Restaurante Sucede

Datos de Sucede
Precio Medio:
98 €
Valoración Media:
8.2 10
Servicio del vino:
8.4 10
Comida:
7.8 10
Entorno:
9.6 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
0
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Dirección: Carrer de l'Almirall, 14
Código postal: 46003
Tipo de cocina: De mercado, Creativa - de Autor, Mediterránea
Vino por copas:
Precio desde 60,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


10 Opiniones de Sucede

El local, tras la estrella Michelín, mantiene como sus menús de Sucede y Valentia con aumentos de precio a 70€ y 90€ respectivamente. El primero es el menú sin ataduras, más libre; el segundo mantiene su esencia de rememorar la parte romana y árabe  de la ciudad hasta antes del descubrimiento de America y por tanto, deja fuera elementos como el tomate, la patata, etc... aunque con elaboraciones actuales y emplatados muy llamativos con más de 30 "creaciones" (1-2 bocados) y que con buen ritmo de cocina, no bajan de las casi tres horas de servicio.

Sin otros cambios en el local apreciados más que el personal de la sala y con Miguel Angel Mayoir como chef formado en sitios como El Bullí, Mugarit, Quique Dacosta, Procope y alguno más, mantiene una creatividad alta con una vajilla acorde y con unas presentaciones muy fotogénicas habiendo ganado, a mi parecer, algo de profundidad de sabores en esta nueva versión del menú Valentia (nombre romano de Valencia).

En sala, el servicio de vino ha mejorado algo o esa sensación de produjo porque con solo el 50% de las mesas ocupadas, permitió trabajar con mejor ritmo. La carta de vinos sigue siendo amplia, variada en opciones de nivel de vinos, con precios altos en general aunque alguna opción a mejor precio se puede encontrar. Nos decidimos, además de 2 de agua sin gas Evian,  un buen blanco de Marqués de Murrieta, Capellanía 2011 (35€) y un tinto tan clásico como bueno, el 904 Gran Reserva 2007 (45€); previamente un par de Alhambra especial, y finalmente con los postres un moscatel de la Marina de Enrique Mendoza (8€ x 4 copas: 32€).

Cuatro para comer con reserva, incluso del menú, desde hace tiempo. Mesa redonda, amplia, buena separación, elegantemente vestida y con muy buenas copas, cubiertos con cambios constantes como requieren tan variada presentación. Lo que nos prepararon, marcando las diferentes entradas y teniendo en cuenta que la parte romana llega hasta la liebre y a partir de ahí es la parte árabe. El servicio de pan se hace a mitad de recorrido (parece que les más árabe que romano; al menos parece cociudo en horno árabe). Casi todo es para comer de un bocado y con la mano:

. huevo y manzana: dicen que los romanos empezan a comer con huevo y terminaban con manzana; aquí sobre un plato con forma de nido se pone un huevo de codorniz (la clara) con sorbete de manzana (la yema) y por encima la yema del huevo rallada

. agua de nísperos y rosas con aire de cítricos: simula copa de cava

. milhojas de rosas: con una base de frambuesa, foie rallado, una lámina (más que milhojas) crujiente e intenso de sabor.

. tendón suflado y anchoas: tendon suflado a modo de témpura crujiente, para mojar en un puré servido en cuenco aparte

- panfrito con erizos: tardó en salir con la sensación de descongelado y frito con prisas. Lástima de textura porque la presencia visual era de perfecta creación.

- mejillón ojimiel: un método de conservación que era mezcla de vinagre y miel que respeta el sabor del mejillón

- la fritura de la sardina: dispuesta sobre una parrilla, un lomo frito quedando tersa y casi como en témpura. Sorprende la textura.

- pan de higos y trucha: huevas de trucha para servir sobre el pan blando con sabor de erizo de mar y queso

- ostra con puré de lechuga y cebolla: sabrosa y carnosa ostra con un ligero apunte de verdura (algo hay que poner) que no le resta sabor al molusco.

- salmonete frito con garum: un sabroso lomo de salmonete con el rebozado de ese conservante/salsa que es el garum

x tartaleta de tuétano y consomé de caracoles: tartaleta de tuétano y un punto de frutos rojos encima y servido sobre un hueso de vaca a modo de la primera papilla que tomaban los niños romanos. El consomé se sirve dentro de la concha del caracol, tan curioso como escaso de sabor.

x puerro con caracoles y tuétano: un puerro (a modo de alfombra a mitad desenrollar) relleno con la espuma de tuétano, caracoles, col y trufa de verano rallada. Los ingredientes están ahí, todos bien, pero no es un plato integrado como conjunto. Bien de sabor.

+ palaya trufa y champiñones: nuestro pescado de playa, desespinado, abierto y puestas las láminas de trufas, cerrado para comer a modo de sandwich. Muy sabroso. Puesto en un plato de fondo rojo granate muy vistoso pero que no parece tener mucho sentido, pegaría más un fondo azul mar.

+ liebre con encurtidos y caviar de aceite: un pequeño pinchito de royal de liebre pero muy sabroso. Bocado exquisito.

. agua de pepino: servido a modo de coctail sobre recipiente con hielo picado, dentro de un trozo de pepino vaciado en su interior y forrado con una corteza de limón, quizás para hacer un cambio de tercio, aunque hacerlo con sabor de pepino ya es arriesgar que algún comensal se borre del tema.

. flor de hibiscus: sobre una tierra (que no se come) unas láminas en forma y sabor de hibiscus con puré de remolacha en el centro. Muy aparente y bien de sabor.

. vol au vent de lentejas: una base de frambuesa, puré de lentejas y toque de miel. Buenas sensaciones de texturas y sabor.

. espárrago blanco y gamba: sencillamente presentado, sin nada destacable de la preparación pero cumple en sabor por la materia prima de los trocitos de gamba roja. La falta de cuchillo (servicio de cubierto consistente en dos cucharas ¿?) impedía cortar el espárrago, por lo que hubo que deshilarlo de cabeza a pié para poder comerlo.

x lechechilla escabechada y témpura de ventresca: esa parte visceral de la caballa escabechada con encurtidos y con un puré de espinacas para mojar. Producto complicado de aceptar, pero muy sabroso. Presentación sencilla.

- infusión de anguila y garbanzos: se hace una infusión de anguila durante un par de minutos mientras comes el resto de platitos de esta entrada, con la piel de los grabanzos verdes. Muy ligero, vistoso pero flojo de sabor.

- tartaleta de garbanzos: sobre la base de la tartaleta (masa de brioche) de garbanzo verde, foie y trocitos de anguila.

- pieles de garbanzos: crujientes y servidas en la mano a modo de snacks.

- alcachofas con anguila: un corazón de alcachofa relleno de espuma de anguila y pétalos de garbanzos quedando una presentación a modo de flor. Bien de sabor.

- lomo de anguila con aire de azafrán: a modo de pincho (trincho más bien) se inserta el pequeño lomito y se moja en el aire de azafrán. Sabroso.

x samosa de cordero: samosa (como merengue) relleno de cordero deshilachado. Sencillo de presentación pero muy bien de sabor.

x brocheta de cordero: una brocheta de cordero con cus cus de naranja. Acertada y compleja combinación de naranja y cordero.

. ternera y lengua: la lengua secada a modo de jamón (en visual es exactamente igual que el jamón) y luego laminada y puesta sobre la propia lengua de vaca guisada. De nuevo plato que arriesga en el producto, pero me queda como uno de los pocos que permanecerán en el recuerdo. Acompaña unas hojas de espinaca baby tal cual.

. arroz del mediterráneo: es arroz fermentado como queso fresco sustituyendo la parte láctea por el arroz fermentado. Se acompaña de un pequeñísimo tozo de panal de miel que complementa bien. Parece un trampantojo del postre "mel i mató". Acompaña unas pocas tostas de pan crujiente.

- uva, cilantro y cidra: jugo de cidra, uva y bizcocho de almendra blanca. 

- sorbete de apio con aire de queso: con trocitos de queso, puntos de membrillos y mermeladas más un concentrado de manzana verde

Rematamos con unos buenos cafés servidos en bandeja individual y notamos mucho a faltar unos petits fours finales viendo que los postres tenían poco de dulzor dando la sensación que ese chocolate, esas gominolas... serían el contrapunto del amargo del café, que a más de 3 euros el café y 8€ la copa de vino dulce, permite alguna golosina de complemento porque por no llevar, el café no traía ni galletita.

Una explosión de presentaciones, texturas, colores.. que tienen mucha creatividad detrás, hecha con productos que, sin ser de alto precio, se arriesga en ocasiones (pepino, anguila varias veces, lengua..), con presencia de cilantro en, quizás, demasiada intensidad o/y frecuencia y con algo de decepción final con los petits fours. Todo lo cual no deja de ser una simple opinión personal que me hubiera gustado comentar con el chef.

Cuando ya creía que en este local había probado cualquier planteamiento como comensal, surge una inesperada: coctail de gastrotapas, con motivo de una celebración familiar para 60-65 personas.

Con mesas y sillas altas en la zona principal del local y servicio en bandejas a modo de coctail y con una cadencia inicial mejorable, aunque luego y como suele ocurrir, se repiten servicios y sobra comida al final. Un servicio de copas central con cervezas y refrescos servidos de forma no individual, y unos buenos vinos tanto en blancos con un verdejo sencillo pero interesante y sobre todo un albariño muy recomendable, Quinta do Couselo 2016; en la parte de tintos destacaron unos magnums de Finca Emperatriz 2011 (complementado luego con otras botellas al uso y de añada más recientes); la otra opción de tinto fué Momo, que tuvo menos éxito, aunque en buen nivel. Siempre servido perfecto y no faltaron copas a pesar de ser muchos y variar de vinos de forma amplia para probarlos todos.

Lo tomado:

. ostras al cava: buenas piezas aunque algunos brestos de concha en el interior, restaban calidad a las mismas; el punto cítrico del cava estaba de forma muy sutil, sin enmascarar al actor principal.

. solomillo picado y yema de huevo: un steak tartar bien preparado pero falto de rock and roll

. ensaladilla rusa de nécora: buena combinación en sustitución del esperado atún

. gazpacho traslucido: servido en mini tubo de ensayo y preparado prensando el tomate, congelado y luego tomado el líquido (agua de tomate): demasiado trabajo para poco resultado; me pareció un intento fallido, de esos que los comensales de mente menos abiertas, lo esgrimen como ejemplo para criticar.

. sardina con verduras: presentación característica del local, muy bien de sabor

. ceviche de corvina en salsa de soja, con un punto picante (¿ají?): uno de los mejores por el pesacdo, la salsa y el punto picante. Muy conseguido.

. taco de cochinita y cebollita: una opción que también fue aplaudida, sobre todo por los que son poco dados a comer crudo y andaban algo perdidos.

. canelon (mini) de pollo: sencillo y perfecto de textura y de sabor, con textura sólida.

. langostino con ajo negro: de nuevo producto crudo, entero, de tamaños variados, bien de sabor, aunque bastantes se tiraron para detrás al verlo tan crudo.

. alga nori en témpura: muy buen planteamiento y resolución, con una témpura ligera. Muy bueno.

. mini hamburguesa: buena carne pero un pan seco y ningún complemento, lo empobreció notablemente

. fideuá de rape y alcachofas: normal de sabor, bien de textura y punto de cocción

. paella de pollo: muy floja en sabor, textura y calidad de la carne

. chuleta de ternera laminada y casi cruda: magnífica calidad y perfecto (para los amantes de lo crudo) de punto de fuego. De lo mejor

. esfera de manzana: elegante y vistosa; sabor correcto

. cremoso de chocolate blanco y frambuesa: no soy de chocolate ¿? blanco, pero pasó.

. bizcocho de yogurt y café: muy esponjoso, casi aireado, excelente textura aunque visualmente no era tan apetecible

Unas copas de cava de Dominio de la Vega Autentic más unos cafés difíciles de conseguir, completaron el encuentro gastronómico a la hora de comer.

Buen servicio tanto en el apartado de bebidas como en la comida con la ayuda y vigilancia de Alejandro, feliz por la estrella. Las sensaciones fueron un poco de luces y sombras, donde los poco amantes de lo crudo lo pasaron regular.

Hace unos meses , mi gatita decidió prepararme una velada especial y reservó en este restaurante ( antes de la estrella ) , y donde tuvimos la oportunidad de tomar el menú desgustación largo y con maridaje. Pese a lo sensacional del lugar , la corrección en el servicio de sala  y la perfecta climatización ... no entendí nada de lo que me estaban sirviendo en la mesa . Atendiendo a una supuesta cocina inspirada en la raíces de la cultura valenciana desde la antigüedad....etc.... ya me puedes soltar el rollo que quieras que si un plato no está bien configurado , no lo está . Como es posible que ha día de hoy de todos los platos que tuve que probar , creo recordar que fueron 18 , solo recuerde que lo más acertado fuera combinar unos salmonetes con una crema de calabaza.... esto hay que hacérselo mirar. 

Tengo la impresión que hoy por hoy están dando estrellas michelin a cualquier restaurante que te ponga un mantel , servilleta de lino y este bien decorado.

Pero , este critica no viene a colación de esa cena .... yo le di una segunda oportunidad  a este restaurante y decidí asistir a una cena para unas 12 personas , todas ellas pertenecientes al mundo de la hostelería y además a diferentes ámbitos . Pues el resultado de la cena cuyo importe es lo de menos , creo que fueron 100 € por comensal , nos dejó a todos perplejos. Todavía no hemos encontrado la razón del porqué los puntos de cocción no fueron los correctos , ni porque los platos no tenían la temperatura adecuada.... no estoy cuestionando la materia prima , que por supuesto es indudable , el producto era fresco y de calidad .... pero en un restaurante con estrella esperas que los platos rompan la monotonía , te sorprendan , que su ejecución sea la correcta .... pues bien .... sintiéndolo mucho , discrepo y además por dos veces ,  en la puntuación que se le están dando a este restaurante , en mi opinión no se las merece , los siento por abreunvinito , al que respeto y admiro , porque es demasiado bueno poniendo nota . 

La estrella , a mi parecer , no la tiene .

Tras los minuciosos preparativos, por fin llega el día de la cena del grupo de amigos. Vamos llegando al local por la actual Valencia y tras la visita de rigor por las ruinas de la Valencia antigüa, nos vamos sentando en una perfectamente preparada y elegante mesa imperial. Bien iluminada, bien vestida, buenas copas, vasos, cubiertos...

El servicio en sala impecable, pese a que este tipo de menús que requieren de bastante explicación de los platos y su elaboración, hace difícil de presentar en una mesa tan amplia y con muchos comensales. El ritmo de cocina se hizo algo lento en algunos momentos ya que también la complejidad de las presentaciones de los platos, todos sacados a la vez, para muchos comensales al mismo tiempo, complican la salida.

En la parte de bebidas, y de forma elegida previamente, optamos por cerveza a la llegada: la Socarrada, una artesanal valenciana que gustó mucho y sorprendió entre los foráneos. Quisimos homenajear a la tierra en el tema de vinos y, sobre todo por la variedad de orígenes de los asistentes, quedarnos en vinos locales y nos centramos en la muy premiada y cada vez más conocida fuera de nuestros lindes, Hispano Suizas tomando su blanco, Impromptu, su cava Tantum Ergo, su tinto Bobos, y aunque Alejandro nos ofreció la opción de traer el dulce, pasamos a por un original Fondillón para los postres.

El menú fue el mismo que el primer comentario por lo que no insitiré en más datos. Tan solo comentar que fue algo lento para un grupo amplio, compresnible porque cada uno de los platos hay que emplatarlos todos a la  misma vez, pero dentro de lo más que correcto; también al ser grupo amplio se hace más dificil la parte explicativa de cada plato que son necesarias para entender el por qué de cada uno de los ingredientes de los platos, dentro de la historia de Valencia que hace de hilo conductor del menú.

Al final algunos alargamos (muy de agradecer), de forma importante, la velada con copa, casi todos Gin Tonic (hay que ver como se ha impuesto) y una larga lista de chistes ya iniciados durante la cena. Tuvimos una sorpresa final con un descuento sobre la factura, por lo que el precio (1.310€) habrá que tener en cuenta que no es el costo real que hubiera tenido en condiciones normales.

Dicen que a la tercera va la vencida, y así parece puesto que, con este terceto de comentarios en menos de un mes, cayó la estrella y confirmó el comentario de la visita de hace casi un año (1º comentario en Verema).

La casualidad hace que podamos estar en otro evento cerrado, con la sala principal acondicionada para reunión de grupo, y posteriormente salir a amplias mesas redondas por el resto de la sala incluida la zona de la entrada para la cena final.
Aquí ya damos ok para los vinos y precios negociados en los dias previos y confirmamos número de asistentes y cierre del local para nosotros con una amplia mesa central tipo Imperio para poder estar juntos.De nuevo el local gusta entre los debutantes y aunque la proyección se dificulta por las columnas, un buen servicio técnico y pantallas laterales solventan las incomodidades.

En esta ocasión los vinos fueron: Clavidor en blanco y Finca La Emperatriz crianza 2013 en tinto.
El menú cerrado contratado que consisitió en:

. galleta de parrmesano seca

. salmorejo de cereza

. tiradito de corvina

. huevo de codorniz, espuma de patata y pimentón,

. carpaccio de presa

. raya

. bizcocho de yogurt, helado de avellana y chocolate

Una buena cena pero ya no es la explosión de creatividad, sino un menú bien elaborado, sabroso, bien emplatado pero fuera de la ansiada presencia de la estrella Michelín a la que se aspira.

Visita de "reconocimiento del terreno" para comprobar evolución y planificar evento especial. Nos encontramos con que en principio no vamos a conocer en profundidad el menú Valencia por el que apostábamos a priori, ya que es tarde para cocina y están en fase de modificarlo/retirarlo. No obstante, Alejandro como jefe de sala, regatea el problema y recupera la situación, con lo que veremos los tres, casi la misma realidad que queremos para el evento del mes que viene.

Sin cambios en la sala ni en la carta de vinos, que revisamos también para cerrarlos para el mes que viene. Servicio siempre de alto nivel, con tan solo dos mesas más ocupadas. Hablamos de que haremos cena de grupo y tras barajar opciones concretamos que lo mejor es cerrar el local para no hacer contrataciones extras por su parte  y quedarnos con el menú elegido y los vinos que comentaremos tranquilamente para acabar de cerrar un precio conjunto. Buenas sensaciones de llegar a acuerdo.

Vamos a por el menú Sucede (el Valentia se nos escapa de presupuesto):

. huevo y manzana, mulsum, uva gasificada

. galleta de mojama y salazones, mejillón Ojimiel, fritura de sardina, pan de higos con trucha

. pieles de garbanzo, infusión de anguila y pancake de anguila y berberecho

. tartaletas de tuétano con frutos rojos, tofu de tuétano con jugo de champiñones silvestres y castañas

. volovan de lentejas, flor de hibiscus con remolacha, gnoquis de berenjena y queso fresco y yogur y cerrar con agua de dátiles y rosas

. jarrete de cordero y caviar de trufa con el jugo de carne de cordero

. conejo melón, guiso de altramuces, molleja de ternera

. arroz del mediterráneo: en realidad es un arroz fermentado a modo de requesón y canela

. naranja mistela

. mel y mela: caviar de melocotón, crema de melocotón, melocoton osmotizado y su helado

Todo ello con una creatividad, vajilla y emplatado de gran nivel consiguiendo unos platos y platillos de enorme estética aunque se nota a faltar en algunos de ellos profiundidad de sabores y fondos de caldos; se podría decir que 10 en estética y 8 en fondo de sabores.

Para beber iniciamos con un amontillado de la bota de Navazos 5, seguimos con Finca Calvestra y un Dominio de la Vega Reserva Especial Brut 2013; para el postre copa de Fondillon de Sacristía

Con todo ello cumplimos la visita de reconocimiento del terreno y las bases de acuerdo. Misión cumplida.

Nueva visita a una cocina en el que las formas, la estética es casi perfecta, a todos los niveles, desde el planteamiento pasando por el emplatado, vajilla y todo lo necesario para la fotografía de un libro de cocina.
Pero, ¿y el producto?; en algún plato no sabes muy bien lo que has comido, algún plato está falto de profundidad en boca. Otros están bien. La sensación es que el ingrediente está supeditado a lo necesario para la estética del plato, dejando de ser el actor principal, en mi opinión.
Claro que si todo fuera perfecto, "sucedería" que estamos en Can Roca. Como se ha comentado en este foro, necesita progresar (profundizar) en este tema y será candidato a estrella.

Esta vez fuimos a por el menú Valentia, la máxima representación de su cocina. La falta de Cristina en sala, hizo que hubiera más relato que profundidad de conocimiento de un menú que quiere dar repaso a todas las cocinas que han estado en Valencia (Valentia): la romana, árabe, cristiana... Al salir un pequeño librito te explica con mucho detalle lo ocurrido en la mesa.

Cuatro para comer. Servicio en sala muy profesional y amable. Comedor sin completar. Vamos con idea fija, pero nos imprimen el menú para su mejor seguimiento y disfrute. Buen detalle para los que además de comer, buscamos una experiencia gastronómica. Observamos que la partición de los grupos de platos no coincide con la separación en grupos en el menú; también, y dadas las más escueta información, estaría bien partir el menú en la parte romana, árabe.. para mejor información previa.
Carta de vinos muy amplia de una bodega creada desde hace quinquenios, con buena representación de todo lo deseable para un muy amplio menú.

Arrancamos con unas cervezas, agua con gas Perrier, sin gas Evian y un amontillado de Fernando de Castilla de los varios que hay para elegir.
Un aperitivo de la casa de un caviar de bayas bastante afresado en boca sobre un platito que simula la piel de un pescado.
Llama la atención la ausencia de pan y aceite al centro de la mesa, quizás como diría Asterix: Están locos estos romanos.

Se inicia el menú con el recuerdo romano. Decidimos empezar por espumoso, con Tantum Ergo 2013 brut nature (32€), que le va bien hasta en el nombre.
. huevo y manzana, acompaña uva gasificada servida en cucharita y zumos de uva servida en copa a modo de coctail. El huevo servido en cuenco a modo de huevo de avestruz roto en cuyo interior hay huevos de atrezzo y sobre ellos el huevo comestible. Enorme presentación pero el huevo no deja recuerdo.
. galleta de salazones: demasiada fragilidad de la galleta que hace padecer por su troceado al masticar; menos tamaño o más solidez en base, se hace necesario.
. mejillón ajomiel: buena pieza y curiosa salsa que sorprende.
. la fritura de la sardina: perfecta la textura de la sardina (reforzada con manitol, seguramente y llamativo el emplatado a modo de parrilla
. ostra: con melón y un punto cítrico: pierde un poco de sabor a mar pero es una alternativa.

Tras esta tanda de platitos, muchos de ellos para comer con la mano, a cada cual mejor presentado destacando la parrilla en que se sirve la sardina, seguimos con:
. galera y col: buena galera, con su jugo; nunca es fácil comerse una galera, pero está en su punto. Aquí si hay sabor.
. albóndiga de viera: servido en plato de piedra caliente y en su propia concha como si la albóndiga hiciera de perla.
. pan de higos y trucha: el pan liofilizado quedando algo blando (semeja pan de molde) sobre el que tienes que colocar las huevas de trucha servidas en bool. Un ejemplo de un plato bonito pero que aporta poco en sensaciones gustativas.

Un nuevo conjunto de platitos servidos de forma siempre muy estética, a veces compartidos dos a dos, a veces en plato individual pero siempre de la mejor forma. Al centro traen un pan redondo (tipo pan quemado pascuero) recien hecho que nos recordó lo vivido en el Noma:
. jugo hortícola: servido en vasito de hielo que hay que coger con servilleta para no quemarse (a modo de los ice bar nórdicos).
. tartaleta de tuétano: con macadamia y frutos rojos
. tuétano con castañas: a modo de tofu, tuétano con castañas y jugo de trufa negra.

Aunque quedaba algo de pan, se lo llevan y traen otro entero igual y al centro.
Seguimos avanzando sin parar de hacer fotos porque cada plato es una creativa presentación y emplatado:
. ventresca de caballa: sobre un jugo hecho con sus espinas y bien especiado. Aquí hay profundidad y sabor.
. jengibre, panadería y emulsión de pato: justifica el cambio del plato de pan ya que aquí hay que mojar pan en esa emulsión con foie. Bien de sabor.
. pato y puerro: de nuevo se repite la presencia de un elemento en dos platos juntos pero que al estar servidos a la vez, parece complementarse aunque algunos no opinen igual. Aquí son las mollejas de pato y de nuevo, bien de sabor.

Se nos acaba el vino y pasamos a un Ariana tinto canario buscando un vino que no sea muy intenso y quite presencia a los platos que siguen:
. cartílagos: presentado con algo de trufa
. merengue plano: servido en la mano,
. pieles de garbanzo: fritas y casi trituradas, servidas a modo de snack en la mano como hace DiverXO, sorprendiendo al comensal dando diversión al personal.
. macarrón de habas: servido frío. Falto de sabor.
. altramuces: un buen guiso de altramuces y verduras troceadas maridado con
. vino de peras: con este complemento parace que la cristiandad acaba con el imperio.

En realidad pasamos al mundo árabe con los siguients platos:
. flor de hibiscus; terminado de emplatar en mesa
. vol au vent de hibiscus y lentejas: a modo de crema de lentejas
Se acompaña, al uso de pan, de unas clásicas palmeritas hechas con olivas. Perfectas.
. lentejas y naranja con mantequilla árabe: guisadas con mantequilla dejando un poso de caldo tan interesante como difícil de recoger con cuchara por la forma y rugosidad del fondo del plato.

Seguimos con esta sinfonía de platos:
. porra de queso utilizada como pan acompañante y con forma de espiral. Curiosa y compartida.
. gnoquis de berenjena y yogurt
. conejo al melón (primer servicio de este plato): servido en un melón francés, al que en la mesa se le quita la tapa que se ha cortado previamente a modo de tapadera, y en su interior está el guiso de conejo, pudiendo rabañar con la cuchara algo de melón de las paredes.
Se nos pide opiniones a la mesa y sugerimos algunos cambios estéticos: por ejemplo que el corte de la tapa sea más al centro del melón ya que si el orificio superior es pequeño dificulta sacar la cuchara con el guiso porque, o inclinas el melón o la cuchara sale casi vertical cayéndose su contenido; otra sugerencia es que los elementos sólidos del guiso como la corteza de naranja y sobre todo la varita de canela estarían mejor eliminadas antes de servir (o al menos se avisara), porque acaban sorprediendo en la boca sin ser comestible la madera.
En lo importante: es un plato arriesgado, de nuevo muy vistosa la presentación y bien de sabor.

Pasamos a la era cristiana, católica y apostólica donde la cocina gana en sencillez y pierde en especias:
. liebre con encurtidos: la crane muy poco hecha
. jarrete de cordero: tan sencillo en su presentación como jugosa la carne, en perfecto punto de guiso con un caviar de trufa ligero.

Prepostre:
. arroz mediterráneo: cuajo con granos de arroz para hacer un queso envuelto en una malla, y acompañado de miel de panal. Pan tostado en la rejilla de la sardina completa la presentación y ayuda para comerlo.

Vamos con los postres:
. pistacho, hinojo y maria luisa: acompaña un helado de canela
. papel violeta: violeta deshidratada a modo de lienzo en su caballete
. violeta, dátiles y almendra: con melocotón y polvo de azahar
. cup-cake turrón: para comer de un bocado incluido el papel del envoltorio ya que su consistencia es semisólida.
A modo de petit fours que no hubieron (ni cabían).
Unos buenos cafés y casi sin sobremesa por lo tardío de la hora y que no quedan más comensales. Como siempre empezamos los últimos y salimos los últimos.

Como los locales con capacidad de eventos tienen un apartado para grupos, celebraciones y eventos varios.

La ubicación es interesante porque estás entrando a la izquierda en la zona que se aprecia mejor la muralla antigua de Valencia y separados de las mesas de comensales. No por ello, se resiente el servicio que se mantiene en buen nivel.

Hay diferentes menús para grupos adecuando precios pero la cocina tiene un planteamiento más clásico, más de restaurante y deja de lado la parte creativa.

A la entrada refrescos, cervezas y aguas mientras llegan los comensales y se hacen fotos con la muralla.
Para beber estaban pactados: Ocho patas blanco 2015 y Momo crianza 2012.

Para comer el Menú nº 3 (55€):
Aperitivos:
. chip de plátano macho con guacamole
. galleta de parmesano con mojama
. tartar de salmón
. huevo de codorniz a baja temperatura con espuma de patata

Entrante:
. ceviche de corvina

Principales:
. merluza a baja temperatura y berenjena al carbón
. cochinillo a baja temperatura, crema de tupinambo y trompeta de la muerte.

Postres:
. tartar frutal (fresitas) con espuma de maracuyá
. mousse de chocolate, café y helado de avellana

Platos correctos en su elaboración, algunos como la merluza mejor que el cochinillo y en general, los entrantes más interesantes.

........ Para que compense repetir sabiendo que va a costarte 100 euros.
El menú es el descrito en detalle en la anterior valoración. Todo bueno, nada extraordinario. Pequeños bocados, algunos interesantes. Otros prescindibles.
Muy bueno el servicio de sala. Del local poco que añadir, precioso.
Para la alcanzar la estrella creo que le queda camino por recorrer, sobre todo si comparamos con RC, aunque este en mi opinión debería tener ya la segunda.

Un lugar emblemático en Valencia, posiblemente el mejor local pues aglutina belleza, elegancia e historia.
En la experiencia actual no ha cambiado casi nada del local, quizás algún comedor ha recortado algo de espacio (o lo recordaba más grande).

Mesas bien separadas, bien vestidas. Mención especial merece la vajilla actual con platos de todas las formas y colores y que acompañan bien a lo que sale de cocina; algunos rozando lo espectacular como esa simulación de omoplato. Servicio en sala eficiente, perfecto de academia, bien informado de los ingredientes, buenos consejos.
La buena carta de comidas incluye además un menú de ejecutivo por 25€ y los más recomendados para apreciar la imaginación de Miguel Angel: el Sucede por 60€. Además el Valentia por 80€ con guiños a la historia de la ciudad.

La carta de vinos amplia, variada con presencia de numerosos vinos en todas las categorías (incluida la categoría de 3 dígitos); especial mención a vinos extranjeros espumosos y tranquilos. Por si faltaba algo un buen asesoramiento en sala de una buena jefa, Cristina (ex Sucursal).

Cuatro para comer y comprobar los buenos augurios recogidos de información. No hay pan de inicio hasta bien avanzada la comida no se si en la línea de DiverXO o por olvido. Consecuentemente tampoco hay opción de aceites. Por cortesía un detalle de humus con una buena tostada.
Una cerveza, un agua con gas y un par de manzanillas pasada Maruja nos permite retrasar un poco la elección de vino que al final optamos por una chenin blanc del Penedés La Calma que nos llegó muy justo a la carne y optamos por no pedir más hasta llegar al capítulo del dulce. Las varias de agua sin gas, eran Evian.

Para comer optamos por el menú Sucede compuesto de varios actos en el que se incluyen diversos platos, todos ellos en pequeñas raciones:

En el primer acto: incluye:
. bitter de remolacha: a modo de coctail de bienvenida y con mucha espuma un buen preparado basado en remolacha pero muy ligera.
. palmera de olivas: recordando las palmeritas en las que los huecos se han rellenado de una suave pasta de olivas negras y se acompaña de la versión de olivas verdes para mojar en ella. Algo incómodo por la facilidad de fragmentarse y esparcirse por la mesa.
. dentelle de erizos: una fina lámina a modo de sosten (como base de una finisima masa de pasta crujiente) con brotes verdes
. mejillón en vinagre: pues eso un mejillón, con buen vinagre
. navaja ibérica: hay que probarla para no perderse la sorpresa
. caballa marinada con aceitunas: a modo de láminas intercalada sobre papada y coronado con una crema de aceitunas
. sardina cítrica: a modo de parrilla de una sardinada, se trata de un boquerón entero solidificado y levemente endulzado. Sorprende el sabor y la textura.

En el segundo acto:
. macaron de nachos con guacamole: servido individuamente sorprende su textura semiblanda que se transforma en un bocado de sabor
. tartar de nopal: láminas de nopal con una buena salsa
. piel de pollo Nole: de lo más sorprendente sobre todo la taxtura de la piel. Servido en la misma parrilla anterior del boqueron ¿?.
. ceviche de pulpo y parmesano: una combinación compleja pero bien armonizada

En el tercer acto:
. uvas yuzu: gran uva que aligera; acompañan un pequeño tubo de ensayo con contenidos líquido que no recuerdo.
. infusión de Dashi: preparada a la vista y servida en una tetera y tazas palaciegas
. citronella tallarinas:: ligera, cítrica, agradable
. wagyu umeboshi: a modo de carpaccio y wasabi natural preparado a la vista. Magnifixo producto
. galtas, miso y yuzu: servido en cazuela y se agradecería una cuchara para recoger todo el caldo reducido que lleva y que merece el pan que nos trajeron en ración más ajustada que la de los platos. Aquí hay que mojar pan.

El cuarto acto:
. bacalao con naranja / campero / pan de higos /Emblanco de espardenyas. Una serie de pequeños bocados en el que alguno recuerdo a StreetXO. Los platos interesante en especial el bacalao que va en un recipiente que en realidad es un papel arrugado.

El quinto acto:
. cordero con papas a lo pobre: corta ración para lo buena que está este cordero. La versión de papas a lo pobre es muy novedosa.
. caldito gitano: servido en copa, un caldo supercaliente (¡hay que avisar!) de los que resucitan

Acto de los dulces:
. ravioli de miel y requesón. estético, contrastado en texturas y sabores
. coco, manzana y toffee. Lo menos estético de todo y puede que lo más sabrosón de todo. De nuevo sabores muy diferentes y complementarios, temperaturas diferentes, un poco de todo.
. chocolate y calabaza: de nuevo dos productos y muchas texturas. Creatividad.
Para ello decidimos acompañar con 4 copas de un Sauternes: Château Raymond-Lafond 2009 Digna compañía.

Cafés finales con unos rollitos de anis sobre la rejilla (la de los boquerones) geniales. Semiblandos porque en realidad están rellenos de un anís con un punto dulce (como un bombón de licor). Genial.

Un local que por la creatividad de su cocina, sus influencias asiáticas y especiadas. sus presentaciones, su vajilla (corrigiendo la repetición de rejilla y algún mármol), nivel de carta de vinos y servicio en sala, más un local emblemático en la ciudad, empieza a cumplir muchos epígrafes para la estrella.

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