Restaurante Porrue en Bilbao
  

Restaurante Porrue

16
Datos de Porrue
Precio Medio:
82 €
Valoración Media:
7.3 10
Servicio del vino:
7.2 10
Comida:
8.0 10
Entorno:
7.4 10
Calidad-precio:
6.3 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 45,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono

Restaurante Porrue "Volcán" de fresas y moras Porrue Chuletón Porrue en Bilbao Alcachofas a la parrilla con beicon y navajas Restaurante en Bilbao Pichón Restaurante Porrue Fideua de begihandi Porrue Porrue en Bilbao Restaurante en Bilbao Restaurante Porrue nitrogenando Porrue parrilla para la sopa Porrue en Bilbao Los colores del otoño. Restaurante en Bilbao Faisán Restaurante Porrue verduras plancha

16 Opiniones de Porrue

... Producto!

nueva visita, de nuevo encantados, de nuevo salimos sonrientes por la puerta y de nuevo con ganas de volver. Nos gusta y mucho este establecimiento.

Se lo recomendé a un amiguete para el sábado por la noche, le llamamos a ver que ha comida. De fábula pero sin percebes, no vamos a tener suerte esta vez! Aún así sabemos que comeremos bien.

Haciendo tiempo nos topamos con un local llamado Puertito, ostras a tutiplén y encima no es caro. Pedimos cuatro para ir haciendo boca... Llega la hora y vamos al lío!

Nos reciben, personal nuevo y el dueño dando vueltas como siempre entrando y saliendo de cocina. Hoy tenemos ganas de llegar al postre y lo vamos a intentar!

Nos recomiendan fuera de carta ensalada de tomate... me gustaría saber de qué Huerta los han sacado por qué íbamos a robarlos todos! Mila y yo no dejamos ni una pepita en el plato, te pasas de buenos!

El otro entrante nos fallaría. Pedimos almejas, de semi cultivo, con poca carne... a 35€ la ración como que no. Mal.

Decidimos comernos un rodaballo. Al sacarlo para que lo viésemos Mila hace la prueba al tocarle, el dueño se da cuenta y nos dice medio riéndose "pincha?" Vale, estamos ante uno de verdad. Lo malo, al emplatarle la chica nos lo medio destrozo, le dijimos que nos dejase el plato tal cual para poder aprovechar todo lo que nos había quitado. Estaba chapó!

Llegamos a los postres! Mila se decanta por fresas con nata, una estupenda presentación. Diferente y peculiar, la encantaron! Yo como siempre, selección de quesos. Correctos, pero recordaba haberlos comido aquí con más sabor.

La selección de panes espectacular. 

Con los cafés nos sirvieron una espuma de arroz con leche que te pasabas de buena!!

Bebimos un champagne rosado muy potente, no recuerdo el nombre. Estaba muy rico!

Lo dicho, a pesar del fallo con las almejas nos encanta este establecimiento. No hace falta decir que salimos sonriendo a tope y volveremos más pronto que tarde!

Esperaba más y recordaba mucho más de anteriores visitas. Es posible que no hicieramos las mejores elecciones. Aquí prefiero un pescado blanco que un atún rojo pantagruélico, pero agobiado de cremas, sabores, polvos...Pedimos percebes, buena idea , al carbón de encina, ricos , sabrosos, pero el percebe que es lo importante, no me gustó, costaba comerlo, se pegaba a su piel, blando...nos dijeron que tenía que ser así, así que los prefiero en Azurmendi o a lo tradicional. Rissoto verde, buena idea, seguramente fue lo mejor, pero arroz vietnamita??hubiera preferido otra textura , la verdad. Piña de postre, buena idea, a la brasa, pero tampoco me convenció, .Es una opinión particular, claro, pero ese día ni me convenció el producto, ni su tratamiento. Vi pasar un plato con bogavante espectacular,debería haberlo pedido, pero los 52 euros , me frenaron. Local agradable, servicio ambale, y justita justita atención al vino, sin interacción alguna ni deseo de tenerla. Con esos precios se puede exigir algo más, lo digo con respeto, pero seguro de lo que digo

Lo tituló así porque no hay otro calificativo. Este domingo nos hemos dado un homenaje apoteósico! Llevábamos unos días macerando que pediríamos en nuestra visita a este establecimiento y lo teníamos muy, pero que muy claro.

Llegamos al restaurante, lleno total e incluso se dobló alguna mesa. Eso es un buen síntoma, aquí hacen las cosas muy pero que muy bien.

Nos acomodan en una mesa amplia, frente a la puerta de la cocina. Apenas se nota el trasiego del personal, gente preparada, educada y que sabe de sobra como trabajar.

Una vez sentados, nos ofrecen tomar algo mientras ojeamos la carta. Declinamos la oferta pero sí aceptó la botellinena de agua para empezar. Mientras miramos la carta se nos acerca el dueño, creemos, y nos comenta que hay fuera de carta. Hay guisantes lagrima, así que ese entrante se suma a nuestra idea!

Como aperitivo nos ponen unos pimientos verdes muy ricos. Ya tenemos el pan con aceite para ir picando. Mila se decidió por el de semillas y pipas, en mi caso por el de maíz; estupendos es decir poco.

Cuando vienen a tomarnos nota nos dicen que bajemos el pistón. Queríamos cuatro entrantes más unos segundos, risotto y fideua. Nos indica que sacamos los entrantes y luego vamos viendo. Acertó de pleno.

- Lo primero en llegar a la mesa, media docena de unas ostras de un tamaño considerable. Casi casi necesitamos de cuchillo y tenedor para darlas matarile! Estupendas!

- En nuestra anterior visita lo vimos y nos pico la curiosidad, percebes a la brasa. El sabor del mar con el sabor de la braza, sublime.

- Guisantes lagrima con huevo. Alucinas, de otra galaxia.

- Pulpo a la brasa con puré de boniato. Esto está que te mueres de bueno!

- Risotto con espinacas e Idiazabal. Cada bocado era una explosión de sabor. Espectacular es poco.

Llegados a este punto nos preguntan si nos atrevemos con la fideua o nos plantamos. Estamos a reventar, así que aquí nos detenemos. Nos traen la carta de postre y al ver queso en diferentes maduraciones me lo pido.

Tanto el más curado como el semi curado eran de otra galaxia.

Durante los cafés, muy buenos, nos sacan por cortesía un bizcocho de chocolate y plátano con helado; rico rico!

Regamos la comida con agua, una coca cola y Tarlant rosado, a 60€ la botella. Acompaño perfectamente la comida, casi casi desbanca al Billecart de nuestro podíamos pero aún aguanta como favorito!

En definitiva. Chapo al Porrue. Tiene un producto sublime, lo tratan estupendamente, tratan al cliente de maravilla, etc. Vamos, que nosotros volveremos una y otra vez. Lo que sí se echa en falta es que haya iluminación natural, pero no todo se puede tener!

Bueno, visita de hoy mismo a este establecimiento. Mila había reservado, con buen criterio, y aunque a nuestra llegada solo una mesa nos acompañaba el local finalmente se llenó.

Ojeamos el local, curioso y los baños de 10, y de paso nos traen las cartas. Miramos y decidimos que vamos a darnos un pedazo de homenaje...

- Media ración de ostras. 4.50€la unidad. Estaban muy buenas.
- Almejas a la parrilla. Muy buena tamaño y muy buen sabor!!!
- Pulpo a la brasa. Tela como estaba.

De segundo Mila pensaba en rodaballo y yo en un Rey. Como los pescados mínimo son para dos personas al final acabamos optando por el Rey. Nos lo mostraron antes. Dudo que llegase al kilo, sinceramente. Hay un detalle que luego me ha comentado Mila y no me ha gustado nada, el precio en carta es de 60€ el kilo (aproximadamente, no lo recuerdo) pero debereis sumarle el IVA después... vamos que 80€ de pececillo. Eso si, bueno estaba un rato jajaja.

De postre yo me he animado a probar los 4 quesos. Es idiazabal con diferentes grados de curación... 14€ no merecidos a mí criterio, pero bueno estaba.

¿Para beber? Un Renoir Rose a 66€. Estaba bastante bueno el condenado. El servivio se limita a descorche y dartelo a probar.

Hay tres tipos de pan, nos hemos decantado por el de maiz y decir que estaba terrible.

La comida la hemos finiquitado con unos cafes. Ojo, que te ponen cacao con azucar para que te pongas y es un vicio de los buenos buenos!!!!!

Total. 260€. Del producto ni un pero, chapó. Pero a mí lo del Rey... me ha parecido estafa total. Volveremos.

Echando una visita por los restaurantes visitados, me doy cuenta de que tengo un poco olvidado a uno en concreto y además uno en el que el disfrute fue completo.
Es un local muy agradable, con una luz suave, que el único problema que me genera es que las fotos pueden “complicarse”.
Me encanta la decoración, con productos narurales y además se ve que le dan una importancia primordial al queso y al pan, dos de mis alimentos preferidos.
Buenas mesas y muy bien vestidas, más que correcta la separación entre ellas con lo que no te sientes para nada agobiado por la presencia de otros comensales. Muy buen tamaño y cómodas sillas, que uno va a pasar un buen rato allí sentado.
Tienen una bodega vista con un buen número de referencias de todo tipo de vinos.
El menú degustación que ofrecen, siempre suele estar marcado por la estación del año en la que estamos, así que ahora toca un menú con un nombre sugerente y que además resulta atractivo por su contenido.
Neguko Txingarrak – Las Brasas del Invierno.
Allí aparece Unai, el director del asunto, con las cartas de vinos y las del comer pero yo he ido a por algo en concreto y tras consultar sobre posibles alergias o problemas con alguno de los alimentos y ver que no los hay, a por él que nos vamos.
Nos ofrece un txakoli para la espera y en cuanto veo la botella y sin dudarlo, me digo a mi mismo que hoy no tengo que elegir vino, me quedo con el que nos ofrece, un “viejo conocido” que me agrada mucho y que se que va a acompañarnos perfectamente durante todo el recorrido: Itsasmendi 7. Del que no voy a decir nada en especial pues no quiero repetirme en exceso. Un señor txakoli.
Allí que aparece la camarera con tres tipos de pan diferentes, elegidos uno artesano y el de maíz, como no.
Un par de aceites para ir haciendo boca y en breve comienza el espectáculo.
Capuccino de setas y amaretto. Presentado cual si del café se tratase. Tengo reciente la visita al Laua donde nos aparecieron con un plato similar de presencia.
En este caso, acompañado de una pequeña galleta con ligero sabor a hongos y la bolsita de “plástico comestible” con sabor a jamón. Recuerdo la primera vez, en Mugaritz, un tanto reacio a meter un “plástico” en la boca y menos aún a tragármelo. Pero merece la pena. Curioso.
El sabor del capuccino logradísimo. Igual es cuestión de que los bares se animen y ofrezcan “cafés” con sabores para horas diferentes, una opción interesante para los amantes como yo de la cafeína y que si nos pasamos con ella luego tenemos “problemas” para conseguir que las manos se queden quietas.
Tartar de Gamba blanca y Granny Smith. Presentado en un recipiente que ya va siendo bastante familiar para mi y que con el “truco” del almendruco, se convierte en una pequeña Alaska nublada. Acompañan a la gamba unos trozos de la manzana que la verdad es que sí casan para ser dos sabores tan diferentes. Buen producto y bien conseguido. No es un plato que me enamore demasiado, pero es mi problema, creo que aunque está rico de narices, no termino yo de encontrarle la gracia a mayores pues pienso en las gambas en sí y me parece que en esta presentación tan natural, pierde bastante sabor. Una idea, señores cocineros: y qué tal un tartar de gamba blanca a la plancha? Que no se me ofenda nadie, es una idea.
Vieira con noodles y coliflor. Resaltar la calidad del molusco, de buen tamaño y con esa carne tersa y sabrosa. La compañía es muy agradable, la pasta y el caldo de coliflor que para los no demasiado amantes de su sabor, les informo que no se arrepentirán pues es ligero a más no poder. Otro plato bien logrado y de notable.
Tenemos a nuestro lado el menú escrito y toca ahora una cosa pero allí que nos aparece Unai con uno de sus platos favoritos y nos dice que tenemos que probarlo.
Unas kokotxas con un ligero toque de brasa, “vuelta y vuelta”. Con polvo de txipirón y acompañadas por un tubo tipo dentífrico con una salsa con un toque de mostaza pero que yo dejo para saborearla al final, sin mezclarla.
Las kokotxas están para txuparse los dedos y para pedir una ración entera. Comentamos ahora que hay mucha gente que realmente desconoce su sabor pues al degustarlas en salsas varias,, pierdes la esencia de un producto tan exquisito. Pues sin más, acojo-nantes.
El Huevo y la Trufa. Plato muy común ya en muchos restaurantes pero un plato que sigue impresionando. Acompañado de un caldo de ave que inunda mis papilas olfativas. Aunque siempre da un poco de pena romper estas preparaciones, es la mejor manera de degustarlas. Unos trozos de trufa van a darle ese toque potente al plato. Volvemos a lo mismo, producto de excelente calidad, mucho sabor. Estupendo.
Rape asado en su jugo con Curry de Madrás. Bonita presentación de este pescado cuya textura me parece genial. Buen punto del mismo, acompañado de unas patatas panaderas y con la salsa de Curry pero ligera, con un toque picante pero que no molesta en absoluto, todo lo contrario.
Durante toda la cena, el simpatiquísimo camarero que nos ha atendido, ha preguntado en todos y cada uno de los platos por nuestro nivel de satisfacción. Aunque era evidente al ver los platos, que no es que nos hubiese gustado sino que nos había encantado, mi “vacile” natural le iba diciendo que la cosa no iba del todo bien, que esperábamos que con el siguiente plato nos sorprendiesen algo. No creo que en cocina hayan tenido ninguna duda del nivel de contento de nuestros paladares.
Pues le toca el turno ahora al que para mi ha sido el plato de la noche, curiosamente, donde menos me esperaba tanta sorpresa.
Carrillera Ibérica de bellota con gnoquis de Carranzana Caranegra.
Tal vez sea la mejor carrilera que he comido nunca y las he comido bien ricas. Perfecta la textura, inmenso sabor a carne que el jugo propio eleva a lo sublime. Las dos bolitas de queso de Carranza le dan un toque de color al plato y a la vez un toque distinto de sabor. Pero repito que ha sido un plato de ejecución perfecta, un plato de diez, sin duda.
Toca ahora ya pasarnos al apartado dulce. Y allí que nos viene el joven camarero con un montón de instrumentos para sorprendernos con la ejecución del primero de los postres en vivo y en directo.
Nitromus de nuestros limones de Bakio, regaliz y apio.
“fritura” en frío, en frío helador de dos bolas de masa con un inmenso sabor a limón. El trabajarlas con nitrógeno hace que por fuera se queden duras y por dentro más ligeras. El caldo que riega el plato, con un sabor a regaliz pero curiosamente a uno que no le gusta…..ba, se hace tan suave el sabor que ni piensa en lo que realmente está comiendo. Un plato perfecto pues no se hace para nada pesado. El menú en general es muy consistente y necesita uno ya un pequeño “descanso”. Me parece muy bien la idea, sensación liviana y muy fresca.
En carta se termina con un plato denominado Pan con queso. Estando en un local que le da semejante importancia a dicho producto, me espero yo, sin más, un plato de algún buen queso de Idiazabal, pero mi sorpresa es mayúscula. Allí que me aparece con una copa de cristal. Al verla, me viene a la mente un postre similar degustado en el restaurante Sambal de Noja. Una crema de queso con aceite de oliva y un pan tostado dulce. Al comentarlo con Unai, el más sorprendido es él. Curiosamente, dos cocineros alejados y que no se conocen, han tenido prácticamente la misma idea. Con algún cambio al tratar el plato pero que han conseguido que algo tan “sencillo”, se convierta en un postre de quitarse sombreros, txapelas y gorros. Rico no, riquísimo tampoco, lo siguiente.
En este punto, el txakoli que tan bien nos ha acompañado durante la cena, no es el mejor aliado para estos sabores así que le comento que algún vinito dulce ya tendrá por ahí. Pues para no “engañar” demasiado al 7, una copita de su hermano dulce, el vendimia tardía y otra de uno de los vinos que más satisfacciones me da y al que ya he echado todos los piropos habidos y por haber, PX Spinola. A sus pies me inclino.
Como al parecer nos han visto cara de hambre, para acompañar los cafés, muy ricos por cierto, nos traen un tercer postre, con una presencia muy original y apetecible.
Bizcocho con frutas del bosque, fresón y cucurucho de helado de membrillo.
A cada cual más rico, las fresas con mucho sabor pero el helado de membrillo está que te pasas de rico. Esto es gula, pura gula. Aunque ha sido un menú potente en cuanto a sabores y cantidades, sale uno por la puerta sin esa sensación desagradable de pensar que se ha cenado un buey.
Me despido del equipo con el que la armonía ha sido perfecta con la seguridad de que hay que volver a visitarles, imagino que habrá un menú con sabores a primavera. Un verdadero placer.
Si os apetece verlo con fotos: http://gastiondo.blogspot.com.es/

Después de mi primera visita, allá por el mes de mayo en la que disfruté de lo lindo del pescado que ofrecía el local, tenía una cuenta pendiente desde entonces para probar su carne.
Reserva telefónica para comida de dos personas el viernes. Llamo el miércoles y me atiende el propio chef (Unai) y me comenta que me acaba de asignar la última mesa que le quedaba libre…se está poniendo difícil lo de comer en ciertos restaurantes.

En la propia acera, antes de entrar al local, nos da la bienvenida un enorme tiesto en cuya tierra están “plantados” varios puerros y lechuguitas. En la línea del Porrue.
Una vez en el hall interior, nos recibe un ejército de cebollas moradas de Zalla, dispuestas de forma ordenada sobre una mesa. La bienvenida continúa en el pasillo del local, sobre el mostrador; diciéndonos “cómenos” encontramos una montaña de hongos frescos, parecen recién cogidos, una tabla de queso y unas calabacitas, vamos, todo lo que está de temporada. Muy pero que muy buena pinta.

Nos acomodan en una mesa del pasillo situado en la zona de la entrada. Al igual que en la anterior ocasión, mesa cuadrada, tamaño suficiente para dos personas, mantel de tela gris. Vajilla, cubiertos y demás accesorios todo de calidad.
Continúan con la lechuguita fresca plantada en un tiesto de cristal transparente como ornamento de mesa…daban ganas de aliñarla e hincarle el diente.

Ojeamos la carta y la verdad que los pescados tienen una pinta buenísima y para complicar más la decisión, también nos ofrecen un menú degustación de temporada con los productos del otoño “Menú degustación Otoño” por 55 € + Iva, bebidas aparte. Estamos a punto de cogerlo, pero en mi anterior visita me prometí que volvería a probar la carne y me mantuve en mi promesa.

Es el propio chef, Unai Campo, el que aconseja y toma la comanda de lo que se va a degustar.

Comida para dos personas, todo para compartir. (Dos comensales):

1-“Aperitivo de la casa (invitación)”: Cuenquito de crema de calabaza calentita con naranja y miel. La dulzura de la calabaza y el toque de miel, luchando con la acidez de la naranja. Estupendo contraste. Muy pero que muy rico.

2-“Alcachofas a la parrilla” (plato fuera de carta): nos imaginábamos unas alcachofas a la parrilla, sin más. Bien, pues el plato estaba compuesto por 6 alcachofas, envueltas en beicon, acompañadas por unas navajas también pasadas por la parrilla. La intención en este plato era buena, el resultado no tanto. La alcachofa de por sí, es un producto que con un toque de plancha está exquisito. El tema es que al mezclarlas con el beicon su sabor quedaba totalmente anulado. Las navajas sí que acompañaban bien, pues daban el toque de sal y su sabor suave no desvirtuaba al de la hortaliza. El punto negativo de las navajas era que tenían arena, bastante además, haciéndose desagradables en boca. Se lo comentamos a la camarera para que lo supiera. Este plato en nuestra opinión no cumplió. (Ver foto).

3-“Hongos a la brasa con yema de huevo echa a baja temperatura”: Este plato sí que sí. Hongo de muy buena calidad, pleno de sabor, sobre el mismo, te vierten yema líquida, echa al parecer a baja temperatura. El conjunto exquisito, un plato para disfrutar y apañar. Así lo hicimos.

4-“Chuleta”: Unai te da a elegir el peso de la pieza cortándola a tu gusto. Yo le dije que en torno a 1-1,200 kg. En cuenta el peso marcado fue de 1,120 kg.
Nos la presenta en una parrilla metálica con carbón vegetal, acompañada por tres tipos de sal: hawaiana, especiada y azafrán. Estupenda presencia. Buena carne, con sabor, churruscada por fuera y poco hecha en su interior, muy buen punto de parrilla. La chuleta viene acompañada por una sartencilla de patatas fritas, muy ricas y una ensalada de lechuga y cebolleta, perfectamente aliñada. Eso sí, el precio 54 € sin Iva. En mi opinión algo elevado para lo que es habitual, aunque también hay que valorar que acompañan la carne con patatas y ensalada…todo hay que decirlo. (Ver foto).

Para terminar la comida, estaba yo leyendo la carta de postres, cuando el camarero me dijo que fuera de carta tenían “Volcán de fresas con moras”. ¿Eh…qué es eso de volcán? La verdad que me entró la curiosidad y como quería un postre fresco fui a probarlo.
Acierto total, nos presentan un plato hondo, con una botellita tipo probeta en su centro, rodeado de trozos de fresa y varias moras, y para darle más color unos pétalos de flor amarillos. En el interior de la probeta había unas piedritas que al verter la nata, reaccionaba con algún componente de la misma, haciendo que saliera a borbotones de la probeta cayendo sobre las fresas. Un postre muy visual y rico. Me divertí mucho echando la nata y comiéndola, claro. (Ver foto).

Para acompañar la comida te ofrecen tres tipos de pan, de aceituna negra, de maíz y rústico. Probamos el de maíz y el rústico. Al comenzar la comida, te echan un cuenquito de aceite, uno con un toque de picante y el otro creo que variedad Picual, muy ricos ambos.

En esta ocasión no bebí vino, tomamos agua.
Servicio de mesa atento, correcto.

La cuenta ascendió a 129,78 €. Nos invitaron al café y a la infusión. Un detalle de agradecer que también tuvieron la anterior ocasión en la que estuvimos.

Entre el pescado y la carne, una vez probados los dos, me quedo definitivamente con el pescado.
De nuevo una estupenda comida, pena de las alcachofas que no redondearan la experiencia.

  • "Volcán" de fresas y moras

  • Chuletón

  • Alcachofas a la parrilla con beicon y navajas

Animado por las buenas críticas que lo precedían, tenía una cuenta pendiente desde hace tiempo con este local.
Situado en las cercanías del Museo Guggenheim, es un lugar perfecto para “repostar a tope” si se está dando un paseo por la ciudad, aunque cualquier excusa es buena si lo que se quiere es disfrutar de un materia prima de calidad.
Cuando accedes al local, lo primero que llama la atención es la exposición de verduras frescas, quesos y vinos que tienen en el pasillo de acceso al comedor. Es un muestrario de lo que después va a venir, todo de primera calidad, directo del productor.

Decoración moderna, original, predomina el juego de luces que crea diferentes rincones en un mismo espacio, nos gustó mucho.

Previa reserva telefónica para evitar sorpresas, nos acomodan en una mesa de buen tamaño, mantel gris, buenas copas para el vino y para el agua vasos de cristal fino de colores, en nuestro caso azul y rojo, muy acorde con la decoración del local. La cubertería y la vajilla también de buena factura.
Como detalle, en vez de la típica flor, decora la mesa una plantita pequeña de lechuga en un tiesto de cristal transparente. Fresca a más no poder.

Aparece el maestro de la parrilla, el chef Unai Campo, que amablemente nos aconseja sobre lo que tiene tanto en carta como fuera de ella. Nos decantamos por lo siguiente, todo para compartir. (Dos comensales):

1-“Aperitivo de la casa (invitación)”: Cuenquito de alubias blancas con alcachofa a la parrilla. Exquisitas, mucho sabor, finas finas. Toque de sal espectacular. Vaya comienzo.

2-“Percebes a la brasa”: presentados en sobre una mini-parrilla de carbón vegetal, de espléndido tamaño, cortos, gruesos. En boca sabor a brasa que contrasta con el sabor a sal. El resultado es muy bueno. Para mí muy muy ricos.

3-“Kokotxas de merluza a la parrilla”: 6 enormes kokotxas para cada uno, emplatadas individualmente, acompañadas por una salsa de mejillón curiosamente presentada en un pequeño bote formato dentífrico. Muy original. Las kokotxas carnosas, gelatinosas, se deshacían en la boca. De las mejores que he probado.

4-“Lenguado a la parrilla”: Nos presentan un lenguado grande en una bandeja, acompañado de mucha salsa. Nos lo emplatan individualmente y toca dos lomos cada uno más todo lo que se puede rascar del animal, es decir, dos raciones muy grandes. Además, nos colocan en la mesa un plato con patatas panadera (riquísimas) y otro plato con una ensalada de lechuga con cebolleta que acompañan al pescado. Comemos hasta la saciedad. El lenguado en su punto, muy suave, jugoso cuando lo comías solo y superjugoso cuando se mojaba en su propia salsa. Un pescado para recordar.

Para acompañar la comida te ofrecen tres tipos de pan, de avena, maíz y rústico. Probamos el de maíz y el rústico. Muy ricos ambos, sobre todo cuando se mojaban en el aceite de oliva que te echan en el hueco que tiene el plato del pan.
En esta ocasión no bebí vino, tomamos agua.

Servicio de mesa correcto.

La cuenta ascendió a 157,42 €. Es un precio sin vino pero incluye mucha cantidad de comida. En mi opinión un precio adecuado a la calidad y cantidad de lo que se comió.

Local muy recomendable si se valora la buena materia prima. También tienen muy buenas carnes que probaré la próxima ocasión que vaya.

Restaurante altamente recomendable, de lo mejor que hay en Bilbao a día de hoy, ambiente moderno muy agradable, cocina también moderna(pero sin pasarse y sin ser excesivamente pretenciosa), carta de vinos amplísima con precios razonables (a ver si se aplican el cuento otros "grandes" que cargan unos precios al vino claramente excesivos). Muy buen servicio, joven y atento, pendiente de todo pero sin resultar cargante.
Tienen un menú degustación de 55 más IVA y sin bebida que tiene muy buena pinta, pero al ser cena optamos por pedir un entrante y un plato cada uno (estábamos 2 personas). Pedimos fideua de begihandi y unos hongos, y ninguno de los dos defraudó, buena presentación y buen sabor, unido a unas raciones más que aceptables en ambos casos. Buen detalle que nos sacaran ambos entrantes emplatados individualmente. Luego de plato "fuerte" steak tartar y pichón, y más de lo mismo, muy buena presentación, buen género, etc. Todo ello acompañado de un Termes Nuanthia 2010 a 27 euros en carta. Reconozco que me costó elegir el vino porque, como digo, tienen muchas y muy buenas referencias de diversas DO (otro punto en el que deberían aplicarse el cuento muchos "clásicos" de la plaza que se han quedado anclados en el Rioja y cuatro cositas más). Esto con 2 postres más (ambos de chocolate) y 2 botellas de agua (galesa, por cierto, a nivel de curiosidad) nos salió por 158 euros la pareja que, si bien no es barato, tampoco resulta una locura (como siempre, mucho depende del vino que se pida).
Sin duda, para repetir y muy recomendable.

  • Pichón

  • Fideua de begihandi

Lo primero de todo es decir que según entras en este local ya sabes que les va la gastronomia, en su barra buenos vino y cubitera con champán al lado tabla de quesos y verduras , local de decoración moderna con muchas vitrinas para buen vino , no todo lo tiene en la carta por eso te lo comentan , una nevera para puros que alucinas , vamos el templo del vividor , encima de la nevera tiene el jamón bueno en su jamonero , además si empiezas a leer la carta , ves solo buen productos y selecto , carnes rojas a 54€ , buenos pescados , etc.

Lo que se dice un local de producto, la gente pedía, hongos, besugos de segundo, vi pasar vajilla de la que se usa para el chuleton.

La atención por parte del cocinero y propietario es exquisita, me aconsejaron un vino fuera de carta magnifico, el joven que nos atendió también muy atento, peguntando y estando siempre a nuestra disposición, en resumen el servicio muy bien.

Ahora empezamos con el menú degustación, decir que no siempre han tenido, si no me falla la memoria en sus principios no tenía.

Empezamos con un yogurt de espárragos blancos de Navarra, presentado en un tarro de yogurt cerrado como debe ser, sin embargo la Mouse de espárrago estaba sosísima, a este plato le hacia falta un punto salado, un poco de sal en escamas, cualquier cosita para darle sabor al espárrago al que por cierto si sabia perfectamente.

Seguimos con Cebiche de Percebes y matices de Jalapeño y Piparra , la verdad el enunciado es magnifico la idea también , pero el resultado se me queda un poco corto , no le saque los matices de un cebiche y el percebe estaba demasiado duro , para haber partido de crudo , que es como salen bien estos platos .

Salteado de Perretxikos de Gorbea con huevo a baja temperatura, aquí el producto no deja lugar a quejas ni recomendaciones, hablamos de algo que se sabe que aquí ejecutan de mil amores, el producto por el producto.

Kokotxa de Bakalao Skrey a la brasa con su pilpil ahumado y Quinoa de colmenillas, esto es para gustos, pero la kokotxa me pareció muy hecha y salada para partir de un bacalao fresco, eso si la quinoa de colmenillas estaba cojonuda.

Atún rojo micuit, sopa de guisantes y hummus cítrico, seguimos tratando con buen producto, sin embargo y siento ponerle tantas pegas, el atún nos pareció muy hecho , pese a estar rojizo por dentro a este producto cada día estoy mas convencido de le sobra calor si esta macerado , así lo comente me comentaron que por eso le llaman micuit , porque lo hacen poco por fuera , micuit significa semi-conserva , no tiene nada que ver con hacerlo poco o mucho , se hace con el foie a una temperatura baja para mantener la mayor grasa posible , pero bueno eso cada uno vera la interpretación que le quiere dar.

Cabezada de cerdo ibérico de bellota y el sobre de jamón comestible, este es el plato en el que me pareció que mas acertaban en su apuesto por innovar, producto no tan complejo pero bien elaborado, quizás un pelin frió, pero bien, loncha de jamón del bueno que enrollas en un papel de esos comestibles trasparentes y que acompañado con un tubito de mostaza que hacen ellos y junto con esferificaciones de mostaza, combinan muy bien con la carne.

Acabamos con los postres para mis muy currados en cuanto a idea , la Mamia 3.0 , te explican como se hacia la cuajada tradicionalmente , cosa muy interesante y te traen un reloj de arena , te echan la leche de oveja en el tarrito y te dicen que cuando se acabe el reloj de arena unos tres minutos , de hay 3.0 , ya puedes comértela de todas maneras ante mi impaciencia el chef , nos dijo que antes también esta , muy ricas .

Para acabar Mus de Toffee cuajada en nitrógeno líquido con esponja de cacao y polvorón de cacahuete, ya sabéis gusta la parafernalia del nitrógeno liquido y además queda muy bien el merengue de toffe.

Para beber un verdejo exquisito, bastante alejado de los clásicos verdejos, caraballas a 18,5€+iva, agua a 5€ de 0,75, eso si era un agua extranjera, ya sabéis tienen muy mal agua y lo cobran caro el bueno, de digestivo volví a pedir un orujo de txakoli de doniene y además de obsequiarme me sacaron uno blanco y uno de hierba en vajilla como Dios manda, recipiente con hielo picadito y el vaso de chupito encajado en el hielo.

En resumen un poco decepcionado por el menú en general, pienso que trabajan el producto de maravilla y que estos menús son una vuelta mas para atraer a gente que como a mí nos gusta un toque creativo, desde luego no les discuto las ganas de hacerlo bien y creo que irán mejorando, pues al chef le gusta experimentar y también puede ser que yo tuviese un mal día y mis apreciaciones fuesen estas, todo puede ser.

Por cierto aquí tenéis el video del menú, muy original por parte del local.

http://porrue.com/degustacion.html

Nueva visita a Bilbao y nuevo templo a visitar en futuras ocasiones. Teníamos ya dos favoritos indiscutibles, Mina y Etxanobe, y ahora añadimos Porrue. Por cierto que habíamos reservado a través de la web de nuevo en Mina, y cual fue la sorpresa que por problemas en su servidor nos quedamos sin mesa. No les llegó la reserva de su propia web. Una pena poner servicios en la red que luego no funcionan, pero en fin...a lo que íbamos, que el destino quiso que abriéramos horizontes y -desde luego- cabe decir que ha valido la pena. Llegamos a tiempo de disfrutar todavía el menú de invierno "Negu Berotasuna" (El calor del invierno) diseñado por el chef Unai Campo. El mismo nos toma nota y nos augura una buena velada que luego se confirmaría. Acompañamos con un Belondrade y Lurtón bien fresquito y acabamos pidiendo gin tonics después de los cafés. El menú fue de menos a más. Visto con perspectiva lo más flojo fuera -tal vez- el arranque, con el terciopelo de calabaza y la morcilla, aunque rápidamente remontaría con el huevo a baja temperatura, la trufa negra y el caldo de pollo lumagorri. Excelente la vieira a la brasa, aunque el socarrat que acompañaba tal vez estuviera demasiado quemado. A continuación llegó una increíble sopa de pescados a la parrilla. Los hacen a la brasa delante de ti y después añaden el caldo. Sensacional y visual (además de oloroso). Siguió una buenísima lubina con curry sobre pochas para acabar con un guiso de jabalí inconmensurable en sabor y textura, acompañado con unas trompetas de la muerte y un bombón de queso que estallaba en la boca dando el toque justo para compensar la intensidad de la carne. El primer postre era una mousse de piña colada y el segundo el momento más moderno de la cena, el yogurt cuajado en nitrógeno líquido con una esponja de cítricos y una pomada de miel en su tubito, como esos de los dentífricos de viaje. Gran final para una gran cena en la que se entremezcló cocina tradicional y toques contemporáneos. Con los cafés unos tarritos de chocolates en diferentes texturas y para rematar los rutilantes gin tonics que nos preparó el propio Unai. Enormes (Bilbao Size) y con gran variedad de ingredientes y colores....hielos aromatizados, ramas, frutas...etc. La atención fue magnífica y salimos del local seguros de que habrá que volver sin dilación.

  • nitrogenando

  • parrilla para la sopa

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