Restaurante Palomeque en Zaragoza

Restaurante Palomeque

Datos de Palomeque
Precio Medio:
32 €
Valoración Media:
7.6 10
SERVICIO DEL VINO:
7.4 10
COMIDA:
8.4 10
ENTORNO:
6.1 10
Calidad-precio:
8.3 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Zaragoza
Localidad: Zaragoza
Dirección: Agustín Palomeque, 11
Código postal: 50004
Tipo de cocina: De mercado, Tradicional
Vino por copas:
Precio desde 12,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Sabados noche y domingos

Teléfono


Opiniones de Palomeque
OPINIONES
15

Hay que ir a comer o a cenar a Palomeque sin ninguna duda.Excelente materia prima y un cocinero muy profesional.Cenamos carpaccio de tomate con iberico y langostinos(enorme),alcachofas con foie(brutales),Salchicha de graus(fantastica)y rodaballo con verduras(igualmente enorme).

Tiene una carta de vinos mas que correcta.Bastante completa,con añadas y alguna antigua.Los precios son muy ajustados(Selosse Substance a 200 €...).Por poner un pero ,esta noche la cristaleria para el vino podria haber mejorado.Bebimos un Frontonio Microcosmico de Fernando Mora, 2016,muy bueno(8.9).

Creo que Palomeque es unos de los mejores Restaurantes de Zaragoza(si no el mejor)para mi gusto.Dos grandes profesionales,Miguel Arles y Fernando Mallenco,uno en la sala y el otro en la cocina.Lastima que no abunden profesionales como ellos.

Poco que añadir a lo que se ha comentado hasta ahora.

Pocas mesas, muy juntas, siempre con gente, con mucha gente, y por tanto algo ruidoso.

Pero con una comida y unas tapas de las mejores de Zaragoza.

Una buena y larga carta de vinos, que tratan con cuidado y cioerto esmero y a unos precios contenidos.

Buen servicio.

Una vez aposentados en el que iba a ser nuestro hotel en Zaragoza durante tres días, y visto que no habíamos prácticamente desayunado y que, dada la hora ya tardía para nosotros de las 14h00, el gusanillo estaba loquísimo y... decidimos ir a visitar un restaurante, que además de estar cerquisima del hotel, nos había sido recomendado por un zaragozano de pro, un amigo virtual que al día siguiente iba a dejar de serlo para convertirse en un amigo real, Joaquin 1965.

Palomeque, esta situado en una céntrica callejuela que lleva su nombre, en un lugar bastante escondido para los no iniciados, al que no llegas por casualidad. El local ya ha sido bien descrito en Verema en anteriores comentarios, pequeño, bullicioso, con las mesas muy cercanas las unas de las otras, estilo bistrot lyonnais , pero con un ambiente y con unas tapazas para descubrirse, efectivamente me quité el sombrero...
No habíamos reservado y el restaurante estaba a tope, pero como habíamos decidido tomar un tentempié, nos situamos tranquilamente en la barra, desde donde divisábamos bien la sala y sobre todo todas las tapas que estaban diciendo cómeme.

Le pedimos al barman que nos recomendase las tapas del día y asi lo hizo muy amablemente con todo tipo de detalle. El servicio de barra es agradable, simpático, dinámico y muy profesional.

Compartimos las siguientes tapas :

Pochas con setas de carrerilla (Marasmius Oreades) y bacalao Pues como os podéis imaginar, estaban muy ricas.

Pulpo a la gallega en vaso y con cuchara Una versión distinta del pulpo a la gallega, el cefalópodo se sirve mezclado con una muselina de patata y pimentón de la vera. Resultón

Arroz con longaniza de Graus y trompetas de la muerte Estaba muy rico, muy sabroso.

Garbanzos con bogavante Delicioso, pero como dice un amigo de Verema, tal vez le faltaba algo de rock & roll.

Tosta de bacalao ahumado Un capricho de ultimo momento... que valió la pena de haberlo escogido para finalizar nuestro tentempié.

Hubiésemos tranquilamente continuado con la degustación, pero dado que eran las 16h00 y teníamos un restaurante reservado a las 21h decidimos pararnos aquí.

El pan que acompañó el tapeo, muy bueno.

No tomamos vino, bebimos un par de tercios de cerveza de barril Ambar.

Finalizamos con dos buenos cafés acompañados de unas frutas de Aragón y dos chupitos invitación de la casa.

La cuenta ascendió a 12,50 €/persona. Muy buena RCP. Buena primera impresión, buenas tapas. Habrá que profundizar su cocina en una próxima visita en cuanto tengamos la ocasión de volver a Zaragoza. Recomendable, para perderse.

  • Garbanzos con bogavante

    Garbanzos con bogavante

  • Arroz con longaniza de Graus y trompetas de la muerte

    Arroz con longaniza de Graus y trompetas de la muerte

  • Pulpo a la gallega en vaso y con cuchara

    Pulpo a la gallega en vaso y con cuchara

  • Pochas con setas de carrerilla (Marasmius Oreades) y bacalao

    Pochas con setas de carrerilla (Marasmius Oreades) y bacalao

Excelente cocina con una materia prima de primera calidad.La carta de vinos es correcta para lo que se lleva por el mundo.Los precios contenidos.El unico pero...el ruido.Al ser una pequeña sala,unicamente unas 7 mesas,el ruido puede llegar a ser ensordecedor.Una lastima,porque la comida es de un gran nivel.
Indispensable si se visita Zaragoza.

Aunque la idea era ir de tapas por Zaragoza, acabando en el tubo, la parada en Palomeque se dilató y probamos cuatro tapas y tres vinos, por eso sólo comentaré este local, del que tengo una muestra más representativa de lo que aquí se cuece.

Local de corte clásico con un ambiente encantador, acogedor, de esos restaurantes en los que, a pesar de estar hasta los topes, tienes una sensación de tranquilidad y sosiego.
La cosa fue de tapas, así que empezamos con una salmuera, típica tapa de la zona que consiste en una anchoa en salmuera a la que se le añade vinagre. En este caso la tapa está mucho más elaborada y sale con hielo pilé, una tosta de pan con tomate y vermut con Campari.
Migas, que aquí las hacen con foie, aportando la parte grasa con el hígado de pato en vez de con el tocino o sebo. El resultado es de órdago.
La longaniza de Graus es un must en este local, así que no pudimos desperdiciar la ocasión. ¡Que longaniza más rica!
Acabamos con una tosta de bacalao ahumado, sencilla pero de buena calidad.

La selección de vinos es una maravilla, sobre todo porque te abren cualquier cosa para tomarlo por copas. Además el dueño del local se volcó en nosotros, un profesional de la hostelería de esos que ya no se ven, amante de su trabajo y del vino, lo que le hace transmitir esa pasión al cliente.

Sin duda, se tiene que visitar antes de ir al tubo.
El precio no es orientativo porque pedimos vino por copas y sólo picoteamos, aunque al final cayeran cuatro tapas y algún que otro vino.

Palomeque era la apuesta fija en la quiniela antes de salir de Valencia. Así pues, previa reserva el día anterior, nos presentamos cinco buenos amigos con la satisfacción de haber concluido el trabajo para el que nos habíamos desplazado a Zaragoza.

El local está más que bien descrito con anterioridad. A tope de aforo, fuimos ubicados en un rinconcito pegado a la cristalera y comenzamos a echarle un vistazo a la carta.

El jefe de sala nos caló a la primera y se prestó al pulcro mercadeo durante la confección de la comanda. Que si un ajuste del tamaño de las raciones por aquí, que si un consejo acerca de la cantidad de platos solicitados por allá, que si varios vinos diferentes por acullá… todo para intentar satisfacer al comensal y poder probar cuantas más elaboraciones sea posible. Cuando percibo esos detalles sin rastro de camelo intuyo que la experiencia va a ser buena… vaya si lo fue.

Así quedó el tema:

Carpaccio de Tomate con Langostinos y Jamón Ibérico. Toma de contacto con un plato sin misterio donde lo que debe abundar es la buena materia prima tal como era el caso y además sin atisbo de escatimar. Encaje.

Migas con Huevo Poché y Foie. Combinación y ejecución para llorar de alegría. Escaso bagaje en migas el mío pero puedo decir que son las mejores que he probado en mi vida hasta el momento. Clímax precoz.

Cogote de Merluza. Buena pieza hecha al horno de manera tradicional con un resultado espectacular. Fresca, de excelente calidad y sabor que se acompañaba de patatas, cebolla y pimiento rojo. Engalanado.

Longaniza de Graus con Setas. Por fin la probé!! Buen especiado el del embutido que estaba relleno de trompetillas siendo escoltada en el plato por calabacín, cebolla y pimientos. Grande.

Tacos de Solomillo al Ajillo. Carne de ternura extrema y sorprendente jugosidad bien manejada en cocina. Unos pimientos rojos muy finos y unas patatitas como guarnición. Regocijo.

Surtido de Quesos. Pudimos degustar uno madurado de cabra de Radiquero, un curado de leche cruda de oveja de Villanúa (Huesca) y uno de pasta blanda elaborado con leche cruda de oveja que ahora no recuerdo su procedencia. Tremendos.

Íbamos aviados con lo servido pero lo a gustito que nos sentíamos hizo que pidiéramos algo dulce para rematar, siendo sorprendidos con un rico Sorbete de Mojito,una golosa Tarta de Chocolate y otra de Hojaldre con Frutas y Crema para terminar el festival.

Y para beber… pues poniéndonos en sus manos con la premisa de probar varios vinos, esta fue la selección:

Les Domaniers 2013 Côtes de Provence
Telescópico MMXIII IGP Valdejalón
Morlanda Blanc 2013 D.O.Q. Priorat
Covela 2004 Tinto Colheita Seleccionada Minho
Firé de Pegalaz 2008 V.T. Ribera del Gállego – Cinco Villas
Palo Cortado Tradición VORS D.O. Jerez
Anayón Vino de Licor D.O. Cariñena

Todos ellos con perfecta explicación acerca de sus características y procedencia así como descorchados en nuestra presencia excepto las dos últimas botellas y siendo servido en buenas copas.

También bebimos agua y cerramos con un correcto café.

En resumen, experiencia más que grata donde disfrutamos… pero de verdad. Cocina honesta de corte clásico y anclajes tradicionales que maneja buen producto siendo ejecutado con dominio y experiencia. Mención destacable para el servicio de sala volcado con el cliente. Un acierto seguro.

  • Surtido de Quesos

    Surtido de Quesos

  • Tacos de Solomillo al Ajillo

    Tacos de Solomillo al Ajillo

  • Longaniza de Graus con Setas

    Longaniza de Graus con Setas

Salimos felices de Palomeque y cuando sales feliz de un restaurante, poco mas se puede añadir... pero bueno, añadiremos algo mas.

Lo cierto es que es un local pequeño, con las mesas muy apretadas, demasiado, costaba pasar entre ellas, una decoración elegante con un servicio dedicado, a nosotros nos resolvió, con gran acierto, algunas dudas entre varios platos que no acabábamos de decidir.

La carta es extensa y si le añaden una hoja de sugerencias, pues aún mas, eso si, la mayoría de propuestas, muy sugerentes.

Para empezar compartimos una ventresca de bonito, con pimientos y cebolla frita, materia prima de primera y el toque de la cebolla frita, que al principio me pareció un poco raro, acabo siendo muy resultón.
También unas alcachofas con foie, hervidas y con un paso breve por la sarten, de nuevo unas alcachofas de primera, muy tiernas, el foie, un pelin demasiado hecho, peor sin problema.

Los segundos, un cochinillo y un ternasco, ambos medias raciones, hay que decir que esa media ración, sería ración entera en muchos restaurantes que conozco. Ambos, tiernos, gustosos, crujientes (la piel).

En definitiva muy buen material, bien trabajado, sin excesos, porque no necesitan demasiadas florituras, disfrutamos.

La carta de vinos es completa, pedimos un Abadia Retuerta Selección Especial (23 €), que como siempre, estaba buenísimo, servido a temperatura en muy buenas copas.

No pedimos postres, un par de cafés, buenos, que acompañaron con unas frutas de Aragón.

El restaurante llenó, nosotros reservamos con una semana de antelación. Tengo que decir que descubrí este restaurante gracias a Verema, no conocíamos Zaragoza y lo escogimos gracias a los comentarios de algunos veremeros, gran acierto.

Allí, en una estrecha callejuela, muy cerca de la Plaza del Pilar pero oculta a los ojos de los despistados turistas que pasean por las calles adyacentes, es donde se esconde Palomeque. Callejón que pasa desapercibido, estrangulado entre dos iglesias, en el que apenas entra la luz del sol pero al que la gente acude como si de un local céntrico y de moda se tratase.

Al acceder te encuentras un local pequeño, estrecho, al igual que la callejuela que lo esconde. Bullicio constante, ir y venir de clientes asiduos y esporádicos, como es nuestro caso…el ritmo no decae. Previa reserva telefónica con una semana de antelación para no llevarme susto y quedarme con las ganas, nos ubican en una mesa situada junto a las vitrinas de vino. Tamaño justo pero suficiente para los 4, sin sentirnos agobiados en ningún momento pese a la estrechez del comedor.
Manteles y servilletas de papel (de calidad). Buena vajilla, cubiertos y cristalería.
Había hecho trabajo de “PC” en casa y había elegido este local por las crónicas que se habían colgado del mismo. Antes siquiera de sentarme, ya sabía lo que tenía que pedir y casi no tuvimos que mirar la carta, por cierto, con un sinfín de opciones para todos los gustos.

Disfrutamos de lo siguiente, todo para compartir (2 comensales adultos y 2 niños pequeños):

**2 TOSTAS DE TRUFA NATURAL CON SAL MALDON (13,2 € Iva incluido): no estaban en carta pero preguntamos si era posible y nos dijeron que sin problemas. Cuando llegaron a la mesa todo se impregnó del olor a trufa…cuando las probamos nosotros también nos embargamos de su sabor…qué potencia, qué rico. La conjunción de trufa, aceite de oliva, sal (y creemos que también un poco de pimienta) para nosotros es de sobresaliente. (VER FOTO)

**LONGANIZA DE GRAUS CON SETAS (14,50 € Iva incluido): otro plato para recordar. Carne de calidad rellena de trompetilla negra. Potente sabor, ni un solo gordo en toda la salchicha. Se acompañaba de patatas fritas muy finas y espárragos trigueros y calabacín a la plancha. Para mí, un plato para comer y comer hasta cansarse. (VER FOTO)

**MIGAS CON HUEVO POCHÉ Y FOIE (13,20 € Iva incluido): Huevo, migas tiernas y buen pedazo de foie a la plancha. Rompes la yema del huevo, mezclas todo y el resultado hay que vivirlo. Exquisito. Yo sé de una que desde entonces sueña con este plato. (VER FOTO)

**TACOS DE SOLOMILLO DE TERNERA AL AJILLO (22,55 € Iva incluido): carne de primera, ponías el cuchillo encima y se cortaba sola. En boca más que tierna, muy muy jugosa y con sabor. Se acompañaba de patatas fritas cortadas muy finas y unos pimientos del piquillo muy ricos. La carne venía acompañada de una salsa que le daba un toque picante (lo justo) que la hacía realmente sabrosa. Se me olvidó preguntar qué salsa era.

Llegó la hora de los POSTRES:

**2 TRUFAS CON NATA (2,75 € Iva incluido): presentadas cada una de ellas en una cuchara de diseño con un penacho de nata. Los peques disfrutaron mucho de ellas.

**NATILLAS (4 € Iva incluido): muy finas, frescas, ricas.

**COULANT DE CHOCOLATE CON NARANJA (6,60 Iva incluido): ésta fue mi elección. Fue un buen dulce final.

**HELADO DE TIRAMISÚ CON PEDRO XIMÉNEZ (5,5 € Iva incluido): probé una cucharada y estaba bueno…el Pedro Ximénez se hacía notar y mucho.

**FRUTAS DE ARAGÓN Y PASTAS (cortesía de la casa) para acompañar el café. Yo no las probé pero me chivaron que estaban muy ricas.

Café cortado (rico) e infusión de té a la menta (buena sin más). Ambos invitación de la casa.

Acompañó la comida un cestillo de pan con varios tipos: artesano, bollitos, y colines de pan tostado. Todos ellos ricos. Se cobró (4,20 € Iva incluido)

**VINO: carta con un poco de todo, con más presencia de vinos de Aragón. Nos decantamos por un Campo de Borja: FAGUS (Coto de Hayas) Garnacha 2011, Selección Especial. Presentación de la botella, descorche, y primer servicio…no hubo prueba. Servido en buenas copas RIEDEL, Dice mi compañera que sabor avainillado y a frutos rojos. Para mí, sabor goloso, poca acidez, muy muy rico. (29,15 € Iva incluido).

También se bebieron dos botellines de agua. (4,20 € Iva incluido)

La cuenta ascendió a 108,75 € (Iva incluido). Para mí, estupenda RCP para todo lo degustado y disfrutado.

Servicio de mesa correcto, acogedor y cercano. Atendido en algunos momentos por una chica y en otros también por el propio Fernando (uno de los responsables del local) que está al pie del cañón atendiendo las mesas y pendiente de todo lo que sucede en su local. Estuvimos hablando con él a ratos y era un tipo simpático que se rezumaba pasión por lo que hacía.

Una vez finalizado el festín, nos despedimos de Fernando y su equipo, que al vernos la sonrisa en la cara sabían que marchábamos contentos. Fernando tuvo además el bonito detalle de obsequiar a los peques con una bolsa de frutas de Aragón al salir. Las comeremos a su salud para que sigan adelante con su restaurante.
Cocina de producto, sin trampa ni cartón. Saben lo que ponen en la mesa y la gente se sienta en el restaurante porque lo valora. No he marchado y ya tengo ganas de volver. Me coge un poco lejos pero estoy seguro que les haré otra visita.

ANÉCDOTA PARA NO OLVIDAR: tras servirnos el vino, damos a los peques el corcho para que lo huelan y les dejamos también oler (que no beber, que nadie se me asuste) una copa del FAGUS de cara a que vayan cogiendo los diferentes aromas que genera el vino. Todo ello con la esperanza de que dentro de unos años no les resulte este mundo tan desconocido y complicado como a nosotros.
Pues bien, sin percatarnos, estábamos siendo observados desde la barra. De repente, se nos acercan dos señores y nos dicen “no podemos por menos que felicitarles por verles cómo están enseñando a los niños el mundo del vino, nunca lo habíamos visto y nos ha emocionado”. Nos quedamos sorprendidos y les explicamos que queremos que aprendan desde pequeños a apreciar y diferenciar los vinos y tras una breve conversación y visiblemente agradecidos, toman asiento en una de las mesas junto a la cristalera ya que se disponían a comer. Pues bien, nosotros seguimos comiendo y se acerca de nuevo uno de ellos con una copa de un vino blanco, “pruébenlo, es para ustedes dice”…lo probamos y nos quedamos alucinados del sabor…ESPECTACULAR...suave, fresco y rico como ninguno que hubiéramos probado antes. Allí nos deja la copa para que la sigamos disfrutando.
Más tarde, se acerca de nuevo a nuestra mesa dejándonos una copa de vino tinto, la probamos y volvemos a alucinar, sabor ELEGANTE Y COMPLEJO. Mira que estaba bueno el FAGUS, pero lo que él nos trajo lo ensombreció. Le pregunté qué vinos eran y me dijo que ambos eran ENATE de alta gama. Sospecho (por lo que medio oí) que el blanco era ENATE UNO CHARDONNAY (botella de más de 300 €) y el tinto no lo sé, pero sería también uno de "los grandes" de la bodega.
Al abandonar el restaurante, nos despedimos de ellos agradeciéndoles el detalle que han tenido y nos entregan una tarjeta con sus credenciales y nos dicen que les llamemos cuando vayamos a visitar…SU BODEGA; leo lo que pone en la tarjeta y son pesos pesados de la bodega ENATE. En ese momento esbozo una sonrisa y entiendo todo lo que ha sucedido…yo de mayor quiero ser como ellos.

Curiosa anécdota...es lo que tiene el mundo del vino y la gastronomía, que de la forma más inesperada llegas a conocer a gente realmente interesante.

NOTA: El precio por persona lo he marcado contando a los dos niños como un solo comensal para hacer un cálculo más real.
El entorno lo he puntuado teniendo en cuenta que está a 5 minutos andando de la Basílica del Pilar y no valorando solo el callejón donde está ubicado.

  • Migas con huevo poché y foie

    Migas con huevo poché y foie

  • Longaniza de Graus con setas (trompetilla negra)

    Longaniza de Graus con setas (trompetilla negra)

  • Tostas de trufa natural con sal maldon

    Tostas de trufa natural con sal maldon

Cena de amigos (2 parejas) para la cual se entabla la típica discusión.. tipo, oye ¿y conocéis vosotros algún restaurante nuevo?.. pues sí, pero vamos nada del otro mundo… ¿pero tomaremos copas luego? Hombre, eso seguro.. Pues habrá que cenar contundente y céntrico, eh.. ¿Oye, nos vamos al Palomeque? Fin de la discusión. Unanimidad Total.

Localización y entorno: Muy céntrico, situado en la calle del mismo nombre, a 5 minutos de la Plaza de España y de la Plaza del Pilar. Si se quiere tomar una previa, el tubo zaragozano a 5 minutos también, y para tomar buenos GT posteriores, pues asimismo sin problemas. Vamos, un sitio ideal para iniciar una noche prometedora.

El entorno exterior no dice nada, pues el restaurante está en una calle peatonal -tiene aún una pequeña terraza con 4 mesas, en donde se come/cena sin agobios-, pues no pasa excesiva gente. En cuanto al interno, pues es lo que yo llamó un negocio bien aprovechado.

Ello se debe a que el restaurante -que, de por sí, es chiquito- es también bar de tapas. Tiene una barra al fondo, en la que normalmente hay bastante gente apretujada, y en la que ya se ven algunas cositas que presagian que el sitio es de buen yantar. Y cuando digo que el sitio es pequeño, lo afirmo porque sólo caben 36 pax dentro (unas 10 mesas, algunas de 2 pax). Así que para reservar allí hay que hacerlo con un cierto tiempo.

Por otra parte, y dadas las medidas del local, la separación entre mesas es justita. Hay que tener un poco de suerte con la mesa -las mejores, las de al lado de la cristalera-, porque si no hay un poco de agobio. La decoración es moderna y muy funcional, mesas de madera, con manteles que no cubre toda la mesa (tipo sobremantel, cosa a mejorar), sillas muy cómodas. Iluminación adecuada y rumorosidad no muy alta (salvo presencia de cazurros/matracos con ganas de ir al Plata con posterioridad). Casi siempre está lleno. En todo caso, es un sitio muy limpio.

Vajilla -blanca, sin nada que resaltar del diseño- y cubiertos correctos. Copas muy aceptables. Servilletas normalitas.

Servicio y servicio del vino: El servicio es bueno. Tratan muy agradablemente al cliente, aunque la camarera que nos tocó en suerte era un poco “estiradilla” (en especial, cuando le pedí el corcho de la botella). No se pasan esperas. Rápidamente tienes los platos en la mesa, con sus tempos adecuados entre uno y otro, lo que te permite hablar tranquilamente. El servicio del vino es lo habitual: apertura de la botella, pruébenlo y ahí se lo dejo para que se sirvan. Poco destacable en este aspecto.

No obstante, sí que debe comentarse la carta de vinos: aunque en otros momentos a mí me ha parecido algo superior a lo que ahora tienen, la verdad es que mantienen un buen nivel.. aceptable selección de vinos por copas (lógico, al ser bar de tapas), 15 espumoso, 7/10 rosados/ 20 blancos y un buen numero de tintos con preponderancia aragonesa, pero sin olvidar también una buena representación de los clásicos (y no tanto) riojanos y riberas; pocos prioratos y algunas concesiones (pocas) a lo extranjero: argentinas y francesas. Además, en cada categoría, ordenados por precios de menor a mayor. En resumen, una carta muy bien estructurada.

Pero lo mejor de todo, los precios: Antes estaban, incluso, más ajustados. Pero aun así, el Fagus a 22, el Veratón a 24, el Alto Moncayo a 35, el Tres Picos a 17… por citar los de la tierra.. Contino reserva a 27, Alonso del Yerro crianza (que fue el elegido -y servido a perfecta temperatura-) a 20 euros. Vamos, que no te hace duelo beber, porque el margen es pequeño.

Comida: Adviértase que es un sitio que presenta raciones contundentes y en donde se come producto: buen producto. El chuletón es de los de verdad. Y el resto de las carnes -steak tartare incluido-, también. Tienen algún buen pescado, aunque en menor cantidad que las carnes. Tendencia a especialidades de la gastronomía aragonesa (como migas, longanizas…), pero no con una elaboración simple y ramplona. Todo lo contrario: muy bien cuidado, imprimiendo a unos platos en apariencia sencillos un toque singular que lo elevan en calidad.

Como no había mucha gana, preferimos pedir cuatro platos para compartir entre los cuatro. Y los elegidos fueron los siguientes:

1) Migas aragonesas con huevos poché y foie: Perfectas. Blanditas y riquísimo el huevo. El toque de foie completaba un conjunto tan sencillo como agradable.

2) Longaniza de Graus con trompetillas… Excelente de sabor y perfecta de plancha. Buen tamaño y grosor. Nos dio para cuatro trozos para cada uno. Presentado con patatas fritas finas y algún porción de berenjena.

3) Perdiz escabechada. La carne de la perdiz se deshacía en la boca, ligada con una buena salsa a la que lo único que le eché en falta fue un pelín más de punta de vinagre.

4) Steak Tartare… abundante (y eso que era para 4) diversos panes para acompañar y suave mantequilla. Por supuesto, te sacan una pequeña cata (a mí me pareció perfecto para el gusto de mi mujer, un poco suave de pimienta para mi). La presentación, en un plato negro con un adicional de pimienta para que mi amiguete y yo forzásemos la máquina. Sin palabras. El mejor de Zaragoza, sin duda.

El apartado pan (aparte del sacado para el steak) un solo tipo, pero crujiente y sabroso. Cortado a rebanadas.

Postres. La pareja amiga compartió (incluso con mi mujer y conmigo) un brownie con coulant de chocolate blanco y helado de mandarina, bastante bien conjuntado. Y, para mí, para bajar la calentura del steak, un cremoso helado de albahaca con confitura de fresa y galleta que me encantó.

No hubo café, por lo que la última copa de la segunda botella de Alonso del Yerro se utilizó para pasar unas galletitas con sabor a lengua de gato y las tradicionales frutas de Aragón (ambas cortesía de la casa).

Precio: incluyendo las dos botellas de vino mencionadas, dos cervezas grandes tomadas en barra y dos viontas blancos (también en barra) un total de 130 euros.. o lo que es igual 32 euros/pax. Una RCP, EMHO, muy buena.

A la vista de lo anterior se comprenderá que sea uno de mis restaurante-fetiche en Zaragoza. No es, sin duda, el sitio donde mejor se come… pero qué gusto da siempre comer en este sitio.

Llevaba tiempo intentando ir animado por los elogiosos comentarios del Foro, pero la mayoría de las vecs estaba completo.
La verdad es que la experiencia fue muy buena: me gustó el local, la atención, lo que comí y lo que bebí.
Cenamos una ensalada de tomate con jamón y gambas, rica, aunque para mí las gambas sobraban, no aportaban nada al plato.
Un revuelto de chistorra y camembert estupendo y un pulpo con patatas también para mojar pan que fue lo que hicimos con fruición.
De postre una tarta casera de chocolate y un sorbete de limón, bien aunque me dió la impresión que los postres no son el fuerte de la casa.
Bandeja muy completa de pan, carta de vinos excelente a buen precio y servicio impecable.
El servicio muy muy bueno, sobre todo con un ritmo de llegada de platos a la mesa como se ve en muy pocos sitios, te dejaban acabar tranquilamente uno y te llegaba el otro, sin apreturas en la mesa ni estar sufriendo porque tienes varias raciones a la vez y ves que alguna se está quedando fría, en ese aspecto sensacional.
El espacio entre mesas, sin ser espectacular, es suficiente y a pesar de que era sábado noche y estba a rebosar se podía hablar.
Un pero: los caminos de mesa, ese nivel de oferta gastronómica se merece un buen mantel y mejores servilletas.
En fin, espero volver pronto.

  • Del pulpo no quedó ná

    Del pulpo no quedó ná

  • Al rico revuelto, con sus tostadicas

    Al rico revuelto, con sus tostadicas

  • La ensalada

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