Restaurante La Bomba Bistrot en Madrid

Restaurante La Bomba Bistrot

Datos de La Bomba Bistrot
Precio Medio:
48 €
Valoración Media:
7.5 10
SERVICIO DEL VINO:
7.1 10
COMIDA:
8.0 10
ENTORNO:
7.4 10
Calidad-precio:
7.4 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Madrid
Localidad: Madrid
Dirección: Pedro Muguruza,5
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas:
Precio desde 35,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)



Opiniones de La Bomba Bistrot
OPINIONES
18

Con las lógicas expectativas bastante altas acudimos a visitar este loca.Mesas bastante juntas, espacio muy bien aprovechado, ambientación muy discreta. Probamos la famosa ensaladilla, estaba más que correcta pero a mi juicio muy fria, demasiado fria.Sin casi dar tiempo a que nos la acabaramos nos sirvieron el arroz abanda.Había leído muchos comentarios sobre los fondos de los arroces de este Restaurante, espectaculares decían...Pues bien, el arroz nos lo presentaron templadito- a los 5 min. estaba frio-, subidito de sal y muy parco en ingredientes- el mini cabracho encima lleno de espinas no lo entiendo-, y muy escaso en cantidad, vamos un auténtico despropósito. A mi mente me vienen recuerdos de arroces memorables, como por ejemplo en Sa Cranca (Mallorca), y éste pues como que no se le parecía en nada. Tomamos un verdejo por copas de cuyo nombre no recuerdo, y un buen brownie, eso sí de nuevo bastante escaso.La atención del propietario me pareció poco profesional y distante. No volveré.

No hemos tardado en volver. Ya salimos con la reserva hecha tras comentarnos Christophe, durante la sobremesa de nuestra primera visita, que iba a añadir a la carta arroz de pichón, así es que no dudamos en recoger el envite.

Como solo ha pasado una semana, describiré lo que comimos en esta segunda visita (en esta ocasión evitamos degustaciones y tiramos por raciones completas). Quizás hemos estado un poco más cómodos al estar al fondo de la sala, más ajenos al paso de camareros y clientes. Christophe siempre atento y con muchas ganas de que todo salga bien.

Comida para tres personas:

- Ración de croquetas melosas de jamón ibérico de bellota: 6 unidades que creo que no defraudarán a nadie.

- Degustación de ensaladilla rusa Mon Dieu: Generosa ración.

- Ración de boletus de nieve: Me tentó Christophe a probar este tipo de boletus de los que no había oido hablar nunca. Preparados a la brasa. Riquísimos aunque nos resultó una ración bastante escasa.

- Butifarra blanca de los hermanos Rovira con pan tomaca: Contundente butifarra, aunque para nada se nos hizo grasienta. Muy buena.

- Arroz de pichón: Veníamos a probar este arroz y por supuesto no nos defraudó. Si acaso, y aunque va por gustos, me hubiera gustado el arroz con un sabor más contundente. Se presentó también en paella y al centro, con alchachofitas frescas, tres muslitos de pichón y una pechuga con la carne firme pero jugosa (digo yo que siendo un arroz de encargo a 23€ + IVA por ración y para tres personas, deberían estar las dos pechugas del pichón).

- Torrija de Baileys con helado de vainilla: Le encantó a mi chaval.

- Paulova: Repetí y me sigue gustando.

Esta vez, como detalle de la casa, nos invitaron a un par de copitas de moscatel MR para los postres.

En cuanto al vino, pedimos un sabroso Atteca 2011 (19€ + IVA)que fue muy bien con el arroz especialmente.

Precio total: 154.30€ (inc. IVA, pan y servicio a 2€ por persona, una botella de agua, un refresco y el vino).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría comer en este local con IVA y servicio incluidos y sin bebidas.

Después de las excelentes experiencias ya descritas por otros foreros, nos decidimos por probar este local situado en un esquinazo acristalado de la zona de Cuzco, autodenominado como bistrot y así hay que valorarlo. Así es que nos encontramos con una casa de comidas muy personal, con aires populares pero moderna y algo bullicioso. Algunos inconvenientes como la incomodidad de los sillones corridos, mesas tan pequeñas y el escaso espacio entre ellas, quedan contrarrestados por la honestidad y entusiasmo de esta aventura gastronómica. En cualquier caso estamos en un bistrot (¿o no?). Disponen también de una terraza cubierta.

Salón con aires sencillos, de reducidas dimensiones y con mucha luz natural: azulejos blancos hasta la mitad de la pared y, por encima, pizarras con ofertas de aperitivos, fotos en blanco y negro y hasta botelleros. Servicio en sala atentísimo y oferta gastronómica muy atractiva que gira en torno al producto de temporada. Quizás los precios nos estén del todo alineados con el concepto de bistrot. Todo ello bajo el control de un cocinero-empresario llamado Christophe Pais que nos resultó muy cercano, comedido y encantador.

La carta como ya he dicho es muy atractiva y simpática, y se centra en productos de temporada. Lo que si nos gusta es que por fin hemos encontrado un local en Madrid con una buena oferta de arroces.

Servicio del pan que consiste en unas rebanaditas de pan blanco y pan negro.

Mientras leíamos la carta, nos tomamos unos originales secretarios de estado (vermouth rojo, seltz y ginebra), que se sirvieron junto a unas aceitunas verdes.

Comida para tres personas:

- De aperitivo de la casa, unos garbanzos al curry de buen sabor pero para nuestro gusto demasiado enteros.

Para compartir:

- Degustación de croquetas melosas de jamón ibérico de bellota: Tres unidades que nos resultaron realmente cremosas y con sabor nítido a jamón.

- Degustación de ensaladilla rusa Mon Dieu: No podíamos dejar de probar este clásico y nos entusiasmó. La generosidad del atún, el agua de los pepinillos y el propio aceite del atún hacen que el resultado sea de premio. Además, el que todos los ingredientes estén muy picaditos o desmenuzados hacen que sea una delicia.

- Ración de boletus salteados con yema de huevo: Perfectos los hongos con ligero sabor a brasa. Este plato parece que nunca falla.

- Degustación de tartare de atún de almadraba: Muy buen tartare cortado a cuchillo que creo que repetiremos más veces. Aquí se prepara con jengibre, cebollino, soja, wasabi y aceite de sésamo.

- Degustación de ceviche de corvina salvaje: Generosos taquitos de pescado con camote (batata), maiz y tomates cherry (me sobran). Excelente resultado: fuertecito y con un deje picantito muy acertado.

Plato fuerte:

- Arroz Berlanga: Nos decidimos los tres por probar este arroz elaborado con productos del cocido: garbanzos, oreja, manitas de cerdo, morcillo y chorizo. Presentado al centro y en paella. Granos de arroz muy sueltos, sin grasa y de potente sabor. Nos gustó mucho.

De postres:

- Torrija de Baileys con helado de vainilla: Torrija generosa, jugosa y caramelizada con soplete. Nos comentaron que se infusiona con nata y vainilla de Madagascar.

- Chocolate: Un brownie clásico con chocolate fundido que entusiasmó a mi chaval.

- Paulova: Un postre elaborado con merengue francés y nata elaborada con vainilla de Papantla. Servido con la pulpa de una fruta de la pasión cuya acidez compensa muy acertadamente el dulzor del merengue y de la nata. Además, trocitos de fresón, moras y arándanos. Me gustó mucho por la mezcla de texturas (crujiente por fuera y cremosa por dentro) y sabores agridulces.

En cuanto al servicio del vino, tienen una carta de vinos bastante corta, pero todos los vinos no nos resultaron muy comerciales y están más o menos de moda. Deberían ampliar su oferta bajo nuestro punto de vista. Precios para nada abusivos (casi x1.5). Nos propusieron, fuera de carta, un Borgoña regional: Domain Daniel Rion & Fils 2011 que cumplió sobradamente (22€ + IVA), servido en unas discreta copas Stölzle y a buena temperatura. Siempre atentos a rellenar.

Precio total: 162.30€ (inc. IVA, pan y servicio a 2€ por persona, una botella de agua, un refresco y el vino).

Nota 1: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría comer en este local con IVA y servicio incluidos y sin bebidas.

Nota 2: Este local nos ha enganchado (aunque la nota no parezca reflejarlo) y ya tenemos reserva para muy pronto.

Seis comensales, lo cual permite probar más platos de la carta. Si hay gente que sueña con ser probador de coches, os puedo asegurar que mi felicidad sería máxima probando platos, uno, otro, otro más, relamiéndome cuando se pueda, gozando, haciendo disfrutar al paladar, imaginando cómo se podría mejorar, recordando sabores, rememorando momentos

Comenzamos con unos calamares a la romana, que para mí son rabas, ya que solamente vienen enharinadas. Cefalópodo muy fresco, buena fritura, recomendable.

Seguimos con unas almejas al natural, también llamadas en el norte a la sartén. Salsa para mojar pan, la pega del plato fue el tamaño del bivalvo demasiado pequeño, que provocaba que éste no estuviera en su punto exacto de cocción. Seguro que fue un descuido puntual, ya que en la Bomba se cuida el producto al máximo.

Pronto se corregiría con la Sopa Biarritz, con mejor sabor que aspecto, con almeja, berberecho, rape, carabinero pequeño, calamar, mejillón de roca, algo de patata y una mayonesa hecha con aceite de cabeza de carabinero. Generosidad marina para una sopa académica de sabor fino, y notable que creemos que todavía estaría aún más buena buscando algún toque que realzará algo más el sabor del caldo.

De temporada, los boletus con yema de huevo, bien laminados, y con el huevo en su punto. A falta de una pizca de sal, lo cual afortunadamente siempre se puede corregir, están perfectos en su realización, y con el huevo resultan una combinación eternamente ganadora.

Pasamos a degustar de dos tartáres, comenzando con el de atún, y posteriormente el de secreto de buey. La verdad es que casi ambos platos se están viendo actualmente en todas las cartas de cualquier restaurante, local de moda, ó lo que sea que se precie. Como si los tártaros nos atacasen. Además a medida que vamos probando más y más, me reafirmo en que el número de aquellos que realmente merecen la pena es limitado, bien por la calidad de los ingredientes, ó por las proporciones de estos mismos que con bastante frecuencia desequilibran los conjuntos. En los que nos ocupan el del túnido procede de la almadraba gaditana, y se acompaña de jengibre, soja, cebolleta, cebollino, y wasabi, el producto principal realmente realzado a través de los secundarios. Buena ejecución. En el carnívoro, se nota el corte a cuchillo, lo cual desde nuestra opinión es básico, se echa a faltar una preparación más personalizada del mismo, pero por otra parte entendemos que eso hay que pagarlo.

Si se visita esta casa, es obligatorio dejar cierto espacio estomacal para los arroces. Como más clásicos el abanda, y el negro, también el meloso de carabinero, y en un punto más innovador el arroz del maestro Berlanga realizado con las carnes que se utilizan para el cocido. En un día de sol en Madrid, de esos de los últimos de verano, nos debíamos decantar por un arroz seco, y elegimos el abanda con tropezones de gamba y calamar, y un fondo de los que te hacen levitar. El arroz provoca compartir, celebrar, ser cómplices entre los comensales; lo cual normalmente ocurre siempre y cuando el arroz esté bueno, y se puede dar fe que Christophe los hace muy buenos. Su perfeccionismo en los caldos se nota en cada uno de los granos, y esa es la gran clave de su éxito arrocero.

Debido al número de comensales, pudimos probar cuatro de los seis postres en carta. Melón con lima y jengibre, refrescante, con un acertado nivel de acidez, e ideal para limpiar el paladar. Un acierto.

En el trío de mayor dulzor, destaca la Pavlova con esa combinación entre un merengue elegante y etéreo, y la acidez de la fruta de la pasión, y la maracuyá. Un postre que no cansa, bien equilibrado, y que es un verdadero seguro a la hora de realizar la comanda. También probamos la torrija de Bailey´s con helado de vainilla, y el brownie casero que también viene acompañado por un helado del mismo sabor. Postres de alto nivel de dulzor, que nos parecieron algo menos originales, sin llegar al nivel de la Paulova.

En definitiva, gran arroz, buenos calamares, finísima sopa, y de calidad el producto de los steaks. En los postres destaca la Paulova, un nivel por debajo. Servicio atento, y Christophe como siempre a todo, y a todos, trasmitiendo su entusiasmo desbordante. Estamos seguros que La Bomba Bistrot se asentará, primero en su carta, y luego en una paralela que provocarán que los productos de temporada.

Para ver el post completo: http://www.complicidadgastronomica.es/2013/11/la-bomba-bistrot-mon-dieu-que-arroz/

Tras la buena impresión del pequeño local de Chueca, la BOMBA BISTRO confirma y mejora las expectativas de un concepto moderno, buen producto y buena elaboración.

La idea es similar a la de Chueca pero adaptado al entorno.
Servicio adecuado, con un exceso de rapidez en el servicio, con atención e información sobre el producto de la carta facilitada por el propio Christophe Pais al final del servicio.

La carta de vinos es amplia e interesante. No pude resistirme a un ABADIA RETUERTA 2009.

Como entrantes: Fantástica la ensaladilla rusa, muy bueno el tartare de atún de almadraba (espectacular), todo ello acompañado por una magnifica ensalada de tomate.

Como plato principal el arroz abanda. Cumpliendo las expectativas aunque un poco frio por el exceso de rapidez en el servicio. Me reitero en el comentario del local de Chueca: “con gambas, calamar y un espectacular cabracho tempurizado. Se aprecia un gran trabajo con el fumet por lo que el sabor es excelente.”

Local de moda para repetir.

Local con ventanales abiertos, terraza de lo más agradable que pueda haber para una noche. La visita fue una de las recomendaciones de nuestro compañero EuSaenz.

Mientras nos acomodan, nos ofrecen tomar unos aperitivos:
- 2 finos ( tío pepe)

Luego se acompañaría la cena con un Markus Molitor Riesling, algo curioso ( para mi), con una entrada en boca muy dulce con aire de espumoso.

Comimos:

- Aperitivo de la casa: garbanzos sobre crema de curry, DELICIOSOS, son un enamordo del curry.

- Ensaladilla rusa, muy buena por eso le han dado un premio, jiji
- Croquetas de jamon, cremosas, muy buena y con tacos de jamon.
- Tartar de atun, con cebolleta, cebollino, soja, jengibre y wasabi.... algo subido de sabor para la gente, para mi perfecto.

- Brownie casero, con chocolate fundido, de los mejores que he tomado.

Creo que la cena fueron unos 80€, eso si creo que el vino estaba algo subido de precio 25€.

Espero volver a visitarlo para probar esos los arroces.

Comida en LA BOMBA BISTROT. Animados por la buenas críticas que cosecha este restaurante desde su apertura, nos acercamos a probar. Han abierto hace mes y medio y se nota, está todo nuevo, limpio e impoluto. Enclavado en la calle Pedro Muguruza, cerca de Plaza Castilla, en una zona residencial muy tranquila. Decoración moderna y conseguida, ambiente acogedor. Grandes ventanales y terraza que debe ser muy agradable por las noches. 2 personas. Como aperitivo de la casa nos pusieron una vichessoise bastante buena. Nos decidimos por los clásicos de la casa. De entrada “Trilogía” (croquetas, ensaladilla y butifarra), la ensaladilla y las croquetas buenas, pero destaca sin duda la butifarra, absolutamente deliciosa. De segundo, un arroz a banda, servido en su paella al centro de la mesa, con un ali-oli casero cremoso y suavísimo. El arroz en su punto, con un fondo de pescado extraordinario, irreprochable, de los mejores que hemos comido. De postre Pavlova a compartir. Se trata de un postre hecho a base de merengue, con moras, arándanos, fresas y fruta de la pasión. A pesar de lo que pudiera parecer, nada empalagoso, con una textura suave que nos dejó un delicioso sabor de boca para terminar el festín. Chupitos digestivos de licor de cerezas del Jerte invitación de la casa. Carta de vinos muy completa. Pedimos un blanco de Godello de Valdeorras Casal Novo 2012, que maridó perfectamente con la comanda. Buena disposición de las mesas, mantel de hilo y servilletas de tela. Servicio profesional y atento. Menaje de calidad. La cuenta ascendió a 81,60 euros, que nos pareció un precio muy razonable para la calidad del condumio y la atención recibida. Sin duda volveremos y lo recomendaremos.

Erase una vez un bloguero (Christophe Pais) que tenía un blog que se llama No se le puede llamar cocina. La web era visitada por miles de visitantes por las crónicas de los restaurantes visitados y en mucha mayor medida por las didácticas recetas en las que que se mostraban: arroces, aves, carnes,…Lectura que enganchaba fundamentalmente por el conocimiento, el empeño y la pasión de rozar la perfección en cada una de sus elaboraciones caseras.

Ese entusiasmo se ha trasladó en un primer lugar al Rice Bar La Bomba del que dimos buena cuenta aquí, y ahora continúa con la apertura de un hermano mayor, la Bomba Bistrot, con mayores pretensiones. Propuesta basada en una materia prima excelente, y en elaboraciones sencillas que no fáciles, pero sobre todo analizadas, estudiadas, detallistas.

Agradable emplazamiento para las noches de verano tanto en el comedor interior que abre sus ventanas a la noche madrileña, como en la terraza equipada con esos cada vez más frecuentes chorros de agua vaporizada.

Tras un “secretario de estado” (Vermouth, seltz y ginebra) que entona, afrontamos le cena con una de las novedades de la carta el tartare de secreto de buey. Corte muy poco habitual para este tipo de preparación, donde suele prevalecer el solomillo. Seccionada en el momento, esta pieza aporta veta, mayor infiltración de grasa, y por tanto jugosidad. Preparación donde destaca un gran foco en el producto, un steak tartare para verdaderos carnívoros, donde el resto de ingredientes actúan como verdaderos secundarios. El pan asado sobre leña de encina le aporta en nuestra opinión demasiado toque ahumado, lo cual tiene sencilla solución, comerlo solo.

Mientras esperábamos el arroz tuvieron la gentileza de deleitarnos con unos trozos de la butifarra de los hermanos Rovira. Palabras mayores, de la suculencia a la potencial gula.

A continuación, uno de los clásicos de la Bomba Rice Bar que también tiene su presencia en el bistrot, el arroz meloso de carabinero en caldero. De gran nivel el fondo realizado con rape, merluza, gallos, chirlas, y las cabezas de los carabineros a baja temperatura para conseguir una limpia infusión que aporta el alma sápida a la composición. Generoso fondo en materia prima que se comporta como hilo conductor de un arroz tipo sénia que destaca por tener una gran capacidad para absorber los sabores de otros alimentos. Cremosidad en el grano. Generoso perol que provoca que se puedan comer dos platos casi enteros por persona. Seguramente estamos ante uno los lugares destacados para comer un arroz en la capital.

Y en la parte dulce, la famosa Paulova, postre que toma su nombre de la bailarina rusa, Anna Pavlova. Merengue, nata con vainilla, fruta de la pasión, grosella, mango. Crujiente y cremoso en texturas, dulce y ácido en sabores. Postre efectivo, un seguro para los diferentes paladares, ya que mantiene ese perfecto equilibrio dulce-ácido.

Y hasta aquí nuestra experiencia en la Bomba Bistrot; dada la pasión de Christophe tanto en la selección del producto como en el pormenor de las elaboraciones estamos seguros que se puede recorrer la totalidad de la carta sin posibilidad de error.

Post compelto con fotos: http://www.complicidadgastronomica.es/2013/07/la-bomba-bistrot-cuando-la-pasion-guia/

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