Restaurante Casamar en Llafranc
  

Restaurante Casamar

23
Datos de Casamar
Precio Medio:
65 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
7.6 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
8.7 10
Calidad-precio:
7.2 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 45,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante Casamar Casamar Casamar en Llafranc Restaurante en Llafranc Restaurante Casamar Casamar Casamar en Llafranc Restaurante en Llafranc Arroz con sepionas, setas y jamón Restaurante Casamar Gran Claustro 2005 Casamar Gnocci de calabaza Casamar en Llafranc Pintia Restaurante en Llafranc Canelón de puerro con gambas Restaurante Casamar Tartar de atún Casamar Casamar en Llafranc Restaurante en Llafranc

23 Opiniones de Casamar

Segunda visita al restaurante estrellado de este hotel de costa, pilotado por el chef Quim Casellas. Esta vez quisimos probar el menú degustación de otoño (69€ + bebida) no sin albergar alguna que otra duda inicial tras leer los últimos comentarios en algunas webs. Por suerte, nuestras dudas pronto quedaron disipadas.

Nos recibió como siempre María, en calidad de jefa de sala y nos acomoda en nuestra mesa. Y tras elegir el vino aparecen pronto los primeros aperitivos para ir haciendo boca. Pipas garrapiñadas, bastoncitos de semillas, tomate cherry relleno de bloody Mary y polvorón de nueces. Varios tipos de pan a elegir, a cual más rico.

El primer entrante, una ligera ensalada con unas sabrosísimas gambas de palamos, apenas marcadas a la plancha y perlas de campari. Refrescante, un buen comienzo. Acto seguido, el segundo entrante es uno de los platos para mi más acertados del menú, Gnocci de calabaza con una espesa salsa de setas, sabor a tope, riquísimo. El último entrante (que pedimos que nos cambiaran respecto al que ofrece eñ menú) fue un arroz con sepionas, jabugo, setas y teja de parmesano, un plato muy otoñal, con un punto perfecto del arroz, y plen también de sabor.

La segunda sección del menú comenzó con un rodaballo con salsa verde y judías de ganxet, de nuevo el pescado fresquísimo y al punto exacto de cocción, sin ese aspecto semi-crudo que últimamente prolifera en algunos sitios y que creo no es del agrado de todo el mundo... A mi personalmente me entusiasma el sushi, pero cuando pido un pescado cocinado, lo quiero al punto, no medio crudo. Seguimos con un timbal de Carn d'olla que reunía de forma compactada todos los sabores de este cocido típico (carne de cerdo, butifarra negra, cordero, col e incluso la pasta de la sopa) y que nos transportó a los banquetes en familia que se celebran por Navidad en Catalunya. El último pase salado, un Royal de Cerdo con uva al vino y cebolla encurtida, carne tierna, melosa, cocinada con higado y una salsa oscura y espesa, de esas que te impregnan la boca de sabor durante varios minutos.

La sección de postres comenzó con un helado de naranja, con boniato, zumo de naranja y perlas de naranja sanguina, otoñal y digestivo, para desengrasar la boca tras los dos últimos platos salados. A continuación y para terminar, un postre que no acabé de entender a pesar de tener buen sabor y un acentuado toque dulce, una especie de gominolas y espumas dulces con una tierra de chocolate blanco, quizás lo más flojo de toda la comida. Cafés y panellets de todos los santos a modo de petit fours.

Para beber y tras breve consejo de Alex, el sumiller, una botella de Perelada Gran Claustro 2005 (42€), un vino perfectamente madurado, con una fuerte presencia de fruta negra, compotas y unos toques de crianza perfectamente ensamblados. Un vino serio, rico rico rico servido en unas majestuosas copas Riedel Restaurant, a temperatura inicialmente con un exceso de frío pero que enseguida se equilibró. El servicio, atento en todo momento al rellenado.

En general, todo el servicio funcionó a la perfección, cercano, amable, eficaz y con un timing perfecto entre platos. Finalizamos con gintonics en la terraza y charlando animadamente con Quim Casellas salió a saludar. Personalmente salimos muy satisfechos y con ganas de repetir en próximas ocasiones.

Antes de escribir mi crítica, me he molestado en leer el resto de las que hay aquí.

Aclarar, por si alguien puede pensar "este no tiene ni idea de lo que es un restaurante estrellado" que he estado en El Bulli (2 veces), El Celler de Can Roca (2 veces), Diverxo (2 veces), Santceloni (2 veces), Can Jubany (media docena de veces) y también en Sant Pau, El racó de Can Fabes, Arzak, Berasategui, Andra Mari, La terraza del Casino y otros, incluso en el extranjero, en diversos paises, reconocidos por la guía roja.
También, lógicamente, docenas de restaurantes de cierto nivel, sin estrella.

Esta aclaración la hago porque ayer, es la primera vez que hicimos la típica broma en un restaurante de este tipo de : "ahora nos comemos un bocadillo al salir"(los cuatro comensales).

Elegimos el menú de 62,50 euros pensando que, ya que habíamos ido expresamente a Llafranc a comer, valdría la pena. Había otro, creo que a 41,90, más corto, con arroz. La maitre que nos atendió nos sugirió el de 62,50, tras intercambiar opiniones (donde le quedó claro que conocíamos este tipo de restaurantes) y confirmar que ese menú era "como el de Can Jubany más o menos". (lo siento, pero no).

Vaya por delante, que los platos estaban bien. Algunos destacables, otros no tanto, pero no "comimos mal". Lo que ocurre es que, cuando la ínfima cantidad se hace protagonista, cuesta disfrutar del ágape.
En cuanto al pescado, y cómo he leído aquí y en otros foros, parece que no es casualidad: nos pusieron merluza en lugar del que tenían en el menú degustación. Rica, pero no es lo que venía en el menú. Yendo a comer a las 14,30 horas, no parece lógico.

A favor del restaurante, el entorno y la comodidad (mesas separadas, buena iluminación natural,buenas copas, platos y cubiertos). También destacable la carta de vinos por variedad, presentación (con añada en cada caso) y precios MUY ajustados. De hecho, es el punto que me hace no suspenderles, ya que el sommelier nos explicó que cargaban muy poco por botella (en los más caros, unos 10 euros), lo que nos permitió disfrutar de un Pintia por 40 euros y, previamente, de un excelente Godelia blanco del Bierzo por 19 euros

En resumen, adjunto las fotos de los platos. Lástima que hice la del tartare de atún un poco lejos porque, con perspectiva, se hubiera visto que ocupaba el centro del inmenso plato.

No sé si volvería a Casamar. Pagando yo, seguramente no.

Antes, hay otros "estrellados" (o no) por probar.

Restaurante con estrella michelín situado en el hotel del mismo nombre (2*). Local no demasiado grande, pero decorado con mucho gusto, sobrio y con combinación de colores claros y marrones. Buena separación de mesas, mantelería, vajilla y cristalería de buen nivel. Cocina moderna pero sin estridencias, y con un ojo siempre puesto en la tradición. Como suele ser habitual en estos restaurantes se ofrece carta y un par de menús, uno de ellos degustación (a 61€ + bebidas) y otro de tipo tapas + arroz por 40€. Además, de manera exclusiva para los huéspedes del hotel hay un menu de 22'50€ + bebida que fue el que finalmente escogimos. Esta fue su composición:

- Aperitivos: avellanas en tempura, galleta de parmesano y rosa, palitos de pan con semillas y cucharilla con crema de oliva, caviar de aceite y sardinilla. Todos muy buenos, sobresaliendo este último.
- Primeros: tartaleta de queso de cabra. Por el nombre esperábamos otra cosa, acabó siendo una ensalada muy fresca, con queso, manzana y nueces, bastante buena. Won-ton de pescado y marisco, con soja y reducción de la misma (parecida a la salsa que se sirve con el pato laqueado), fantásticos.
- Segundos: cazuela de arroz de marisco. Un plato absolutamente tradicional, sabroso y con el arroz al punto. Muy bueno.
- Postres: magdalena de chocolate y helado de turrón, muy ricos.
- Café y petifours.

Para beber, dos cervcezas de aperitivo y para acompañar la comida, Perelada Finca La Garriga 2010 de la DO Empordà, un monovarietal Samsó de la zona, todo un vinazo, servido a temperatura óptima en copas Riedel a 25€ (precio X 1'5). El servicio suele estar atento al rellenado de copas aunque con el comedor lleno poco a poco se fueron espaciando los rellenados y acabamos sirviéndonos nosotros, por suerte la botella estaba en un mueble auxiliar al que alcanzaba estirando el brazo.... Acabamos la comida con 2 Gintònics en la espectacular terraza con vistas elevadas sobre la playa de llafranc. El precio final para dos fue de 95€. Una buena RCP y un lugar al que volver, para probar el completo menú degustación.

Después de tres días de descanso en la zona de Pals, reservamos para nuestro último día de estancia en el restaurante Casamar, como no, después de las buenas críticas del foro (gracias a las anteriores opiniones por ayudarme en la decisión).
El restaurante se encuentra en una posición privilegiada de la localidad de Llafranc, en alto con vistas a la playa de la misma. Por cierto, para los que les gusta el senderismo, existe el camino de Ronda que une varias de estas poblaciones de la costa brava y es un delicia para la vista pasear por él.
Volviendo a lo que nos atañe, las mesas están dispuestas en la terraza dado que estamos ya en época de verano y apetece. Mantelería, cubertería y copas Riedel de excelente presentación. Las sillas muy cómodas. La carta no es demasiado extensa aunque la verdad es que ya teníamos medio decidido tomar el menú degustación, por lo que no reparé demasiado en ella.
En el caso de la carta de vinos, muy extensa y tampoco tenía intención de estudiármela de cabo a rabo, así que nos decantamos por los cavas y dejamos que el sumiller nos aconsejara. En este caso, nos recomendó un Recadero Subtil reserva con el que es difícil fallar. Está riquísimo.
Y vamos con los platos. Primero trajeron unos aperitivos de la casa, que consistían en unos minifuets con una ramita de tomillo (si no recuerdo mal), avellanas rebozadas, chips de verduras (creo) y prensado de patata con queso y salmón. Correctos todos, el minifuet toda una curiosidad porque nunca los había visto.

El menú. El primer entrante era "bull" blanco (butifarra catalana cuya traducción al castellano desconozco, si es que la tiene) con foie y queso azul con buena presentación y rico. Nos pareció una buena combinación.

El segundo, un salteado de alcachofas con sepionas con emulsión de ajo y perejil, acompañado de huevo de codorniz. Nos encantó. La textura de las alcachofas era totalmente melosa, sepionas tiernas, toda una delicia de plato. Lástima que fuera un entrante.

El tercero fué un canelón tibio de puerro con cigalas al parmesano. Otro que nos dejó enamorados. De nuevo texturas muy suaves con contrastes de sabor muy buenos.

Después empezamos con los platos principales, un pescado y una carne.

El pescado consistió en una merluza al papillote con berberechos y aromatizada con lima que también nos gustó de forma notable.

En el caso de la carne, fueron unas carrilleras de vaca guisada a fuego lento con cebollitas a la ratafía presentan la pieza a la mesa antes de emplatar. Curiosamente el plato de mayor elaboración y trabajo y que para nuestro gusto quedó un poco por detrás de los anteriores en cuanto a sabores. Aunque también se mostró meloso y para nada nos desencantó. Quizás íbamos "in crescendo" y personalmente nos pareció por debajo del resto. Pero sin desmerecerlo.

Después de este festín, llegó la hora de los postres. el primero consistía en un San Francisco presentado en forma de sorbete, muy refrescante y excelente para terminar la comida.

Finalmente, el segundo postre consistente en un macaron de chocolate con crema de whisky. Correcto más que nada porque no es un producto que llame mucho mi atención.

Por ultimo, tomamos cafés acompañados de petits fours, golosinas que fueron el deleite de la peque (ella tomó su menú particular que no cuento en el cálculo final). Por cierto, menú del cual dió buena cuenta, quedando tan encantada como nosotros al final del almuerzo.

Disfrutamos del almuerzo, el personal atento, explicación de todos los platos al presentarlos en la mesa, pequeños detalles con la peque durante toda la comida que nosotros agradecemos y gustan, servicio del cava por parte del personal durante toda la comida (en su cubitera correspondiente para conservar el frío).

Otro lugar muy recomendable y que nos permite disfrutar de este placer que es la gastronomía.

Tras la tercera incursión en dos años a este entrañable establecimiento hotelero de Llafranc llevado por una família afable y muy hospitalaria me dispongo a hacer una valoración de mi última visita.
Casamar se trata de una casa que ha ido creciendo poco a poco, cómo las hormigas hacen. La cocina de Quim sigue su estilo, marcado por el producto de temporada y una gran relación calidad precio; y Maria, en la sala ha conseguido y servicio impecable pero sin renunciar al espíritu de Casamar.
Cómo ya es habitual en mis visitas opté por el menú de degustación donde creo que és donde un cocinero puede desvelar todos su carácter y saber hacer.
Empezamos por unos esnacs que dado el nivel del restaurante, ya que cuento con un estrella michelin, me parecen ya des de hace tiempo un poco sobrios y redundantes. Los compusieron:

· Una galleta de gamba y parmesano que dado y aparente estética esconde un sabor profundo aunque desde mi punto de vista carece un poco ya que es un aceitosa.
· Un milhojas de salmón con mantequilla de eneldo que me parecio un bocado excelente.
· Langostino con pasta xina (creo que a Catalunya la pasta Xina no pinta nada... aunque el producto era excelente)

Ya entramos en el menú que se compuso por cinco platos y dos postres:

· Consomé de perdiz con albondigas, trufa y col (magnífico caldo de guiso de una de mis aves prefreridas con trufa y unas interesantes coles de bruselas).

· Canelón tíbio de porro con cigalas (un magnífico plato que conforma ya todo un clásico de esta casa donde el producto gira entorno de la pasta y el puerro acompanyado con una dulzona y criticable galleta con un ramillete de romero) .

· Salteado de setas con espárrago, foie-gras y garnatxa (un execelente plato de otoño!)

· Papillote de merluza con berberechos y cítricos (Quim tiene mano impecable con la merluza, antes a la donostiarra, y ahora con berberechos sólo abiertos y unos toques cítricos con un espuma de los mismos.

· Cola de buey guisada con foie-gras, ratafia y boniato (un plato tradicional nada astillosa la cola y con unos buenos complementos otoñales: la ratafia, licor en moda, y unos boniatos, me encantó!)

Luego vinieron los postres, en la misma línia del menú, con una correcta presentación pero con algún fallo técnico:

· El nestea del Casamar, compuesto por una crema de limón un poco rara puesto que su consistència gelatinosa era un poco curiosa, con un sorbete de te verde muy bueno coronado por una piel, sin confitar de limón que en mi última visita también apreció y creo que sería mejor una piel confitada del mismo cítrico; y una gelatina de limón que parecía más un bizcocho falso de limón helado que una gelatina. Un postre que seguro que irán revisando. A pesar de todo, bueno, muy bueno, pero era un postre tosco para el savoir faire del local.

· Coulant de xocolata. Buen coulant de xocolate con un helado de pistachos y una làmina de chocolate, que al no estar bien templada se derritió en unos segundos... una pena... gran coulant sin la textura apalmezada habitual que sirven a otros lugares.

Como petits fours nos trajeron un arsenal de panellets, pues es la época donde se confecciona este dulce tan catalán. Buenos, muy buenos.

Una nota a remarcar es la aparición repetida de una galleta dulce que molestaba un poco ya al final.

Los panes excelentes como ya es habitual con la madalena de tomillo, y los otros panes de gran calidad.

La selección de vino y su servicio impecable, con una gran relación precio y una cristaleria muy acorde. Tomamos un Tricó, un albariño que dado su caracter atlántico, fresco, acidez y estructura nos pudo acompañar fidelmente durante nuestro menú.

Hace años que conozco el hotel, casi tantos como tengo ya que siempre habíamos veraneado en él.Suma muchos enteros con el restaurante. Desde 2003 no fallamos ningún año: cocina de altura, creciente año a año, asentada,precisa,fresca y con mucho sentido. No entraré al detalle de la comida de este verano -todo sobresaliente- per mención especial al precio: no hay, o no conozco,mejor RCP en ningún restaurante con estrella o pretensiones: precios ajustadísimos, de otra época!y lo mismo pasa con el vino!
Eso lo convierte en visita obligada

Fuimos a este restaurante por la recomendacion de unos amigos; sin saber que se trataba de un restaurante estrellado. Tuvimos la suerte de podernos sentar en la terraza con una magnífica vista a la playa de Llafranc. Elegimos el menú degustacion, compuesto por ocho platos la mayoria muy frescos, y todos ellos con un toque de sofisticacion.
Resaltaría el Raftpacho con perlas de aceite virgen( exquisito y muy refrescante) ; y tambien la espaldita de cabrito deshuesada y cocida a baja temperatura(las patatas de guarnición eran soberbias).
Por otro lado, si debò ser crítico; me defraudó el rodaballo al vapor con patatas panadera; a priori, en la carta debía ser dorada, però nos la sustituyeron sin avisarnos; y sinceramente no encuentro acertada la coccion al vapor para un rodaballo(me resultó un tanto soso); lo hubiera preferido al horno.
Los postres muy refrescantes.

Tras recibir recientemente la estrella Michelin, nos decidimos a visitar el restaurante del hotel Casamar y ciertamente ha sido una gratificante experiencia culinaria.Nos decantamos por el menú degustación compuesto por unos divertidos aperitivos tras los que se relevaron 5 platos y 2 postres para el final.
Cuiada presentación de platos perfectamente elaborados, con texturas y sabores sabiamente combinados. Todo un lujazo.
Como guinda, al final del ágape hemos departido unos minutos con el chef Quim Casellas, un prodigio de amabilidad, naturalidad y simpatía que junto a su hermana son el corazón y motor de este nuevo "estrellado restaurant".
Absolutamente recomendable con una relación calidad/precio envidiable.

Visita para inagurar la reciente estrella Michelin.

Como ahora tienen menú degustación y otro de temporada, pues nos decantamos por el de temporada al ser hora de comer y el segundo ser arroz.

Un par de aperitivos gentileza de la casa y de primero, un wantun de verduras y gambas, una ensalada de queso francés que no recuerdo el nombre, gambas rebozadas con tallarines chinos, y brocheta de langostinos.

La ensalada ni fú ni fá, pero claro, tampoco hay mucho que rascar, la brocheta de langostinos, bien, el wantun y las gambas con tallarines, excepcionales. Todo lo que tenga toque asiático, para mi son los mejores platos que toca el Casamar, supongo porque el cocinero pasó algunas temporadas en Pequín.

El arroz, de segundo, muy bueno, es una cosa muy subjetiva, lo califico de 8.5 rozando el 9. Aunque he comido de mejores.

De postres, una Tatin. Excelente. Hubiera repetido.

Cafés y petit fours.

El servicio es un poco disperso, no valoro la simpatia o no porque me conocen y se supone que la sonrisa por este motivo está asegurada.

Bebimos un Pazo de Señorans, a 19 euros.

El menú cuesta 37 euros, sin bebidas, en total 100 euros justos, 50 por persona.

Caro? Ummm, no sé que decir. Con este menú no acabas de poder explotar el potencial de la estrella recién conseguida.

Supongo que te tienes que tirar al menú degustación completo, que si no recuerdo mal va sobre los 52 o 53 euros más bebidas, vamos, que te irias sobre los 65 euros al final. A posteriori, y una vez allí, ahora lo tomaría para al menos poder enjuiciar mejor la cocina.

Llevo unos diez años comiendo en casamar, primero como cliente de hotel i postseriormente al afincarme en la zona como cliente del restaurant. he vivido muchos cambios y entre ellos el de la cocina.
Casamar ha crecido de una manera suave y lentamente. El canvio de decoración del restaurant, le dio el encanto que le faltava sobretodo en invierno, la chimenea, la luz tenue, invita la verdad

Vamos al grano, tomamos un menú Degustación muy completo y equilibrado, lo que más me gustó fue el Carpaccio de vieiras con tomate confitado, y el cochinillo prensado con trufa y emulsión de ajo. olé...

Los postres estuvieron a la altura y la crema de gengibre con lascas de coco crujientes no hicieron sombra a l´avellana y chocolate .

Tomamos una botella de Microcosmos, soy amante del Cava i dos cafés.
Me sirvieron muy bien, de una manera educada y sin enfalagar , el servicio del espumoso tambíen muy bien..
Casamar es de las mejores referencia de la zona , no lo duden.

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