Restaurante Al Trapo en Madrid
  

Restaurante Al Trapo

17
Datos de Al Trapo
Precio Medio:
56 €
Valoración Media:
7.5 10
Servicio del vino:
7.0 10
Comida:
8.2 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
7.7 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas:
Precio desde 34,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


17 Opiniones de Al Trapo

Al Trapo es el nombre del restaurante ubicado en el hotel Iberostar Las Letras. Situado en la Gran Vía madrileña, el hotel pretende ser un referente en "alta cocina
informal".

Para conseguir ese objetivo, contó, en una primera fase, con la dirección gastronómica de Paco Morales.

El chef cordobés, aportó su estilo de cocina: muy personal y llena de matices. Pero aunque es cierto que su presencia atrajo expectación y mucha curiosidad entre los aficionados, ansiosos de probar cocinas "diferentes", no consiguió llenar de continuo la sala. Pueden darse diferentes explicaciones, aunque ninguna puede ser única: el entorno demasiado frío, la propia cocina o la desconfianza hacia los "restaurantes de hotel".

Es cierto que los restaurantes de hotel han gozado de una fama negativa basada en el poco interés gastronómico que los hoteles han puesto en ellos, mas parece que hubieran considerado a los mismos como algo que hay que ofrecer, pero esto no es lo nuestro.

Afortunadamente, ese criterio esta cambiando y cada vez son mas los hoteles que consideran esa actividad no como algo marginal y si como una ampliación de su oferta.

El que escribe, salvo error de memoria, pasó en varias ocasiones durante el periodo de permanencia de Paco Morales, y salvo la ultima visita, cuando se decía que sus platos mostraban un ensayo de su, entonces, futuro proyecto, no guarda ningún recuerdo especial de aquellas visitas.

Una vez desligado de este proyecto, marcho para su tierra natal donde abrió su propio restaurante: Noor, actualmente galardonado con una estrella michelin, pero eso es otra historia.

Actualmente, la dirección gastronómica esta confiada al que fuera el jefe de cocina en la anterior etapa: Rafael Cordón, un joven cocinero con bagaje y que asume el reto de llevar a buen puerto el objetivo principal del restaurante.

Reto complicado pero que afronta con ilusión y ganas. Dispuesto a ofrecer su visión particular y que como el mismo ha indicado: "La cocina que hacemos en Al Trapo es una cocina informal de elaboraciones cuidadas. Esto se traduce en el uso de productos de primera, con procesos lentos, como salsas de larga cocción, cuidamos los emplatados -limpios y sin adornos que no son necesarios para el plato-. En definitiva, intentamos hacer que el comensal aprecie en el plato todos los olores y sabores primarios a mar, a tierra".

Al igual que en la anterior etapa, en la actual también han habido varias visitas que nos permiten afirmar que el concepto de su cocina esta cada vez mas afianzado.

Cosa diferente es la sala, con la experiencia que nos dan las múltiples visitas, no notamos variaciones, sigue con un alto nivel de atencion, cordialidad y bien hacer. Personal joven con una atención muy profesional, saben llegar al comensal sin agobios y contribuyendo a crear una atmósfera muy agradable.

Presenta una carta de vinos, variada, correcta, aunque sin variación en sus referencias, lo cual limita si vas con mucha frecuencia. Este capitulo lo hemos resuelto con un Lapola, un godello de la DO Ribeira Sacra, bien posicionado en la guia Parker.

La carta "solida", por cierto con indicación de fechas de comienzo y final de la misma en el ángulo superior izquierdo, se distribuye en Entrantes; A golpe de remo; Para carnivoros y Pequeños delitos.

- Aperitivo: Mantequilla con albahaca, menta y cilantro. Comienzo de los mas clasico, al que la presencia de las diferentes hierbas aportan notas de frescura.

- Airbags de ensaladilla rusa, pimiento asado y ventresca de bonito. Varia el contenido respecto a la anterior etapa. Interior muy cremoso y muy bien de sabor. Particularmente aprecio mas esta versión.

- Vieiras soasadas con vinagreta de maracuyá y pimienta espelet. Un platazo, la calidad de la vieira, su tratamiento y el contraste con las notas de la maracuyá hacen un plato de nivel.

- Menestra de verduras con velo de tocino ibérico y escabeche vegetal. Verdura al dente, buena armonía con las finas laminas de tocino y un escabeche que pide pan y cuchara.

- Pescadilla a baja temperatura con papas a la importancia y ajetes tiernos. Perfecto punto del pescado, unas patatas que tienen poco que envidiar a las mas renombradas. Un muy buen plato.

- Rape asado con pil pil de piparras, cebollas francesas, espinacas y piñones. Soy adicto al rape, lo reconozco. Cuando veo en carta que está presente, no puedo resistir la tentación. Muy tierno y con sabor a rape. Todos los elementos encajan, nada falta, nada sobra. Un plato muy completo.

- Frutas del bosque con yogurt griego y granizado de hierbas. Visualmente es un plato muy bonito. A nivel de sabor es correcto, donde destaca la frescura del granizado.

Con un café con hielo y un te rojo ponemos el punto final a esta nueva visita, que nos permite apreciar evolución y asentamiento en la cocina, unido a una constancia en el buen hacer de la sala. Lastima que, al igual que pasaba en la anterior etapa, la sala no este tan llena de clientes como merece.

Reseña completa y fotos en https://comercongusto.es/al-trapo/

Primera visita de este nombrado local, al que parece que le falta ese empujón definitivo para consolidarse dentro de lo que se considera el top de la gastronomía madrileña. No entraremos a comentar los pormenores de un lugar que se encuentra en una excelente ubicación, de amplios espacios abiertos y de aspecto limpio , si bien algo impersonal, algo cuyas formas no te llevan a asociar a la propia esencia de un restaurante.
Tres personas dimos un amplio repaso a la carta de unos platos que consideramos efectista en su presentación y con unos altibajos que según creemos provienen , en algunos casos, de la indefinición entre una cocina tradicional de fondo y producto con un aspecto contemporáneo en su forma de presentarse. Aunque no por ello reconozcamos que en algunos casos alcanzaron un buen nivel de satisfacción. La sucesión de platillos , que fueron compartidos en su mayoría (la excepción está en la aversión personal que tengo a los productos de casquería, entre otros) quedó de la siguiente manera:
Airbag de ensaladilla rusa con pimiento asado y anchoa
Croissant meloso de ternera, pomelo , hierbas frescas
Empanadilla casera de ternera con tartar de camarones
Tortilla de ajetes, setas , yemas de huevo de corral
Guisantes, huevo y fondo oscuro de ternera
Almejas marineras con aceite de cayena y cilantro
Raya a la brasa con salmorejo, chile, pan negro y rabanitos
Mollejas de ternera asada, setas de temporada, tirabeques y reducción de capón

Castañuelas estofadas con meloso de patata ,colas de cangrejo y pétalos de bacalao

Pluma ibérica a la parrilla, vegetales tiernos

Frutas del bosque con yogurt griego y granizado de hierbas
Café irlandés con azúcar moscovado y helado de nata

El ávido lector sabrá si ha tenido paciencia de llegar hasta aquí, cúales fueron los platos que gustosamente no probé. Como decía unos platos, en algunos casos afinados y con pizca de duende ( raya) otros que conectan con la cocina más tradicional y trabajada ( guisantes) y otros susceptibles de ser revisados por su poca aportación(almejas, tortilla). No se le puede negar el divertimento de formas y combinaciones (empanadillas, croissant). Como digo, comida amena, desenfadada, pero tampoco nos deja una huella imborrable, profunda, como algunos otros lugares que si nos marcan en cierta medida y buscas volver (incluso parafraseando a aquel …”Con la frente marchita…”).

Es probable que uno de los ingredientes que no ayudan a posicionar Al Trapo sea que la carta de vinos necesitaría de un mayor número de referencias, una revisión en profundidad de este apartado , sin duda, le vendría muy bien. Habiendo estado en el Salón de Vinos Generosos optamos por tomar un Lapola y un Lalama servido en copas correctas y a su temperatura.

Cocina amena, divertida, revisable en su búsqueda de una mayor autenticidad e identidad.

Desde la salida de Paco Morales, no visitaba Altrapo. Nunca tuvo el beneplácito atronador del público madrileño sin poder discernir en plenitud las principales razones. Probablemente el frío interiorismo, la cocina de alta personalidad de Morales y la poca disposición para ir a comer a un hotel fueran algunas de las razones. Personalmente siempre disfruté en Altrapo.

Tras mi última visita, se puede decir que la identidad ha disminuido. La unicidad que traía consigo la asesoría del cordobés se ha ido difuminando. Actualmente, Rafael Cordón está en un proceso paulatino de cambio. Es cierto que todavía se degustan ciertas reminiscencias que aparecen en aquellos platos de mayor número de matices, donde la acidez equilibra la potencia del resto de ingredientes. Mientras que la línea de Cordón parece que camina más cercana a la tradición y apegada a sabores más reconocibles.

Del aireado de tortilla se ha pasado al de ensaladilla rusa. Relleno cremoso y ligero para un crujiente fino y etéreo. El concepto no cambia y sigue siendo un bocado bien resuelto y divertido.

Las croquetas de quinoa son un guiño al potencial público vegetariano. Bechamel bien ligada, buen punto de cremosidad, pero de sabor algo tenue.

De los pequeños bocados para comer con las manos, destaca el croissant meloso de ternera, pomelo y hierbas frescas. Se presenta relleno de un sabroso guiso de carne y consigue un acertado equilibrio a través del pomelo y de finos trozos de piparra que aúpan la acidez. Complejo de degustar, armónica mezcla y matices que elevan el punto de frescura del bocado.

La tortilla de setas de cardo guisadas, trompetas de la muerte y ajetes muestra esa cocina de corte más clásico que parece que quiere ampliarse. El guiso de setas y el punto de huevo trabajado por una sola cara son las claves de un plato que resulta goloso y notable.

En cambio, las endivias al carbón con migas crujientes, queso, virutas de ibérico y mahonesa de hierbas verdes resultan deslavazadas. Cada uno de los ingredientes por separado están bien elaborados, pero al conjunto le falta un hilo conductor que engrane los diferentes sabores.

Tras el valle, llegaría el mejor pase de la cena, guisantes, huevo, foie y fondo oscuro de ternera. El hígado se presenta helado y en pequeñas virutas. La verdura prácticamente cruda, consigue mantener su punto aldente, mientras que el resto congenia a través de la salsa del huevo y del sabroso fondo. ¡Olé!

De las almejas en parrilla con caldo dashi, aceite de cayena y cilantro no subscribo la calidad del producto. Variedad japónica que no aporta el sabor característico de la almeja ni esa textura ligeramente gelatinosa que el molusco debe tener.

En esta línea de vaivenes, se presenta la raya a la brasa con salmorejo picante, pan negro y rabanitos. Buen punto el del pescado y acertados acólitos que se nivelan entre sí. La fuerza del salmorejo enchilado se compensa y balancea con la frescura del rábano. Oportuno, acertado. Bocado disfrutón.

De las castañuelas estofadas con meloso de patatas, colas de cangrejo y láminas de bacalao se sacan dos conclusiones. La primera que el estofado y la patata se fusionan de forma síncrona transportándonos a esa cocina más clásica. La segunda que cangrejo y bacalao campan a sus anchas alterando la armonía existente sin mucho aporte adicional. Gustoso.

El recorrido salado llega a su consumación con las mollejas asadas de ternera, setas de temporada, reducción de capón, tirabeques y cebolla encurtida. El lance más atrevido y mejor resuelto. La grasa de las glándulas se armoniza con la cebolla que va encurtida en lima aportando un punto de acidez que casa fantásticamente bien con el resto de ingredientes. El crujiente del tirabeque, la profundidad del fondo. No perdérselo.

El postre es un café irlandés compuesto por un bizcocho de azúcar moscovado, gelatina de whisky, arena de café y helado de nata de caserío. Agradable, amalgama de texturas y temperaturas que otorgan una visión diferente de un postre visto desde una perspectiva más suave en sabor que rotunda.

Despunta el resultado de los fondos, como el oscuro de ternera con los guisantes, el de las castañuelas o capón que afianzan los hilos conductores de los platos. Los guisos como el de setas de cardo son la base de un notable plato como es la tortilla. Mientras otros pases como las endivias y las almejas probablemente necesiten un paseo por el túnel del repaso.

En síntesis, en Altrapo se sigue comiendo de forma notable. La conclusión sigue siendo que el nivel de los platos merece un mayor reconocimiento que el que actualmente tiene. Probablemente haya que buscar una atmósfera más calidad y una mayor cercanía entre los actores de la representación culinaria.

Post completo y fotos en http://www.complicidadgastronomica.es/2017/02/altrapo_febrero17/

COmida: 7,5
Entorno: 6,5
Servicio del vino: 7
RCP: 7,5

Mucho tiempo sin volver por este lugar y la presencia de platos con la misma inspiracion arabigo-andalusi de su nuevo local cordobés, son la excusa perfecta, entre otras, para que cuatro personas, con buen saque, se apresten alrededor de una mesa a probar estas ofertas.

La sala sigue tal como la dejé, fría, anodina, pero con un personal muy atento y profesional. Muy poca afluencia de publico, es cierto que las instalaciones atraen poco, pero la clientela se está perdiendo una muy buena cocina, cada vez mejor.

Carta de vinos sin variacion respecto a anteriores visitas. Correcta, variada, con precios razonables, siempre teniendo en cuenta los precios de la capital. A fin de no repetir referencias ya consumidas en este lugar, nos decantamos por un Lapola, DO Ribeira Sacra, que cumplió su misión holgadamente.

Pasando al condumio, y despues de muchas visitas, sin duda, la de hoy, es la experiencia, globalmente, mas completa de todas. Sabores, presentaciones, combinacion de elementos, ....

Obviamente, en una mesa con quince platos, cabe la posibilidad de que no todos esten a igual altura, digamos que entraria dentro de una cierta logica, y en este caso, esa regla se cumple, no cual no impide reconocer la muy grata experiencia vivida.

El desfile comienza con un agradable aperitivo, compuesto con unas porciones de un sabroso Tomate raff junto con unas tiras de Salchichón y nabo Daikon de muy buen sabor.

Aireados de tortilla española con pimiento verde y anchoa. Un clásico de la casa, que sigue gozando con la aprobación de la clientela.

Bollo preñao de cordero tikka masala y lentejas secas. Variación respecto a la propuesta original cuyo relleno lo era de chorizo. Hoy en su interior lleva una albóndiga, cuyo sabor recuerda a la preparación india del cordero y rematada con una especie de pasta hecha con las lentejas. Buen sabor pero excesivamente grande, incomodo de comer.

Cornete de brandada de bacalao con mahonesa de ajo y perejil. Presentación original, pero excesivamente salado. Con menor presencia de ajo y sal, hubiera quedado mucho mejor.
Por si interesa a algún lector, en el enlace se adjunta la receta: https://twitter.com/altrapofoodie/status/713111159361015808

Mazamorra de almendras, cous-cous de Idiazabal y vinagre PX. Platazo directamente. Delicado, equilibrado, una gozada de plato. Inspirado en la cocina cordobesa medieval.

Boquerones fritos, pomelo, curry rojo y polvo de yogurt. Otro plato para aplaudir. Rico, rico. Nada desentona, el conjunto es perfecto.

Royal de Ramallo de mar, ortiguillas fritas, salicornia y chalota con su fondo. Otro plato de empezar y no acabar. Vaya ortiguillas, perfecta fritura sin perder un ápice de su sabor a mar.

Pichón asado con pasta udon, setas de primavera y salsa de ostras. Bien la carne pero según me cuentan, el exceso de sal mataba el plato.

Mollejas de ternera tostadas con puré de berenjenas a la brasa y yema de huevo de campo. Según me cuentan, era un plato redondo, solo probé el puré de berenjena y me encantó.

Presa ibérica moruna, humus de guisantes y fondo ibérico untuoso. Buena carne y sabor, pero pasada de punto.

Carabinero asado, jugo de su cabeza, emulsión de pimentón, tallarín de calamar y patatas fritas. Platazo, sabores a mar en contraste con unas excelentes patatas fritas situadas haciendo de base. Quiero mas.

Mousse de te verde, helado, pistachos y amargos. Postre ya conocido y que sigue siendo muy agradable.

Chocolate en diferentes formas con avellana y dulce de leche. Postre algo mas convencional, no esa mal, pero no marca diferencias.

Pasión, untuoso de limón, canela y chocolate blanco. Clásica elaboración de esta casa. Postre muy apto para golosos.

Piña asada con cardamomo y merengue. El toque del cardamomo, el contraste con el merengue junto con el sabor de la piña asada, le convierte en uno de los mejores postres disfrutados en lo que va de año.

Fresas con nata, pimienta y vinagre. Junto con la piña, un postre espectacular. Hay que probarlo.

Cafes con hielo y terminamos, pero volveremos.

Si lo degustado hoy, es solo una muestra de lo que nos espera en su nuevo local cordobés, habra que ir reservando mesa. Pero yá.

  • Piña asada con cardamomo y merengue.

  • Fresas con nata, pimienta y vinagre

  • Royal de ramallo de mar, ortiguillas fritas

  • Carabinero asado, jugo de su cabeza, tallarin de calamar.

  • Mazamorra de almendras, couscous de idiazabal y vinagre PX

  • Cornete de brandada de bacalao, cordero tikka massala y lentejas secas

Después de un año, mi chaval nos pidió volver a este restaurante que tanto nos gustó durante nuestra primera y único visita. Nada parece haber cambiado, por lo que no me repetiré al evaluar sala o servicio (local un tanto frio compensado por la calidez y atención del personal). Sí que debo decir que me desconcertó bastante el hecho de que la carta apenas haya variado en un año (¿motivada por la ausencia de Paco Molares?), lo que resta puntos a la hora de considerar más visitas a corto plazo.

Como detalle de la casa, una crema de puerros muy rica, con la particularidad de que se hace a partir de puerros asados.

Servicio de pan con un único tipo de pan negro muy bueno.

Entrantes:

- Aireados de tortilla española con pimiento verde y anchoa: Nos sigue gustando este clásico.

- 3 x Bollo preñao de chorizo con huevo de codorniz y huevas de trucha: Un fijo en la comanda indiscutible.

- Rollo Vietnamita frito con hierbas frescas y tartar de navajas: Nos gustó su delicada masa rellena de carne y verduras. El tartar de navajas se presenta sobre el rollo y apenas tiene protagonismo. En cualquier caso, bien.

- Mollejas de ternera tostadas con puré de berenjena a la brasa y yema de huevo de campo: Bien pero no entusiasmó debido a que las vísceras, ligeramente rebozadas, nos resultaron algo pasadas de punto y harinosas. Además el plato llevaba unas láminas de champiñones deshidratados.

- Chantarelas salteadas con fondo de carne y bechamel: Sigue resultando un plato muy equilibrado y resultón.

Segundos:

- 2 x Pichón asado con pasta udon: Para nosotros, el plato referente de esta casa. Sigue estando a buen nivel, tanto el punto de la pasta como de la carne, pero este año nos resultó demasiado “sabroso”, dado que la salsa que llevaba se prepara con los “interiores” del ave.

- Brioche “La France” con papada, cacahuetes y teriyaki: Impecable su ejecución.

Postres:

- 1 x Mousse de té verde con su helado, pistacho y amargos: Un postre muy bien presentado y agradable de comer. Mejor el delicado helado de té que la mousse, algo pesada. Presentado con unas frambuesas sobre unos daditos de bizcocho de chocolate.

En cuanto a la carta de vinos, lamentablemente sigue siendo muy corta, aunque se mantiene el interés por vinos actuales y a precios no especialmente abusivos. Tomamos un agradable Lalama 2011 de la Ribeira Sacra (27€), servido en buenas copas y a temperatura adecuada. Atentos a rellenar sin agobiar.

Sin detalles en la sobremesa.

Precio total: 172.30€ (inc. IVA, botella de vino, una caña, un refresco, una copa de fino La Panesa a 6€ y una botella de agua de 50cl a 4€). No cobran pan y/o servicio

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría un entrante, un segundo y postre, sin bebidas.

Restaurante de apariencia informal y “abierto” visualmente a la calle, que puede dar lugar a equívocos de lo que se ofrece en su interior (dos señoras se levantaron nada más ver la carta), en cualquier caso, hacía tiempo de que queríamos conocer las propuestas de Paco Morales, y no nos defraudaron.

Servicio de sala muy atento. Carta de vinos no muy amplia, pero posibilidad de recurrir a copas en propuestas nada habituales, recurrí a una generosa copa de Ribeira Sacra, LALAMA de Bodegas Dominio do Bibei, con 90% Mencía y 10% Garnacha, Brancellao y Mouratón. Muy buena (botella recién abierta a temperatura perfecta).

Tiempos de espera cortos, me atrevería decir que acelerados (a todo trapo…), pero en consonancia con la propuesta informal del restaurante. En cuanto a lo pedido y/o recomendado:

Con el “aireado de tortilla española con pimiento verde y anchoa” se consigue el efecto perseguido, pero me esperaba algo más. Tal vez la temperatura (algo fría) del conjunto no acompañó.

“Cornete de brandada de bacalao con mahonesa de ajo y perejil” propuesta sencilla pero muy efectiva. El conjunto funciona. Muy bueno.

Las “cocochas de bacalao y patatas en salsa verde”, realmente espectaculares. La salsa verde a modo de sopa o crema liquida: deliciosa y sublime (la terminamos a cucharadas), los trocitos de patata cocida acompañan (me atrevería a decir que hasta molestan), y las cocochas realmente buenas. Un conjunto y propuesta de 10.

“Chantarelas salteadas con fondo de carne y bechamel”. Esta propuesta no admite dudas, ingenioso, sabroso y muy bueno. Veo que lleva mucho en carta y no es de extrañar.

Para terminar una sorprendente e ingenioso “presa ibérica moruna, hummus de guisantes y fondo ibérico untuoso”, de nuevo todo el conjunto funciona. Se presenta el plato sobre hoja japonesa (no recuerdo el nombre) para intentar formar rollitos con la misma al estilo asiático…, la potencia de la hoja combina de maravilla con la presa. Muy bueno.

Terminamos con un “mousse de té verde con su helado, pistacho y amargos”, dependiendo de la textura del helado, gran intensidad. Los acompañantes: pistachos y amargos de 10.

Casi año y medio desde la anterior visita, -demasiado tiempo hemos dejado pasar, es cierto- , volvemos a girar visita a este lugar.

Algunos cambios en el tema comercio, cosa logica por otra parte, dado que una de los fuertes de este lugar es tener basada su cocina en los productos de temporada; pocos cambios en el tema bebercio, la carta es similar a la que ya conocia. En este capitulo, hemos optado por un Avancia Cuveé de O, Godello interesante.

En el capítulo de sala, se aprecia evolucion muy positiva. Ya desde la entrada, viendo la profesionalidad y buenas maneras de la persona que te recibe, sientes como que te vas a encontrar muy comodo, y efectivamente, todo el tiempo que hemos pasado aqui, hemos disfrutado de un servicio de sala, joven, preparado, atento, explicando los platos y con muchas ganas de agradar.

Hemos comenzado con un aperitivo compuesto de una ensalada de tomate, pepino, piparras, crema de queso y crema de anchoas, refrescante

- Aireados de tortilla. Ya un clasico de la casa. ¿Que voy a decir de esta propuesta que no esté dicho ya? Pues eso, que sigue estando tan bueno como lo recordaba.

- Calamarcitos salteados con su fondo, coliflor en royal y pure con jugo espumoso de pimienta negra. Plato tecnico, bueno plato no, platazo.

- Pez espada con fondo marino, mahonesa de azafran y fideos negros al ajillo. Otro platazo como el anterior. Que fondo, que contrastes de sabores. Quiero mas.

- Chantarelas salteadas con fondo de carne y bechamel. Otro plato que denota el crecimiento de este cocinero. Delicado, texturas, sabores, ....

- Presa iberica moruna, hummus de guisantes y fondo iberico untuoso. Hacia mucho tiempo que no tomaba una presa iberica tan tierna, y ello sin hablar del hummus de guisante, del que habia leido comentarios, que una vez comprobado in situ, debo afirmar que dichos comentarios se han quedado cortos. Muy rico.

- Frutos rojos con remolacha y regaliz. Super refrescante.

- Mousse de te verde con su helado, pistachos y amargos. Intenso sabor a te, buen cierre de comida.

Cafes con hielo, sin petit fours no chupitos, ponemos punto final a esta visita.

Respecto a la anterior visita, apreciamos una evolucion positiva de la cocina y un cambio de aires en la sala que nos satisface, aqui hay que volver y no dejar pasar tanto tiempo entre visitas.

Al Trapo era una dirección que teníamos pendiente de visitar dadas las buenas referencias obtenidas e igualmente el por el buen concepto que siempre destilan la cocina y el trabajo de Paco Morales, indudablemente uno de los jóvenes cocineros españoles más talentosos. Local situado en los bajos del Hotel de las Letras, amplio y luminoso, con un interiorismo moderno y cálido, mesas cómodas y bien separadas, buena vajilla y cristalería, con poco nivel de ruido, se está a gusto. Acudimos un viernes a mediodía y comedor a medio gas.

Carta de platos bastante completa y dividida en varios apartados, haciendo más cómoda su lectura, no resulta complicado encontrar una serie de raciones para compartir que nos satisfagan y así nos diseñamos nuestro propio menú degustación. La cocina es moderna y multicultural, con distintas influencias y el sello propio de su autor. Tomamos los siguientes platos:

Cocochas de bacalao a la romana, con puré de patata primaveral y sopa fría de esparrago blanco (16 €): comenzamos con estas delicadas cocochas muy bien rebozadas con su puré y una copa aparte con la crema de espárragos. Bastante bien.

Rollo Vietnamita frito con hierbas frescas y tartar de navajas (14 €): el mejor plato de la comida, mezcla de sabores nítidos y perfectamente conjuntados, recordando un poco al mejor Streetxo.

Colmenillas salteadas con fondo de carne y bechamel (16 €): nos encantan estas pequeñas setas primaverales, aquí tratadas con una suave besamel y con ese fondo sustancioso del caldo de carne. Nos gustaron.

Tartar de solomillo de ternera aliñado con helado de mostaza y salsa de pimienta negra (16 €): impecable presentación y aspecto pero no preguntaron por el nivel de picante deseado. Se pasaron mucho y tuvieron que retirarlo. El siguiente sin picante, mucho mejor. Hay que preguntar siempre, no todos toleramos el picante.

Pato asado en horno de carbón, verduras crocantes, coco y curry arábigo (18 €): un correcto magret de pato en su punto y bien jugoso, rico pero que tampoco sorprendió.

Bizcocho molasses, helado de plátano caramelizado, crumble de café y granizado de ron (7,50 €): postre muy completo como supone su enunciado, con todos sus elementos en perfecta armonía y balance. Muy bueno.

Chocolate en diferentes formas con avellana y dulce de leche (7 €): segundo postre que para chocolateros como nosotros supuso toda una declaración de intenciones. Gran final. Siempre son gratificantes los sitios que cuidan los postres.

Así pues, estamos ante una cocina de corte moderno y actual, buen producto, frescura en las realizaciones, múltiples influencias y presentaciones impecables, quizá falte un poco de regularidad pero en general nos gustó la propuesta gastronómica de esta casa con una carta amplia y muchas posibilidades de jugar con los diferentes platos.

Otra cosa es el tema del vino, aspecto fundamental para nuestro disfrute. Carta demasiado exigua y poco atractiva, como siempre nuestra primera opción es Champagne pero tienen pocos y son demasiado caros (ej. André Clouet a 52€). Descartados. Vemos el Fino La Panesa a buen precio (39 €), pero no lo tienen. Segunda opción el Chablis de Grossot. Nope. Nuevo intento con Lapola. Agua. Se disculpan con que están cambiando la bodega, pero esto no es de recibo. Al final tenemos que comer con un simplemente correcto Avancia Cuvée de O 2013 (21€), un godello de Valdeorras comercial y apañadito. El vino llega caliente (no está conservado en cavas climatizadas) y no alcanza su temperatura hasta pasado un rato. Igualmente pedimos un par de copas de Manzanilla La Guita de aperitivo pero con el mismo resultado, demasiado atemperadas.

Todo esto nos lleva a una conclusión de un tema que nos preocupa y es que si bien cada vez hay más cocineros jóvenes que están haciendo las cosas satisfactoriamente con propuestas sumamente interesantes, cierto es que su interés por el vino en muchos casos es bastante nulo y resulta una pena porque una cocina que tiene buenos detalles al final pasa sin pena ni gloria si no podemos disfrutarla con vinos a su altura. Por lo menos, el servicio de mesas sí que nos pareció atento pese a los errores con la temperatura del vino y del picante, incluso sabiendo de los errores tuvieron el atento detalle de invitarnos a los postres.

En resumen, lo cierto es que salimos un poco con sensaciones agridulces de este restaurante, buen local amplio y espacioso, cocina con algún altibajo pero satisfactoria, respetando los fundamentos tradicionales y guiños a una modernidad bien entendida pero con una deficiente oferta en vinos que hace que de momento no nos planteemos una nueva visita. La RCP en cualquier caso nos pareció buena teniendo en cuenta la localización del restaurante. Recomendable si no le dan mucha importancia al vino.

  • Colmenillas salteadas

  • Rollo Vietnamita frito

  • Cocochas de bacalao a la romana

Tras una interesante cata de tintos de Gonzalez Byass y dada la proximidad a la sede, habiamos reservado aquí para picotear algo ya que al final de la cata siempre hay mas que picoteo.
Por telefono me habian comentado que no tenian sitio y que nos podian poner en el bar. Finalmente no nos pusieron en el bar sino en las mesas de la entrada ya que el comedor ( si se le puede llamar asi a este espacio) estaban totalmente ocupado por una celebracion de cumpleaños. Esto hizo que el ambiente y ruido eran por momentos insoportables… mala suerte tuvimos.

En cuanto al local, ya descrito, diré que no me gustó nada. Pero para gustos los colores.

Nos entregaron los papeles de la carta y vinos y muy diligentemente nos tomaron nota. El servicio es correcto y rapido pero sin agobios.
Como ya digo que no teniamos mucha hambre compartimos:
• Aireados de tortilla con pimiento y anchoa. De 10.
• Bollo preñao de chorizo con huevas. Notable alto
• Brioche de papada. No nos dijo nada. Lo pero EMHO
• Pichon con fideos udon. Aquí subió el nivel a un notable alto.
No tomamos postre y si un café y acompañamos con una botella de La Locomotora a 19€ que nos gustó bastante.

En resumen, originales presentaciones y combinaciones. No estamos ante La Candela o StreetXo en lo que a innovacion y contrastes se refieren pero hay que reconocer que es un resultado acertado y a un precio no demasiado elevado. Pagamos 68 € por todo.
No repetiria pero si lo recomendaria. Penaliza la valoracion mi puntuacion del entorno que ya he dicho que no me gustó nada el local

Como colofón, al menos para los que nos íbamos a casa a la mañana siguiente, nos reservaban una magnifica y sorprendente cena, desde aquí agradecer a fernando y a Isaac este fin de semana perfecto en lo gastronomico y en lo que a la compañía se refiere.

Local enfocado a lo gastro, muy de moda en la capital, increíble la cantidad de buenos locales que tenemos en la capi.

Moderno, juvenil y mágico en lo gastronomico, la verdad a mi me sorprendió mucho.

Aireado de tortilla española con pimiento verde y anchoa.
Crema de lentejas estofadas con canela, ñoquis de queso y nieve de foie.
Bollo “preñao” de chorizo con huevo de codorniz, mousse de hongos y huevas de trucha.
Croissant de centolla y mahonesa de Kimchi.
Tortilla de setas a mi manera.
Chantarellas salteadas con fondo de carne y bechamel.
Cocochas de merluza con patatas en salsa verde.
Pichón asado son pasta udón, setas de primavera y salsa de ostras.
El rabo de toro guisado, cañadillas y ñoquis de polenta.
Frutos rojos con remolacha y regaliz.
Maíz cremoso y crujiente con mole poblano.

Todo en correctas y sugerentes porciones, desenfadada y variada vajilla, divertida, como el local, gente joven atendiendo y gente joven en las mesas y un carrusel de sabores, texturas y contrastes.

Fino Especial La Panesa (D.O. Jerez y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda)
Botani Moscatel seco 2012 (D.O. Sierras de Málaga)
Vanidade Albariño 2013 (D.O. Rias Baixas)
Navaherreros Garnacha de Bernabeleva 2012 (Vinos de Madrid D.O.)
Dehesa de los Canónigos 2011 (D.O. Ribera del Duero)
Extremarium Brut Nature (D.O. Cava).

Los vinos acompañaron muy bien a las viandas el cava es uno de mis preferidos en navidades, sencillo y rico.

Un remate más que sobresaliente, en esta ocasión contamos con la atención de Paco Morales y del jefe de cocina y el servicio y toda la velada fueron magníficos.

Lo repito por ultima vez , gracias a los organizadores ya que sin ellos y sus premisas no hubiésemos tenido estas veladas .

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