Restaurante La Sopa Boba en Alpedrete
  

Restaurante La Sopa Boba

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Datos de La Sopa Boba
Precio Medio:
43 €
Valoración Media:
7.7 10
Servicio del vino:
7.3 10
Comida:
7.9 10
Entorno:
6.6 10
Calidad-precio:
8.8 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 28,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante La Sopa Boba Gin-tonic de ginebra artesana con rosa hibiscus y tónica de roiboos La Sopa Boba Sardinas marinadas y ahumadas, con guacamole La Sopa Boba en Alpedrete Detalle suelo

5 Opiniones de La Sopa Boba

Comida en la SOPA BOBA de Alpedrete. Llegamos pronto para ver el pueblo, aunque no hay mucho que ver, chalets y urbanizaciones a tutiplén y nada más.

El restaurante está situado en la salida del pueblo dirección Guadarrama, muy cerquita de la estación de tren. Local luminoso en colores claros, y una decoración un poco rara, objetos modernos, antiguos, todo revuelto. Mesas bien vestidas y con una adecuada separación.

Nos toma nota el propio Fernando. No abrimos prácticamente la carta y nos dejamos aconsejar. Tomamos:

Salmón salvaje de Alaska, al humo de café, servido en una cafetera con soja, buen plato y presentación original.

Sardinas ahumadas, servidas en una especie de parrilla con humo de encina. Extraordinarias.

Takoyaki. Buñuelos de pulpo al estilo japonés con mayonesa de yuzu. Mucha masa y poco pulpo. Sólo correctos.

De postre la maceta de chocolate, en el que la tierra se sustituye por chocolate rayado y acompañado por una regadera de maracuya. Buen postre, nuevamente con una curiosa presentación.

Buena carta de vinos con referencias poco vistas. Por recomendación de Fernando pedimos un vino blanco de Cebreros llamado Chass, que al principio nos supo casi a Jerez, pero que fue evolucionando, oxigenándose y afinándose, y acabó estando estupendo.

Pagamos 56,50 € por todo. Destacable relación calidad-precio. En conclusión, la cocina de Limón es buena y actual, nos recordó a Bacira, Triciclo, etc. Si te pilla por la zona es una excelente opción, que se aleja del sota-caballo-rey de los asadores del entorno.

Hay que estar poco cuerdo, y ser muy romántico para tener un restaurante como La Sopa Boba en Alpedrete. Lo mejor es dejarse llevar, abrir la mente y que Fernando Limón vaya sacando los platos que hierven en esa cabeza “loca”. Predispónganse en un estado de mente abierta, y creemos que poco a poco les podrán ir conquistando.

Cocinero hecho a sí mismo. Fantástico, soñador, fiel a esos principios de creatividad. “Crear, no copiar” . En la Sopa Boba se alumbran algunos platos, que será complejo que hayas encontrado anteriormente.

Comenzamos con un carpaccio de atún rojo macerado en caldo de jamón de jabugo con espárrago de mar, naranja, y la “grasa” del propio jamón. Reflexión, conocimiento y juego para un resultado que alberga sabor de pata negra con notas yodadas y ácidas, y una textura untuosa.

El salmón salvaje de Alaska se presenta en una cafetera. Marinado previamente en soja, yuzu, sake y jengibre y ahumado en cafetera con notas de café (se moja café en serrín para luego proceder a provocar el humo). Se acompaña de soja con shiso. Plato con una fuerte percepción inicial olfativa que poco a poco va desapareciendo para ir degustando el salmón. Fresco y elegante.

Se sigue con la anguila teriyaki con foie, kimchee de callos de cordero, y semillas de tomate con salsa shirasa. Sobre ella amago arare (perlas de arroz) que aporta crujiente. Combinación donde los elementos preliminarmente no integrados encajan teniendo la anguila como eje, y combinándola con el hígado para acrecentar ese punto casi cremoso. Proseguir con el kimchee de callos añadiendo toques amargos, y se finaliza con el tomate que aporta frescor y ciertas notas picantes. Un recorrido de percepciones a través de un solo plato.

A continuación escolar con tomates, lechuga de mar y alga codium. A este pez se le denomina erróneamente pez mantequilla. Se cocina en piedras volcánicas sobre unos instantes alcanzando temperaturas de más de 400º C, de esta forma se consigue un punto muy acertado, ligeramente crudo, sin notarlo excesivamente en su textura, que resulta muy agradable. Se acompaña de lechuga de mar, y alga codium para aportar cierto toques yodados. A nuestro modo este pescado es algo plano en el paladar,y con cierto exceso de notas grasas.

Finalizaríamos con un ravioli de careta de cerdo con cococha de bacalao sobre un fondo de jamón con azafrán. Por una parte melosidad y cierta mezcla de texturas, por otra desde un punto de vista sápido, es el caldo el que lleva la voz cantante provocando un pequeño desequilibrio, reduciendo el protagonismo de las “cocochas”.

En el apartado dulce; Fernando apuesta por una línea divertida y kitsch en sus presentaciones, que encaja en el planteamiento general de sello único, de composiciones dulces donde la estética es una influencia a la hora de crear. En general, por debajo de la cocina salada, pero con connotaciones irreverentes y divertidas que no dejan tampoco indiferente.

Comenzamos con unos bombones rellenos de yuzu que se acompañan de cacao negro e ito touragasi. Dulces, amargos, y más tenuemente ácidos, y picantes. Mejor en sabor que en textura, donde no convence la de la fruta.

Posteriormente la maceta de chocolate con hierbas aromáticas y zumo de maracuyá. Se presenta una maceta y una regadera. Degustamos de forma independiente la maceta percibiendo las diferentes capas del chocolate y un elevado punto de dulce. Al realizar la mezcla, se consigue una textura de mayor cremosidad y además se combinan dulce y ácido formando una pareja que baila, y se acaricia, aunque sean ying y yang, norte y sur, los polos contrarios se atraen. Placentero.

Como reflejo de ese gusto por lo “kitsch”, del intento de Fernando Limón de que el comensal esboce una sonrisa antes de degustar, el perrito caliente. Pan, frambuesa, y mango, de nuevo mezcla de sabores y en este caso también de temperaturas. Cachondo sin más.

Cocina con pocas referencias y sin ninguna frontera, la cabeza de Fernando es un hervidero de ideas y locuras que se van plasmando con mayor ó menor acierto en platos y postres. Fiel al corazón, no ha cambiado su estilo en los últimos años, resultando una propuesta valiente y única en la Sierra Noroeste de Madrid. Merece la pena, acercarse a Alpedrete, y dejarse llevar sin ningún tipo de barreras. La inquietud de Fernando tiene recompensa en nuestro paladar.

La Sopa Boba: Inquietud y romanticismo. Post completo y fotos en http://www.complicidadgastronomica.es/?p=4150

El peculiar y diferente estilo (por decoración y presencia) del restaurante de Fernando Limón en la PRE sierra madrileña es sin duda uno de los sitios más admirados y comentados en los corrillos de la capital…, la causa tras visitarlo puede ser la posibilidad de comer muy buena cocina de autor sin las etiquetas habituales (no es el único sitio) a un precio muy interesante.

El propio Fernando es quien recibe la comanda ajustando la misma a los gustos de cada cliente, para la elección del vino fue el propio Fernando quien nos recomendó un vino de Sudáfrica THELEMA, por supuesto nos negamos en redondo (entre otras cosas por el más que largo tránsito de la caja), pero fue el propio Fernando quien insistió en la elección y donde manda patrón….. El resultado no pudo ser más bueno.

THELEMA es un vino sudafricano 100% shiraz, con 18 meses en barrica de roble francés (80%) y americano (20%), de las cuales un 30% son barricas nuevas, de color opaco, casi negro, en nariz muy aromática y compleja de moras, grosella, regaliz y especias donde la fruta madura se nota presente, una ligera tonalidad de vainilla. Esto es de Internet, mi resumen: es un vino con gran cuerpo y muy bien equilibrado.

Es habitual en la casa comenzar los aperitivos con un bombón helado (archifamoso el de ostras), en nuestro caso se presenta un similar “bombón de sandía”, refrescante, y unas vainas de sojas dispuestas en un pequeño puchero, cayeron todas.

Continuamos con “tartar de ventresca de jamón de toro” servido sobre tosta con unas pequeñas algas en forma de “mini esparrago verde” que adornaba la composición. La presentación, y lo que es más importante el producto y técnica, de 10. Muy bueno.

A continuación las “ortguillas fritas”, muy buen producto con, tal vez, exceso de rebozado, y “chipirones laqueados a mi manera” peculiar presentación acompañada por varios tipos de algo que mejoraban la propuesta.

Como platos principales nos decantamos por un clásico del local “bacalao negro de Alaska” con guarnición de arroz, bambú estofado, setas y algo más, sensacional, y como carne caza de la finca, corzo o gamo, no lo recuerdo, no fue lo mejor de la comida.

Conclusión: servicio cercano y atento, y un precio más que razonable para degustar la creatividad de la cocina de Fernando Limón.

Iniciamos nuestra aventura con mal pie puesto que al pasar la dirección que venía en la página de Verema al navegador, nos llevó a una ubicación que se encontraba al otro lado del pueblo que no es poca cosa, porque los pueblos de la sierra de Madrid se extienden por kilómetros y kilómetros por las numerosas urbanizaciones de sus afueras. Al final tuvimos que llamar al restaurante, explicarles la situación y que ellos nos indicaran cómo llegar :-(

La puerta de entrada es una maravilla de cien años de antigüedad restaurada con mimo, pero esta pieza de anticuario contrasta con el suelo de hormigón pulido a mano en el que se han incrustado todo tipo de objetos, desde una llave antigua a anillas de latas de bebida,
pasando por cubiertos, un broche de la abuela… ¡hasta piezas de scalextrix!!! La curiosa y sorprendente personalidad de Fernando León se respira en cada rincón, en cada cambio de nivel, en el mural de fotos de estilo pop-art... Te puede cuadrar o no pero es sin duda diferente.

Nos traen un cacito de estaño (sí, de esos de cocer un poco de leche antes de acostarse) relleno de habitas de soja naturales (no de lata) como detalle de bienvenida.

De aperitivo pedimos sendos vermouths blancos, no tienen Perucci pero nos piden permiso para preparárnoslo a su manera; les rogamos que así lo hagan y vuelven con un –imagino- Martini mezclado con zumo casero de maracuyá, curioso, muy curioso (me temo que voy a repetir mucho esta palabra) y rico.

Entretanto Fernando vuelve con nosotros y nos guía alrededor de su carta, que como todo lo demás en su restaurante tiene ese punto divertido y chocante en su diseño, resaltando que está escrita a mano. De su estudio obtienes la conclusión de que este chef cocina exactamente lo que le apetece y como le apetece. Me explico:
Hay guiños a cocinas foráneas (canguro, avestruz) sin que sean excesivos, no obstante cuando se enfrenta a las materias primas tradicionales lo hace con una gran creatividad y buscando y logrando efectos en quien la degusta. Se le podría llamar sin duda una cocina efectista descargando al adjetivo de las connotaciones negativas que el mundo del cine le suele adjudicar.

. Aperitivo: (a discreción de Fernando, no fue elegido por nosotros):

* Bombón de melón relleno de anchoa: Nos recomiendan comerlo de un bocado y la explosión que se produce en boca es absolutamente flipante, imposible definir la combinación de la salazón y el ahumado de la anchoa con la dulzura del melón. Simplemente genial.

. Entrantes:

* Sardinas marinadas y ahumadas, con guacamole: Las sardinas son ahumadas en nuestra presencia sobre una suerte de mini rejilla-barbacoa. La marinada aporta ternura y suaviza el intenso sabor de las sardinas, el ahumado las adorna aromáticamente y el contraste de todo ello con un muy logrado guacamole, óptimo.

* Croquetas de calamares en su tinta sobre torta de arroz: Contundentes croquetas con todo el sabor de la tinta y una masa muy lograda, sin ocultar el calamar pero sin que su textura moleste. Divertido acompañamiento de torta de arroz como bandeja, de esas tortas tipo dietéticas mata-hambre ;-)

. Principales:

* Atún rojo con fruta y verdura: Buen punto de plancha para este fresquísimo atún. Quizás el plato creativamente más flojo pero de factura intachable.


* Cordero confitado con humus: Aunque pareciera un plato libanés sobre el papel, al probarlo te despista porque no puedes evitar evocar hasta cierto punto, el sabor del tradicional cordero de Castilla, pero el proceso del confitado le resta pesadez.
La textura ha sido muy trabajada siendo presentado en forma de rectángulo -casi como una barrita de cereales- Se deshace en la boca. El humus suave, sin exceso de sésamo o aceite, es un acompañamiento acertado.

· Postres:

* Hamburguesa de fresa: Tres texturas de fresa diferentes: helado cremoso, taquitos de fruta y láminas finas y crujientes. Cada una tenía un punto diferente de intensidad de sabor y de dulce, lo cual añadía todavía más gracia a las diferentes relieves y la curiosa y original presentación.
Uno de esos platos que hay que tomar.

* Queso de Idiazábal y compota de tomate: Ternura y cremosidad bien emparajedas con la acidez dulce de la compota de tomate. De esos postres que te hacen suspirar…

La Carta de Vinos no es muy extensa y defraudará a quienes esperen gruesos libros con tantas referencias extranjeras como españolas y con una nutrida selección por encima de los 100€.
No obstante cuenta con amplia variedad en zonas de origen y bastantes referencias desconocidas para nosotros. Nos dejamos guiar de nuevo por Fernando que nos aconsejó un rico y potente Shiraz sudafricano: Saxenburg Shiraz Edición Limitada 2004.

·Broche final:Tras los consabidos cafés cortados y llegado el momento del licor o copa, nos acordamos de la recomendación que nos hizo Isaac Agüero sobre los gin-tonics de la casa y a por ellos fuimos.

* Gin-Tonic de ginebra artesana: Nos presentan una copa llena de líquido rosa y un único hielo en su interior, el líquido rosa es la ginebra casera aromatizada de rosa hibiscus y el hielo no es hielo de agua sino de tónica, infusión de roiboos y hierbabuena. Resultado: un gin-tonic suave y muy aromático, diferente a cualquier otro, como todo en esta casa. Si se viene aquí hay que tomarlo.

Pagamos 60,5€ por persona con las dos botellas de vino, los vermouths con maracuyá y los gin-tonics artesanos incluidos, importe en mi opinión más que razonable por la experiencia visual y gustativa que supone ponerse en manos de alguien tan inquieto y especial como Fernando León.

La Sopa Boba te podrá gustar más o menos pero es de esos sitios a los que hay que ir, aunque sea para criticarlo. Podéis ver que ese no ha sido nuestro caso ;-)

Con fotos y algo más de texto lo podéis ver aquí: https://www.verema.com/blog/puck/1007859-restaurante-sopa-boba-hay-que-ir

Día de mucho calor en la capital que coincide con la visita al restaurante La Sopa Boba situado en Alpedrete a unos 45km de Madrid. Allí se ha trasladado desde el 1 de Enero de este año, Fernando Limón. Durante quince años, Fernando operaba con la Sopa Boba en Villalba.

Como aperitivo nos traen un bombón de berberechos en salsa verde. Originalidad, textura, acidez.

Le comentamos a Fernando que nos prepare una especie de menú degustación, y vaya sacando los platos que crea conveniente.
Así que comenzamos con unas sardinas marinadas y ahumadas, acompañadas de guacamole y huevas de vinagre. Presentación imaginativa, con pino y lavanda para dar aroma al servir el plato. Se nota que hay reflexión, análisis a la hora de provocar una buena experiencia. En boca resultan suaves gracias al marinado. Producto que podríamos denominar básico, pero con un gran tratamiento se convierte en un plato diferente y sabroso. Esta es una característica de la cocina, y que la hace grande. Transformar un producto básico en un gran plato; eso es una de las grandes características de la cocina. Muy buen comienzo.

A continuación tartaleta de naranja con buey de mar, cereza deshidratada y germinados. El buey tratado de cara a elaborar una especie de changurro con cebolla, pimiento,…. Nos resultó algo menos sabroso que el resto de los platos.

Sin perder el ritmo pasamos al tartar de atún sobre alga nori con sorbete de yuzu, gelatina de soja, fresa deshidratada, y aceite de oliva en polvo. Plato muy cromático, que entra primero por los ojos. Agradable textura al introducir el atún junto con la gelatina en boca, ya que la de soja rápidamente se convierte en líquido ofreciendo una combinación de sabores agradable y cierta sorpresa.. Plato clásico al que se da unas vueltas más de forma que nos resulte diferente. Recomendable.

Seguimos con uso rollitos de vieiras con panceta. Mar y tierra clásico acompañado de un caldito de verduras con zanahoria muy picada que suaviza la aportación de la panceta.

Y llegan una de las estrellas de la noche, las croquetas de calamar. Con mucho sabor, por la generosidad en los trozos de calamar dentro de las mismas, y por la buena calidad del producto. Invitan a repetir sin duda.

Aunque estemos en Alpedrete, el mar y sus productos está siendo la línea de los platos que estamos degustando. Y sigue así, con el pulpo asado, que se sirve guardando el humo, y presentándolo delante del comensal para que nos impregnemos de los aromas de la madera de haya. Recién hecho, acompañado de cebolleta y espárrago triguero. Textura, punto y presentación perfectos. Para ejecutar esta técnica se utilizan pipas de aire con las que se absorben los humos, y se van incorporando al plato que llega a mesa tapado. Sin duda el plato de la noche tanto por su sabor como por su presentación.

Antes de pasar a la carne, se finaliza este festín de tapas con gamba en rollito de patata con helado de wasabi y soja. Una especie de fish&chips oriental, una mezcla de ingredientes patrios junto con condimentos orientales. Muy agradable, y sencillo de comer.

Una de las características de la Sopa Boba son sus carnes; y en especial las de especies poco comunes por estos lares como el bisonte, el canguro, el antílope. Nos decantamos por este último. La carne llega muy poca hecha como la habíamos pedido, ligeramente marcada. Se trata de una carne sin grasa, de sabor muy suave, por lo que no debe venir acompañada de salsas ó similares. Un sorpresivo final por el tipo de carne, y por su agradable resultado.

En los postres nos decantamos por una hamburguesa de cereza, definitivamente el nombre nos llama la atención, y por una crema que torta del casar con membrillo (ya conocéis mi afición por los postres queseros).

La primera se presenta dentro de una cajita de cartón simulando el empaquetado del plato de comida rápida por antonomasia. Se trata de cerezas, deshuesadas y picadas en trozos muy pequeños para luego marinarlas en un licor de la misma fruta. Se acompaña de un helado de fresa y galleta. Postre creativo en todos los aspectos. Liviano, fresco, agradable, divertido.

La crema resulta ser un postre “salado”, otra forma de tomar torta del casar. Contundente en sabor, lo cual nos dice que no se ha escatimado en torta a la hora de cocinarlo. Para amantes del queso.

Comentamos con Fernando mi gran predilección por los quesos, y nos trae un helado de queso de Idiazábal con papaya, ésta le aporta un buen punto de acidez, además de suavizar el conjunto. El helado realizado con leche también de oveja. Excelente final.

Nos hemos encontrado una cocina bastante ecléctica con toques mediterráneos y orientales. Pero que si tienen un denominador común en la originalidad y la creatividad en las presentaciones, en los acompañantes de los platos y en sus texturas. Es evidente, que se quiere dar siempre un pasito más, una vuelta de tuerca para convertirlo en una propuesta diferente.
Una cocina original, creativa sin renunciar al sabor, en la Sierra de Guadarrama que merece la pena conocer. Volveremos.

Para ver la entrada más completa visitar http://www.complicidadgastronomica.es/2012/07/restaurante-la-sopa-boba-cocina-eclectica-y-creativa-en-la-sierra-madrilena/

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