Restaurante El quinto vino

Datos de El quinto vino
Precio Medio:
28 €
Valoración Media:
5.9 10
SERVICIO DEL VINO:
6.1 10
COMIDA:
6.6 10
ENTORNO:
5.1 10
Calidad-precio:
6.1 10
Fotos:
0
 
País: España
Provincia: Madrid
Localidad: Madrid
Zona: Tetuán
Dirección: C/ Hernani, 48
Código postal: 28020
Tipo de cocina: Tradicional
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 15,50 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Fiestas de guardar

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Opiniones de El quinto vino
OPINIONES
15

Mira que paso veces por la puerta y siempre me pilla con el pie cambiado. Hoy no, ¡ale pa'dentro!

Venga, vamos a comenzar por kale salteada sobre lecho de quinoa y una bruscheta de kamut y espelta con agüacate y... ¡Amos oño! ¡Que esto es un bar! ¡¡ Un bar !! Platos redondos, pizarras de toda la vida y los que llevan barba no son hipsters son (somos) los vagos a los que no les ha apetecido afeitarse en toda la semana.

Tienen menú del día, raciones, tapas y vinos por copas. No, esto no es una enoteca, vinoteca, gastrobar, ni nada "conceptual", es un bar.
Los vinos que tienen no son los habituales y hay donde elegir, pero tampoco nos volvamos locos. Tiene un puñado razonable.

Vamos a comer algo que ya va siendo hora. Mientras espero, y con el vino, me traen unas razonables papas aliñás. Vamos con unas croquetas, que siempre son un buen punto de toque de un lugar. Cuatro croquetas (se piden por unidades) y no hay ninguna igual a la otra ¡Bien! Razonables de sabor (pelín altas de nuez moscada) y bien de textura. Se echa en falta más relleno y su sabor, pero son razonables. Como ya hace calor, vamos a compensar: Callos con garbanzos. Ooooye, pues muy buenos. Como para repetir.
Notemos también que el pan que te ponen es más que razonable. Mira que yo soy pejiguera con el pan (bueno y con todo), pero este estaba muy bien.
Para beber, un par de copas de fino amontillado Don Zoilo.

Sale uno medio reconciliado con el asfalto por 15,5 EUR.

Contrariamente a algunas críticas que he leído, a mi El Quinto Vino sí me gusta.

Se trata de una taberna con restaurante en un local pequeño, con una barra corta y las mesas muy juntas. Los fines de semana están siempre al completo, llegando a ser a veces algo agobiante. Dirigidos por el dueño, los camareros hacen todo lo posible por atender adecuadamente las mesas y la barra, contando con poco espacio para desenvolverse.

He estado allí muchas veces y seguiré repitiendo, el ambiente me parece auténtico. Se respira cultura del vino y casticismo por los cuatro costados, en un local con solera andaluza y del Madrid de los años 80 a partes iguales. En la barra se puede disfrutar de unas cañas bien servidas y unos aperitivos, o ya entrar en raciones si no hay mesa.

Amplia carta de vinos a precios aceptables, y en las viandas destacaría las croquetas caseras, los callos con garbanzos, el rabo de toro, las anchoas de santoña con piparras de guipúzcoa y tomate rallado, las albóndigas con patatejas, y algo tan "simple" como los huevos estrellados. No se puede decir que haya grandes platos elaborados, pero hay esmero y alta calidad en la materia prima. Cuando cierran la cocina te puedes conformar con el jamón de bellota, buenos embutidos, y mejor queso.

A mi siempre me han atendido correctamente, y sólo tengo buenas palabras para con ellos.

Decidimos acudir al Quinto Vino, por sus buenas críticas en varias revistas, y definitivamente no pienso volver hasta que CAMBIEN LAS COPAS DE VINO, dignas de un sitio cualquiera, no lo que se presupone para un lugar de vinos, en cuanto al servicio, parece que te perdonan la vida, señores si no quieren dedicarse a este dignisimo oficio dediquense a otra cosa.

La comida ni fu ni fa, las croquetas, saben solo a leche y nuez moscada, podían haber sido de cualquier cosa (jamón, gambas) ni idea. Las albondigas de novillo, en fin duras como para jugar a petanca, y los flamenquines duros y con sabor a cerdo, del malo.

Lo de la comida tiene un pase, hay de todo por alli, pero señores esto se supone que es un lugar de vinos, pongan copas decentes, ya que los precios de las copas de vino , no son precisamente bajos, en fin decepcionante.

Hacía tiempo que no pasaba por esta taberna. Un jueves de tapeo después de trabajar, estuvimos 5 personas acomodadas en un barril y unos taburetes. No tenían Inedit, lástima, tenía buen recuerdo de esa cerveza tomada aquí, además de unas cañas nos metimos tres botellas de Tres Patas, de Méntrida, bastante bien, a 13 euros lo cobraron. Acompañamos el vino con unas tapas, creo que di en el centro: las croquetas, muy ricas, unas carrilleras estupendas y unas albóndigas caseras muy buenas. También se probó una correcta morcilla y un montado de lomo sin interés. Salimos a 20 euros por barba. Estaban casi todas las mesas libres, supongo que el viernes y el sábado seguirán llenando, creo que la oferta es buena, una cocina tradicional y bastante buena variedad de vino.

Aprovechando un día de compras con mi novia por la zona de Bravo Murillo, decidimos desviarnos para tomar el aperitivo en el Quinto Vino. Dado que el sitio cuenta con una reseña en la Guía Metrópoli de 2011 en la que se califica su ensaladilla rusa como "una de las mejores del foro", la decisión sobre donde tomar nuestro pequeño refrigerio queda cerrada sin discusión.

El local es pequeño y abigarrado, oscuro y hasta cierto punto sofocante. No se distinguen ambientes y barra y sala conforman una sola estancia definitivamente pequeña.

Nos acomodamos en un barril junto a la entrada (de pie) y pedimos tapas: 1 de la consabida ensaladilla (2 euros), 2 croquetas (1,60 c/u) y albóndigas de Novillo (4,75). Lo regamos con 2 vermús (1,50 c/u) y una coca light (3,00).

- Ensaladilla: ni de lejos de las mejores del foro, presentada en forma de flan coronado por un churretón de mayonesa y espolvoreada con yema cocida. Sosa y con grandes trozos de patata sobresaliendo sobre el resto (?) de ingredientes. La tapa tiene un tamaño razonable y se acompaña de 2 buenas rebanadas de mal pan. Un suspenso alto.

- Croquetas: tamaño aceptable (por ese precio resultan pequeñas, no obstante) y rebozado crujiente, apenas aceitoso. Bechamel muy clara, casi líquida y muy aromatizada con nuez moscada y relleno imperceptible. Ricas croquetas de... bechamel. Un aprobado raspado.

- Albóndigas de novillo: 2 pequeñas albóndigas de novillo acompañadas de cuatro patatas (literalmente) tipo chip aunque caseras, con un souflado accidental que las hacía francamente ricas. La carne poco trabajada (gomosa en exceso) y sin aliño, con un fuerte sabor a res que a a mi, sin embargo, me agradó bastante. Salsa clásica de verduras trituradas y ración irrisoria por su precio. Otro aprobado raspado.

Lo mejor del lugar las cañas de vermú casero a 1,50 y las patatuelas que acompañaban el platillo de albóndigas. Un sitio sin pretensiones en el que no pagaría una comida completa.

La cuenta ascendió a 16 euros; dado que esto fue pagado por un aperitivo para 2, no consigno el precio por persona para no falsear la media de la página.

Coincidiendo con unos de los múltiples partidos del siglo y aprovechando que unos amigos tocaban en el vecino Segundo Jazz en la calle Comandante Zorita reservamos mesa con el fin de cenar algo antes de la actuación.

A pesar de tener ambiente, no llegaba a la situación un tanto sofocante de otras veces.

Para dos personas lo cenado fue lo siguiente:

Cuatro croquetas en la misma línea de calidad de otras veces,berenjenas con salmorejo y bacalao ahumado,ensaladilla rusa,rica y jugosa y luego compartimos una de albóndigas (me parecieron menos logradas que en otras ocasiones) y secreto con pimientos y ángulas de monte,siendo testimonial la presencia de éstas últimas.

Para beber nos decidimos por un Pócker de Tempranillos de la bodega Encomienda de Cervera que nos sirvieron a buena temperatura y bajo petición de cambio de copas a unas más acordes.

Terminamos con dos poleos y unos trocitos de trufa invitación de la casa a éstas últimas.

Un sitio fijo para ir de vez en cuando,aún sabiendo que no cenarás con plenas condiciones de comodidad.

Todo lo expuesto elevó el importe de la cuenta a 80€ .

Pues eso.Es un sitio al que habré ido unas ocho o diez veces.Desde mi punto de vista no es un sitio para ir muy de seguido puesto que la carta no es excesivamente larga ni platos complicados,aunque si bien resueltos.Tampoco es un lugar donde destaque por su comodidad,ni por la simpatía de los camareros.Pero algo debe de tener porque pasado un tiempo entre visita y visita siempre te ronda por la cabeza volver.¿Motivos? Pues deben de ser que es un sitio donde bordan las frituras,donde sirven probablemente las mejores croquetas de Madrid, donde tienen una buena carta de vinos y además bien conservados con una aceptable relación calidad precio.Si además vayas cuando vayas tienes el ambiente asegurado(suele estar lleno)... pues que al final lo acabo teniendo claro.

Por último añadir que una taberna de estas características debería "jubilar" las copas que tienen.No es de recibo que siendo uno de los lugares emblemáticos en el tema enológico sirvan auténticas joyas en esas copas.

Algo extensivo para el tema de destilados.No pueden servir un malta en un grueso vaso de...¿tipo sidra?

El pasado día 27/05 cinco comensales comimos:

Una tortilla de camarones por cabeza,diez croquetas,pisto con atún,dos de berenjenas rebozadas con salmorejo y dos de albóndigas.

Dos botellas de Dominio de Atauta(35€ cada una) dos Glennfidich 12,un Gin Tonic de Larios y cinco cafés 190€

Local pequeñito, mesas casi pegadas unas junto a otras y pequeñas, sillas incómodas, algún camarero un poco seco, copas muy flojas,y sin embargo, cuando vuelva a Madrid volveré y volveré.

Creo que es una cuestión personal, pero me encantan los locales que tienen años a sus espaldas, que siguen impertérritos con el paso de los tiempos y que gozan de esa autenticidad que algunos pueden llamar rancio abolengo. Me imagino en ese local, detras de la cálida barra, una fria tarde de invierno tomando una copa de buén vino antes de regresar a casa después del trabajo.

El local goza de una cocina sencilla pero honesta y sabrosa, memorables las croquetas de jamón, y muy recomendables sus carrilleras al palo cortado. Nos gustaron algo menos las tortitas de camarones, cuando vuelva las sustituiré por otros recomendables platos. Tienen un menú diario que esta muy bién de precio, creo 10-12 euros, el día que fuimos habia cocido, con una pinta estupenda.

Pero lo que destaca del local es una importante y bién selecionada oferta de vinos por copas, que yo valoro enormemente por el esfuerzo que les supone a los restauradores , ofrecer la posibilidad de poder maridar cada plato con un tipo de vino.

Para tres personas tomamos de entrantes; una reación de croquetas, una de tortitas de camarones De plato principal todos carrilleras y unn sólo postre debido a la generosidad de las raciones.El pan destacable. Nos tocó un camarero joven muy majo.

De bebencia una una copa de manzarilla maravillosa, no recuerdo el nombre, una copa de vino de la casa muy digno y rico también,una copa de Luis Cañas Rva de la Familia, una copa de amontillado VORS 30a y un gintonic de seagrams. Todo 84 €.

Visitamos por primera vez este establecimiento. Parece una taberna de toda la vida, en la cual se nota que el tema del vino cobra importancia.

Las mesas son pequeñas y no hay gran comodidad, pero vale la pena la visita. La carta de vinos es extensa, con precios interesantes. La carta de comida muestra cocina tradicional sin artificios. Nosotros probamos:

- Las berenjenas con salmorejo y bacalao. Bastante bien.
- Las alabadas croquetas: muy buenas, caseras.
- Las carrilleras. Ricas.
- Los patés de pelo y pluma. No nos convencieron.

De vinos probamos Salia, de 2006, en copas decentes. Bien de temperatura. También dos PX, uno de ellos de 20 años, acompañando a unas trufas.

Volveré, porque me quedé con ganas de probar más cosas de su amplia carta. El precio que pongo por persona incluye todo lo descrito. (Salia 22 euros, 2 PX 10 euros).

El servicio hizo lo que pudo ante la demanda de gente que había el viernes noche.

Local pequeño, algo angosto, con solera, en el que se respira vino por los cuatro costados. Mesas algo pequeñas, en consonancia con el local. Buena barra de aperitivos, con una destacable oferta de vinos por copas (para estar en Madrid, claro).

Cocina casera, sin secretos, pero honesta y magníficamente elaborada. Las croquetas de jamón son una delicia, al igual que la jugosa tortilla de patatas con callos o las sabrosas albóndigas de ternera. Buena materia prima tratada con cariño. Postres igualmente apetecibles. Destacable en este apartado.

Carta de vinos interesante, destacando la buena oferta nacional, con representantes de las más importantes DO, además de una selección de vinos franceses, algunos de ellos de postín. Además añade una de las mejores selecciones de jereces viejos que podemos encontrarnos en la capital. Precios correctos. Copas a mejorar, aunque bajo petición aportan unas más adecuadas.

El Quinto Vino es una de esas direcciones que debe conocer todo buen aficionado al vino en Madrid. Taberna clásica, con solera, un lugar donde compartir buenos vinos al abrigo de una cocina casera plena de honestidad. Recomendable.

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