Restaurante Sagartoki en Vitoria

Restaurante Sagartoki

Datos de Sagartoki
Precio Medio:
33 €
Valoración Media:
7.0 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
7.8 10
Entorno:
6.4 10
Calidad-precio:
6.8 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Álava/Araba
Localidad: Vitoria
Dirección: calle prado, 18
Código postal: 01005
Tipo de cocina: Vasca
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 7,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


14 Opiniones de Sagartoki

Local céntrico en Vitoria-Gasteiz, con buena decoración, y que ofrece una parte de barra, otra de comedor, y una intermedia de copas, con cientos de referencias en licores.

* Pintxo de huevo frito (afamado pintxo que se come de un bocado, para repetir y repetir).

* Croquetas caseras de jamón y queso azul con nueces (exquisitas).

* Tortilla Sagartoki (premio nacional de tortilla).

* Lomitos de txitxarro con piperrada.

* Tarta rusa con semifríos de frutos rojos.

Bebida: Txacolí de Getaria.

Muy buena  opción en el centro de Vitoria-Gasteiz.

  • Tortilla Sagartoki

  • Croquetas y Pintxo de huevo frito

Radical cambio de imagen desde la última visita. Hablo del comedor. La zona de barra sigue exactamente igual. Una original cortina de huevos nos separa del ampli espacio. Tres zonas, una barra con taburetes, unas mesas altas y el comedor normal. Al reservar me dicen que solo tienen sitio en las mesas altas y que tenemos que elegir turno.
No tienes que levantarte a una hora, creo que es para gestionar mejor los horarios de atención. No sé si sirve para nada puesto que estaba lleno antes, durante y después. Allí debe estar media ciudad.
Ambiente…… “moderno”. Gente de todas las edades pero mucha gente “guapa”. Está de moda, es evidente.
Esperamos un poco mientras se libran alguna otra mesa y al final tenermos la suerte de pillar esquina contra pared y además tenemos más suerte aún y compartimos mesa con tres chicas por lo que entre ambos dejan un espacio que hace que la cena sea un poco más “intima”.
Nos acercan las cartas. Ofrecen un menú de 40 euros que lleva de todo pero algunas cosas no son precisamente del gusto de Aran por lo que elegiremos de la carta. Mi compi es más bien de sota, caballo y rey así que dejo que decida lo que vamos a cenar. Le digo que al menos pruebe ese pintxo de huevo frito y luego ya que me la lo mismo.
Pues lo dicho. Un par de su famosos pintxos de “huevos fritos”. Original presentación. Te lo debes meter entero en boca y dejar que allí explote. Rico, para comerte alguno más. Es lo que es.
Nos traen una hogaza de pan recién horneado que está de muerte. Muy rico y crujiente. No ha quedado nada. Y eso que poco para untar había hoy.
Pasamos a una ración de croquetas. De cuatro sabores: jamón ibérico, bacalao y escamas de patata, queso azul y nueces , parmesano y straciatella de tomate. Jugosas y crujientes. Todas ellas de buen sabor. Quizás, normal debido a sus ingredientes, la última haya sido la que menos nos ha dicho nada. La más potente la de queso azul a la que yo quitaría las nueces. Pero buenas croquetas y bien realizadas.
Me apetecía un poco de jamón así que en vez de la paleta que había pedido me dice que mejor un poco de jamón-jamón. Cuando ha llegado la cuenta me he dado cuenta del porqué. 9 euros la paletilla y 20 euros la ración de jamón. Prefiero no echar la cuenta de a como hemos pagado el kilo. Rico está, nos ha “jodido” pero un pelín pasado de precio. Afortunadamente viene acompañado de un pan tostado untado de tomate.
Como no puede ser de otra manera, volvemos a pedir pulpo. Una pena. Un poco pasado para mi gusto. Sobre una base de patata que me ha decepcionado. Estamos en ciudad patatera y además estamos en un local famoso por la tortilla de patatas. En este caso un tanto duras y sin sabor alguno. Que le vamos a hacer….. El pimentón del gusto de mi compi, sin picor. A mi …. Dame algo que tenga gracia.
Para beber nos apetecía tomarnos un cava Giró Ribot He dicho ya en más de una ocasión que no termino de espabilar. Y no lo digo por el cava. Es un rico espumoso que tiene una buena relación calidad-precio. En tienda y en algún otro lugar, aquí su precio se ha multiplicado por 2,5. No me parece bien, sin más. Una y no más…. Santo Tomás.
Algo dulce habrá que cenar, digo yo. Así que torrija. Pues me toca ahora a mi tener “suerte”. Está como las que yo me comía cuando me levantaba de la cama. Bañada en leche, con azúcar y canela pero sin “tratar”. Así que a mi “pobre txikita” no le ha hecho ninguna gracia.
Finalizamos con un cafecito y una infusión. No hemos cenado mal pero esperaba mucho más. Y creo que se puede suavizar un tanto el precio de algunos productos. Y por favor, gestionar un poco mejor el espacio de esas mesas altas que a fin de cuentas se paga exactamente lo mismo que en las mesas bajas donde la comodidad es muchísimo mayor.
Como no me queda otra, seguiré jugando un poco con alguna nota para que el resultado final no sea injusto. Siempre he dicho que ante la duda siempre tiraré hacia arriba. Lo tengo claro. Para ver alguna foto:
http://gastiondo.blogspot.com.es/2015/11/restaurante-sagartoki-vitoriagasteiz.html

Aprovechando el día de viento sur, nos hemos animado a acercarnos a Siberia/Gasteiz, o lo que es lo mismo, Vitoria/Gasteiz.
Aunque somos alaveses por imperativo legal, nuestra alma de bizkainos nos hace difícil animarnos. Pero hay que cumplir.
Ya le teníamos ganas a este restaurante, mucha fama y sin visitarlo más que para tomar un pote con un pintxo de vez en cuando.
Restaurante tipo sidrería, mesas de buen tamaño, con buenos manteles, correcta vajilla, decente cristalería y correcta separación entre ellas.
El servicio atento, sin tiempos entre platos pero sin cercanías especiales.
Muy amplia carta de vinos con diferentes referencias, sobre todo de tintos pero sin echar a faltar el resto.
Nosotros, como siempre, nos decantamos por un blanco y en este caso repetimos el Pazo Señorans que tan buen sabor de boca nos ha dejado ya en un par de ocasiones.
Un par de panes de txapata de buen tamaño y correctos, la verdad.
Para comenzar, pedimos unas croquetas variadas, cuatro croquetas muy bien hechas, con pande verdad y suaves. Con sabor, sobre todo las de queso roquefort.
Amanitas con yema de huevo, buena ración, muy ricas, la yema les da un toque estupendo.
Rape a la brasa, muy buena ración, con buen sabor, el punto logrado, a mi me gusta más de otro estilo pero es lo ofertado y es lo que nos han sacado.
Bakalao a la brasa, un buen taco del citado pescado, con muy buen sabor, la verdad, muy bien hecho. Sigo diciendo que prefiero el bakalao al pil-pil, a la bizkaina...... pero no puedo ponerle pegas.
Tal vez la oferta en carta de "sin espinas" que no se ha cumplido.
No nos ha quedado sitio para postres y con un café que por cierto estaba muy bien logrado y una copita de Px, hemos dado por terminada la cena.
La fama le precede y no puedo quejarme de nada pero igual cuando uno espera demasiado, las ilusiones no acaban de cumplirse.

  • Bakalao

  • Amanitas

  • Croquetas

Si tuviera que definir mi paso por este lugar sería de auténtica satisfacción, todos los pintxos que tomamos y fueron unos cuantos, estaban deliciosos. Tomamos la famosa y premiada tortilla del lugar, muy rica, delgadita y muy jugosa, se deshacía en la boca. Seguimos con unas rabas, solamente las hacen sábados y domingos, estaban buenas. Añadimos unas verduras con tempura (buenas), unas croquetas (sabrosas), patata con huevo (todo un descubrimiento, exquisito, se deshace en la boca) es la yema del huevo dentro de un trozo de patata frita en forma de ravioli; una rebanada con pulpo por encima (quizás la más floja, el pan estaba un poco duro y el pulpo estaba frío (a mi me gusta caliente); rulo de calabacín, pimiento, jamón y mozzarella para chuparse los dedos; una mini hamburguesa de ternera que estaba de vicio…

Hay vinos por copas para casi todos los gustos.

La RCP excepcional, perfectamente puedes quedar bien satisfecho con 20 euros. Si tuviera que volver a Vitoria, sería una de mis primeras opciociones de visita.

Si hay que poner un pero, sería el caos que se produce en la barra, pero bueno ¿quién es perfecto?...

Agradecer a varios veremeros: Joseangel, Craticuli, Raúl, ancc, sepin, G-M, oscar4435, el encontrar este lugar y todos los demás, de los cuales pongo una reseña en esta web, que han hecho de nuestra visita a Vitoria-Gasteiz una auténtica delicia…muchas gracias chicos por toda la información aportada…

En nuestra estancia en la capital alavesa nos decidimos por visitar este afamado local, famoso en la ciudad por su barra de pintxos y las virtudes de sus asados, aspecto corroborado nada mas traspasar el umbral de la puerta, ya que siempre se encuentra abarrotado de fieles clientes, tanto oriundos como foráneos, dispuestos a degustar las joyas gastronómicas, que en vitrinas a distintos niveles, se exiben en la barra como si de un tesoro se tratase.

Nuestra incursión se centro en el apartado de la comida en miniatura, por lo tanto nada encontraras en éste comentario de sus famoso asados, aunque la experiencia dual de su barra bien merece una crónica.

Respecto a las pintxos se debe advertir de sus vaivenes gastronómicos, creaciones geniales comparten la oferta con otras más de estar por casa, mucho mas mediocres en ejecución, consecución y resultado, mas propias de un bar de aficionados que de una barra de esta altura, no es que sean malas, es que quedan totalmente eclipsadas por el brillo de las protagonistas, más pensadas para saciar el apetito que para sacudir los sentidos.

La irregularidad en un local, bajo mi punto de vista, le resta credibilidad gastronómica, ya que siempre me planteo lo mismo, si lo sabe hacer tan bien en algunos aspectos, ¿por qué no mantiene su nivel en otros?, ¿dejadez, astío, desidia, o lo que es peor prevaricación culinaria?, no me gusta lo de una de cal y otra de arena, me despista, prefiero o cal o arena, y así ya sabes a lo que te atienes, de la otra manera la incertidumbre es la constante y al final ésta termina por enturbiar lo que podría haber sido una salida triunfal con la barriga llena de apabullantes manjares.

Sagartoki es otro de los sitios exponente del tapeo contemporáneo, para el que el pan como soporte ha pasado a la historia, para mi, revolución de considerable peso, ya que permite disfrutar más porque puedes probar más, pero no más cantidad, sino más variedad, se trata de la eliminación de lo innecesario, el pan es imprescindible como acompañante en ocasiones y prescindible en otras, usándolo con conocimiento de causa se consigue el perfecto equilibrio.

Pasando al local, pienso que cualquiera que lo visite pensará lo mismo, necesita un repaso, varios aspectos sirven para motivar la afirmación:

- La afluencia masiva hace que en algunas ocasiones pedir en barra sea un calvario, ya que ésta, demasiado estrecha, dificulta la función de los camareros que se mueven por ella como pueden, a trompicones, entorpeciéndose, el servicio es dificultado por la exposición de las gastro-joyas, con lo que se ven obligados a ejercer de contorsionistas para servir al pobre cliente que ya lleva un rato esperando en tres actos, el primero para hacerse un hueco entre la marabunta, el segundo intentando pedir y el último esperando la preparación, caos desorganizado en el que la anarquía es la tónica y la ley del mas fuerte (o el más alto) campa a sus anchas. Si caes en el error de pedir algo y posteriormente intentar ampliar lo solicitado toca exasperar en el intento.

- El local es mas parecido a un bar de barrio que a un gastrobar afamado, en el que se notan el paso de los años y el de los clientes, entorno decimonónico que no acompaña al disfrute del yantar y que necesita una revisión dotándolo de una estética acorde con su coquinaria.

Por lo tanto, como no creo que le falten candidatos para amortizar la inversión, se deberían plantear reformar la barra con el fin de que permita la movilidad en ella y la ampliación del servicio, lo que repercutirá directamente en la satisfacción del cliente mejorando la atención. Por otro lado pide a gritos un lavado de cara en lo que a decoración se refiere, con el fin de que ésta sea mas acorde con la cocina que en sus fogones se ejecuta, , un poco de más glamour le vendría bien, la obra asi lo requiere. Todo esto no debe de ser entendido desde un punto de vista meramente estético, sino como un guiño hedonista hacia el comensal, pensando única y exclusivamente en su comodidad y su disfrute.

Pasando al fondo del asunto, y entrando en el primer bloque, espectacular se presenta la tortilla de patata, a medio cuajar, con una carga de yema extra en la que la rural materia prima es la protagonista de esta verdadera obra de arte. Melosa, sabrosa y fea, si fea así se presenta, como debe de ser, como esclafada en el plato, con una apariencia a medias entre la tortilla francesa y la de patata, apariencia que adquiere por su meloso contenido, la ley de la gravedad le impide otra pose, con ella consigue toda una explosión en boca del sabor de ésta personal interpretación de una de las mejores creaciones gastronomitas de todos los tiempos, nuestra tortilla de patata.

De inspiración oriental, con apariencia de maki pero repleto de sabores autóctonos son sus deliciosos Rulos, preparación estrella de la casa que cumple todos los requisitos de un buen pintxo de cocina contemporánea, ligero, sabroso, cromático, sano, divertido y fácil de comer.
Lo variado de sus sabores lo conviertes en aptos para todos los públicos, originales y delicados, combinan múltiples ingredientes en cada uno de ellos consiguiendo un juego muy acertado, un tetris en el plato de brillante ejecución.
Hojas finísimas y superpuestas entre ellas, confeccionadas con distintas verduras, sirven de mortaja para variopintos ingredientes, que van desde la tradicional guindilla con antxoa, recordando a la gilda, pasando por el queso, las hiervas, el atún, el bacalao o los espárragos, siempre combinados con inteligencia y sentido de la proporción de forma desenfadada.

Impresiona la croqueta de jamón rebozada de quicos, en el que su crujiente exterior contrasta de forma sublime con su casi liquida textura interior llena de sabor a jamón, con sus trocitos intercalados entre su untuoso contenido, ejecución perfecta de una receta complicada que pocos elaboran como Senén, demuestra que conoce la compleja técnica de su preparación llevando al extremo el maravilloso juego de contrastes que la croqueta por naturaleza requiere.

Impecable el ravioli de patata relleno de yema de huevo, la mejor salsa del mundo se puede beber de su perfecto envoltorio con solo morder su lateral, nada aceitosa y con un juego de texturas interesantísimo, contundente en sabor y magistral en ejecución. El archiconocido plato de huevos, patatas y….., es trasformado por arte de magia en un ravioli que esconde en su interior una agradable sorpresa, preparación de continente y contenido excepcional.

Decepciona el cru-cru, original en presentación y corto en sabor. Con apariencia de helado se presente un mini cucurucho relleno de una insípida crema de foie y coronado con frambuesa LYO, con la que intenta, sin conseguirlo, revestir a la preparación de pinceladas acidas y textura crunch. Queriendo emular la herencia de un mítico restaurante catalán se permite esta pirueta conceptual con resultado de fiasco.

No menos mediocre nos pareció la brocheta de pollo con puré de verduras, la crema, de marcado sabor, es demasiado rustica, facilona y nada delicada. El pollo, frito en exceso, se presenta seco e insípido. Receta prescindible que no sorprende en absoluto.

Respecto a la bodega dispone de una interesante y variada oferta por copas, además de una vitrina a la entrada con buenas referencias para consumir en el acto o llevar, algo subidas de precio me dio la impresión. Nosotros tomamos un perfecto Baigorri crianza, servido a la temperatura correcta.

En definitiva, un lugar en el que se vive una experiencia gastronómica plena a partir de la segunda y consecutivas visitas, cuando ya sabes que pedir y sobre todo a que hora ir para poder pedirlo.

Asador-sidrería situado en el centro de Vitoria-Gasteiz, dispone de amplia barra de pinchos y comedor restaurante en la planta baja. Entre las dos puertas de acceso encontramos una cava climatizada acristalada donde se conservan parte de los vinos, cuya oferta mayoritaria se centra en los vinos más cercanos, Rioja y Ribera del Duero.

La cocina es de mercado y típica de asador-sidrería, es decir: carnes (es famoso el chuletón), y pescados a la brasa, tortillas de bacalao, parrillada de verduras, etc.

La oferta de tapeo de pinchos es variada y conviven pinchos de estilo tradicional, con otros más creativos, a una media de tres euros cada uno. Todos los que probamos bien elaborados y mejor presentados. Algunos de los pinchos se exponen en unas pequeñas urnas con la finalidad que los clientes puedan verlos.

La oferta de vinos por copas es bastante amplia, más de treinta, aunque como ya he dicho anteriormente centrada en Ribera y Rioja. Las copas buenas y correcta la temperatura de servicio.

Nuestra experiencia fue tapeando en la barra y nos costó a los cuatro 76.59 euros, rematando con pincho dulce. Algunos de los pinchos que recuerdo: el afamado huevo con patatas, para comer de un solo bocado (paquetito de pasta de patata, que guarda una yema de huevo en su interior), pequeños conos de barquillo con espuma de foie y crujientes de frambuesa, croquetas de roquefort, rulo de calabacín, mozzarela, jamón y pimientos, tempuras de bacalao, de verduras, etc.

Pinchos muy recomendables.

De nuevo en el Sagartoki por la Virgen Blanca, y una vez más de tapeo por su barra. Senén González es el principal responsable de todo lo que sucede en torno al lugar. Nunca he comido en su restaurante, pero en la barra sus pinchos son buenos, aunque a veces precedidos por un marketing desmedido a mi parecer. Los de tortilla de patatas se elaboran por petición y como un montadito más a la carta, al igual la mayoría (buen intento de ensalzar un exquisito bocado, aunque luego llegas a la conclusión que has comido tortillas iguales o mejores en otros sitios). El pincho de pulpo es bastante mediocre, no así otros. Seguiré pasando por allí siempre que pueda, ya que para un buen aperitivo es un lugar de referencia, tanto por el ambiente como por la variedad de sus pinchos.

Soy habitual de este restaurante desde que abrió hace ya muchos años. Ha ido evolucionando tanto en su cocina como en su precio pero lo que no ha variado en todos estos años es la calidad de la carne. El chuletón de buey a la parrilla es sin duda el mejor de Vitoria. Su barra de pintxos es, también en mi opinión, la mejor de Vitoria en técnica e innovación.

Lo que comimos en mi última visita (3 personas):
Primeros
Parrillada de verduras. Merece la pena por el sabor a brasa! 13,5 €
Alcachofas en tempura con salsa de pistachos. Muy orginal y muy bueno. 13,5 €
Segundo
Chuletón de buey. Lo mejor. 42 €
Postres
Torrija caramelizada. Buena. 6,5 €
Cremoso de chocolate. Bueno. 6,5 €

Bebimos Baigorri crianza. Bien conservado. 17,66 €

El servicio normal. No es un estrella Michelin con el camarero siempre pendiente sirviéndote el vino, pero todo correcto.

Seguiré volviendo y recomendándolo.

Visito este restaurante por enésima vez y en todas las ocasiones nos dan tanto de cal como de arena. Excelente el jamón (Joselito, cortado a cuchillo) y muy buena la chuleta de vaca a la parrilla (una de las mejores del país, aunque por debajo del Etxebarri o del Zaldua), que fue lo mejor de la cena. El pulpo a feira (sin pena ni gloria) y los langostinos de Sanlúcar (un timo: pequeños y con claro paso previo por el congelador)fueron lo peor de la velada. Los postres normalillos. Servicio despistado y con exceso de cercanía al cliente. Carta de vinos y copas aceptables. Precios algo elevados en algunos platos y más ajustados en otros. A pesar de los peros, volveré para degustar su chuletón a la brasa.

Como indico, eramos unos 50, con lo que de entrada debo decir que supongo hicieron lo que pudieron. Por lo que espero se encuadre mi valoración en ese contexto.
Desde luego el entorno es lo mejor, en pleno centro (o casi) histórico de Vitoria, ciudad preciosa y limpia en la que estaba por primera vez. El local me pareció correcto en el estilo buscado, pintoresco y agradable para un ilicitano no muy viajado como yo. Otros compañeros ya han comentado al respecto en sus valoraciones.
Paso a hablar de la comida, como he dicho era una cena masiva y de menú cerrado con 4 platos a elegir.
Para el centro primero una ensalada sagartoki, correcta. Seguimos con unos choricitos al vino, ricos, aunque no acordes en tamaño al gusto vasco (es broma). Unos mejillones a la brasa que no me parecieron nada del otro mundo, pequeños y con demasiados de ellos sin abrir tras haber sido cocinados. La última entrada fue tortilla de bacalao, aceptable, pero me pareció un revuelto más bien sencillo.
Tras esto pasamos a los platos, debíamos elegir entre dorada a la brasa, bacalao a la brasa, secreto de ibérico o entrecot. Hablaré de lo que probé, el bacalao, fresco, un pelín pasado de su punto para mi gusto (aunque no me imagino cuantos de ellos debieron cocinar, por lo que perdonaré este extremo). Y el entrecot, a compartir, este si en su punto y de carne de muy buena calidad, muy bueno.
No recuerdo el postre, el alcohol ya había corrido abundantemente, gracias a esa sidra que uno puede servirse sin mesura, y a un vino joven de rioja del cual no recuerdo el nombre, pero que acompaño aceptablemente la velada.
Copas correctas y un servicio de puros algo corto en cuanto a referencias (eran todos Montecristo, unas 6, y una referencia de Cohiba).
Los mayores peros para mi fueron unas raciones algo escasas, y un servicio algo despistado.
Reitero que pese a todo fue aceptablemente resuelta, si lo englobamos en el contexto de la gran cantidad de comensales (prácticamente monopolizamos el local). No pongo precio ya que no pague yo.
Si vuelvo a Vitoria creo que el restaurante, al menos, merece una segunda oportunidad de ser probado de modo más sosegado.

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