Restaurante El Faralló en Denia
  

Restaurante El Faralló

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Datos de El Faralló
Precio Medio:
68 €
Valoración Media:
7.1 10
Servicio del vino:
6.3 10
Comida:
7.9 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado, Valenciana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


14 Opiniones de El Faralló

Local indispensable si quieres comer la mejor gamba de Denia, la pagas, porque el la paga, y por eso suele tener la mejor.

En esta ocasión el tamaño no era muy grande, pero sabes que es el mas grande que se podía conseguir, eso si tan ricas como siempre, cocidas, sin mas, ni menos, 500 gramos 95€.
Primero un aperitivo por cuenta de la casa de anchoas en vinagre, muy ricas.

Por supuesto una de pulpo seco, típico de la zona, 16€.

Sepionets, muy ricos, 15€.

Higado de rape, muy rico, 11€.

Almejas a la sarten, de nivel, 19€.

Y luego las gambas, ya comentado.

Un postre, tarta de queso, 5,5€.

Pan all i olli, 2€ por barba, caña a 2€, cafes, 1,5€ y para beber una de zarate Balado, 29,5€ y otra de Carralcoba 32,5€, total 236€, para tres, con buenos vinos y buena gamba, bien se hace el camino.

Comentario breve y sencillo, como la cocina del local, de técnica sencilla, aunque de producto inmenso, especialmente la gamba.

Este comentario va a ser como la velada, sencillo y concreto, además de que Isaac y Toni lo han relatado todo magníficamente, poco más se puede decir.

Local famoso por la calidad del producto, especialmente la gamba de Denia.

Este jiennense , alicantino de adopción , selecciona y paga la mejor gamba que hay en la zona , la cuece al momento con agua de mar , la enfría con agua de mar y mucho hielo y la conserva a 0º , un máximo de tres días , si no recuerdo mal , con lo que tiene que hacer números y predicciones , para abastecer a todos los ávidos clientes de este manjar .

Local grande, clásico y con unas peceras para el marisco que invitan a la segregación del paladar.

Su máxima, producto y justa elaboración, nada que enmascare el sabor, ni siquiera el exceso de temperatura.

Pulpo seco, típico de la zona, aunque con gran acierto no lo deja secar del todo, con lo que se consigue una textura mas agradable y mejor sabor, creo yo.

Rico pescadito frito, salmonetes, raya y plateros, en un punto perfecto, crujiente por fuera y jugoso por dentro.

Sepionets, con su tinta y todo su interior, pasados por plancha y poco mas y con un sabor contundente, debido a sus entrañas, deliciosos.

Unas almejas gallegas a la sartén, de calidad, como todo lo de esta casa, vino, aceite y un breve paso por la sartén hasta abrirse.

Y la estrella invitada de la noche, la espectacular Gamba de Denia, cocida como hemos comentado, si una fisura en el chasis, lo que hace que la carne este prieta, turgente, sabrosa, y si, sigo hablando de la Gamba.

El jugo de la cabeza se merece un renglón aparte, un sabor muchísimo mas sutil que el resto de cabezas de marisco que me he llevado a la boca , sabroso , toques dulces , otros mas potentes , bueno lo resumo , había dos personas que no chupaban nunca las cabezas , yo ya me relamía , pues señores no probé ni una .

Como remate una tarta de queso, bastante anodina, pero quien repara en esto, después del recital de buenas elaboraciones, después de ese remate final, después de la atención exquisita y generosa de Javier y todo su equipo, yo la verdad no.

Sin duda cuando vuelva por la zona llevare a mi mujer que le encantan las gambas, obligatoriamente, para beber Gramona tres lustros y Do Ferreiro, atentos a que la copa no se quedase vacía, buen servicio.

Decir que lo pagado fue un lujo, ya que este manjar suele rondar precios astronómicos, pero no mas que unas angulas, bastante menos, parecido a un buen jamón y similar a muchas ricas cosas, y una vez al año no hace daño, si se puede, claro

Noche de noviembre en Denia. Calles prácticamente vacías en la zona portuaria. Taxi y nos dirigimos hacia la zona de Las Rotas. Allí se encuentra El Faralló, una parada obligatoria. Desde hace 10 años, Javier Alguacil y Julia Lozano ofician en este espacio cercano al mar. Su terraza exterior es similar a un merendero, mientras que su salón interior resulta bastante más elegante y acogedor.

Lo que fuera el bar y ultramarinos de un cercano cámping se ha convertido con el tiempo y la dedicación a la gamba roja en un restaurante de peregrinación. Javier anteriormente trabajaba en el Pegolí, otro establecimiento vinculado a la calidad del producto y encontró su libertad al final del Paseo Marítimo de Denia.

Pero el Faralló no son solo gambas. Se maneja un producto de nivel excepcional al que se trata con respeto, conocimiento y experiencia. El producto se expresa a través de una cocina simple y de concienzuda naturalidad.

Típico de la gastronomía deniera es el pulpo seco. Piezas de 4 a 5 kilogramos que se secan en los patios exteriores con la ayuda de la brisa marina. Se necesitan tentáculos grandes para que luego el tamaño del corte no sea excesivamente pequeño. En este caso, el pulpo no se deja secar en su totalidad para no alcanzar un alto grado de dureza. Posteriormente fuego directo, eliminación del hollín que se produce, corte fino a cuchillo y buen aceite de Jaén (tierra originaria de Javier). En boca, ahumado, amargo y cierta profundidad del cefalópodo que se obtiene al degustar a la vez más de una pieza y masticar con entrega.

También conviene probar el pescadito frito. Pequeños salmonetes, trozos de raya, plateros y pescadillas. Fritura limpísima, pescado que se come prácticamente entero, siendo su sabor en general tenue. A destacar la raya de mayor carnosidad que el resto.

Calificaría como imprescindibles los sepionets. Únicamente se les ha extraído la pluma, por lo que se exponen y expresan como son. Su brutal frescura se degusta directamente. Textura tersa, que casi no requiere esfuerzo y sabor natural, originario, directo, con tonos de ligero dulzor. Sobresalientes.

Provenientes de Galicia (Mariscos Laureano), unas estupendas almejas a la sartén. Simplemente cocinadas con vino blanco y un poco de agua, sin ningún tipo más de condimento. Pura sinceridad, provistas de esa sencillez a veces compleja que conmueve.

Y ahora, todos los focos para la gamba. Según los entendidos, en el Faralló se degusta una de las mejores o las gambas rojas. Conversando con Alguacil, nos cuenta parte del proceso. La gamba para alcanzar ese éxtasis requiere dedicación diaria. Por la mañana, a través de una aplicación móvil, conoce por donde están faenando las diferentes barcas que se dedican a su extracción. En función de las zonas que Javier conoce en detalle, algunas de esas embarcaciones quedan descartadas para la subasta posterior. El crustáceo se pesca por arrastre a 800 metros de profundidad y cierta lejanía de la costa.

Por la tarde ya en la lonja, Alguacil se “pelea” por lo mejor, por llevarse esas piezas que tiene en mente después de su exploración visual y de conocer dónde faenaron las barcas. En esta zona, las gambas suelen ser de un menor gramaje que en la Costa Brava, estando alrededor de los 45-50 gramos, mientras que en los alrededores de Palamós las grandes suelen alcanzar entre los 70 y los 80 gramos.

Tras la lonja, Javier acude rápidamente al restaurante para seleccionar las gambas y hervirlas. Se necesitan ejemplares totalmente sellados, sin ninguna fisura que posibilite la entrada de agua salada mientras se realiza la cocción. Si hay algún tipo de rotura, la gamba irá destinada a la plancha. No lo duden, esta gamba siempre se debe tomar cocida. La plancha suele igualar calidades y embrutecer un bocado que hervido me resulta mucho más fino y elegante.

Me ha llamado la atención el hecho de que la gamba se hierva tras llegar de la lonja al restaurante. Parece que ser una técnica común en los buenos restaurantes de Denia. Las razones radican en evitar la presencia de conservantes (ácido bórico) si se desea que en la cabeza no aparezcan esos tonos negruzcos. De esta forma, se mantiene sin ninguna distorsión su sabor auténtico y original.

Tras la cocción con agua de mar y sal, se corta la misma con agua salada y abundante hielo picado. Si no se van a consumir en el día se conservan ya cocidas, concretamente a 0ºC para evitar cristalizaciones.

Finas y de elevadísima frescura provocan directamente la levitación. La parte exterior de la cabeza (caparazón) de perfil casi transparente, se debe poder extraer fácilmente tras haberla separado del cuerpo. Si les cuesta, pregunten a Javier cómo hacerlo para poder aprovechar el crustáceo en toda su extensión.

Tras absorber y chupetear la testa, se atacan las crepitantes extremidades que parecieran haber pasado por la sartén sin que lo hayan hecho. El cuerpo es el de una dama, dedicación absoluta.

¿Hasta dónde se puede llegar con el cuidado extremo del producto? A ser eterno, adurar mientras se mantenga el cuidado. Javier comentaba que en sus vacaciones tenía previsto subir a Palamós, comprar gambas y hervirlas en el mismo momento para poder realizar una comparación en igualdad de condiciones. Entrega extrema.

Finalizamos con una floja tarta de queso que resulta totalmente evitable. Abizcochada y sin apenas sabor a lo que debería. Después de una ligera prueba, decidí quedarme con el sabor del crustáceo.

El Faralló es uno de esos restaurantes obligatorios. Pocas veces los placeres son tan directos y necesitan de menor reflexión. El pensamiento simplemente para extraer conclusiones sobre las diferentes vías de que un restaurante alcance el éxito.

El Faralló: Donde la gamba es la reina

Post completo con fotos que merecen mucho la pena en
http://www.complicidadgastronomica.es/2016/11/farallo-donde-la-gamba-roja-la-reina/

Entorno: 7
Servicio: 7
RCP: -
Comida: 8. Estamos ante un fuera de categoría. Un restaurante en el que sus gambas y sepionets merecen la visita.

Empezaré a relatar lo que supuso el IX encuentro de la Peña Gastronómica Los Restauranteros prácticamente por el final. Cena el sábado noche tras una jornada maratoniana por La Marina con el fin de satisfacer la gran curiosidad de gran parte de los miembros de la peña por el producto estrella de esta ciudad: la gamba roja de Dénia. Algunas bajas a la hora de cenar, lógicas en cierto modo tras tantas comidas, pero ilusión y altas expectativas entre los más valientes que se atrevieron a sentarse otra vez a la mesa tan sólo tres horas después de haberse levantado de otra.

Se dispuso una gran mesa imperial para los once comensales que propició una amplitud que se agradece, pero, a su vez, una única conversación entre todos nosotros y el disfrute de la compañía de los peñistas. Menú pactado de antemano con Javier, no muy extenso y con la gamba como auténtica protagonista. Cuatro entrantes a compartir y el marisco como broche de oro:

- Pulpo seco: "Rareza" propia de estas tierras que supone un auténtico manjar si, como fue el caso, se prepara con maestría. Calibre excepcional en la pata del animal, textura perfecta (crujiente por fuera y tierna en su interior) y sabor destacable con la combinación del tostado de fuera (se prepara directamente a la llama) y el propio del cefalópodo.

- Fritura de pescado: Salmonetes, pescadillas, raya... con una preparación perfecta. Frescura admirable y carencia absoluta de aceitosidad. En mi plato no quedaron ni las raspas.

- Sepionets: Otro de los platos típicos de aquí. Sepietas de pequeño tamaño con el toque justo de plancha y la peculiaridad de conservar su propia tinta. Para ser sinceros, el sepionet se trabaja bien en general en los bares de La Marina pero muchas veces se echa a perder el producto ahogándolo con en el típico majado de aceite, ajo y perejil. No fue el caso. Servido aquí únicamente con AOVE.

- Almejas a la plancha: Perfectas. Sin ser extremadamente grandes, sí llamaba poderosamente la atención el punto exacto de cocción y, nuevamente, la frescura del género.

- Gamba roja de Dénia (6 unidades por comensal): Hervida con maestría por el propio Javier, hizo las delicias de quienes ya la conocíamos, pero, especialmente, de aquellos que jamás la habían probado. Placer puramente hedonista. Más de uno devoró las cabezas sin miramiento alguno, jeje.

- Tarta de queso: correcta sin más.

Acompañamos la cena con agua abundante y varias botellas de Do Ferreiro y Gramona III Lustros. Servicio perfecto en cuanto a temperatura y rellenado constante de las copas.

Para acabar, destacar por encima de todo (menos de la gamba, jeje), la atención y amabilidad de Javier que estuvo siempre pendiente de nuestra mesa, y supo combinar a la perfección el puro disfrute de la comida por nuestra parte con un admirable afán divulgativo de la cocina que se hace en el Faralló, con acertadas explicaciones sobre el pulpo seco, el sepionet y, sobretodo, la gamba roja. Muchísimas gracias.

Durante el último medio año hemos estado haciendo una pequeña aportación económica con el fin de pegarnos un buen homenaje ahora por febrero (se suponía que sería cuando más bajos son los precios de la gamba de Dénia). Diez comensales en la mesa un sábado a mediodía con ganas de pasarlo bien y disfrutar de este exquisito producto.

Local muy concurrido cosa que no deja de sorprendernos estando en febrero, uno de los meses más difíciles para la hostelería. Muchas mesas de dos comensales tanto en la terraza cubierta come en el salón interior donde fuimos alojados. Vi servir principalmente arroces en las mesas colindantes. Pedimos muy poco pues nos reservábamos para la estrella de la comida: la gamba.

- Anchoas en aceite de oliva (10 unidades): Muy ricas, se acompañaron con un timbal de tomate troceado y de un panecillo individual que estaba muy bueno. También se sacaron en ese momento unos cuencos al centro de la mesa con un allioli delicioso.

- Hígado de rape a la plancha: lo había probado un par de ocasiones anteriormente y no guardaba un buen recuerdo de él. Sabor muy fuerte y singular, tal vez más suave en esta ocasión por lo que me gustó un poco más.

- Clóchinas valencianas al vapor: Son bastante más pequeñas que el mejillón tanto el caparazón como la carnaza pero tienen gran intensidad en cuanto a su sabor.

- Gamba de Dénia hervida (5 kg para diez comensales): Simplemente espectacular en cuanto a su tamaño XXL, su cocción y su sabor. Puro placer hedonista.

- Postres variados al centro de la mesa: porciones de tartas muy clásicas: tiramisú, queso y arándanos, chocolate...

Tomamos 3 magnums de Pazo de Señorans y también una botella de Gramona Imperial. La carta la configuran unas cuarenta referencias de vinos más bien de corte clásico, ocupando más de la mitad de ella el listado de blancos y espumosos como corresponde a este tipo de cocina marinera.

Acabamos la comida en la terraza tomando café y unos GT de marcas Premium diferentes (a tener en cuenta también en el precio final).

La cuenta final fue de 136 € por persona de los cuales prácticamente 90 € por cabeza corresponden a la gamba (180 €/Kg, ni más ni menos). Sabíamos a lo que íbamos y, por tanto, no sorprende el montante final. Pero se puede comer muy bien aquí por 40 €.

Restaurante ubicado en las Rotas que consta de terraza exterior con toldos, local cerrado, decorado de forma sencilla, parque para niños y aparcamiento propio (esto últmo, destacable ante la dificultad de poder aparcar en el exterior).
Servicio atento, educado y diligente. Si le dices a Javier, cual es tu idea, te aconsejará, de forma honrada, lo, que ese día, te puede ofrecer, siguiendo, a raja tabla, "tu" guión.
Cocina elaborada con productos fresquísimos. Destacaría, los sepionets, los calamares enharinados a la andaluza, el pulpo seco y las gambas; éstas últimas a un precio "asequible".
Buenos arroces. Yo me quedo con el arroz de rape y pimientos y con el negro. Ambos sabrosos y con un punto de cocción correcto.
Pescados elaborados de forma sencilla. Me encanta, cuando lo tiene, unas palayas de gran tamaño que permiten apreciar todo su sabor, finísimo, trabajando lo justo, y sin, que, se desmiguen, cuando las estás desespinando.
De postre prefiero fruta o sorbetes a la bandeja de dulces que normalmente suele presentar.
Bodega suficiente para lo que este restaurante persigue.
Buena RPC.
El precio es sin vino.

Típico restaurante de la zona, en segunda línea de Las Rotas, casi primera... muy correcto y con parking para dejar el coche, algo que se agradece la verdad.

Empezamos con unos sepionets impresionantes, seguimos con unas muy buenas tellinas y acabamos con un más que correcto arroz a banda, la verdad es que se nota que saben tocar el producto típico de la zona, y como uno sabe que a lo que va, pues perfecto. El servicio bien pero sin alardes, aprobado por tanto.

Agradable local cerca de la playa de Les Rotes basado en la formula tradicional de la zona, es decir, algo para picar (incluyendo unas gambas) y un arroz.
Para empezar pedimos una ensalada bien elaborada, con ahumados, melva y demás productos típicos pero en cantidad abundante y de buena calidad. Seguimos con unos calamares fritos a la andaluza (correctos sin mas) y terminamos con 8 gambas a la plancha y 8 gambas hervidas. Mejor la segunda pues parece que el restaurante reserva el genero bueno para hervir. Sin embargo hay que decir que el producto era de calidad, fresco y de muy buen sabor pero lamentablemente de tamaño pequeño. Quizás debido a que nos sentamos a la mesa pasadas las tres de la tarde y lo mejor ya había salido antes. Una pena porque eso hizo que nuestra expectativa se viese algo defraudada.
De segundo un arroz a banda servido al centro. Raciones muy amplias a precio razonable (12.-eur) La calidad correcta aunque tuvimos que dejar "reposar" el arroz para que alcanzase su punto justo de cocción.
El postre lo tomamos en la terraza para poder fumar un habano acompañado de un GT de Nº209 y una sorprendente tónica italiana (Abbondio Vintage Edition) que maridaba perfectamente con la ginebra.
De los postres sólo merece la pena resaltar la tarta de calabaza (¿y chocolate?) siendo el resto de lo pedido (helado de turrón y tarta de manzana) bastante flojo.
En cuanto a la carta de vinos decir que es amplia y con referencias interesantes para lo que suele ser lo normal en este tipo de restaurantes. En nuestro caso optamos por acompañar la comida con Ruinart Blanc de Blancs que mantuvo el tipo de maravilla de principio a fin. Autoservicio con rellenado de copas ocasional.
Por último decir que la decoración, el menaje y demás "complementos" están cuidados y sobresalen sobre otros locales similares que mas bien parecen un merendero. Además cuenta con parking en la puerta, muy de agradecer tratándose de Denia en agosto.

¡Muy grato descubrimiento!.

Fuimos recomendados con idea de comer un buen arroz a banda, y la verdad que quedamos encantados. Hay que tener en cuenta que todos lo que íbamos somos de familia Valenciana y acostumbrados a comer buenos arroces.

Comimos en la terraza que posee el restaurante, bajo una magnífica pinada al lado del mar. Pedimos varios entrantes (ensalada valenciana, calamares, sepia y tellinas), arroz a banda (nos dejaron la paella en el centro de la mesa y era de apreciar la fina capita de arroz que tanto nos gusta a los valencianos), postre (tartas caseras y fruta del tiempo), café y copa (gin tónics perfectamente preparados y ron Matusalén con cola).

Asimismo, acompañamos la comida con un vino blanco suave, bahía de Dénia.

Así que un sitio más que recomendable. ¡Nosotros seguro que lo volvemos a visitar el próximo verano!.

Fuimos directos a buscar esto

terraza cerca del mar, aunque en 2ª fila, entradas de pulpo seco, esgarraet, calamar plancha, 2 gambas hervidas persona mas 2 cigalas plancha persona y luego 2 arroces, bogabante (el mejor ) pulpo y sepia y 1 fideua. 2 de tinto AAlto y 2 ermita de espiells blanco
postre pedido al principio, tarta de manzana hecha en el momento con helado de vainilla con un ruinat blanc de blancs.
Gin tonic etc en el xiringuito del borde del mar.

Simplemente muy bien. lo que se buscaba.

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