Restaurante Ca L'Enric Volcan en Erupción de Restaurant Ca L'Enric de La Vall de Bianya.

Restaurante Ca L'Enric

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Datos de Ca L'Enric
Precio Medio:
120 €
Valoración Media:
8.5 10
Servicio del vino:
8.6 10
Comida:
8.7 10
Entorno:
8.6 10
Calidad-precio:
7.5 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Catalana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 80,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

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Descripción

El restaurante Ca l'Enric se encuentra en la localidad de Vall Bianya, en la província de Girona. Este restaurante está situado en un entorno de lo más natural justo en medio de una región clave para los accesos a los Pirineos. Ca l'Enric se basa, principalmente, en la elaboración de platos de autor creados a partir de la gran selección de productos que ofrece esta región del país.

En la masia del siglo XIX en la que se encuentra el restaurante podremos vivir una experiencia única gracias a la lujosa decoración que contrasta con la austeridad y la tradición de las típicas casas rurales. Existe en el restaurante un lugar muy especial donde comer, se trata de la mesa de la cocina, una pequeña mesa reservada para aquellos que quieran conocer la sensación de comer en el mismo lugar de elaboración de los platos viendo como trabajan los artistas y como estos confeccionan todas sus creaciones.

En el restaurante Ca l'Enric podremos disfrutar de platos tan geniales como la Ensalada de Perdiz Roja con Escabeche o el Cabrito Confitado con Romero Lacado con Frambuesas y Cebollitas al fino.

 

47 Opiniones de Ca L'Enric

....faltaría pulir algún detalle/descuido que no deberían darse en un restaurante de esta categoría, seguramente errores de un día, quizás propiciados por la reciente vuelta de vacaciones del personal, y que más adelante comentaré.

Día frío y lluvioso en la Vall de Bianya, a la hora convenida llegamos y nos reciben de inmediato haciéndonos pasar a nuestra mesa. Local algo oscuro, tampoco era mucha la luz que entraba por los ventanales este día. Mesas con buena separación, de madera oscura y sin manteles, sólo un reposaplatos por comensal, buena cubertería, vajilla y copas de nivel (Riedel y Schott). Elegimos el menú "Descobrint la Vall" a un precio de 98€ y el maridaje de vino, por 42€ adicionales, todo ello +IVA. Además, hay que sumar 5€ por comensal en concepto de cubierto. Se trata de un menú sorpresa propuesto por el chef, previa consulta sobre intolerancias, alergias y gustos del comensal. No hay posibilidad de ver el menú ni el maridaje de vinos escrito ni tampoco te lo proporcionan al acabar la comida (aunque no lo pedimos), algo que estaría bien que hiciesen, por esta razón no enumeraré todo lo consumido porque no lo recuerdo.

Comenzamos con unos aperitivos, hasta 8, entre los que destacaron la coca de recapte con sardinas, la esqueixada de bacalo sobre su piel, los tomates cherry aromatizados con hierbas y el jamón con crema de guisantes.

El menú propiamente dicho consta de 8 platos salados y 3 postres, muchos de ellos con guiños constantes al producto de la zona, aunque no todos. Soberbios el steack tartar de ternera, la ostra con cítricos y los espárragos blancos con setas. Bonita presentación del Champagne shower de bogavante, en una media botella cortada longitudinalmente (se está poniendo de moda) y con un falso tapón de botella hecho de una gelatina del pescado, un poco graso y pesado. Muy ricos tambien el atún, perfecto de punto y el pato en dos presentaciones, espectacular de sabor. El pan, servido en cestillos individuales y de dos tipos, de maiz y de semillas, ambos miy bien y que fueron reponiendo a lo largo de la comida. Muy buenos los postres, si bien destacaría la flor de yogurt por encima de los otros dos.

En el apartado vinos me es imposible enumerarlos, no los apunté ni los recuerdo todos, pero destacaría un jerez muy seco (soberbio), un albariño criado sobre lias del 2005, con una vejez envidiable y un conde de Valdemar Gran Reserva 2004 que maridó a la perfección el pato.

Acabamos en la terraza con unos cafés y petit fours muy ricos, último homenaje a la zona de volcanes que rodean el restaurante, a modo de pequeños bocados y bombones adornados con un volcán de hielo seco en el centro del plato.

Los pequeños descuidos a los que he aludido al principio no fueron ni mucho menos graves, pero choca cuando se producen en un restaurante de este nivel: Algún vino blanco fue servido sin cambio de copa, en la misma que el vino anterior (raro); Por dos veces tanto a mi pareja como a mi se nos retiró la servilleta que dejamos sobre la mesa cuando nos levantamos para ir al servicio pero no la volvieron a reponer hasta que se lo recordamos; Un de los platos que ya habíamos tomado nos volvió a ser servido, aunque era para la mesa de al lado y el error apenas duró unos segundos; por último, el primero de los 3 postres se quedó en la cocina y no se nos sirvió, nos dimos cuenta ya tomando el café en la terraza cuando recordamos que el menú eran 8 platos y 3 postres, de los que sólo habíamos probado dos, lo reclamamos y nos fue servido junto a los petit-fours. A su favor decir que fuimos invitados a diversas copas de cava tanto antes de la comida (junto a los aperitivos) como tras los cafés y que pudimos visitar la bodega del restaurante, ubicada en la antigua cisterna pluvial de la masía.

El precio pagado por dos personas fue de 330€, repetiremos en un futuro.

En 1882 se inaugura como hostal y bodega, funcionando de esta forma hasta 1965. En este año, Dolores y Desiderio, los padres de la actual trilogía comienzan con ciertos platos y con las brasas. Actualmente son los tres hermanos Juncà quien dirigen el negocio: Joan en la sala, Isabel en la cocina y Jordi entre cocina y sala, combinando la chaquetilla de cocinero con la americana de maitre, dualidad en blanco y negro.

Se respira hospitalidad desde que se desciende por la rampa que acaba en una terraza al aire libre presidida por una lumbre. En sus adentros el restaurante combina modernidad y tradición, manteniendo un equilibrio entre mobiliario e iluminación que provoca un ambiente acogedor, de esos en los que el tiempo no pasa si el condumio y el palique amistoso se dan la mano.

Desde un punto de vista culinario, se observa a la tierra y se escucha a las estaciones, manteniendo la tradición de la casa y sin romper para nada con ella. Estamos a finales de otoño, principios de invierno (durante la visita). Época de trufas y de la reina de las aves, la becada. Les recomiendo visitar Cal Enric en esta época para poder aumentar las posibilidades de comer el menú alrededor de la becada (de previo encargo).

Comenzamos con los aperitivos. Cinco pequeños bocados, entre los cuales pasan desapercibidos la espuma de monchetas, el crujiente de queso y las hojas de setas y merengue, pero destacando una fabulosa butifarra trufada y un yogur con almendras y pasas que viene tapado por una maravillosa piel “seca” y crujiente de pollo asado.

Nos introducimos en terrenos de mayor importancia con la tosta de anchoas de Santoña y trufa. En Cal Enric, disponen de su propio “huerto” de trufas y esto se nota. El hongo tanto en crudo como en una crema es de gran sabor colocándose por encima de una rígida anchoa con un buen punto salino.

Los primeros olés llegan son el steak tartar con setas y trufa. Resulta de mayor equilibrio que el anterior bocado, pudiéndose saborear los tres ingredientes principales con nitidez. El producto de muchísimo nivel. Para repetir.

Antes de introducirnos en el mundo de la cinegética, probaríamos una ostra Guillardeau con trompetas de la muerte. Algo confusa la mezcla, sin permitir que la ostra explote todo su sabor, con un punto invasivo de la seta.

La ensalada de perdiz escabechada es la antesala de lo que va a acontecer. Una forma gustosa de limpiar la boca a través del escabeche para prepararse para la gran traca. Plato profundo en sabores y con cierta ligereza que viene acompañado de una especie de blinis algo grueso de los interiores del pájaro que aporta un mayor punto de gusto.

Queridos lectores: A partir de este punto se produce claramente un antes y un después. Cinco pasos en los que interviene la mencionada ave que me atrevería a decir son obligación de cualquier gastrónomo que se precie. En primer lugar, la sopa de becada y trufa. Sabrosa y amplia en boca sin resultar para nada cargante. Fundamento de la cocina de raíz y de la aprovechamiento del producto. Punto hedonista que de vez en cuando nos complace.

En la misma línea, un arroz de becada con un paso más a nivel de intensidad. Provoca repetición ansiosa, rezando para que no finalice. Un canto al gusto, un verdadero manjar.

Jordi nos introduce la primera becada. Cazada apenas hace tres horas y ejecutada a la brasa. La pechuga resulta muy gustosa y de agradable textura, mientras que el muslo es encuentra todavía algo rebelde. Pero la parte que destaca de esta preparación y este tiempo es la cabeza. Succionarla provoca introducir esos aromas a brasas y campo que ha ido absorbiendo de forma directa, sin ninguna cortapisa. Del paladar a la mente.

A continuación muslos de becada guisada con siete días de maduración. Resulta sorprendente la armonía y suavidad del guiso, su elegancia sin aparecer esos tonos fuertes del faisandage que a veces provocan que la caza no sea un plato para “todo el mundo”. En Cal Enric, la caza se disfruta por su finura, por su maestría. Para recordar.

Entre los pasos de la becada, se cuela la anguila y sus hijas. Se presentan vivas en una copa y unos minutos más tarde aparecen en el plato acompañando a su “madre” a la cual se ha adornado con trufa negra. Si hay que no falte, podríamos decir ante tantos gestos de voluptuosidad. Las angulas son magníficas en su textura y la anguila marca el paso del sabor del plato mediante un lacado profundo. A veces el hedonismo nos persigue.

Finalmente pechugas con siete y diez días de maduración junto a una tostada de su salmis. De mayor sabor la primera con siete días, con ciertas notas de reminiscencia a foie. La tostada como no podía ser de otra forma, otra profunda obra maestra de la cinegética.

Antes de finalizar, el royal de liebre (uso intencionado del artículo determinado). Guiso trabado, denso, repleto de gusto y armonía. Sobresaliente. Se permiten la concesión de colocar un bizcocho en el plato para mojar una salsa fabulosa.

Los postres se afrontan de manera relajada después de lo vivido. Posiblemente haya saboreado una de las mejores expresiones culinarias de la cinegética que se pueden disfrutar en este país. La granada limpia la boca y no deja recuerdos. Para finalizar helado de tartufo y bizcocho de trufa negra. Se mira de nuevo a la tierra para poner un broche final de gran sibaritismo. Bocado que nos traslada al bosque con un helado de trufa blanca que espero volver a probar.

Cal Enric: Cuando sales, ya estás pensando en volver.
http://www.complicidadgastronomica.es/2016/01/cal-enric-cuando-sales-ya-estas-pensando-en-volver/

Visita inesperada a Ca L'Enric, un restaurante que tenía ganas de visitar especialmente tras el último reparto, (o no reparto), de estrellas de la Guía Roja.

Poco que añadir tras los exhaustivos comentarios anteriores, así que vamos al tajo.

Empezamos con unos snacks servidos al lado de la chimenea:

  • Conyac.
  • Hoja de Roble.
  • Galleta de Mas Farró.
  • Coca de Embutidos y Espuma de agua de Fesols con Trufa..
  • Cesto de Setas y Hojas.
  • Yogurt de Pollo rustido.
  • Negroni de Calabaza.

    Y una vez acomodados en la mesa, seguimos con:

  • Sotobosque.
  • Jabalí.
  • Botones de Níscalo.
  • Huevo de Gallinero con Tartufo.
  • Taco de Angulas, Anguila ahumada y Ajo.
  • Canelón de Pies de Cerdo y Espardenyes.
  • Pato con anchoas.

    De postre:

  • Nieve.
  • Sotobosque.
  • Volcan en Erupción.

    Y para beber:

  • Recaredo. Una botella de "Ull de Serp" que al lado del Recaredo pasó con más pena que gloria, GT’s, aguas….

    La Cuenta:

  • 154 euros por cabeza. Un buen precio a cambio de lo recibido, únicamente la sorpresa de los 5 euros por persona en concepto del manido tema del “pan y cubierto”. ¿No sería mejor subir el precio del menú cinco euros?

    Como digo al principio, tenía ganas de comprobar en primera persona el tema de la Guía Roja, y efectivamente la cocina de Ca l’Enric es merecedora de las dos estrella sin ningún género de duda. Sin embargo y en mi humilde opinión, una conjunción de pequeños detalles en el servicio, podrían haber llevado a los “michelines” a dejar las cosas como están.

    • Volcan en Erupción de Restaurant Ca L'Enric de La Vall de Bianya.

    • Nieve de Restaurant Ca L'Enric de La Vall de Bianya.

    • Sotobosque de Restaurant Ca L'Enric de La Vall de Bianya.

    Tras haber leído diversos comentarios muy positivos en diferentes guías gastronómicas y en Verema ( aunque el ultimo data de 2012) decidimos ir a comprobar nosotros mismos el valor gastronómico de la cocina de Ca L'Enric.

    El restaurante está situado a pie de carretera, en una antigua masia-posada rural del siglo XIX, totalmente reformada, al comienzo del Vall de Bianya, a unos 15 Km de Olot.
    Trás haber reservado unas semanas antes, fuimos a cenar el pasado sábado a las 21 h. Por este motivo no puedo valorar el entorno exterior, aunque como se encuentra situado en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, deduzco que debe ser magnifico como todo el resto del paisaje de la zona.

    En cuanto llegas delante de la puerta del restaurante, te das cuenta, no sabría explicarlo, de que vas a entrar en un local distinto....
    Ca l'Enric, que tiene una estrella Michelin, está regentado por los hermanos Juncà, Joan, el mayor de la fatria, es el sumiller y jefe de sala, Jordi, el mas joven, está al mando de los fogones e Isabel le secunda en la cocina. No os hacen pensar en alguien... ?

    Nada mas atravesar el umbral de la puerta eres recibido por Joan Juncà, que hace las presentaciones y te acompaña a un salón de puro diseño con luces tamizadas, mientras un camarero te coge los abrigos, te adjudica una mesa, y te hace las preguntas de rigor en cuanto a las posibles alergias alimenticias, etc. Te deja un carta y mientras la hojeas, comienza el festival con 9 snacks de gran creatividad y de excelente sabor y presentación, acompañados de un original coktel Margarita., servidos en perfecta sincronizacion y sin ningún tiempo muerto.
    Una vez has finalizado los aperitivos y escogido lo que vas a degustar, nosotros optamos por el menú degustacion largo sin maridaje, Joan nos trajo la carta de vinos y me deje aconsejar, el elegido fue un blanco DO Empordà Oliver Conti Barrica 2007 (Gewurtztraminer/Cabernet Sauvignon) ....
    A partir de ese momento te coge de la mano para acompañarte durante toda la velada. Primeramente nos mostró la bodega principal con mas de 8000 botellas y nos explicó la historia del celler, antiguo aljibe de la masía. A continuación nos acompañó y nos acomodó en un pequeño comedor de ambiente claro-oscuro, diseño total, con música de fondo jazzy, con únicamente 2 mesas, la nuestra y la de otros 2 comensales. Las mesas son muy amplias, perfectamente separadas, sin manteles y con los enfriadores para botellas integrados, las servilletas son de hilo de gran calidad que te cambian durante la cena. Las copas y vasos están al mismo nivel que el resto. Sobre la mesa de color negro se encuentra una composición rectangular a base de plantas y piedras representando el suelo de la Garrotxa, que es la piedra angular de toda la cena...

    A partir de ese momento, comienza una oda poético-gastronomica sobre la gastronomía de la Garrotxa a través de la cocina de los hermanos Juncà.

    Por primera vez desde que estoy en Verema , no voy a explicar detalladamente cada plato, solo os diré que tras los snacks y aperitivos, habían 10 platos y 2 postres. Si hiciera estos comentarios pienso que traicionaría el espíritu de la cena ....
    Lo que sentimos durante esta velada MC y yo fue algo totalmente inhabitual, y creemos que detallar esta velada con precisión privaría al futuro comensal del mismo placer inmenso que nosotros hemos conocido.

    Todos los platos nos fueron comentados por Joan Juncà con una gran maestría impregnada de una pasión y una dedicación extraordinaria. La calidad de todos los ingredientes fue sublime, la presentación magistral, la asociación de sabores inenarrable, una cocina de producto de territorio tratada a cada plato con una imaginación desbordante. Todo fue perfecto. El servicio de mesa y sala muy profesional, amable, simpático ... El servicio de vino excelente ( Joan Juncà ha hecho sus estudios de enologia con Pitu Roca, de quien es un gran amigo), el pan una maravilla... y todo sincronizado como un reloj suizo. Que noche la de aquel dia !!!

    Estuvimos conversando un buen momento al final de la cena con Joan Juncà, que se sentó con nosotros para hablar de todo un poco con pasión, sencillez y humildad. Un gran hombre, Joan Juncà !! Con los postres, nos invitó a tomar un vino dulce reserva especial de gewurtz (no recuerdo la añada) Tras los buenos cafés nos acompaño hasta la cocina donde estaba esperándonos Jordi Juncà, el gran chef, con quien mantuvimos también una agradable conversación; como su hermano es también una gran señor.

    En resumen, una velada excepcional, la segunda estrella Michelin tiene que estar al caer, espero que será pronto porqué se lo merecen.

    Pagamos 129,47 € /persona (menú 107,80€+ Vino 24,20 €+Agua, cafés y pan). Muy Muy recomendable, vale la pena hacer una escapada expresamente. Cada estación tiene asociada su cocina correspondiente, trufa, setas, angulas ... y según he leído el menú de la becada es una verdadera institución, un festín que esperamos degustar próximamente.
    Volveremos seguro en cuanto tengamos la primera oportunidad y esperamos que sea pronto.

    restaurante con una * michelin, al que acudimos por esa razón y referencias verema.

    está situado a pie de carretera.
    decoración moderna, escaseando la luz de manera elegante.
    todo el personal agradable y atento, con un nivel de profesionalidad acorde.

    tiene una carta, dos menús degustación, uno que puede hacer a medida el cliente según la carta (60 €), y otro cerrado (90 €).
    así mismo posibilidad de comer a la carta.

    nada más llegar, y mientras tomas una aperetivo, antes de decidir nada, te ofrecen unos entrantes para ir ubicándote y definiendo el estilo de la noche.

    la decoración es muy correcta, gustos son colores, con algún descuido (en el baño hay un agujero en la pared como si faltase un aplique).

    las mesas no tienen mantel, pero el material con que están echas es cálido y agradable, aunque cuando cae alguna gota, del vino o de la humedad de las copas de agua por ejemplo, queda la marca hasta que se evapora, lo que particularmente no me pareció apropiado.

    cubertería, loza y cristalería ajustadas al juego que estamos jugando.

    servicio muy correcto y agradable, el habitual en los "estrellados" y lo más barato de copiar, aunque no sucede demasiado..

    el menú contiene una diversidad de platos (8-9-10) que a buen ritmo van paseándose por la mesa, a cuál más interesante...buenas combinaciones y acierto en la mayoría.

    se echa en falta preguntar por las alergías o por algún alimento incompatible así como una factura resumen que recoja el detalle de lo cenado....

    en resumen, una experiencia fantástica y totalmente recomendable.

    Realmente excepcional. Restaurant con altísimo nivel: materia prima de primerísima calidad, platos defactura extarordinaria y presentación perfecta. Marco ideal y servicio muy profesional. Los hermanos Jncàs nos sorprenden con un restaurante elegante y sencillo a la vez, en un ambiente refinado pero cercano, fruto de una humildad que los hace unos anfitriones perfectos.
    Nos decantamos por el menú degustación (90 €) que es un puro placer para los sentidos, con sesión previa de snakc y aperitivos en la terraza. Recomendable al 200%

    Visitamos el restaurante un día lluvioso de otoño. Desde el primer momento fué un baile perfecto. De primeras nos pasamos del lugar, pero cuando por fín lo encontramos fue genial. La sala, espaciosa y elegante, el servicio, una danza muy bién representada, la cocina... vamos todo. De hecho está entre mis tres preferidos del país, junto con la rejas y mugaritz.

    Estuvimos con unos amigos para comer el menú de "La Becada" como cada año. Fue sensacional, ya habíamos probado todos los platos de este menú , pero el Royal de Becada con trufa blanca que aún no habíamos probado antes , nos sorprendió, algo indescriptible para el paladar, se tiene que probar. El resto del menú fantástico como siempre, en especial las pechugas a la brasa en su punto de cocción, impresionantes!!Tambien buenísima una tostada con anchoa y trufa blanca. Un postre que tomamos con una semiesfera de chocolate con sorpresa buenísimo. Como veis no tengo palabras para describirlo, todo a la perfección.

    La terraza nueva en el exterior es muy agradable y estuvimos al lado de la chimenea tomando el café.

    Una velada inolvidable !!!!!!!!!!

    Hacia tiempo que me hablaban muy bien de este restaurante y tenía ganas de visitarlo.
    Volvíamos con un amigo de excursión y por tanto con hambre y las espectativas creadas fueron confirmadas.
    El local exquisito, la bodega surtida (tomamos un Empordà excelente) y se ofrecen tres menus (degustación 75 €, de la caza 90 € i de la trufa 110 €), tomamos el degustación, excelente, a destacar el iogurt de setas, la ensalada de perdiz, las cocotxas con pochas i el huevo poché con trufa. El resto también buenísimo.
    La combinación de bar (para el aperitivo i los cafés) i restaurante una buena idea.
    El local es espacioso y cómodo y en mi caso el servicio rápido y sin florituras como a mi me gusta.
    Eso si no te lo regalan.

    Hacía mucho tiempo que lo visitaba y tenía muchas ganas ya que la última vez me dejó muy buen sabor de boca.

    Ahora la oferta se basa en dos menú uno a 68 euros (tradición) y otro a 89 euros (innovación). Escogimos el innovación y que acierto!

    Empezamos con unos divertidos entrantes:

    - conserva de setas (agradable)
    - higo caramelizado (algo dulzón)
    - pan con tomate y aceite (muy senzillo)
    - pan con mantequilla de trompetas (rico rico)

    Seguimos el menú con:
    - crema de calabaza (muy rica)
    - espárragos blancos con navaja y cítricos (mejorable, sobretodo el espárrago)
    - coca de anchoas y ceps (una pasada)
    - higado de pato con anchoas y pera, con tortell d'Olot (muy rico)
    - escabeche de perdiz (mmm)
    - ensalada de rovellons con iberico
    - escudella de pato azulón con royale (muy profundo, aunque un poco cargado de mantequilla).
    - ou de reig con huevo poché (bueno)
    - calamares con cebolla y fredolics (una pasada!!)
    - arroz de tordo con setas (muy bueno)

    Seguimos con los postres:

    - Eiswein (compota de manzana, ciruela y petazetas) bueno y refrescante
    - Peras al vino (llega con una botella de Viña Ardanza y voilà!)
    - Coulant a la brasa con helado de frambuesa (rico, muy rico)

    Petits fours correctos sobretodo la trufa.

    Muy bien volveremos nos lo apuntamos en nuestra lista de restaurantes preferidos

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