Restaurante La Ferradura en Alboraya
  

Restaurante La Ferradura

27
Datos de La Ferradura
Precio Medio:
41 €
Valoración Media:
4.2 10
Servicio del vino:
3.9 10
Comida:
3.3 10
Entorno:
6.5 10
Calidad-precio:
3.4 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Valenciana
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 30,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


27 Opiniones de La Ferradura

Había estado hace unos años y todo me pareció excelente.
Esta vez pedimos una ensalada con tomate, queso fresco y anchoas. Como plato estrella el arroz a banda del "senyoret" : Teóricamente con pescado y marisco pelado.
Toda la base del arroz estaba tan socarrada que era casi imposible servirlo. El arroz una vez servido no sabías si predominaba el gusto a socarrado o la la tremenda cantidad de sal que llevaba.
Llevaba una cuantas gambas peladas y unos cuantos trozos de calamar (de los que se pueden comprar en cualquier lugar de productos congelados.
La atención de los camareros mediocre.
Vista la evolución de la comida no nos atrevimos a pedir postre.

Prosiguiendo con el relato de mis andanzas por Valencia, procedo a comentar el siguiente restaurante de los que anduve, lo cual realizo escuchando, una vez más, por unos altavoces de buen sonido, la canción de “El emigrante”, circunstancia ésta que solo se explica si advierto que la presente crónica la realizó desde el pueblo de mi suegra. Menos mal que aquí también ha llegado el wi-fi ... Valga lo anterior, para ponerle un pelín de sorna al comentario.

Ubicación y entorno: Situado en la playa de la Patacona, llegamos al mismo después de pillar el respectivo taxi desde el centro de Valencia. Se trata de un amplio restaurante, con una no menos amplia terraza con capacidad para un número bastante elevado de personas y cuyo entorno interior es funcional y limpio, sin que pueda comentar mucho más del mismo, pues, dado el fantástico día que hacía, nos ubicamos en la terraza. El entorno exterior -la terraza, de suelo de césped artificial- es una maravilla, pues goza de unas espléndidas vistas al mar y a la playa, en especial, si se elige una de las mesas más exteriores. La limpieza antes mentada es predicable asimismo de esta parte del restaurante.

Las mesas, con buena separación entre ellas, son de buen tamaño y las sillas son cómodas. La cubertería -de diseño moderno- es correcta, así como también el tema de las copas. Mantelería y servilletas de hilo en colores claros (preferentemente blancos y vainilla). Platos blancos de loza de correcta dimensión y redondos en su mayor parte. Buena presentación en este punto y todo correcto. El sitio -debe reconocerse- es muy agradable, presentando, en lo que concierne al establecimiento en sí mismo, unas condiciones que van mucho más allá del típico restaurante (chiringuito) de primera línea de playa de los que existen unos cuantos ejemplos a lo largo de la geografía española.

Servicio y servicio del vino: El servicio fue relativamente rápido, si bien es cierto que no había excesiva gente (más bien al contrario). Personal correcto, aunque con un trato impersonal. Buena cadencia entre plato y plato, sin esperas entre los mismos. Carta de vinos no muy amplia, limitándose el servicio del mismo al descorche. El vino elegido -Viña Esmeralda (18 euros)- se mantuvo a una temperatura correcta en la correspondiente cubitera con hielo.

Comida: El local está especializado en paellas y fideguas. Buena diversidad de las mismas. Junto a ello, la carta cuenta con un número aceptable de entrantes -algunos de ellos, también típicos de la tierra-, así como de algunos pescados y carnes. No obstante, y dado que dejábamos las noches para otro tipo de comandas, la opción era obvia: paella. La verdad es que queríamos probar dos de ellas, pero el maître nos disuadió de ello alegando que tendríamos que esperar más, hasta que se quedase un fuego libre, circunstancia ésta que me extraño un tanto en un sitio pensado ex profeso para este tipo de gastronomía y que, además, no se encontraba excesivamente lleno.

Visto lo anterior, optamos por el clasicismo, esto es, lo más aproximado -según tengo entendido (corríjanme si no los lugareños)- a la paella valenciana... pollo, conejo, algunas verduras (judía verde), judiones. Y para ir haciendo boca, 3 entrantes: pescaítos fritos (correctos, ligeros), pimientos braseados con bacalao (también correcto, mejor el pimiento) y un sepionet de buen tamaño (buen sabor y con una correcta cocción). Raciones todas ellas para 4 personas, quizá algo justas.

En cuanto a la paella, simplemente correcta. No estuvo mal, pero..... la verdad es que esperaba algo más. A ello se une un detalle del que no sé muy bien que pensar: se trata, en concreto, de que el fondo del arroz estaba un poco socarrat.. dudando de si es una tradición bien valorada por estos lares valencianos (y, por lo tanto, algo habitual) o si la misma estaba, sin más, pasada de fuego. Por ello lo dejo como una mera anécdota que será, seguro, mejor valorada por los expertos en la materia.

Pan de un sólo tipo. Panecillo. Correcto. En cuanto a los postres, uno solo, consistente en unas bolas de helado con presentación un tanto infantil. Y, al menos hasta aquí, la cosa se desarrollaba en unos términos adecuados, en lo económico me refiero, dado que la cuenta ascendía, hasta ese momento, a unos 140-145 euros/4 personas, lo que incluía los entrantes indicados, la paella, el postre, un par de cervezas y otro par de refrescos y dos botellas del citado Viña Esmeralda.

Pero aquí entraron en juego los GT, momento en el cual la cosa se desbarató. Tres GT de Martín Miller dispararon la cuenta a 180 euros... es decir, casi 40 euros por tres GT -pagando así con ello dos botellas de la mencionada marca-, servidos en copa de balón, con un porrón de hielos bien gruesos y justitos -mucho- de ginebra. Sin gracia alguna, sin aditivos de los de hoy en día, más allá de una triste corteza de limón y servidos de una manera propia de garito de quinceañeros de a 4 euros el litro. Y con una schweppes ramplona. ¿40 euros sólo por mirar al mar mientras nos los tomábamos? Una opción absolutamente desaconsejable.

Comida, en un juicio bondadoso, simplemente aceptable. Sin mayores pretensiones; preparaciones -y presentaciones- básicas, servicio correcto y las vistas al mar -lo único que, en verdad, resulta reseñable-. Opción correcta si el día es agradable y no se tienen excesivas miras más allá de un día tranquilo y una comida al aire libre, pero ojo con animarse al final que uno acaba con la ferradura puesta, coz mediante, en el bolsillo.

Comida familiar decepcionante. El servicio algo despistado, esperas muy largas con un local con medio aforo completo.
Pero lo peor ha sido la calidad de la comida. Los entrantes sólo normales, el arroz a banda de pésimo nivel. Ni el punto, muy pasado ni el sabor. Tienes la sensación de estar comiendo arroz hervido. Es una pena que caiga la calidad tanto en un establecimiento con historia.
La relacion calidad-precio muy descompensada. Muy elevado precio para una comida de menú barato.
Triste y definiva, por ser la últuima, experiencia en la Ferradura.

Había escuchado hablar mucho sobre la Ferradura, que se comía bien, que era un lugar con encanto..
Bueno, escogimos éste lugar para celebrar la comida de despedida de soltera de mi cuñada, (a que mala hora).... Los entrantes fueron bastante pobres; sepia, puntillas y ensalada... servidos en unos platos diminutos.
Luego llegó la esperada "Paella", vinieron dos camareros nos la enseñaron y se la llevaron..... (Estoy acostumbrada a comer en buenísimas arrocerias del Palmar, Cullera, etc... y tienen costumbre de emplatar delante tuya, cosa que la "Ferradura" no hace, así que creo que engaña mucho al comensal).... nos trajeron los platos poco a poco, la paella estaba fría, dura y mi plato solo tenía "churrasco"..... parecía una paella mal hecha del día anterior y para más "inri" mal calentada al microondas....
Luego venía el postre, volvemos a lo mismo, entre 4 nos matabamos por un trozo de flan.
Para mi y las personas que asistimos a la comida fue muy DECEPCIONANTE.... No se lo recomiendo a nadie.

Solo tienen un punto a favor, las vistas a la playa de la Patacona Inmejorables.

Lo conozco desde sus modestos inicios, cuando no era más que unas cabañas, salas humildes y un extenso jardín con precarias sombrillas. Aún así, sus creadores ofrecían un servicio profesional y excelentemente uniformados.

Uno de los éxitos de entonces, y sigue siendo ahora es la fórmula del parque infantil, el servicio profesional y el excelente panorama de la playa.

Llama la atención la grandilocuencia del establecimiento, que no ha reparado en gastos.

La paella valenciana la valoro 7 sobre 10.

Nunca, ni siquiera en sus inicios, fue una opción económica, no obstante ahora por sus instalaciones y servicios sus tarifas me parece más razonables.

Me prometí el año pasado no volver a este restaurante y menos en Mayo (lo de incorporar mesas en el mismo lugar que las comuniones, sin avisar al cliente, me parece indignante y descortés. El año pasado tuvimos que soportar una comunión ruidosísima). Comida familiar. La tia de 93 años quiería ir alli, y es cierto que el acceso al mar es bueno para una persona mayor que necesita silla de ruedas.

El servicio deja mucho que desear, sinceramente es peor que el de chiringuito de playa, pero opino que es inevitable con el escaso personal dedicado a servir las mesas. Los camareros y el jefe de sala ponen todo su empeño en hacerlo lo mejor que saben.

Las tapas en su linea y el arroz adecuado, igual q los postres. Lo terrible es que a mis padres se les ocurrió pedir una caldereta de rape, bogavante, vieiras y langostinos. Tratándose de uno de los platos más caros de la carta, [email protected] no espera que desde la cocina tengan el atrevimiento de sacar a mesa "media pinza y varias patas con salsa" SIN rape, ni vieiras, acompañado de 3 tristes langostinos.

El servicio de vino no existe.

Por circunstancias fuimos a parar a este restaurante, que por otra parte tanto había oído hablar, y la verdad es que a primera vista impone su presencia, estética, limpieza,etc... Sinceramente diré, y voy al grano de la cuestión , que creo que es un modelo de restauración puramente destinado al sector de bodas, bautizos y comuniones, y a su vez por decirlo algo de restaurante.
Su carta es concisa y sencilla sin buscar ningún tipo de complicación. Nuestros entrantes: mejillones, calamares y chipirones. Plato principal : paella de verduras. Una bandeja de dulce surtida, una jarra de cerveza y dos aguas. Nada de vino!!
De la comida no hace falta reseñar más, pero el servicio de la mesa fue precipitado, sin interés Ni delicadeza, a toda máquina como si esperasen que nuestro asiento quedase libre para el siguiente cliente, además no pedimos vino porque ni siquiera nos lo preguntaron.
Lo que tampoco se puede aceptar es que en nuestra sala de restaurante estén sirviendo dos comuniones con todo lo que conlleva estos eventos de molestias para el resto de comensales, yo voy a un restaurante no a la comunión de dos personas que ni conozco.
Desde luego, insisto es más salón de bodas, bautizos y comuniones que un restaurante por mucho que lo pongan a lo grande en su fachada.

Hacía mucho mucho tiempo que no visitaba La Ferradura. Anteriores experiencias no me habían dejado buen sabor de boca. No es comiera mal, pero no comía mejor que en otros chiringuitos playeros por un tercio de lo que costaba aquí.

El caso es que cuando me invitaron a una comunión en este restaurante, respiré hondo y me dejé llevar... Y, o este método de autocontrol es más bueno de lo que creía, o algo ha cambiado en este restaurante.

Para empezar, decir que las vistas desde la planta alta con espectaculares: mar, aficionados a la vela, algún catamarán y el horizonte curvándose mientras comes, así que poco más se puede pedir.

El servicio es algo rudo, dejan caer los platos en la mesa buscando el umbral de fractura de la loza, pero lo cierto es que, por contra, están siempre pendientes de ti. Aun no has buscado un camarero ya lo tienes dispuesto a servir vino, a traer pan... a ayudarte en todo lo que lo necesites. En este aspecto, notable mejor, aunque se podría mejorar algunas formas que recuerdan a la hostelería de batalla.

Empezamos con unos ibéricos, correctos sin más, pero bien presentados, atemperados (que parece una tontería, pero cada vez encuentro más sitios donde te sacan los embutidos y el queso a temperatura de nevera). Calamares a la romana muy buenos, rebozado casero sin excesos, nada de balsas de aceites en los platos... Vamos, que me comí esos calamares la mar de a gusto. El resto de entrantes correctos, pero bastante ricos. El plato principal era una paella típica de pollo y conejo que descubrí, para mi sorpresa, muy muy buena. Buen sabor, arroz en su punto.

El servicio del vino es rápido, pero poco profesional, aunque en un banquete de estas características, también es normal que se preste poca a atención al mismo.

Que conste que es la primera que escribo sobre una celebración, pues entiendo que no suele ser el mismo servicio, la misma atención o la calidad de las preparaciones que si se va a comer en grupo reducido, pero la sorpresa fue tan grande, que creo que es justo decir que el otro día, comí muy bien en La Ferradura.

Espero que no sea el azar de un buen día y que algo esté cambiando, para bien, en este restaurante.

Comida de Domingo en la terraza, a tope, servicio voluntarioso pero no llegan a todo, nos traen platos de la mesa de al lado y viceversa....
Tomamos arroz del senyoret, completamente insípido, la paellas de los niños de pollo y conejo, igual, no sabía a nada, no saben que el secreto está en un buen caldo?
Los calamares de inicio, buenos.
Se paga la ubicación, inmejorable, y que es un buen sitio para ir con niños, aunque si te ponen en una mesa al lado del parque debe ser la peor comida de tú vida.

Comida de grupo de padres y niños para despedir el curso. Menu pactado con anterioridad.
Entrantes habituales (queso, jamon, ensalada) simplemente pateticos.
De segundo paella incomible, pasado de punto con pesima coccion y nulo sabor
Postres surtidos industriales.
Servicio atropellado, sin ninguna prifesionalidad.
Servicio de vino ni esta ni se le espera ni llegara.
Resultado : Verguenza ajena de (como muy bien dice el anterior comentario ) de llamar a este establecimiento Restaurante. Considero un insulto y un menosprecio hacia los demas restauradores que luchan todos los dias para sacar a delante sus negocios con honradez y profesionalidad , el que la Ferradura sea un restaurante.
Habia leido los comentarios anteriores y no escogí yo el sitio .
Lo unico buieno , su cercania a la playa para los juegos infantiles. Por eso tiene un 5 en entorno. Si nos ceñimos a su vajilla, cuberteria y cristaleria seria otro 1
Para rematar el tema , el precio , un atraco : 40 euros adultos, 28 euros niños

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