Restaurante Taberna de Lillas Pastia en Huesca
  

Restaurante Taberna de Lillas Pastia

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Datos de Taberna de Lillas Pastia
Precio Medio:
53 €
Valoración Media:
8.2 10
Servicio del vino:
8.1 10
Comida:
8.2 10
Entorno:
8.4 10
Calidad-precio:
8.1 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado, Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 34,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingos noche, martes y del 24 de octubre al 20 de noviembre

Teléfono

Restaurante Taberna de Lillas Pastia Taberna de Lillas Pastia Taberna de Lillas Pastia en Huesca Restaurante en Huesca El gran calamar. Restaurante Taberna de Lillas Pastia Setas, huevo, trufa,...mmmm Taberna de Lillas Pastia Macarons salados, ahí es nada.

11 Opiniones de Taberna de Lillas Pastia

Restaurante ubicado dentro del edifico histórico El Casino Oscense. *Foto
Decoración muy clásica
Carmelo el cocinero hace gala de su buen hacer y la trufa es su principal
característica.
Elegimos el menú Carmen: 4 aperitivos, 2 primeros, 2 segundos y 1 postre.
Lo que comimos:

Aperitivos.
Ravioli de gamba con piel del Bonito seco que se movía por el efecto del calor como si tuviera vida (Muy Bueno)
Pan negro de aceituna y albahaca (Regular)
Bombón de melón helado que explota en boca ( Buen sabor)
Trufa de foie (muy buen gusto)

Platos.
Tataki de atún (Jugoso y en su punto)
Arroz de trufa de verano, mas bien un rissoto (Excelente sabor, arroz cremoso y la trufa con pronunciado gusto)*Foto
Cochinillo rústico ( De los mejores que he probado, jugoso por dentro y la piel muy crujiente)*Foto
Carrilleras de Ternera ( Se deshacían en la boca con unas patatas buenas y una salsa rica)

Postres.
Irlandés (aceptable)
Migas de chocolate con crema de mango y helado chocolate. (Refrescante)

De beber:
Pago de los Capellanes Roble 2013, un Ribera del Duero tempranillo de 5 meses en barrica,
Buen sabor, ligero que entraba muy bien.

Dos tipos de pan, de aceite y chapaba (Correctos)

El servicio amable, aunque un poco frío.

En resumen, de las mejores opciones en Huesca capital , porque no hay muchas la verdad.

La Taberna donde baila Carmen nos acogio el domingo 28, en la Quedada "Maña" del año.
Magnifica atención del personal que tuvo mucha paciencia con nosotros. Bonito local algo decadente en su ambientación. Vajilla correcta y cristaleria a la altura del local(Riedel)
En primer lugar unos aperitivos de Pan negro de aceitunas y albahaca, Macarons de mantequilla trufada, queso y oliva negra
- Ensalada de Bacalao marinado, naranja y aceitunas. Rico, mejorable
- Surtido de setas con yema de huevo y trufa (ración de trufa muy muy generosa) Plato muy agradable
- Invitación de Carmelo Bosque a un Rissotto de Trufa, realmente sencillo y magnifico
- Calamar relleno de calabacin y tocineta ibérica. Curioso el plato, la verdad, ver antes las piezas (espectaculares) y ver el posterior corte delante de la mesa, el aspecto de los calamares, eran realmente apetecibles y sugerentes, pero se apoderó de mi entusiasmo el relleno, demasiado a mi modo de ver.
- Cochinillo rustido con su jugo y puré de manzana. El punto crujiente del cochinillo, magnifico
- Chocolate blanco con chutney de remolacha y albahaca. Muy bueno

La demostración de trufas de Carmelo Bosque, su amabilidad dejandonos unas para nuestro disfrute a lo largo de la comida y la vista final todos juntos a la cocina fueron muy agradables.
Los vinos los aportamos nosotros y posteriormente hubo una degustación de quesos traidos por Luis Olivan, catamos un Cremoso de Cañarejal de Oveja, Divirin, Ogleshiel, Magnifico Comté, Stilton y Cheddar

Prefacio: Cómo me gustan estos comentarios. Sí, aquellos en los que buena parte de la faena te la dan hecha. En este caso, mis “benefactores” han sido mis compañeros -y amigos- de faena, D. Aurelio (G-M) y D. Nacho (G-F), quienes han tenido a bien realizar un comentario ya sobre el tema, facilitándome -y mucho- la tarea.

De ahí que mi comentario sea un mero añadido a los suyos, centrándome más en la cuestión vinos, tarea ésta que el primero de los precitados me encomendó en su comentario y que quien suscribe -al que le va el tema que no vean- cumple con sumo placer.

Procedamos a ello.

Efectivamente, la reunión culinaria tuvo lugar, en Huesca, con ocasión de la VI quedada maña, siendo el brillante organizador de la misma D. Pirineos (Luis Oliván), a quien ha de atribuirse, en exclusiva, todo el mérito de la jornada.

Siendo esto así, en tierra oscense nos plantamos, el día 28 de diciembre, unos cuantos veremeros que, no sé si tienen -tenemos- mucho de santos, pero si sé que de inocentes tienen -tenemos- más bien poco. Visita breve por la ciudad, una cerveza y al tajo.

Ubicación y entorno: En pleno centro de la Ciudad, sin posibilidad de pérdida. No se engañen, Huesca ciudad es -que nadie se enfade- tan pequeñita en extensión, como grande en el ámbito culinario. Presidida por una inmejorable terraza -más disfrutable con un tiempo menos riguroso- se encuentra la Taberna en cuestión, que del nombre (Taberna) tiene, en sí mismo poco, pues es un restaurante muy cuidado, con la cocina prácticamente a la vista y con un ambiente interior muy agradable.

A ello se une una perfecta conjunción del mobiliario y vajillería: Buenas sillas y mesas. Muy buena separación entre las mesas. Vajilla y cubertería buena. Copas Riedel. Manteles y servilletas de buen hilo. Resumiendo: todo lo que se puede -y debe- exigir a un “estrellado”.

Altero ahora -por las razones ya indicadas en el prefacio- el orden habitual en mis comentarios, para hablar muy brevemente de la comida y centrarme después en el servicio y en el vino.

Comida: Tras disfrutar de una lección magistral acerca de la trufa -qué maravilla- comenzó el desfile de los platos elegidos como menú por D. Pirineos y elaborados bajo la batuta de Carmelo Bosque. A destacar el hecho de que los platos con trufa, la misma fue servida y rallada “in situ”, esto es, a plato puesto, lo que permitía al comensal decir aquello de “eche, eche, no se corte” ☺. Y si digo esto no es porque lo hiciera yo, si no porque lo oí.

Aperitivos: Pan negro de aceitunas y albahaca, Macarrón de mantequilla trufada, Sable de queso y Taperada de oliva negra. Buenos todos ellos.

Ensalada de bacalao marinado, naranja y aceitunas. Sencilla, pero muy rica.

Surtido de setas con yema de huevo y trufa. Bueno. Excelente el acompañamiento de la trufa.

Risotto de Tuber melanosporum. Extraordinario. Siendo un plato que en principio no estaba previsto en el menú, su realización fue magistral. Con una yema de huevo en medio del arroz. Cremoso, gustoso, potente. Para un enamorado, como yo, de la cocina italiana, un auténtico gusto. Complimenti! (felicitaciones).

Calamar relleno de calabacín y tocineta ibérica. Muy bueno también. Tres calamares de muy respetable tamaño, presentado a la vista de los comensales y troceado en raciones. Magnífico producto y perfecta cocción.

Cochinillo rustido con su jugo y puré de manzana. Poco que decir, pues, a diferencia de algunos de mis compañeros de batalla, me tocó un trocillo que se asemejaba a una pequeña bota de juguete. Poco puedo opinar, aunque el sabor del mismo era bueno.

Chocolate blanco con chutney de remolacha y albahaca. Muy original. Ideal para acabar de “reventar”, pues a estas alturas, como bien se imaginará, el estómago iba bien servido. La selección de quesos -ya comentado por Aurelio- puso el broche final.

A destacar también, el apartado de panes. De tres o cuatro tipos, siendo especialmente destacado el de aceite.

Y vayamos con las (múltiples) bebidas.

Comenzando por el servicio de las mismas, decir que estuvo a muy buena altura, como el servicio en general. Atendieron a todas nuestras peticiones -que no fueron pocas- con rapidez y profesionalidad. A destacar las atenciones de Carmelo Bosque, con quien hubo un buen rato de conversación y quien nos dio todas las explicaciones que le pedimos.

Los vinos fueron traídos por los propios comensales, los cuales fueron agrupados -bajo la batuta de D. Winestein (Pablo Iñigo)- por “equipos” a fin de tener tres botellas de 0,75 l. Del mismo vino (o su equivalente), con el objeto de no vernos abrumados por un exceso de vinos y poder maridar los diversos platos de la comanda de la mejor manera posible.

El primero de los mismos fue un cava: Cava Castell d’Age Chardonnay Gran Reserva Brut Nature. Chardonnay de cultivo ecológico. Rico, fresco, directo y con la burbuja bien integrada. Buen comienzo para ir engrasando el paladar.

El segundo de ellos: Otro clásico en la quedada maña. El Riesling de Herr Direktor (Lluís Pablo). Presentado en una espectacular botella Jeroboam, se trataba, en este caso, de un Bürklin-Wolf 2005 Pechstein. Espectacular de color, aroma y sabor. Acompañado de la consiguiente lección magistral del Herr Direktor, quien nos explicó que el vino procedía del dominio “más femenino” del Palatinado, lo cual es todo un detalle, pues todo los comensales éramos del sexo contrario.

El tercero: Una estrella en los comentarios de Verema. Un vino del que, al decir de uno de sus creadores (De nuevo D. Aurelio), “sólo existen 450 botellas -corríjame la cifra el aludido, por favor- en todo el mundo”: El Bogart. Las explicaciones del creador fueron aplaudidas por los asistentes. Sin palabras! ☺, sólo una interrogante: ¿cuándo me llega una botella de este néctar de Dioses?

El cuarto: Procedente de las Ínsulas Canarias y con un curioso nombre -ya la cosa se “calentaba” dando rienda suelta al chiste fácil-: Suerte del Marqués, Parcela El Ciruelo. De la cosecha 2009 (buscada con denuedo por los aportantes de la misma, al ser la mejor). Listán negro procedente de viñas viejas del valle de la Orotava, profundo, intenso, con un toque ferruginoso, volcánico, muy interesante. Tres botellas, de las cuales dos (las de numeración más baja) salieron excelentes, siendo de menor nivel la tercera. Curiosidades de los vinos.

El Quinto: Viña Pedrosa GR 2005. Aportada por los amigos burgaleses -que se perdieron a la ida y, según las malas lenguas, también por la noche oscense- en un doble formato: de 0,75 y magnum. Sorprendentemente, el contenido de la magnum mostró un vino mucho más evolucionado que la botella normal -muy buena-, lo que dio lugar a intensos debates acerca de la causas o porqués de ello (mala conservación, porosidad del corcho…). Otra curiosidad a detallar.

Y vamos acabando: con los postres. Único momento en el que se rompe la regla de las tres botellas iguales. Fueron todas diferentes: la primera, un diamante semi-dulce del 74 con buen color pero que, como es habitual en estos vinos, se mostro muy cerrado de inicio -a pesar de su decantación-; sólo al final apuntó lo que se espera de este tipo de vinos. Y, junto al mismo, dos fondillones, uno de ellos, el Alone, y el otro -un viejo conocido- el Primitivo Quiles, disertando sobre este último nuevamente Don G-M, en una lección de cátedra del origen y evolución de este vino.

Acabó la cosa, ya en pleno desenfreno vinícola -invitando a los comensales de otras mesas a unirse con nosotros (lo cual era rechazado cortésmente, pero con un cierto halo de “temor”)-, con una garnacha elaborada por D. Eduardo (Edy Felson), llamada Terrae, y que presentaba la particularidad de estar elaborada sin sulfitos.

Para finalizar, una curiosa pajarilla de Cosuenda, presentada sin etiquetar para intentar averiguar su nombre y origen, reto que sólo el ya mencionado Winestein fue capaz de superar, pues algunos lo mandaron para Andalucía, otros para Alella y otros a saber (no me alcanzó a oír todas las opiniones).

Únicamente una breve copa, que el tour gastronómico y vinícola había finalizado y ya nos esperaba el taxi de vuelta para tomar una última, ya en Zaragoza, e ir hablando ya de la siguiente "quedada maña".

De la siguiente? -pensarán algunos. Pues sí; que los maños somos así, concienzudos y cabezones. Y de ello da fe el baturro que iba por la vía del tren y al que el maquinista, cuando lo ve, no cesa de pitarle, respondiendo el baturro: “Pita, pita; que como no te apartes tú”.

Feliz año a todos!!

Pd. El precio: estuvo por los 55-60 euros/pax.

Los restaurantes donde se celebran las Quedadas Mañas son siempre especiales; lógico ya que son elegidos por algún forero con mimo y han de reunir algunas características especiales, la primera ganas de acoger a un grupo numeroso y exigente en cuanto a copas y servicio del vino sobre todo.
Este año no ha sido una excepción y quedamos encantados de la atención prestada. el equipo de sala demostró una gran profesionalidad.
Vaya por delante que la estética del local me gustó muchísimo, un gran salón de techos altos y decoración punto art decó, luminoso, espacioso y cómodo.
Copas de calidad y menaje lo mismo.
Como aperitivos unos estupendos macarons de queso, una galletita de parmesano y un original bizcocho de pesto exquisito.
En ese momento apreció el cocinero, Carmelo Bosque, y nos deleitó con una charla improvisada y práctica sobre el mundo de la trufa, del cual me pareció un experto. Tuvimos el privilegio de poder apreciar las diferencias del producto recién cogido y una vez limpio, su textura, olor y sabor. El perfume era extraordinariamente intenso, tanto que tuve que pedir apartaran la bandeja de trufas de mi lado porque si no no había manera de catar los vinos, tal era su penetrancia. En un par de platos pudimos degustarlas con generosidad.
El menú propiamente dicho comenzó con una ensalada de bacalao marinado, naranja y aceitunas. Estaba bien pero necesitaba un buen chorro de aceite de oliva; como que en la mesa había del mismo aproveché.
Seguía un surtido de setas con yema de huevo y trufa rallada por el maitre en el momento. Me pareció delicioso.
Fuera de lo previsto Carmelo nos obsequió con un risotto de trufa, otro sobresaliente.
Posiblemente el plato más espectacular, por contra el que menos me gustó, lo constituían 3 impresionantes calamares rellenos de calabacín y tocineta ibérica. La presentación era sencillamente espectacular y el trabajo de corte y servicio del plato a cargo de chef y maitre estupendo. Este "mar y montaña" que tanto gusta en Cataluña me pareció un poco soso, eché en falta una salsa que ligara el conjunto, o quizás noté un exceso de calabacín que desequilibraba.
El contrapunto lo tuve en un cochinillo rustido para chuparse los dedos, que es lo que hice.
Como postre chocolate blanco con chutney de remolacha y albahaca, esta última no podía faltar estando en Huesca.
Unos magníficos quesos nos permitieron ir apurando el poco vino que había quedado en las copas.
Pan de 3 tipos, café excelente.
Todo rayó a gran altura, la cocina y el servicio me parecieron de mucha categoría.
El precio del menú pactado era de 55€ pero creo es poco representativo ya que se notaba la "mano" de Luis Oliván. En fin, estoy deseando volver por Huesqueta a comer otra vez aquí.

  • El gran calamar.

  • Setas, huevo, trufa,...mmmm

  • Macarons salados, ahí es nada.

VI Quedada Maña. Y es una al año… Así que aunque no sean muy duchos en matemáticas les costará poco concluir que han pasado… seis años. Parece que fue ayer cuando “liamos” la primera. Joooder ayer, los coj... ¡6 añazos!

Ahora que… no se nos nota nada, estamos todos igual que el primer año. Algunos no hemos perdido ni un pelo. Pero ni uno. Bueno, un pequeño síntoma es que hay quienes, y no miro a nadie, se van a la camita antes con excusas de lo más variopintas e inverosímiles…

Este año tocaba en Huesca, con la organización de nuestro erudito particular: Luis Oliván. Era una injusticia que tras seis años aún no hubiéramos ido a Huesca, con la reconocida supremacía que tiene esta plaza en Aragón en lo concerniente a gastronomía.

Y nuestro erudito nos llevó, no podía ser de otra manera, a uno de los tres oscenses con estrella Michelín: la Taberna de Lillas Pastia.

Un entono maravilloso en el que cocinan maravillosamente. El Casino y Carmelo Bosque. Sí, porque el restaurante está ubicado en el Casino y en él cocina Carmelo Bosque. Como resultado, una estrella bien merecida y ya consolidada, llevan muchos años con ella.

Como decíamos, el restaurante se encuentra en los bajos del Casino de Huesca, también conocido como Círculo. Un edificio modernista emblemático de la capital oscense en perfecto estado y, en lo que se refiere al restaurante, combinando ese marco modernista con acertados y comedidos toques de actualidad. Todo ello hace que se respire una atmósfera elegante y distinguida a la par que cálida y acogedora.

Al poco de sentarnos apareció Carmelo Bosque a presentarse y aprovechó para dejar patente la clara vocación trufera de Lillas Pastia (no en vano la provincia de Huesca es una de las mayores zonas productoras de Tuber melanosporum en el mundo) trasladándonos parte de sus grandes conocimientos en la materia con algunos breves apuntes y haciéndonos un pequeño juego de cata nasal de trufas, pasando entre todos los comensales varios platos que contenían Tuber melanosporum “peladas”, sin pelar, más maduras, menos, y un ejemplar de Tuber magnatum. Muy, muy interesante, quedando todos agradecidísimos por el detallazo del laureado chef para con nosotros, los mañoveremeros.

Este fue el menú-degustación que nos tenía preparado y del que dimos buena cuenta:

• Aperitivos: Pan negro de aceitunas y albahaca, Macarrón de mantequilla trufada, Sable de queso y Taperada de oliva negra.
Ensalada de bacalao marinado, naranja y aceitunas.
Surtido de setas con yema de huevo y trufa.
Risotto de Tuber melanosporum.
Calamar relleno de calabacín y tocineta ibérica.
Cochinillo rustido con su jugo y puré de manzana.
Chocolate blanco con chutney de remolacha y albahaca.

Un menú bien estudiado, equilibrado, compensado y perfectamente secuenciado.

Y una cocina seria, cuajada, en la que se plasma ese difícil ejercicio entre la autoría y la ponderación del producto y que alcanzó su punto álgido con el risotto de trufas negras (por algo lo “añadió” Carmelo en la comanda). Un risotto que aparecía limpio y sencillo en el plato, desnudo, liviano sin perder cremosidad, dejando todo el protagonismo, realzando, potenciando, a la reina de la fiesta, la Tuber melanosporum. Soberbio.

Destaco como digo, y en eso coincidimos casi todos, el mencionado risotto, pero prácticamente todos los platos exhibían el mismo marchamo de calidad. Quizás nos quedamos un poco fríos con el calamar, carente de chispa y sabor pese a lo excelso de las piezas que nos mostraron previamente, en eso también coincidimos la mayoría. Pero pasó desapercibido ante el deleite que nos produjeron el resto: esa ensalada de bacalao fresca y acariciante; la yema con setas y trufa, rompedoras de sabor y finura; el mencionado risotto, una locura; el cochinillo, sápido y sorprendentemente ligero. Chapeau.

Rematamos la faena con una tabla de quesos cortesía de Luis: Divirín-Cañajeral-Ogleshield-Cheddar-Comté-Stichelton. ¡Ufff!

Los vinos… eso nos lo dejaron a nosotros y fue otro espectáculo que merece capítulo aparte y lo tendrá. Unos cuantos vinazos desfilaron por ahí…

Y el servicio, pese a no alcanzar la gran altura de la cocina, estuvo muy bien: paciente, discreto y con oficio.

Una vez más, lo pasamos en grande en esta entrañable y ya tradicional quedada navideña de mañoveremeros y amigos.

Muchas gracias Luis por la estupenda organización y muchas gracias Carmelo por las atenciones recibidas. ¡Un placer!

¡A por la séptima!

Preguntando donde comer en Huesca y desconociendo totalmente el restaurante nos indicaron la "Taberna". (con una estrella Michelin)
Situado en el casino de Huesca y en pleno centro en un local modernista y lejos de la imagen de taberna que le da su nombre. Mesas espaciadas, servicio de primera e imagen de restaurante de alto nivel.
Probamos el menú Carmen.
Dos aperitivos, dos entrantes, arroz,2º de carne o pescado y postre.

Pan negro con cebolla y tomate. Normal
Galleta de parmesano . Bien

Sopa de cebolla. Espectacular su sabor concentrado (quizá calçot?)
Bacalao con huevo y rucula. Muy suave y ligero a pesar del huevo.
Arroz de trufa. Risotto con buena textura pero quizá poco sabor.
Rabo de toro. Abundante y exquisito
Postre... no soy amante de los postres
Vino(incluido en el precio) Olvena (de Somontano) Muy correcto
Total, una comida que diría que es espectacular por su servicio, abundancia, lugar y sobre todo precio.

Después de leer tan buenos comentarios en varias guias (Michelin, Gourmetour y Verema), fuimos al Lillas Pastias con muchas ganas, y salimos bastante defraudados. Los aperitivos fueron lo mejor de la cena: kikos garrapiñados, gazpachito, patatas bravas al estilo Arola (aunque las de Sergi/Ismael son mejores), royale de alcachofas y foie, y aceituna esférica. De entrantes pedimos una ensalada de bacalao con pimiento rojo y helado de coliflor (buen intento, pero el bacalao algo duro y los aros de cebolla fritos no pintaban nada en ese plato), y un arroz de azafrán con migas de aceitunas negras y gambas rojas (regular). Siguieron la ventresca con melaza de melón y cerezas (bastante bien, aunque el atún un pelín duro) y el rape con jugo de pata e ibérico (nada especial). De postre tomamos una tarta de manzana con helado de tomillo (caramelo puro, nada de tomillo, solo sabor a nata) y el trio vanguardia: bizcocho de remolacha con helado de coco, esférico de rosas y marshmellow de limón (el mejor, pero la remolacha frita no, porfa!); Trufa de yogur (como un merengue, estaba bien) con falso caramelo (de regaliz, demasiado amargo) y crema de mango (en el conjunto, mal juntados); y la pera con regaliz, tierra de café, helado de queso y espuma de caramelo (demasiado sabor a caramelo y amargor a la vez). Bien el servicio de vino. Precio para 2 pax: 140 EUR. Total, disfrutamos muchísimo más las experimentaciones del Callizo en Ainsa!

Carmelo Bosque es sin duda uno de los grandes cocineros (o el más reconocido) de Aragón, de hecho es el único representante en Madrid fussion de la región. Sin embargo, a pesar de haber comido de maravilla, se ha perdido un poco en la carta, o por lo menos en el menú degustación, abusando de la búsqueda de la diferenciación, y dejando de lado el conjunto.
Muy bien los aperitivos de la casa (4), a base de una galleta oreo hecha con pasta de aceitunas y crema de anchoa, un vasito de espuma de melón e infusión de jamón , una madejita de queso sobre tosta de no me acuerdo el qué, y otro vasito de gazpacho y fresa, un conjunto muy logrado como aperitivo. El menú comienza con:
Una ensalada de frutas y foie , que estaba muy bien, aunque las semillas de maracuyá excedían en acidez, y muy logradas las láminas de triguero crudas.
A partir de aquí es donde se pierde un poco, empezando con una ostra cruda sobre gelatina (insípida) de guisantes, que te hace comer a pelo (sin nisiquiera algo que aporte acidez) la ostra, y para seguir con un arroz de coliflor en texturas , que estaba muy rico, para el sabor que le puede dar la colifor al arroz, y espárragos blancos al horno sobre crema de queso que no estaba mal.
Los platos principales ya vuelve a subir el nivel, con un bacalao al horno con crujiente de pistacho y sus callos , y un ¿ guillot ? (jarrete de cordero, deshuesado, y hecho un ovillo de nuevo alrededor del hueso y después asado) de cordero delicioso. Y para terminar con unos postres un poco sosos, terminando con un chocolate con textura de posos de café y flan de azafrán que no me convenció nada (el primer postre no me acuerdo).

Total (con 2 botellas de vino, 1 Enate 234, 1 Viñas de Gaín) 240 € de tres personas, sin café ni por supuesto copa.

Creo que cuando cambien el menú degustación (y su base de productos) merecerá la pena más, el servicio en su justa medida, la carta de vinos un poco triste, el sitio bien, salvo los servicios que desmerecen muchísimo, personalmente me gustó más Las Torres , también en Huesca.

El sitio en sí es bastante bonito, aunque los servicios, y tener que compartilos con la cafetería, desmerecen muchísimo.

Es de destacar el nivel gastronómico que ofrece Huesca capital... Establecimientos con "estrellas", que nos desvelan el buen hacer de sus hosteleros.
El local, situado en el antiguo Casino de Huesca, ofrece una variedad gastronómica extraordinaria...
Buen producto, alta cocina, excelente bodega, buen servicio, buena cristalería, y en resumen un buen lugar para disfrutar, de la comida y de la bebida...
Excelente relación calidad precio

Es sin duda el mejor restaurante de Aragón, una estrella michelin más q merecida. Tomamos un menu degustación de 9 platos espectacular por 58+iva. Vinos bien servidos en copas Riedel, buena carta, sobre todo aragoneses del Somontamo.Tomamos un Secastilla 04 hecho con garnacha q realmente es una delicia.RCP insuperable,esa misma cena en otros(Barcelona o Madrid) cuesta el doble. Lo recomiendo a todos, vale la pena el viaje.

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