Restaurante Abantal en Sevilla
  

Restaurante Abantal

29
Datos de Abantal
Precio Medio:
77 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
7.9 10
Comida:
8.4 10
Entorno:
7.9 10
Calidad-precio:
7.9 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas:
Precio desde 55,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: domingos tarde y lunes

Teléfono

Restaurante Abantal Abantal Abantal en Sevilla Restaurante en Sevilla Restaurante Abantal Abantal Abantal en Sevilla Restaurante en Sevilla Presa Ibérica de bellota en adobo, tomates asados, tallarines de miel y ali oli de mostaza Restaurante Abantal Cochinillo ibérico crujiente con naranjas a la mostaza y endibia braseada Abantal Carabineros al vapor sobre arroz salteado de verduras y ali oli

29 Opiniones de Abantal

Los pasados días 12 y 13 de abril, los miembros de la peña gastronómica Los Restauranteros nos desplazamos hasta la capital hispalense para celebrar allí nuestro encuentro de primavera. Con éste, alcanzamos ya la XIV edición, aunque esta quedada en concreto constituyó nuestra primera incursión como grupo en las tierras del sur peninsular, habiendo visitado anteriormente siempre capitales de la mitad norte del país. Todo ello vino propiciado por la última incorporación a la peña, relativamente reciente, de un nuevo socio, Rafa Garrido, natural y residente en Sevilla.

El programa diseñado por nuestro anfitrión contemplaba desde un primer momento la idea de acercarnos al restaurante Abantal, único establecimiento en la ciudad reconocido con una estrella por la popular Guía Michelín. Fue Rafa quien estableció contacto con el restaurante, acordó el menú y cerró la reserva para la cena del viernes, momento éste que se constituye siempre en el primer acto oficial de nuestros encuentros. Hacia allí encaminamos nuestros pasos con la emoción de reencontrarnos tras los meses transcurridos desde nuestra última quedada en Santiago y con las expectativas muy altas al tratarse de un local de consolidada fama y renombre a nivel nacional.

El restaurante Abantal se sitúa en una zona de la capital que carece de ese encanto del que sí pueden presumir otros rincones y barriadas de esta bella ciudad. Al traspasar la puerta, sin embargo, encontramos un elegante vestíbulo donde somos recibidos cordialmente y desde donde nos acompañan a nuestra mesa. El salón es amplio, de altos techos y decorado en tonalidades cálidas, sin estridencia alguna. El mobiliario, de madera y en tonalidades roble, aporta elegancia a una sala muy iluminada lo cual acrecienta aún más esa sensación de amplitud y confort.

Cocina tradicional con un toque de autor. No es de mi agrado usar en exceso ese cliché o frase estereotipada de la que tanto se ha abusado estos últimos años a la hora de calificar o publicitar la oferta culinaria de un buen puñado de restaurantes. Fuese cual fuese la filosofía de éstos, su carta o el precio final del cubierto, venimos de un tiempo donde todos se amparaban bajo ese amplio paraguas de “lo tradicional con un toque de autor”. A pesar de ello, en el caso que hoy nos ocupa, esa definición me parece muy apropiada para tildar la propuesta gastronómica que nos ofrece Abantal o, al menos, a la hora de calificar aquello que pudimos degustar en nuestra visita.

Sobre la base de un producto fresco, cuidadosamente seleccionado y de calidad incontestable, el cocinero Julio Fernández, concibe y ejecuta todos y cada uno de sus platos con aquellos ingredientes que considera estrictamente necesarios y sin la necesidad de echar mano a condimentos y especias procedentes de otras culturas y continentes. Todo cuanto hay en el plato nos resulta claramente reconocible a la vista y al paladar. El toque más contemporáneo de la cocina de Fernández viene de la mano de algunas combinaciones entre los elementos del plato que podríamos calificar como más modernas y del uso, muy adecuado, por cierto, de técnicas de cocinado más vanguardistas y alejadas de aquellas otras mucho más propias de la cocina tradicional.

Menú adhoc para nuestra visita:

- Microalgas con almeja y cremoso de coliflor: Se presenta una almeja prácticamente cruda de tamaño descomunal y calidad notable. Los acompañantes amalgaman en conjunto de manera brillante sin restar protagonismo al molusco. Me gustó mucho.

- Navaja con escabeche de cítricos y mojama: Menos sorprendente que su predecesor pero con trazas muy similares: producto fresco, bien seleccionado, punto exacto de cocinado y combinación equilibrada de todos los elementos que configuran el plato.

- Espinacas, brócoli anisado y espárrago blanco: Versión actualizada de lo que podríamos calificar como una menestra clásica. Se combinan algunos vegetales presentados tal cual se recolectan, con un perfecto y justo cocinado, con otros elementos un tanto más actualizados y con más elaboración como, por ejemplo, esas espinacas que se presentan tamizadas constituyendo el cuerpo central del plato. Muy buen resultado.

- Crema de berenjenas con tartar de atún rojo, gel de cebolla asada y pepino: El tartar se dispone sobre la crema de berenjena y el resto de elementos se presentan de modo geométrico y bello alrededor de esta especie de tartaleta central. Atún de primera calidad, una vez más, tal vez con exceso de acompañantes. Aunque ricos todos ellos, se genera algo de desconcierto al mezclarlos entre sí.

- Lubina con tomate sofrito, gel de pimiento y ajo asado: El plato peca de una presentación menos armónica respecto a los que le han precedido. No nos resulta bonito, pero si rico. Como comentaba anteriormente, sabores perfectamente reconocibles, trazos de cocina tradicional, casera, aunque presentada de un modo sutil. Notables nuevamente la calidad y el punto de cocción del protagonista principal.

- Capuchino de alubias pintas: El plato simula a la perfección la popular elaboración cafetera pero nada en él sabe a su fuente de inspiración. Rica esa crema de alubias, repleta de sabor.

- Patata especiada, cola de toro, yema y hongos: La combinación del puré o parmentier de patata, setas, huevo y carne desmenuzada siempre aporta placer, aunque se ha abusado un tanto de ella en la última década. Fruto de ello, y aunque la presentación resulta un tanto original, podríamos encasillar ya este conjunto dentro del ámbito de la cocina tradicional.

- Royal de pato con foie, moscatel y manzana: Plato de concepción eminentemente académica ejecutado a la perfección por el equipo de cocina. Sin objeción alguna y con el ensamblaje divertido de ese contrapunto dulzón que le aporta la gelatina de moscatel y ácido de la mano de esa especie de mouse de manzana.

- Espuma de yogur con sorbete de hierbabuena y lima: Con el plato que nos ocupa sucede algo semejante a lo expuesto cuando hablaba del plato de rabo de toro: plato de concepto novedoso no ha mucho, pero que, con el paso de los años y su rápida expansión por los menús de muchos restaurantes, pierde esa capacidad de sorprender de la que antes disfrutaba. A pesar de ello, siempre resulta agradable y muy refrescante.

- Canelón de mango relleno de queso y chocolate blanco con sopa de lemon gras: En el polo opuesto respecto a su predecesor. Aquí sí se produce ese efecto sorpresa y ese disfrute de degustar una combinación no probada con anterioridad. Conjunto redondo y sabroso que, junto con la menestra, constituyeron los dos momentos álgidos del menú.

Se fueron acompañando los platos de diferentes vinos que escogió para la ocasión el equipo de sumillería del restaurante: Quinta de Couselo 2017 (Rías Baixas), Manzanilla Maruja (DO Manzanilla de Sanlúcar), Maria Cabané Parxet Gran Reserva 2013 (DO Cava), Amontillado Callejuela (DO Jerez), Baltasar Gracián “El héroe” 2017 (DO Calatayud) y Moscatel Ambrosía (DO Jerez).

Aunque a menudo nos resultan sorprendentes e incluso inexplicables los criterios por los que se rige la Guía Roja a la hora de conceder sus galardones, sinceramente opino que Abantal es merecedor de tal reconocimiento. En primer lugar, la sala, sin grandes alardes arquitectónicos ni millonarias inversiones en interiorismo, reúne las condiciones óptimas para el disfrute: la amplitud de la misma, la ausencia de reverberación, la distancia entre las mesas, las tonalidades armónicas, etc.

El servicio estuvo correcto. La constitución numerosa de nuestra mesa y la previsión de habernos dejado por escrito el menú a degustar antes de que tomásemos asiento les exoneró de tener que “cantarnos” los platos. Soy consciente de la incomodidad que genera al personal el tener que pedir silencio a una mesa tan grande para enunciar un plato y explicarnos brevemente su composición y el proceso de elaboración, pero a mí, personalmente, me gusta saber un poco más de ello y creo que, con el esfuerzo y la experiencia de un/una buena profesional, pronto se hubiese conseguido captar nuestra atención. Al final somos un grupo respetuoso con el personal y que siempre hemos acogido con mucho gusto cualquier apunte relativo a los platos que se nos ofrecen.

Por último, la gran calidad del producto utilizado así como el trato y la ejecución magistral que se le da a éste en cocinas, repercute en una serie de propuestas que aportan al comensal una experiencia placentera. Si bien ningún pase alcanza un nivel excelso, sublime, también es cierto que no apreciamos un bajón considerable de nivel en ninguno de ellos. En la regularidad también está el mérito y la cena en Abantal se mantuvo en un buen nivel de principio a fin.

Podéis leer esta misma valoración ilustrada con imágenes en: https://www.vinowine.es/restaurantes/restaurante-abantal-de-sevilla-menu-sin-altibajos.html

Primer acto oficial de la Peña en Sevilla de la mano de Rafa, desde luego todo un curro organizar todo el finde en la ciudad.

Local muy elegante, bueno como casi todos los restaurantes gastronomicos, en la cocina Julio Fernández.

A continuación os comento el menú degustación con la bodega, todo ello por 100€ , teniendo que el local tiene una estrella y que Sevilla es una ciudad , que en cuanto a precios , no tiene nada que envidiar a Bilbao o , incluso Donosti , diremos que no es mala RPC .

Empezamos con unas microalgas con almejas y cremoso de coliflor, buena materia prima, la almeja de calidad, sabor a mar.

Navaja con escabeche de cítricos y mojama, seguimos en la línea, en cuanto a la calidad del elemento principal, no es un plato que me sorprendiera, he probado varias veces este producto con cítricos, pero bien.

Espinacas, brócoli anisado, alcachofas y espárrago blanco, quizás el plato mas sencillo, pero que mas me gusto.

Crema de berenjenas con tartar de atún rojo, gel de cebolla asada y pepino, técnica, espuma de pepino, el gel, el tartar, en fin, nada que reprochar, nada que me sorprenda, bien.

Lubina con tomate sofrito, gel de pimientos y ajo asado, lo dicho, técnica moderna para las guarnicion, y el producto principal, muy bueno, perfecto de punto de cocción.

Capuchino de alubias pintas, una crema acompañada de una espuma, creo que de patata, a modo de trampantojo de capuchino, rico, buen sabor, pero no se rompió la cabeza, creo que no arriesgo en el menú, a excepción del plato vegetal.

Patata especiada, cola de toro (que digo yo, que será rabo de toro), yema y hongos, mas de lo mismo, que no esta mal, todo estaba rico, pero me falto algo.

Royal de pato con foie, moscatel y manzana, a modo de pequeños lingotes, no soy mucho de esta elaboración, sin embargo con la gelatina de moscatel, fue de lo que mas me gusto.

Espuma de yogurt con sorbete de hierbabuena y lima, muy refrescante.

Canelón de mango relleno de queso y chocolate blanco con sopa de lemon grass, tuve que repetir, pequeña porción y me encanto.

SUS PETIT FOURS para los cafes.

Los vinos:

Quinta de Couselo 2017, manzanilla Maruja, Maria Cabane gran reserva 2013, AMONTILLADO Callejuela, Baltasar Gracian “el heroe” 2017 y un moscatel Ambrosia.

Servicio correcto y profesional, a mi me gusta mas cercano, no cantaron los platos, sin explicaciones, teníamos la hoja del menú, pero aun así, me hubiese gustado creo que no debería ser el único estrellado de Sevilla, hay mas opciones, para mi, no se, le falto algo, bueno, a mi , me falto algo.

Diez pases con su maridaje, 100€, una estrella, bien.

Aprovechando un compromiso de carácter familiar en Sevilla, decidimos visitar a este único representante de la gastronomía sevillana entre el grupo de los restaurantes estrellados.

Y anticipándome a los comentarios posteriores, debo decir que bien mereció la pena.

Ubicado en una zona anodina, fea...., sin alardes exteriores, nadie diría que en su interior se encuentra un estrellado.

Interior, donde predomina los colores cálidos, maderas; correcta iluminación; mesas bien vestidas, con bastante separación entre ellas. Todo ello, prepara para una estancia muy agradable.

Servicio de sala profesional, con estilo de escuela, no se les escapa ni un detalle, te explican los platos con minuciosidad, ademas hablando ingles muy fluido. Sala de mucho nivel.

Carta de vinos, variada, están representadas casi todas las D'O, pero a precios altos. De entre las ofertas con precios razonables, nos decantamos por un muy agradable Garay Bleu, uva 100 % Zalema. Vino blanco, de la Palma del Condado (Huelva), con 6 meses de crianza sobre lías en roble francés. Según he podido leer, es el vino blanco andaluz con mejor puntuación en la guía Peñin del 2016.

En cuanto a la oferta gastronómica se presenta en dos formatos: 1- Menú degustación (snacks, aperitivos y 7 platos) a 62,70€/pax a mesa completa y con posibilidad de maridaje a 25€/pax. 2- A la carta: estructurada entre entrantes, del mar, de la montaña y postres. Es una carta con propuestas interesantes. Nos decantamos por esta ultima opción.

Las buenas sensaciones se empiezan a percibir con la aparición de los aperitivos: Galletitas de chorizo y parmesano; palitos de pimentón y anís; ajoblanco y crema de aguacate, y siguen subiendo con un muy sabroso caldo de puchero con una espuma de hierbabuena.

- Tartar de lubina con gazpacho de verduras asadas y helado de vinagre de jerez y fresas. Producto muy fresco, sabores que maridan entre si perfectamente, mención especial para el helado, brutal. Para repetir.

- Setas de temporada sobre patata especiada y acompañado de puré de berenjena asada y caldo de cebolla tostada. Impresionante plato, a la sencillez de las setas ligeramente pasadas por plancha, se unen el sabor a tomillo de la patata y la potencia del caldo, dando un conjunto armonioso. Para repetir.

- Merluza de pincho con crema de espinacas y espuma de garbanzos. Muy buen producto, buen sabor de la crema y de la espuma.

- Presa ibérica con crema trufada de calabaza asada, higos, pomelo y lima. Buen producto y generosa ración. Tierno, jugoso, buen sabor de la crema.

- Poleá ligera con pestiño y helado de canela. Postre andaluz basado en una gachas aligeradas con leche hasta conseguir una textura similar a unas natillas. Soberbio de por si, pero al añadir el helado de la canela, le aporta un plus de sabor. Para repetir.

Cafés con hielo y petit fours, ponen fin a esta visita. Lastima que pille tan lejos de casa, de lo contrario seria un sitio fijo.

Visito Abantal, único restaurante con estrella Michelín de mi ciudad y de los pocos de mi comunidad, con toda la ilusión del mundo.
La percepción que me llevo es de demasiados puntos negros para un restaurante de esta categoría, por mucho que me pese...
Tomamos el menú degustación, compuesto por siete platos, acompañado por el maridaje que ofrece la casa. Dejo foto de la carta.
La comida obviamente de calidad, pero quiero resaltar que los máximos destellos, no más de tres o cuatro, son a causa de una materia prima de primer nivel (como no podía ser de otro modo por el precio cobrado).
Varios puntos en contra:
- Poca información de las posibilidades de menú/maridaje. Como ya había estado investigando, sabía qué iba a pedir. Ni se me ofreció el maridaje del menú ni supe el precio hasta que me llegó la cuenta.
- La sommelier no se presentó en ningún momento de la cena, lo cual creo que es un error en una mesa que ha solicitado un maridaje por su parte. Otro detalle feo es que la primera copa de vino no llegó hasta haber tomado los dos entrantes, más de veinte minutos, con agua y sin dirigirse a nosotros... Sí decir que después accedió de buena gana a las fotografías del pesado de turno a las botellas.
- Presentación sin énfasis y corriendo de los platos. Al final del menú nos entregan el menú escrito, creo que hubiera sido mejor darlo desde el principio.
- Feo detalle del chef. No solo no sale a presentarse sino que además acude a saludar a una mesa de conocidos suyos y agacha la cabeza para salir de la sala, como si no hubiera nadie más.

En fin, no creo que me compense el precio pagado, será difícil que vuelva.

Restaurante estrellado y el ambiente del local, decoración (algo fría) y servicio así como la carta de vinos está a esa altura que se espera.
La carta de comidas es más corta de lo esperable aunque supongo que la opción de menús cubre la mayoría de los casos y más si es la primera vez que vas como en nuestro caso. Elegimos Menú Degustación corto.
La carta de vinos anda con precios algo elevados; ejemplos Habla 42€, El Nido 184€.

Grupo de cinco que ya pasamos por DiverXO y que reservamos con mucho tiempo de antelación porque el local se llenó.
Agua de Bezoya x 3. Coca-cola.
Buenas opciones de pan: aceite, blanco, nueces, regañá...

Buena presencia y consejos de la sommelier Gema Muñoz y nos decantamos por vinos de la zona: arrancamos con blanco Ocnos 2012 de la sierra norte de Sevilla siendo un vino bueno agradable, madera presente, algo mineral y un punto dulce final sin pasarse

Aperitivos de cortesía: muy buena presentación y correcto de sabores
. galletitas de chorizo y parmesano
. bastoncillos de pimentón y anís.
. patata aliñada con corvina.
. zanahorias marinada
Detalle de la casa:
. salmorejo de remolacha y mojama con almendras: cremoso, bueno, agradable y fresco. Abre apetito.

Entrantes:
. gelatina de manzanilla, crema de algas pescado (pagel) ahumado, piñones y gamba de Huelva: muy buen sabor aunque pesado de fondo de algas.
. yogurt de foie gras sobre compota de melocotón y gelatina de vinagre de Módena: denso, bien de sabor, quizás en menor cantidad cuadraría mejor.

Se acabó el blanco y pasamos a un tinto también local: Pago del Zancuo 2012

Principales:
. arroz de ibéricos y bacalao confitado: el arroz al dente (y un poco más) con fondo de jamón. Curiosa mezcla de ingredientes y sabores que cumplen.
. merluza con cuajada de puerros, ajo negro y cebolla confitada: buena materia prima pero se queda sosa y algo seca.
. lomo de ciervo con multicereales especiales y rigatones (casi crudos) con chutney de frutas que aportan un punto ácido interesante. Un mejor cuchillo quitaría las sensaciones de carne demasiado seca.

Postres: todos muy frescos:
. la polea: un postre típico, ligero con helado de canela. Lleva naranja, leche, azúcar con pestiños.
. un canelón de mango relleno de queso de cabra y chocolate blanco en sopa de almendras.

Cafés infusiones y petit fours: galletas de chocolate, gelatina de fresas, madalenas y crujiente de café.

Muchas gelatinas. Los platos teníamos que solicitar que repitieran los datos porque se hacía de forma rápida (para cumplir y punto).

Buen restaurante, buen emplatado, buen diseño de los platos pero falta de fondo de sabores y un mejor ensamblaje de los elementos que integran el plato; la sensación es de que tenemos en Valencia locales muy similares sin estrella, por lo que al salir tienes la sensación de ligera decepción.
Fotos: http://katablok.blogspot.com.es/2015/02/the-rain-in-spain-stays-mainly-in-plain.html

...gustándome. Ganas tenía de volver ante el buen sabor de boca que me dejó hace apenas dos semanas. Pocas variaciones en la carta, aunque alguna novedad había.

Como detalles de la casa, tanto antes como después de la cena, se repiten los mismos que en la visita anterior. Una pasada lo de la ortiguilla. Del servicio del pan, más novedades como un pan de regañá de vicio.

Cena para una persona:

- Salmorejo de remolacha y mojama: Sabor, cremosidad y delicadeza. Riquísimo. Un detalle de la casa que se agradece.

- 1/2 Ostras sobre cremoso de coliflor, cardos con piñones y enebro: Un par de ostras Gillardeau de buen de tamaño. Frescas no, fresquísimas, sobre unas tiras de cardo muy limpio. Por encima una espuma de enebro con piñones picaditos. Hacía tiempo que no comía un plato tan bien concebido, elaborado y presentado.

Maridado con una copita de Fino Especial La Panesa de Emilio Hidalgo.

- Arroz de cerdo ibérico y bacalao en paella: Me quedé con las ganas en mi primera visita y colmó mi expectativas. Arroz en su punto con el toque bestial del jamón, chorizo y manitas de cerdo que liga con acierto los granos de arroz. Presentado en paella. Peo si el arroz estaba bueno, qué decir del taco de bacalao; hacía años que no lo tomaba con esa textura y con ese punto óptimo de sal. Una maravilla.

Maridado con par de copitas de Amontillado El Maestro Sierra.

- 1/2 Paletilla de chivo lechal malagueño con guiso de su lengua, coliflor y rábano: Una terrina de carne de paletilla del cabrito preparada a fuego lento durante horas. Jugosa y con excelente sabor. La acompañaba un guiso muy suave pero sabroso de lengua con coliflor y rabanitos picaditos. Aunque bueno, uno no para de acordarse de los asados de siempre.

Maridado con una copita de Palo Cortado Leonor de González Byass.

- Canelón de mango relleno de queso y chocolate blanco con sopa de lemon grass: Esta vez acerté con el postre. Dos canelones hechos de mango con el relleno del queso de cabra y de chocolate blanco sobre una sopa demasiado suave de lemon grass. Aunque bueno el conjunto, hubiera mejorado el relleno sin el chocolate (siempre bajo mi modesto entender y teniendo en cuenta que adoro el queso).

Maridado a la perfección con PX Cosecha Alvear de Montilla-Moriles.

Me sigue sorprendiendo el nivel de cocina, servicio en sala y sobre todo el tema de tomar medias raciones generosillas sin sobrecargo alguno (ese plato con dos ostras de esa calidad y elaboración a 11€ ?). No hay sobresaltos en la cuenta.

Precio total: 77.42€ (inc. IVA, pan y servicio que no cobran y las cinco copitas de vino a 4-5€).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría tomar en este local un primero, un segundo y un postre sin bebidas.

Abantal es una apuesta bastante arriesgada en Sevilla, donde parece que la alta restauración no ofrece garantías de continuidad, dando un poco de aire fresco fal inmovilismo costumbrista de la restauración sevillana. Restaurante con una breve pero intensa historia, que apuesta por una cocina de autor bien elaborada y de concepción moderna, basada en la cocina tradicional andaluza y respetando al producto de calidad. Julio Fernández Quintero, jefe de cocina y copropietario, elabora cada plato con mimo por los detalles en la presentación. Hoy día mantiene la estrella Michelín para el 2015 que hace un par de años le otorgaron y dos soles en la guía Repsol.

Amplio salón con apenas una docena de mesas generosas en tamaño y espacio, empleando materiales por un lado fríos como la piedra y el acero y por otro más cálidos como la madera. Pudiera derivarse una atmósfera fría, pero a mí el conjunto me resultó agradable sin llegar a ser confortable.

Carta no muy extensa pero tremendamente sugerente. Media docena de platos tanto para los entrantes, como para los de mar y los de montaña. Productos de la tierra y de temporada de excelente calidad, como no creo que pueda ser de otra manera. Incluye dos menús degustación: uno de 7 platos a 62€ y otro de 9 platos a 75€ (si la memoria no me falla).

Joven y atento servicio de sala, tanto por parte del maitre como de los camareros. El jefe de sala me dio la opción de prepararme mi menú degustación a base de medias raciones sin sobrecargo alguno. Esto se llama satisfacer los caprichos de un cliente y sin contrapartidas económicas desagradables.

Cestita de panes con unas seis variedades. Probé uno de cebolla y otro de algas bastante logrado (nuevo para mí).

Cena para una persona:

Como detalles de la casa:
- Guacamole presentado sobre una cuchara.
- Galletitas de chorizo y parmesano.
- Bastoncillos de anís y pimentón.
- Ortiguilla en fritura.

Si tuviera que destacar uno de ellos, sin duda sería la excelente fritura de la ortiguilla. Una obra de arte: crujiente por fuera y cremosa por dentro. ¡Qué bocado de mar! Les pedí si podían ponerme alguna más y no me la negaron. Por el contrario, los bastoncillos o las galletillas me parecieron absolutamente prescindibles.

- Crema de alubias negras con espuma de patata: Una sencilla y sutil delicatesen servida en vaso ancho. Sabor y sedosidad. Destacable.

Entrantes:
- ½ Tartar de lubina con gazpacho de verduras asadas y helado de vinagre de Jerez: La lubina cortada en daditos y sin demasiado aderezo, como a mí me gusta. Bastaba ese gazpachito suave para acompañar al pescado. Bueno.

Maridaje: Una copa de Manzanilla en Rama La Goya XL de Delgado Zuleta.

- ½ Carabineros al vapor sobre arroz salteado de verduras y alioli: Magnífica presentación con la cola “desnuda” del fresquísimo y apenas tratado carabinero y conservando la cabeza con sus jugos, sobre una ración de arroz suelto y con un sabor ligero y agradable a verduras.

Maridaje: Una copa de Manzanilla Pasada Pastrana de Hidalgo la Gitana.

Segundos:
- ½ Corvina con “abajá” algecireña y cañaillas: Perfecto punto del lomo de pescado: jugoso y con sabor, como tiene que ser, aunque la corvina no sea muy generosa en ese aspecto. Se acompañó de un curioso taquito de abajá, típica de Algeciras (una sopa con fundamentos hecha a base de pescado, cebolla, tomate, pan duro, vino blanco, aceite de oliva). En esta casa se moderniza la receta añadiendo una gelatina de verduras para preparar un delicado pastelillo.

Maridaje: Una copa de Fino Amontillado La Panesa de Emilio Hidalgo.

- ½ Pechugas de paloma torcaz con raíz de apio-nabo y remolacha: La sorpresa que me dieron cuando me presentaron las dos pechugas y no por error. Carne tersa pero tierna y sangrante. ¡Cómo me sigue gustando la caza! Presentadas sobre una base de puré muy cremoso elaborado con los dos tubérculos ya apuntados. Simplemente de matrícula de honor.

Maridaje: Una copa de Palo Cortado Leonor de González Byass.

Postre:
- Estacional: Chirimoya y cremoso de naranja con helado y torta de aceite de oliva virgen. Aquí llegó la desilusión por no haber podido terminar por todo lo alto con un postre para recordar. Postre demasiado plano a pesar de los ingredientes. Cómo ya me pasó hace poco, no hubiera acertado con ninguno a ciegas; no llegué siquiera a identificar el sabor de la naranja (si es que lo había). Dos lágrimas cremosas de helado de aceite sobre una sopa de chirimoya soportando una galleta anaranjada (¿de naranja?) no muy crujiente.
Maridaje: Una copa de Pedro Ximénez 1927 de Alvear.

El nivel de la carta de vinos no respondería a las expectativas de muchos foreros ni en cantidad ni en calidad (centrados en vinos nacionales bastante interesantes y actuales, destacando algunas rarezas de Jaén y Granada, y algunos franceses que no me resultaron familiares), pero en conjunto resulta bastante buena. Precios x 2. Quizás lo mejor sea su oferta de vinos generosos por copas que es bastante buena con unas 25 referencias. Lo tuve claro y opté por maridarme mi propio menú sobre la marcha. Vinos servidos sin tacañerías en copas Riedel y perfectos de temperatura.

Precio total: 80.20€ (inc. IVA, pan y servicio que no cobran y las cinco copitas de vino a 4-5€).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría tomar en este local un primero, un segundo y un postre sin bebidas.

Tras mi paso por el 2009, esperaba mayor desarrollo y consolidación, de un buen restaurante, que antes y ahora, muestra capacidad y maneras. Servicio amable, discreto, correcto y muy eficaz. Buen y adecuado servicio del vino con una carta razonable, algo cara para el contexto del restaurante. Local algo oscuro en la zona del fondo con una cualidad que valoro mucho: amplia separación de mesas. Su cocina trata de desarrollar sin extravagacias, la cocina andaluza. En este intento roza la excelencia en el salmorejo de remolacha , en el gustoso yogurth de foie sobre compota de melocotón o en la poleá ligera con pestiño. Muestra sencillez, elegancia y finura en todas sus creaciones, pero fuera de las citadas y en esta ocasión, no encontré la intensidad y emoción que solemos buscar en estos lugares. En definitiva, cierta uniformidad y monotonía que parecen frenar a Abantal en su desarrollo. Habrá que esperar

Para nuestra visita a Sevilla, decidimos reservar en este formidable restaurante, animadas, en gran medida, por las opiniones aquí expresadas. Y fue todo un acierto.
El lugar amplio, moderno y muy elegante, con mesas grandes y mucho espacio entre ellas.
El servicio muy correcto, amable y agradable, incluido el chef, Julio Fernández, con el que pudimos intercambiar opiniones sobre sus platos.
En esta ocasión, comimos a la carta:
Dos entrantes, cortesía de la casa; Yuca, Bombón de tomate, Teja de comino, Crema de patata con vinagreta de gambas y un buenísimo Gazpacho de remolacha con almendra y mojama de atún.
De primero, Gambas blancas de Huelva con ajoblanco malagueño y gelatina de amaretto, de calidad excelente. Buenísimo el ajoblanco, muy buen acompañamiento; y Carabineros al vapor sobre arroz salteado de verduras y ali oli, perfectos en la cocción, exquisitos al gusto (incluido el arroz) y muy cuidada presentación.
De segundo, Cochinillo ibérico crujiente con naranjas a la mostaza y endibia braseada, delicioso y de presentación original y vistosa (deshuesado en dos cilindros); y Presa Ibérica de bellota en adobo, tomates asados, tallarines de miel y ali oli de mostaza, espectacular el adobo y el punto conseguido, la mejor presa que hemos comido.
Todo ello aderezado con un Martué 2007
Y para finalizar, un Licorc marc de cava gramona. d.o. cava y un Café irlandés, acompañados de la cortesía, Crema de leche con frambuesas, teja de naranja , bombón semifrío de chocolate
En fin, totalmente recomendable, volveremos sin duda.

  • Presa Ibérica de bellota en adobo, tomates asados, tallarines de miel y ali oli de mostaza

  • Cochinillo ibérico crujiente con naranjas a la mostaza y endibia braseada

  • Carabineros al vapor sobre arroz salteado de verduras y ali oli

Varias veces he vuelto a este referente de la Restauración en Sevilla sin dejar nota de mi paso por allí en Verema, pero he estado visitando al amigo Julio y eso ya merece unas letras.

El local sigue con un cuidado extremo en su presentación, muy despejado pero para nace hace que se pierda el toque acogedor que necesita un buen restaurante.

El trabajo en sala es maravilloso bajo la batuta de Santiago todo parece orquestado. Gema la Somelier es un encanto, al igual que el resto de compañeros.

Respecto a la comida de entrantes tomamos un lomo de atún rojo de almadraba macerado con cerezas, que puso ya el nivel muy alto, maravilloso y con una muy bonita presentación.

Pasamos a unos carabineros a la plancha sobre arroz basmati y salvaje, uff, que toque de cocción tenía el carabinero con el jugo de la cabeza que se expandió por el plato nada más separarla del cuerpo ya pelado, espléndoroso.

De platos fuertes pues fueron la ventresca de atún rojo de almadraba, si el lomo estaba excepcional, ya os podéis imaginar como estaba esta ventresca, que estaba sellada y con su punto interior de temperatura idóneo. El otro plato fue una presa ibérica adobada (olvidamos lo del adobo clásico ¿vale?, éste no tiene nada que ver) con unos espaguetis de miel que estaban de infarto, ambos platos con una muy cuidada presentación.

Los postres pues las fresas en licor son sensacionales, con una lámina crujiete de jugo de fresas y un bizcocho muy prieto de chocolate negro negro con extracto de fresa, me dejó K.O.

En definitiva, una maravilla que sorprende cada vez que se va.

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar