Restaurante Cañadio Madrid en Madrid
  

Restaurante Cañadio Madrid

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Datos de Cañadio Madrid
Precio Medio:
45 €
Valoración Media:
7.2 10
Servicio del vino:
6.4 10
Comida:
8.3 10
Entorno:
6.8 10
Calidad-precio:
7.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Barrio de Salamanca
Dirección:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 20,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante Cañadio Madrid Tarta de queso casera Cañadio Madrid Rabo de vaca con mollejas y puré de patata trufada con una guarnición de patatsa fritas y pimientos de Padrón Cañadio Madrid en Madrid Callos receta de mi hermana Elena (media ración) Restaurante en Madrid Solomillo buena mujer con puré de patata y setas (media ración) Restaurante Cañadio Madrid Niscalos y perrechicos Cañadio Madrid Pimientos asados Cañadio Madrid en Madrid Tarta de queso Restaurante en Madrid Albondigas de bonito y calamar Restaurante Cañadio Madrid Pochas con bacalao al pilpil Cañadio Madrid Ensalada de tomate de Cantabria, bonito escabechado con fondo de salmorejo Cañadio Madrid en Madrid Rabas de calamar Restaurante en Madrid Bocartes Restaurante Cañadio Madrid Tarta de queso Cañadio Madrid Hamburguesa de bonito

24 Opiniones de Cañadio Madrid

Ya que no se incluyen comentarios desde hace dos años, aprovecho para reconfirmar que el Cañadio en Madrid ofrece una cocina muy bien elaborada, y es un restaurante con mucho éxito y ambiente.

Dicho eso, también que es un restaurante de platos caros, donde es difícil comer por menos de 40 euros.

Pero...tiene platos muy conseguidos, como las alcachofas en salsa verde con cocochas, los buñuelos de merluza, el tartar de atún. Entradas clásicas como las rabas o el puding de cabracho. Muy buena cocina, en platos siempre por encima de los 20 euros.

Precios contenidos en los vinos. Sierra Cantabria crianza a 18 euros.

Mas de un año después de la ultima visita - ausencia no siempre imputable a nuestro interés, en mas de una ocasión nos hemos encontrado con todas la mesas ocupadas -, retornamos a este lugar y nos encontramos con la misma situación ya conocida. Salas a rebosar, ambientazo, nivel de ruido importante y una cocina de base tradicional muy bien elaborada.

Tan solo un aspecto diferenciador respecto a visitas anteriores, un solo jefe de sala para ambas plantas, lo cual, y a pesar de su interés, hace que en algunas mesas el tiempo de tomar comandas se ha demorado excesivamente, lo cual - es justo recalcarlo-, no ha incidido en el ritmo de sacado de platos.

De la oferta liquida hoy nos hemos decantado por un Antonio Montero Autor. Un blanco joven, DO Ribeiro, elaborado con uvas Treixadura, Torrontes, Loureira y Albariño, con buen historial de galardones. Mas que correcto pero sin llegar a enamorar.

De la oferta solida

- Buñuelo de bacalao y gazpacho de aceituna verde. Aperitivo del día, que sirve de muestra e introducción a la cocina del lugar.

- Rabas. Plato emblemático y que no puede faltar en la comanda.

- Cachón en su tinta con arroz blanco meloso. Mucho había leído sobre la calidad de esta preparación. No diré que esta mala, ni mucho menos, pero no es la versión que mas me satisface. No es mi plato.

- Taco de merluza con pil pil de hongos. Excelente calidad de producto con una salsa suave que deja su huella de sabor sin anular el producto principal.

- Taco de rape con suquet de mejillones. Platazo. Una muy buena combinación de sabores.

- Tarta de queso. Otro clásico para incluir en la comanda. Imprescindible. Poco mas que añadir.

Cafe con hielo, te rojo y chupitos de crema de orujo obsequio de la casa, ponen punto final a la visita.

Aprovechando el buen tiempo, reservamos en la terraza de este local que mantiene su éxito en cualquiera de sus tres ambientes. Se está realmente bien. No estoy muy seguro, pero me pareció que los precios se han "subido un poco a la parra".

Servicio joven y atento. Se echó en falta algún cambio de platos entre los entrantes.

La carta no cambia con el tiempo, aunque por supuesto siempre habrá algún plato fuera de carta y que se canta durante la comanda. Creo que a estas alturas ya va siendo hora de algo más de alegría en su oferta, aunque para eso ya está su local hermano La Bien Aparecida, que no creo que tardemos mucho en conocer.

Cestita con pan aceptable.

Cena para 5 personas:
- Buñuelo de bacalao y chupito de crema de patata trufada (como detalles de la casa): Buñuelo realmente bueno, con una masa muy ligera, gusto nítido al pescado y con la cubierta sin grasa. La crema pasó más desapercibida.

Entrantes a compartir:
- Pastel de perdiz escabechado: Muy cremoso y creo que más ligero de sabor que en otras ocasiones. Presentado sobre una base de salmorejo.
- Rabas fritas: Para mi siguen siendo las mejores en Madrid, aunque en esta ocasión se les fue un poco la mano con el tiempo de la fritura.
- Croquetas de chorizo de Potes: Otro clásico que no falla. Diez unidades muy cremosas por fuera y algo blanda la cubierta. Muy buen sabor.

Segundos:
- Puntas de solomillo con uvas y foie: No me pareció que entusiasmara mucho.
- Bacalao con salsa de pil-pil: Buen taco de bacalao fresco con una salsa muy ligera tipo pil-pil. Gustó mucho.
- 3 x Tartar de bonito: Buena ración de tartar, con taquitos de bonito canario cortados a cuchillo. Bien pero para mi gusto el aderezo era un pelín sabroso debido a la salsa de soja que llevaba. Se presentó con una lágrima de pimientos de piquillo y ensalada de algas.

Postre:
- 5 x Tartas de queso: No puedo evitar reservarla en la comanda y empujé a los demás a hacer lo mismo. Riquísima: qué cremosidad ¡!!, qué sabor ¡!!. Un acierto presentarla templadita.

Invitaron a chupitos de orujo y copas de pacharan Baines.

La carta de vinos apenas sin cambios. Una pena una mayor ambición. Pedimos 2 botellas de Ramón Bilbao Edición Limitada 2013 (18.50€ IVA incluido), servido en copas muy básicas. No parece que haya servicio de sumiller en la terraza.

Cuenta final: 307.15€ (incluido IVA, servicio de pan a 2.20€ por persona, las dos botellas de vino, una botella de agua de 1 litro a 3.65€, tres cañas a 3.60€, dos aguas de Vichy de ½ litro a 3.05€ y dos gin-tonic de Martin Millers a 10.20€).

Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría un entrante, un segundo y postre, sin bebidas.

Nueva visita, por aquello de sentar buenas bases para comenzar el año con buen pie.

Como era esperable, aqui se come muy muy bien, y sales con sonrisa de oreja a oreja.

Ya desde el aperitivo inicial (buñuelos de patata y bacalao, y crema tibia de calabaza), la sensacion de disfrute se empieza a notar.

Sube algun peldaño con las famosas rabas y unas explendidas anchoas de Santoña con carnosos pimientos asados.

Y sigue con las sabrosas albondigas de calamar y bonito en salsa roja, los escalopines rellenos de jamon y queso de Liebana acompañados con una salsa de patata y boletus para mojar pan, y unas puntas de solomillo con bacon y foie.

Y claro el remate del disfrute llega a lo mas alto con la afamada tarta de queso, de la que no nos cansamos.

Cafes con hielo, chupitos de crema de orujo, carretera y manta y hasta la proxima.

Para la última cena de nuestro periplo madrileño, habíamos escogido, tras leer todos los buenos comentarios aparecidos en Verema, como colofón, al restaurante Cañadio, en el que habíamos puesto muchas expectativas.

Nos personamos en dicho restaurante, situado en el barrio de Salamanca, el miércoles por la noche a eso de las 20h40. Habíamos reservado a las 21 horas, por lo que mientras esperábamos que abriese el restaurante, nos instalamos en la barra para tomar unas cervezas y poder admirar la atractiva exposición de pintxos que estaban diciendo todos cómeme.
La sala del bar estaba llena hasta los topes, tanto la barra como las mesas altas, y debo decir que me entraron verdaderamente ganas de quedarme allí para ir probando todos esos pintxos y raciones que se presentaban delante de mis ojos.
El restaurante tiene dos pisos, se accede por un comedor con la cocina a la vista donde deben haber, si no recuerdo mal unas nueve o diez mesas, y desde allí se sube al segundo comedor, en el que nos habían asignado la mesa. Salita, con una pequeña bodega acristalada, con unas 10 o 11 mesas bien vestidas, para mi gusto un poco demasiado cerca las unas de las otras, lo que conlleva una falta de intimidad y un importante ruido de fondo. Decoración moderna, con predominio del color rojo. Buena vajilla y buenas copas, aunque desgraciadamente no se habían secado tras el lavado y estaban llenas de rastros de agua, como también los vasos... es la primera vez que veo una cosa así en un restaurante.

El servicio merece un punto y a parte, ya que no estuvo en absoluto a la altura. A parte del Director de sala, excelente profesional, cercano y amable, que nos aconsejó para confeccionar el menú en función de nuestros deseos y de los platos del día y que vino a preguntarnos dos o tres veces si todo se pasaba bien y que incluso nos obsequió con una ración de tarta de queso, el resto de personal del piso superior, si puede decirse resto de personal a 1 camarero completamente perdido y a una sumiller que no daba abasto para ocuparse del servicio de mesas y de los vinos. El servicio fue lento, desincronizado, malo (tuvimos que pedir que nos cambiasen platos y cubiertos usados ... etc ) también hubo problemas con cocina que explicaré en su momento. El servicio del vino fue correcto, descorche, presentación del vino, degustación y servicio de cuando en cuando. La carta de vinos es correcta.

Mientras ojeábamos la carta nos sirvieron un aperitivo, invitación de la casa, Salmorejo y buñuelo de bacalao Bueno

Dejándonos aconsejar por el maître, optamos por los siguientes platos :

Entrantes para compartir:

Pimientos asados Carnosos, enormes, gustosos... un excelente plato del dia.

Niscalos y perrechicos con una yema de huevo en el interior para mezclar con las setas. Es la primera vez las comemos así, no estaba mal la mezcla. Otro buen plato del día.

Principales :

Lenguado a la plancha sobre laminas de patata pescado que compartimos MC y yo. Nos preparó el pescado delante nuestro la sumiller, pero pienso que no era su fuerte, mala presentación de los filetes. El pescado era pequeño. Estaba bien cocinado, en su buen punto de cocción, pero los hemos comido mucho mejores.

Solomillo buena mujer con puré de patata y setas Media ración. Perfecto punto de cocción. MC lo encontró excelente.

Callos receta de mi hermana Elena Media ración. Me parecieron suaves y ligeros, fáciles de comer, pero para mi gusto, y esto es puramente personal lo que no influye en absoluto en la calidad del plato, les faltaba algo de alegría, un poco mas picantes y creo que hubiese pedido otra media ración.

Rabo de vaca con mollejas y puré de patata trufada con una guarnición de patatas fritas y pimientos de Padrón Le sirvieron este plato a mi hija completamente frío (un restaurante así no puede permitirse un tal servicio). Tras reclamar que se lo cambiasen, se excusaron y se lo trajeron recalentado. Las patatas fritas estaban buenas, menos mal. No comment.

El pan que acompaño la cena fue muy bueno.

Postre:

Tarta de queso casera Invitación de la casa, mas media ración suplementaria. Riquísima, una de esas tartas de queso que quedan en el recuerdo.

Para beber, tomamos una botella de 1l de Solan de Cabra y una botella de vino blanco (tenia ganas como es habitual en mi de tomar una botella de blanco con crianza, y al preguntarle al sumiller me dijo que lo único que tenían era un verdejo),Tomás Postigo DO Rueda 2011 de Bodegas Tomás Postigo, cepaje 100% verdejo, fermentado en barrica de roble francés y americano durante 7 meses. No estaba muy seguro de mi elección en cuanto al verdejo, pero la verdad es que me gustó, lo encontré muy elegante, sabroso, persistente, largo en boca.

Finalizamos con 3 buenos cafés.

La cuenta ascendió a 50 €/persona. La RCP hubiese sido muy buena si todo se hubiese desarrollado normalmente, pero desgraciadamente no fue el caso. Fue verdaderamente una sorpresa negativa, que en vista de lo leído en la mayoría de comentarios anteriores al mío y si me baso en la esencia y "savoir faire" de la mayoría de los platos que degustamos, puedo deducir que tuvieron un malísimo día. Mis puntuaciones se basan pues en lo que fue y no en lo que pudo ser. Una cosa es cierta, cuando volvamos a Madrid volveremos para validar nuestra opinión, y esperó poder decir que lo ocurrido en esta ocasión fue únicamente un mal trago puramente ocasional.

  • Tarta de queso casera

  • Rabo de vaca con mollejas y puré de patata trufada con una guarnición de patatsa fritas y pimientos de Padrón

  • Callos receta de mi hermana Elena (media ración)

  • Solomillo buena mujer con puré de patata y setas (media ración)

  • Niscalos y perrechicos

  • Pimientos asados

Casi año y medio desde la ultima visita "formal" a este lugar ejemplo del buen comer, y que viendo lo contentos que salimos, todavia no me exlico el porqué no venimos con mas frecuencia.

Sigue como le dejamos, salas llenas, pero todas todas, incluso doblando mesas; servicio cordial, atento, con ganas de agradar; cocina espléndida, rematada en el capitulo de postres, con esa tarta de queso que ya es una de las mas aclamadas no solo de Madrid sino de toda España.

Carta de vinos, variada con buena represntacion de casi todas las DO's, y con precios comedidos. En este capitulo nos decantamos por un Do Ferreiro, un albariño harto conocido que ha acompañado mas que correctamente la ingesta de hoy.

Ingesta que comienza con dos aperitivos: una templada crema de calabacin y unos buñuelos de bacalao, mas que correctos.

Las archi famosas rabas de calamar, tan estupendas como siempre, inician el disfrute, al que le sigue, una ensalada de tomate de Cantabria con bonito escabechado en la casa, sobre un fondo de salmorejo. Muy buena calidad del bonito, sobresaliente de sabor, con el contrapunto de un carnoso tomate. Esplendida ensalada.

Vamos con los principales.

Albondigas de bonito y calamar sobre salsa roja con unos copos de bonito seco. Esplendidas albondigas, textura, sabor, .... , para repetir.

Pochas de Cantabria con bacalao al pilpil. Primera vez que habia, siquiera oido un plato de estas caracteristicas. Conocia combinaciones de legumbres con diferentes productos, pero no las pochas con un bacalao al pilpil, y la verdad es que ha sorprendido muy gratamente. No solo no desentona la legumbre, sino que le aporta un toque muy agradable. Platazo.

El cierre, a nivel de postre y como no podia ser menos, se centra en su famosisima tarta de queso, pues bien, que puedo decir que no se haya dicho ya, pues eso, super rica, adictiva y para repetir y recomendar.

Cafes con hielo, petit fours y chupitos, en plural, de crema de orujo, obsequio de la casa ponen fin a la visita, a la que seguiran mas, espero que con menos distancia temporal.

  • Tarta de queso

  • Albondigas de bonito y calamar

  • Pochas con bacalao al pilpil

  • Ensalada de tomate de Cantabria, bonito escabechado con fondo de salmorejo

  • Rabas de calamar

Ya saben muchos de ustedes que siento cierta predilección por Cañadío Madrid. La posibilidad de disfrutar de un referente de mi tierra en esta ciudad que me acoge, le aporta cierta emoción de la que disfruto plenamente. Varias veces he escrito y lo seguiré haciendo siempre que continúe la transmisión de esos sentimientos gastronómicos que se añoran.

En Cañadío Madrid se cocina desde el gusto, el sentido común y la experiencia. Su culinaria, al igual que las películas de animación infantiles, es para todo el mundo: comidas familiares, de negocio, de amigos,….Pura amplitud gastronómica.

Que importante me resulta comenzar con un aperitivo, que se recorte el tiempo desde el tomar asiento hasta la primera degustación solicitada. Nos traen un pequeño vaso de fondo de pescado y cigala y un buñuelo de bacalao. Un arranque que es toda una declaración de intenciones sápida.

Dejamos que sea cocina quien mande, que sean ellos los que nos vayan sacando diferentes platos. Solo se presenta una condición, dame referentes, que sea capaz de visualizar desde el gusto, Cantabria. Para llevar la contraria, se comienza con un ajoblanco con espárragos y almeja. Refrescante, suave de sabor, y con el molusco ligeramente abierto. Sorprendente por estos lares.

Sin haber comenzado la temporada de bonito del Cantábrico, se pueden conseguir buenos bonitos pescados en Canarias. Se utiliza uno de ellos para formar una ensalada de tomate, salmorejo y bonito escabechado. Destaca el túnido. Equilibrio entre el amargor del vinagre (escabeche) y el ligero dulzor del tomate. Los escabeches son y serán eternos. Técnicas imperturbables.

A continuación, dos de los clásicos de esta casa: Rabas y croquetas de chorizo de Potes. Notables las primeras, calamar fresco en el gusto, pero probablemente con un punto de fritura de más. Las segundas son fluidas, sabrosas y resultan ligeras para ser unas croquetas. De muy alto nivel; no pasan desapercibidas.

Después de las rabas, el momento añoranza llega con unos bocartes del cantábrico rebozados. Eliminando la espina, abiertos en sus dos lomos para lo cual necesitan un cierto tamaño, pasados por harina de forma muy ligera y posteriormente por el huevo. Tras un solo bocado, vuelvo a la cocina de mi madre, donde les degustaba antaño nada más salir de sartén. Auténtico manjar. El disfrute desde la simplicidad.

Sin pausa, el steak tartar. Basado en la receta que Alberto Chicote ejecutaba en Nodo. Como guarnición helado de mostaza verde, papaya y mango. Este último proporcionando cierta untuosidad. El aliño de la carne combina la parte clásica con salsa de soja, mirin, jengibre y chile. Apetitoso, pero fuera de mi pódium. El aderezo enmascara demasiado el sabor de la carne.

Otra pieza de pescado mágica y humilde es la ventresca de bonito. Jesús me comenta que los bonitos “canarios” de unos 5 kg de peso están llegando con una buena infiltración de grasa. Se presenta la ventresca sobre una base de patata machacada y jugo de pimiento rojo. Resulta melosa, habiendo sido confitada y posteriormente marcada. El jugo y la patata resultan perfectos para “descargar” parte de la grasa. Bocartes y bonito, el cantábrico se escribe con b. Delicias del mar.

El clasicismo arropado con técnica se plasma en una ternera cocinada al vacío y acompañada de su esencia, patata y cebolla. Sabrosa, realzada por su propio jugo. Para mi gusto pasada ligeramente de punto. Destaca la mezcla de la niñez de la patata, la salsa y la cebolla. Un ejemplo que muestra que en Cañadío se aboga por los gustos amplios y universales.

En relación al postre no hay discusión posible. Mi fidelidad es indiscutible. Con el atrevimiento que conlleva, estamos ante la segunda mejor tarta de queso de España. Su cremosidad, su sabor, su temperatura, su teja crujiente, su equilibrio con esa mermelada de albaricoque que aporta cierto amargor. Esta tarta es puro placer culinario; directo, sin necesidad de discursos.

Cocina aparentemente simple, sin necesidad de palabrería y enfocada hacia un paladar estándar. Se conquista desde el sabor y la fiabilidad del servicio.

Algunas veces ocurre que uno se siente en una especie de “exilio”. Desde que me levanto irradio añoranza. Esos días, Cañadío me atrae. Dame rabas, bocartes, bonito, albóndigas de pescado, tarta de queso y seré feliz.

Como siempre post completo y fotos en http://www.complicidadgastronomica.es/?p=5015

Después de una larga temporada sin subir comentarios de Restaurantes, hoy me animo a compartir esta experiencia, todavía con los aromas y sabores en mente y boca.
Entramos y, después de ver el ambientazo de la barra, Carlos nos acomoda en el salón superior, en una mesa desde la que se divisaba toda la sala.

Nos ofrece hacer un recorrido por su cocina, a mí me encanta ese concepto tan auténtico de “denme de comer”, y como mi mujer y nuestra niña eran nuevas en el local, resultaba una opción ideal. Por cierto, la peque se portó como una campeona, apuntándose al menú completo.
Abrimos con unos bocaditos de queso entre láminas crujientes finísimas, sobre una elegante cama de trufa, una vinagreta ligera de miel y tomate que parecía en concassé. Un conjunto excelente, ya se adivinaba lo que nos esperaba.

Seguimos con tartare de atún, helado de piquillo, huevas y alga wakame. Melosidad extrema, conjunción, aromas y un puntito picante que redondea un plato excepcional. En mi opinión, un imprescindible de esta casa.

Frituras de altura: Rabas/Buñuelo de Bacalao/Croqueta de chorizo de Potes. Se empieza por un clásico cántabro, perfectamente ejecutado, para seguir con un buñuelo pleno de sabor, sobre una pequeña cama de ali-oli, terminando con una croqueta excelsa, gran sabor, cremosidad casi líquida, ¿cómo demonios manejan esto en cocina??.

Merluza a la Romana, productazo tratado con sumo respeto, y hablando de producto, excelsa guarnición de ali-oli ligero y un pimiento rojo de Isla que se te saltan las lágrimas.
Punta de solomillo envuelto en bacon, puré de patata trufado, foie y verduritas al dente. Un clasicazo, sí, pero de nuevo producto de altísima calidad y un sentido de la conjunción en el que hasta las verduritas, apenas tocadas por el calor, dan ese frescor y crujiente que redondea un plato absolutamente reconfortante.

Sorpresa final con un Cap i Pota con su pata y morro tersos y en su punto, coronados por yema de huevo y con una salsa elegante en sabor y densa, de toma pan y moja.
Qué decir de la Tarta de Queso de Cañadío, esta vez presentada con helado de canela y mermelada de zanahoria, un postre exquisito. Mis chicas se han quedado embobadas con ella, y mira que han probado tartas de queso…
Para calmar nuestro vicio por el chocolate, un coulant con aceite a la naranja y cristales de sal, bastante bueno.

Para acompañar este festín, un Ribeiro blanco de Antonio Montero Cepas Vellas 2014 y varias copas de Ramón Bilbao Edición Limitada 2012. Pedí un dulce para los postres, Don PX, y para terminar nos obsequiaron con unas copas de Picos de Cabariezo, una crema de orujo de Liébana, finísima, que luce en su botella las medallas de premios a su calidad.

Al final pudimos saludar a Beatriz, que hoy oficiaba en los fogones, tan cercana y amable como sobresaliente en su cocina.

Resumiendo, cocina directa y de producto, ejecutada con un sentido y una sensibilidad que te hace reflexionar, llegando a la conclusión de que esa cocina antigua española, auténtica pero a veces ruda, ha evolucionado de tal modo que eleva el producto a sus cotas máximas de elegancia y sabor, que es al fin y al cabo de lo que se trata.

Una de las direcciones más fiables de Madrid. Placer total.

Cena en la terraza, un 19 de julio sorprendentemente fresco (tuvieron que poner estufas).

Tomamos una cervecita (3,60) acompañado de un aperitivo de la casa, un gazpacho de fresas rico, y un buñuelo de bacalao estupendo.

Compartimos media de croquetas de chorizo, muy buenas y nada pesadas, y una ración del huevo a baja temperatura con setas, foie y trufa, buenísimo.

De segundos el steak tartar con helado de mostaza, bastante bien hecho, y unas carrilleras estofadas, deliciosas.

De postre compartimos la famosa tarta de queso, la cual encantó a mi mujer (yo soy más de otros postres).

Bebimos Regajal 2012 (25), un valor seguro de la capital. Nos invitaron a dos medios gin tonic. La carta de vinos sin ser nada del otro mundo, me gustó, especialmente porque tenía 5 o 6 espumosos a precios no prohibitivos.

El servicio muy correcto toda la cena, buena atención, los platos fueron llegando a muy buen ritmo.

Gran cena, volveremos seguro.

Primera vez en CAÑADIO, el popular restaurante cántabro situado en la parte alta de la calle Conde de Peñalver. Fuimos a cenar un sábado noche y cogimos mesa de casualidad, gracias a una anulación de última hora, allí nos plantamos con unas altas expectativas que se cumplieron con creces.

Se entra al restaurante a través de una barra con muy buena pinta, que ese día estaba abarrotada. Nos informan que nuestra mesa está en el comedor de arriba, pues nada vamos "pa'rriba". El local es un poco complicado, no es pequeño pero está distribuido en varias alturas, con mucha escalera, lo que impide aprovechar el espacio al máximo y lo hace poco apto para mesas grandes. Decorado en tonos oscuros con asientos corridos de skay color rojo reventón recorriendo la pared, la estética es discutible pero no se puede negar que el conjunto queda muy original.

Dos personas. Nada más sentarnos nos ponen un aperitivo de la casa consistente en un chupito de gazpacho de fresas y un buñuelito de bacalao. La dos cosas riquísimas, buen comienzo. De entrante, valores seguros, a compartir media de rabas y media de croquetas de chorizo de potes, una fritura extraordinaria, nada pesada. Mención especial, merecen las croquetas, suaves, con una bechamel cremosa y delicada, una auténtica delicia. Como plato principal compartimos una de bocartes, recomendación del maître fuera de carta, que fue todo un acierto. Los boquerones (fresquísimos) vinieron levemente marinados, con un rebozado muy ligero y poco hechos, en su punto de fritura. También pedimos la hamburguesa de bonito, con el atún cortado en trozos grandes, aderezado tipo "tartar" y levemente pasada por la plancha, muy sabrosa. Y para terminar otro "must" de la casa, una tarta de queso a compartir, que hay que pedir al comienzo de la comida porque señores siempre se acaba.

Y que voy a decir yo de esta tarta de queso que no se haya dicho ya... viene tibia, tiene una textura y un sabor impresionantes, a pesar de que a esas alturas de la cena estábamos bastante llenos, nos hubiéramos comido otras dos raciones.

Para beber, también por recomendación del maître, pedimos un blanco verdejo con crianza Tomás Postigo que maridó estupendamente con todos los platos. Mantelería de hilo, cubertería y copas de nivel. Servicio de buena escuela. Invitación a chupitos de parte de la casa. La cuenta ascendió a 82,20 €, relación calidad-precio extraordinaria. Salimos con una sonrisa de oreja a oreja y planeando la próxima visita a esta casa. ¿Se puede pedir más de un restaurante?

  • Bocartes

  • Tarta de queso

  • Hamburguesa de bonito

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