Restaurante Asturianos en Madrid
  

Restaurante Asturianos

19
Datos de Asturianos
Precio Medio:
39 €
Valoración Media:
7.1 10
Servicio del vino:
7.2 10
Comida:
7.4 10
Entorno:
5.7 10
Calidad-precio:
6.8 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Chamberí
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Tradicional
Vino por copas:
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Sábados

Teléfono

Restaurante Asturianos Vino Asturianos Setas al ajillo Asturianos en Madrid Sardinas marinadas

19 Opiniones de Asturianos

Primera visita a esta casa de comidas, con una larga trayectoria y de la que se habla mucho y bien. Y para comprobarlo, nos juntamos un trio de buenas bocas y mejores estómagos dispuestos a comprobarlo.

Local pequeño, angosto, con mas aspecto de tasca que de casa de comidas, con decoración super clásica a la que no le vendría nada mal un lavado de cara, pero lavado profundo, a poder ser. Una vez que traspasas la entrada, donde se encuentra la barra y alguna mesa, y a través de un pasillo muy estrecho - a pesar de que presumen, de que por él han transitado personas muy obesas sin ningún problema-, se llega al comedor, con capacidad para seis o siete mesas, excesivamente juntas, y que como suele estar completo y el publico cada vez habla menos y grita mas, se hace excesivamente ruidoso.

El poco espacio disponible, el nivel de ruido y la rapidez del único camarero de la sala, con la que atiende, trae y retira platos, no juega en favor de la comodidad de la sala precisamente. Sin embargo, es justo reconocer que la atencion es buena. El ambiente relajado y tranquilo que te permite disfrutar de la buena cocina, brilla por su ausencia.

La Carta de vinos, según cuentan, es importante, pero no puedo opinar, solo la he ojeado por encima, decantándome por un blanco de Madrid del que había leído reseñas: Cuatro monos, un uva albillo criado en lías durante 10 meses, y que no estaba nada mal.

En el aspecto comercio, es una oferta de cocina tradicional de base asturiana. Tienen de casi todo, pero solo de casi todo, se echan en falta algunas recetas de la cocina del principado a las que uno es adicto: Cebollas rellenas, Rollo de bonito, entre otras, claro......No todo puede ser perfecto.

Con lo cual, la pitanza queda de la siguiente forma.

- Entretenimientos, rodajas de chorizo con picos. Típico sabor del chorizo de pueblo, esos sabores que por poco catados, te animan a seguir comiendo.

- Berberechos a la sartén. Buen sabor, aunque a algún comensal le tocaron en suerte algunas piezas con algo de tierra.

- Sardinas marinada en sidra, sopa de tomate y AOVE. Buen plato, buena sardina, en el punto justo de acidez; los acompañamientos del tomate y el aceite piden mojar pan y mojas, como debe ser.

- Croquetas de cabrales, plátano y ciruelas. Originales, diferentes, una mezcla de pasta con cabrales, otra con el plátano y otra con la ciruela, aunque este ultimo sabor no lo he apreciado. Están buenas, se dejan comer, pero, para mi gusto un poco mazacotes.

- Verdinas con marisco. Aun siendo muy "verdinero" y estando dispuesto a comer esta legumbre de cualquier forma, reconozco que no son las mejores que he encontrado, verdina tierna pero muy floja de sabor.

- Rape a la sidra. La sensación es similar al caso anterior, el producto base no es malo, pero le falta sabor y si ademas encuentras, en el guiso, unas gambitas minúsculas - con ese formato es mejor no incluirlas en el plato -, el conjunto hace que el resultado final no sea el esperado.

- Carrilladas estofadas de buey. Platazo, por producto y elaboración. Jugoso, tierno, la carne se deshace con solo mirarla fijamente. Muy buen plato.

- Mousse de chocolate, AOVE, pimienta, sal maldon. Buenos contrastes de sabores, tdos ellos apreciables. Los amantes/adictos al chocolate, tienen que probarlo.

- Sorbete de limón, orujo de hierbas y pasas. Muy refrescante, aunque un tanto flojo de orujo.

- Flan de queso fresco. Uno de los mejores flanes de queso que he probado. Solo por este postre, y alguna cosa mas, merece la pena volver.

Algun café con hielo, sin petit fours ni chupitos, cierran la primera visita a este lugar sencillo con una notable cocina de corte tradicional.

Casi 50 años son los que lleva Doña Julia Bombín cocinando en la taberna Asturianos de la calle Vallehermoso. El 15 de Agosto de 1967 fue la fecha en la que Belarmino Fernández y Julia Bombín se hacía cargo de esta cantina histórica de más de un siglo de vida. En ella, esta guisandera enérgica sigue estando al pie del cañón, proponiendo una visión sencilla y tradicional de una cocina auspiciada en el producto y en esos guisos imperecederos que gustan tanto a intelectuales como a jubilados.

El manejo de la clientela es deber de sus hijos Belarmino y el incombustible Alberto que sustentan una de las ofertas vinícolas más interesantes de la capital con especial énfasis en champagnes y jereces, siendo distribuidores de los renombrados Equipo Navazos. En cuanto a la burbuja y en palabras del propio Alberto: “Champagne tengo bastante para mí y algo para los clientes”.

Con Alberto a los mandos se comenzó por sus ya conocidas sardinas marinadas con salmorejo. Seis lomos hermosos con una marinada más bien corta con notas de vinagre ligeramente excesivas y acompañadas de un punto ácido a través del salmorejo y el aceite. Agradables

Ejemplo de naturalidad y cierta campechanía es la ensalada de bacalao ahumado con tomate. Olvídense de emplatados bellos o barrocos y piensen solo en buen género. Bacalao y tomate proveniente de la huerta de los hermanos Villalón (Angelita) rallado en abundancia dan un resultado fresco y equilibrado entre los puntos dulces y salinos. El tomate se toma directamente a cucharadas como si de una sopa se tratase. Sencillez placentera.

De los mejillones en salsa de tomate picante, ésta está directamente para embotar y vender. Totalmente adictiva, condimentada de forma inteligente apareciendo el picante al final para provocar ese bucle. Densidad justa que da como resultado una vajilla que queda limpia pan mediante. Molusco mejorable para una salsa que provoca el retorno.

En esta casa de comidas el cubierto que verdaderamente brilla es la cuchara. A especialidades de la casa como la fabada y pote asturiano se le unen las verdinas con marisco. En este caso con almejas, rape y gambas pero la esencia del guiso es un buen fumé. Auténtico puchero, fiel reflejo de la cocina de las madres de mi generación. Ración de elevada generosidad. ¡Ay, estas madres, como nos cuidan! Muy notables.

Excediéndome para el horario nocturno, no pude dejar de probar un desde el lado más carnívoro. En este caso unas estupendas carrilleras, algo melosas como mandan los cánones. Aparecen escoltadas por su pareja más natural, unas recién hechas patatas fritas. Para mí, unas buenas patatas fritas en el momento son ejemplo de mimo y afecto, de desayunos maternos que no volverán, de tener la sensación que la cocina estaba permanentemente abierta. Doña Julia con su plato me revuelve y provoca mi memoria más conyugal. Gracias.

El final en Asturianos comienza a acontecer cuando en la mesa se deposita el flan de queso. Compacto, concentrado, cremoso, sabroso y atemporal. Uno de esos postres que no admiten réplica. Necesario y obligatorio final.

Las copas se vieron rellenadas en primer lugar de un Champagne Gimonnet Cuis y posteriormente de una trilogía del Equipo Navazos: Fino Marchanudo Bota 54, Manzanilla Bota 55 y Palo Cortado Bota 52. Trío de vinos que escoltan esta cocina y tiene con ellos una característica común la paciencia, el uso del tiempo para que el guiso alcance notabilidad y los vinos su punto más cumbre. Devoción por las cosas bien hechas.

Mantengamos la luz de las tascas encendida: No caigamos rendidos siempre ante los neones de lo nuevo.

Post completo en http://www.complicidadgastronomica.es/2016/09/asturianos/

Comida: 7
Servicio vino: 8
Entorno: 6
Calidad-precio: 7

Teníamos ganas de probar este restaurante-bar-vinoteca con ya casi 50 años de vida. De los tres calificativos anteriores nos quedaremos, sin duda y lamentablemente, con el tercero: vinoteca. Una popular casa de comidas con una carta de vinos tan generosa se merece una buena “hartá” de aplausos. Solo mencionar que el local se ha ido transformando en un sencillo bar de tapas y vinos con un pequeño comedor al fondo con apenas cinco o seis mesas, aunque nosotros reservamos mesa en la terraza (afortunadamente las noches están siendo últimamente fresquitas en Madrid y tampoco había mucho tráfico que pudiera molestar). Íbamos con la intención de una cena informal y solo nos centramos en su oferta de raciones y dejar para otra ocasión su contundente oferta con clara vocación casero-asturiana, incluyendo sus tradicionales guisos (fabada, verdinas con marisco y pote).

Servicio atento y eficiente. Quizás echamos en falta un poquito de asesoramiento durante la comanda por parte del camarero que nos tomó nota. Nos cambiaron cubiertos y platos hasta tres veces durante la cena.

Cestita de pan tradicional bastante bueno.

Como único detalle de la casa, unas rodajitas de salchichón ibérico con unos picos.

Cena para dos personas:

- Croquetas de cabrales, plátano y ciruelas (11€): Media docena de croquetas cremosas y originales por el contraste del potente queso y el dulce aportado por el plátano. Bien.

- Anchoas artesanas de Llanes (18€): Media docena de lomos en aceite de oliva, bien desespinadas y correctas con el punto de sal. Lo que nos parece excesivo es cobrar ese precio (por muy caseras que sean) por unos lomos de tamaño medio y textura tan blanda (la mitad estaban pasadas bajo nuestro punto de vista). Se acompañaron con pimientos asados de piquillo. Decepción.

- Sardinas marinadas a la sidra, con sopa de tomate y aceite de hierbabuena (11€): Aquí sí que salimos satisfechos con la generosa ración con media docena de lomos de sardinas bien limpios y de buen tamaño: perfectamente desespinados y desescamados. Presentados con una especie de salmorejo fluido. Bastante bien.

- Habitas con morcilla de Matachana (11€): Abundante ración de habitas salteadas con la morcilla. Lamentablemente, las tiernas habitas flotaban en el aceite que deja la morcilla tras deshacerse totalmente durante su preparación. Mal de nuevo.

- Chorizo a la sidra (9€): Otra contundente ración, esta vez de chorizo asturiano elaborado de forma tradicional y presentado en cazuelita de barro. Correcto.

- Flan de queso fresco (5.60€): Lo mejor de la cena sin duda alguna. Quedará en el recuerdo como uno de los mejores que haya probado, por su suave textura (a caballo entre la de un flan y la de una tarta) así como el nítido sabor a queso. Magnífico.

Pero lo que más nos llamó la atención de este bar-restaurante fue su oferta de vinos: increíble para un local tan modesto como éste (unos 300 vinos nacionales e internacionales incluyendo una docena de champagnes). Así es que lo de vinoteca queda justificado al ser un sitio donde realmente se rinde culto al vino. Además cuentan con un simpático sumiller y bodeguero (Alberto Fernández Bombín) que está presto a ayudar si el cliente lo requiere. Los precios algo subiditos (x2), pero entre tanta oferta es fácil encontrar siempre alguna referencia con buena RCP. Nosotros nos decidimos por el catalán Macizo 2010 (21€ incluido IVA), servido a temperatura perfecta con copas apropiadas. Por supuesto se garantizó su temperatura con cubitera sin que fuera necesario pedirla. No estuvieron atentos a rellenar, detalle que agradezco pues así voy a mi ritmo.

Precio total: 91.80€ (incluido IVA, pan a 1.20€, una cerveza a 2.80€ y la botella de vino).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría compartir en este local cuatro raciones y postre entre dos personas con IVA y servicio incluidos y sin bebidas

Me desperté en Valladolid a las 08:00 a.m, y media hora después ya estaba en la carretera hacia Madrid para evitar el lío de la procesión del domingo de ramos. Vimos el partido antes de comer, y la victoria 2-0 ante el Recreativo con goles de Juan Carlos e Ifrán, no solo nos acerca a primera sino que nos abrió el apetito.

Sin duda mi mejor visita a Asturianos, con diferencia: unas anchoas de calidad, unas deliciosas croquetas de cirula, plátano y cabrales, un plato de fabada de 10 y uns carrilleras con patatas de matrícula. Era domingo y el comedor estaba medio vacío, la terraza llena.

Bebimos una botella de Finca Sandoval 2007, el vino está en un momento dulce para disfrutarlo.

Así siempre señores.

Hacía muchos años que no iba a este restaurante, y con la excusa de organizar una comida de amigos aproveché para sugerirlo.

Éramos 13 personas, y a la hora de hacer la reserva me indicaron que no podían darnos cabida en el comedor, y me ofrecían como alternativa la terraza o el bar. Quedé con ellos en que, si el tiempo lo permitía, preferíamos la terraza. El mismo día de la comida me llamaron un par de horas antes para confirmar esta elección, y como en caso de que la lluvia finalmente hiciera acto de presencia no me daban una alternativa muy clara si las mesas del bar se ocupaban, decidí no arriesgar y solicitar la comida en el bar, donde nos colocaron unas mesas en las que, en parte gracias a que no estuvo muy concurrido, estuvimos bastante agusto.

Elegimos como entrantes unos boletus a la plancha con aceite de oliva, muy bien, excelente sabor y textura. Continuamos con una tabla de quesos asturianos, abundante y de buena calidad. En cuanto al plato principal, yo me decanté por un solomillo de choto al cabrales, al que la única pega que le puedo poner es que llegó un poco justo de temperatura a la mesa. En cuanto a los postres, me había quedado con antojo de un poco más de queso y pedí un plato de Afuega'l pitu con miel, nueces y pasas, muy bueno. Un cortadito bien servido completó la comida por mi parte.

Por lo que respecta al vino, he de señalar que me pareció un poco subida de precios la carta, en la que se partía de los 18-20€. Nosotros elegimos para comenzar El Regajal selección 2011 (23,50€), que llegó un poco subido de temperatura, lo que se solucionó rápidamente con una cubitera que nos permitió degustarlo adecuadamente. Continuamos con un Malpaso 2008 (20€), del que nos informaron que eran propietarios de la bodega. Muy bien en ambos casos, aunque he de reseñar que el servicio se redujo a abrir la botella y dejarla en la mesa y que las copas son mejorables.

En resumen, aunque algunos detalles son mejorables, la suma fue satisfactoria y volvería por allí sin dudarlo.

Ayer, pensando en cenar de picoteo en una terraza, al final nos decidimos por ir a ASTURIANOS, ya saben, la tasca “fina” de los hermanos Fernández Bombín en la calle Vallehermoso, a la que no habíamos vuelto desde este invierno, en el que recordaba haberme tomado unas verdinas con marisco impresionantes. En primer lugar, advierto que mi opinión puede estar un poco mediatizada porque me encanta este sitio y estoy un poco predispuesto a que me guste todo. Dicho esto pasamos a describir el ágape. En primer lugar decir que siendo martes en pleno “ferragosto” quedaba una sola mesa libre en la terraza, que nos aprestamos a ocupar (buena señal, el negocio les sigue funcionando estupendamente). Todo a compartir, pedimos unas sardinas marinadas con salmorejo, con una carne firme y sabrosa, totalmente desespinadas y desescamadas, con una salsa de mojar y mojar, excelentes. A continuación, por recomendación del camarero unas setas de cardo con ajitos y jamón que, a pesar de no ser temporada, tenían una textura suave y esponjosa, y también estaban deliciosas. Por último, unos mejillones bretones en salsa picante, más pequeños que los tradicionales gallegos pero muy sabrosos, la salsa realzaba el sabor del molusco y estaban tiernísimos, parecían berberechos en vez de mejillones. De postre un mouse de chocolate con sal maldón, con un sabor sorprendente, nunca pensé que el chocolate con la sal maridase tan bien. Para beber un blanco Esporao, un vino portugués del Alentejo excepcional, servido como mandan los cánones y en copas de calidad (son importadores de vino y se nota). Mantelería y servilletas de tela. Servicio de muy buen nivel, las raciones servidas una detrás de otra, con el correspondiente cambio de platos y cubiertos. Todo esto, más un café con hielo, salió por 67,95 euros, que me parece un precio adecuado para el nivel de la comida y el servicio, lo que nos obliga a seguir yendo a este sitio y recomendarlo.

Comida hoy en ASTURIANOS, en el mini-comedor del fondo. Tres personas. Pedimos varios platos, todo a compartir. De primero sardinas marinadas (Buenísimas de sabor y textura, perfectamente acompañadas de un salmorejo suave y bien de aceite de oliva virgen extra en el que acabamos mojando pan), croquetas de cabrales y plátano (buenas de sabor, pero un pelín pesadas, personalmente prefiero el interior más suave y más líquido). De segundo fabada asturiana (normalita) y verdinas con marisco (estas merecen mención aparte: de las mejores que he probado, tiernísimas, con un caldo suave y cremoso perfectamente ligado, y el marisco que las acompañaba -almejas, gambas..- de 10). De postre un flan de queso a compartir (delicioso, adictivo, como diría algún ilustre forero de repetir y repetir). De beber un Tres Patas, decantado para la ocasión, que también nos supo a gloria. Todo esto, con un café con hielo salió por 88,00 euros, que nos pareció bien barato para el nivel del condumio. Servicio extraordinario. Sin duda volveremos. Nos pareció excelente el punto de los guisos.

Estuvimos un domingo cenando, el restaurante totalmente lleno.

Después de unas cañas acompañadas de un delicioso chorizo de caza, decidimos perir 4 raciones para compartir: una buena tabla de quesos asturianos, la cecina, un revuelto de setas del día y las estupendas croquetas de cabrales, ciruela y plátano.

Acompañamos la comida con dos botellas de Valtosca 2009 que fueron de maravilla.

El comedor estaba lleno de personal extranjero, bien asesorados por el servicio.

Como he comentado abre los domingos por la noche, así que es un punto a su favor. De mis mejores visitas a Asturianos.

Visitaba Asturianos por primera vez y no sera la ultima.El lugar es "peculiar" pero agradable,tipica taberna.Excelente materia prima.Excelentes las croquetas de ciruelas y queso cabrales,espectacular la carrillera.La carta de vinos es correcta pero me la esperaba mas completa.Vale la pena,gran RCP.

Decidimos darle otra oportunidad. Esta vez la reserva estaba lista, y cenamos. Del entorno poco que añadir que no se haya dicho ya.

Tomamos de entrantes la tabla de quesos asturianos, bien, el carpaccio de rape con caviar de oricios y vinagreta de arbequina, regular, las croquetas de cabrales y ciruelas, deliciosas, y unas albóndigas de boletus con salsa de hongos, sabrosas pero demasiado frias.

De segundos fueron 2 solomillos de choto al cabrales bien resueltos, 1 rodaballo al horno, bien, 3 carrilladas de buey muy sabrosas y tiernas, aunque no demasiado calientes, y dos milhojas de solomillo y foie y salsa de arándanos.

Postres probamos la mousse de chocolate con aceite y pimienta y el flan de la casa, bien los dos.

La carta de vinos tiene suficientes referencias para acompañar la comida: 2 botellas de Jiménez Landi y otra de Valtosca, porque de la primera no quedaban más botellas, servidas en copas decentes. También unas 10 cañas y 6 cafés.

Rematamos la faena con unos combinados. El servicio fue normalito.

Con todo, unos 53 por barba, sin las copas, unos 48. Así pues en Madrid, complicado lo de ir a un restaurante y salir por poca pasta.

Quitando el que determinados platos se sirvieron algo faltos de temperatura, en general buena experiencia. Es un sitio que tiene mejor comida de lo que parece. Creo que mejor para ir a comer y probar las fabes de alguna de las diversas formas que las ofrecen.

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