Restaurante Julio Verne en Valencia
  

Restaurante Julio Verne

15
Datos de Julio Verne
Precio Medio:
27 €
Valoración Media:
7.5 10
Servicio del vino:
7.1 10
Comida:
7.7 10
Entorno:
6.9 10
Calidad-precio:
8.2 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Algirós
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas:
Precio desde 11,90 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingos y lunes noche

Teléfono


15 Opiniones de Julio Verne

Este tipo de encuentros con dos cocineros (o más) cocinando en el mismo local (con partido de vuelta incluido en unos dias) son buenas oportunidades (o excusas) para volver a visitar este local de Juan Exojo y al tiempo ver otra cocina que desconocía. En este caso a Silvia Melendez de La Pitanza en Predalba.

Local completo con antelación, lo que demuestra fórmula de éxito. El peaje es el ruido de fondo que hacemos los clientes (eso dice Quique Dacosta) y se hacía difícil escuchar la explicación de los platos, al menos en la zona central del comedor.
Menú cerrado a precio fijo (35€) y con maridaje de Sebirán hecho por Ken Wagener.

Dos para cenar y que compartimos de inicio:
. patatas bravas según Silvia: un crujiente snack con interesante picante
. bombón líquido de jamón ibérico: hecho con chocolate blanco que envolvía un líquido interior de consomé de jamón ibérico. El dulzor externo se comió todo.
En la parte de bebida, arrancamos con un extra fuera de maridaje: vermú Nordesia de albariño muy interesante, y el valenciano tinto 4 chavos. Un buen pan loncheado y algo seco servido con antelación en las mesas.

Seguimos compartiendo los entrantes maridados con un blanco T de uva tardana:
. espárrago, sardina, caviar de albahaca y mojama. Un buen conjunto en que destacan más los elementos que el total. Espárrago con un toque de plancha, buena sardina ahumada y una base de leche de tigre valiente.
. bacalao, yuka, coco y gambas. En el fondo del guiso un buen bacalao perfecto de punto de sal y hecho a baja temperatura con un buen guiso con crema de yuka frita y me pareció unos ajitos de fondo; las gambitas correctas sin más en buen punto de fuego. Buen plato.

Cambiamos de vino a un C minúscula, un bobal joven sin barrica que quedó muy joven, para acompañar a:
. pastela de pollo de corral con menta y moras silvestre. Lo más flojo de la cena porque, aunque el envoltorio estaba crujiente, el interior (pollo) se quedó muy seco y ni las buenas moras conseguían sacarlo adelante.
. guisito de tendones (de pollo) y melva marinada con chips de alcachofas: sin duda lo mejor de la cena. Un muy buen fondo de caldo del guiso bien reducido, contrastado con el pescado en una basé cítrica y buen punto de vinagre y especias. Plato completo, integrado, contraste, texturas.... Bravo por el plato. Se comió al vino.

Principales maridados con C bobal con crianza de 8 meses de barrica que con facilidad mejoró y alivió a su hermano menor:
. corvina sobre espinacas y bullabesa de tinta y quinoa: buen pescado, bien de punto de fuego y agradable fondo. Buen plato. Quizás hubiera maridado mejor con el anterior vino sobre todo para que el guiso maridara con el bobal de crianza.
. cochinillo y lentejas al curry: un cochinillo hecho a baja temperatura aunque la piel no quedó crujiente, con algo de sal de escamas encima que aportaba más sensación de seca a la propia carne; sobre un amplio fondo de un guiso de lentejas al curry, un curry ligero pero muy agradable y alguna alcaparra fileteada dió un conjunto interesante. Buen plato, lástima que le sobrara unos minutos de cocción (o de calentón final) al cochinillo.

Postre maridado con un vino dulce tinto de coto d´Arcis que resultó poco dulce para la parte sólida dulce:
. torrija de piña, maracuyá y helado de coco.lima
. tarta capuchina de crema tostada al cremaet con helado de vainilla
Bien resueltos ambos. Se sirvieron en el mismo plato y no consiguieron casar aunque cada uno por separado cumplía bien.

Sensación final de un buen disfrute, de reconocer el esfuerzo de este tipo de eventos, y que mereció la pena sin duda.
Y habrán más, anunciaron.

Siempre que acudes a un sitio por primera vez se plantea la misma duda existencial: "¿carta o menú?". Hace unos años esta cuestión podía parecer puro esnobismo, pero desde la llegada de la crisis numerosos locales se han visto obligados a reinventarse y, en ese empeño, la oferta de productos a ¿precio cerrado? se ha convertido en uno de los filones más explotados. Menú de día, menú de noche, menú degustación, menú de tapas, clásico, gastronómico, arrocero, largo, corto…

Al llegar al local, nada más verlo recordamos que estuvimos una vez hace bastantes años cuando era, o pretendía ser, un italiano. El local se encuentra elevado sobre la calle a modo de entresuelo por culpa de una desgraciada moda que invadió el mundo de la construcción allá por los 80’s, consistente en hacer un entresuelo y un semisótano en lugar de una planta baja a nivel de calle, mutilando de paso el potencial valor de ambas plantas. Por este motivo, en el acceso hay unas escaleras y una plataforma elevadora accesible y bien integrada, para acceder al local. La imagen interior del local resulta muy agradable, con destacables detalles en madera natural y utilizando ademas botellas de vino y diversas citas escritas en las paredes como elementos decorativos que aportan calidez y personalidad al mismo tiempo.

Al primer vistazo de la carta percibes inmediatamente que es un local con carácter, está estructurada en “Tapas” y otras “Ideas alborotadas”, además de disponer de 4 variedades de menú (del día, de tapas, arrocero y degustación). Tras unos minutos de indecisión, optamos por la vía fácil y nos dejamos llevar por el menú de tapas (24,50€ sin bebida), no sin antes tunearlo convenientemente con media ración de Steak Tartar, por aquello de las dosis. Esta decisión, siendo acertada e incluso recomendable, a la postre terminó marcando mi sensación sobre la cena. Empezamos con una caña y un agua y, como se dispone de la posibilidad de vino por copas, continuamos con un par de copas de El protocolo, vino de la tierra de Castilla, Tempranillo, que abrieron para nosotros y nos que sirvieron en la mesa. Interesante. También dimos cuenta de los buenos panes ofrecidos, de la Tahona del Abuelo, de maíz el primero y de espelta y miel (creo) el segundo.

1.- Aperitivo de la casa
Pan de gamba y unas aceitunas.

2.- Nuestra Ensaladilla Rusa
Bonita presentación con crestas de pan, fresca y sabrosa. Había leído sobre ella en crónicas precedentes que apuntaban en la misma línea. Buena.

3.- Bravas ahumadas en conserva
Muy buenas. Salsa con mezcla de tomate, poco brava, pero que no tuve más remedio que rebañar a tope hasta dejar el frasco limpio como una patena. Curioso lo del ahumado. La primera vez se me escapó el “genio de Aladino”, pero muy amablemente lo volvieron a meter dentro para que pudiera hacer una foto, que dicho sea de paso, es una verdadera vergüenza. Menos mal que no me dedico a ello.

4.- Steak Tartar
Presentación muy vistosa con algunos ingredientes sin premezclar a modo decorativo, correcto de sabor, aunque sin llegar al nivel de ciertos templos de este plato.

5.- Boquerones en tempura con maracuyá y parmesano
Original combinación donde curiosamente el toque dulce de la fruta combina bastante bien con saladito del pescado. Interesantes.

6.- Clotxinas con mojo verde
Buenos moluscos cocidos perfectamente al punto, con un mojo en el que el cilantro dominaba por completo el plato. Si te gusta el cilantro no hay problema.

7.- Brioche de rabo de toro
No voy a esconder que el guiso de rabo de toro es una de mis debilidades, pero éste estaba realmente bueno. Hubiera cambiado gustosamente el brioche de base, por un pozalito del guiso donde poder pastar a mis anchas un rato.

8.- Postre de manzana, avellana y jengibre
Totalmente recomendable y muy refrescante, en especial si como a mí, no te entusiasma el dulce en general. Una infusión cierra la comanda.

Local con una propuesta un tanto original bajo una personalidad propia muy presente que lo diferencia de otros de su categoría. Mi primera sensación nada más terminar fue muy positiva ya que todo había estado en una línea notable, amén de la atención recibida en todo momento que fue inmejorable. Todos los detalles están perfectamente cuidados y la decoración interior desprende una sensación de optimismo que hizo que nos sintiéramos muy a gusto desde el primer momento. El único pero, si es que se le puede llamar así, es que con el paso de los días volvieron a la memoria algunas de aquellas “ideas alborotadas” que tanto nos llamaron la atención y que dejamos para otra ocasión, en la que prometo dejarme la vaguería en casa para lanzarme de lleno a por los Steak Tataki, Tuétano, Taglianestra de verduras , terra y mar de civet de conejo y sepia, etc. En definitiva, un local recomendable para todos aquellos que quieran sumergirse de lleno a explorar algunas de esas propuestas de una mente que presiento bastante inquieta y que, probablemente, utiliza dicha parte de la carta como laboratorio de pruebas para aquellos pensamientos menos ortodoxos y a la vez más singulares.

En este caso cual cerca me lo fiáis.

Se me había generado un rollito guay de antemano por el tema de ser manchego Juan Exojo. Por lo leído y visto, iba predispuesto a encontrarme con un finolis, o más bien, con un manchego descafeinao. Para nada, lo que hace es tratar muy bien el producto. Lo trabaja, sí, lo refina, le gusta al hombre presentarlo bien, pero ah, amigo... tiene la esencia de la tierra, y eso es todo un valor. Hay un punto basto, entiéndase en este caso para bien, suficiente como para no ser desterrado. Manchego naciste y manchego morirás.

Pese a este prólogo, o especie de, decir que toca cualquier palo. Es un tipo bragao, con unas cuantas inauguraciones en su periplo "cortijero".

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- "Papá, he comido una croqueta de gachas que..."

- "Pero hijo, no te hemos educao para esto. Las gachas es con una sopeja de pan"

- Verás, yo... esto...

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El único punto negativo a comentar es la deficiente acústica del local. Algo de lo que son conscientes y que a no muy tardar abordarán. Tuve serias dificultades, con el local lleno como estaba, de entender lo que se me decía a escasos 50 cms. En cuanto a la decoración, ornamentación, más bien, la vi con exceso de "cositas", pero no puedo dejar de valorar la ilusión que transmite. Todos esos escritos, esas frasecicas, son motivo de ello, de esa ilusión juvenil que finalmente influye en el restaurante.

En la carta se aprecia todo en un golpe de vista. Es corta y bien definida, llegando a todo, con platos muy apetecibles e inteligéntemente con la siglas JV en algunos de ellos diciéndote que es su versión. Tienen además tres menús, y nos arreglamos justamente con el del día, el cual nos pareció ideal, no sin someterlo a un proceso de retoque, con el cambio del primer entrante y la añadidura de las croquetas del conflicto paternal.


Al tuneado menú le precedieron un par de vermús Nordesia fantásticos. Qué bueno está. Diferente ya desde el color.

Empezamos con la ensaladilla JV. Una ensaladilla rusa en la que la zanahoria daba color junto a las esferas de salmón. Tamizada, fina... coronada por el rábano y el pan planchado.

A continuación, las croquetas de arroz al horno junto con las demandadas de gachas. Rebozado grueso para sujetar, muy crujientes. La de gachas sabía a éstas de verdad, y la de arroz al horno no le iba a la zaga. Con el sabor intenso de la morcilla y hasta garbanzos enteros. En otras elaboraciones puedo preferir el rebozado más ligero, pero aquí no me importó y hasta lo vi justificado.

El último de los entrantes fue una coca de escalibada con caballa ahumada. Delgada base con entereza pese al montaje, crujiente, sápida... buen punto de la caballa, con los brotes de rábano dando sabor a tierra, a huerta... imposible no pringarse.

El plato principal fue para... las albóndigas en pepitoria. Unas riquísimas albóndigas de vacuno. Sabrosas, esponjosas, de buen calibre, ni grandes ni pequeñas. Coronadas por una verdura desconocida para nosotros, o a lo mejor desapercibida hasta el momento que daba frescura, la Pak Choy.


Nos vino un prepostre, unas probetas refrescantes de limón y albahaca que limpiaron, por lo tanto, cumplieron.

El postre también cumplió por fresco y llevadero. Particularmente me gusta el jengibre tanto confitado como escarchado. Mousse de yogur, manzana asada y jengibre. Sin fuegos artificales pero muy digno.

La carta de vinos está francamente bien en general, con referencias interesantes y propuestas fuera de ésta que van rotando según adquisición temporal. Precios controlados en la mayoría de casos. Pedimos una de estas temporalidades, una botella de Pirita 2015 elaborado con Malvasía y otras. Para las albóndigas decidí de entre las dos propuestas de tinto por copas que se me ofrecieron, un Got 2015 de la bodega Gratias. Servidos ambos en copas Riedel.

Enjuagamos con agua antes de pasar a los petit fours junto al café y manzanilla por parte de mi dona.

Tengo que valorar el servicio que nos dispensó la camarera por simpatía, oficio y conocimientos de lo que tocaba. Esto cobra más fuerza si se tiene en cuenta que el alma máter de la sala, Cris, estaba en cocina echando una mano por estar algo desbordados.

Me he llevado una grata impresión y no sé explicar por qué superior a la de partida.

Evento multitudinario relacionado con el mundo de la educación en la ciudad de Valencia y ganas de aprovechar la escapadita para conocer algún local interesante y sin demasiadas pretensiones pues se trataba de un grupo de gente diversa. Nos interesaba reservar en algún restaurante cercano a la zona en la que ubicaron nuestro stand y pregunté al gran Aurelio GM. Entre sus recomendaciones vía audio-whatsapp (¡como molan!) se le escapa un: - ¡Coño! ¡Pero si estáis justo al lado del Julio Verne!

¡Mira tú por dónde! Había estado leyendo últimamente tantas y tan buenas cosas de esta casa pero no me había detenido a mirar donde se ubicaba. No lo pensé más. Llamé y reservé para seis adultos y cuatro nenes para el sábado a las 15.30 h. Sin ningún problema, amabilidad desde el momento de la reserva telefónica, como a mí me gusta.

El restaurante es muy bonito. Tiene un marcado aire informal, algo que invita a desconectar y disfrutar. Tonalidades claras, mesas sin mantel, ornamentación con botellas de vino y cerveza y unas graciosas pajaritas, como las de papiroflexia. Sala con capacidad reducida y completa casi en su totalidad ese día. Servicio muy amable tanto con los adultos como con los niños que nos acompañaban.

Dadas las horas que eran, no ojeé para nada la carta y fuimos directamente a los menús: haberlos, haylos. Tres, para ser más concretos: menú de tapas, de arroz (a 22,50 € ambos) y degustación (35,00 €). El primero se compone de cinco degustaciones compartidas y un postre, creo recordar, el segundo de tres tapas y un arroz a elegir, y el tercero de unos snacks, varios entrantes, pescado, carne y postre. Nos quedamos con el del medio:

- Aperitivo de la casa: Pan de gamba con guacamole. Nada que explicar. Cayó muy bien a esa hora y en compañía de las cervezas que estábamos tomado (hizo calor ayer en Valencia). Sacaron también unas correctas aceitunas.

- Crema de remolacha con caballa ahumada: Se sirve un pequeño cuenco a cada comensal con esta crema que siempre resulta vistosa y colorista. Ensamblaje perfecto entre el dulzor del tubérculo, la salinidad del pescado crudo y unas porciones de guindilla picante en vinagre que se incluyen en la misma. Nos gustó mucho aunque, para mi gusto, a partir de ya mismo le vendría muy bien el paso un ratito por el frigorífico. Quizá hasta ahora no, pero con los rigores del verano, tal vez sí.

- Junto con el primer plato nos sirvieron también unas rebanadas grandes de pan y un aceite de lágrima cuyo nombre no recuerdo. Ambos dignos de mención

- Ensaladilla rusa: Correcta en su ejecución, presentación y sabor. Textura sedosa, como muy tamizada. Este plato sí resulta extremadamente fresco y muy aconsejable para el verano.

- Bravas ahumadas: Se presenta en tarro hermético (uno cada dos comensales) y, al abrirlo, es humo que había en su interior se expande y deja un marcado perfume ahumado en la mesa. Ello, sin embargo, no es tan evidente en el sabor de las patatas, aunque lo que realmente más echo en falta es una mayor presencia de picante. Al fin y al cabo, unas bravas son unas bravas.

- En el apartado de arroces pedimos dos para compartir entre los seis adultos. Nos sirvieron tres raciones de arroz seco de conejo, alcachofas y foie y otras tres de meloso de pato y setas. El primero destacó por el punto del arroz, su grosor en la paella (una capita de poco más de un grano que facilita mucho la presencia del afamado socarrat) y la generosidad en los “tropezones” de carne y verdura. Sin embargo, el campeón en cuanto al sabor se refiere fue el arroz meloso que estaba delicioso. Los seis pudimos disfrutar de una buena degustación de cada uno de los arroces nos cual nos indica que las raciones por comensal son apropiadas.

- Compota de manzana, crema de avellanas, jengibre confitado y helado de vainilla: Tardo más en redactar en el enunciado de lo que tardé en tomarlo. Si bien reduciría un poco la cantidad de la compota, el postre resulta fresco y nada empalagoso. También me permitiría meterle un pelín más de jengibre pero ya saben quienes me conocen que soy de sensaciones sápidas más intensas y, tanto aquí como en las bravas, se busca el equilibrio y el gustar a todos los públicos.

Además de los seis menús de arroz se pidieron tres menús infantiles que compartieron los cuatro peques: croquetas, ensaladilla, pechuga empanada o pasta con tomate (11,50 € cada uno). Cabe reseñarlo para tenerlo en cuenta en el precio por comensal (he dividido entre 9).

Tomamos, cerveza, agua, refrescos y una botella de Bolo que siempre resulta refrescante y facilón. La carta es acorde con el enfoque que se le ha dado al local, tanto en la propuesta de cocina, el nivel de precios, la sala y el público potencial. Bastantes referencias, con distintos perfiles y una última hoja de sugerencias con cositas interesantes. Me quedo con las ganas de volver con gente más “vinera” y probar más cosas.

Se trata, pues, de un buen sitio para comer si se está en la zona y un destino aconsejable para los incansables indagadores en busca de lugares en los que no dejarse un dineral y disfrutar de una cocina correcta y un entorno y servicio agradables.

Tras asistir a la magnífica cata vertical de Reserva Real que tuvo lugar en la Experiencia Verema 2016, a la cual hubiera sido imposible acceder por medios propios a un simple mortal como servidor, nos pusimos en manos del amigo JoseRuiz que cuando se enfunda el papel de consumado organizador no tiene parangón. Orgulloso que se siente uno de él.

La propuesta para ese mediodía era este local tan bien descrito en comentarios precedentes. Cerrado para nosotros. El envite era importante para la empresa y sobre todo para la cocina en cuanto a tener la capacidad suficiente para marchar los veinti... pico cubiertos de una tacada, sin que se resintiera la homogeneidad de los platos en cuanto a temperaturas y demás.

Nada más sentarnos hizo acto de presencia una modesta Tablita de Snacks, consistente en unas aceitunas aliñadas, unas papas (patatas chips) y un pico con jamón. Se siguió de los aperitivos:

Salmorejo Emulsionado con AOVE y Caballa Ahumada.
Filipino de Foie Ibérico.
Cucharita de Ajoarriero y Caviar de Arenque.

Buen triplete en líneas generales, donde destacaba la finura del licuado contrarrestado por el punto más rudo de la caballa y por otro lado la combinación dulzona del foie, potenciando su sabor ya alto de por sí. Continuamos con los entrantes:

Ensaladilla con Muselina de Lima y Corte de Tataki de Atún.
Salteado de Alcachofa, Boletus, Acelgas y Tendón de Vaca con Jugo de Jamón.

Buena estaba la ensaladilla... con ese aire cítrico que le daba la presencia de la lima aunque con dificultades para conectar con el corte de atún junto al que se presentaba. Como decía, estaba buena pero fue barrida del mapa por la composición y ejecución del otro plato que aunaba sabores terrenales y potencia animal. Platazo. Llegamos a los principales:

Gallineta en All i Pebre.
Carrillada de Ternera Glaseada con Parmentier y Trufa Rallada.

De corte más académico, como se dice ahora, con un cabracho arrinconado en cuanto a sabor por la intensidad de la salsa y el infalible corte cárnico, que siempre gusta a grandes y menudos, de perfecta ejecución. Finalmente llegó la hora del postre:

Manzana, Avellana y Jengibre Confitado. Rico y compensado en todas sus facetas. Acierto.

... y bebimos una magnífica selección de vinos, con buen servicio del mismo, que comprendió:

Maruja Manzanilla Pasada D.O. Manzanilla - Sanlúcar de Barrameda
Clos Lentiscus Summoll Reserva de la Familia
Amontillado en Rama Cruz Vieja D.O. Jerez
Garcia Viadero Albillo D.O. Ribera del Duero
Sentada sobre la Bestia D.O. Valencia
Moscatel de la Marina D.O. Alicante

En resumen, grata impresión en líneas generales de la empresa, a la que tengo claro que volveré pero en un entorno más íntimo para valorar convenientemente el potencial que puede mostrar pues, en mi opinión, estas experiencias, maravillosas por sí mismas, sesgan en cierto modo las sensaciones que uno pueda percibir.

  • Manzana, Avellana y Jengibre Confitado

  • Carrillada de Ternera Glaseada con Parmentier y Trufa Rallada

  • Gallineta en All i Pebre

  • Salteado de Alcachofa, Boletus, Acelgas y Tendón de Vaca con Jugo de Jamón

  • Ensaladilla con Muselina de Lima y Corte de Tataki de Atún

  • Filipino de Foie Ibérico

Cuenta con una carta no muy amplia pero más que suficiente, 12 tapas, cinco “ideas alborotadas” y media docena de postres. Además un menú diario, un menú de tapas y un menú degustación completan las propuestas de la carta.

Julio Verne ofrece una cocina de mercado de armonías y combinaciones diferentes que constituyen el toque propio del cocinero Juan Exojo.

Las propuestas vinícolas tampoco son muy extensas, algo más de 60 referencias, pero si variadas, escogidas con criterio y poco convencionales. Estoy convencido que el buen aficionado seguro podrá disfrutar tanto de la comida como de la compañía vinícola.

Destacable resultó el servicio en sala comandado por Cristina. Profesional, dispuesto, simpático y siempre atento a nuestros requerimientos.

Al tratarse de un grupo numeroso previamente concerté un menú basándome principalmente en su menú degustación y armonizándolo según mis propios gustos vinícolas. Éramos tantos que no les dejé decidir, pero creo que finalmente les gustaron mis elecciones, pues no escuché queja alguna. Jejeje…

La ventaja de ser 22 residió en que el restaurante fue exclusivo para nosotros, tuvieron la deferencia de no aceptar más mesas por lo que nos beneficiamos de un servicio totalmente volcado con nosotros.

Empezamos con una tablita de snacks: Aceitunas aliñadas, papas y pico de jamón. Excelente manera de romper el hielo, todavía más si además lo armonizas con esta tremenda manzanilla que es la Maruja Manzanilla pasada de Juan Piñero. Una manzanilla de una edad media de 20 años que apenas presenta unas semanas al año con flor y que ya tiene una graduación de 16% de volumen alcohólico. Pocos comienzos se me ocurren mejor.

Destacable resultó el servicio del pan y el buen AOVE para mojar.

Tres fueron los aperitivos a compartir:

Salmorejo emulsionado con AOVE y caballa ahumada. Un salmorejo sabroso y fino con una textura esponjosa, casi de mousse. Acompañado de la caballa ahumada que además de aportar proteínas le otorga el contrapunto salado y distinto a la compañía frecuente que constituye el jamón.

Cucharita de ajoarriero y caviar de arenque. Bien trabado y fino el ajoarriero y las huevas del arenque otorgándole sabor y el punto de sal.

Filipino de foie ibérico. Presentado en una planta. Chocolate blanco que recubre un sápido y delicado foie en forma de rosquilleta tal cual la famosa galleta que popularizó Artiach. Buena combinación que tal vez resultaría más de mi gusto un pelín menos dulce.

Estos tres aperitivos los acompañamos con CLos Lentiscus Sumoll Reserva de Familia. Un blanc de noirs espumoso del Penedés elaborado por el “método tradicional” pero sin estar amparado por la D.O. Cava. Original, ligeramente tintado, de buena intensidad aromática y gusto algo abocado y vinoso. Me agradó.

A partir de aquí pasamos a los Entrantes

Ensaladilla con muselina de lima y corte de tataki de atún. Una suave ensaladilla distinta gracias al punto cítrico de la lima y a que el atún no está integrado en la misma, sino que le acompaña en forma de atún fresco. Un punto fresco y crujiente gracias a dos ingredientes poco usuales, la cebolla encurtida y una rodaja de rábano. Me gustó esta otra ensaladilla, hay tantas y tantas versiones de este plato. Todavía seguimos con Clos Lentiscus Sumoll Rva. de Familia.

Salteado de alcachofa, boletus, acelgas y tendón con jugo de jamón. Buen equilibrio de proporciones, acertada combinación de texturas y armonía de sabores. Y para el colmo acompañado de mi tipo de vino preferido entre los generosos andaluces, en este caso del Amontillado en rama Cruz Vieja. Un amontillado desconocido para mí, de la bodega Faustino González al que ya le estoy siguiendo la pista. Un amontillado joven y elegante pero con sabor y persistencia.

Degustación de Segundos

Gallineta en all i pebre. El allí i pebre es un plato tradicional de La Albufera de Valencia (básicamente un sofrito de ajos y pimentón que espesan el guiso), pero en lugar de cocinarlo con anguila como suele ser usual, elaborado con gallineta que normalmente se prepara en “suquet”. Pescado de roca caracterizado por su gran número de espinas de las cuales aquí no hubo ni rastro. Un placer poder comer este tipo de pescados ya listos para ingerir. Acompaño al pescado el Albillo de García Viadero. Un blanco de vinos de la tierra de Castilla y León elegante, perfumado y sutil.

Carrillada de ternera glaseada con parmentier y trufa rallada. Combinación manida y recurrente pero que si está bien elaborada como fue el caso es una delicia, especialmente gracias al plus de la trufa. Armonizó la carrillada con el tinto valenciano Sentada sobre la bestia de los transgresores Filoxera y Cía. Un coupage de monastrell, tempranillo y garnacha tintorera que acompañó adecuadamente a esta melosa carne.

Manzana, avellana y jengibre confitado. Un postre fresco, nada empalagoso, muy adecuado para terminar una comida sin sensación de hartazgo. Me agradó, a pesar que yo siempre me acuerdo de mi “casi imprescindible” chocolate. Acompañó al postre el Moscatel de la Marina de Enrique Mendoza, también de un perfil fresco, auvado, flores blancas y notas amieladas. En boca no resulta nada empalagoso. Armonía por afinidad.

Julio Verne resulta una excelente recomendación, cocina contemporánea, reconocible, bien pensada, armonizada, equilibrada, bien presentada y bien servida.

Post completo ilustrado con fotos en: http://www.vinowine.es/restaurantes/julio-verne-restaurante.html

En un entorno muy bien decorado con maderas y tonos claros, moderno, con botellas de vino y cervezas vacías y colgadas de la pared, con cajas, preciosas espigas de trigo y algún que otro elemento en las paredes consigue un conjunto muy agradable.
Una posición elevada (tipo entresuelo) sobre la calle le hace ser más elegante que a ras de suelo, quedando muy luminoso sin ser visto por los peatones.
Mesas de madera como para 30 comensales, separación correcta, manteles y servilletas de papel, con cubiertos, platos y copas correctos y vasos retro.

Carta de comidas con opción de comer a la carta con unas 10-12 tapas, 5 ideas alborotadas (sic) que al nombre, quedan interesantes y postres.
Parece todo más enfocado a menús tanto entre semana (a muy buen precio) incluso en sábado teniendo ahora dos opciones. big 6 challenge IV & bodegas Sebiran con 6 tapas al centro y un postre dulce que incluye 2 copas de vinos maridados por 19.50€.
El otro menú, el arrocero, con 2 entrantes y un arroz o fideuá entre 3 opciones a elegir; más postre y sin vino llega a 22.50€. Con él me quedé.
No ví carta de vinos, ni se me ofreció.

Empezamos con la petición de bebida, incluso antes de ver la carta (no sé que hubiera pasado si elijo el menú maridado). De las opciones de copas ofertadas de forma verbal bastante fuera de los vinos habituales (muy de agradecer) me quedé en los blancos y con un albillo Garcia Viadero 2014 interesante y bien servido que recordaba del comentario de Javi.

Para comer:
Aperitivo: por cortesía de la casa:
. pan de gamba, con fuet y (creo recordar) guacamole, rodajita de rábano junto a un pequeño cuenco de aceitunas y algún pepinillo: muy buena presentación, incómodo de comer (el pan de gambas) incluso con la mano, pero interesante.
. tomate emulsionado con caballa: pequeño lomito de caballa sobre una buena emulsión

Entrantes:
. ensaladilla rusa: bien preparada y decorada con rodaja de rábano no picante (ya presente en otros platos anteriores). Más que correcta. De pronto noto a faltar el pan y me doy cuenta que no se ha forzado el tema y quedo expectante para ver la cuenta) pues en otras mesas veo pasar un pan loncheado de aspecto correcto. Para el buen aceite de Lágrima hubiera hecho falta.
. bravas ahumadas; unas patatas bravas básicas peor bien hechas con un punto picante bueno, presentadas de forma espectacular en un bote cerrado que al abrirlo deja salir una importante cantidad de humo. El ahumado se nota demasiado poco. Sorprende.

Principal: ya se había acabado la copa y en la sala se dan cuenta inmediatamente y me ofrecen seguir con el mismo, pero prefiero cambiar a un tinto y aquí sin ofrecer opciones me traen un Celeste Roble 2014, bien servido.
. arroz de magro y alcachofas: que se amplió con habitas (casi crudas) laminadas y puestas encima justo antes de servir. Amplia ración de arroz con mucho magro y muchas alcachofas (corazones), perfectas de tamaño y punto de cocción; el arroz meloso en su punto, muy buen fondo al que yo hubiera puesto un punto más de sal que hubiera potenciado aún más. Cada uno tenemos nuestro punto de sal en el arroz y qué difícil es hacerlo para todos. Aún así no pedí sal porque seguro que a otro le hubiera parecido correcto. Un arroz notable en todo caso.
Fué servido en cazuela individual para mantener calor (se enfrió demasiado rápido) sobre un salvamanteles curioso hecho con corchos de botellas de vino.

Postre:
. manzana, avellana y jengibre confitado: diferentes texturas y sabores que si no se complementan mucho, al menos no se oponen. La estética hay que replantearla.

Local a medio aforo con gente que parece habitual. Servicio amable, rápido y eficiente.
Un chupito ofrecido de mistela de origen desconocido aunque ligera, servido desde la cocina, completó la fiesta.
Buen local y con RCP entre semana muy alta por lo referenciado.

Decorado con gusto, no excesivamente grande. Lugar acogedor.
El trato del personal de sala excelente.
Mezcla de comida vanguardista con tradicional, más que satisfecho y con alguna sorpresa más que agradable.
Servicio del vino muy correcto.
En general muy recomendable.
(Gracias Jose).

Que chulo se ha quedado este espacio!
Música ambiente al volumen adecuado, sin interferir pero audible, personal atento y servicial pero sin empalagar ni ponerte la mano encima (no puedo con los camareros que después de tocar la comida o echar cervezas me ponen la mano en el hombro).

2 opciones, menú de tapas y menú mediodía. A parte una carta con unos poquitos platos.

El menú mediodía consta de 3 entrantes y un segundo a elegir entre 3 opciones: un arroz(hoy gambón y hortalizas), una carne (pollo al jerez JV) y un pescado ( Bacalao con bullabesa de cítricos)

Elegante presentación de los 3 entrantes sobre pizarra, como los 3 eran fríos no había problema al sacarlos a la vez
Vichisoise de remolacha con caballa marinada: Estaba buena, algo plana pero buena. Ahora la caballa no me ha aportado nada al plato. A parte de que me las he visto y deseado para deshacerme de unas espinas que se les habían escapado.

Tosta de escalibada y no sé que más: por mi alergia al pimiento me la han cambiado por una de espinacas salteadas con ajos y rape en salazón. Muy buena, me ha gustado mucho ese contraste espinacas salazón.

Humus con rabanitos y caviar de arenques: Muy plano, el humus no estaba apenas especiado, servido con dos mini tostas de 1 mm de espesor. Bonita presentación, pero no me ha molado en boca. Sin estar malo

Bacalao con bullabesa de cítricos El bacalao muy bien de punto, estaba sobre un lecho de espinacas (las mismas de la tosta del entrante) y una rodaja de patata con pimentón. La bullabesa servida en el momento de traer el plato a la mesa. Bien

Postre: Pudin inglés relleno de fresa en almíbar (decía la camarera, para mi que era ciruela). Fántastico, temperatura, sabor, la crema inglesa también muy buena y el crumble también. Ha sido una sorpresa agradable.
Infusión, una botella de agua y una copa de E. Mendoza Chardonay.
Todo 21.50€

El local está muy bien decorado y ambientado sólo dos peros las sillas no son las más cómodas (o al menos a mí no me lo han resultado) y no sé si las escogería para una velada larga. Y dos había unas corrientes de aire que hacían que uno no terminara de estar a gusto.
No sé los otros días, pero creo no haber contado más de 10 personas comiendo en todo el servicio. Espero que haya sido una excepción, porque es un local a seguir y apoyar

Después de darle caña a los fogones en algún que otro lugar de prestigio, Juan Exojo se embarca en su propio barco allá por el 2014. Le venía yo siguiendo la pista desde hace tiempo viendo las obras de arte que colgaba en las redes sociales. Sin conocerlo personalmente le iba cogiendo poco a poco más aprecio. Gente cercana me hablaba maravillas de su calidad humana y de su profesionalidad al mando de la cocina.

Currante, honesto y muy inquieto

Esas palabras me trasladaban y puedo dar fe que se quedaron cortos...

4 de Enero. Casi de manera improvisada decidimos hacerle una visita. Llegamos con tiempo, odio llegar justo a los sitios. Llegar pronto te permite dar un garbeo por la inmediaciones y descubrir lugares interesantes y así fue, una de las mejores bodegas de la cuidad en donde tomamos un par de vinos, pero no es el momento de profundizar en ello, aquí la estrella es donde vamos a comer, he aquí Julio Verne.

Eran las 14 h. La jefa de sala y pareja de Juan nos acompaña a la mesa. El restaurante está rebosante de creatividad y decorado con gusto exquisito. El lugar es funcional, la distancia entre mesas correcta y los elementos de sobremesa acorde al resto de entorno. Muy buena cristalería. Mesa vestida con un papel donde con unas breves palabras se transmite el concepto del restaurante.

Varias alternativas para comer. Nos decidimos por el menú diario. La composición del mismo es de 3 entradas, un plato principal a elegir entre varias opciones y un postre. Por norma general siempre que visito un lugar por primera vez esa es mi opción si la hay, dejando para una segunda visita el menú más largo. El menú diario da una idea de como funciona la cocina.

El menú lo cambian diariamente, siempre intentando buscar el máximo equilibrio. Juan aplica técnicas sencillas al producto de temporada con el que trabaja. El tipo de cocina está basada en raíces manchegas, mediterráneos y matices salvadoreños. Se busca constantemente el juego de sabores y texturas para hacer divertida la comida y engrandecer lo más posible algo tan suyo como son los guisos, como por ejemplo el guiso que disfrutaríamos de lo lindo en esta comida

La carta de vinos sin ser muy extensa no está mal definida. Mejorable si, pero sinceramente no está mal. Nos decidimos por un albillo de Ribera del Duero muy frutal, equilibrado y con buena acidez, un vino perfecto para acompañar los platos que reflejo unas líneas más abajo.

Antes de entrar en materia unas aceitunas y una manzanilla para ir poniéndonos en marcha.

En la mesa depositan un pan de hogaza de La Tahona del Abuelo recién cortado y un aceite de la Cooperativa de Viver, en concreto el Lágrima de la variedad Serrana ubicada en el Alto Palancia. El pan es tierno, de rica y esponjosa miga y crujiente corteza. El AOVE armonizaba perfectamente con el pan.

Entrantes:

- Airbag de espinacas, prosciutto y parmesano

Servido en vajilla de pizarra. Un par de bocados para dar cuenta de esta refrescante entrada. Buena combinación.

- Guiso de garbanzos, miso, y caballa ahumada

Cazuelitas de barro servidas en vajilla de pizarra. Solo por este plato bien vale una visita. Conexión perfecta entre todos los ingredientes. Caldo potente y lleno de sabor.

- Ajoarriero con escamas de rábano picante y matices de aguacate

Servido en plato de mármol o granito, no sabría concretar. Frescura para combatir la potencia del plato anterior. El rábano y la cebolla morada se complementan perfectamente con ese sabroso y bien trabajado ajoarriero.

Principal:

- Arroz seco de gambón y salmonete con ajetes tiernos

Servido y presentado en paella sobre un soporte hecho de corchos atados con brida. Arroz jugoso y sabroso, untuoso pero de grano suelto. Buena cocción del salmonete y del gambón. El aporte de calabaza y cebollino le aporta un plus extra de frescura. Fondo socarrat como manda la tradición.

Postre:

- Ensalada de fruta de temporada

- Nuestra versión de tarta tatin en texturas

Una forma dulce para finalizar el ágape...

Vino:

- Garcia Viadero Albillo 2014

- Foto general

Marcamos nosotros los tiempos del servicio avisando previamente. En sala el personal se mostró diligente y atento en todo momento, siempre con una sonrisa en los labios. El local se fue llenando hasta completar el aforo.

A punto de concluir la comida, ya en plena fase cafetera se nos presenta un tipo en la mesa el cual nos dije: "Hola Javi, hola Mara". Menuda sorpresa, era Juan Exojo. Tanto Cristina como él nos habían reconocido. Eso dice mucho de la calidad humana que hay allí. Cambiamos impresiones con ambos de forma breve, comprometiéndonos que volveríamos pronto, algo que si la salud lo permite vamos a cumplir...

Lugar recomendable donde te van a tratar como en casa.

* Precio con vino

  • Pic

  • Arroz seco de gambón y salmonete con ajetes tiernos

  • Ajoarriero con escamas de rábano picante y matices de aguacate

  • Guiso de garbanzos, miso, y caballa ahumada

  • Airbag de espinacas, prosciutto y parmesano

  • Garcia Viadero Albillo 2014

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