Restaurante Damasqueros en Granada

Restaurante Damasqueros

Datos de Damasqueros
Precio Medio:
56 €
Valoración Media:
7.1 10
Servicio del vino:
7.2 10
Comida:
6.7 10
Entorno:
7.4 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Granada
Localidad: Granada
Dirección: Damasqueros 3, (Realejo)
Código postal: 18009
Tipo de cocina: Creativa - de Autor, Andaluza
Vino por copas:
Precio desde 42,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: domingo noche y lunes

Teléfono


7 Opiniones de Damasqueros

Acudí con expectativas. Parecía uno de esos restaurantes que siempre esperan la estrella que no llega. En mi opinión no debería llegar. Sin competencia alguna en su entrono, con ideas y riesgos en la cocina, con un buen servicio joven, amable y atento, con recursos en la atención al vino y en la carta, con un buen espacio, cómodo y acogedor, entonces, qué pasa??. Nuestar opinión es subjetiva, pero los platos del único menú, ofrecían novedades , pero sin coherencia, dispersos, sin integración y con algunos componentes de los mismos poco estimulantes y en ocasiones necesitados de revisión inmediata( por ejemplo, el bacalao..). Se salvó la carne, pero en el resto , sentimos continuas decepciones, sentíamos que algo fallaba en cada plato, sí en cada plato... no es habitual , la estrella parece lejana.

Un lugar ubicado en la zona del Realejo y con fama de estar a las puertas de estrella Michelín desde hace tiempo y que funciona con menú único de degustación (39.50€). Hay una doble opción de maridaje (incluye el agua), que eleva el precio del menú a 59€ y 85€.
La carta de bebidas está correcta con bastantes opciones y con diferentes DOs.

El local es agradable, bien decorado, bien vestido. Un servicio en sala muy bueno, amable y profesional.

La entrada lleva a una barra de bar donde ya se aprecian unas buenas opciones de vinos. Los primeros tomamos un fino Ecléctico y una cerveza, por supuesto con tapa de ensaladilla de patata, gamba y mahonesa.
Varias de agua con gas San Pellegrino durante la comida.

Empezamos con un muy buen pan y degustación de aceite Premium (2.5€) que fue aceite Med.
El menú y sus vinos:
Aperitivo:
. aji blanco con pimiento y granada: resultó de una textura algo terrosa.
Maridado con un cava extremeño Palacios de Doñana brut nature con aceptable acidez y nariz algo dulce.

Entrantes:
. ravioli de gamba con verdura y mahonesa: hay zanahoria, remolacha, tomate, puré de patata. Bien hecho y bien integrado. Bien presentado.
Maridado con un blanco de uva autóctona Cristina Calvache de nariz algo dulce pero seco en boca.
Se puso en sustitución de la prevista ensaladilla para no repetir la tapa de la barra lo que es de agradecer.
. sardina ahumada, remolacha y lombarda: con crema de queso Idiazábal un ñoqui de remolacha, la sardina y la col lombarda. Arriesgados productos que dan un muy buen resultado. Bien emplatado.
Maridaje arriesgado con un magnifico amontillado Gran Barquero.

Principales:
. pez espada, habas y gurullos y jamón ibérico: con un falso rissotto de base y unas habas nada integradas acompañan un pobre pez espada que se secó en el fuego, sobre el cual cae una lámina de buen jamón. Cada uno va por su lado y desde leugo está muy lejos de un mar y montaña conjuntado.
El vino: un roble de shiraz ligera de Huelva: Lanteto, correcto.
. cordero segureño, berenjena y queso de cabra: sobre unas migas y junto a queso de cabra y un cremoso de dátil viene una porción de cordero deshidratado como si hubiera pasado por el desierto de Almería.
Un Rey Zagal reserva superó con creces a la parte sólida.

Postre:
. naranja, canela y Tio Pepe: un bizcocho de naranja, sorbete de mandarina sobre una sopa de naranja con Tio Pepe, cremoso de boniato y canela y macedonia de pera, mango y manzana. Muchos elementos pero acompañan
Un PX Origen, completó la parte dulce.

Cafés, buenos, y un curioso licor de arroz con leche y ron por cortesía de la casa, asi como unos vistosos petits fours de trampantojo de fuet y albóndigas de bacalao. Muy originales y que mejoran la sensación final aunque sin alcanzar las expectativas creadas.

Según diversas fuentes, el restaurante de referencia en Granada, llevado por Lola Marín, una promesa de la cocina andaluza con experiencia en los fogones de Berasategui, Subijana y Toñi Vicente según reza su propia página web. De arriesgada puede considerarse su oferta culinaria consistente en un único menú degustación que cambia periódicamente, sin maridaje (39.50€) o con maridaje (59€). Unos días antes entramos en su página para consultar su menú y nos atrajeron sus propuestas, pero esa misma noche la cambiaron por otro mucho menos atractivo, bajo nuestro punto de vista, aunque ya que estábamos allí a las 22:00, en pleno corazón del antiguo barrio judío del Realejo, no nos íbamos a ir sin darle una oportunidad.

Local confortable, amplio, con correcta luz artificial (de día sin apenas luz natural), donde domina la madera y sin decoración. Mesas amplias y correctamente separadas. Servicio por encima del nivel de la cocina (al menos esa noche), con un camarero y un sumiller a la altura, simpáticos y atentos a la evolución de la cena.

Como detalles de la casa, un aceite de oliva de cuyo origen no nos acordamos, para acompañar un único aunque correcto tipo de pan. En la sobremesa, unos trozos bastante duritos de pestiño.

Cena para tres personas:

- Aperitivo: Salmorejo ahumado, chip de ¿boniato? y requesón de Montefrío. Un detalle no previsto que nos hizo elevar las expectativas. Nos gustó mucho esta propuesta, original y sabroso por el uso de tomates secos y aromático por el añadido de hierba de mostaza. Muy buen comienzo.

- A modo de ensalada: calabaza, garbanzos y rebozuelos. Triste ensalada con un resultado absolutamente plano; a ciegas, no hubiésemos reconocido ninguno de sus ingredientes. Un par de rebozuelos tristones sobre un hummus carente de sabor. Bajón.

- “Gallina en pepitoria”: Tres albondiguillas hechas con pollo a modo de pellas del cocido sobre un caldito templado resultado de la cocción de la gallina. No sé, pero nos resultó una propuesta bastante floja y sin más historia.

- Pescadilla de Motril, patata en pastel y “ajopollo”: Posiblemente lo mejor de la cena (al margen del vino). Lomo de pescadilla muy limpio presentado con un óptimo punto de cocción. De guarnición, un pastel de patata asado al horno a modo de “gratin” bastante pasado de punto. En el fondo del plato, la popular (aunque en este caso irreconocible) salsa “ajopollo” preparada con aceite de oliva, ajo majado, pan frito remojado en vinagre y almendras picaditas que al menos no camufló el delicado sabor del pescado.

- Carrillera ibérica, polenta, orejones y nueces: Plato ya estas alturas demasiado cansino. Si además, el punto de cocción de la carne no es el adecuado, la textura no llega a ser todo lo melosa que se le supone. Lo de la polenta un despropósito: Una especie de pastel de polenta seco y carente de sabor con unos daditos de orejones y nueces picaditas. Poco lucido el plato, desde luego.

- Pan, membrillo y castaña: Un postre absolutamente anodino. Una especie de bizcocho de pan acompañado de una bola de vainilla y una mousse de castaña que no aportaban nada de nada. Quizás la única nota positiva fue que en el fondo del plato había un caldito de la cocción del membrillo que aportaba un jugoso dulzor.

Buen servicio del vino a cargo del entusiasta sumiller Santiago Cara, con una oferta generosa e inquieta de vinos abarcando la mayoría de nuestras regiones vinícolas, además de alguna presencia internacional. Precios un pelín altos (x2) pero razonables teniendo en cuenta el buen servicio. Pedimos Finca Las Caraballas 2013, un verdejo ecológico de verdad que supo estar a la altura. Me comentó el sumiller que hace relativamente poco pasó de la DO Rueda a la VT de Castilla. Nos gustó muchísimo. Servido a temperatura perfecta y en copas adecuadas. Siempre atento a rellenar sin agobiar.

Precio total: 152.75€ (inc. IVA, cubierto a 2.50€, un refresco a 2.50€ y agua de 1 litro a 2.75€).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría tomar en este local el menú degustación sin bebidas.

Cuando viajamos a una ciudad nueva nos gusta darnos un homenaje, buscar ese restaurante que se sale de la oferta gastronómica más ordinaria.
Lola Marín es el alma mater de este restaurante granadino ubicado fuera de la zona turística de de la ciudad, aunque afortunadamente Granada es una ciudad tan pequeña que no necesitas desplazarte más de 10 minutos andando del centro para llegar a todas partes.
Decoración moderna y un ambiente cálido que aumenta cuando los encargados de llevar la sala empiezan a atenderte.
Funcionan con un sólo menú del que puedes cambiar algún plato si no te apetece o hay alguna cosa que no te guste. Empezamos con el aperitivo de la casa en el que ya se deja ver el estilo de la cocina. Salmorejo ahumado con chips de boniato y huevas de corvina, lo que nos muestra esta cocina con raíces de la zona pero con ese toque personal de la cocinera. El salmorejo muy rico y el punto salino de las huevas muy rico.
Boniato requesón sobrasada y colmenillas fue el primer entrante, visualmente perfecto, con el contraste de los sabores dulce y salado, vegetales y hongos... Para mi gusto, el boniato demasiado presente lo que lo hace un punto dulzón de más, pero en líneas generales muy rico.
Caviar de Riofrío, arenque ahumado y coliflor. Me encanta la coliflor, soy así de raro, por eso cuando veo que alguien se atreve a jugar con ella en un plato de alta cocina lo aplaudo. Aquí se va un poco más allá y se la lleva a jugar nada menos que con caviar de esturión y un arenque excelente. Muy bueno este plato, aunque el caviar del ravioli queda algo compacto, el juego que dan las huevas en fresco con el pescado ahumado y el punto dulce de la col son de órdago.
Corvina salvaje con sopa malagueña y panecillo. La corvina es un pescado al que sacarle un sabor excepcional es complicado... A veces se intenta el triple salto mortal y casi lo más fácil sería cambiar de especie y buscar otro caminos. En este caso se conoce la materia prima y tan sólo se le da un contrapunto con el ajo del panecillo y el sabor suave de la sopa malagueña, que le aporta el fondo de pescado al plato. Plato correcto, aunque como digo, por las limitaciones de este pescado.
Presa ibérica en adobo con quinoa fue la propuesta en el apartado de carnes del menú. No había probado nunca esta carne adobada, desconozco si se trabaja así en el Sur pero el caso es que fue un grato descubrimiento. Punto tostado de la carne por fuera, buen corte en el centro y la quinoa que tanto me gusta para darle ese punto de textura. La crema agria le da ese toque ácido que refresca el plato y lo hace aún más atractivo.
Mención especial al postre, huyendo del socorrido chocolate, aquí hay un paso más en la búsqueda de ese plato final que nos deje con buen sabor de boca. Fresa, lima y albahaca es un postre fresco con el que finalizar la velada, de nuevo con un cuidado emplatado y una mezcla de textura, temperaturas y sabores muy ricos.
La carta de vinos es bastante extensa y tiene bastantes cosas interesantes, con vinos de la zona y a precios correctos. Unas copas de buena calidad y un servicio profesional y bien formado en vinos acaba por invitarte a pedir una buena botella y disfrutar de la cena.

Destacaría ante todo el perfecto equilibrio entre el equipo de sala y cocina, una tandem que funciona perfectamente engrasado en este restaurante granadino del que guardamos tan grato recuerdo. Volveremos en nuestras próxima visita.

Llevaba tiempo queriendo acercarme a este restaurante y por fin lo conseguí para una cena de aniversario con mi mujer. Satisfizo plenamente mis expectativas:

Para empezar, no es de los sitios que obligan a que todos los comensales tomen menú degustación. Nos dieron todas las facilidades de combinaciones posibles. Eso no lo hacen en la mayoría de sitios, algo absurdo.

La carta no es amplia pero todo está muy rico. Me gusta que la cambien a menudo. Hace que te entren ganas de volver. Como punto a mejorar diría que tanto en el foie como en el acompañamieno de la presa en escabeche había mermelada de naranja; creo que también en el atún que pidió mi mujer. Demasiada repetición. Pero volviendo a la presa que comento, fue de antología. No la quitaría nunca de la carta. Y el atún estaba buenísimo.

El servicio es excelente: el camarero estuvo atento y pendiente sin llegar a hacerse pesado, nos aclaró lo que necesitamos saber y nos hizo sugerencias (que seguimos y vimos que eran acertadas).

La carta de vinos me pareció correcta (no soy experto, sólo sé si el vino me gusta o no). Parece que existe un problema con la cava donde los guardan, no todas las baldas están a la misma temperatura, con lo que existe la posibilidad que el vino llegue demasiado frío a la mesa. Este sería otro punto a mejorar, aunque en mi caso no fue problema pues me gusta el tinto un pelín más frío de lo que se suele recomendar.

Damasqueros, además, ha entendido perfectamente el poder de las redes sociales. No son más que publicidad y difusión, y para eso deben usarse. A mí me tenían enganchado desde agosto a través de Twitter. Olé. ¿Cuándo entenderán esto las empresas españolas?

Me gustó la decoración, moderna. Mis felicitaciones a Lola y todo el equipo. Mi conclusión es que volveré. Y lo recomendaré. Entoncs volveré a comentar y, si han subsanado los detalles mencionados, ¡subiré la nota!

No podemos decir que sea lo mejor de granada , aunque si hay que reconocer que la cocina está muy conseguida. El ambiente es ideal. Eso sí para mi humilde opinión , el servicio no está a la altura de la cocina.

Lola Marín posee una formación culinaria sólida y variada. Ha salido de su Granada natal para trabajar en diversas partes de nuestro país (Luis Irizar, en San Sebastián, Toñi Vicente en Santiago de Compostela, por poner solo dos ejemplos). Desde hace casi tres años gestiona el restaurante Damasqueros (Damasqueros 3, Realejo, 958210550, Granada). Con lo que nos encontramos con esa raza de cocineros muy implicados con sus tradiciones pero que a aprendido que más allá de sus frontera existen otras maneras, técnicas y posibilidades para amparándose en la tradición dar pasos sensatos hacia el futuro, tan necesario en el sur como en cualquier otra comunidad.

El menú degustación (35€) que ofrecía estos días en su casa es una muestra de sus intenciones y sus conocimientos técnicos. Tal vez sería muy de agradecer acompañar ese menú de un maridaje de vinos de la tierra, que en estos momentos presenta vinos blancos y tintos de interés, bien elaborados, y que serán todo un descubrimiento para quien se acerque a los vinos de las diversas zonas de producción de Granada, llámense Calvente, con un moscatel de 2010, de la zona de Aljete, o un Mendez Moya 2007, donde la tempranillo, la Merlot y la cabernet ofrecen un vino apreciable.
Tal vez haya excesiva descompensaación entre el ajustado menú degustación y los platos de la carta. De la misma manera que sería de agradecer encontrarnos en la mesa con algunos de los deliciosos panes que en Alfacar, pueblo a unos escasos kilómetros de la capital, se elaboran.

Carta de vinos aceptable con precios que podrían ajustarse más.

Servicio correcto con notas familiares que aportan comodidad al cliente.

Desde el inicio notamos el amor por la tradición, croqueta de cocido con salmorejo, pasmos a una sopa de tomate con higos y boquerón, unas habitas con mollejas y huevo, pelota de perdiz/codorniz y habichuelas, atún con raviolis de calabaza y presa ibérica cin cuscús especiado. Como postre una cuajada, toffe de regaliz y helado de café.

Imprescindible si se acercan a Granada. Porque hay respeto por la tradición, hay buenas maneras. Y una ciudad como esta merece que el esfuerzo infinito de cocineros jóvenes se vea recompensado por la presencia de un turismo que no solo quiere tomar tapas gratis, sino dar valor a quien trabaja por recuperar el pasado y actualizarlo.

Los Gintonic a 10€ parecen un poco exagerados, más cuando la tónica ofrecida es una tradicional schweppes, por mucho GVigne que haya en la "maceta".

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