Restaurante Casa Manolo en Daimús

Restaurante Casa Manolo

Datos de Casa Manolo
Precio Medio:
68 €
Valoración Media:
7.7 10
Servicio del vino:
8.0 10
Comida:
7.7 10
Entorno:
8.1 10
Calidad-precio:
6.2 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Daimús
Dirección: Paseo Marítimo, 5
Código postal: 46710
Tipo de cocina: Valenciana, Tradicional
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Nunca

Teléfono


35 Opiniones de Casa Manolo

La que ha liao Manolo en la playa de Daimús, oye. Mucho había oído hablar de este restaurante michelinizado, con manifiesta diversidad de opiniones, por cierto. Curiosidad viva y mucha atracción me despertaba esa definición que había oído por ahí de “un chiringuito de playa estrella michelín”. No me hacía yo a la idea.

Lo que no sabía es que tiene montao ahí un tinglao de mil pares de… Porque además del restaurante michelinizado, tiene al lado una barra, un restaurante medio y uno básico. Le pega a todo oye el amigo Manolo. Una fórmula ésta de expandirse, variar la oferta y abarcar más público que no resulta desconocida por Valencia, visto lo visto con Camarena y Dacosta.

La noche anterior, en el singular homenaje que nos pegamos en Vins i més, el crack de Rubén nos explicó un poco el concepto y nos alentó a que fuéramos. Nos levantamos un tanto cansados, hacía un calor agobiante… y decidimos no reservar. Va, como está pegaíto a Gandía, nos acercamos por ahí, asomamos la patita, nos tomamos un blanquito en la barra, miramos a ver cómo es eso y si nos animamos reservamos en el gastro o en el otro… o en ninguno. Ya veremos.

La atracción fue brutal, no llegamos ni a tomar el blanquito en la barra. Hacía tanto calor fuera, los otros entornos que tiene nos provocaban un poco de agobio y sin embargo el gastro era tan fresco y tan trendy… que fue inmediato. ¿Hay sitio para dos? Sí. Pues pa dentro.

El local como digo es guapísimo: fresco, desahogado, luminoso, líneas modernotas combinadas con elementos rústicos, y los ventanales con ese azul reventón del Mediterráneo. Rigurosa primera línea, casi tienes los pies en la arena… pero cubierto, protegido y refrescado. Amos, pa quedarse allá a vivir.

Oye, pues pa una vez que venimos, el menú degustación, dejémonos de chuminadas.

Aperitivos
Espuma de tomate con hueva de mojama
Taco de cordero con yogur y menta
Diosa de gamba amb bleda
Buñuelo de brandada de bacalao con all i oli de su pil pil
Cona crujiente de panceta ibérica
Coca escaldada de jurel a media salazón
Ensalada caprese con polvo de aceituna negra
Ostra valenciana con berenjena asada
Coliflor, polp sec y cañailla
Flor de calabacín y tripa de bacalao
Caldo de jamón de Arturo Sánchez y trufa
Pulpo a la brasa con jugo de carne, tupinambo y lane-late
Ensalada caprese con polvo de aceituna negra
Rex con salsa de naranja y anchoas
Rossejat de Gandía
Agua de manzana, apio y jengibre
Galete de atún con naranja y mojama
Chirivía, té matcha y sirope de agave
Homenaje a Ferrero Rocher
Petit fours

Pues no, pese a lo que pueda parecer, no sales ahíto y pesadote. Se trata de una cocina mediterránea renovada, estilizada con marcada autoría, con constantes guiños a las tradiciones locales, sabiamente ejecutada, con altura de miras.

Muy bien comimos, muy bien.

¿De beber? Pues apetecía un maridaje que había con una pinta estupenda, pero había que volver a casa conduciendo… Así que nos contuvimos, pero aun así nos tomamos un buen generoso, un champagne de una RCP brutal que nos había aconsejado Rubén y un dulcecillo de campanillas… Tal que estos: Maruja Manzanilla pasada - Champagne Nicolas Maillart Platine Brut - Chateau Dereszla Tokaji Aszú 3 Puttonyos 2009.

El servicio parece por lo leído y escuchado que pasó por un bache notablemente acusado hace un tiempo. Lo ha superado. Estuvo a la altura del lugar, con un buen equilibrio entre lo desenfadado y lo elegante.

Vamos, que volveremos. Pero para quedarnos a dormir esa noche por la zona y olvidarnos del coche, algo parcialmente invalidante.

Le encontré un “pero” difícilmente evitable, y es que cuando vas allá, quieres ver mar. Y no todos lo ven, puesto que las mesas están dispuestas de modo que en varias de ellas algún comensal queda mirando a la pared de enfrente, muy chula sí, pero una pared. En la mesa que nos tocó en suerte, uno miraba gozosamente al mar, y el otro a la pared. Y ya saben, como nobleza obliga… :-(

Así se anuncia y así se expresa, porque en la cocina que sirve tanto al restaurante estrella Michelín, como al bar de tapas y a la terraza del paseo marítimo frente a la playa, tiene un mismo origen y un mismo fundamento: el mar.
Por otro lado se nota el sentimiento porque fueron más de 4 veces las que el chef (Manuel Alonso) nos preguntó personalmente por como resultaba la comida.

De entrada un agua Magma, un buen fino Colosía y unos chips bien resueltos. Un buen pan artesano de olivas en lonchas (tan bueno que repetimos y nos trajeron pan artesano de agua de mar y espelta), buenas degustaciones de aceite Travadell con buenos amargos y de un amarillo intenso; luego cambiamos a petición por un menos amargo pero más verdoso Ombría. Ambos muy interesantes.
A posteriori y al pedir agua (sin pedir agua mineral), nos trajeron ¡¡agua del grifo en jarra!! Un placer.

Hay opción de carta, amplia y dos menús: menú casa Manolo a 49€ y menú Experiencia Manuel Alonso a 69€. Optamos por el corto pues parecía (y era) suficiente.
La carta de vinos, muy completa. La guía Michelín dice que de las más completas de la Comunidad. No sé si de las más completas, pero sí que muy buenas opciones y a precios más que interesantes.
Optamos, como suele ocurrir, por lo más raro: Beatum, un blanco de uva palomino y de bodega cántabra que fue mejorando mucho conforme bebíamos. Para el arroz y postres un rosado Bandol, Chateaux de Pinbarnoy 2013 rosé, de monastrell y cinsault, muy elegante, muy fácil y que casi no llega al postre de lo rápido que entró.
El menú:
. gazpacho con guacamole: agradable entrada, refrescante
. airbag de sepia: interesante y crujiente como una miniempanadilla triangular hecha con tinta de sepia que contiene pequeños tagliatelles de sepia con all i oli muy ligero. Muy sobresaliente
. coca escalibada con jurel en media salazón: una oblea de masa de coca valenciana algo blanda con una sabroso jurel marinado en salazón. Sobresaliente
. buñuelo de brandada de bacalao con all i oli de su pil pil: casi como croqueta de cobertura crujiente. Me recordó a Ca Sento.
. corte de foie con pan de especias y puré de manzana a la vainilla: de visu recuerda a Ricard Camarena. Simula un minihelado de corte que alberga un buen foie y contrasta con el remate superior de puré sobre la galleta.
. taco de atún, soja, wasabi y huevas de salmón: perfecto de ejecución. Para comerse un pozal que diría Chicote.
. ostra con granizado de uva riesling y mango: buena ostra, buen granizado (aunque poco sabor vinoso) y buena compañía de esa famosa hojita verde que sabe a ostra y que empieza a hacer furor por todas partes. Buen conjunto.
. ensalada caprese, polvo de aceituna negra y hueva de mujol. Uno de los mejores y platos que consigue que la mozarella no se coma al resto de sabores. Muy conseguido.
. canelon de garreta de ternera y setas: luego resultó ser de carrillera y algo de foie: notable
. arroz cremoso de bacalao y coco: no me gustó. Arroz en buen punto, más hacia risotto, pero es que el dulce del coco se apodera desde que se deposita el plato en la mesa que invade de aroma de coco: en boca es casi como el arroz con leche, dulce y más para un postre.
Lo comentamos ampliamente con el chef que aceptó nuestros humildes comentarios y opiniones. Muy de alabar por lo infrecuente de la forma de aceptar la discusión. En mi opinión necesita un contraste (contrapeso en el sabor) virando hacia un picante (tipo peruano), un salado o un cítrico de muchísima más intensidad que las pequeñas hojas que lo adornan.
. torrija caramelizada con helado de leche: bien realizada. Ni mejor ni peor que otras probadas.
. pequeñas locuras dulces: en enorme caja una golosina de almendra, gominola de frambuesa, nube de fresa, vasito con infusión de armagnac y canela. Creativas e interesantes.

El servicio en sala perfecto, ritmo de la comida bueno. Copas, mantelería, cubiertos, cambio de platos, etc.. lo que corresponde a un local de altura.
Un lugar en la zona peatonal, como pequeño paseo marítimo, compite junto a locales típicos de merendero de playa. Como un faro en el mar. Reciente estrella Michelín.

Reunión del grupo de Cata València en este restaurante con una ubicación privilegiada, preciosas vistas al mar. Lo primero aclarar que disfrutamos de un menú de tapas con algún extra y que la valoración hace referencia a ello.
Nos ubicaron en una mesa alta en la entrada, con un aire más informal, lo cual no significa que tanto el servicio como las copas y otros detalles fueran de gran altura.
El menú que disfrutamos fue el siguiente:
Nuestra versión de bravas
Croqueta de pollo
Boquerones marinados con su raspa y cítricos
Tempura de verduras con romesco
Navaja a la brasa con aire de lima
Berberechos al vapor
Cogollos con anchoa y atún escabechado con vinagreta de piquillos
Gamba blanca de la subasta de Gandia
Rossejat de fideos
Sopa de pasión con espuma de coco, tierra de coco y helado de queso
Un menú variado, fresco y lleno de buen producto y buena ejecución, rematado con un buen rossejat de fideos y un postre muy rico.
A destacar el excelente pan, el servicio atento y cercano, casi familiar y un ambiente cómodo durante toda la comida y cata.
Los vinos los aportamos nosotros, mejor dicho, los anfitriones Rubén y Merche de Vins i Mes, y por tanto no valoraré su servicio, no obstante por las copas, decantadores y carta de que disponen seguro que será de primer nivel.
En espera de volver otro día a disfrutar del menú del restaurante, buenas sensaciones, en la mejor compañia.
El precio no incluye vinos.
Los anfitriones de Gandía acertaron y estuvieron en todo como si de su casa de tratara, invitados de honor de muy grata compañía, Jorge (el Mesias) y Eva, y al final una apreciada pareja de foreros que casualmente andaban de celebración en el restaurante y con quien pudimos compartir el fin de fiesta.

Aprovechando que teníamos que pasar un par de días por la zona se le ocurrió a mi colega que acercarnos a comer a Casa Manolo era una buena opción. Él tenía antojo de unas buenas gambas y yo de un buen arroz... así que la elección estaba clara, nos pusimos de acuerdo rápidamente.

No cabe mayor descripción de la estructura arquitectónica tras la realizada por el compañero Toni en el comentario previo. Mesa reservada para dos un jueves a mediodía y todo el local para nosotros solos. Debe resultar duro mantener el tipo durante los meses invernales para empresas con este perfil de ubicación. Nos acomodaron junto a un amplio ventanal con vistas a la playa desierta y a la inmensidad del mar.

Mesas amplias, mobiliario cómodo, buen menaje con mantelería blanca de estreno y la luz del Mediterráneo que inundaba la estancia como testigo. Mientras echábamos un vistazo a la carta hicieron presencia unos Chips de Patata y Yuca que acompañamos con un rico vermú del Montsant. Además trajeron también un Pan de Aceitunas crujiente y calentito y un buen AOVE para completar esta fase de adaptación al entorno.

...y ya entrando en materia:

Crema de Calabaza con Corteza de Limón y AOVE. Servida a modo de aperitivo cortesía de la casa. De fondo dulzón con ese toque cítrico que sumaba. También nos obsequiaron con un Buñuelo de Bacalao, de merecida fama, suave y gustoso, completando así unos buenos preliminares.

Calamar de Playa con Cebolla Caramelizada y Aceite de su Tinta. Presentado en moderno plato repleto de irregularidades donde asentaban los trozos del calamar que estando terso y agradable se redondeaba con una especie de puré de cebolla golosa que era un auténtico vicio. Perdición.

Media Docena de Gambas Rayadas. Buenos ejemplares que pesaban algo más de 350 g en perfecto punto de cocción. Dada nuestra solitaria presencia en el local hubo cabida para que Manuel Alonso nos explicara que están cocidas en agua de mar hasta que la cabeza empieza a coagular momento en el que las saca rompiendo el hervor. Impresionantes. Las mejores que pueda recordar en años. Pura esencia de mar. Placer.

Sorbete de Limón con Caramelo Fisherman. Pausa necesaria para el ansiado plato que venía a continuación. Refrescante y con ese puntito balsámico que despeja la nariz y suaviza la garganta... como aquel famoso anuncio televisivo de los 70. Intermezzo.

Arroz Meloso con Bogavante. Tremendo fondo arrollador que desgraciadamente no caló, al menos como hubiese deseado, en un grano de correcto punto de cocción. Dado que, en mi opinión, era más caldoso que meloso pude suplir esa falta de ligazón con bastante caldito en cada cucharada lo que compensaba esa sensación particular que percibí. Ración abundante para repetir cuanto quisieras. Calado.

No hubo cabida para los postres.

Para beber agua y vino, en concreto Kripta 2006 D.O. Cava (53€) que estaba brutal y acompañó de escándalo lo degustado. Buen y atento servicio.

Cerramos con un rico café cortito y se acompañaron de unos Petit Fours consistentes en una Infusión de Canela, una Nube de Caramelo y un Financier de Almendra, originales y curiosos.

En resumen, manejo de un producto de primera con buena ejecución y en un marco precioso, al menos en invierno. Unos días después le otorgaron la estrellita famosa. Yo no entiendo de eso pero sí que puedo decir que salí satisfecho y eso que si el arroz lo llegan a clavar... salgo llorando de alegría.

Comida “de compromiso” con gente de esa con la que se quiere quedar bien y reserva hecha con antelación por aquello de estar en pleno verano y justo frente al mar. Las buenas críticas en esta página y otras vertidas por personas con las que más o menos mantengo trato me ayudan a decidirme por este sitio. En el periodo que transcurre entre la reserva y el día “D” unas valoraciones leídas en Verema que, todo sea dicho, merecen todo mi respeto y credibilidad (por venir de quien vienen) hacen saltar todas las alarmas. Dudas, incertidumbre… Decido mantener la reserva y confiar en la trayectoria del local durante todos estos años y creer que se trató de un mal día.

Según tengo entendido, hablar de Casa Manolo en la comarca de La Safor es referirse a uno de esos restaurantes con solera, un local que aguanta con éxito el paso de los años, una casa en la que muchas familias se han reunido en torno a la mesa para celebrar acontecimientos relevantes de sus vidas, un sitio de comidas de negocios, donde se cierran tratos y siempre se queda bien con el potencial cliente…

El local se sitúa en primerísima línea de playa y ocupa un amplio edificio, prácticamente aislado, de una única planta. Su fachada principal mira al mar y al paseo marítimo que discurre paralelo a éste. Sobre el mismo paseo se monta una hilera de mesas en las que se debe comer muy bien en primavera u otoño, intuyo, pues ahora, en verano, o aprieta la canícula o el viento racheado de Garbí que incomoda bastante. El interior se divide en dos espacios cuasi independientes. En el primero encontramos la barra y dos largas mesas con taburetes altos blancos impolutos a uno y otro lado de corte moderno, aptos para comidas de carácter informal o cenas de picoteo.

El salón principal es amplio y luminoso, con hermosas vistas al mar, pero de estilo difícil de catalogar. Rústico, evidentemente, pero mezclando elementos de corte marinero (los faldones de las mesas azulones y los manteles blancos) con otros más propios de un refugio de alta montaña (paredes chapadas con piedra, envigado de madera…). En mi humilde opinión, no es el mejor marco para la propuesta gastronómica de Manuel Alonso, mucho más moderna, pero supongo que hay un interés por conservar el antiguo estilo del local y ligar presente y pasado de éste, como un tributo a la tradición.

La familia Alonso ha sabido adaptarse a los tiempos modernos y, sin renunciar a los platos de toda la vida, su carta y, especialmente, su menú degustación, apuestan por una cocina más actual y atractiva. No podemos hablar de vanguardia pues no la hay. Hay técnica, creatividad, cuidadas presentaciones… pero no estamos frente a un cocinero de esferificaciones, aires y humos. Se escoge un buen producto, esencialmente aquellos salidos del mar, se le da un tratamiento respetuoso y se le acompaña con condimentos, salsas e ingredientes en general bastante acertados.

Veníamos con la clara intención de conocer el mayor número de platos del cocinero y, para ello, la mejor opción es elegir el menú largo, No ojeamos, pues, la carta y no puedo facilitar al lector datos sobre el resto de propuestas. Sí diré antes de empezar con la relación de platos que, durante la comida, nos sirvieron unos ricos panes caseros, de pimentón el uno, de aceite de oliva el otro, y un magnífico AOVE que hizo nuestras delicias.

Gazpacho con aguacate y cebollino: Pequeño cuenco con un acertado gazpacho, sabroso, refrescante y más líquido que cremoso. Un buen comienzo.

Buñuelos de bacalao: Consistentes, de forma esférica, más parecidos a una croqueta por su cobertura crujiente. Aún así, muy ricos.

Airbag de sepia: curioso nombre que se debe a la base de este snack elaborada con una especie de rosquilleta crujiente hueca por el interior. Una especie de almohadilla. Sobre ella unos deliciosos tagliatelle de sepia y un riquísimo allioli casero, condimento acertadísimo para este bocado vistoso y sabroso.

Coca de jurel marinado: Otro delicioso bocado. La base: una oblea circular con la masa típica de la coca valenciana (harina, levadura, agua, aceite y sal), quizás menos crujiente y consistente de lo deseado y una porciones generosas del jurel marinado, hierbas y flores sobre ella.

Bikini de trufa: especie de sándwich, simulando el clásico de “triángulo de pan bimbo”, tostado y con un relleno de láminas de trufa no excesivamente aromáticas. Sin pena ni gloria.

Ensalada caprese: Se sirve copa de vermut y reproduce los elementos de esta famosa ensalada. Los tomates troceados al fondo, cocinados al vacío varias veces, la espuma de mozarela sobre éstos y el remate de la hoja de albahaca, aceite de ésta misma planta y un poco de caviar. Plato delicioso, apropiadísimo para el verano.

Salmón marinado: taco generoso de este pescado acompañado de alga wakame y una crema de rábano. Estaba rico, aunque me sorprendió lo terso del lomo. Me gusta la textura mantecosa del salmón, esa que permite cortarlo prácticamente sólo con el tenedor y que se deshace en la boca casi sin masticarlo.

Panacota de coliflor con pulpo seco y caracoles de mar: Para mí fue uno de los mejores platos de la comida. Se sirve en un cuenco ancho y se construye sobre una base cremosa de patata y coliflor (no guarda ninguna similitud con el postre italiano, por cierto). Sobre ella descansan las mollas de las cañaillas hervidas y unos trocitos de pulpo seco (salazón tradicional en las comarcas centrales del País Valencià). Producto excelente y resultado final que convence.

Ostra con puré de apio y con picadillo de tomate y pimentón: El molusco ya viene partido en dos y se aconseja tomar cada una de las porciones separadamente con los dos condimentos. Ostra de buen tamaño y frescura y acompañamientos con personalidad que no neutralizan el sabor de ésta pero que dejan huella en nuestras papilas gustativas, especialmente el apio.

Ensalada de trufa: mezclum de hierbas, lascas de trufa y una vinagreta exageradamente fuerte que neutralizaba prácticamente el sabor peculiar que da esa trufa. Buenas intenciones, pero con un resultado, en mi caso, no esperado. Prescindible.

Rodaballo: Riquísimo. Buen producto, taco generoso y tratamiento mínimo para poder disfrutar al cien por cien de las excelencias de este pescado considerado por muchos como uno de los mejores. Guarnición mínima con minizanahoria, tomatito Cherry y espárrago. No se precisa de más.

Callos como los hacía mi madre: Los pedimos en el momento de efectuar la comanda. No sé si corresponde a la carne que sale con el menú degustación, si fue substituida ésta o si añadieron este plato, pero… ¡bendita la hora que nos decidimos a pedirlo! ¡Qué cosa más rica! Sé que los callos se elaboran fundamentalmente de la membrana del estómago pero no conozco suficientemente la casquería para saber explicar porqué éstos estaban tan buenos a diferencia de otros catados en mi recorrido gastronómico. De hecho, se trata de un plato al que ya le estaba tomando manía, pero éste fue el día de la reconciliación. Una textura gelatinosa pero para nada resbaladiza o “chiclosa” y una salsa cargada de melosidad y sabor.

Arroz de sepia y coliflor: Emplatado con ayuda de un molde, de textura melosa y coronado con un berberecho cuasi crudo de buen tamaño. Punto perfecto del arroz y fondo acertado. Un buen arroz, en definitiva.

Sorbete de limón, helado de chocolate blanco y remolacha: Postre refrescante y que se agradece tras un menú tan largo. El ácido del cítrico prevalece sobre los demás sabores. Los tropezones de remolacha y frutos rojos combinan a la perfección aportando ese dulzor tan característico.

Ferrero Roché: Reproducción sápida del famoso bombón con una presentación totalmente diferente: el corte clásico de una tarta. Doy fe que la imitación es perfecta con el plus de la temperatura que todavía lo hace más rico y goloso.

Lo que bebimos

Tras las cervezas iniciales estuvimos hojeando la carta de vinos. Hay para rato. Relación interminable de vinos de múltiples DO destacando las referencias internacionales de las que me consta que Manuel es un apasionado (Francia, Alemania…). Nuestros escasos conocimientos al respecto nos hacen desechar este apartado y nos centramos en los caldos nacionales. Tomamos La Calma 2009 y El bugader 2002. Ambos vinos, que había probado hace años, me parecieron excelentes y sin entrar en apreciaciones de si maridaban o no con lo degustado, me parecen dos vinos a la altura del menú que tomamos. Los precios de los vinos son aceptables y existe también variedad en cuanto a la gama de los mismos.

Con los postres nos ofrecieron un moscatel de Alejandría de Primitivo Quiles (Monòver) que resultó ser invitación de la casa (buen detalle) y que disfrutamos mientras se prolongó la sentada.

Para concluir reafirmar que, como se desprende de todo lo leído anteriormente, la propuesta culinaria de Manuel Alonso se sustenta sobre los pilares del producto marino y el sabor y que bien lo vale un desplazamiento hasta Daimús para disfrutar de este restaurante. Por cierto, el servicio funcionó a la perfección y estuvo siempre atento y cordial con nosotros. Vamos a creer que en la visita de los foreros cuyas valoraciones me preceden tuvieron un día nefasto o que esas mismas críticas les han servido para “ponerse las pilas” cosa que, a la larga, es a ellos quienes más conviene.

Podéis ver fotografías en:

http://www.vinowine.es/restaurantes/casa-manolo-se-licencio-llamenle-don-manuel-alonso.html

La vedad es que no sé por dónde empezar… Compartí mesa con Oscar Rosa, comentario que precede a este, así que la tónica será la misma. He preferido dejar reposar un poco lo que allí vivimos, porque creo que con el cabreo que llevábamos todos ayer la valoración no hubiera sido todo lo justa que debiera.

Local amplio, con unas buenas vistas, aunque no deja de ser una playa abarrotada de gente, cosa que no me acaba de gustar, aunque imagino que en invierno la cosa cambiará y se podrá disfrutar de mejores vistas. El comedor es amplio, las mesas cómodas aunque las sillas son demasiado altas para la mesa y acabas comiendo ligeramente encorvado.

Comida para 10 personas, encargamos un arròs del senyoret, recomendado telefónicamente y al que accedimos por su buena fama. Ya en el restaurante pedimos los siguientes entrantes.

Detalle de la casa un gazpacho con guacamole bastante rico, fresquito y original. La cosa pintaba bien...

Buñuelos de brandada de bacalao, que no lo son. Me explico: la diferencia entre un buñuelo (o la gracia) es que no lleva rebozado, máximo se pasa por clara de huevo, antes de meterlo a freír. Si empanas, es una croqueta, así de simple. De sabor muy buenas, al margen del problema sintáctico, pero no son las mejores que he probado, pese a ser las más caras que jamás que pagado. A 3€ la croqueta, pedimos dos por barba, nos gastamos 60€ en croquetas…

Sepionets de playa a la brasa. El sabor de la brasa la verdad es que no lo encontré, pero tampoco tengo que dudar del cocinero. Bien de sabor pero ojo, el tamaño es inferior a una moneda de 1€, aunque la pieza sale por casi 1,5€...

Verduras en tempura con polvo de romescu. De nuevo un plato correcto, no brilla más que la escasez de un plato de verdura sencilla a 10€ la ración.

Callos como los hacía mi madre, en los que se añade en la carta (recomendado por la crítica especializada). Creo que el mejor plato de la comida, para mi gusto, muy light, pero imagino que también en verano los harán menos contundentes, así que nada que objetar. 16€ una ración correcta como tapa.

Y el arròs del senyoret, muy bueno, la verdad. Para mi gusto le faltaba algo más de sabor, pero con el punto perfecto y las gambas y sepia bastante buenas.

De postre probé la torrija con helado de leche, bastante buena. Nota: la foto es del postre que llegó con el helado menos derretido, el resto de torrijas estaba sobre una sopa templada de leche, algo normal desde el punto de vista físico, ya que el agua descongela rápidamente tras más de 15 minutos sobre la barra de un restaurante.

De beber tomamos Recaredo Brut Natura GR 2008 y Do Ferreiro 2010. Copas de buena calidad y servicio que se limita a servir la primera la copa y poco más (tampoco necesito más). La carta de vinos me gustó mucho, con una buena variedad y precios algo subidos pero sin ser escandaloso.

Creo que no exagero cuando digo que recibí el peor servicio que jamás he padecido. Hasta tres veces pedimos los cafés (una se había borrado de la PDA con la que toman nota, la segunda se les había olvidado y la tercera nos dicen que se han quedado sin tazas). Más 20 minutos para traer la cuenta y cuando la volvemos a pedir ponen cara de póker y entonces la piden “de verdad”, y otros 15 minutos más. Entre plato y plato servicio lento, horroroso, esperas interminables. Sin vino ni agua en la mesa más de 15 minutos, sin pan que tuvimos que rogarlo porque se enfriaban los platos. Hasta tres veces para pedir la segunda botella de vino (eso sí, nos ahorramos por lo menos dos botellas de vino que hubiéramos pedido), otras tantas para la tercera…

Y entonces toca reflexionar… ¿A qué vienen esos precios desorbitados? ¿Qué pago? ¿El entorno? Cuestión de gustos, pero a mí, la verdad, el paseo de una playa en verano no me seduce en absoluto. ¿La calidad del producto? Verduras, brandada de bacalao (nos gastamos 10.000pts en croquetas), sepionets a precio de ostras Gillardeau… No logro entenderlo. ¿El servicio? Me ahorro los comentarios… Tanto nosotros como la mesa que teníamos cerca acabamos desesperados. Me puse a servir el arroz que sobraba en la paella para los que quisieron comer un poco más, tuve que levantarme para servir el cava (era mejor que pasar la botella goteando de la cubitera) y ninguno de esos 4 ó 5 camareros paseantes se acercaron a "ayudarme" (o les estaba ayudando yo... ya no lo sé)

Si a esto le sumas que cuando entras te presentan un panfleto panegírico de las excelencias del cocinero y el restaurante, que algunos platos son aclamados por la crítica (ver los callos), etc, etc… te planteas aquello del morir de éxito. ¿De verdad Manuel Alonso sabe lo que pasa en su restaurante?

Sinceramente, aún se me queda cara de tonto cuando pienso en toda la sucesión de despropósitos que ayer padecimos en este restaurante al que, con lo que nos costó salir de allí, no creo que vuelva.

Nota 30/7/2014: Creo que es justo decir que Manuel Alonso, propietario del restaurante Casa Manolo, se puso en contacto conmigo para disculparse y expresar su decepción por el servicio que recibimos. Si al final estas valoraciones sirven para mejorar, quedo satisfecho y vuelvo a agradecer, ahora públicamente, la llamada de Manuel que estaba bastante afectado, ya no por la valoración, sino por no haberse percatado de los problemas de sala de ese día.

Hacía mucho tiempo que no me prodigaba por aquì, pero bueno hoy me he decido a escribir porque la experiencia que he vivido, no me había pasado nunca, repito Nunca en ningún restaurante del los que he ido.
Empecemos, reserva para 10 en terraza, llegamos y tras darnos cuenta de que hace mucho calor pedimos si nos pueden cambiar la mesa en la sala interior, después de la consulta pertinente no dan el ok i nos acomodan en un salón amplio y agradable.
Después de observar la carta nos decidimos a pedir.
Buñuelos de brandada de bacalao, bueno nada del otro mundo, simplemente correctos 2 unidades por persona.
Sepiionet de playa a la brasa, casi había que mirarlos con lupa para distinguirlos, normalitos 2 unidades por persona.
Tempura de verdura, pues más de lo mismo correcta pero sin entusiasmar a nadie.
Callos Como los hacía mi madre, para mi el plato más destacable.
Arroz del senyoret punto de cocción bueno pero para mi gusto falto de sabor.
Postre: Torrija caramelizada con helado de leche,.
Nuestro homenaje a Ferrero Rocher.
Crepe de chocolate blanco, fresas y vainilla.
Recaredo Brut Nature Gran Reserva 2008 2 botellas.
Cervezas agua y coca cola .
Bueno empezamos con el desaguisado, después de consumir la primera botella de cava creo recordar que pedimos hasta en 4 ocasiones la segunda botella, transcurriendo al menos 25 minutos hasta que acceden a traernosla.
La mesa en la que estábamos comiendo no ha sido limpiada más que en el primer cambio de plato y en todo el demás servicio ha permanecido llena de migas de pan sin ningún miramiento por limpiarla.
Esperas un poco excesivas entre platos, que serían comprensibles si el local hubiera estado lleno en ocasiones bastante desagradables y desesperantes.
Camareros paseando de un lado a otro de la sala y en muchas ocasiones nos hemos sentido INVISIBLES, increíble.
Llega la hora de los postres y los cafés , pedimos todo junto, transcurridos 30 minutos reclamamos los cafés y viene el chico y nos deja de piedra diciéndonos:
Ah bueno se les habrá olvidado tomo nota otra vez y ya se apañaran mis compañeros, bueno volvemos a esperar, taren los postres y nueva espera, a la siguiente reclamación de los cafés nos dicen ATENCIÓN es que no tenemos tazas esperense a que las lavemos.
Vamos el remate final no podíamos creer lo que estábamos escuchando, ya mosqueados decidimos no tomar café y pedimos la cuenta.
Como diría mi Abuela AY MARE esta pesadilla no ha terminado, otra larga espera para sacarnos la cuenta.
Al final tras reclamarla varias veces, como nó, acceden a traernosla.
Pagamos y decidimos marcharnos porque la verdad estábamos ya hasta los mismísimos de estar allí 3 horas sentados.
Nuestra sorpresa nos ponen en la cuenta, Invitación a Petit Fours y Granizados que ni tan siquiera han tenido el detalle de sacar a la mesa seguimos alucinando.
Al final y viendo nuestras malas caras nos ofrecen un vino dulce, el cual rechazamos porque lo que queríamos era salir de allí pitando.
En definitiva experiencia bastante desagradable.
No se a que atribuir este desastre.
Pero SR Manolo, hágaselo mirar porque lo de hoy no tiene palabras.
Y encima no haber recibido una mínima disculpa por su parte, me parece muy Fuerte.
El Jefe de Sala se ha disculpado, pero el que tenía que haber dado la cara creo que tenía que haber sido Usted, en vez de estar en la terracita al fresquito.

Buen restaurante situado en la Playa de Daimús.

Nos sentamos en una mesa en la sala en la ventana. Muy atentos y profesionales los camareros.

Green Blody Mary y Peruchi Blanco para empezar. Nos dan su revista y la carta. La carta de vino esta muy compensada y con referencias muy interesantes.

Nos sirvieron dos entrantes de cortesía, un Capuchino de Esparrago y una Tempura de Ortiguillas.

Luego Huevo con Setas, Corte de Foie y Buñuelo de Bacalao.

Como íbamos con los, para entretenerlos, pedimos dos raciones de Tellinas. Se relamieron.

Dos Almejas de Carril. Sepionets. Y, un capricho mio, para teminar Callos.

Muy buena la presentación de los platos y riquísmos.

Como vino, tirando para la tierra y una propuesta de los dueños. Obscur 2008, ricas experiencias degustativas entre la variedad de platos que pedimos.

Por estar de vacaciones e ir andando. Un Gin Tonic de Monkey 46 y un Seagrams con Limon.

Sitio muy recomendable para los amantes de la alta gastronomía.

Local situado a la orilla de la playa en el paseo marítimo de Daimús, con vistas al azul Mediterráneo.

Pedimos de entrantes:
* Ostra con sopa de caldo de gallina y garbanzos (buena combinación).
* Navaja a la brasa con aire lima-limón (perfecta de textura y sabor).
* Sepionets de playa a la brasa con aceite de perejil y vinagreta de su tinta (la única nota discordante, me parecio una tomadura de pelo los escasos ocho sepionets minúsculos, algunos de ellos precisaban verse con microscópio).

De plato fuerte: Arroz meloso de sepia, cigala y berberecho (Buena elaboración aunque con tropezones escasos).

Postre: Nuesto homenaje a "Ferrero Rocher" (una delicia para el paladar).

De bebida: Agua mineral y cerveza (por eso del conducir).

Trato amable y perfecto. En general, muy bien, camino de la Estrella pero cuidado con torcerse (el plato de sepionets no es de recibo y podrían mejorarlo con creces).

Siempre había identificado este restaurante,las veces, que, lo había visitado, como un restaurante, que, ofertaba una materia prima de una excelente calidad, amén de, una cuidadísima elaboración.
Lo identificaba con una cocina marinera de altísimo nivel, siendo de destacar, los sepionets a la plancha, unas gambas y cigalas portentosas y un arroz (cocinado en marmita de hierro colado) de cigalas, sepia y berberechos, cuyo sabor profundo, era todo mar.
Pues bien, en mi última visita, celebrando con un amigo nuestra tradicional comida de Navidad, Juan Carlos y Manolo, el primero en los fogones y el segundo, casi en todas partes (parece el hombre orquesta) nos obsequiaron con una comida que ha supuesto para mí una experiencia inolvidable.
La cocina ha dado ¿dos, tres pasos? hacia adelante en su evolución. Técnica más depurada. Platos que alcanzan el nivel de exquisitez (luego comentaré los que integraron el menú). Todo ello no es de extrañar por cuanto, se trata de personas inquietas, estudiosas, con afán de superación; tienen ansias de mejorar, todo, aquello, que, primero, explican y luego elaboran para tí. son analistas de lo que ven, hacen y presentan al comensal.
Todo está medido, desde las cantidades a degustar, hasta los tiempos de servicio, presentación y retirada, de los platos. Temperatura de los alimentos, óptima.
Muy buen servicio en sala dirigido por Manolo; respetuoso (nada intrusivo), eficaz, diligente, servicial y amable.
Bueno, francamente bueno, el servicio del vino; con envinado de copas y decantación,si fuere menester.
Amplia separación de mesas (bien vestidas). Ambiente de desahogo. Manteleria , cristaleria , vajilla y cuberteria notables.
Tras todo lo expuesto, paso a relatar, el festival gastronómico. Mencionaré lo que ha supuesto para mí una experiencia inolvidable, por cuanto, lo presentado fue sorprendente:

CAPUCHINO DE ESPARRAGOS TRIGUEROS CON AIRE DE LECHE: Entra como si nada; de repente, explota, en la boca, manifestando todo su sabor. Tonificante. Abre el apetito. Muy buen sabor. Natural cien por cien.

BIKINI DE TRUFA NEGRA Y QUESO BRIE: Es una representación de un mini sandwich, cuyo pan está en el punto adecuado de tueste; la mantequilla lo ha dorado, y, en cuyo interior el brie mantiene y prolonga, el aroma y sabor de la trufa. Muy agradable.

ANCHOA DE SALAZON CON JUGO DE ESCALIVADA: La anchoa, ¡vaya textura! es casera. Punto justo de sal; todo sabor que queda aumentado por el ligeramente dulzón jugo de la escalivada. Sabores y aromas que se complementan. Juego de lo ligeramente dulce y suavemente salado. Excelente combinación.

OSTRA NAPOLEON CON CALDO DE GALLINA Y GARBANZOS Y ALGA TORORO KOMBU: Ostra de tamaño, textura y gusto excepcionales. Hay que cortarla; por sí, sola, no cabría en la boca. El Atlántico, primero en el plato (tamaño y aroma) y después en la boca (explosión de sabor, firmeza...). El caldo, al no ser excesivamente fuerte de sabor, te permite apreciar lo, que , la ostra es; la multiplica. Para cerrar los ojos y dejarse llevar. Voluptuosa.

ESPUMA DE BACALAO CON CRUJIENTE DE TEMPURA Y POLVO DE ACEITUNA NEGRA: Sorprendente, etéreo, potente. Parece espuma, pero con un sabor que se fija en las papilas. A duras penas, consigues arrancar su fuerza de la boca; diluirlo aunque estés degustando un gran vino. Estupenda preparación.

CAPUCHINO DE BOLETUS EDULIS: Esencia de monte húmedo licuado. Sabor, aroma, líquido color crema ligeramente tostado. La espuma ligera, que, lo cubre, evita que el aroma desaparezca. Sabroso.

CAVIAR CON VELO DE JAMON Y MANTEQUILLA: El plato estrella de la comida: La delicadeza en estado sólido. Caviar, que, por tamaño y color diría beluga (si no lo es, quizás, pudiera ser asetra), que queda "protegido" por un aspic de jamón, sobre una base de mantequilla. En realidad, no es sólo mantequilla, ya que ésta ha sido trabajada con limón y huevo, como si de una salsa holandesa se tratase, pero de textura menos líquida y más cremosa. La conjunción de sabores, el equilibrio de los ingredientes, el color del resultado y el juego de texturas, digno de Alain Ducasse. DELICADO. EXCEPCIONAL. De lo mejor que he comido en mucho tiempo; Y CREO QUE TARDARÉ EN PROBAR ALGO DE UN NIVEL SIMILAR. Por este plato el restaurante merece una visita.

TRINXAT DE PATATA, HUEVO Y TRUFA: Menos cantidad de col, en este plato de lo que, tradicionalmente, se suele presentar; ello, en lugar de empobrecerlo, en este caso lo enriquece, lo refina. Cantidad de col, la justa; sabes que está ahí, pero sin que su fuerza y aroma eclipse al resto de los ingredientes; se convierte en coadyuvante de todo lo demás. Rompes la yema, la emulsionas con la patata y los trozos de trufa; has creado un puré que con la col se convierte en un plato potente de aroma(trufa), textura(amalgama de los ingredientes mezclados entre sí) y sabor, mucho sabor. DELICIOSO.

MOLLEJAS DE CORDERO LECHAL CON PURE DE YUCA Y SETAS: las mollejas tiernas, punto de cocción justo; el puré era seda en la boca, con un punto dulzón que combinaba perfectamente con el ingrediente estrella del plato y con las setas. Las domesticaba. Casi sensual.

CALLOS COMO LOS HACIA MI MADRE: aquí me remito al juicio efectuado por Javier46; no creo que pueda expresar, el contenido y características del plato, mejor que él.

GUISO DE PESCADO Y MARISCO A "SU" ESTILO: ¿Estamos en Marsella? No, no hace falta. Estamos en Daimuz.
Fantasía de sabores y texturas. Rodaballo y lubina; almeja y gamba, marcados en la plancha acompañados de un caldo/fumet/esencia que recuerda y mucho a la boullabesa. Recuerdos a Pastis? no, no es necesario, lleva anís estrellado. Las laminas del pescado absorben la esencia; la gamba y la almeja quedan potenciadas. Verdadero perfume y sabor mediterráneo. COLOSAL.

RABO DE TORO: Meloso y compacto gracias a una red o tela (muy utilizada en las carnicerías y restaurantes de Francia) que procede del propio animal y que evita que se desmigue. En boca se deshace. Buen fondo de cocción. Intenso sabor. SUCULENTO.

SORBETE DE LIMON Y PLATANO: Refrescante. Limpia y desempalaga las papilas. Necesario en una comida así.

Carta de vinos, que por referencias, tanto españolas como extranjeras, y precio, merece la calificación de excelente.

Tras todo ello, solo puedo añadir que es un restaurante que mima al comensal.
Muy buena RPC.

La respuesta a la pregunta que sirve de título al comentario del restaurante, "¿Ha nacido una estrella?" (tenga o no estrella), algunos opinamos que sí.

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