Restaurante El Remedio en Ruiloba

Restaurante El Remedio

Datos de El Remedio
Precio Medio:
41 €
Valoración Media:
7.3 10
Servicio del vino:
6.4 10
Comida:
7.2 10
Entorno:
8.4 10
Calidad-precio:
6.9 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Cantabria
Localidad: Ruiloba
Dirección: Ermita del Remedio,s/n.
Código postal: 39527
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingo noche y lunes.

Teléfono


15 Opiniones de El Remedio

Tras haber leído diferentes comentarios, decidimos ir a visitar el restaurante El Remedio, situado en Riuloba, en un promontorio, junto a la ermita que lleva su nombre y desde donde se divisan los acantilados de la ensenada de Fonfria y unos atardeceres con unas puestas de sol sublimes.

Tras haber tenido muchísimas dificultades para reservar en el fin de semana, decidimos hacerlo para la cena del lunes 14 de agosto, en el comedor de la planta baja ( que es lo que nos había recomendado alguien que conocía el restaurante,  porque es desde ese lugar desde donde se divisan las puestas de sol) y al fin lo logramos. Por lo que he visto el restaurante está muy de moda.

Llegamos como previsto, a las 20h30 y nos situaron en una mesa desde donde pudimos contemplar una tímida puesta de sol , pues ese noche el cielo estaba algo cubierto . La sala del comedor en la que nos situaron era de forma rectangular, bastante pequeña (20 comensales aprox.), y con grandes ventanas con vistas. Las mesas estaban bastantes juntas, vestidas con manteles, no impolutos, con el respaldo de las sillas con agujeros de uso en el cuero artificial de skai, un ambiente algo decadente para un tal  restaurante.

El servicio de sala fue amable y simpático, pero muy lento. El servicio del vino, realizado por la misma persona fue correcto, descorche y primera cata. Tienen una buena carta de vinos nacionales e internacionales con unas 130 ref. (Champagnes y cavas incluidos)

Al frente de los fogones está el Chef y propietario Samuel Fernández Perez, que hizo sus estudios de cocina en Asturias y que ha trabajado, antes de crear el restaurante en el 2011, con grandes cocineros como Berasategui en el Pais vasco, Adriano Baldasserre , Antonhy Genovesse y otros restauradores en Italia y Jesus Sanchez del Cenador de Amos en Cantabria. Se autodefine como elaborador de una cocina de producto saludable.  El restaurante esta referenciado en la guía Repsol y tiene un plato en la guía Michelin.

Cenamos 3 comensales.

Compartimos los entrantes, en el centro de la mesa.

Anchoas de aquí con mozzarella de búfala  seis buenos filetes de anchoas de Rosa Ibaceta de Santoña acompañadas de una buena mozzarella.

Rabas de calamar fresco con compota de limón de Ruiloba y jengibre Buen producto, con un rebozado muy ligero  y buena fritura, cantidad algo corta.

Flan de morcilla de Villada con quesuco de Guriezo y piquillos buena morcilla, sabrosa pero para mi gusto la hubiese preferido con un poco mas de fuerza.

De segundos, dos, tomamos un pescado del dia :

Merluza asada, patatas al pimentón y acelgas taco de merluza servido en su buen punto de cocción con un acompañamiento bastante pobre y sobre todo insipido.

Rape con patatas al pimiento y acelgas Mismo acompañamiento que en el plato de  pescado anterior, Buena pieza de pescado, pero no me entusiasmó, nuevamente bastante insípido

Y el tercero :

Solomillo sobre terrina de patata  (ver foto en el primer comentario) Carne cocinada en el punto de cocción solicitada. Mi hija lo encontró bueno.

El pan, que acompaño la comida fue impresentable, nos sirvieron un panecillo individual congelado y recién salido del horno, que estaba tan duro que ni siquiera se podía comer, quedaron intactos encima de la mesa.

Como postres tomamos :

Arroz con leche al moscovado (ver foto en el primer comentario)

Capuccino  (ver foto en el primer comentario)

Tarta de avellana con helado de yogur (ver foto en el primer comentario)

Los tres  buenos, sin mas.

Para beber tomamos una botella de agua de 1/2 l y una botella de vino blanco reserva, que para mi fue lo mejor de la noche, Viña Tondonia Reserva 2003 DOC Rioja. Bodegas Lopez de Heredia. Cepajes 90 % Viura y 10 % Malvasia. Crianza de 72 meses en barricas de roble. Me faltan palabras para definirlo, pues no soy un conocedor en vinos, pero lo que me viene en mente es que lo encontré muy estructurado, sabroso, muy elegante, fresco, consistente, con un buen final en boca. Lo pido cada vez que lo veo en la carta de vinos.

Finalizamos con dos buenos cafés, invitación de la casa.

La cuenta ascendió a 52,30 €/persona. RCP correcta. No se si nos equivocamos de día, porque acabo de leer el comentario anterior al mío de Isaac Agüero, excelente pluma de Verema, y tengo la impresión de haber ido a otro restaurante.  No dudo en ningún caso de la calidad del producto  pero el resultado en la mesa no me transmitió la esencia de la cocina que yo me imaginaba, tal vez había puesto el listón demasiado alto, me pareció correcta sin mas, muy inegal y con un servicio del pan, elemento muy importante para mi, digno de una mala cantina. El servicio fue lentísimo, salimos del restaurante a las 22h45.  Cuando volvamos a Cantabria, seguramente no volveremos, pues aun hay muchos y buenos restaurantes que nos quedan por visitar.

  • Rape con patatas al pimiento y acelgas

  • Merluza asada, patatas al pimentón y acelgas

  • Flan de morcilla de Villada con quesuco de Guriezo y piquillos

  • Rabas de calamar fresco con compota de limón de Ruiloba y jengibre

  • Anchoas de aqui con mozzarella de búfala

  • Vista de la puesta de sol desde nuestra mesa

Entre una Iglesia y el mar, se sitúa el Restaurante El Remedio en la localidad cántabra de Ruiloba. Personalmente, me considero muy apegado a mi tierra y con cierta “responsabilidad” de intentar descubrirles espacios gastronómicos de valor en Cantabria. Se puede decir que el Remedio es uno de ellos.

En julio de 2011, abre El Remedio. De su propuesta gastronómica me ha gustado el cuidado del producto, la cercanía y el mimo con el que se menciona y trata a los proveedores, los guiños artesanales a Italia en las pastas y repostería, la calidad del pescado, los guisos, la amabilidad y pausa de la sala y las vistas marinas desde el comedor.

Por otra parte, todavía existe camino para recorrer de cara a encontrar una culinaria más personal que se desarrolle a través de un hilo conductor para mostrar una mayor autoría y las aptitudes más diferenciales de Samuel. Una pizca de atrevimiento para definir la senda del viaje.

La carta se podría calificar como clásica, convencional y pensada para satisfacer a un amplio de abanico de público. El emplazamiento aunque pleno de encanto no es sencillo y el negocio manda. A entrantes habituales como rabas y croquetas, se le unen unos mejillones en escabeche casero o una mozzarella con anchoas que muestra esa dualidad Italia- Cantabria que Samuel lleva dentro. Se debe estar atento a las múltiples opciones de fuera de carta, sobre todo en la oferta de pescados, que se cantan de forma pausada especificando su precio. Buen detalle.

Merece halago la oferta de pan. Brioche, focaccia, grissinis que se realizan todos los días en cocina y un pan artesanal de mucho mérito. Se acompañan de una mantequilla que va variando, buscando un cierto nivel identitario. De anchoas en la primera ocasión y de mejillones en escabeche en la segunda. Una forma reamente adecuada de ofrecer un ingrediente tan cántabro (y algo denostado) como la mantequilla y acercarlo al apego de Cantabria al mar. Ambas de mucho mérito, aunque por diferencia del territorio me quedo con la primera.

Igual que a nivel nacional se dice que una croqueta es un ejemplo de la calidad de la cocina que hay detrás de un restaurante, en Cantabria las rabas son un referente del cuidado del producto que se puede tener en una casa. En el Remedio, buen género y fritura. Me atrevería a decir que chipirón no excesivamente grande que se corta fino, buscando cierta tersura. Notables.

Seguiríamos con unos mejillones en escabeche que se completan con gel de manzana e hinojo. Escabeche fino y un ligerísimo toque de acidez. Muy acertados. Provocan repetición.

Entre los entrantes, croquetas de centollo y jamón. De buena textura y nivel de cremosidad como se puede apreciar. Mejor las segundas, faltando un poco de pegada marina en las del crustáceo.

También probamos un flan de morcilla con leves matices de pimiento y queso. Morcilla de sangre y cebolla, de origen palentino (Villada) y perfil suave que se trata para conseguir una textura cremosa de sabor marcado. Carente de algún punto de equilibrio, resulta sabrosa. En otras palabras, casi morcilla en estado puro con una cierta frivolidad en la forma.

De los años de Samuel en Italia, se nota su tratamiento de la pasta y las horas dedicadas en la elaboración de las salsas. Resultan sobresalientes unos gnocchis con salsa de tomate y queso de oveja de Gomber (Sopeña- Cantabria). Ligeros, etéreos, claramente artesanales. Se acompañan de una salsa de tomate excelente, de elevada naturalidad y mucho cariño a través del tiempo dedicado. Un ejemplo de que en aspectos sencillos pueden estar las grandes diferencias.

Italia y el Cantábrico se unen en los spaghetti con bogavante. En este caso pasta seca junto con una genial salsa que conjuga tomate y los jugos del crustáceo. Textura sobresaliente en ambos ingredientes para conformar un plato de alta calidad de género que convence de verdad. Una potencial línea la de fusionar con sensibilidad Italia y Cantabria.

Cambiando de registro, nos quedamos en la región montañesa para degustar unos caricos (alubia roja) con boletus. Tersos, suaves, directos, sin aderezarles de forma agresiva. El sabor de las setas no excesivamente marcado pero sí presente. Samuel en este plato muestra muy buena mano con la legumbre y en la elección de producto.

En lo relativo al pescado, un poco de cal y bastante arena. Se comienza con una vieira con curry, repollo y jamón sin ninguna ligazón entre los elementos que personalmente encuentro algo fuera de lugar.

En cambio la lubina se muestra en todo su esplendor. Género sobresaliente. Pieza gruesa, de aproximadamente tres kilogramos a la que se proporciona un punto perfecto a través del horno y la plancha.

Elevadísima frescura denotada a través de un sabor verdaderamente profundo y de la musculación de los lomos del pescado. Ejemplo de calidad que no necesita nada más. El Cantábrico como un espejo a donde mirar.

Seguiríamos con unas manitas de cerdo deshuesadas con oreja y huevo poche. Clasicismo resuelto de manera notable. Sabrosas y bien ligadas con el huevo aumentando todavía más la densidad de uno de esos guisos que bien ejecutados dan placer por derecho. El buen vicio que nos pega los labios.

A continuación magret de pato con trigo y foie. Lo más destacado del plato, el cereal guisado en el fondo del ave que es donde verdaderamente se encuentra el gusto. “Magret” bien marcado como foco principal de un plato bien ejecutado pero ligeramente plano.

Y se finaliza con la cebolla rellena de lechazo de Ibio. Simulando ese plato asturiano que es la cebolla rellena de pisto y bonito, en este caso se completa con lechazo de Cantabria. Fondo de cocina sincera a través del jugo de carne y un liviano puré de patata que aporta un punto de acertada cremosidad. Bocado ejemplar y diferente en el que Samuel muestra tanto culinaria como una cierta imaginación. De nota.

Los postres tienen una marcado enfoque dulce. Se echa de menos una mirada o más liviana con elementos de refresco y acidez. De los degustados, claramente me quedo con el capuccino de cacao. Espuma del mismo, crema de leche y pan frito que contribuye con un punto de crujiente. Dulce y algo etéreo. Notable.

También se prueba una correcta tarta de avellana con helado de yogur y un arroz con leche de elevado y apreciable ligazón. Relevante para los seguidores de este postre y creo que mejoraría con un punto de mayor temperatura.

En definitiva un restaurante con buena base que con el paso del tiempo debe ir personalizando más la propuesta para aumentar su atractivo y conocer cómo será su futuro. Actualmente resulta recomendable por la calidad de su género, especialmente el marino y por ese fondo de cocina y buena mano que se percibe en los guisos de mayor calado.
Guiños italianos diferenciales junto con una búsqueda efusiva de proveedores son otros de los factores a halagar de lo experimentado durante dos jornadas en el Remedio. Existen los mimbres para poder dar forma a una culinaria de mayor identidad.

Post completo y fotos en http://www.complicidadgastronomica.es/2016/11/elremedio/

Cocina. 7
Entorno: 8
Bodega: 7
RCP: 7

Este restaurante tiene un problema endémico , la tardanza . No puede ser ,abarca mas de lo que puede manejar y el resultado final no es el debido. Debe elegir entre ser un buen restaurante o el ser un bar de aperitivos , donde la gente va a tomar un vino y unas rabas. Todo el pijerio de la zona esta alli atravesado , haciendose los "vistos" pero gastando poco y estorbando mucho . Si quieren que el restaurante vaya para arriba , dejense de aperitivos y centrense en lo importante , un comensal deja 50€ por cabeza y 10 "atravesaos" te dejan 20€ y te ralentizan todo. La merluza era congelada lo que me parece imperdonable , el resto bien.
Llegue un poco antes de las 2 de la tarde y fue todo bien hasta que llego el colapso , el final fue interminable , como detalle no nos cobraron las infusiones y una copa de sidra de hielo (5 Eur.) que tomamos con los postres.

Esta emplazado en un sitio increíble, junto a la iglesia del Remedio en Ruiloba. El local tiene mucho encanto al igual que su propietario Samuel y su equipo. La carta es sencilla pero original y muy resultona. Nos gusta mucho y todos los veranos vamos varias veces. La vasija y la mantelería de gran calidad y el restaurante esta llenó de detalles elegantes y sencillos. Lo recomendaría sin lugar a dudas.

Seis adultos y tres niñas de 9, 8 y 6 años comimos en El Remedio este sábado de Agosto. Volvía a este lugar al que, hace treinta años, me traían los sábados tarde para asistir a la misa que celebraba D. José Antonio en la capilla contigua.

Restaurante prácticamente lleno, ocupamos una de las mesas situadas en el porche orientado al sur sureste por el que se accede al edificio. Mantas en las sillas para los frioleros. Cuando me acerqué a reservar la mesa una semana antes se me había ofrecido ocupar las situadas entre las dos puertas, al llegar nos sientan en la del costado izquierdo. Paso a describir la comida.

Para las peques unas croquetas y un solomillo, ambos volaron. Se nos ofrecieron almejas a la sartén que, un rato más tarde, en el momento de tomar nota, ya no quedaban, primero de los despropósitos del pésimo servicio, así que los adultos compartimos unas gambas, algo crecidas, de Huelva, a la plancha, unas rabas notables para el estándar actual, aunque lejos de las que tomábamos de peques los locales, acompañadas de esa mermelada de limón que, si algo encontré fue escasa y creo que, en mi opinión, mejoraba a la simple raba, una ensalada de ventresca con piquillos, floja a mi parecer, un pastel de morcilla de Villada y una cebolla rellena de lechazo de Mayorga, ambos muy sabrosos y conseguidos, aunque ¿Hay algo que lleve morcilla que no lo sea?

De los segundos destaco la colosal y exquisita lubina a la plancha en su justo punto que pedimos cuatro de los seis adultos, servida sobre una cama de crema de puerros, muy escasa en mi caso, y con chips de varias verduras, puerro, pimiento rojo... Algunos de ellos, más que crujientes, simplemente duros y casi incomestibles. Mi mujer pidió unas croquetas de rabo de toro que venían presentadas rodeando un cuenco de salsa barbacoa, originales y resultonas. Otro solomillo completó la ronda de segundos.

Cerramos con tres postres, arroz con leche muy conseguido, jugoso y ligero, un crjiente de chocolate blanco estupendo y la tarta de avellana que, ante lo elevado de las expectativas, me defraudó.

Una botella de blanco, As Sortes 2008, de la que se nos previno que era la última, y una de tinto, Mauro 2010, que, ante la disparidad de gustos de los adultos debieran haberse servido simultáneamente y no una después de la otra, al parecer algo incomprensible para el personal que nos atendía, aguas y pan a medio cocer, 9 servicios de los que cobraron 9, aunque las peques no lo probaran, y 1 café invitación, todo un detalle, completaron el banquete.

A destacar, por si no ha quedado claro, y muy negativamente el servicio, lento, ineficaz, atolondrado, llegando a la desesperación tras reclamar hasta 4 veces una botella de vino, impropio de un sitio que goza de semejante emplazamiento, que cuenta con una cocina así de notable y que se mueve en este nivel de precios, Me tengo que remontar muy atrás para encontrar otro igual de malo. Una pena, porque los retrasos y las repetidas reclamaciones de platos y vino empañaron una comida que podría haber sido perfecta.

Dos pinceladas más. Resulta poco acertado que el acceso sea común a cocina y a la sala interior porque desdd nuestra mesa en el porche pasaban tanto comensales satisfechos como bolsas de basura. En cuanto al entorno, descuento el emplazamiento y me ciño a valorar el inmueble.

Siete personas en mesa bien vestida y con buena calidad en vajilla y cristaleria. Un poco incomodo el servicio al estar sentados al fondo y cuatro de los comensales de espaldas a la cristalera teniendo que servirlos de frente.

En la terraza y antes de entrar, albariños y cervezas con unas aceitunas, que se incluyeron en la fra. (10 E)

A compartir

Dos de mejillones. Bien aunque de pequeño tamaño. (18 E)

Una de rabas. Correctas, La mermelada de limón rica, pero yo no se la pondría a las rabas. (12 E)

Dos de croquetas de centollo. Bien. (22 E)

Individuales

Dos de bacalao con tomate y migas de pimiento. Rico. Buenos lomos. (40 E)

Tres de rape con patatas (parecidas) a las arrugas. Bien. (57 E)

Una cebolla rellena de lechazo. Sobre un fondo de crema de patata. Rica y bien conjuntada. (15 E)

Una de albondigas con foie sobe crema de patata. Ricas. (12 E)

Seis postres: Tarta de avellanas (excelente), Pastel de chocolate roto con helado de frambuesa (rico) y strudel de manzana (rico) (36 E)

Dos botellas de Txomin Etxaniz. Tan fácil y rico como siempre (30 E)

Una botella de Juve y Camps (RF) tan bueno como acostumbra (23 E)

Agua (3 E), cinco excelentes cafes (5,50 E), un vaso de leche (1,50 E), tres moscateles de jerez muy buenos y de los que no recuerdo el nombre y un Cardhu con hielo (20 E) cerraron la comida

Todo correcto aunque nada emociona. A tomar en cuenta para ver como evoluciona.

Hoy nos hemos acercado a este bonito lugar en el que no habíamos estado nunca.

Tras leer los comentarios de los reputados foreros de la zona decidimos reservar mesa para dos a las dos y media.Y la verdad que viendo el paisaje en el que está el enclave digamos que entras con una muy buena predisposición.El sitio es agradable,sillas muy cómodas,vajillas y cubiertos notorios.

Después de acomodarnos en una mesa en el salón con las vistas al Cantábrico empezamos a echar un ojo a la carta.Finalmente nuestra decisión fue la siguiente:

Bocartes rebozados con tocino y queso con orégano. Una generosa ración de boquerones con un buen rebozado y buen punto de fritura dando como resultado un bocado jugoso.10€

Rabas con mermelada de limón y ralladura de jengibre.Es una manera original de presentar unas buenas rabas.Lástima que la mermelada de limón sería más apropiada para una tarta que para un plato salado.O quizá es una apreciación personal de mi mala relación con el mundo de lo dulce pero para mi la frescura del ácido se quedaba en un plano muy inferior por el exceso de azúcar.12€

Croquetas de centollo.8 piezas de unas croquetas bien resueltas en su textura y punto de fritura.Además de un agradable sabor.11€

Bonito en salsa de soja con tomate cherry y chalotas glaseadas.Dos trozos normales de un bonito marcado en su cara exterior y rosados por dentro justos en su punto.El conjunto estaba integrado y resultaba muy agradable.18€

Para acompañar hemos tomado un Louro do Bolo (19€) servido a temperatura buena aunque nos han traido cubitera para mantenerlo.Atentos al rellenado de copas que por cierto estaban muy bien.

Con el servicio de pan la cuenta ha cifrado un total de 72.40€.

No hemos tomado ni postres ni cafés.

La atención correcta, la carta de vinos corta pero suficiente y con unos precios admisibles.

Cuando nos hemos levantado nos hemos vuelto a recrear en el maravilloso paisaje y curiosamente hemos hablado menos de la comida y hemos llegado a la siguiente conclusión: No hay nada que podamos destacar como nota negativa pero tampoco hay algo que dentro de un tiempo vayamos a recordar como algo notable, excepto el bellísimo lugar donde está emplazado el propio restaurante.

Ante la visita de unos amigos y deseosos de conocer buenos restaurantes en Cantabria y principalmente en la zona de Comillas, decidimos ir para que conocieran El Remedio, su enclave con vistas al mar y sus explendidas puestas de sol.
Magnífica noche veraniega lo que nos permitió cenar en el porche-terraza del restaurante. En donde nos tomamos unas cercezas viendo la puesta del sol y un aperitivo gentileza de la casa.
Cuatro personas que decidimos tomar: Platos al centro.
- Croquetas de centollo(11,00), 8 piezas de buena masa, textura, con sabor marinero y adecuado punto de fritura.
- Rabas de calamar con jenjibre y limón de Novales(12,00), para mí un clásico en el lugar, abundante ración, magnífico trato del producto, en donde se sustituye, el limón fresco que se exprime por encima, por una mermelada.
De platos fuertes:
- Bacalao(16,00), buén lomo, con un extraordinario punto, lascas nacaradas y de buén tamaño. Fué muy alabado por las comensales.
- Cebolla rellena de lechazo churro(15,00), el comensal que es de Burgos y vive en Medina del Campo, se sorprendió muy agradablemente y con gran predicamento lo ensalzó.
- Rabo de Toro(10,00), como siempre buenísimo, presentado en dados y con una salsa de especial tomate.
De postre:
- Tarta de avellanas, 2 pax(3,30), para mí otro clasico que hay que probar. Magnífica.
- Barra de chocolates con tofe(3,30),es otro postre de obligado
cumplimiento, hay que probarlo siempre. Siempre se puede hacer un hueco.
Acompañamos la cena con una botella de Mantel Blanco Verdejo(12,00) para los entrantes compartidos y otra de Besso de Rechennna(15,00), para los platos fuertes. Ambos fueron muy alabados por todos los comensales. Agua mineral Salares, digo Solares(3,00). Pan(1,20) y 3 cafés e infusiones(1,10).
Buén , profesional y diligente servicio, a cuyo frente se encuentra ahora Javier, que es un reconocido profesional y con amplia experiencia. Recomendable reservar, está siempre lleno. Volveremos.

Hacia tiempo que tenia este restaurante en el capítulo de “a visitar”, y el sábado con un buen día por la mañana, de los pocos que luce el sol en este verano, allá que nos acercamos cuatro personas, tras visitar la feria de quesos de la vecina localidad de Cobreces.

Como el día lo pedía y aquí el sol hay que aprovecharle cuando sale, de entrada nos sentamos en la campa de la ermita en unas sillas dispuesta en tal día al efecto y dimos cuenta de una ración generosa de:

- Rabas de calamar fresco con compota de limón de Ruiloba y jengibre; buena textura y curiosa el acompañamiento, pero que realmente no use mucho del mismo al ser tan buena calidad las rabas y por tanto decidí no enmascararlas.

Acompañamos este aperitivo con Mantel Blanco 2011, con unas buenas copas y su correspondiente camisa.

Pasamos al comedor acomodándonos en una mesa junto a la cristalera, desde la que se ve el mar Cantábrico tras una pradera y una coníferas.

Sala llena (son solo unas 8 mesas), mesa bien vestida y amplia, rápidamente atendidos, decidimos compartir de entradas al centro (servido en cada plato posteriormente por el camarero)

- Fritos de rabo de toro con salsa de barbacoa casera: curiosa presentación en unos taquitos cuadrados rebozados con una salsa muy suave. Me hubiesen gustado con algo más de gelatina en la carne, pero sin embargo un compañero se felicitaba por ello.

- Bocartes empanados rellenos de tocino ibérico con mouse de queso fresco pasiego condimentado: otra curiosidad agradable.

- Flan de morcilla de Villada con quesuco de Guriezo y piquillos; muy buena, con una buena untuosidad ¡aplauso unánime¡
De beber empezamos en los entrantes con Quinta Apolonia 2010, tras acabar el Mantel Blanco (como no)

En cuanto a los platos, tomamos:

- Albóndigas de vaca de Cantabria con foié y crema de patata trufada.

- Mejillones con tomatitos, albahaca y manzanilla de Sanlúcar, y

- Dos comensales, Cebolla rellena con lechazo de Mayorga: comentaré este plato que fue el que yo comí junto a otro comensal, nos gusto a los dos y mucho, buena la carne de la cebolla, buen tamaño y el relleno, excelente.

Este plato le tomamos con Trascasas tinto reserva 2007.

De postres:

Barrita de chocolate blanco y negro con salsa de tofe y crumble.

Tarta de avellana caliente con crema de café.

Pan crujiente con mantequilla, helado de leche y frambuesas: los dos anteriores buenos, pero este, que fue mi postre, especial con un pan en pequeñas porciones, con una sensación de crujiente y el helado muy logrado con una buena cremosidad.

El servicio muy atento, con un buen ritmo de platos y con cambio de copas a cada botella.

La carta de vinos con unas buenas posibilidades, quizás una poquito subida de precio.

Salió el responsable de cocina a saludar a los postres.

El precio total ascendió, por lo comentado mas 6 cafés y agua a un total de 158 euros (no llego a 40 euros comensal) que dado que se tomaron 3 botellas de vino, cuatro entrantes, cuatro platos y tres postres, me ha parecido un muy buen precio.

Ante los buenos comentarios recibidos y tras pasar la mañana en la playa de Comillas, decidimos ir a comer a este restaurante, perfectamente descrito en comentarios anteriores.
Tras tomar una cañita en la pequeña terraza que tienen habilitada en la entrada, pasamos al comedor, muy bonito y acogedor, donde se puede disfrutar de unas vistas inmejorables.
Las mesas estan muy bien vestidas, con vajilla y cuberteria de calidad y cristaleria Schott.
Antes de empezar a comer, aparece el camarero, por cierto muy amable y atento, para comentarnos los platos que no están disponibles de la carta.
Para compartir y que la cria tambien comiera algo:
-Rabas de calamar fresco con compota de limón de Ruiloba y jengibre, 12€, muy buenas, tanto de sabor como de textura.
-Croquetas de jamón, 9€, unas 8 unidades, ricas y cremosas, con buenos tropezones de jamón ibérico.
-Albondigas de vaca cantabra y foie con crema de patata trufada, 12€, muy, muy buenas, de las mejores que he probado y la salsa, para no parar de mojar pan.
De segundos:
-Lomo de vaca con milhojas de panceta y patata, 18€, dos buenos trozos de carne, perfectos de punto y de sabor.
-Merluza con perlas de calabacín, trigueros y ajada, 18€, enorme lomo, muy, muy fresco, con un punto perfecto de plancha.
Buen servicio de pan, compuesto de colines y panecillos recien horneados.
De postres:
-Pan crujiente con mantequilla, helado de leche y frambuesas, 6€, muy rico, el desayuno hecho postre.
-Tarta de avellana caliente con cremoso de café, 6€, rico, aunque quizas un tanto pesado y empalagoso, despues de tanta comida.
En el apartado de vinos, tienen una carta de vinos, que si la verdad no es muy extensa, está bastante bien resuelta y con opciones para todos los gustos, tambien observé, que dentro del comedor, hay un armario lleno de botellas con referencias fuera de la carta.
Para esta ocasión, optamos por Louro do Bolo 2011 a 19€, presentado en su correspondiente cubitera, servicio de descorche, prueba y rellenado de copas.
Terminamos la velada con unos cafes.
En definitiva, buena comida con ciertos toques creativos en un marco explendido, habrá mas visitas sin ninguna duda.

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