Regreso a La Rioja Clásica...

3 respuestas
    #1
    All I Oli

    Regreso a La Rioja Clásica...

    Agradable, constructiva, apasionante, fue la reunión que ayer Sábado noche tuvimos unos cuantos amigos en el local de nuestra amiga Álex, en Set D Vi Terrassa. Pudimos comprobar como los vinos (ciertos vinos), a veces, desafían al tiempo y consiguen perdurar y vivir en un estado casi mágico, irracional, milagroso. Vinos con historia. La de las personas que los crearon; personas capaces de crear auténticas obras de arte. Nos trasladábamos a la Rioja. La Rioja de mediados de los 70's. De principios de los 80's y de mediados de los 90's. Un recorrido en el tiempo en tres décadas diferentes.

    LOS 70'S:  CONDE DE LOS ANDES GRAN RESERVA 1975

    La Gran Tempranillo de Federico Paternina, en una añada calificada por el Consejo Regulador como muy buena. Increíble pensar en la elaboración de un tinto de este corte, perfil y pretensiones en la época: realizaba la fermentación maloláctica en grandes depósitos de madera y allí permanecía un año reposando. Según las añadas de este grande de La Rioja, permanecía en barricas de 225 lts. seminuevas un período de no menos de 72 meses y un máximo de 84 meses. (desconocemos la exactitud de la añada en cuestión). Por último, abandonaba la barrica, para luego pasar no menos de 10 años (incluso añadas que llegaban a los 15 años) en botellero. Sin palabras.

    LA NOTA DE CATA no puede ser más directa:

    Un corcho materialmente hecho añicos, aún con el sacacorchos de láminas pero que no iba a estropear ni afear lo que iba a venir después.

    La nariz resulta embriagadora. Podríamos decir viva, seductora, intensa, casi compleja. Matices de fruta en licor, notas ajerezadas. Casi como un Pedro Ximénez. Le salen balsámicos, notas de especias muy al fondo. Increíble.

    Por cierto: un color limpio, de capa media, con ese ribete obvio de color entre ámbar y teja, pero siempre con un brillo que nos hace ver aun Gran Reserva al que podamos quitarle un lustro o una década de vida de sus espaldas.

    Sería casi un atrevimiento el decir que resulta carnoso en boca. Pero sí opulento (opulento, entiéndase en un tinto de esta edad). La acidez todavía se nota al final del trago. Pasa fluido, con cierta presencia. Mantiene el tipo. Longitud destacada y un final persistente que entremezcla la fruta y la crianza (larguísima) en el roble.

    El recuerdo de otra Rioja. Una Rioja de los años 70's donde todavía este Conde de los Andes era un Grande. Un Grande de España. Faltan palabras...y nos faltaría más botellas como éstas, para contar todo lo que nos hizo sentir ayer.

     

    LOS 80'S  

     

    Be wine, my friend. Be wine...

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