Restaurante Dantxari

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Datos de Dantxari
Precio Medio:
46 €
Valoración Media:
6.5 10
Servicio del vino:
6.3 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
5.8 10
Calidad-precio:
6.5 10
Fotos:
0
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Moncloa - Aravaca
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Vasca
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 36,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


20 Opiniones de Dantxari

No falla,un Restaurante de toda la vida.Comimos como dioses.La carta de vinos correcta con preciso ajustados.Bebimos un Rioja Alta Gran Rva 904 del 207,muy bueno.La comida excelenet.En mi caso Menestra de verduras y tortilla de bacalao.Volveremos.

Desde sus inicios soy un cliente “fijo discontinuo”...

antes de jubilarse Eduardo, disfrutábamos de su sonrisa y “saber hacer”...

actualmente, los dos hermanos lo llevan magníficamente... 

han remodelado en estos años, sin perder su gran ambiente..

la relación calidad precio, quizás sea la mejor de madrid.

platos sublimes, y cariño y señorío en el trato...

cada vez que quiero comer bien... ahí me encamino.

una delicia...

y una apuesta segura

Si siempre es un placer visitar este lugar, - muy conocido en la capital por ofrecer una cocina vasco-navarra, sincera, muy de verdad, basada en un buen producto y en preparaciones ejecutadas en base a las recetas originales, sin florituras, sin esperpentos, sin "formulas mágicas", recetas conocidas por todos y que gustan a todo el mundo -, ademas ahora, ese placer aumenta, dado que, por una parte, este año celebran su veinte aniversario y por otra, Jesus Medina ha recibido el reconocimiento como mejor maître en la XIV edición de los Premios gastronómicos de Metrópoli .

Es todo un éxito mantener un negocio de restauración abierto después de 20 años de actividad. Y sobre todo, manteniendo una clientela fiel que acude a la llamada de su buena cocina. Una cocina que engancha a un espectro de publico de lo mas variopinto, desde aquel que solo quiere consumir este cocina, mas tradicional, mas previsible, hasta aquel otro que necesita esta cocina como retorno al origen, como si dijéramos: "cargar las pilas" para poder proseguir probando otras cocinas tan diferentes y que tan en boga actualmente.

Es una alegría, para aquellos que conocemos a Jesus Medina desde hace tantos años, ver reconocida su valía. Su bien hacer en la sala, sus palabras medidas y ajustadas a lo que cada cliente busca y necesita en sus visitas, su cordialidad, su cercanía. Para los que hemos tenido - y seguiremos teniendo-, la oportunidad de presenciar su trabajo, sin duda es un reconocimiento muy merecido.

Agradable local, mas bullicioso en su planta de calle, que recuerda el aspecto de taberna vasca, y mas reposado en su planta superior, donde una reforma, llevada a cabo no hace muchos años, le ha dado una imagen mas moderna, mas de restaurante.

Cartas, tanto comida como bebida, acordes con la filosofía del lugar, clásicas pero no por ello, menos apetecibles.

Del aspecto bebida y como es típico en nuestras visitas, un Lan crianza, nos parece que esta referencia marida muy bien con la cocina de este lugar.

- Como es tradicional, el aperitivo con el que eres recibido son sus choricitos, chistorritas o como se les quiera llamar. Suculentas, con el nivel de grasa justa, sin duda son un buen preámbulo.

- Alcachofas, cardos y borraja. Buen nivel de verdura, con su jamon y apenas ligadas con un poquito de harina.

- Espárragos blancos, recién llegados, tiernos, sabrosos, jugosos, con una muy suave salsa muselina que invita a mojar pan.

- Colmenillas rellenas de foie con salsa al Oporto. Uno de los platos mas apreciados por los habituales del lugar. Poco que añadir. Cuando una preparación se mantiene en carta,- siempre que sea temporada -, año tras año, es por algún motivo. Se hace necesario pedir mas pan, no hay que dejar ni una gota de salsa.

- Bacalao al pil pil. Tienen varios platos basados en el bacalao, pero por éste en concreto, ocupan un buen lugar en las listas que periódicamente se elaboran acerca de los lugares donde mejor se prepara. Gusta hasta a los no amantes del bacalao.

- Solomillo "Dantxari". Diferente, original, realizado al vapor, con un poco de aove y pimienta, y acompañado de una verduras también al vapor. Es una preparación que durante mucho tiempo me suscitaba recelo - por su elaboración-, pero una vez decidido a probarla, me ha convencido, es una forma de tomar la carne con un sabor mas suave y natural.

- En el capitulo postre, hoy no hemos recurrido a su afamada Tarta de manzana, hoy nos hemos decantado por probar su Torrija en versión tradicional - ofrecen otra versión, caramelizada, que probaremos en otras visitas-, es jugosa, con un sabor efectivamente muy casero y viene acompañada de un suave helado de miel, que forma un postre con bastante armonía.

Cafés con hielo, la clásica teja de almendra a modo de petit four y unos chupitos de pacharan, obsequio de la casa, suponen el final de esta nueva visita, que suponen una nueva experiencia de disfrute.

Reseña completa y fotos en https://comercongusto.es/dantxari/

De nuevo en este clásico madrileño después de varios años. Pocos cambios excepto algún lavado de cara, que han cambiado los manteles de cuadros y la sorprendente presencia de muchos turistas extranjeros.

Servicio escaso y lento. De los peores servicios que hemos tenido en los últimos años. Demasiado tiempo en servir los primeros entrantes y más aún los segundos. Un camarero joven voluntarioso con demasiadas mesas no es suficiente. El maitre se limitó a tomar nota y no volvimos a verlo más.

La carta de corte tradicional vasco-navarra no ha cambiado con el tiempo, aunque hay siempre propuestas fuera de carta.

Cestita con pan aceptable.

Cena para 6 personas:

- Chorizo de olla: Buen chorizo como detalle de la casa. Bien de sabor y tierno.

Entrantes a compartir:

- Ensalada de queso de cabra, confitura de tomate y cebolla: Lo de siempre.
- Pudin de cabracho: Buen sabor aunque con una textura algo granulosa. Aceptable.
- Anchoas a la bilbaína: Lo mejor de la cena. Una docena de anchoas frescas, sin espinas y abiertas. Buen rebozado y buena fritura.
- Manitas de cerdo deshuesadas: Uno de sus guisos tradicionales. Melosas y con la salsa ligadita. Bien.
Segundos:
- Bacalao al pilpil: Decepcionante pieza de bacalao. Seco y con textura de “chicle”, impropia de un restaurante que presume de prepararlo al más alto nivel. El pilpil me resultó demasiado pesado (¿exceso de harina?). Me hubiera encantado decirle algo al maitre, pero es que salvo el joven camarero, no vimos a nadie más una vez empezada la cena.
- Bacalao estilo “club ranero”: Lo que pidió mi mujer y coincidimos en la pésima calidad del bacalao.
- Rape a la bilbaína: Un rapito bien hecho. Gustó.
- 2 x Lasaña fría rellena de changurro: Los que pidieron este plato parecieron tener más suerte que el resto.
- Lomo de merluza al horno con salsa de carabinero: Bien pero no para echar cohetes.
Postre:
- Leche frita con salsa de naranja: Aceptable leche frita, aunque no le veo mucho la gracia a enfrentarla con la acidez de la naranja.
- Sorbete de frambuesa: Aceptable.
- Coronel de limón: Clásico sorbete de limón y vodka aceptable.
- Brevas con Gatzatua: Me decidí por este postre fuera de carta. Realmente eran rodajas de higos verdes y frescos sobre una crema de cuajada de leche de oveja. Bien pero sin más historia.
- Helado: No recuerdo de qué y ni si gustó.
- Profiteroles: Aceptable.

Invitaron a chupitos de pacharán. Se ha perdido la buena costumbre de la teja en la sobremesa.
La carta de vinos sigue sin tener ningún interés, con demasiadas referencias sin interés y demasiado enfocada a riojas y riberas. Precios alrededor de x 2. Nos decidimos por un par de botellas de un buen Ribera del Duero: Comenge Crianza 2013 (27€), servidos a temperatura correcta y en copas aceptables. Aunque dicen que tienen sumiller, no se presentó.

Cuenta final: 306.10€ (incluido IVA, servicio de pan a 2.30€ por persona, las dos botellas de vino, dos botella de agua de 1 litro a 2.55€ , dos refrescos y cuatro cañas)
Nota 1: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría un entrante, un segundo y postre, sin bebidas.
Nota 2: Sinceramente, no me van a ver más el pelo en este restaurante. ¿De los mejores vascos de Madrid? Ni de broma.

Siempre es importante, al menos desde mi filosofía particular, reservar como ultima visita de un año que termina, un lugar un tanto especial, bien sea por cocina, por trato, por sintonía personal con las propuestas, ....

Varias alternativas se barajan: cocina fusión, cocina mas clásica, ..., finalmente nos decantamos por ir a lo seguro, sin arriesgar lo mas mínimo, por una cocina de toda la vida, de la que se pega al riñón, que dirían los clásicos, y entre estas, un restaurante vasco con larga presencia en la capital, que ofrece unas propuestas clásicas, muy bien elaboradas, ademas de una sala profesional que derrocha simpatía y buen hacer.

Comenzamos con un clásico de la casa, sus choricillos, altamente adictivos.

- Menestra de cardos y alcachofas (fuera de carta). Receta de toda la vida. Retorno a los sabores de la infancia. Excelente producto.

- Guiso de patatas con niscalos (fuera de carta). Clásico plato de la cocina tradicional que solo se puede encontrar en ciertos lugares y momentos. Platazo.

- Bacalao pil-pil. Razón tienen aquellos que hablan del pil-pil de este lugar, como de los mejores de la capital. Soberbio, lastima que hoy el bacalao no fuera un buen acompañante, demasiado hecho.

- Rape a la bilbaína. Receta clásica entre las clásicas, perfecto de punto y de sabor.

- Solomillo al estilo Dantxari. Solomillo al vapor, con un chorrito de AOVE por encima y acompañado de unas verduritas. Original tratamiento de un solomillo, que no le perjudica en nada.

- Tarta fina de manzana con su helado. Postre estrella de la casa, demandado por casi toda la clientela. Como siempre, en plena forma.

Siguiendo con la tónica de clasicismo, un Lan crianza 2011, cafés con hielo, teja de almendra y copas de cava para brindar por el próximo año, ponen fin a esta ultima visita del año

Tremenda la experiencia disfrutada en este primer domingo de Septiembre.

Retorno a una cocina clasica, de toda la vida, con una seleccion de platos, ampliamente conocidos pero, a los que hay que volver de cuando en cuando, para que tu estomago y tu archivo de sabores no olviden esos platos que forman parte de los pilares de nuestra cocina.

Aqui no se viene en busca de platos atrevidos u originales, aquí se viene a disfrutar de una cocina vasco navarra, clásica, de toda la vida, muy bien cocinada, con raciones generosas, con ligeros guiños de modernidad.

Sala que pretende y consigue, hacer muy agradable tu estancia.

Con un Sierra de Cantabria, DO Rioja y los famosos choricitos, - que ricos -, comenzamos la ingesta.

- Ensalada de lomos de sardina, desespinados, aritos de cebolla, puntos de tomate natural concentrado sobre una crema suave de aguacate. Según me cuentan, muy bueno.

- Pochas a la navarra, con sus verduritas y sus piparras. Plato de toda la vida, para ir entonando el cuerpo. Puro vegetal. Quiero mas.

- Bonito con tomate frito natural. Lastima no haber hecho foto del recipiente al final de la ingesta, esa imagen hubiera representado mejor que lo que pueda escribir mi opinión del plato. Limpio y reluciente, y es que el ser bonitero y tomatero, y al estar muy bien hecho trae esas consecuencias.

- Bacalao al pilpil. Plato muy reconocido de este lugar, y que nunca habíamos pedido. Al finalizar me han dicho: "a este plato hay que valorarlo de 10". Dicho queda.

- Tarta fina de manzana (postre clásico de la casa), acompañado de un helado de pan integral. A la tradicional suavidad de la tarta se une el sabor de este helado que no conocíamos, suave y ligero sabor a pan.

Con nuestros cafés con hielo, la adictiva teja de almendra y unos chupitos de pacharan, ponemos fin a esta nueva visita al que, para mi, es uno de los mejores restaurantes vascos de la capital.

Como resumen, volveremos.

Existe una ley no escrita que dice que cuando las cosas surgen de una manera espontánea, rara vez suelen fallar. Y ésto es lo que pasó un frío y lluvioso lunes. Cuatro personas sin haberlo previsto acabamos comiendo de una manera cuasi express en éste lugar y por lo poco que pude comprobar, merece que le sea prestado un poco más de detenimiento en futuras ocasiones.

Los lunes, no suelen ser días propicios para comer fuera de casa. De hecho, es el día de la semana que muchos establecimientos eligen para cerrar por motivos de descanso. Al ir con una persona conocida de la casa, nos dejaron llevar unos vinos (cosa que agradecimos un montón) que nos habían sobrado de una cata previa por lo que no puedo opinar en el apartado vinícola.

El interior del local muestra una ambiente cálido, de los que te predisponen a pasar un buen rato, servicio, académico , clásico. Mesas de buen equipamiento en la línea del clasicismo ya mencionado . Se ve la profesionalidad de todo el personal a la legua. Copas , vajilla, cubiertos y servilletas de calidad. Al tener todos prisa para volver a nuestros quehaceres, pedimos rápido y así se nos atendió.

A modo de entrantes y emplatados individualmente lo ordenado fue lo siguiente:

Colmenillas rellenas de foie: Excelentes, con una salsa de vino dulce que se complementaban a las mil maravillas con la potencia de los sabores terrosos de la seta. Para comerse un kilo.

Anchoas bilbaína: Quizá el plato más flojo de los entrantes. Muy bien hechas pero la frescura del boquerón estaba un paso más atrás que su preparación. Esos lunes…

Croquetas de bacalao: Buenas, pero sin más. No memorables.

Después, para los cuatro, nos tiramos de cabeza a por las alubias de Tolosa: impresionantes, trabaditas, achocolatadas, finas , mantecosas… solo la falta de tiempo impidió que pidiéramos otra cacerola para habernos quedado allí toda la tarde. Si bien es verdad que no andaban sobradas de tropezones, tampoco los echamos en falta.

Para finalizar volvimos a coincidir en el postre que consistió en torrija sobre una fina crema con helado de miel: y uno que no es postrero y menos dulcero disfruté como un niño. Cerramos con un café y nos pusimos en marcha. Una vez fuera, en la calle, pensé en las veces que he pasado por la puerta y en los prejuicios que tenía sobre este establecimiento clásico y decoración demodé. Y en como una situación fortuita puede derribar esos prejuicios tan absurdos que en muchos casos tenemos, pero eso ya es otra historia.

Con bastante frecuencia, nos olvidamos de los restaurantes clásicos ó de aquellos que llevan una gran cantidad de años abierto. En el caso de Dantxari son más de 17 desde su inauguración. Viene bien dar un paso atrás de todas las continuas inauguraciones de Madrid y analizar por qué algunos restaurantes perduran.

La razón de nuestra visita probar la mejor versión capitalina de un plato tradicional y clásico como el bacalao al pilpil. Lo cual nos sirvió para descubrir esa cocina vasco-navarra, convertida en clásica que no pasa de moda. Cocina que está fuera de preferencias y modas. Sin necesidad de encartar hamburguesas de pseudokobe, ceviches, tatakis, y otros platos impersonales. Las columnas maestras del restaurante siguen siendo: croquetas, pimientos, bacalao, solomillo, tarta de manzana.

Comenzamos con croquetas de bacalao. Más que correctas, sabiendo a lo que deben. Echando en falta un punto mayor de fluidez, algo más en el límite.

En los pimientos rellenos de centollo, se comienzan a saborear las hechuras del guisandero Angel García. Salsa bien trabada y gusto puro. Generosidad en el picado. Sin estridencias innecesarias.

El objetivo claro es el pilpil. Doble dosis a través de las cocochas y el bacalao. El ligado manual y la intensidad de esta salsa son de sobresaliente. Directamente a cucharadas. Por platos como éste, se consolidan restaurantes y también los paladares no se olvidan de otros tiempos que perviven. Sin duda, uno de los mejores sitios de Madrid donde disfrutar de este plato centenario originado por los excesos de Guturbay y que fue llevado a los altares por Jenaro Pildain.

Acabaríamos con un ligero toque carnívoro vía unas mollejas salteadas con boletus y un fondo de carne como hilo conductor. Sin contemplaciones. Sobran las palabras para describir un placer directo.

En el apartado dulce, recomiendan la tarta fina de manzana realizada al momento. Más clasicismo al canto perfectamente interpretado. La repostería muy por encima de un mejorable helado. Notable.

Salimos de esta fiebre gastronómica que últimamente acelera los acontecimientos para ralentizar el tiempo disfrutando de esta cocina clásica que sigue totalmente en boga en cuanto a su sabor. Me cuestiono si durarán todos esos platos que importamos igual que perdura un guiso como un bacalao al pilpil ó unos pimientos rellenos.

Parece indudable que el concepto de restaurante está cambiando hacia modelos de mayor informalidad. Aunque personalmente albergo dudas sobre si ese concepto encaja en todo tipo de clientes. Lo que tengo claro, es que de vez en cuando perdemos el norte gastronómico y debemos volver a encontrarnos con las raíces a través de los platos. En el debe nos queda Guria (Bilbao) donde se mantiene el espíritu de Jenaro Pildain para saborear ese pilpil de matrícula de honor.

Dantxari: Algunos clásicos nunca mueren

Imprescindible ver las fotos de ese pilpil.

http://www.complicidadgastronomica.es/?p=4566

Restaurante habitual para comidas de negocio e incluso de grupos de empresas, por la cantidad de oficinas en la zona (Plaza España). Entre semana el local está prácticamente lleno.

La decoración es tradicional con gusto, y el servicio de sala es atento y respetuoso, la sensación final es positiva sino fuera por un exceso de abono en el precio final, pero si se tiene en cuenta el éxito del local, para que cambiar nada.

Las croquetas son buenas y los platos elaborados son correctos, como plato principal el chuletón igualmente correcto.

La atención del servicio de vino es muy bueno, la arriesgada elección del sumiller: FABIO 2007 de bodegas de Val Azul (Madrid) fue un acierto, muy recomendable. Los precios de la carta de vino también son muy altos.

Entre semana hay menú diario, no recuerdo el precio.

Restaurante perfecto para invitaciones profesionales.

Es la cuarta vez que vamos a este restaurante y este año lo elegimos para la cena navideña de grupo.
Restaurante de cocina vasca tradicional, basada en el producto (?) y decoración tipo caserío, con sus manteles a cuadros rojos. Mesas demasiado juntas, que propician un ambiente muy ruidoso. Afortunadamente estábamos en la planta baja para no fumadores. En la planta superior, disponen de algún comedor privado para grupos.
Servicio atento y bastante eficiente, a pesar de estar el local, como siempre, abarrotado. En el servicio te incluyen un chorizo de olla bastante bueno y en la sobremesa unas correctas tejas y un chupito de patxarán o similar.

Cena para 8 personas:

Para compartir al centro:
- 8 croquetas de bacalao: Bien pero sin echar cohetes (a 2€ la ud). Crujientitas aunque la masa no me terminó de convencer.
- 1 ración de anchoas a la bilbaína: Solo pasables. Me resultaron muy tristes comparadas con otras ocasiones.
- 1 ración de habitas con jamón: No las probé.
- 1 pudin de cabracho: Solo correcto.
- 2 de ensalada de queso de cabra con confitura de tomate y cebolla: Llegó frío a la mesa el rulo de cabra.

De segundos:
- 4 de solomillo Dantxari: Uno de los platos estrella. Se elabora al vapor y se presenta con un chorrito de aceite y un poco de pimienta. Tierno, eso sí, pero un poco anodino esta vez. Se acompaña de unas estupendas verduritas al vapor.
- 1 de bacalao ajoarriero: Fue lo que elegió mi mujer y me comentó regularcillo.
- 2 de merluza al horno con salsa de carabineros
- 1 chicharro limpio y al horno

Postres:
- 1 mouse de cuajada con higos confitados: Carente de sabor y un triste higo. Tampoco la cremosidad era su mejor virtud.
- 4 de helados variados

En cuanto al vino, carta aceptable ya no tanto por la cantidad sino porque aparecen bastantes vinos modernitos compensando a los clásicos. Aunque daba demasiado peso para los Riberas y Riojas, se incluía alguno simbólico para casi todas las DOs. Más triste en blancos. Precios no abusivos pero rozando el x2. Elejimos dos botellas de Arrayán Selección 2006 (18e + IVA) servido a temperatura correcta pero en copas de batalla. Pedimos otras y no tenían más. No están atentos a rellenar.

Precio total: 386.75€ (incluido IVA, pan y servicio a 1.95€, 4 cervezas, 5 refrescos, 3 de agua de 1 litro y 5 cafés.

Nota: Tenía mejores recuerdos de este restaurante; con mejores materias primas, por ejemplo. Eso si, siempre de bote en bote.

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