Restaurante La Cuina en Ontinyent
  

Restaurante La Cuina

12
Datos de La Cuina
Precio Medio:
34 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
8.1 10
Comida:
8.4 10
Entorno:
7.8 10
Calidad-precio:
8.2 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor, Mediterránea
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 13,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

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12 Opiniones de La Cuina

La Cuina y Sents son dos restaurantes que orbitan alrededor de una misma cocina, una misma bodega y un mismo equipo. Si consultamos la famosa guía roja, podremos comprobar que uno de ellos tiene estrella y el otro no. ¿Seguro? Aquello que en apariencia puede resultar evidente, a veces tras alguna reflexión ya no lo es tanto.

La ocasión se tercia a partir de un desplazamiento matutino de un sábado por compromiso laboral, pero aprovechando que el rio Clariano pasa por Ontinyent, acordamos transformar el inconveniente inicial en una oportunidad, pues según afirman las crónicas precedentes, éste es un local de satisfacción garantizada. A nuestra llegada nos acomodan en una mesa junto al ventanal del fondo. MC ojea la carta mientras yo me dedico a jugar con el iPad de los vinos. Sin llegar a una conclusión clara, opto por describir nuestras preferencias sobre el vino y aparece por indicación de Ximo un ejemplar de La Pola, Dominio do Bibei, Ribeira Sacra, 2014, que nos encantó y que me inhabilitó por completo para el noble arte de la conducción durante el viaje de vuelta.

Como se trata de nuestra primera visita, se nos ofrece la opción de preparar una comanda variada con lo que ellos crean más conveniente. A pesar de no conocer la casa, algo en la Fuerza me indicaba que era la opción correcta. Aceptamos y mientras llega la comanda, Ximo se acerca a nuestra mesa para explicarnos más detalles sobre el vino que ha elegido y la conversación comienza a fluir como si nos conociéramos de toda la vida. Por lo que pudimos ver, ese derroche de amabilidad y familiaridad es también una seña de identidad de la casa con todos sus clientes.

Los platos que fueron apareciendo en nuestra mesa fueron los siguientes:

1.- Aperitivo
2.- Sardina marinada, galleta de parmesano, queso fresco y tomate
3.- Tartar de salmón y aguacate con huevas de Tobiko

4.- Niguiri de vieira y miso al soplete
5.- Usuzukuri de atún, espencat, soja y pan tostado
6.- Niguiri de calamar braseado, kimchi y migas de tempura

7.- Won-Ton de bacalao
8.- Huevo a 63º con patata y trufa negra

9.- Perlas de Japón, sopa de lima, Yuzu y helado de coco
10.- Tarta de Moka
- Café, infusión y petit fours


A pesar de ser un vieirista declarado, en justicia no puedo destacar claramente un plato de la comanda, porque hubo un gran nivel en varios de ellos. La sardina marinada hay que probarla. El tartar de salmón, sin inventar nada nuevo, estaba de escándalo, no hacía falta nada más que ver el color a su llegada a la mesa. Sobre el niguiri de vieira al soplete ¿qué os voy a decir? El usuzukuri de atún, otro imprescindible. Incluso el postre de las perlas japonesas, me pareció magnifico y eso que no soy precisamente goloso. De hecho, no hubo nada que como mínimo no estuviera “muy bien”. En las imágenes podéis apreciar perfectamente la calidad de todo lo servido, decir lo contrario sería negar la evidencia.

Lo más curioso de la gravedad es que, aunque no podamos verla directamente, todos podemos sentir sus efectos. En este local, los platos más novedosos o creativos están reservados para Sents, pero el surtido de la bodega, la calidad del producto y la destreza del cocinero son los mismos que en la estrella vecina. Y por encima de todo ello, la hospitalidad que “sufrimos” que, aunque no se premia con estrellas, se las merece. Al final de la comida, cuando ya casi salíamos por la puerta, Ximo nos invita a visitar la cocina que comparten ambos locales, la bodega y la magnífica sala de Sents, formada únicamente por 7 mesas. Ese día Sents estaba cerrado porque estaban atendiendo un evento en otro lugar. No sé si fue por la luz que entraba a esas horas o los efectos del vino que habíamos tomado pero, quedamos prendados de esa sala. Personalmente, no puedo más que agradecer un detalle que nos hizo mucha ilusión y sembró la semilla para una próxima expedición, esta vez a la estrella vecina.

La Cuina y Sents son dos de esos muchos lugares de los que has leído y escuchado mucho y que despiertan máximo interés por conocer. Las opiniones que uno se encuentra en este mismo portal y las experiencias narradas por amigos y conocidos acaban convenciéndote que muy mal se les tiene que dar ese día o seguro que es un lugar del que uno ha de salir plenamente satisfecho.

Dicho esto, sólo cabía esperar la ocasión para desplazarnos a Ontinyent y poder corroborar todas estas sensaciones. Ésta se presentó este mismo fin de semana en forma de escapada exprés con el grupo de amigos de toda la vida a una casa rural en una localidad no muy alejada. No albergué ni la menor duda a la hora de elegir restaurante y, aunque las condiciones del momento tal vez no fuesen las mejores para disfrutar al 100% de la experiencia, no podíamos dejar escapar esta oportunidad.

Grupo grande, de dieciocho personas (once adultos y siete niños de los que, gracias a Dios, ya comen solitos y, además, de buen comer). Nos preparan una gran mesa circular para los mayores y una mesa rectangular contigua para los benjamines. Bien. El local es luminoso (tanto es así que tuvimos que pedir que nos corriesen las cortinas pues el solazo de ese día era impresionante y nos llegó a molestar). Salón muy amplio de gran capacidad que acabó llenándose. Nos encantó la decoración y el mobiliario que, según me comenta un amigo que ya había estado, ha cambiado y parece ahora un pelín más distinguido. Justa medida entre la elegancia y el buen gusto y la informalidad y practicismo. Acierto.

El servicio merece un sinfín de halagos. Amable desde la comunicación telefónica, joven pero sobradamente preparado, cercano, jovial y muy servicial. Mil veces se ha comentado en Verema el plus que ello aporta a la experiencia y éste es uno de los ejemplos más aclaradores.

Tomamos refrescos, vermuts (Perucchi blanco), cervezas lager y alguna artesana para empezar (Antoñita la moderna, del mismo Ontinyent), mientras ojeábamos la carta. Decidimos decantarnos por el menú del día con un primero, un segundo y un postre por 14,50 € (precio de fin de semana). El hambre nos podía y pedimos mientras tanto unos tatakis de atún para compartir y unos nigiris de vieira (una unidad por cabeza). EL tataki viene en raciones pequeñas y precio acorde a la cantidad. El color de la carne del pescado nos da a entender que ha estado expuesto a maceración, posiblemente con soja y sésamo pues persiste el gusto del cereal. Se marca levísimamente a la plancha por todos los costados, se filetea finísimamente y se sirve a temperatura ambiente. Rico. Los nigiris tienen forma de prisma y, sobre el arroz, se coloca una lámina de vieira que se tuesta con el soplete. Muy ricos.

De primero yo tomé unos tallarines con setas y jengibre. Me gustó mucho la presencia del jengibre cuasi pulverizado sobre la pasta (cual si fuese el queso rayado que hacemos servir habitualmente) que le daba mucha personalidad al plato. Algo nunca probado antes.

Otros primeros que salieron para mis acompañantes fueron un rollito de verduras (similar al rollo de primavera típico en los restaurantes chinos), una ensalada de ahumados y un arroz meloso con sepia que estaba más que correcto.

Como segundo plato yo tomé una lasagna de puchero. Servida al estilo pizzeria (en cazuelita circular de barro) se diferencia únicamente de la bolognesa en el condumio que lleva en su interior. Se elabora desmenuzando los ingredientes del popular puchero valenciano (muy parecido al cocido madrileño o la escudella). Estaba rica pero, justo la que me tocó a mí, había pasado unos minutos de más en el horno, para mi gusto, y estaba un pelín reseca respecto a otras que tomaron mis amigos.

Otros segundos que degustaron mis acompañantes fueron una versión del fish&chips (creo que era bacalao), un muslo de pollo a la brasa, perfectamente deshuesado y emplatado y la bullabesa de pescado con muy buena pinta.

Acabé con una tarta de moka a la que no me podía resistir. Siempre me ha chiflado esta crema y la encuentro en pocos restaurantes. Tarta evidentemente casera pero con ejecución perfecta y, para mi gusto, sin necesidad del remate con chocolate que enmascaraba un poco el sabor de la moka.

Bebimos igual o mejor que comimos. La carta se presenta en una tablet por la que resulta muy fácil navegar y reúne muchas referencias ya que es la misma del restaurante gastronómico Sents que se ubica al lado mismo y que comparte cocina, equipo y propietarios. Tomamos un La Pola (Ribera Sacra), un Veratón 2010 (Altos del Moncayo) decantado acertadamente al poco de nuestra llegada y un Tokaji Aszú 5 Puttonyos, todos ellos a precios muy razonables y servidos magistralmente.

Comentar que en la mesa aledaña nuestros benjamines tomaron refrescos, agua, fideos, hamburguesas, macarrones... que no se han tenido en cuenta a la hora de especificar el precio final de los adultos.

En definitiva, nuestras expectativas que ciertamente eran muy altas quedaron sobradamente satisfechas y la comida en La Cuina se merece el calificativo ese de "experiencia redonda" en la que todo, absolutamente todo, sale de maravilla. Nos quedamos con ganas de conocer la propuesta del Sents. Volveremos con más calma y, si fuese posible, sin los niños, jeje.

La gran inquietud de Ximo y Santi les lleva a organizar a lo largo del año diversas actividades muy interesantes, entre ellas lo que empezó hace ya siete años como una semana dedicada a la cocina japonesa y que en la actualidad ha pasado a ser toda una temporada de 6 semanas de duración dedicada a la cocina asiática, especialmente la japonesa.

Nos prepararon un menú degustación exprofeso para la ocasión, con platos de inspiración japonesa. Y cada uno de nosotros aportamos una botella de vino, algunos incluso dos (y es que el ansia nos puede…) El precio indicado sólo corresponde al menú.

Menú degustación

Chips de tubérculos y verduras. Plátano macho, yuca, patata violeta y boniato. Molan estas “papas distintas” de corte fino y fritura crujiente exentas de aceite. Buen snack.

Tataki de atún. Pocas explicaciones requieren un buen tataki de atún como era el caso. Buena materia prima, buen corte, acertado marinado y breve paso por el grill.

Empezamos la armonía con Kripta 2007, el cava top de Agustí Torelló Mata. Nariz de buena intensidad y complejidad: notas cítricas, fruta blanca y recuerdos almibarados. Fondo tostado y de frutos secos. En boca se muestra fresco, bien de acidez y con el carbónico perfectamente integrado. En muy buen momento de consumo.

Ceviche japonés de pulpo, mejillón y huevas de salmón. Más que ceviche diría que es casi un salpicón. El pulpo está previamente cocido, de textura intachable y sabor profundo. Además de la compañía del mejillón y las huevas de salmón encontramos alga wakame y sésamo. La leche de tigre suave con base de salsa ponzu. Armonía y conjunción de sabores.

Armonizamos el ceviche con Marguet Rosé Grand Cru. Salmón pálido. Nariz intensa en la que destacan los frutos rojos de corte ácido y un destacado fondo mineral. En boca tiene peso, se muestra vinoso con muy buena acidez y carbónico integrado. Estupendo champagne rosado.

Sardina marinada, galleta de parmesano, queso fresco y mermelada de tomate. La galleta sirve de base, el queso fresco en forma de crema reposa sobre ésta, seguidamente una fina capa de mermelada casera de tomate y corona el lomo de la sardina marinada con vinagre de arroz. Decorado con polvo de aceite de oliva. Plato redondo que fue del gusto de la totalidad de los comensales que compartimos mesa y mantel. Excelente combinación de textura y sabores.

Acompañó a la sardina el Amontillado Del Duque de González Byass. Sin duda y por decisión unánime el vino de la comida y personalmente uno de los del año, espectacular. Por el etiquetado y según Antonio Flores (enólogo jefe de la Bodega) embotellado entre el 1985 y 1990. Ámbar, límpido y brillante. Nariz intensísima y profunda, incluso a copa parada, con un despliegue nítido y complejo. Café natural, caramelo Solano, avellanas tostadas, tabaco rubio, notas de salitre, punzante, desván, barniz… En boca se muestra soberbio, potente con volumen, sabroso, seco, largo, tan largo que se hace eterno. Un vino para disfrutar más bien sólo. Un espectáculo de vino.

Tartar de salmón y aguacate con huevas de tobiko y migas de tempura. Materia prima de primera calidad y proporciones adecuadas para elaborar esta especie de ensaladilla en la que las huevas del pez volador le otorgaban el punto de sal y las migas de tempura un interesante toque crujiente al conjunto.

La armonía del tartar fue: 1984 Dalsheimer Burg Rodenstein. Deutscher Sekt b.A. (brut, Méthode champenoise) Rieslaner Rheinhessen. Weingut Schales, Flörsheim-Dalsheim. Un sekt en plena forma, agradable, aun con burbuja (no abundante, pero sí presente) Aromas clásicos de “viejuno” alemán, manzana en compota, hojas marchitas e hidrocarburos. En boca muestra un gran equilibrio acidez-suavidad. Muy grato de beber.

Nigiri al soplete de vieira y miso. Otro de los platos aclamados por la totalidad de la mesa. Ejecución perfecta, vieira excelsa con el toque ahumado del soplete al gratinar la mayonesa japonesa y punto del arroz óptimo. Hubiese comido más…

Al nigiri le acompañó un delicioso vino, complejo y muy bebible a la vez. 2010 Leitz Weingut Rüdesheimer Berg Rottland Riesling. Nariz de media intensidad “in crescendo” flores y frutas blancas, notas cítricas, recuerdos amielados, ligeros hidrocarburos y un fondo de anís estrellado. Boca fresca marcada por una muy buena acidez, ligeros amargosos y delicado dulzor. Buen recorrido y notable longitud.

Tempura de sepia con miso saykio y yuzu. Sepia muy tierna y una tempura suave, ligera y crujiente. Salsa ligeramente cítrica gracias a la aportación de yuzu. Otra excelente combinación y ejecución.

La compañía propuesta para la sepia fue: 1982 Dalsheimer Bürgel. QmP Spätburgunder Rotwein Kabinett. Rheinhessen Weingut Schales, Flörsheim-Dalsheim. Una curiosidad, que lamentablemente, estaba ya de capa caída. Nariz casi apagada pero por increíble que parezca (és un pinot noir!!) petroleaba, es decir, olía a hidrocarburos. Boca agradable con suave sabor a caramelo de fresas y poca acidez.

Okonomiyaki. Masa cocinada a la plancha mezcla de: verduras, gamba, sepia, carne de cerdo (bacon), huevo, alga nori, salsa okonomiyaki (similar a la barbacoa) y katsoubushi (bonito ahumado deshidratado). Resultado que recuerda al de una tortilla o incluso al de una pizza. Contundente, sabroso y denso. Diversidad de opiniones en la mesa, a mí me gustó aunque tal vez la ración era demasiado generosa.

La armonía de este contundente plato vino de la mano de: 1977er Burghofer Riesling x Sylvaner. Weingut H. Jucker. Schweiz, Kanton Zürich. Weinbau H. Jucker, Burghof – Ossingen. Viejuno suizo, del que no se esperaba nada y nada dio. Apagado total, pero por lo menos se dejaba beber.

Gyoza de ropa vieja, nabo daikon y salsa yakitori. Gyoza rellena de carne de puchero, una base de cremoso de nabo daikon y la salsa yakitori. Muy buena esta “empanadilla japonesa” con un relleno de aprovechamiento del cocido patrio y toques japoneses por parte de la hortaliza y la salsa.

Armonizó este plato con muy buen resultado con el Palo Cortado C.P. de Valdespino. Nariz intensa y compleja con notas de frutos secos, ebanistería y barniz. En boca muestra gran equilibrio, volumen y cierta dulcedumbre.

Pan gao bao con solomillo de ternera, foie fresco y salsa kabayaki. La salsa empapaba el esponjoso pan cocido al vapor tan típico de la cocina callejera de Taiwán. En el interior la clásica combinación del solomillo al foie, destacable la calidad de la ternera y del hígado. Creo que salta a la vista.

En un principio la compañía prevista era un 904 Gran Reserva de 1995 de La Rioja Alta, pero lamentablemente apareció el siempre temible TCA. Así es que rápidamente cambiamos al Amontillado 51 1ª de Pedro Domecq de embotellado lógicamente viejuno. Tampoco tuvimos suerte con este amontillado, que aunque estaba bebible y como comprobamos en el transcurso de la tarde evolucionaba a mejor, ya había pasado su momento de gloria.

1er Postre: Perlas del Japón (tapioca), sopa de lima, yuzu y helado de coco. Un primer postre de corte fresco y de contenido punto dulce aportado principalmente por el helado de coco. Armonioso y refrescante.

Buscamos una armonía por afinidad con: 2007 Nachtgold. Eiswein rosé. Rheinhessen. Un eiswein, que a pesar de no ser ningún top, mostro un gran equilibrio acidez-azúcar, con aromas de fruta escarchada y notas de su evolución en botella clásicas (flor marchita, hidrocarburos…) Boca muy grata y con buena complejidad.

2º Postre: Torrija de chocolate blanco y leche merengada: torrija caramelizada de brioche con sopa de chocolate blanco y helado de leche merengada. Uno de los clásicos de la casa que siempre que está Ferran, gran entusiasta de este postre, no se puede obviar. Destaca por la esponjosidad de la torrija y la excelente conjunción de sabores. Para golosos impenitentes como es mi caso.

Le acompañó a este goloso postre el Madeira: Barbeito Malvasia Single Cask 2001. Ambarino, tímido en nariz, tal vez hubiese sido aconsejable abrirlo con antelación. Cítricos escarchados, frutos secos, pan de higo y un tenue fondo de barniz. En boca se muestra suave, ligeramente dulce y con muy buena acidez que le otorga frescura. Una lástima no disfrutarlo en plenitud.

Con los cafés e infusiones, llegarón los Petit fours en forma de rocas de chocolate, e incluso éstos tuvieron su acompañamiento vínico. El remate vinícola vino de la mano de: 1971 Apetloner Rheinriesling Beerenauslese. Sortenreiner Gutswein. Rohrendorf/Krems. Weingut Seewinkelhof. Lenzmoser. Österreich (Austria). Fantástico beerenauslese austríaco, que con sus 45 años, se encontraba en un momento muy bueno de consumo (aunque se notaba cierta reducción de azúcares) Complejidad en nariz, aromas arropados, manzana asada caramelizada, corteza de naranja escarchada, hidrocarburos y notas amieladas. En boca fantástica estructura, potente, dulce pero no demasiado que junto con su adecuada acidez lo hacían muy bebible.

Un restaurante muy recomendable en el que puedes disfrutar de una cocina variada, amplia y muy bien cocinada. Acompañada de la misma acertada oferta vinícola que en Sents, al igual que del mismo servicio tan profesional. Además en un entorno bonito a la par que informal.

Estas hedonistas experiencias provocan ganas casi inmediatas de volverse a juntar con gente, que al igual que uno mismo, están “Bojos pel Vi”

Post completo ilustrado con fotos en: http://www.vinowine.es/restaurantes/la-cuina-restaurant-temporada-japo.html

Vaya decepción cuando llamé para reservar en Sents y me dijeron que hasta mediados de Octubre no abrían. Sin tregua de silencio se ofrecieron a atendernos en La Cuina, perteneciente al mismo grupo... y a nosotros que no hay que decirnos las cosas dos veces… pues para allá que fuimos.

Sala grande donde predominan los tonos oscuros combinados con beis o crema. Atmósfera fundamentalmente funcional, de línea moderna y formal. Amplios ventanales en todo el perímetro que ese día no podían cumplir su papel dada la escasa iluminación natural debido a la persistente lluvia que nos acompañó desde Valencia y que, en conjunto, me hacía percibir a veces un aire un tanto desangelado. Individuales de papel en los que se halla inscrita la carta, confeccionada de modo que fomenta el modo “compartir al centro” y que me hace sentir como pez en el agua.

Excelente ayuda y colaboración para confeccionar la comanda, pues el predominio de platos con raíces orientales hacía titubear considerablemente a unos legos en el tema como nosotros.

Muy rico el pan servido, con tomate por si lo quieres acompañar y unos frutos secos para acabar de sintonizar con el entorno mientras llega lo solicitado.

Al tema:

Sardina Marinada. Montada sobre una crujiente galleta de parmesano y un lecho de crema de queso fresco y tomate. Rematada por un polvo de aceite de oliva que hacía visualmente muy atractivo el bocado. Habitualmente me cuesta confiar en el matrimonio queso pescado pero en este caso era bien avenido. Enlace.

Tomate Relleno de Queso Fresco. Ligereza y sabor de la hortaliza en la cobertura que contrastaba de manera eficaz con la densidad del queso de su interior. Aliñado con un aceite de anchoa y una vinagreta de albahaca para rematar. Cabal.

Tataki de Atún. Sin misterios pero con un puntito de brasa en el sellado dándole el toque de distinción. Abecé.

Sashimi de Salmón Salvaje. Me intento buscar e identificar con este plato pero no me termino de encontrar… y mira que me gusta. Seguiré intentando que me enganche. Buen producto, por supuesto, aderezado con una rica salsa ponzu. Tenacidad.

Kakiage de Vieira y Gamba. Se trata de una especie de tempura de verduras que sirve de sostén a la pareja marítima anunciada. Fina la fritura, aroma embriagador a fondo marino y arrollador en boca. Venía acompañado de una salsa cuyo nombre japonés no recuerdo. Fiiiirmes!!

Pan Gwa Bao con Costilla de Cerdo Glaseada y Sichimi Togarashi. Etérea consistencia la del pan al vapor que albergaba las verduras de fino corte y esa carne melosa, bañada en la abundante salsita que estaba como para mojar una barra entera de pan. Colosal.

Tarta de Dulce de Leche con Yema Quemada. Nos lo vendieron como de dulzor desmedido pero debe ser que somos adictos al dulce extremo porque nos pareció la mar de equilibrado. Agigantado.

Helado de Queso Philadelphia con Arrop i Tallaetes. Dos bolas de buen calibre acompañadas de la versión del clásico y popular dulce valenciano. Niquelado.

Acabé con una infusión y nos la acompañaron de un par de Rocas de Chocolate a modo de petit fours.

Cervecita para beber. En esta ocasión cayeron cuatro Alhambra Reserva que siempre son una apuesta ganadora.

En resumen, me pareció un magnífico preámbulo para una próxima visita en Sents. Cocina escorada a Oriente pero salpicada con toques más autóctonos y tradicionales. Manejo de buen producto en general con perfecta ejecución del mismo. Si se le añade un servicio cercano y simpático, de los que te hacen sentir a gusto, consiguen el cóctel perfecto para enganchar al cliente. Magnífica tarjeta de visita para recordar que debes volver y a ser posible aventurarte al Sents.

Buenos días. Estuve el pasado sábado en La cuina d'Ontinyent i me lleve una sorpresa increible. Desde que estuve hace unos meses en Alfileritos de Toledo, no habia vuelto a encontrar (y somos regulares en visitas a restaurantes con buenas referencias) una calidad /precio tan buena. Comida excelente en paladar, textura y presentación. Carta de Vinos muy completa y postres realmente exquisitos. La atención inmejorable y el entorno moderno, con clase pero con un toque propio. Mi mas sincera enhorabuena a su dirección y equipo de trabajo.

servicio excellente,local bien acondicionado en particular la separacion de mesas
Carta muy creativa. Nososros hemos empezado con tapas-tataki de atun (muy bien cocido el atun),sardina con tomate y queso (creatividadà mini burger de sepia (original),capuccino de setas pollo de corral y piñones (fantastico)- y despues un arroz meloso de carabinero y sepia ( delicioso y bien equilibrado) y finalmente un postre sorprendente,suave y original ( crujiente templado de vainilla de Thaiti y haba tonka).
Carta de vino en particular por los vinos tintos extensa y muy bien escogida. Buena idea de disponer la en soporte IPAD. Hablando con Joaquin si vede la pasion de un ombre por el vino. Exceptional la visita a la bodega

Fuimos el viernes a cenar nuestro restaurante de referencia cuando bajamos a Ontinyent y esta vez nos encontramos con una agradable sorpresa. Resulta que están haciendo la quincena de la cocina japonesa y por ello hay una serie de platos nuevos en la carta muy interesantes (y muy buenos, como siempre). Paso a detallar lo que cenamos:

- Bravas: no es cocina japonesa pero es que las hacen muy buenas y teníamos antojo.
- Yakitori de vaca con tubérculos: deliciosa vaca a la brasa acompañada con crema de tupinambo y diversos tipos de tubérculos. Buenísimo!
- Huevo a baja temperatura con espinacas, jenjibre y caldo dashi: en la línea de los platos anteriores, buenísimo.
- Tempura de pescado blanco y verduras: muy bien conseguida, crujiente y nada aceitosa.
- Rollitos de verduras: un clásico del restaurante.

Nos sacaron dos tipos de pan (blanco y con sésamo negro). Para beber yo tomé una copa de Riesling Spatlese Barzen y una de cava. Rosa una cerveza sin alcohol. De postre yo tomé plátano frito con panko, leche de coco y helado de mango, delicioso. Rosa se pidió un sandwich de helado de sésamo negro con cobertura de chocolate (también lo hacen ellos). Ella no se lo acabó, se le hizo demasiado pesado tanto sésamo negro. Yo lo encontré muy conseguido también.

Para acabar GT de Citadelle, siguiendo las buenas costumbres. Ah, cenamos en la terraza, lo que encarece el precio pero vale mucho la pena, ya que la calle es muy tranquila.

Conocí este restaurante hace varios años y sin duda es uno de mis favoritos.

Es una de las mejores opciones para salir a comer y cenar de calidad a un muy buen precio. Todos los platos que incluyen en la carta sorprenden por que tienen algo diferente, especial, que hace que solo lo encuentres en su local.

Todos los postres son inmejorables y caseros (hasta los helados!).

En cuanto a la carta de vinos es muy extensa (alrededor de 200 referencias). Además tienen la peculiaridad de que la disponen en soporte Ipad y Chimo (responsable de la sala) siempre está dispuesto a recomendarte y sorprenderte con nuevas adquisiciones.

Sin duda, merece la pena escaparse un día hasta Ontinyent para probar la cocina que hacen en este restaurante. ¡Os aseguro que os encantará!.

Como siempre que vamos, el sábado disfrutamos de una gran comida en este restaurante. Muy buen servicio, local muy bien acondicionado, buena separación de mesas, mobiliario cómodo y sobretodo una carta muy interesante tanto si se quiere comer de tapas como de plato. Nosotros optamos por la primera opción. La comida consistió en:

- Ensalada de pollo con parmesano y salsa pesto: para empezar, refrescante.
- Langostinos fritos con panko, salsa ponzu y mantequilla: buenísimos, como siempre.
- Kung Pad Mi (gambas al ajillo salteadas con noodles): aún no lo habíamos podido probar porque la última vez se les había acabado. Muy grata sorpresa, estaban buenísimas.
- Rollito de verduras con Shitake y soja: yo nunca he sido muy de "rollitos de primavera" pero estos realmente están muy bien hechos, muy sabrosos.
- Croquetas de ibérico: me hubiera comido una docena!
- Huevo a baja temperatura con sobrasada: una delicia! El crujiente de las migas con ese huevo cremoso, la potencia de la sobrasada con la suavidad del huevo...
- Hamburguesa de sepia: tierna y sabrosa. Muy bien.

De postre yo me pedí el clásico coulant de chocolate negro con helado de chocolate blanco, buenísimo como siempre. Rosa y mis padres pidieron el mousse de galleta María, original postre que también estaba muy rico.

Para beber nos pedimos un Elisabet Raventós. Muy buen cava que acompañó perfectamente toda la comida. Copas Schott y carta de vinos cada vez más completa. Ximo está haciendo un trabajo excelente en este sentido y cada vez que vamos encontramos nuevas e interesantes referencias. Además ahora la carta la tienen en I-Pad donde además de ver los vinos de que disponen, hay una ficha de prácticamente todos ellos con abundante información sobre cada referencia.

Cafés acompañados con una especie de minimadalenas de almendra muy ricas.

En fin, que Santi y Ximo continúan siendo para mi el tándem de referencia en la cocina de Ontinyent. Se lo merecen por el trabajo bien hecho y esas ganas de mejorar que tienen. Y que dure!

Aprovechando la visita a Ontinyent comimos en La Cuina, con ganas de visitar Sents, pero con escaso tiempo, preferimos dejar el homenaje gastronómico para un día con más calma.
El restaurante es muy bonito, con una decoración moderna, con buen gusto y parabanes para separar grupos de mesas.
Cuando llegamos, sobre las 15h, el local estaba a rebosar y nos encontramos con un menú algo menguado, lógico por la gran afluencia de comensales. No obstante, al margen de lo que indicaba la carta del menú, nos ofrecieron otras opciones, por lo que al final, tuvimos una buena variedad para escoger.
Tomé un gratinado de verduras, bastante rico en el que además descubrí algo de bacon y una berengena rellena de carne también bastante buena.
El menú ofrece, por 10€ una bebida, incluyendo una copa de vino blanco o tinto, en este caso, Ontinium (en ambas versiones), vino que se elabora en esta población, lo que me parece un acierto. Las copas son de buena calidad y al servicio del vino no se le puede exigir nada por ese precio, más que la copa rellena desde la barra y puesta encima de la mesa. No me parece mal para ese precio de menú de mediodía, la verdad.
De postre tomamos un tarta de mocca que fue lo que menos me gustó, pero que estaba correcta.

Me parece un menú atractivo, sencillo pero que por 10€ cubre las expectativas sobradamente.

Lo dicho, espero visitar en breve el restaurante Sents de los mismo dueños.

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