Restaurante El Riojano en Santander

Restaurante El Riojano

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Datos de El Riojano
Precio Medio:
38 €
Valoración Media:
7.3 10
Servicio del vino:
6.7 10
Comida:
7.5 10
Entorno:
7.3 10
Calidad-precio:
7.6 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 14,50 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


12 Opiniones de El Riojano

Restaurante en el cual ya se han definido con anterioridad de sobra su interior

Paso a detallar lo degustado

 

* Gambon a la sal, con un marinado perfecto no perdiendo en ningun momento su sabor original

*  Tataki de atun con ensalada de algas, sirviendo aparte wasabi y salsa cremosa de soja, plato perfectamente ejecutado.

* Mollejas fritas " sin una gota de grasa" las mismas cubiertas con un perfecto crujiente que conseguía una mezcla de texturas muy agradables al paladar.

* Carrilleras estofadas de vacuno, quien las degusto exteriorizo que estaban sublimes, lo que si aprecie es el trabajo de las mismas en un fondo intenso que se percibía perfectamente en el plato.

* Raviolis de rabo con bechamel de foie y puré de apionabo  plato impecable en el que se notaba también el trabajo de cocina

* Pochas con almejas, en salsa verde, almejas de muy buena calidad, salsa adecuado con un sabor exquisito, con un solo pero, las alubias no estaban en consonancia, no sé el motivo , pues lo más sencillo dentro de un orden es conseguir un buen material que de un resultado acorde al resto del plato.

* Sobachon, postre riquísimo elaborado a partir de los ingredientes de un sobao pasiego, leche condensada en el fondo y mas ingredientes unidos al mismo que ahora mismo no recuerdo, lo que si recuerdo es que estaba buenisimo.

* Vinos Titan del Bendito 2014 y Roda I 2014

Cafes, chupitos etc

 

Conclusión final que es lo que realmente importa, restaurante que a mi parecer ha dado un importante y profundo paso hacia delante en su cocina.

La misma anteriormente se había quedado enclaustrada, con una cocina anodina y que no causaba ningún estimulo al paladar.

Ahora se nota en sus platos una vuelta de rosca que se agradece por supuesto.

A resaltar Borja que ejerce de Maitre-Summiller, lidera perfectamente el comedor, estando atento, a todos los detalles, ayudando al comensal en todo momento diluyendo cualquier duda que se pueda suscitar en la mesa.

Es de agradecer, dicha figura que en muchos restaurantes brilla por su ausencia o la misma denota falta de conocimientos.

En este caso dicho trabajo es perfecto.

Bueno creo en algún otro comentario hace tiempo dije no volveré, en este caso cambio de opinión.

Para quien piense que mis comentarios son casi siempre muy positivos, le hago saber que los negativos, me los suelo ahorrar, para no perder el tiempo

A NO SER QUE LA EXPERIENCIA SEA DESASTROSA y aun así algunas me las ahorro

Noviembre y lunes noche con el comedor lleno a 4/5 (!). Buenas sensaciones al entrar con ambiente acojedor con mucha madera y que invita a sentarse a cenar. Tomamos:

1/2 ensaladilla (5,50€). Se eligió por se vista en la mesa contigua y no defraudó. De las mejores que recuerdo. 

- 1/2 croquetas (4) de bonito y huevo (5€). Buen rebozado y fritura, cremoso interior, aunque algo justas de bonito. Buenas. 

- Merluza al vapor y vieria con velouté de verduras (18,25€). Exquisita. Puntos perfectos de la merluza (vapor) y vieria (plancha). La velouté fina con unos trocitos de guindilla escondidos debajo del pescado que le dan alegría al plato. Se disfruta. 

- Raviolis de rabo de toro con foie (16€). Probado tangencialmente. Referido como bueno. 

- Flan de huevo El Riojano (4€). Una delicia de flan, de los mejores que he tomado. 

- Sobachón (5€). Correcto. 

Cervezas bien tiradas a 3€. Carta de vinos clásica con precios moderados. La posibilidad de medias raciones de los entrantes facilita mucho la cena para 2 personas. Altamente recomendable en mi opinión. 

 

Durante este verano, dos visitas a la Bodega del Riojano para comprobar el notable nivel en el que se encuentra este representativo y auténtico espacio de Santander. El interior de la Bodega del Riojano es especial, un entorno icónico que alberga el denominado Museo Redondo que consta de más de 100 barricas de vino pintadas por diferentes artistas.

La Bodega del Riojano se inauguró en 1938 como almacén de vinos y verduras por Vitores Merino y Guillermina Vallejo. El primer guiso que se sirvió fueron las cazuelas de pimientos rellenos. A principios de los años 50, aparece la figura de Victor Merino (hijo del fundador). De alguna forma, Victor fue un adelantado a su tiempo. Se nutría de los artistas que venían a la Universidad Menéndez Pelayo para agasajarlos con una cena a cambio de que posteriormente se pintara sobre algunas de las cubas de la bodega. Las “performances” de los años 50. Un restaurador que no cocinaba y frecuentaba los círculos de la alta cocina en los años 70.

Los suelos de piedra, los techos altos, las vigas vistas de madera y una iluminación de elevada calidez provocan ese tipo de confort que debe ser la antesala para pasar dos buenas horas en un restaurante. Carlos Crespo reabrió hace ya 11 años la Bodega y no ha querido romper la identidad y la historia de este local pretendiendo que también sea un espacio cultural como lo fue en su época de apogeo.

La propuesta culinaria de la Bodega del Riojano es tradicional pero puesta el día en los fondos y las maneras de hacer. Hace dos años, se produce un punto de inflexión en la cocina con la incorporación de Alejandro Ortiz Cayón. Alejandro es un joven cocinero cántabro de 31 años que fundamentalmente aprendió a cocinar a través de su bagaje en Asturias en restaurantes como el Molin de la Pedrera, el grupo Balneario Salinas, Arbidel y la Hostería de Torazo). Antes de recalar en la Bodega también pasó por el biestrellado cántabro El Cenador de Amós. Alejando ha sabido rejuvenecer los guisos y los platos clásicos de esta casa; aligerándolos, reduciendo su grasa y modificando la forma de hacer fondos y salsas. Todavía se conservan de la carta original tanto el bacalao con tomate como los pimientos rellenos como platos emblemáticos.

Carlos Crespo ha sabido mantener el alma de la Bodega del Riojano. Ligeros cambios para ampliar el espectro del público y mejorar ampliamente el resultado final tanto en cocina como en servicio. Por cierto, éste resulta muy agradable y cercano, con una mención especial a los jefes de sala. Croquetas, ensaladilla, jamón, pimientos rellenos, flan son los platos más solicitados por una clientela que poco a poco va cambiando y pide más. Sin duda una de las mejores referencias de cocina abierta a todo tipo de público dentro de la ciudad de Santander.

En definitiva, la Bodega del Riojano es un restaurante de espacio cálido e histórico cuya cocina manteniendo las bases de la culinaria clásica se ha rejuvenecido en los últimos dos años sin perder la esencia de los buenos guisos y fondos. No encontrarán excesivas sorpresas pero tampoco rimbombancias fuera de lugar. Lo que detectarán es una cocina tradicional actualizada que reconforta sin dejar huellas de pesadez.  

En los fogones, Alejandro Ortiz Cayón ha ido introduciendo en la Bodega su saber hacer. Alejandro es cocinero de fogón y olla, de estar cerca del fuego. Llama la atención que con su juventud muestra madurez culinaria. Se refleja en saber realmente dónde está cocinando, en cuál es la línea que esta cocina debe seguir. En sus platos no se atisba ni un solo fuego de artificio, ni un solo ingrediente que haga grandilocuente el enunciado, ni una sola mezcla discordante. Simplemente cocina.

La evolución está en una mayor alineación con la temporalidad de los productos, ampliando la oferta con fueras de carta atractivos bajo esa línea del guiso y el abrazo gustativo conocido. La oferta de vinos sobre todo en lo relativo a vinos blancos también merece una revisión.

Entorno 7,5

VIno 6

Comida 7

RCP 7,5

Post completo en http://www.complicidadgastronomica.es/2017/09/bodega-del-riojano/

Comienzo la valoración con ese titulo, porque cada vez que he preguntado a alguien por un restaurante y me han dicho !!!!! Esta bien!!!! pues he ido y por lo general es lo que denomino sin alma.

* 1 anchoas Catalina las probé hace una año en el mismo sitio, en este caso muy buena calidad con mucho menor tamaño, bueno el precio no lo han bajado.
* 1 Croquetas estaban correctas sin mas.

* 1 Jamón Ibérico bellota, correcto también

* 1 Merluza plancha, que menos eso era cualquier cosa, se supone que si pido un producto preparado de una manera ,lo traigan así, parecía mas merluza al horno.
* 1 Ventresca Bonito, según quien la comió exquisita

* 1 Solomillo plancha, se permitió filetear al pedirlo muy hecho, pero una cosa es muy hecho y otra medio carbonizado.
Para beber una botella agua y 1 Matarromera crianza.

* Postres 2 raciones arroz con leche y una de helado chocolate, par mi opinión la leche frita, parecía que llevaba leche condensada,lo pregunte y me dijeron que no, bueno si la lleva tampoco me lo iban a decir.
* 2 cafés y a correr

Bueno añadir este tipo de valoraciones me aburre, porque no hay nada que resaltar en ningún sentido.
Se denomina Bodega del Riojano, quizás por eso me costo encontrar algún Ribera un poco......
Curiosamente tiene la carta de vinos ordenada por precios con todas las denominaciones mezcladas, el Matarromera estaba casi al final de la lista, me parece el ultimo era Pesus, pero no había mucha distancia entre el Matarromera y el Pesus jajajajaja

Bueno la primera regular, esta peor, con toda la oferta gastronómica que hay en Santander y Cantabria, no pienso volver.

Escapada exprés a Cantabria para asistir a la interesantísima cata “La Carne y la Luna” en “Sambal” (Noja). Fue a mediodía y… había que aprovechar la noche.

Cuatro amigos ante el peligro. Uno, Dani, tenía ganas de “cocina cántabra de la de siempre”, así que dos de ellos, los autóctonos Gabriel y Compos tuvieron que cavilar para ver dónde nos llevaban a cenar. Que si cerca de Noja, que si en alguno racial alejado, que si en Santander para tomar unos vinachos antes… Tras darle muchas vueltas al tema, acabamos aquí, en El Riojano, un clásico entre los clásicos, y en plena ciudad de Santander, en Río de la Pila ni más ni menos. Eso sí, antes nos tomamos un vinito en Catavinos (más ruido que nueces) y otro en La Cigaleña, a donde prometo volver un día a cenar en condiciones, cómo me gustó este lugar.

El Riojano. Por historia y tradición no va a quedar, pues acaban de celebrar su 75 aniversario, con un breve periodo cerrado que aprovecharon para reformar y reabrir en el 2009 con nueva dirección. Nueva dirección que ha conseguido revitalizar el negocio, bajo las premisas de calidad y tradición.

Con la citada reforma han conseguido mantener ese aire de antigua bodega, de solera, pero imprimiéndole unas notas de “color”, de comedida modernidad y buen gusto a raudales, como esas cubas que forran literalmente las paredes de la tremenda sala, y que han sido usadas como lienzos por varios pintores coetáneos.

La entrada en la sala es impactante, por sus dimensiones, por lo comentado, por la luz tenue, por el ruido de fondo comedido, pese a que estaba totalmente llena… Es rectangular, diáfana, y pese a ello tiene un puntillo intimista.

Parroquia cool, heterogénea, santanderinos de bien. Se palpa que se ha vuelto a poner de moda El Riojano.

Nos acomodaron en, a mi juicio, la mejor mesa: al fondo del todo, a la derecha, con sensación casi de reservado pese a no haber separadores, y es porque está un poquito más apartada y bajo una especie de soportal de madera. Bancos corridos de madera, que mueven para que entres y salgas.

Qué bien se está aquí, oye, pensé. Ya solo falta que encima se coma bien.

No comimos bien: comimos muy bien.

Cantabria en vena. ¿De noche? Sí, de noche. ¿Quién dijo miedo? Somos 4 valientes de Rumoroso, de Torrelavega, de Godella y de Zaragoza. Podremos con ello, así que:

Anchoas
Pastel de cabracho
Rabas
Bocartes
Pimientos rellenos
Callos
Cocido montañés
Leche frita, Arroz con leche, Torrijas de brioche, Helado de mantecado

Toooooooooma Cantabria en vena! Tooooooma Geroma pastillas de goma que son pa la tos!

Buahh, qué gozada. Anchoas de las que sólo se comen allá (ahora que, pescarse, no sé dónde se pescan); pastel de cabracho que está en total desuso, pero qué frescura, qué tacto parafinado y qué recuerdos; rabas… de locura, punto de fritura de 10, mordida casi crujiente y saborrrrr dulcecito, indicativo claro de buen género; bocartes de textura adorable y con un rebozado casero casero; pimientos rellenos de carne, grandes, morrones, albardados, fritos y cocinados en salsa de tomate, un pecado; callos, con puntito (fui el único que lo detectó, así que estaré equivocado) de establo, pero es que a mí este puntito me da vida; cocido montañés, que estaba tan, tan malo… que cayeron tres platos.

Bebimos Casona Micaela 2014, albariño y riesling de D.O. Costa de Cantabria, con muy buena acidez y cierto volumen, y cuando llegó “lo duro” cambiamos a El Regajal Selección Especial 2013, un coupage madrileño de muchas variedades entre las que no se encuentra la garnacha, vaya por Dios, potente y esbelto, con mucha fruta y bien integrado ese añito de madera.

Servicio estupendo, siempre educado y atento, con un jefe de sala realmente profesional.

Pereda pa’rriba, Pereda pa’bajo… y dormimos como niños, lo que ocasionó que nos levantáramos con buena gana y nos apretáramos para desayunar uno de mis bocados favoritos: tortilla de patata con una capa de atún y mahonesa y otra de fina tortilla francesa.

¡Viva Cantabria Infinita!

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P.D.: Mi agradecimiento a Marcos Argumosa por las "gestiones".

Había que elegir entre las múltiples opciones que tiene una ciudad como Santander y la cosa no era fácil. Lo que sí tenía claro es que me apetecía un local de cocina con raíces, no necesariamente clásico, pero sí con una clara influencia de la cocina cántabra. Las excentricidades gastronómicas ya las encuentro al girar la esquina de mi casa.

Este fue el restaurante elegido por mis anfitriones, cena con tres veremeros de pro, G-M, jacomur y Gabriel Argumosa, una oportunidad única de debatir sobre gastronomía, de compartir de disfrutar escuchando lo mucho que saben.
Una pequeña y estrecha entrada abre las puertas de un local que se ensancha y desemboca en un gran comedor lleno de barricas pintadas por diferentes personalidades, sin duda más de una de la hubiera llevado a casa…

Lleno hasta la bandera y con un perfil de gente muy diferente, ni la acústica ni el servicio del local se resintió lo más mínimo, todo un logro.

Como iba con la enroña de probar un cocido montañés como Dios manda, allá que fue el bueno de Gabriel y hablar con ellos, pues este plato no se suele preparar por la noche, y nos consiguió una ración, que tomamos a esa buena hora de las 23:30… la hora del cocido, vamos.

Este fue el menú que confeccionamos:

Bocartes, muy ricos y sin excesos de aceite.
Anchoas de la zona, de buen calibre y llenas de sabor.
Mousse de cabracho, la preparación clásica del pastel pero algo más ligero.
Rabas, también muy buenas, en la foto parecen más aceitosas de lo que realmente estaban. El secreto no es otro que utilizar un buen calamar fresco.
Pimientos rellenos de carne. ¡Qué cosa más buena, por favor!
Callos, también de 10, con buen punto de sabor pero sin ese exceso de la casquería más burda.
Y el cocido montañés. A mí me pareció excelente, pero era la primera vez que lo probaba. Mis acompañantes, que aseguran haber comido unas cuantas docenas de veces, también afirmaron que era digno de mención, así que me alegro de que mi primera experiencia fuera tan buena.

Aún quedo algo de saque para los postres (arroz con leche, leche frita, etc…) No los probé mucho porque no soy muy goloso y como con hambre tampoco nos habíamos quedado, tampoco era plan de acabar como en La grande bouffe.

Carta de vinos interesante, con buenos precios y bastantes vinos de la zona, lo que se agradece. Tomamos un Casona Micaela, vino de la zona que me gustó y que maridó perfectamente con los primeros entrantes, un Predicador y un El Regajal Selección Especial para que aguantara el resto de platos.

Servicio siempre atento, extremadamente amable y siempre pendiente de nosotros pese al llenazo de esa noche.

Local altamente recomendable si se quiere probar la cocina cántabra auténtica.
Gran noche…

Hacía tiempo que no visitaba este local clásico de la gastronomía de Santander.

Menú concertado para 12 comensales.

Cecina al centro para cada tres comensales: buen punto de curación, bien limpio, para mi gusto ligeramente salado. Maridado con Raventós La Hereu 2012.

Luego emplatado con medias raciones:
Espárragos trigueros a la plancha con jibia y alioli: muy logrado, con buen punto de los espárragos, lograda la salsa y buena carne de la jibia. Maridado con un vino blanco de Cantabria, Yenda 2014.

Bacalao con tomate: plato típico de este local clásico de Santander, debiendo destacar el nivel de la salsa de tomate. Maridado con Rosado de Petit verdot de Pago del Vicario 1014.

Carrilleras estofadas: buenas, a pesar de ser un plato tan recurrido a día de hoy. Maridado con Douro, D+D 2007.

Leche frita con helado: cremoso el helado y ligeramente seca la leche frita. Vi de glass gwuratraminer.

El precio de menú referido con los vinos, más agua y cafés, ascendió a 40 euros por comensal.

Entorno muy agradable, en el comedor del piso superior, con las paredes ocupadas por las famosas cabezas de barricas pintadas por artistas de nivel acreditado. Mesas amplias con sus clásicos mantel donde aún perduran con el nombre del malogrado Víctor Merino.

El servicio de sala, con Andrés Gandarillas a la cabeza, de 10.

Restaurante ya comentado de sobra con anterioridad.
**1 anchoas Catalina "es su marca comercial" ganadora premio anchoa 2014. La verdad prácticamente inmejorables.
**1 Calamares plancha, no eran de guadañeta, pero la calidad era aceptable y su punto perfecto
** 1 Merluza Plancha correcta
** 1 Cogote Merluza correcto también
** Albóndigas chicharro en salsa verde con Almejas y Langostinos.
Las albóndigas buena ejecución y textura, las almejas y langostinos sobraban por su baja calidad.
Vino Dominio del Bendito primer paso
2 postres cafés 1 chupito y a correr
El servicio demasiado estirado a mi entender, demasiada profesionalidad, me apetece mas normalmente un servicio mas cercano
Bajo mi modesta opinión es uno de estos sitios en los cuales brilla la corrección, pero nunca esperas mucho mas.
Resumiendo comerás perfectamente sin quejas pero sin atrayentes sorpresas.
No descarto volver, lo tengo a 5 minutos de casa, pero tampoco es para mi una oferta atrayente

Fin de semana en Santander, y visita a un emblema de esta ciudad, la Bodega del Riojano, situado al principio de la santanderina calle del Río de la Pila. Angosta entrada, con barra a la izquierda y un pequeño grupo de mesas a la derecha que sirven para picar unas raciones. Al fondo se sitúa un amplio comedor, lleno de barricas pintadas que conforman el denominado Museo Redondo.

El local después de estar cerrado durante unos cuantos años abrió en 2006 de la mano de Carlos Crespo Viadero que ha sabido mantener su esencia y encanto. El Riojano es uno de esos locales donde se respira autenticidad, años de historia, y tradición. Como dice un amigo, por qué se tienen que cambiar las cosas, cuando funcionan. En Santander, El Riojano es una “marca” con solera que sigue muy viva.

Uno de los platos típicos navideños de Cantabria son los caracoles. Ya he mencionado en ocasiones anteriores, los recuerdos maternales pasados que me provocan. Si tuviera que elegir un plato de mi legado familiar sin duda sería éste. Composiciones que te pueden llegar a emocionar si son capaces de recuperar esos sabores de la memoria, platos que desgraciadamente ya no saben igual. Si alguien sabe de un sitio donde se coman unos buenos caracoles, que no dude en decírmelo.

Los de esta casa están preparados con un potente fondo de carne con hueso de jamón, salsa abundante y alegre. Buenos, para repetir.

Seguiríamos con un tartar de bonito, sorpresa ya que creíamos que la temporada estaba totalmente finalizada. Ejecución en sala de forma perfecta como debería ser en los tartares clásicos, éste así lo es. El túnido se acompaña de cebolla, tomate y mostaza antigua de manera ligera para mantener el sabor del pescado. Se da a probar al comensal para que éste elija las proporciones de los aderezos. Desde nuestro punto de vista, ganaría en sabor si viniera cortado en trozos algo más grandes. Resulta fresco, y mantiene el sabor del ingrediente principal.

Otra preparación clásica, que cada vez es más difícil de encontrar, es la ensalada de codorniz escabechada. Llega a la mesa algo fría de temperatura, que hace que se reduzca su sabor y no se aprecie tanto. Se echa en falta algo de verdura en este escabeche, en lugar del mezclum de lechugas.

A continuación uno de los platos emblema, el bacalao con tomate. Pieza generosa rebozada, y acompañada con una salsa de tomate, cebolla y pimiento. Me imagino el chop-chop que hace que la salsa ligue y coja empaque. La paciencia y el tiempo en la cocina son herramientas ineludibles. Preparaciones que parecen sencillas, pero sí lo son (en toma de pregunta), ¿ por qué es difícil encontrar una buena salsa de tomate ?. Este bacalao transmite cariño, cercanía, familiaridad; es casi como si lo hubiera hecho cualquiera de nuestras madres. A la mía estoy seguro que le habría gustado, y os puedo asegurar que era exigente.

Finalizaríamos con unos pimientos rellenos de carne, la farsa tremendamente jugosa. El ligazón provocado en base al tiempo, el lento calor que todo lo integra. Al parecer siguen la receta original de la madre de Victor, siendo todo un ritual su preparación. Otro plato que agita la memoria y el recuerdo. Sabor casero de antaño, de esa cocina que en parte está olvidada, pero que es muy comprensible por todo el mundo. Imprescindibles.

Finalizaríamos con tarta de queso con mermelada de arándanos, tarta horneada de agradable sabor. Le falta un punto de cremosidad, que creemos podría tener con un punto menos de horno.

Nos quedamos con los platos más clásicos como el bacalao, y los pimientos, además de los caracoles. Creemos que ensalada de escabeche tiene recorrido de mejora.

Bodega El Riojano : Un viaje a otro tiempo.

Para ver el post completo http://www.complicidadgastronomica.es/2013/12/bodega-el-riojano-un-viaje-otro-tiempo/

Uno de los locales con solera de Santander. Buscábamos tapear como unos nativos más y curiosamente se encontraba muy cerca del hotel.

Viernes noche lleno total: Barra larga ocupada, 4 o 5 mesas para grupos y otros 4 toneles a modo de mesa con sillas altas (de esas incómodas). Nos hicimos con uno estos y pedimos :

Cecina de Astorga : 6.30e media ración
Rabas: 6.30e media ración
Croquetas de mejillones y gambas 4.95e media ración
Pincho de sardinilla 1:.60e
Pincho de Chorizo riojano 1:.70e

Lo mejor la cecina (poco vista por el Mediterráneo) servida con aceite de oliva y los pinchos.

Regamos el tapeo con dos cañas a 1.70e y dos copas de Sierra Cantabria (2.25e). El servicio rápido y diligente. Muy amables.

El local tiene su encanto rodeado de toneles y mobiliario de madera. Frecuentado en su mayoría por matrimonios más allá de los 50 y de nivel medio-alto. Quizás para nosotros sea incómodo eso de acercarse a la barra y pedir la "pitanza" haciéndose hueco como uno puede y recoger las bebida y las tapas. Pero es lo que se lleva en el norte. Visitar dos o tres sitios de estos con la cuadrilla y ya has cenado.
En Valencia estamos acostumbrados a otro rollo, sentarnos en la terraza y que nos lo sirvan todo. Supongo que también las inclemencias del tiempo juegan un factor importante en estas costumbres.

Una grata experiencia desde luego y a buen precio.

  • Rabas de calamar

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