Restaurante Alkimia en Barcelona
  

Restaurante Alkimia

53
Datos de Alkimia
Precio Medio:
89 €
Valoración Media:
7.1 10
Servicio del vino:
6.5 10
Comida:
8.0 10
Entorno:
6.6 10
Calidad-precio:
7.1 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor, Catalana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 52,43 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: sabados y domingos

Teléfono

Restaurante Alkimia Plat de peix salvatge, turbot amb bledes amb un sofregit de seba, all i galanga i suc de bledes Alkimia Platillo de calamarsons farcits de botifarra negra amb cigrons de patata i picada liquida Alkimia en Barcelona Coca de bou de mar amb carbassó en flor i gelée de cua de bou i mora Restaurante en Barcelona Bonitol amb escabeitx de pebrot i arengada Restaurante Alkimia Tàrtar d'escamarlans, gamba i peix (llobarro). Caviar Beluga i bocatto di cardinale Alkimia  Tomàquets xerry, marinats, curats, macerats amb vinagreta de formatge fresc i garum d'anxoves Alkimia en Barcelona Gazpacho de pepino y tomate Restaurante en Barcelona Buey Restaurante Alkimia Trinxat de tomate con bacalao

53 Opiniones de Alkimia

Alkimia es, desde hace ya bastantes años, la propuesta culinaria de Jordi Vila. En la actualidad se sitúa en la antigua fábrica de cerveza Moritz y abrió sus puertas aquí a medianos del año pasado. Pero este proyecto cuenta ya con muchos años de recorrido ofreciendo anteriormente sus servicios de comida y cenas en otra ubicación, local que no tuve la suerte de conocer. Fue allí donde este cocinero consiguió el reconocimiento de la crítica especializada siendo la concesión de una estrella Michelín el síntoma más tangible de esa aprobación. Sin embargo, el gran éxito de Alkimia fue saber llegar también al gran público, al cliente menos profesional, al comensal con ganas de iniciarse y adentrarse en el mundo de la alta cocina. Fue entre ese sector donde la cocina de Jordi Vila despertó prácticamente la unanimidad de quienes visitaban su casa.

Tras esa brillante carrera allá en el Carrer de la Indústria, decidió trasladarse a este nuevo local, bastante más céntrico y poder aprovecharse del bello entorno que le ofrece esta antigua fábrica de cerveza.

La antigua fábrica Moritz es un gran edificio que pretende aunar diferentes propuestas relacionadas con la gastronomía. En la planta baja se ubica una cervecería enorme, con servicio ininterrumpido de casi 24 horas, en las que se puede desayunar, tomar el aperitivo, picar algo o disfrutar de unas copas. También se permite la visita a parte de las instalaciones de la antigua fábrica.

Por el portón lateral, y tras llamar al timbre, se accede al primer piso donde se ubican el bistró y el restaurante gastronómico. Ambos se sitúan en lo que fue la vivienda de la familia Moritz, un amplio piso de techos altos, puertas y ventanales de altura considerable y artesonados espectaculares. La parte de la casa que se ha destinado a ambos restaurantes ha sido restaurada, rediseñada y decorada con mucho acierto, conservando y dando especial protagonismo a los elementos originales y complementándolos con otros de marcado carácter vanguardista.

La escalera principal prácticamente no ha sufrido cambios. Se han habilitado en el hueco de ella unas estructuras con espejos como única concesión a la modernidad. En el rellano, antes de acceder al restaurante, encontramos una serie de frascos con esqueletos de animales y luz fluorescente a modo de despensa o laboratorio de los antiguos alquimistas. Es el propio cliente quien se encarga de abrir la puerta del piso y, al hacerlo, nos vemos abocados a un pasillo cuyo techo ha sido recubierto íntegramente por una enorme escultura a modo de esqueleto de animal. Impactante.

Al fondo del pasillo encontramos el restaurante. A mano izquierda según se accede el pequeño bistró destinado a recibir comidas con un ambiente más informal y a unos precios más asequibles. A mano derecha el restaurante gastronómico con apenas seis mesas redondas preparadas para acoger a cuatro comensales cada una. No existe una separación entre ambos. Únicamente divide la puerta por la que hemos accedido y unos paneles estrechos de plancha metálica a modo de cortina.

La sala resulta ciertamente luminosa y elegante. Aunque no de modo directo, durante el servició de mediodía consigue nutrirse bastante de la luz natural que se cuela por los ventanales, ya que se ha interpuesto un tabique entre éstos y la sala propiamente dicha. La iluminación viene reforzada además con los potentes focos que penden del techo y que concentran el haz de luz en la mesa. Las paredes originales se han recubierto con unos paneles sobre los que se han tallado figuras del mundo natural y que disponen de luz propia. Un contrapunto ciertamente vanguardista que contrasta con el artesonado de la sala donde se combinan las pinturas con enrevesadas molduras de escayola. Ello le da a la sala un aire distinguido y distendido a la vez y se consigue despertar en el comensal sensación de relajación y predisposición al disfrute.

Las mesas y las sillas tienen un marcado aire moderno. En contra de la tendencia actual, aquí sí se cubren con mantel aunque no hay bajomantel lo que aún refuerza más ese ambiente informal del que hablábamos. Al fondo de la sala divisamos el amplio mostrador donde se finaliza el emplatado y desde donde el jefe de cocina dirige el servicio. Se trabaja normalmente en silencio. Desde nuestra mesa sólo escuchamos de vez en cuando alguna orden de éste respondida al unísono por los demás con el ya consabido “oído”.

Un último detalle de originalidad que no quiero obviar es el atuendo que lleva el servicio. Su uniforme, de tonalidades evidentemente mediterráneas (blanco y azul), muestra marcados trazos futuristas en el corte. Todos visten de modo similar, chicas y chicos, a excepción de Sònia Profitós, jefa de sala y esposa del cocinero, cuyo atuendo guarda similitud en la talla aunque ella viste de oscuro. Destacable la simpatía y el buen trato que nos dispensa a lo largo de la comida. Sus formas transmiten proximidad y buen hacer, detalle éste que favorece aún más el relax y el disfrute.

Mientras disfrutamos del aperitivo, caña de Moritz en mi caso (pequeña) y vermut Yzaguirre en el de mis acompañantes, echamos un vistazo a la carta. Se ofertan dos menús a 98 y 155 € cada uno. Existe, además, una carta con una docena de propuestas saladas y cinco postres. No observamos una diferencia ostensible en cuanto al número de platos entre ambos menús, apenas un par de elaboraciones más en el más caro. Se vislumbra, eso sí, un producto más selecto lo cual seguramente propicia esa amplia diferencia en el precio final. Elegimos el menú Alkimia, el más económico.

- Llegan a la mesa, a modo de snacks, las tres primeras elaboraciones: granizado de vermut, endibia con garnache de anchoa y la coca de pebrots. Se come primero la endibia que descansa sobre la copita en la que se sirve el vermut. Se aprovecha el tallo o parte más consistente de ésta para descansar sobre ella ese puré elaborado a base de anchoa y algún fruto seco que aporta toques crujientes. El conjunto se remata con unas lascas de queso. Su ingesta, prácticamente de un único mordisco, resulta un bocado con personalidad, pero de potencia controlada. El granizado de vermut no presenta ninguna peculiaridad. No así la coca de pebrots que gusta sobremanera. Sobre una masa finísima de ha untado una especie de crema elaborada con los pimientos rojos asados a la brasa. Deliciosa.

- Tartar de cigalas, gambas y dorada: Las porciones de marisco y pescado se presentan con tamaño adecuado y sin apenas condimento alguno. Destaca rotundamente la frescura y calidad del producto. Se invita a combinar algún bocado con la salsa de plancton que se sirve en el mismo plato, carente del punch que se le presupone, y de las hojitas de capuchina que tampoco llegaron a aportar el matiz picante que nos anunciaron al “cantar” el plato.

- Bocata de cardinale: Encastada en una copita cuyo fondo se ha rellenado de granitos de arroz se presenta la cabeza de una gamba culminada con una cantidad generosa de caviar beluga. La cabeza se ha pasado por la plancha, otorgándole el punto justo de cocción. El sabor arrollador del crustáceo así preparado se lleva por delante a mi humilde entender todo el aporte del caviar. El enunciado del plato delata claramente la intención de éste: el lujo, la exclusividad, la excelencia… Una lástima no poder disfrutar de la personalidad de un caviar de tan alta calidad.

- Ensalada de lechuga a la brasa con cecina, toffee de zanahoria y boletus escabechados: Con la hoja vegetal se ha confeccionado una especie de canelón cucho relleno se prepara con un picadillo de setas y cecina de vaca. Se completa el plato con la crema de zanahoria, que nos resulta extremadamente original y sabrosa, y se culmina con frutas, hojas y flores que aportan toques originales de sabor y mucha frescura.

- Col caramelizada, crema de trufa, remolacha, vinagreta de lentejas y queso: La apariencia del plato no resulta excesivamente artística, pero el resultado en boca es agradable y meritorio. El exceso de elementos muchas veces no va acompañado de un aporte mayor de placer. No es éste el caso. El conjunto de todos los ingredientes, cada uno con su carga sápida, deriva en un plato redondo, digno de crédito. Curiosa la temperatura del mismo: tibio, a modo de guiso-ensalada.

- Colmenillas a la crema, foie foundant y dentelle crocant: Plato representativo de la cocina más clásica y de proximidad con el uso de las setas, costumbre ésta con gran arraigo en la cultura catalana. La crema que las acompaña es deliciosa y refuerza aún más los matices térreos del hongo. El foie siempre acompaña dignamente a las setas y la dentelle u oblea es bienvenida por su aporte crujiente al plato. Bravo.

- Pescado salvaje a la brasa de leña, acelgas y té verde: Nos sirvieren un buen corte de rape. Excelsa la calidad del pescado, su frescura y su punto de cocción. Destacable la guarnición, de entre cuyos elementos cabe resaltar justamente uno que no viene en el enunciado: unas deliciosas porciones de espárrago blanco, uno de mis productos fetiche en la gastronomía.

- Raviolis de pollo y de calabaza con crema de almendra, jengibre y rostit: Se invita a tomar primero el ravioli de calabaza, que resulta denso y dulzón, y, después, el resto del plato. En su degustación percibimos cocina tradicional, de la de siempre. El toque de originalidad quizás tendría que haberle venido dado por el uso del jengibre pero prácticamente no percibimos su presencia. El “rostit”, o jugo del asadillo, está delicioso, sabroso y contundente.

- Pichón de sangre con escarola a la donostiarra y romesco de montaña: Se sirve a cada comensal un cuarto trasero del ave cocinado de forma magistral: crujiente en su corteza, tierno y jugoso en su interior. Con las guarniciones se juega al contraste: frescura y liviandad con las hojas del vegetal, potencia y contundencia con la salsa. Digno de mención.

- “Menjar blanc” con fruta fresca y gelée de vino dulce: El fondo del plato lo configura esta curiosa crema de almendra de aspecto y textura similar a las conocidísimas natillas. Sobre ella se apiñan los pedacitos de fruta con predominio de los frutos rojos. A modo de cúspide esa elaboración con el vino dulce como punto de partida, pero más cercana a un granizado que a una gelée.

- Tarta de chocolate con helado de ciruelas escabechadas: Presentación un tanto espartana con la porción triangular de tarta y, a su lado, la bola del helado. Un postre cuya presencia no despierta grandes emociones. Sin embargo, aquello que no se logra a través de la vista, se consigue por medio del gusto. Intensidad máxima en ambas elaboraciones para culminar un menú armonioso y sin estridencia alguna.

Tras recibir la misma de manos del servicio, compruebo al primer vistazo que desconozco la mayoría de referencias. Ello se justifica sobradamente con las explicaciones posteriores de Marta, la sumiller, que destaca el carácter que se le ha intentado dar a la misma. Se han buscado, fundamentalmente, vinos de la tierra, de pequeña producción, elaborados de forma más bien artesanal y poco conocidos entre el gran público entre quienes me incluyo. Dicho esto, nos abandonamos totalmente a su consejo a la hora de elegir el vino blanco. Escuchó con atención nuestras preferencias y gustos, bastante divergentes entre los tres comensales, todo sea dicho, y acertó de pleno con la elección. Tomamos un Terra de Cuques 2013, un Priorat elaborado con muscat y Pedro Ximenes que resulta tremendamente aromático y frutal en nariz y seco en boca tras su paso por la barrica. Muy original.

A la hora de elegir el vino tinto ya nos decantamos por una referencia conocida y tomamos el Algueira Pizarra, una mencía de la Ribera Sacra que siempre nos resulta apetecible. En contra de la costumbre que se está imponiendo en los grandes restaurantes, se agradece la presencia en la carta de vinos de una amplia gama de precios, dando la oportunidad al cliente que pueda decidir cuánto quiere gastarse en ese apartado y no obligándolo prácticamente a tener que privarse de la armonía comida-vino.

Es la mejor definición que encuentro para catalogar la experiencia que vivimos en su conjunto. Jordi Vila apuesta claramente por la cocina de producto (cigala, caviar, colmenillas, rape, pichón…) sometiendo a éste a la cocción exacta y a un trato no excesivo. No hay concesión alguna a las influencias orientales y latinoamericanas que inundan los restoranes españoles, ni técnicas vanguardistas que parecen empezar a experimentar un declive cada vez mayor.

El nombre de Alkimia nos podría llevar a pensar que, tal vez, fue elegido como seña de identidad de un tipo de cocina rebuscada y sorprendente. Sin embargo, todo nos lleva a pensar que se le bautizó así justamente por todo lo contrario, ateniéndose estrictamente al significado original de la palabra: la precursora de todas las ciencias, una práctica ancestral que hundía sus raíces en la observación de la naturaleza y sus cuatro elementos: el agua, la tierra, el aire y el fuego. Muchos de esos rasgos son extrapolables a los platos de Jordi Vila y, como experiencia global, el cocinero sabe salirse bien airoso de este envite.

Post ilustrado con imágenes en: http://www.vinowine.es/restaurantes/alkimia-la-apuesta-personal-jordi-vila.html

Nuevo fin de semana largo en Barcelona aprovechando el largo puente del 14 de julio en Francia, para disfrutar a tope de la ciudad condal.
Hacia tiempo que estaba buscando información sobre la fecha de la nueva apertura del restaurante Alkimia (el anterior no pude visitarlo) , ultima pieza del puzzle y buque insignia del Chef Jordi Vila para finalizar totalmente el complejo gastronómico de la Fabrica Moritz comenzado hace casi 5 años. Por casualidad me enteré de que acababa de abrir hacia escasamente dos semanas, así que antes de que la noticia fuese vox pópuli, ni corto ni perezoso les contacté para hacer una reserva para la noche del 14 de julio y sorpresa, obtuve mesa.

Pienso que muchos ya conocéis el excelente CV del Chef Jordi Vila, desde sus inicios en el restaurante Abrevadero... hasta la obtención de su primera estrella michelin en el restaurante Alkimia de la calle Industria, y la dirección gastronómica de la Fabrica Moritz (Cerveceria, Bar a Vins, Braseria gastronomica Louis 1856 y el nuevo Alkimia, que renace de las cenizas cual ave fenix del antiguo local de la calle industria cerrado hace un año con el objetivo de crear el actual).
La primera sorpresa al llegar es que para llegar al restaurante, hay que tocar el timbre en un edificio señorial del siglo XIX, situado en medio del complejo gastronómico, para subir hasta el piso principal, antigua residencia de la familia Moritz y donde se ubica el restaurante.
Al llegar nos estaba esperando Ramiro Gutierrez-Zamora, ex sommelier de Monvinic, y nueva incorporación en el equipo de Alkimia, quien nos presentó someramente el restaurante y nos acompañó hasta nuestra mesa. Fue nuestro anfitrión durante casi toda la noche.
Nada mas entrar, ya percibes algo distinto en el ambiente, no se como expresarlo... Tras cruzar un corto pasillo se llega a un pequeño comedor informal con 6 mesas en el que sirven platos, vinos y tapas , una especie de bistrot, y desde el que se accede, tras cruzar un modernísimo umbral amovible a base de placas plegables, al comedor gastronómico, con la cocina a la vista presidiendo la sala (tengo la impresión que la cocina es mas grande que el comedor). Hay seis mesas redondas, amplias bien separadas las unas de las otras, bien vestidas, con buenos manteles y sillones design ubicadas en un entorno creado por el interiorista Chu Oroz, mezclando modernidad, diseño y tradición( por ejemplo los plafones son los que habían en la casa de la familia Moritz en el siglo XIX).
El servicio de sala es muy bueno, amable, servicial y ante todo profesional . El maître es Aleix Dotú. El servicio del vino también es muy bueno, no vi la carta de vinos en su totalidad porque me deje aconsejar por la sumiller Marta Sánchez, la que ya estaba en el antiguo Alkimia, y no me arrepiento, pero me pareció bastante completa. La vajilla, cubiertos y copas evidentemente están a la altura del restaurante.

Al frente de los fogones está Jordi Vila, secundado por el mismo jefe de cocina que tenia en el antiguo Alkimia, Hannes Eberhard.

El restaurante propone 2 menús, el Alkimia a 98 €, y el del día a 155 € mas la carta .

Optamos por el menú Alkimia.

Para comenzar, aconsejados por el sumiller Ramiro Gutiérrez, tomamos un Dirty Sherry que estaba muy bueno, que creíamos que estaba incluido en el menú, pero desgraciadamente no fue el caso, pero bueno un día es un día...

El menú fue el siguiente :

Tomàquets xerry, marinats, curats, macerats amb vinagreta de formatge fresc i garum d'anxoves , Tomates cherry, marinados, curados, macerados con vinagreta de queso fresco y garum de anchoas, tan sencillo de presentación como exquisito en sapidez. Muy rico.

Tàrtar d'escamarlans, gamba i peix (llobarro). Caviar Beluga i bocatto di cardinale Tartar de cigalas, gambas y pescado(lubina). Caviar Beluga y Bocatto di cardinale, con una salsa de plancton. Que delicia, una maravilla, para degustar y degustar. El Bocatto di cardinale, presentado en una copa aparte , era la cabeza de la gamba para chupar a fondo, adornada con otra quenelle de caviar beluga en su parte superior. Mamma Mia.

Bonitol amb escabeitx de pebrot i arengada Bonito con escabeche de pimiento amarillo y arenque. Una verdadera delicia.

Coca de bou de mar amb carbassó en flor i gelée de cua de bou i mora Coca de buey de mar con flor de calabacín, gelée de cola de buey y mora, con una brunoise de verduras, otro plato de gran categoría.

Platillo de calamarsons farcits de botifarra negra amb cigrons de patata i picada liquida Platillo de chipirones rellenos de butifarra negra con ñoquis en forma de garbanzos, salsa de garbanzos y una picada liquida. Un plato para ponerse de pie y aplaudir.

Plat de peix salvatge, turbot amb bledes amb un sofregit de seba, all i galanga i suc de bledes Plato de pescado salvaje, en este caso rodaballo, con acelgas y un sofrito de cebolla, ajo y galanga en un caldo de acelgas. Perfecto punto de cocción, un rodaballo de campeonato. Un plato para mojar pan o si se es muy bien educado para utilizar la cuchara.

Las fotos de los dos platos siguientes y los dos postres aparecerán en el primer comentario

Raviolis de pollastre rostit amb crema de formatge i brou de rostit Ravioli de pollo asado con crema de queso y jugo del asado, Otro plato extraordinario, de los que no se olvidan. Un plato también para utilizar pan o cuchara.

Colomi de sang amb romesco de muntanya i cireres Pichón de sangre con romesco de montaña y cerezas, pichón perfectamente cocinado en su punto perfecto de cocción, macerado en garum y servido con una buenísima salsa de anchoas. Muy bueno.

El pan que acompañó la cena, buenísimo, de la panadería Triticum en la Fabrica Moritz. La única pena es que hubiésemos comido mucho mas del que nos sirvieron, que fue algo justo...

De postres tomamos :

Menjar blanc amb fruita fresca i vi dolç Menjar Blanc ( especie de natillas a base de canela y almendras) con fruta fresca y un granizado de vino dulce. Un excelente y refrescante postre.

Milfulles de crema d'avellana i avellanes amb gelat d'espècies Milhojas de crema de avellanas y avellanas con helado de especias. Un delicioso punto final a la cena, que no a la velada.

Para beber, siguiendo los consejos de Marta Sánchez, en función de lo que yo le había mas o menos solicitado, tomamos una botella de vino blanco crianza Espenyalluchs D.O. Penedès 2014 Enric Soler, Masia Cal Raspallet, cepajes 100% Xarel-lo, ceps de coster, agricultura biodinamica criado sobre lías durante 8 meses en barricas de roble francés de 300 litros. Un excelente Xarel-lo, de color dorado intenso, con mucho cuerpo, elegante y largo en boca. Nos gustó. Muy bien servido.

Finalizamos con dos buenos cafés y unos excelentes macarons de chocolate (uno por persona).

La cuenta ascendió a 142,50 €/persona. Buena RCP.
La cocina del chef Jordi Vilà tiene mucha fuerza, gran producto, técnica muy elaborada, elaboración casi inmediata de los productos, el 90% de ellos provienen de productores locales y van a buscarlos personalmente a sus casas, sabores potentes bien diferenciados, sabe sacarle lo máximo a cada producto para ofrecer la excelencia. Estuvimos hablando un buen momento con el sumiller Ramiro Gutiérrez-Zamora, de sus años en Monvinic, de su nueva carrera en Alkimia, etc y le preguntamos si podríamos felicitar personalmente a Jordi VIlà, a lo que accedió y poco después teníamos en nuestra mesa al chef, quien nos dijo antes de empezar a conversar, que estaba delante nuestro porque se lo había pedido Ramiro, ya que nunca o casi salía a saludar a los comensales ( es un hombre muy poco mediático, su mundo está en el interior de la cocina). Pudimos felicitarle, es un hombre sencillo, como su cocina, y muy agradable. Mantuvimos una amena conversación sobre su filosofía de la cocina, que me pareció muy interesante y enriquecedora. Agradecimos su colaboración a Ramiro y tras pagar la cuenta, éste nos acompañó hasta la mismísima portería. Una gran persona.

Ah me olvidaba, hay que hacer una visita a los Servicios, antes de marcharse, son sorprendentes

Sin ninguna duda volveremos. Muy recomendable.

  • Plat de peix salvatge, turbot amb bledes amb un sofregit de seba, all i galanga i suc de bledes

  • Platillo de calamarsons farcits de botifarra negra amb cigrons de patata i picada liquida

  • Coca de bou de mar amb carbassó en flor i gelée de cua de bou i mora

  • Bonitol amb escabeitx de pebrot i arengada

  • Tàrtar d'escamarlans, gamba i peix (llobarro). Caviar Beluga i bocatto di cardinale

  • Tomàquets xerry, marinats, curats, macerats amb vinagreta de formatge fresc i garum d'anxoves

Fuimos al mediodia, y al llegar un poco "tarde" (15.00) nos dijeron que no podiamos tomar el menu mas largo (Alkimia). Sin embargo nos sirvieron sin problemas el menu tradiciones incorporando algun plato del Menu Alkimia. De los platos salados el que mas me gusto fue el lechazo churro con calabaza, muy crujiente por fuera y carne muy melosa; las habitas con ravioli de morcilla, original (y a mi me gusto - a mi mujer no mucho). Lo mejor, EMHO, fueron los postres: el gazpacho de pepino con helado de leche de cabra, sublime.

Lo peor: la lista de vinos es DEFICIENTE! Senyoras y senyores, la seleccion de Cavas es EXTREMADAMENTE DEFICIENTE, tanto por cantidad como calidad, y la sommelier (creo que francesa) cuando le pregunte como es que no tenian a ninguno de los grandes (les nombre Gramona, Agusti Torello Mata y Recaredo, por nombrar tres de las casas que mas me gustan) me dice que "tambien podrian tener Torres pero que es muy comercial"). Se me cayeron los h**os al suelo :-/ Me reconocio no conocer a ninguno de los tres...

Tomamos un Cava de casi 50 EUR (de cuyo nombre no quiero acordarme), recomendado por la sommelier (segun ella era "como Champagne"), que no valia ni la mitad de esos 50 EUR, EMHO. El caso de la comparacion con Champagne se agrava si se pone en la ecuacion la nacionalidad de dicha sommelier.

La comida es de estrella? Probablemente si. El servicio es de estrella? Probablemente no.

Quizás sea un poco pretencioso , pues solo he estado dos veces, pero es que en Barcelona solo he estado cuatro, así que me permito la licencia , el entorno no es nada del otro mundo, el sitio ,para mi es acogedor , me gusta la decoración sencilla y sobre todo me gusta la cocina que hacen.

Mi idea era comer el menú ejecutivo , pues alas 7:30 , tenia mesa en el tickets , pero fue empezar a acordarme de lo bien que comí la vez anterior y decidirnos por el menú alkimia , y creo que acerté de pleno, al menos para mi.

Empezamos con un par de aperitivos, para empezar con el espectáculo de sabores.

Trinxat de tomate con bacalao , delicioso, fresco y alentador de lo que continuaba

Spaghetini con frutos de mar, otra delicia

Plato de setas según mercado, suma y sigue , con panceta ibérica y piñones

Ostra escabechada y careta glaseada con espinacas , tierra y mar , ya sabéis lo que se lleva, me gusto mas la ostra sola que con la careta, sin embargo a mi mujer le gusto mas la combinación

Sepia al natural con jengibre, perfecta elaboración y textura, para mi, estaba exquisita

Cigala encebollada , rica, pero escasa , las raciones no son muy grandes , pero hay unos cuantos platos

Lubina del día con cebolla y aceituna negra , rico

Garbanzos especiales sin piel , lo que menos me sorprendió , ñoquis con una crema , que debería saber a garbanzos , sin embargo se pasaron con los lácteos , lo se por que a mi me encantan esas salsas y me comí la mía y la de mi mujer ,es mi opinión.

Buey y mollejas con salsa campari y encurtidos, soberbio el sabor de la carne, y la mezcla con la salsa de campari, muy buena.

Yo que soy un glotón, me pedí uno canelón de pollo, la verdad me desilusiono un poco, demasiado aceitoso, aunque yo creo que me sobraba, y pudo mas la vista, cuando lo vi en otra mesa.

Gazpacho de pepino y tomate con helado de leche de oveja , el helado no sabia demasiado a leche de oveja, era mas bien suave , pero daba lo mismo ,yo creo que su función era refrescar el gazpacho de pepino , y hacia bien su función, a mi mujer no le va el pepino, en la comida , así que me comí el suyo , el gazpacho, digo , es el postre mas fresco y sorprendente que había probado en los últimos tiempos , como podéis ver en la foto, tenia unos tomatitos, del tamaño, poco mas de un garbanzo ,que sabían dulces , y con sabor a vinagre , muy originales, me encantaron .

Chocolate fondat con helado de ron quemado, esta vez el helado si sabia a ron quemado, el chocolate muy rico.

Para beber un cava de Maria casanovas, la verdad es que lo pedí, porque era el único que tenían que no conocía, me gusto, un gin- tonic , de blue ribon, a 11€ , me pareció bien , como el precio del menú degustación , 77,78+iva , un muy buen precio , el Maria casanovas 33€+iva , hay no controlo, pues no lo conocía.

La verdad es que me parece una relación calidad-precio muy buena , a excepción de si vas con una niña , que se come unos cigrons, vamos tuve que mirar lo que era la palabrita , pues aunque ya sabia que mi niña se había comido un par de platillos de garbanzos , y digo bien , medios platos, y el segundo se lo ofrecieron ellos, la verdad es que cuando vi 20€ , pensé que seria otra cosa , además de 4€ , por una triste quenefa de helado, la verdad me indigne , por eso la próxima vez la llevare yo los garbanzos , ya esta bien de ciertas tonterías, y mas viendo lo que me cobraron a posteriori en sitios con bastante mas estrellas.

  • Gazpacho de pepino y tomate

  • Buey

  • Trinxat de tomate con bacalao

La alquimia es un estadio anterior a la ciencia. La cocina de Jordi Vilá no participa de los avances científicos bullinianos. Pero está cocina está rica, en los platos hay intensidad de sabores, múltiples sabores, de productos espectaculares, con cocciones perfectas, y con matices herbáceos, cítricos, aromáticos, frecuentes pero no evidentes. No hay alardes técnicos, ni pirotecnia vanguardista, incluso son sobrios los emplatados.

Tras comer aquí puedes sacar la conclusión de que la cocina no es ciencia ni tampoco arte, es… cocina, algo anterior a ambas.

MENÚ LARGO "ALKIMIA" (84 €):
- Snacks: unos grisines de cebolla.
- Chupito de agua de tomate, aceite y pan tostado, con una rodaja de longaniza encima: entrada ligera, incluso refrescante, versión del catalán “pa amb tomata, oli i fuet”.
- Bacalao con tomate de lata italiano (de la región de la “Puglia”) y tallos ácidos de salicornia.
- Espaguetinis de calabacín al "fruti di mare": un plato fresco, con toques cítricos, en el que la falsa pasta de verdura, al dente, combina a la perfección con los percebes pelados, los trocitos de navaja, las algas y las huevas de pescado.

A partir de aquí casi todos los platos estarán cerca cerca del "10":

- Plato de setas: se trataba de ceps (boletus edulis), en distintas texturas: gelatina sabrosísima, crema, crudos, plancha…

- Excelente ostra escabechada, con toques de cilantro y, de nuevo, cítricos, con careta de cerdo glaseada y una base de espinacas salteadas con soja. Jordi Vilá lo considera su plato estrella de este menú, un extraordinario “mar y montaña”.

- Sepia en láminas traslúcidas, con juliana de daikon encurtido, salsa de tinta al jengibre y crema de sus interiores (melsa). Plato excepcional de sabores puros e intensos, y preciosista presentación.

- "La gamba a la mano": crustáceo de gran calidad, cocido levemente, se presenta caliente en una cama de sal gris de Guérande, aromatizada con laurel y clavo, todo ello sobre una piedra caliente, que hace ascender los perfumes, como incienso.

- San Pedro con cebolla encurtida, jugo de remolacha, crema de berenjena y aceituna negra: encajan las piezas, sin estridencias: la tapenade domesticada por la crema sedosa de berenjena, el dulzor morado de la remolacha contrarrestado por la picante frescura de la cebolla.
El pescado: perfecto punto y frescura, piel crujiente para comer con la carne apenas blanca.

- Garbanzos (realmente ñoquis de harina de garbanzo), y ñoquis de parmesano, con caldo de tocino rancio y sus trozos del mismo tocino. Crispies de jamón. Juego sencillo y muy rico.

- Buey con aroma a brasa, con pickles de coliflor encurtida, semillas de mostaza, y una (tremenda, untuosa) molleja de ternera, con salsa de campari (lástima que apenas noté el supuesto amargor de la salsa, me habría encantado).

POSTRES

- Gazpacho de pepino y tomate (el mismo, de lata, que en la ensalada), con helado de leche de oveja: me gusta el empleo del pepino en la parte final de las comidas, aquí en forma de agua refrescante. El tomate lo entendí menos, de hecho, según la referencia de otros blogueros, este prepostre tiene una versión donde se sustituye el tomate por fresas, lo que parece mejor opción.

- Chocolate fondant con helado de “ron cremat” (ron aromatizado con naranja,canela,azúcar…)

Durante el menú, pude probar otros dos platos:

- Quizá el plato más famoso de Jordi Vilá: CANELÓN: excepcional: “un envoltorio cremoso, en cuyo interior se aprecian los tropezones de carne, se unta con una bechamel de almendra tierna, se salsea sumergiendo los trocitos en el jugo de asado, situado al lado, y se acompaña con una pequeña ensalada donde recaen alguna hoja de menta y una brunoise de manzana…” (perfecta descripción de P. Regol)

- Liebre a la royal: con pequeñas cebollas horneadas, y un delgadísimo onion ring. Potencia de sabor máxima, sin descontrol, salvo por el hallazgo de un perdigón, lo que provocó que me invitaran al plato.

Aquí: http://observaciongastronomica.blogspot.com/2011/06/alkimiajunio-2011-barcelona.html, P. Regol dice que ha sido la mejor comida del año. No es el único que piensa así.

LA SALA y EL VINO no están a la misma altura que la comida. Es verdad, pero creo que es un acierto que se prescinda de los lujos de la sala, que encarecen innecesariamente la cuenta, sin incrementar el disfrute. Lo del vino no lo veo tan claro, aunque se podría discutir sobre el tema: me ocurre con frecuencia que los restaurantes sólo me interesan para comer, no para beber. Me parece que Alkimia no busca la segunda estrella michelín: llena el restaurante sin ella (de una clientela mayoritariamente inglesa).

Tras probar este restaurante, recordé un comentario que no es infrecuente escuchar: “me cansan los menús degustación modernos, muy largos”. Y quizá empiezo a estar de acuerdo, pero esta queja la entiendo referida a la vanguardia pura y dura, a los menús “artísticos” de Dacosta, Can Roca, Calima... Alkimia pertenecería a otro grupo, al grupo “posibilista” (García Santos) o de la “Tercera Vía” (P. Regol). En él estarían Paco Morales, L’Escaleta, Casa Marcial, y un largo (cada vez más) etcétera.

Esto de la Tercera Vía lo inventó P. Regol hace muchos años, en el 2000, aunque es en 2007 cuando se inicia el combate “TRADICIÓN vs. MODERNIDAD”, con los púgiles Santamaría y Adriá en el ring de Madrid Fusión. La contienda toma diversos nombres: uno que me gusta es “cocina de la memoria vs. cocina de vanguardia”. Precisamente, la memoria como fundamento de la buena cocina es la conservadora moraleja de la película del mismo año 2007: “Ratatouille".

Más interesante que analizar el tema bajo un prisma de sólo dos caras (cocina clásica-cocina moderna), es recorrer la geografía: ¿qué ocurre en el País Vasco, con su vanguardia peculiar: Mugaritz, Alija… y con su “antigua vanguardia”: Arzak, Akelarre; y en Cataluña, un paso por delante en posibilismo, en bistronomía; y en Asturias, con tres grandes posibilistas; y en Galicia, con su producto? Etc.

Y también es interesante examinar las biografías: conocer la evolución propia de cada gran cocinero: algunos han virado de la vanguardia hacia el posibilismo, o hacia el producto, o se han agarrado al terruño, o huyen hacia delante con su vanguardismo, o montan franquicias bistronómicas…

Y así, volvemos, de algún modo, al principio: dos “conductas-tipo” se pueden dar en un cocinero, ahora y siempre: la creativa y la artesana.

A mí ahora me apetece comer en Alkimia.

Agradable visita, la de este conocido restaurante de la capital catalana donde su chef Jordi Vila elabora una cocina de alto nivel.
La sala no es muy grande, con una decoración sobria y con una distancia entre las mesas adecuada.
Ofrecen varios menús. Nosotros optamos por el menú tradiciones contemporáneas compuesto por unos aperitivos, 3 entrantes, pescado, carne, y 2 postres (65€)
Un menú que recoge los platos más emblemáticos del chef, ideal para hacerse una idea de la cocina que practica, una cocina muy mediterránea, ligera y transparente a la vez que creativa.
Todos los platos rozaron un gran nivel de principio a fin, en especial el canelon de pollo asado, el arroz con ñoras y cigalas y el postre de fresas con queso fresco y granizado de vinagre, una combinación que ya he probado en otras ocasiones y que aquí la bordan. El ritmo del menú fué perfecto y llegando todos los platos a la temperatura adecuada.
Finalizamos el menú con unos excelentes petit fours para acompañar unas infusiones muy bien preparadas.
El servicio de sala muy amable y profesional, sin malentendidos de ningún tipo, como debe ser.
No bebimos vino, pero acabamos con unos Gin Tonics muy bien elaborados a los que fuimos invitados, además de regalarnos unos bonitos trapos de cocina con el logo del restaurante. Detalles estos últimos que siempre son de agradecer y más si son al final de comida.

Hacía días que tenía pendiente este restaurante del que había escuchado muy buenas recomendaciones. Está galardonado con una estrella Michelin y dicen los seguidores de la Guía que quizás se merecería dos, pero que como el local, a pesar de ser agradable y más que correcto, no es ostentoso, no da para más estrellas.

Aprovechando que tenía mi hijo de visita a Barcelona, ​​de su estancia en Oslo, pensé que era la ocasión de ir. La verdad es que todo fue satisfactorio. El servicio muy cercano y preocupado por la satisfacción del cliente y sin caer en ningún momento en el exceso.

La comida impecable y de entrada ofrecen dos menús degustación. Pero recomiendan que si es la primera vez que vas, tomes el "Tradición", en el que ofrecen platos que consideran han sido claves en la evolución de este sitio. También ofrecen otro menú, con más platos y que lleva el nombre de menú Alkimia, con cocina más creativa.

Optamos tal como nos recomendó, por el menú "Tradición", todo y que el simpático maître, dudaba de si era la primera vez que iba y decía que mi cara le sonaba. Yo me temí que no fuera por la fotografía del blog, pero evidentemente no le comenté nada y le insistí en que era la primera vez.

El contenido del menú (65 € IVA incluido), está configurado por un par de aperitivos y a continuación: Tatin de tomate con anchoa, Canelón de pollo asado con bechamel de almendras, Arroz de ñoras y azafrán con cigalas, Pescado de costa con alcachofas y brotes tiernos y para acabar Paletilla de lechazo churro "con colmenillas y espárragos.

De los platos nos encantó especialmente el Canelón y también el Pescado de la costa que era Gallo de San Pedro y estaba delicioso. Los otros platos estaban también a la altura, pero estos fueron los dos "top" a nuestro criterio.

Cuando acabamos y antes de los postres, el maître nos preguntó si habíamos "quedado bien" y si nos apetecería alguna otra cosa. Y nos empezó a hablar de carne de "vaca vieja" con maduración y no supe decir que "no" ... Mi hijo ya no quiso nada más. La verdad es que la media ración de carne adicional que me sirvieron estaba a nivel del "top", era realmente extraordinaria y quiero manifestar que a la hora de la cuenta, nos dijeron que era "obsequio" de la casa.

Como postre (los postres en general, quedan un poco fuera de mis preferencias) nos sirvieron primero Pera con ganache de queso fresco y granizado de naranja y como último el tocinillo del cielo con sorbete de limón y jengibre.

El vino fue un Embruix DOQ Priorat y mi hijo se pidió también para acompañar los postres, uno de estos vinos dulces ahora de moda: un Gaillac de la zona Midi-Pyrénées. Los cafés vinieron acompañados de unos bombones deliciosos.

Como curiosidad quiero decir que prácticamente todas las mesas eran extranjeros de nacionalidades muy variadas. Creo que de todas las mesas, sólo nosotros éramos de aquí.

En resumen, un lugar recomendable para cenas especiales. En su web, ofrecen imágenes e información de calidad (http://www.alkimia.cat/)

Ricard Sampere
www.restaurantscat.cat

En nuestra primera visit a Alkimia tommos el menú de temporda. Lo cierto es que resultó muy bueno, con platos de calidad pero con cantidades bastantes flojas (y no hablo de quedar llenito pero tampoco con la sensación de vacío al finalizar el ágape).
Repitpo, buena cocina, excelente producto pero........ ninguna maravilla. El servivio correcto pero en el tema de vinos no están muy fuertes a la hora de aconsejar. Deben mejorar.

Segundo acierto consecutivo en Barcelona. Me gustó mucho el restaurante globalmente, aunque la sala no tanto. Estrecha, con unas 12 mesas pelín juntas. Mala insonorización. Ambiente luminoso y casi minimalista, con lienzos de madera pintados con tonos grises y ocres que lo hacen más acogedor. Música ambientasl que no molesta.
Servicio amable, pero un tanto robotizado (qué diferencia con el trato tan cálido recibido la noche anterior en Hofmann). Al final me preguntaron dos veces por la cena, lo cual muestra interés.

La carta solo contiene dos menús: Alkimia, largo y de "autor" (74€); y Tradicions, más corto y de cocina de siempre pero actualizada (58€). Me decidí por éste.

Cena para 1 pax:

Aperitivos:
Longaniza con chupito de agua de tomate y aceite: Ni fu ni fa.
Lecha (pez limón) con aguacate y una salsa que no recuerdo: Muy logrado, de sabores bien contrastados.

Coca de anchoas con escalibada. mantequilla de trufa y yoghourt: Estupendo el punto cristalizado de la masa con dos buenas anchoas, bien limpias.

Canelón de pollo payés con bechamel de almendras y ensalada fresca: Clásico del local que me convenció. Lograda la salsa, para nada pesada.

Arroz de ñoras y azafrán con cigalas: Perfecto el punto del arroz pero para mi gusto, un poco fuerte de sabor. Bien la cigala por su frescura.

Rodaballo con verduritas y láminas de panceta curada: Perfecto el punto del taco de rodaballo, pero desafortunado lo de la panceta. Creo que formaba parte de una témpura que me resultó de textura gomosa.

Espaldita de lechazo churro con crema de topinambur y salsifis: Qué maravilla de sabor!. Equilibrio entre el sabor acentuado del cordero y el de romero. Nunca había probado los tubérculos que lo acompañaban; me gustaron.

Gazpacho de melocotón con pepino y yoghourt: Perfecto por su frescura después del cordero.

Flan de queso fresco con pera escalibada y regaliz: Otro buen postre, pero hubiera sido más acertado uno caliente como colofón a la cena.

Ponen dulces en la sobremesa de fantasía. Destacaron un bombón de cacahuete y un chupa-chups de chocolate blanco relleno de fruta de la pasión. Qué explosión de sabor tan intenso al morderlo entero en la boca!

Panes: Uno de nueces y otro blanco estupendo.

Servicio del vino: Tienen sumiller dispuesta a ayudar y una carta de vinos completa. Precios rozando x3 (ejemplos, José Pariente Verdejo a 24€ o Pitia a 60€ sin IVA). Buenas selecciones incluso internacionales, incluyendo unos 20 cavas y champagnes. Tienen una docena de opciones de vinos por copas. Elegí, dados los precios de la carta, Més que Paraules 2008 de Pla de Bagés, servido en copas Riedle y perfecto de temperatura. Lo de los precios, como siempre, le resta una puntuación mejor en este apartado.

Precio total: 78.65€ (incluyendo IVA, y dos copas de vino a 6€ por copa).

Fuimos muy ilusionados y con ganas de disfrutar a Alkimia y así fue.
Menú lleno de creatividad y sin perder lo que más me gusta: la calidad, cantidad, punto de cocción y convinación de sabores siempre sin salirse de tono.
Me gustó el pan de nueces,la crema de garbanzos, la cocción perfecta del cordero lechal y el Gall de sant pere, disfrutamos con el canelón de pollo asado y el de mango con pa de pessic y fruta de la pasión tambien con los petit fours, un único apunte: me sobraba un poco de aceite en el arroz y la salsa del asado del cordero, por lo demás perfecto, volveremos.

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