Restaurante Abac en Barcelona
  

Restaurante Abac

30
Datos de Abac
Precio Medio:
204 €
Valoración Media:
7.9 10
Servicio del vino:
8.1 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
7.9 10
Calidad-precio:
5.9 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Sarrià-Sant Gervasi
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Creativa - de Autor
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 170,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingos y lunes

Teléfono

Restaurante Abac Helado de queso de pastor ahumado, chips de cordero y brotes de pino Abac Pequeños guisantes del Maresme con grasa de jamón ibérico sin grasa Abac en Barcelona Restaurante en Barcelona Restaurante Abac Abac Abac en Barcelona Restaurante Abac Barcelona, de Jordi Cruz Restaurante en Barcelona Restaurante Abac Barcelona, de Jordi Cruz Restaurante Abac Restaurante Abac Barcelona, de Jordi Cruz

30 Opiniones de Abac

El día era propicio y la ocasión lo merecía (¡17 aniversario!, ¡cómo pasa el tiempo!). Después de comer bajo cielos estrellados en varias ocasiones (22 estrellas en total), era el momento de seguir explorando el firmamento y descubrir las dos de Jordi Cruz. Y digo que era el momento porque, tras algunos años de evasivas (debido a las reticencias, quizás infundadas, o tal vez no tanto, hacia los cocineros tan sumamente mediáticos) nos dejamos convencer, por fin, por las muchas y buenas opiniones que nos contrariaban. Nos equivocamos, no era el momento, el firmamento, si en algún momento nos pareció claro, se tornó oscuro, lleno de nubarrones tan negros que cualquier atisbo de luz proveniente de alguna estrella se desvanecía como una mera ilusión óptica. Ni siquiera pudimos divisar alguna estrella fugaz y no fue por falta de predisposición, lo intentamos, lo buscamos y esperamos,…, pero no pudo ser.
Después de unos momentos intentando adivinar por donde acceder al restaurante, una chica acudió a nuestro encuentro y nos acompañó en el ascensor que nos llevaría a él. Ni una palabra, un instante tan frío que resultó incómodo. Nos acompañó al jardín, donde, sin otra opción, nos servirían los primeros platos. El frío (ahora meteorológico), nos seguía acompañando (no creo que fuera el día más adecuado, al menos para mí, para aprovechar el bonito jardín).
Optamos por el Menú más largo, “Nuestra vanguardia” (170€):
Bloody Mary on the Rocks y Cucos cubanos de margarita: el Bloody mary, excelente, aunque atrevido, subidito de su “ras el hanout”, lo que le hace adictivo. Los merengues, uno relleno de menta y el otro con sal, ni fu ni fa, aunque algo más acertado el de menta.
Almeja de Carril con mantequilla de algas y caviar y Macarons de Bloody Mary: la almeja muy buena, sabrosa, sin embargo, el Bloody Mary en esta forma, todo lo contrario a la forma anterior, soso, sin gracia.
Consomé de erizos con ron añejo y Caña Zacapa: Bullabesa de erizos de mar en copa pulverizada con ron Zacapa que resultó ser muy insípida, acompañada de teja de alga nori, bien presentada y sabrosa.
Por fin podemos pasar al restaurante! El frío se estaba convirtiendo en desagradable. De camino, visita a la cocina. Jordi, simpático, atento, voz profunda y mano firme. Nos gustó saludarle.
El salón, con chimenea y biblioteca, muy acogedor, elegante, mesas bien vestidas y decoradas, buen ambiente. Creímos haber dejado el frío en el jardín, pero no fue así. El personal de la sala lo devolvió a nuestro lado. Servicio mecánico, robótico, sin alma.
Médula y costilla de atún con ostrón, limón y pipas: quizá uno de los peores platos. Muy buena presentación, eso sí, pero ausencia total de sabor. Hoja de ostra con aire de… que no sabía a nada, dadito de atún que, ni siquiera, permite apreciar el sabor…
Baba de cacahuetes embebido de corales tibios de gamba con nabicol al aceite de oliva y Consomé de gamba con pan de algas: buena puesta en escena para su terminación. El problema surgió con la alergia de mi pareja al cacahuete, ya que éste contenía medio bizcochito de cacahuete para cada una. Después de idas y venidas de este plato, recriminación de la jefa de sala al camarero incluida, la única solución que se les ocurrió fue sustituir el bizcocho por una pequeña gamba. Quizá un pequeño bizcochito simple, de gamba, o sustituyendo el cacahuete por otro fruto seco…? Inaceptable después de la advertencia, tanto en la reserva (2 meses antes), como al comienzo del menú. Más cuando el siguiente plato vuelve a ser un consomé de gambas con trocitos de gamba igualmente tratada, otra vez! Nada acorde con la categoría del restaurante.
Pequeños guisantes del Maresme con grasa de jamón ibérico sin grasa: guisantes del maresme sobre una gelificación fría e insulsa de jamón con “chips” de jamón. “Chips”??, esas hebras refritas y apelotonadas?? Uff! Esto va de mal en peor. Los guisantes, extraordinarios y bien tratados, eso sí, mérito casi total del maresme, por otro lado. Un agravio hacia el oro verde.
Canelón de calamar a la parmesana: de los que más nos gustó.
Buey de mar al Garum con Pecorino romano, romero y salazones: volvemos a los caldos limpios, pero ausentes de sabor, las esferas de queso sosas, el único sabor se encontraba en los salazones, pero, lo más recriminable, si cabe, la presencia de dos trozos de cáscara en el buey (y he de decir que la cantidad de buey no era como para que las cascaras pasaran desapercibidas, por lo que la falta de atención me parece mayor).
Lubina con caviar, patatas a la mantequilla y bayas de Bataks: excelente presentación y sabor. Un único pero, la textura de la lubina que, para conseguir su presentación, se sacrificó obteniendo una textura de pudin. En este caso, el chips de patata fue perfecto.
Los tiempos de espera entre plato y plato se hacían eternos y esto iba en detrimento de muchos platos que llegaban templados a la mesa. El problema fue más acusado en los platos de carne…
Rillette de liebre con blinis de remolacha: liebre tapada por una salsa que, quizá por el tiempo de espera, quedó templada y demasiado solidificada, casi como una glace. Eso sí, un plato muy sabroso. Acompañado de unos blinis de remolacha a los que no les encontramos mucho sentido.
Berenjena a la brasa con entrécula y jugo de carne añeja: para nosotras, el mejor plato del menú, aunque con su luces y sus sombras. Las luces, la presentación (la carne de ternera nos llega tapada con una piel de berenjena, nos pareció original); el punto y la calidad de la carne (la entrécula, muy muy tierna); el sabor (gran sabor en la salsa). Las sombras, las esferificaciones de berenjenas (totalmente insustanciales), la salsa, al ser tan extremadamente reducida (como en el caso anterior) queda literalmente adherida al plato (suponemos que el tiempo de espera también ayuda a esto) y tapa, en gran medida, el protagonismo de la carne.
Infusión de cordero con resina de pino “Katuosbuhi occidental”: buen olor, cero sabor.
Helado de queso de pastor ahumado, chips de cordero y brotes de pino: buena puesta en escena, haciendo el helado a la vista, si no fuera porque la aparente monotonía y la apatía del actor hace que esperes que el nitrógeno haga su trabajo y se consiga el helado lo antes posible. Y otra vez hacen su aparición los chips (chip para ti chip para mí…), de cordero, en este caso, pero casi tan descuidados como los de jamón.
Chaplin: postre muy rico, nos sorprendió. Muy buena presentación.
La caja frágil, Camomila, leche y barquillo con toques cítricos y suavemente especiados: fresco, pero otra vez aparece esa textura vaporosa e insípida que nos acompaño durante el menú.
Tartaleta fina haciendo referencia a la tatin de manzanas: el primer bocado es muy divertido y refrescante, aunque, seguramente por el tiempo de espera, otra vez!, al primer bocado se deshace y se rompe. Una pena.
Corte de limón con ginebra y enebro: para limpiar boca. Prometía, pero se quedo en nada, no estaba frío, creo que ese podría ser el fallo.
Dulces en calabaza: mini bocados, mini tartas de cacahuete, de queso, de chocolate, todas muy buenas de sabor pero todas con la misma repetitiva textura. El primer bocado gusta, agrada y sorprende, el segundo deja de hacerlo. Bocados esponjosos con distintos sabores. Ah!, y una mini tableta de chocolate que estaba riquísima. Y dos pequeñas trufitas con una fresa partida por la mitad (sin ninguna complicación, me pareció estar en otro sitio).
2 cervezas + 2 Menús “Nuestra vanguardia” + 1 botella de vino (Perelada) + 1 café, 410€.
Conclusión, platos excesivamente minimalistas, de dudosa técnica y ausencia de sabor en la mayoría de ellos y personal que no está (o no estuvo) a la altura.
Por todo esto, lo siento Jordi, pero el delantal negro hoy es para ti y tu equipo.

A couple of weeks ago, it was my birthday, so that I decided to have dinner in ABAC, one of the greatest restaurants in Barcelona as well as good rated with two-star Michelin. I am going to describe how I felt when I got it in and the whole night because It has been the best restaurant that I have eaten so far. When I arrived, there was a careful woman at the entrance who caught my jacket to hang it up. Before eating, I went downstairs where all the people are supposed to go and just taking it easy while eating firsts sample when you have already chosen which menu are going to be eating that night. You can chose between two, despite giving detail about the menu is not my gold in this text so you can find both menu on internet. I have to stand out that when I sat down, they asked me about allergy and stuff which prove how courts are waiters. Then a woman took us to the wine cellar and showed us the diversity of wines that they have and after that we went upstairs to the main dining room where we spent the whole night enjoying different kinds of dishes and a huge divesity of tastes.
I can’t explain how I felt while eating because It is impossible to describe the feeling of eating in that place and that is why I definitely recommend it, although I can stand out, how carefull they are in all the aspects like when I went to the bathroom and I went back and they were taking the chair of letting me sit on it . They also explain you all the dishes and recommend you how to eat them, so for example it was a moment that I was eating a desert and they told us that we were going to be feeling a weird crush and after that they brought us lemon’s sorbet to clean it up our teeth. In fact, I recommed that restaurant to everyone who would like to try new culinary experiences. We also had the chance to know the chef who I am used to see on the TV and then talking with him it was kind of impressive. Very glad of that place and its service

COMENTARIO
En diferencia a la anterior ocasión, varias cosas. El comienzo de los aperitivos en una zona subterránea Lounge, es un gran acierto, es como el privado de lujo de un hotel, en el que te sirven una copa de bienvenida, con todo el equipo de sumillería allí. Snacks con idea e imaginación. Provocativo incluso.

Después un paso al lado, ...The winecellar, grande y creciendo con 2 estancias cercanas que ampliarán y reposarán buenos vinos (miles de euros de vinos), custodiados de maravilla por Bernardo Martínez.

Nos adentramos por un pasillo y unas escaleras a la cocina, donde vemos a todo el equipo en los fogones, cada uno atento a fríos, calientes, pan, pastelería. Nos fotografíamos in situ.

Por fin,..accedemos al salón, limpio, pulcritud, luz íntima. En ese instante sabía que sería una gran cena. Lo fue y doy gracias al eqiupo de Sala, capitaneado por Pablo Sarcedotte...muy profesionales con todas las mesas.

El maridaje fue más que acorde, pasando por Francia e Italia sin pudor.

En los postres, pude ser la última persona de las mesas en las que se detuvo el chef, Jordi Cruz, que ha organizado muy bien a su "Team" pra ir acompasados en sala, responder a unas cuantas preguntas con soltura, y hacernos sentir muy cómodos.

Esta vez lo dejo en unos enlaces fotográficos y audiovisuales.

REDES SOCIALES
https://www.verema.com/blog/doc-ad-hoc/1408688-abac-2017-creaciones-jordi-cruz

https://www.facebook.com/JAVIERAZCONAFABON/posts/1314629318621582?pnref=story

www.thedocadhocconcept.com/apps/photos

www.thedocadhocconcept.com/videodoc

www.thedocadhocconcept.com/restaurantes-gran-doc

https://www.youtube.com/watch?v=AOpvwALuAZU&t=3s

Tengo la sensación de que, cada día que pasa, disfrutamos más, si cabe, de la gastronomía. Pero, a su vez, percibo que, a medida que avanza la vida, también vamos valorando mucho más las grandes amistades. Conseguir reunir alrededor de la mesa a un nutrido grupo de buenos amigos y comer y beber como los ángeles supone, pues, uno de los mayores placeres con los que cualquier persona puede autocomplacerse. Con ese espíritu arrancó hace ya varios años esta iniciativa de reunirnos al menos una vez al año para salir un fin de semana y visitar algún restaurante que cuente con cierto prestigio entre la crítica especializada.

Comentando este tipo de quedadas con un buen amigo, blogger él también, me decía que es preferible visitar estos sitios siempre en petit comité. En la mesa grande, la conversación distrae la atención y las percepciones de los platos a nivel visual, olfativo, gustativo… nos llegan a más baja frecuencia. Lleva razón. Pero, a su vez, pienso que, al restaurante se va, por encima de todo, a disfrutar. Para alcanzar ese disfrute, se pueden seguir varios caminos: el uno sería desde el placer de degustar todos y cada uno de los platos desde la máxima concentración; el otro es dejarse en casa por un día la afición, que no oficio, de blogger y disfrutar de la conversación con el resto de comensales. Sin duda, ese día estaba más que dispuesto a sacrificar el análisis minucioso en pos del reencuentro con amistades de toda la vida.

El listón en ediciones anteriores de esta reunión de amigos había quedado muy alto tras las visitas al Celler de Can Roca y Diverxo. A priori, se me antojan insuperables las vivencias gastronómicas experimentadas en uno y otro lugar. El año pasado las circunstancias de la vida me llevaron a comer un día en el restaurante Angle de Barcelona, bajo la dirección en cocina de Jordi Cruz. Me pareció una cocina muy correcta, sin estridencia alguna y fácilmente entendible. Así se lo hicimos saber al cocinero en la conversación que mantuvimos con él y nos comentó que, si queríamos experiencias más intensas, nos emplazaba a visitar la casa grande, el ABaC. Ello fue determinante en la elección de nuestro destino para esta ocasión.

En la zona alta de la ciudad, muy cerca de la estación del Ferrocarrils de la Generalitat del Tibidabo y justo al lado del apeadero del tranvía que nos lleva a los pies mismos de esta imponente montaña, se sitúa el coqueto hotel ABaC de categoría cinco estrellas en el interior del cual se encuentra el restaurante de idéntico nombre. Es un barrio de grandes casonas, las antiguas “torres” de muchas familias de la pudiente burguesía catalana. El estilo exterior del hotel es marcadamente moderno, pero hay algo en él en su estructura que nos hace pensar que el hotel se ha habilitado sobre una, o tal vez dos, de esas casas.

Tras hacer sonar el timbre, accedemos al recinto a través de una puerta en el muro que rodea la edificación y cruzamos unos muy cuidados jardines. Cordial la recepción por parte del personal del restaurante que nos acompaña con celeridad a nuestra mesa (llegamos con un poco de retraso). El salón es extremadamente elegante, revestido de un parqué impoluto y grandes cortinas a uno y otro lado que cubren parte de los enormes ventanales que dan a los jardines. Esas mismas cortinas actúan como separadores para dividir el gran salón en tres espacios más reducidos y coquetos. A su vez, absorben cualquier atisbo de reverberación con lo cual nos encontramos en una de las salas con mejor acústica de cuantas he estado.

Las mesas visten también elegantemente, con mantel, cubremantel y un pequeño adorno floral en el centro de las mismas. Sillas extremadamente cómodas y mesitas auxiliares por doquier para facilitar un servicio del que se espera lo máximo. Personal vestido a la altura de las circunstancias, con un perfil más bien joven aunque suficientemente preparado.

En los días previos a la visita a lugares de esta categoría a uno le gusta empaparse de información sobre el destino que nos aguarda, su cocina y, obviamente, el cocinero o cocinera. En una entrevista a Jordi Cruz que pude ver en el portal líder de visionado de videos, éste explicaba que en ABaC se había fusionado lo mejor del twist con lo mejor del rock’n’roll. Sirva como preludio antes de pasar a describir los platos degustados, que yo encontré mucho más de lo primero que de lo segundo.

En ABaC se hace una cocina con hondo arraigo en las diversas tradiciones y culturas culinarias que podemos encontrarnos al visitar un restaurante de prestigio: la cocina tradicional catalana, con el plato de calçots como máximo representante, la nouvelle cuisine, de la cual el pato sería el mejor ejemplo, y algunos guiños a lo que fue la cocina de vanguardia española, que ahora ya no lo es tanto, con técnicas como la liofilización o el nitrógeno líquido. No hay ingredientes extraños ni importados de otros continentes, a excepción de una pequeña licencia con el wasabi en la parte salada y un postre con kaffir y lemon grass. Se sacrifica la experiencia de someter al comensal a nuevos y exóticos sabores en pos de otros de gran intensidad pero mucho más comunes en nuestra cultura.

Menú Gran ABaC:

- Blody Mary on the rocks: Delicioso cocktail de bienvenida con el que se abre el menú, se limpia la boca y se despiertan las papilas gustativas. Eso sí, se pegaba de bofetadas con los restos de las cañitas qua acabábamos de pedir, jeje. Se prepara a partir del agua de tomate, no del jugo, con lo que el color es amarillento y no rojizo como el clásico combinado. Presencia tangible del tabasco que, sin llegar a molestar, dota de personalidad al brebaje. Los dados de hielo se elaboran a partir del mismo combinado. Unanimidad: gran comienzo.

- Almejas con caviar y lima: Se trata de uno de los moluscos que jamás había probado crudo. Se sirven dos unidades a cada comensal sobre un lecho de algas, que se aconseja no tomar, y acompañadas, además de lo que se cita en el enunciado, por una especie de licuado de plancton. Potencia desbordada y sabor marino a rabiar, sobre todo al tomar la primera (con la segunda tal vez el paladar ya ha bajado la guardia). Curioso y bonito el soporte en el que se sirve: una especie de plato de cristal circular, hueco en su interior, en el que se ha colocado agua fría para mantener la máxima frescura en las viandas.

- Pizzeta de erizos fosilizados con manteca de plancton y tomates secos: Bajo la pequeña coca que vemos cuando nos colocan el plato ante nosotros, encontramos un recipiente, también de tamaño reducido, con un consomé que nos recordó mucho a los fondos hechos a partir de cuerpos de gamba u otros mariscos. Sobre la coqueta, las texturas crujientes y originales de los elementos deshidratados. Con esta técnica, a parte de la sorpresa inicial, logramos percibir una concentración del sabor meritoria. Se aconseja ir mezclando pequeños bocados de pizza y sorbitos de la crema. Así lo hicimos y el resultado fue ciertamente espectacular. Un plato para la memoria.

- Nuestro pan chino (brioche frita, anguila tostada, humo de haya y wasabi): Las brioches llegan a la mesa dentro de unas cajitas a imagen de los recibientes de bambú que se usan en oriente para cocinar al vapor. Como bien se enuncia, pero, el bollito no ha sido cocinado al vapor sino frito. Salvando las distancias, nos llegan ciertas reminiscencias del clásico “pepito” por su apariencia y textura. Frente a cada comensal se sirve un poco de allioli y ralladura de wasabi natural para combinarlo con el bollito. Dignos acompañantes.

- Calçots crocantes, carbón de ajo negro y romesco emulsionado: Homenaje personal a uno de los platos más representativos de la cultura culinaria catalana y que más “repercusión mediática” ha tomado en la última década extendiéndose la costumbre de degustarlos a otros muchos otros lugares lejos del territorio catalán. Cosas de la globalización. El calçot se presenta liofilizado con lo cual se obtiene un sabor idéntico al del vegetal y una sorprendente textura crujiente. Para acompañarlo se combina con las salsas del enunciado, ambas magistralmente ejecutadas pero sin aportar grandes emociones al paladar más allá del disfrute de lo tradicional. Original también el soporte en el que se sirve, simulando los baberos típicos que se usan en las calçotadas populares.

- Caldo de cebolla azada con esferas de scamorza ahumada, nueces y piel de naranja: Otra presentación vistosa y original. La sopa se sirve en el interior de una cebolla, aunque esta no se come. Se trata de una cebolla cruda cuya corteza ha sido tostada, posiblemente con la ayuda del soplete. Sabroso el caldo pero sin exceso de concentración ni densidad. Agradable. Tampoco se percibe intensidad en el queso. Paladares como el mío demandan más “punch”. Agradable el contrapunto cítrico.

- Sabores de playa: El elemento principal es la cola de la gamba de Palamós. Se sirve esta sobre una crema de calamar y un allioli emulsionado, creo recordar. Producto espectacular y placer hedonista al tomar la cabeza de la gamba con sus interiores directamente con las manos. A quien no le guste que no mire.

- Consomé de “Txuleta”, colágeno y salazones: Unos pases más atrás, dos en concreto, se había colocado en el centro de nuestra mesa una especie de hornillo a carbón con el consomé que se sirve en este plato. Justo al llegar a este pase, la sopa está hirviendo y a la temperatura adecuada. Se sirve ante cada comensal un plato de forma extraña con una lasca de chuleta de vaca deshidratada y un lecho de tendones de vaca y se salsea ya en la mesa con el consomé del hornillo. Ciertamente el plato que menos me dijo. Segundo encuentro con los tendones (el primero fue en el restaurante Quique Dacosta) y podríamos decir que supuso un segundo desencuentro. No le tengo tomada la medida a este producto.

- Piñones carbonara con clara de parmesano, crestas de gallo y trufa blanca: En contrapunto de su predecesor, podríamos decir que estamos ante uno de los mejores pases del menú. Bajo un huevo de codorniz encontramos lo que podría ser la simulación de un risoto en el que los piñones ejercen como los granos de arroz. Omnipresencia del queso parmesano y leves reminiscencias de la trufa dando distinción y “caché” al plato. Me ilusioné con lo de las crestas de gallina pero ciertamente no las percibí. Tal vez sólo se usan como fondo para ligar el parmesano con el resto de ingredientes.

- Rodaballo asado, pieles glaseadas y caldo de espinacas ahumadas con berenjenas asadas y caldo iodado: Llegados a este punto, hubo un paréntesis excesivamente largo entre el plato anterior y éste. Prácticamente fue el único fallo que percibí en lo que se refiere al servicio del menú. Además, para mi gusto, no se sirvió a la temperatura adecuada. Aún así, una propuesta riquísima, elegante y equilibrada. Gran cantidad de elementos, como reza el enunciado del plato, pero usados en su justa medida y con buen criterio. Como digo, a pesar del traspiés, otro de los platos top de este menú.

- Lengua de cabrito con toques de caramelo, leche cuajada, pino y trufa: Con este plato, parece que Jordi Cruz se apunta a la tendencia reinante de incluir la casquería en los menús gastronómicos. Lo hace sin tapujos, provocando y obligando al comensal a posicionarse, suscitando el debate. Plato no apto para todos los públicos por la textura peculiar de esta carne y por su sabor férreo cargado de personalidad. Resulta difícil posicionarse: se le reconoce al cocinero su atrevimiento, su originalidad y la elaboración. Pero el resultado no fue plenamente de mi agrado.

- Carnes del pato asadas y guisadas con foie gras al vapor de setas: Partimos de un concepto en las antípodas de su predecesor. Academicismo, clasicismo, si se me permite, apuesta segura, caballo ganador. Una auténtica delicia. Producto seleccionado (deliciosas las trompetas de la muerte y el foie) y trabajado con maestría. De los mejores platos carnívoros que he degustado en un estrallado. Personalmente agradecí apartarme un pelín del pichón que comienza ya a presentarse como única alternativa en los restaurantes gastronómicos.

- Espumoso infusionado, helado de citronella, kéfir y kumquart, escarcha de hierbas frescas: Plato que se ciñe también a la tendencia predominante de incluir una especie de postre de transición (o prepostre) y darle a éste un matiz de frescura máxima. Se busca con ello, aquello otro tan oído y leído últimamente respecto a “limpiar la boca”. Como ya he comentado en el caso de postres similares de otras casas, particularmente me encanta ese juego de matices herbáceos, cítricos, florales… Preciosa la “teja” u oblea de hierbas que ocultaba por completo bajo sí el resto de elementos. Delicioso.

- Infusión caliente de chocolate especiado, rocas de cacao y vainilla, manteca y pieles cítricas: La infusión de cacao (una especie de chocolate a la taza) se viene preparando desde hace rato en una de las mesas auxiliares con la ayuda de una especie de hornillo similar al que vimos en un pase anterior. En esa misma mesa, parte del servicio nos prepara el helado de chocolate ad hoc enfriando el chocolate líquido con nitrógeno líquido. Espectacular puesta en escena y quién sabe si influencia directa en el resultado. Desde luego el helado quedó con una textura perfecta, cremosa y esponjosa. El sabor del mismo pura intensidad, digno de los paladares más chocolateros.

- Burbujas de tónica con sorbete de mango y bayas de enebro: Se comenta en la mesa que si éste postre debería haberse servido antes o después del de chocolate. Ciertamente ocupa el lugar acertado, en mi humilde opinión. Más semejante al primero o prepostre, hubiese supuesto demasiada continuidad en el caso de servirse uno a continuación del otro. Además, éste deja en la boca del comensal una sensación más aséptica y refrescante que el postre de cacao. Posiblemente me gustaron mucho más los dos anteriores, pero éste supone un colofón perfecto a un menú de más de tres horas y media.

Una vez acomodados en la mesa y descartada la opción de maridaje propuesta por el restaurante, nos invitaron a ojear la carta de vinos. La misma tiene una extensión considerable, con un gran número de referencias completamente desconocidas para mí. Se muestra una especial predilección por los vinos de las distintas denominaciones de origen circunscritas al territorio catalán. Precios muy altos con ninguna opción por debajo de los 35/40 € por botella. En las pocas referencias que sí conocía, el sobrecoste de la botella asciende al triple, incluso al cuádruple. Chasco, aunque esta costumbre se está volviendo anormalmente normal en muchos de los restaurantes con estrellas michelín. No es el caso de otros cono el Celler de Can Roca o el mismo Diverxo en mis últimas visitas.

Se nos acercó uno de los sumilleres de la sala y entre los dos comentamos aquellos vinos que podían ir acompañando el transcurrir del menú y, sobre todo, los que se ceñían más a nuestras posibilidades económicas. Sea dicho aquí que todos ellos nos parecieron magníficos y ése es un mérito que debemos apuntarle al sumiller.

Tomamos una botella de Raventós i Blanc de la Finca Magnum, tres botellas de Pardas Xarel·lo 2013 (DO Penedés), dos botellas Magnum de Finca Fontanals 2013 (Garnacha, merlot, syrah y cabernet. DO Montsant) y una botella de Don PX Toro de Albalá 2012.

Bien entrada la tarde, nos invitaron a tomar los cafés en la terraza exterior, tal como vimos hacer con las mesas colindantes, con la excepción que a nosotros no nos sirvieron los clásicos petit fours, detalle que sí observé con otros clientes. Sea un fallo o hecho intencionadamente, me parece un error de peso teniendo en cuenta, sobretodo, el montante final de la cuenta. El menú Gran ABaC se ofrece por 165 € IVA incluido. Con las cervezas del principio, los vinos y los cafés nos fuimos a los 250 € por comensal, precio más alto pagado jamás en un restaurante (en ninguno de los cuatro galardonados con tres estrellas en los que he estado) con lo cual me parece excesivo.

Los momentos inolvidables vividos en esa jornada, el disfrute de la compañía de los buenos amigos, unidos a una cocina de nivel, con platos inolvidables como la coca de erizo, la carbonara de piñones, el rodaballo y el pato, logran paliar esa pequeña desilusión, pero me parece digno de mención este último detalle que tanto debate genera en los foros de gastronomía y que no logro entender.

Aconsejo leer esta valoración en http://www.vinowine.es/restaurantes/abac-mucho-mas-twist-que-rocknroll.html#comment-3337 con el apoyo visual de las imágenes.

Subiendo al Tibidabo

RESTAURANTE ABaC S.L.
Avenida del Tibidabo 1
08022
Barcelona
España
www.abacbarcelona.com
[email protected]
933196300
Fax 933196601

INTRODUCCIÓN
Cada vez que se llega a esta avenida barcelonesa del Tibidabo, da un poco de miedo, y todo por lo oscura y desangelada que está. El ascensor que me espera es algo frío. Alguien….nadie. Por fin algo de luz, sonido, calor humano; parece que me estoy introduciendo donde debe ser. Al final del tunel, aparece una luz con efluvios a grandes manjares y buenos enseres. Se que he llegado finalmente al restaurante ABaC.

Pasaremos a describir los detalles del plato y sus maridajes ad hoc. Las notas, texto y redacción son propiedad de Javier Azcona Fabón.

APERITIVOS

-Mojito
Un aperitivo muy refrescante, con un leve exceso de manzana. Nota 7

-Tomates de guarda desecados con agua de pimiento al AOVE, sardina ahumada, “coladura” de anchoa, piel de pan y albahaca.
Muy bien el especial caramelizado. Nota 10

-Fina focaccia de foie-gras, piñones tostados, consomé de cebollas con trufa de verano y raspadura de pieles de naranja.
Presentación de sabores a flor blanca, azahar, foie, almendras, lima, tigretón, pantera rosa, kínder bueno. El pero, la escasa trufa y la cebolla aguada.

ENTRANTES

-Ensalada de gambas, aguacate, testuras de tomate, helado de albahaca y jugo de corales
Presentación 5, por la cuchara
Sabor 9
Ensalada 9

-Nuestro steak tártaro preparado, nieve de ternera aliñada con foie-gras y mostazas, clásico equilibrado con chips de patata a la mantequilla
Presentación 9,5
Versión 7.0 en sabores

PLATO PRINCIPAL

-Salmonetes en 2 cocciones, cebollas de Figueres, Parmentier, Kumquat, focaccia de ajos con tomates secos y hierbas frescas
Presentación floja, un 4, pero gana con la creatividad al 8, un buen doblez.

-Liebre a la Royal, farsa guisada, carnes asadas, foie-gras con higadillos, pino y arándanos
Tardó mucho en salir…tic tac
Presentación 9
Sabor 8, demasiado llena de “Royal”

POSTRES

-Manzana asada y ahumada, piel papel, cardamomo, nata fresca y vainilla
En general muy bien, sabores ahumados, suaves, frescos y de perfecta cocción. Nota 9,8
El maridaje de la sidra de hielo le vino a la perfección.

-Belga Ale: las texturas de chocolate con café, regaliz, cacao, aceitunas negras y toffee
Bueno , como otro de los tantos…

VINOS

Cavas de bienvenida ABAC
Flojos y no lo digo para dañar. Fueron 2, el primero apagado (Cava Balma), muerto en copa. El segundo muy normal para un catalán en este restaurante (Canals & Canals). Un cero de categoría, porque el sumiller no lo reconoció. Fue un pequeño detalle sin importancia.

Cava Gramona Argent Rosé 2008
(http://www.gramona.com/web/es/productos/cavas/argent-rose.html)
Finas burbujas centrales, color rosado palo, fino, algo deja vu. Sorprende la extrema crema, panal y frutos secos en paladar, largo y ansioso de más copas. No falla. Eso sí, nuestro camarero o “chico de sala” en la mesa, casi se ventila la botella con 3 copas, llenándola en exceso, y no se para qué. La verdad prefiero no pensarlo.

Numanthia 2006 (http://www.numanthia.com/es#/es/coleccion/vinoteca/2006)
Lo que se espera de TORO, potencia, virilidad, crema, doma americana, caramelos y especias, fortaleza alcohólica, domada por los años, y con brea final. 90 puntos ad hoc.

Sidra de Hielo “Antolino Brongo” CRYOMALUS 2008 (http://www.antolinobrongo.com/cryomalus/)
De las mejores, especial, extraña, para maridar con la manzanas con las que ha sido elaborada. Maridaje 9

Picolit (http://www.empson.com/Italian-wines/Ronco%20dei%20Tassi%20Picolit%20Collio_w272.html)
El vino Picolit es la perla de la enología de la región del Friuli, un vino tan precioso como las escasas y preciosas uvas que se usan para producirlo. De hecho, el nombre del Picolit deriva de la escasez de las uvas del mismo nombre, máximo alrededor de quince por racimo. Las plantas del Picolit, debido a su particular morfología, no producen frutos.

Esta es la razón principal por la cual el Picolit es un vino tan preciado como una perla. Actualmente su área de producción se concentra en las colinas entre Udine y Gorizia, con una producción anual total de tan sólo 500 hectolitros.



La historia y la fama del vino Picolit están ligadas a la figura del Conde Fabio Asquini de Fagagna, un agrónomo experto que en la segunda mitad del siglo XVIII logró promover y comercializar el Picolit en las principales cortes europeas. En 1785 marcó un récord al vender 4.757 botellas de 0,61 litros.



En los primeros años del siglo XIX, con la muerte de Asquini, inició una etapa de lento declive para el Picolit. Volvió a estar en auge casi un siglo más tarde, gracias a la familia Perusini, que comenzó a cultivar el antiguo viñedo del Picolit produciendo un vino de excelente calidad (info de www.greatitalianfoodtrade.es)

Baladin Xiauyú 2009 Riserva Teo Musso (http://www.baladin.it/it/productdisplay/xyauyu)
Cerveza italiana reserva (Barley wine) algo extraña, pero que se delata del todo por su lúpulo aromático. Poco densa, parece más un vino. Merece ver la gama de birras en su web online.

MA Mas Amiel 15 años (http://www.masamiel.fr/)
Vino dulce oxidativo con aroma a tabaco y a chocolate a la naranja. Elaborado con 90% Garnacha, 5% Macabbeu y 5% Carignan en barricas grandes (fudres) de roble francés.

MINUTA
Mesa 6.
2 comensales. Intima.
379,54 euros activos

NOTAS ad hoc
Recepción 5
Sala 8
Sumillería 7
Comida 8,5
Restaurante 8,2
Vinos 8,5
RCP 7,5

SOBERANÍA
Una sala limpia, pulcra, lúcida, iluminada, blanca con detalles lujosos como las lámparas y la decoración de las mesas, vajilla y cuberería, todas ellas llenas de comensales desde hace bastante rato.

En mi caso acudí un poco tarde (una media hora de retraso) a causa de la dificultad y ausencia de taxis en un sábado barcelonés. La recepción de ABaC es bastante fría, puesto que no sabes bien por donde bajar desde la entrada en planta calle, hasta que ves por suerte un ascensor y un botón para llamar y acceder al semisótano.

Tampoco apruebo que nos quedemos los últimos en la mesa con sosiego, y desaparezcan el resto de camareros, sumilleres y maitre, exceptuando el camarero “reserva” o quinto maitre, que se queda por obligación, brrrr!!!....siempre existen demasiadas prisas.

El sumiller D. Fernando, un poco crecidito en saber y ganar por aquél entonces, solamente pudo expresarse una vez se le ataron los machos y se le forzó a romper moldes dentro de la sumillería al límite, como le gusta al doctor, catando a la par, de 2 en 2, unas bebidas alcohólicas de diferentes partes del mundo. Ahí si pudimos disfrutar y jugar con los vinos que aparecieron al final de la noche, mejorando su trabajo.

En cuanto al precio, un dos estrellas Michelin, no era de extrañar que llegaran a los casi 200 por persona con vinos exclusivos, por lo que hay que venir preparado, mentalizado y ad hoc. Finalmente, observaré que las viandas si son de lujo, de cocina sublime, y que pueden competir como así lo he descrito en el informe previo, con el resto de Europa.

http://www.thedocadhocconcept.com/restaurantes-gran-doc

No es sencillo analizar la experiencia recibida del que es uno de los restaurantes más reconocidos y prometedores del país cuando al día siguiente tienes reserva en El Celler de Can Roca (cinco días después me sigo preguntando qué ocurrió en Girona…), pero si bien existen diferencias, hay un punto en la que los dos coinciden: DISFRUTAR, y es que mi sensación desde el primer minuto en el ABaC es la de un disfrute absoluto:

1. La localización y el diseño del restaurante es sobresaliente, la terraza en otra época del año tiene que ser una gozada.
2. La vajilla muy moderna, con uso de materiales (piedra) para presentar las distintas propuestas, la cubertería por supuesto fantástica, pero si algo merece ser la pena destacado es la cristalería, es sencillamente magnifica, sin palabras.
3. El servicio muy profesional y atento en todo momento. Además, gracias a la juventud del equipo hay una excelente sensación de proximidad y cercanía, que en mi caso agradezco y aprecio sobremanera.
4. El servicio de vino excelente. De la mano de Fernando Pavón se nos explicó, apreciamos y nos deleitamos con alguno de los mejores tintos de la carta (carta, por otro lado, de precios exagerados). A pesar de la recomendación de Fernando de que el menú GRAN ABaC pide vinos blancos, nos decantamos por tintos.
5. El único pero es, entiendo que tiene que ver con el hotel y su clientela, la inusitada cantidad de niños que hay en las mesas, algo poco normal en restaurantes de esta categoría. Nada alarmante, pero me sorprendió.

La recomendación de Fernando fue en primer lugar LA LLOPERETA 2011, un Pinot Noir de la Conca de Barberá, un vino sorprendente y muy curioso, fantásticamente servido, como igual ocurrió que el priorat de 2008 PLANOTS (garnacha y cariñena), un vino de lujo que se adaptó a la perfección con la propuesta gastronómica:

De inicio, acompañando el “Nitro Cocktail”, se nos sirvió un fantástico cava, no recuerdo el nombre.

Un denominador de las propuestas del menú GRAN ABaC (3 entrantes, 9 platos y 3 posters) es la potencia de los distintos salsas que les acompañan, como ocurrió con la fantástica carne de buey, con los interesantes ñoquis de parmesano, con la ostra de ternera y sake (en el Ten´s la ostra me llamó más la atención), con el foiegras asado y la excelente gamba de Palamós.

Tres de las propuestas que más me gustaron fueron:

Sorprendente la “butifarra del perol” magnifica composición con corazón de tomate, suave butifarra y helado de pan con tumaca. Plato de 10 en especial el helado: imposible y perfecta elaboración de un clásico de la cocina catalana.

Los “mini lomos de bacalao con guisantes y trufa negra” y la “yema de huevo con pure de patata parmentier”, que sin ser platos de 10 me encantaron, el primero me pareció una maravilla y el segundo muy ingenioso y sorprendente en todos los sentidos.

Con el PLANOTS en la mesa, aparece el Bistec tártaro ahumado, interesante y como en todas las propuestas la técnica de Jordi es sobresaliente.

Como platos principales me pareció excelente el salmonete, el único pero es que sobraban a mí entender los panes de tomate, pero el resto de la combinación es sencillamente de 10, y la tal vez menos llamativa la ternera menuda.

De los postres me quedo con la extraordinaria rebanada de pasión y chocolate, sencillamente increíble.

Acompañando los magníficos cafés varias pastas que devoré sin criterio por imposibilidad de apreciar más sabores, recuerdo que la trufa era buenísima.

La sensación final que la técnica y capacidad de sorprender de Jordi Cruz es muy buena, quien soy yo para juzgarla, realmente es un chef magnifico y sus propuestas sorprendente (se va a hartar de recibir galardones), pero la sensación final según mi subjetiva impresión es que el ABaC no ha llegado todavía a un nivel de un Quique Dacosta, de lo que nos ocurrió al día siguiente en Girona o el DiverXO (con quien según el “criterio” de la Guía Michelín se ha peleado por obtener la tercera estrella), en cualquier caso hay que celebrar y considerarnos afortunados por tener un nivel tan extraordinario en nuestra gastronomía.

Un único pero: si nos encontramos ante un restaurante en donde se dan tanta importancia a la imagen y detalles, la no presencia de Jordi en la sala a pesar de que fue requerida es cuanto menos sorprendente…, pero si a David Muñoz tampoco se le espera y no lo considero relevante, pues tema zanjado.

La verdad es que en el ABaC se disfruta y he DISFRUTADO muchísimo.

Hacía ya uno tiempo que seguíamos la evolución del Restaurante Abac de la mano del chef Jordi Cruz y hace unos meses mi pareja y yo nos decidimos a hacer una reserva para finales de junio de este año 2013. A posteriori, como todos deben de saber, llegó el fenómeno Masterchef, con toda la locura mediática que comporta. Eso sembró alguna duda sobre nuestra decisión, ya que pensamos que igual el chef no estaría por su restaurante y su clientela como sería de esperar. Con esa sombra sobre nosotros llegamos al día señalado.
Y ahora pasamos a la descripción de la experiencia. El entorno del restaurante es un remanso de paz en medio de Barcelona, rodeado de vegetación y del sonido agua. El interior es elegante, con tonos suaves y asientos, la verdad, extraordinariamente cómodos. La separación entre las mesas es la adecuada, aunque en un restaurante de esta categoría las conversaciones se producen en el tono bajo habitual de personas educadas. La cristalería es excepcional y muy cuidado el servicio de vino por parte del sommelier. La cubertería, aunque elegante, quizás necesitaría una renovación. La vajilla, con sinceridad, no me pareció bonita ni elegante. El servicio es joven, amable y eficaz, aunque un momento dado parecieron perder algo el compás. Esto último es quizás, para poder poner un pero a algo casi perfecto.
Y pasamos a la comida. En primer lugar, algo impactante visualmente, el nitro cocktail, que corresponde a un licor de sauco al que se le aplica, en la misma mesa, nitrógeno líquido, con la consiguiente espectacular humareda. Aparte del toque de técnica de vanguardia, el resultado, un granizado agradable de gusto, junto con manzana marinada en cítricos es muy refrescante.
El siguiente aperitivo, un curry esferificado con almejas de carril y lima kafir, era gustoso y mucho mas suave y elegante de lo esperado.
El tercer y último aperitivo fue una nieve de Bloody Mary con mariscos y salazones, un granizado suave y de gusto intenso.
El primer entrante fue espectacular. Una fina focaccia de foi gras con piñones tostados, consomé de cebollas y ralladuras de piel de naranja. La textura esponjosa, casi etérea, del foigras, con el crujiente de la focaccia y el consomé al final, justificaron practicamente la visita. Un plato para el recuerdo.
Siguieron unos nyoquis líquidos de parmesano a la mantequilla de cítricos con nueces, infusión de setas crudas y cocidas, citronella y trufa. Una exhibición de técnica culinaria al servicio de sabores suaves y equilibrados.
El tercer entrante fue el plato que menos nos gustó. La ostra guillardeau con panceta ibérica servidas tibias y ahumadas, con consomé de caza y ensalada de nervaduras Thai/Mex no me pareció equilibrada, puesto que el sabor del consomé se llevaba por delante el de la ostra, que tendría que haber sido la protagonista.
Este pequeño pero quedó olvidado con el siguiente plato. Su nombre, pequeños lomos de bacalao con garbanzos y espinacas, no hace justicia a la complejidad gustativa de la que disfrutamos en cada bocado. Disfrutamos de una melosidad realmente espectacular. Otro plato diez.
Seguido por otro. La yema de huevo curada en agua de mar, con caviar y parmentier de limón, es una combinación atrevida, de técnica depurada y resultado brillante.
Y otro diez mas. El Steak tartar ahumado, con nieve de ternera aliñada, yema cocinada, velo de mostazas y crujiente de pan a la pimienta, solo admite comparación, a nuestro juicio, con el famoso steak tartar del Celler de Can Roca. A estas alturas estábamos practicamente en éxtasis. El sabor intenso, rotundo, se compaginaba con la elegancia que parece ser marca de la casa.
A otro nivel, pero tambien muy buena, la viera asada, con meuniere de lima y parmentier al limón y pequeñas zanahorias salteadas a la mantequilla. Quizás la combinación de sabores suaves y delicados no destacaban por la explosión de intensidades anterior.
De nuevo subimos al Olimpo culinario con el salmonete frito con cebollas, allioli de citronela y tomates confitados. Lo que Jordi Cruz hace con un pez tan humilde es, realmente, un homenaje y un festíval para los sentidos gustativos.
Para terminar los platos principales, nos sirvieron el rabito y lágrima ibérica, con gamba de Palamós, consomé de corales y pan de curry, de sabores intensos, pero no un plato del todo redondo.
El prepostre fue un sorbete nitro de frambuesas y destilado de peras con regaliz, que sirvió para limpiar la boca y prepararla para los sabores dulces.
El primero de los postres fue un plátano con texturas de cacao, caramelo de nuez moscada y lima, suave y de texturas agradables, no excesivamente dulce. Realmente bueno.
Sin embargo, la bondad del primero quedó eclipsada por la maravilla del segundo, una nieve de yogur y galletas, néctar de flores y helado de violeta. Combinación de crujientes y texturas cremosas, dejando un recuerdo persistente y magnífico.
Con los cafés nos sirvieron unos petits fours al nivel de la comida, aunque yo destacaría el chocolate blanco con crujiente de pan, aceite y sal y la cuajada de l'abac, servida en un vaso de cristal como los antiguos de yogur.
En cuanto al servicio de vinos, se nos sirvió como aperitivo un cava de elaboración tradicional, con 24 meses de crianza, que era bastante aceptable. Escogimos para parte de la comida un Cloudy Bay 2010, un sauvignon neozelandés esplendido, con aromas muy potentes de pimiento asado y conservas, que acompaño muy bien a buena parte de los platos. A posteriori nos sirvieron un tinto, un Sant Aniol excelente que nos dejó encantados por su rotundidad y elegancia. Con los postres tomamos un moscatel de la Marina 2008, de sabores suaves, moderadamente dulce y muy perfumado y, por fin, un FLP portugués, de gran intensidad en boca.
Resumiendo, una gran comida, a la altura de lo que esperábamos de un dos estrellas como el ABAC y, al que de buen seguro, va a ser obligatorio volver en un futuro.

Al entrar en el hotel, por el cuidado exterior y diseño, ya se puede intuir que el restaurante es un lugar apacible, sereno y elegante, donde aun estando dentro, las enormes cristaleras hacen posible disfrutar del magnífico jardín.
En el interior predominan los blancos y neutros, con amplias mesas elegantemente vestidas y bien iluminadas con magníficas lámparas de diseño.
Tras una correcta recepción fuimos hasta la mesa donde nos ofrecieron un aperitivo que disfrutamos deleitándonos repasando la carta y en especial "El Gran Abac Menú", en el que Jordi Cruz mezcla los ingredientes de los que mejor dispone como son talento, técnica, creatividad y esa chispa que sólo unos pocos poseen para dar con productos dispares que maridan perfectamente en sus creaciones. Estamos seguros de que este joven Chef es una gran promesa, el cual ya cuenta con un vertiginoso curriculum e importantes premios.

Comenzamos con "Melón Mojito": Buen inicio con un aperitivo de mojito con un helado cremoso de hierbabuena, dados de melón, caña de azúcar en lo alto para degustar con azúcar totasda y lima.
Piruleta nitro de yogur salado y caviar de Irán, como casi todos los nitros que hemos tomado esta piruleta se prepara en sala desplegando para ello el espectáculo que la propia elaboración conlleva; para repetir una y otra vez este contraste de texturas y sabores.
Fina focaccia de foie-gras, piñones tostados, consomé de cebollas con trufa lio y raspadura de pieles de naranja. Destaca un predominante sabor a naranja en excelente combinación con el foie y agradables tropezones de piñones.
Ceviche Hamachi con cerezas y nieve de pepino. Más que sobresaliente para este entrante donde el pepino granizado deja un sabor fresco y picante al final.
Los tomates rama desecados con agua de pimientos al aceite de oliva, sardina ahumada, “coladura” de anchoas, piel de pan y albahaca. Gran caldo de pimiento que potencia el sabor de los tomates, con deliciosos tropezones de sardina ahumada. La piel de pan no nos pareció tan acertada en cuanto a textura.
Ostra de Marennes-Oléron tibia con pichón, agua concentrada de hongos, panceta, trompetas de la muerta y salsifíes. Potente y sabrosa salsa de hongos, panceta y salsifíes en contraposición con una delicida ostra.
Bistec tártaro ahumado, nieve de ternera aliñada, yema cocinada, velo de mostazas y crujiente de pan a la pimienta. Audaz interpretación del tradicional steal tartar que va de menos a más, según se van interpretando en boca sabores y texturas.
La yema de huevo cocinada con ibéricos, parmentier de patata, aceite de trufa y rúcula. Este plato siempre es un valor seguro, aunque hay que decir que es una interpretación personal y atrevida para dar lugar a un sabor muy tradicional.
Cigalas, avellanas como garbanzos, jugo de fideuà, pollo a la brasa, allioli de citronella y corales al aceite de oliva.
Por un lado llegan las cigalas sobre una placa de sal del Himalaya con un pequeño hornillo que la calienta, se terminan de hacer en la mesa tomando el sabor de la sal. En otro plato se nos presentan unos falsos garbanzos de avellana sobre un consomé concentrado de fideua con tropezones de pollo a la brasa crujientes y alioli de citronella algo fuerte. Cuando están las cigalas se toman con los falsos garbanzos y se disfruta de un soberbio juego de texturas y potentes sabores.
Ventresca de atún mediterráneo con macarrones de ponzu, piel de kumquat, mizuna, calabacines al aceite de oliva y puré de raíces picantes. Este es uno de los mejores paltos de la velada. Simplemente perfecto.
Pasta Caserecce cocinada en agua de cebollas con lágrima ibérica y foie gras a la brasa. Buen fin de fiesta salado, donde la pasta llegó en su punto y el acompañamiento no pudo ser más acertado.
Uvas fragantes con lichis. Un postre refrescante y nada empalagoso.
Tierras ahumadas, plátano, café, cacao, vainilla y bourbon. Continuamos con un postre más intenso, por un lado llegan unos daditos de bizcocho al bourbon caramelizados y por otro el resto del postre. Sabores intensos que luchan por destacar en el conjunto y todos armonizan en su perfecta medida.
Sobre crujientes galletas, nieve de yogur, néctar de flores y violetas. Como si de una montaña rusa de sabores potentes y delicados se tratara, ahora descendemos a un postre más delicado pero no menos bueno que evoca sabores de la niñez.
Continuamos con una cuajada de leche de cabra y para terminar llegaron unos petit fours donde destacó un divertido pintalabios de helado de rosas y frambuesas.
Acompañamos el menú con un Delamotte Brut, perfecto para un almuerzo de sábado.
Al final salió Jordi Cruz a saludar a las mesas, un detalle que nosotros valoramos muy positivamente.
Todo esto acompañado de un impecable servicio de sala hicieron que salieramos plenamente satisfechos de la experiencia y con la sensación de haber disfrutado de una de las mejores mesas de España.
http://www.lossitiosdesambuquita.com/2012/11/abac-una-de-las-grandes-mesas-de-espana.html

Simplemente increible. Decidimos ir hoy a ultima hora, ya que nos alojamos en el hotel y no teniamos planes para la cena y pensamos "por que no?".

Vistos los comentarios aqui en Verema, fuimos con cautela. Sin embargo nos sorprendieron muy positivamente. Fuimos por el menu Gran Abac. El nivel es altisimo. Tanto la puesta en escena, como la calidad y la complejidad tecnica de los platos. Al contrario de otros bi y tri estrellados, la puesta en escena no me parecia un artilugio para enmascarar la falta de originalidad en el plato en si. Los sabores de practicamente todos los platos estaban magistralmente orquestrados. La gamba de Palamos en si, por ejemplo, era una explosion de sabor, perfectamente ensamblada con diferentes cremas y texturas de berengena. La falsa yema de huevo con parmentier de patata, sobrasada y trufa, excelente presentacion y una explosion de sabores y texturas en boca. Suma y sigue.

Regamos la cena con una Pierre Peters Les Chetillons 2002 (tenia muchas ganas de probar este vino). Precio del vino por encima de la media, pero no exagerado para lo que es un restaurante de este nivel en Barcelona - sobre unos 90 EUR (realmente El Celler de Can Roca es la excepcion excepcional en este apartado). No defraudo. Realmente uno de los grandes Champagnes.

Los dos postres muy muy buenos. Especialmente interesante el pre-postre: unas uvas pochadas en agua de litchies (llevaba algo de anis). Una sinfonia de sabores.

El servicio correctisimo, muy atento pero sin agobiar. Mucho mejor que en ningun otro estrellado (de 1,2 o 3 estrellas) que haya visitado antes. En una mesa colindante habia un tipo que por los comentarios y su comportamiento (iba solo, escribia tras cada plato y vino, etc), no me extranyaria que fuese de alguna "Guia". Jordi Cruz salio a saludar a TODAS las mesas. Un gesto que se agradece.

En resumen: un 3 estrellas en potencia que no creemos que tarde en lograr esa categoria porque lo merece de sobras.

Local: Muy bonita la situación, el exterior del eficio y el entorno ajardinado visible desde todas las mesas. Sin embargo, tal y como apuntaba otro comentario, en varias ocasiones los desplazamientos forzados lo convierten en un laberinto incómodo y muy frío (paredes blancas sin más en los pasillos y escaleras) que en mi opinión hace perder muchos enteros. Interior de la sala agradable y bien iluminado.

Trato: Bastante frío. No sé si por estudiada ceremoniosisdad o por poca capacidad de conexión.

Comida: Muy buena. Pedimos menú degustación Clásico.
*olivas negras griegas y verdes francesas. Buenas
*Corteza de careta de ternera. Ni fú ni fa.
*Chip de especias. Normal.
Aperitivos:
*Caballa marinada con emulsión de azafrán. Muy bueno. Mucha claridad de todos los sabores.
*Crema de Boniato con emulsión de ceps. Espectacular, buenísimo el equilibrio de sabores y la textura (y a nivel subjetivo el sabor a ceps me vuelve loco)
Menú degustación:
*Tartar de aguacate y Buey de Mar con helado de albahaca. Muy bueno, si bien el helado de albahaca era demasiado poderoso para la delicadeza del resto. Por suerte, se podía desechar parte de dicho helado.
*Foie al vapor de bambú: Normal. Terrible desilusión después de haber leído las mil maravillas de este plato. Si alguien me explica el porqué de su fama, me encantaría poder entenderlo...
*Macarrones con boloñesa de bogavante: Muy bueno, pero nuevamente me esperaba más, y también algo más de protagonismo del bogavante.
*Merluza con la piel crujiente, y un original acompañamiento de patata y puerro: Excepcional. Perfecta la materia prima y cocción.
*Solomillo de Ciervo: Muy tierno y bueno, pero elaboración muy (demasiado) sencilla dado el tipo de restaurante.
Mi mujer, en lugar de Ciervo, tuvo Lubina Salvaje. Muy buena
*Pannacota de Albaricoque con helado de Ruibarbo y sopa de Marialuisa. No nos acabo de gustar demasiado la combinación.
*Brioche de vainilla. Correcto

*Pedimos también una ración de quesos. Muy buenos, especialmente un camembert que no acabé de entender si se lo elaboran especialmente a X.Pellicer o lo elabora él mismo. El caso es que tenía un algo muy especial añadido al sabor típico del camembert que lo hacía formidable.

Vino: queríamos tinto y el sommelier nos recomendó un "Auditori 2007" de Montsant. Nos gustó mucho. 80 euros. Sabroso, complejo, fresco y nada pesado.

En conjunto, la comida era muy buena pero no disfruté como en los triestrellados visitados, el trato no es de mi agrado por carecer de cordialidad y cercanía y los precios, en mi opinión, están notablemente por encima de la experiencia. No volveré.

Un ejemplo de la exageración en precios: como aperitivo, una sola copa del verdejo "Afortunado" a 12 euros, cuando el precio de toda la botella es menos de 6 euros en tienda.

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