Por circunstancias fuimos a parar a este restaurante, que por otra parte tanto había oído hablar, y la verdad es que a primera vista impone su presencia, estética, limpieza,etc... Sinceramente diré, y voy al grano de la cuestión , que creo que es un modelo de restauración puramente destinado al sector de bodas, bautizos y comuniones, y a su vez por decirlo algo de restaurante.
Su carta es concisa y sencilla sin buscar ningún tipo de complicación. Nuestros entrantes: mejillones, calamares y chipirones. Plato principal : paella de verduras. Una bandeja de dulce surtida, una jarra de cerveza y dos aguas. Nada de vino!!
De la comida no hace falta reseñar más, pero el servicio de la mesa fue precipitado, sin interés Ni delicadeza, a toda máquina como si esperasen que nuestro asiento quedase libre para el siguiente cliente, además no pedimos vino porque ni siquiera nos lo preguntaron.
Lo que tampoco se puede aceptar es que en nuestra sala de restaurante estén sirviendo dos comuniones con todo lo que conlleva estos eventos de molestias para el resto de comensales, yo voy a un restaurante no a la comunión de dos personas que ni conozco.
Desde luego, insisto es más salón de bodas, bautizos y comuniones que un restaurante por mucho que lo pongan a lo grande en su fachada.