tetuán
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 50,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


30 Opiniones de Piñera

Me ha parecido muy sólida y gustosa la cocina de Carlos Posada en el Restaurante Piñera, un restaurante del que no se habla lo que se merece. Muy agradable su salón pero también es una gran opción la zona de barra/tapas más informal donde se puede comer por 30€.
Recetas con fondo, todo elaborado en casa (el pan, el brioche, la pasta... hasta parte de la vajilla!) con el mayor mimo del mundo y resultando platos realmente disfrutables como el espléndido salmonete con suquet de sus interiores o los deliciosos orecchiette con tallarines de calamar y lardo de colonnata sobre jugo de erizos. Tiene un menú ejecutivo a 45€ y otro degustación a 77€.
 

Noentraré  en mas detalles sobre el  nuevo  Piñera ya que el anterior comentario habla sobre ello. El local  me  pareció mas iluminado  que las veces anteriores que fui a cenar. 

Cena para 5  personas. Servicio de sala impecable de la  mano de Maria Jose Monterrubio. Elegancia,  discrecion y profesionalidad. Esas cualidades que cada vez encuentro menos y añoro mas...

El  menu degustacion fue  insuperable con realizacines y platos de  estrella Michelin.

* Tortillitas de camaron. Sublimes , La delicadeza maxima de  la  masa con un grosor de menos de 1 mm y destacando los abundantes camarones

* Buñuelos de bacalaocon las cortezas fritas.  EStas ultimas  muy ricas pero el buñuelo  me defraudo

* Croqueta de jamon: de las de llorar

* Mousse de salmon con algo que no recuerdo Muy delicado

*Sardina en salazón anchoada en brioche hojaldrada de aceitunas negras. Por fin la ya mas que vista sardina ahumada en una original  presentacion y sabor contrastando el dulce del brioche con el resto de ingredientes. Buenisima

*Orecchiette de sémola de trigo duro, erizo de mar y tallarines de calamar y lardo de colonata. Plato muy contundente que me  gustó mucho pero  era demasiado teniendo en cuenta lo que faltaba por venir

* Salmonete asado con su suquet. Sencillez y concentracion maxima en el suquet. pescado de calidad 10

* Paletilla de cordero glaseada con un revolcón de patata.  Una excelente elaboracion que a esas alturas de  la cena casi no pude terminar. Las raciones son muy abundantes

* Postre: pan perdido con helado . El pan perdido era de saltarse las lagrimas Una sutil y esponjosa torrija que de nuevo  no pude acabar. El helado no recuerdo  el sabor porque no lo probé ya que no me gustan.

* Para finalizar un bonito costurero o zapatero  antiguo en madera repleto de golosinas para los cafes.

 

Bebimos una botella de Juve y Camps Millesimé, Clio y El Nido  2015 ambos y para quitarse el sombrero

Acabamos con unos gin tonic muy bien preparados.

 

El  precio no lo sé ya que fui invitada. He visto en su web que el  menu son 75 euros sin bebida.

Recomendable al 100% . De lo mejor visitado este año

 

No sé si sería necesario crear una nueva ficha de PIÑERA tras los cambios de los últimos años en la dirección de su cocina (Aranda, Almagro…) o de sus salas (García Galán), en la actualidad el restaurante se denomina PIÑERA BY CARLOS POSADAS, el chef vizcaíno dirige la cocina (y una parte del negocio) desde el otoño pasado, tras dejar las cocinas del lujoso hotel Santo Mauro. Al frente de la sala y de la carta de vinos repite Maria Jose Jurado: un trabajo digno de mencionar. Benjamín Urdiaín (primer *** de Madrid) continua en el restaurante, sin mucho boato, se interesa por el cliente y por las propuestas presentadas.

Tras la entrada de Carlos posadas se ha renovado la decoración, más adecuada a los tiempos actuales, creándose un área para tapeo informal. Desgraciadamente para un caluroso sábado madrileño únicamente hay cuatro mesas ocupadas, no me atrevo a discernir el grado de éxito de la nueva fórmula. El “ocaso” de la zona, con un número importante de restaurantes, pero sin ya tanta pretensión, no ayuda a propuestas de alta cocina.

Nos decantamos por el menú degustación (75€), servido con tiempos de espera largos pero adecuados, que se inicia con dos aperitivos: una croqueta de jamón (buena) y una excelsa crema de berenjena con vinagre de café y un berberecho. El berberecho se me antojó innecesario en la fantástica propuesta; muy buena combinación de la crema con el vinagre.

El menú se inicia con tres entrantes de gran altura, la “sardina en salazón anchoada en brioche hojaldrada de aceitunas negras”, es una excelente propuesta a la que le sobra parte del brioche que oculta el acierto del interior; la “Lengua en escarlata con aceitunas estofadas”, en el que la presentación de la aceituna extra estaba fuera de lugar, no así en el estafado sobre la magnífica lengua (estilo a embutido) con salsa a base de aceitunas estufadas, de casi 10; y por último, las “Ostras en escabeche templado sobre carpacio de manitas rellenas de morcilla y pure limón”, un plato fantástico del que, mi impresión, sobraba el acompañamiento del puré, porque la propuesta sinceramente era excelente, de 10. Platos en líneas generales muy buenos.

Los principales no bajan de nivel, muy bien la “Merluza de pincho con changrro y pil-pil de jamón y pimientos asados con ajetes”, un plato redondo, no puede haber ningún pero; así como del excelente “Lomo de corzo asado a la provenzal con dulce de calabaza, pure de castañas y tofee de tupinambo”. Dos grandes trabajos de imaginación, sabor y técnica.

Los postres, uno de los fuertes de la casa, compuestos por la “Tabla de quesos” (bien) y el espectacular e imaginativo “Iceberg Mousse de cuajada, helado de coco, merengue seco, gelatina de ron y pure de limón”, del que apenas pudimos disfrutar por lo excesivo del menú (el calor espero).

De la interesante carta de vinos, con precios más que razonables, nos decantamos por el excelente GRATALLOPS 2013 de Alvaro Palacios (65€), con 80% de Garnacha y 20% de Samsó, que como era de esperar, estaba perfecto.

Sensaciones muy buenas, interesante cocina y buen servicio, para un restaurante que desde hace años apuesta muy fuerte por la alta cocina madrileña sin recibir el reconocimiento merecido, esperemos que sea por poco tiempo. Aunque parezca mentira la zona no ayuda, mi impresión.

Casi al año de la anterior visita, volvemos por este local con la sana intencion de disfrutar con la cocina de Jesus Almagro y la presencia en sala de Maria Jose (exAsgaya).

No hay cambios en sala y decoracion, caras nuevas (despues de un año), medio aforo, eso sí de nivel y poderio.

Empezando por el liquido, nos decantamos por un Vidonia 2011, una mayoritariamente Listan blanco, del Valle de la Orotava tinerfeño. Rico, rico.

Unos aperitivos consistente en una rica ensaladilla, un picado de pulpo y arenque y una especie de sorbete de melon y coco, nos indican que vamos en el buen camino.

Seguimos con su famosos Lomos de sardina sobre pan brioche con queso parmesano y salsa de cacahuete y su no menos famosa y estetica, Mazorca de foie-grass. Originalidad, tecnica y buen gusto. Mucho nivel, pero con menos barbas la sardina hubiera estado mejor.

Seguimos a buen nivel con el Pixin en escabeche templado, pure de chiribias, ajos tiernos y cebollita glaseada. Muy buen plato. Sin embargo, no me acabó de convencer el Lomo de atun a la plancha con pure de ajo negro y algunas cosas mas, entre ellas unas avellanas que aun sigo sin entender el motivo por el que formaba parte del plato. El atun perfecto de frescura y punto, pero el resto, no lo he entendido. R

Capitulo aparte es el de los postres, los nominan por colores, rosa, verde, naranja, blanco y negro, amarillo, ....

Nos decantamos por el postre amarillo, formado por unos reviolis de mango con helado de coco y un algodon de caramelo. Postre muy elegante, muy suave y con excelente contraste de sabores.

Petit fours, cafes con hielo y pacharan obsequio de la casa, ponen fin a esta visita.

Un restaurante de 10. Una de las razones de nuestra visita fue por descubrir la cocina de Jesús Almagro, quien está ahora al cargo. Me encanta este lugar, tanto por la sala (con amplias mesas y bien separadas) como por el servicio. Los camareros y sumiller están muy pendientes de cualquier detalle, siempre agradables. Se come muy bien, la comida y las elaboraciones son típicas de alta cocina. Expectativas superadas!!

Comida de trabajo en Piñera. No sé porque tengo mala suerte aquí y no “redondeo” el evento. Ya me ocurrio hace mas de dos años…
La sala esta impecable y el servicio es de 10. Sobre el papel los platos suenan muy bien pero luego no se cumplen mis expectativas. Esta claro que es algo subjetivo y que tambien puede ser que no acertemos en las elecciones.

El aperitivo de la casa prometia:
- Una croqueta de cigala riquisima
- Un mejillon no recuerdo con qué. Agradable
- Una crema de cebolla. Rica
Los panes tambien a la altura… en mi caso un estupendo pan de maiz con nueces.

Para beber fue dificil la eleccion con la estupenda carta de vinos que tienen. Eligieron un 2piR de Gratavinum perfecto.

En cuanto a la comida pedimos a compartir:
• Plato de cuchara emplatado individualmente: unas patatas guisadas a la marinera con almejas, carabinero y pescado. Ricas
• Alcachofas rellenas de foie. Nos recomendaron 3 por persona ya que eran pequeñas pero la realidad es que eran medianas y yo con una quedé al completo. La salsa no era muy ligera y al menos la que probé tenia poco foie. Normalitas
Como segundos se pidio:
• Bacalao en salsa verde
• 2 de cocochas al pil pil: dijeron que buenas
• Steak tartar para mi. Gran decepcion. Me lo dieron a probar y estaba muy salado. Solo les dije que echaran algo mas de tabasco pensando que asi se arreglaria pero no fue asi. El resultado fue que me lo comi todo porque tenia hambre y tuve una pesadez y una sed terribles toda la tarde. No me gustó nada.
Para finalizar una persona pidio la torrija que comento que estaba buena y el resto tomamos los quesos. No me gustó que nadie dijera que quesos eran. Tampoco me parecieron muy originales y sobre todo los 3 menos fuertes no me gustaron demasiado por ser bastante similares en sabor. Habria esperado mas contrastes.
Un detalle de servicio que quiza fue el unico que no me gusto es que vieron que no teniamos vino y no nos ofrecieron mas vino para el queso. Bien es verdad que nosotros no quisimos pedirlo pero seguramente habriamos tomado al menos una copa para el queso.

Finalizamos con GT de London con Schweppes bien servidos pero sin parafernalias.
Jesus Almagro salio a saludar a cada mesa e interesarse por como habia ido.
La cuenta ascendio a casi 300 €.

En resumen, no fue una comida “redonda” quiza tambien por mis expectativas. Sigo con la opinion de que Piñera es grande pero a la hora de la verdad en mi no cuaja demasiado. Habra que seguir insistiendo…

El proyecto gastronómico de PIÑERA, iniciado hace poco más de un lustro, continua su proceso de consolidación sito en uno de los polos gastronómicos más reconocidos de Madrid (área situado entre las calles Felix Boix, Orense, Capitán Haya y Infanta Mercedes), de donde están desaparecido algunos enclaves clásicos de la restauración madrileña (hay muchos locales con carteles de alquiler, especialmente en la calle Orense).

Desconozco si Benjamín Urdiaín mantiene su posición de asesor (o algo más) del restaurante, su presencia en la barra me pasó totalmente inadvertida, Dios me perdone, circunstancia que me avergüenza sobre manera y más a mi acompañante, acudir a PIÑEIRA fue sorpresa suya (muy buena por otro lado). Lo que si es cierto es que desde el mes de enero al frente de la cocina se encuentra el premiado y reconocido chef Jesús Almagro (“triunfador” junto con Begoña Rodrigo del primer Top Chef). Independientemente del origen de las propuestas, (la carta todavía contiene una reconocida influencia del que fuera el primer chef español galardonado con 3 estrellas Michelin al frente de los fogones del mítico ZALACAIN), la técnica y labor desarrollada en la cocina es excepcional.

La decoración del PIÑERA es moderna y ¿excesiva? (dependiendo del gusto, claro), el salón principal cuenta con luminosos y grandes ventanales, mesas amplias bien vestidas y cubertería, vajilla y cristalería de lujo. El restaurante cuenta además con varias salas privadas, incluida la bodega.

La carta de vinos es excepcional, igual que su servicio, el menú gastronómico (70 euros) incluye servicio de maridaje por lo que nos pusimos en manos del sumiller y jefe de sala, que realizó un trabajo personalísimo y excelente durante toda la velada.

Como aperitivos, además de aceite de Baena (CORTIJO DE SUERTE ALTA) para un servicio de pan interesante, se nos ofreció un chupito de coco acompañado de tiras de yuca frita.

El primer plato del menú es una “sardina ahumada en tosta con alcaparras y parmesano”, la sardina es excepcional, la tosta tal vez excesiva por tamaño, mientras que la suave espuma de parmesano realza el conjunto. Muy buena.

Continuamos con un “canelón de aguacate y langostinos con yogur y cilantro”, muy buena elaboración para un exquisito canelón realizado a base de láminas finas de aguacate que se acompaña de aceite y esferificaciones de guindilla.

La siguiente propuesta es espectacular, “arroz ahumado con atún rojo, remolacha, parmesano y albahaca”, increíble arroz rojo a base de remolacha en el que los bocados de atún rojo mejoran el conjunto rodeado de una magnifica base de té verde, todo ello cubierto de espuma de queso parmesano. Un plato de 10.

El plato principal de pescado fue un “lomo de atún rojo a la plancha” acompañado de crema de almendra cortezas con sésamo y melón en forma y color de zanahoria, muy bueno. Mientras que el palto principal de carne, otro espectáculo, fue el “cochifrito al estilo Piñera, migas dulces y salsa de vermouth”, la combinación de las migas dulces y el producto es interesantísima, de la perfecta cocción del cochifrito y magnifica salsa de vermouth ni hablo, me encantó.

Como postres el menú degustación incluye una interesante “escalera de quesos (fermentación encimática)”, y como alternativa a mi acompañante se le ofreció un clásico de la casa: “tiramisú de maracuya con helado de haba tonka”, bizcocho con crema de maracuyá, mascarpone y helado de haba tonka. Para acabar los postres, una combinación de cerezas en todos sus formas y tratamientos, muy bueno.

El maridaje estuvo compuesto por (la mayoría de las botellas recién abiertas):

 De inicio un Godello blanco, no recuerdo el nombre, muy bueno.

 Vino tinto de Tenerife de bodegas Suerte del Marques, LA SOLANA, para mi excelente, proveniente de viñas de listan negro, muy mineral gracias al terreno volcánico en el que asienta, encubado en cubos abiertos de hormigón y crianza en barrica de roble francés. Como a mi acompañante no le gusto, se le ofreció un Rioja, no recuerdo el nombre pero también muy bueno.

 De las bodegas Casar de Burbia (Bierzo), HOMBRO, vino de uva mencia con 12 meses de barricas nuevas de roble francés Allier.

 Para terminar un vino de Madrid de la reconocida Bodegas Marañones, LABROS, una excelente garnacha sin despalillar con crianza de 12 meses en roble francés.

 En el postre, vino dulce MR de Telmo Rodriguez (Málaga).

Conclusión: PIÑERA se actualiza de la mano del chef Jesus Almagro, sin dejar de lado la esencia del maestro navarro Benjamín Urdiaín, todo bajo un servicio muy cuidado, atención constante, y técnicas y materia prima excepcional. Muy buena y recomendable experiencia.

Uno de mis restaurantes preferidos de Madrid, sin duda.
Buena separación entre mesas aunque la decoración es un poco sosa. El servicio bueno y cercano, con maitres muy amables y profesionales.
La carta de vinos y, en particular la de champagnes es una delicia. Carta amplia, variada y con precios no desorbitados. La última vez pedimos un propiedad 2010 muy rico en copas ótimas. El sumiller es un auténtico profesional.
La comida es deliciosa. Muy buena materia prima en preparaciones clásicas, pero muy bien resueltas. El steak tartar es formidable. Está en mi top-5 de la capital. Buen tratamiento del pescado y amplia carta de postres.
Teniendo en cuenta la calidad de la comida y el servicio, no me parece un restaurante caro.

Me dejó muy buen recuerdo este restaurante y he repetido a la menor oportunidad que he tenido. Ya he descrito este local en el anterior comentario, por lo que solo describiré la cena que tuve con unos amigos de toda la vida. Solo añadir que veo un cierto desánimo en las caras por parte del servicio y no precisamente en las de los camareros. Ciertamente, un viernes noche y con las salas prácticamente vacías, no invita al optimismo con los tiempos que corren.

Servicio muy atento pero ya digo que faltó esa chispa que tuvieron en mi primera visita.

De aperitivo, mientras tomábamos unas cervezas y alguna copa de vino blanco Viña Somoza sobre sus lías, nos pusieron un platito con unas soberbias aceitunas, un taquito de salmón fresco marinado y con un tapenade de aceitunas por encima, y un delicado chupito de crema de calabaza y gengibre.

Buena cestita de panes variados.

Cena para 4 personas:

De entrantes al centro de la mesa:

- Chipirones a la plancha con unas diminutas habitas salteadas y emulsión de mostaza: Muy buenos chipirones, frescos y bien pasados por la plancha. Nos resultó un tanto escasa la ración.
- Pulpo a la parrilla con mojo picón y crujiente de cerdo: Un buen brazo de pulpo pero que resultó demasiado duro. Lo peor de la cena sin duda.
- Mollejas de cordero glaseadas y raviolis de col rizada rellenos de morcilla: Como para compensar el fiasco anterior, magníficas mollejas. La salsa que las acompañaba, riquísima. Los raviolis solo originales y quedaron en un segundo plano.

De principales:

- Cochifrito al estilo Piñera, migas dulces y salsa de vermouth rojo: Original elaboración. Un pastel de hojaldre relleno del cochifrito. Me comentaron que muy bueno y para nada pesado.
- Jarrete de ternera lechal con puré de patata: Fue lo que les recomendé a dos de mis compañeros de velada y no defraudó. Aún siendo adultos de buen comer, les pareció excesiva la generosidad de este plato.
- Pichón asado en dos cocciones con guiso de trigo y romanescu: Buen pichón, perfectamente deshuesado. No caí en la cuenta de avisarles que me gusta sangrante y me lo presentaron un pelín hecho para mi gusto, aunque la carne no perdió su jugosidad.

De postre:

- Tres tartitas de manzana acompañadas de helado de vainilla que tampoco defraudaron.

La carta de vinos sigue en su línea y no voy a volver a describirla. Tomamos dos botellas de un magnífico Enrique Mendoza Syraz 2010 (28€ + IVA), servido perfecto de temperatura y en copas correctas. No me pareció que hubiera sumiller esa noche. Siempre atentos a rellenar.

En la sobremesa, nos invitaron unos chupitos de patxarán y de hierbas, acompañados de unos buenos petit-fours.

Precio total: 282€ (incluido IVA, pan y aperitivos a 3.50€ por persona, 3 copas de vino blanco, tres cervezas, 2 botellas de vino tinto y dos de agua de 1 litro).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría comer en este local con IVA y sin bebidas.

Este establecimiento demuestra que una decoración sencilla pero cuidada, una oferta gastronómica precisa y un trato excelente son los tres pilares para mantenerse en este competitivo y exigente negocio de la restauración, especialmente en esta zona de negocios. Buen restaurante de cocina de mercado y tradicional, con una oferta honesta con buenas elaboraciones y presentaciones basadas en la calidad de los productos. Nos resultó, si acaso, un poco corta y no hay menú degustación. No hay espacio para la creatividad en las elaboraciones (al menos ese día), pero lo que hacen lo bordan. Se nota la mano de Benjamín Urdiaín que les asesora. Además nos sorprendieron con raciones, en algunos casos, muy generosas. De los pocos sitios de los que hemos salido literalmente ahítos.

Según se entra, una barra te permite tomar algo mientras esperas al resto de lo comensales o echas un vistazo a su enorme vinoteca acristalada hasta el techo. Dos salones y uno privado. Nos colocaron en el salón situado a la derecha según se entra y que resulta ser muy luminoso gracias a los enormes ventanales. La decoración es moderna (madera, cristal y acero), podríamos decir que elegante, con mesas amplias, correctamente vestidas y más que aceptable separación entre ellas. Te sientes muy cómodo.

Servicio especialmente amable y simpático con nuestro chaval pero siempre eficiente y discreto. Quizás el maitre nos resultó un poco seco en el trato pero cada uno es cómo es y no se le puede reprochar nada.

Servicio del pan con una amplia oferta. Sobresalieron unos panecillos de tomate muy ricos.

Como detalle de la casa, una crema de patata y un buñuelo de cordero muy discretos, que acompañamos con una caña bien tirada y una manzanilla La Guita.

Comida para tres personas:

De primeros:

- Croquetas caseras de ternera blanca y jamón ibérico: Nueve croquetas exquisitas y de buen tamaño, crujientes por fuera y cremosas por dentro. Plenas de sabor. Sensacionales.
- ½ ración de verduras en témpura con salsa teriyaki y romescu: Generosísima media ración de verduritas (calabaza, judías verdes y brócoli) finamente rebozadas y bien acompañadas con dos cuencos para las salsa mencionadas.
- Huevo, papada ibérica y migas: De nuevo una generosa ración que incluía un par de huevos escalfados con un soberbio taco de tocino ibérico muy veteado y de excelente sabor. Las migas muy crujientitas y sin grasa.
- Lasaña de boletus y foie: Dos láminas de pasta envolviendo un guiso de boletus junto con un filetito de foie que combinaba a la perfección con los hongos. Presentado sobre una crema fluida de patata. Muy bueno.

De segundos:
- Jarrete de ternera a compartir por dos: Estupenda pieza de carne deshuesada y emplatada frente a nuestra mesa. Generosa ración de la que podía haber comido al menos otra persona. La carne se guisa a fuego lento durante 48 horas y finalmente se marca al horno. El resultado una carne muy melosa y de excelente sabor. Presentada con un puré muy cremoso de patata.
- Steak tartare a su gusto: Magnífico centro de solomillo cortado a cuchillo. Antes de emplatarlo te ofrecen degustarlo por si necesita corregirse; en mi caso no me hizo falta. Presentado con unas patas soufles. De los mejores steaks que he probado. De fama más que merecida.

Postres:
- Dos tartitas finas de manzana: Merece la pena la espera de unos 15 minutos. Delicado postre presentado con helado de vainilla muy cremoso y rico. En mi caso lo acompañé con una copita de un excelente moscatel Molino Real 2008.

En la sobremesa, y sin pedir cafés o infusiones, una bandejita de petit-fours que apenas pudimos tocar.

La carta de vinos es sencillamente fantástica y a precios más que razonables (x 1.5). Completa oferta de vinos nacionales e internacionales, destacando la diversidad de champagnes (unos 100). Despista un poco la organización de la carta; unas veces por procedencias y otras por variedades de uva. Quizás eché en falta al sumiller Mario esa tarde. Pedimos Terruño Finca La Emperatriz 2008 (28€ + IVA) servido perfecto de temperatura y en copas Spiegelau. Siempre atentos a rellenar.

Precio total: 207.02€ (inc. IVA, pan y aperitivos a 3.50€ por persona, vino, una copa de manzanilla, una caña, un refresco, dos botellas de agua grande a 2.50€ y una copa de MR a 4€).

Nota 1: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría comer en este local con IVA y sin bebidas.

Nota 2: Como sorpresa final, al presentarnos la cuenta, nos comentaron que estábamos invitados al postre. Sinceramente, así da gusto.

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