Restaurante La lobita en Navaleno
  

Restaurante La lobita

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Datos de La lobita
Precio Medio:
63 €
Valoración Media:
7.5 10
Servicio del vino:
8.1 10
Comida:
8.2 10
Entorno:
5.7 10
Calidad-precio:
8.3 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 36,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


11 Opiniones de La lobita

Que en 2014 la Guía Roja reconociese el extraordinario trabajo de Elena Lucas al frente de la cocina de LA LOBITA (tercera generación de mujeres al frente del negocio), y la especial dedicación de su marido como Jefe de Sala y Sumiller, es tremendamente significativo si tenemos en cuenta los medios que en aquella época disponían (bar/casa de comidas en calle/carretera principal de Navaleno). 5 años después, con las adaptaciones y reformas llevadas a cabo en 2016 y en 2018, no hay duda alguna que estamos ante una referencia gastronómica de primer orden, y un futuro a tener muy en cuenta.

La micología es el pilar fundamental  de la cocina de Elena (los pinares, hayedos y robledales de las sierras que rodean Navaleno les surten de setas y hongos todo el año), con utilización de técnicas modernas y muy buenas presentaciones (“belleza” es la palabra para describir casi todos los platos, parece una tontería pero me llamo la atención).  

Dos menús a elegir (80 y 60€), optamos por el menor: “Albar”, que se inicia con aperitivos “en el espacio que ocupaba la barra del antiguo bar”, en  donde destaca el “Torrezno”, torrezno convertido en polvo e inflado en sartén, cubierto con magro de panceta y láminas de hongos boletos y rebozuelos. Soberbio.

Ya en mesa, comienza la cocina con mayúsculas:

Empezamos con “La tocona”, crema de higaditos de pollo y conejo que emulas las típicas toconas (arboles aserrados) acompañado de setas, níscalos, rebozuelos y trompetas, además de resina de pino. Muy bueno.

Setas al ajillo” Suave Gyoza rellena de setas bañada en una sorprendente caldo de ajo suave. Bueno.

Un clásico de la casa es “Nuestra croqueta diferente”, monumental croqueta rellena de yema de huevo líquida. No falla, sencillo pero necesario.

La Menestra de verano”, con cocciones bajas de vegetales y setas. Muy bueno.

Doble propuesta en “Calamares a la romana -> Calamares en su tinta”, los primeros, falsos calamares rebozados, en realidad apionabo en tempura, sobre espectacular seta, que en su interior escondían calamares en su tinta (buenos, pero un poco fuera de juego con el resto de las pripuestas).

Terminamos el “Atún perigord”, bien de punto, acompañado por crema de setas.

Posibilidad de recurrir a tabla de quesos, optamos por 4 (8€). Todos ellos extraordinarios. Se acompaña con vino de otra época con bodega de Cenicero desparecida. GAROA de Bodegas Velázquez (de principio de los 70´s) Increíble. Estaba perfecto.

De postre, sencillos y buenos el  “Homenaje a la costrada soriana” y “Tarta de queso; homenaje al corral”. Con un muy buen servicio de café.

En sala, Diego Muñoz, marido de Elena, acredita unos conocimientos extraordinarios en materia de vino, con una carta que me atrevo a decir es magnífica y que incluye un apartado especial a añadas históricas de Rioja, me fue difícil pasar por alto las antiguas etiquetas de la DO Rioja, si bien elegimos CAMBRICO RUFETE 2005 (65€) un extraordinario trabajo 100% de uva Rufete con envejecimiento durante 18 meses en barricas de roble francés. Un vino intenso con aromas a frambuesa, muy elegante y sedoso. Servicio, tratamiento y presentación de 10. No me es sencillo dar la máxima nota en este apartado (recuerdo: Josep Roca, Rafael Sandoval, Jose Antonio Navarrete, Mariano Gutiérrez, en Martín Berasategui, Maralba, Retiro Da Costiña,…), pues la simpatía, cercanía y profesionalidad de Diego lo merecen.

Conclusión: Restaurante para repetir.

Hoy me estreno con los comentarios, disculparme si soy muy esquemático, voy a tirar de memoria...
Menú degustación, charla y presentación amena con Ferrán de Recaredo. Magnifica atención desde la recepción, trato amable y cercano (de 10).
Adjunto foto con el menú, todos los platos de un gran nivel, aunque en alguno de ellos eché en falta algo más de potencia en los fondos, puede que algo¨"eclipsados" por los vinos. A destacar la "croqueta diferente".
En cuanto a los vinos, APABULLANTE, no se me ocurre otra palabra que mejor describa lo sentido. Vinazos todos, a destacar el brut de brut (2007) y el reserva particular (2005), que maridó perfectamente con el plato de carne y el postre.
En resumen; una experiencia inolvidable en la que La Lobita y Recaredo han ganado un admirador incondicional.
Un saludo.

  • Coca

  • Tarta de queso

  • Menú

Que maravilla, que producto, que trato, que cocina. Si te gusta el vino y las setas este es el primer restaurante al que se debe ir. La comida es una autentica maravilla.
Nosotros fuimos 4 , tomamos menu degustacion y sinceramente no os puedo decir que era lo mejor (TODO) desde los entrantes hasta el postre.
Son platos de la tierra, donde la trufa es la gran protagonista.
En cuanto a los vinos su sumellier es un fenomeno (por lo visto siempre ocupa los primeros puestos de los concursos). Nos dejamos asesorar y sin duda lo bordo.
Grandisima experiencia, mi filosofia es solo hablar aquí de los sitios que me gustan y no penalizar a nadie pero solo puedo decir que este restaurante en lo esencial (comer y beber) es para mi uno de los grandes, muy por encima de otros con bastante mas fama y mas estrellas.

Restaurante situado en el pueblo de Navaleno al pie de la carretera y eso es lo que parece, el típico restaurante de carretera, pero no nos engañemos, aquí se disfruta y mucho.
Llegamos un poco pronto y nos recibe Diego Muñoz con unas copas de cava, Diego es la cara visible del restaurante, un tío majete que sabe muy bien lo que se trae entre manos y además controla un huevo de vinos.
El comedor es pequeño pero acogedor, muy luminoso y con vistas a los montes cercanos.
Vajilla de lo mas moderna y cubertería y copas de primera calidad.

Para comer solo hay la opción del menú degustación a 50€ que consistió en los siguientes platos:

- Gua-bao de setas y panceta, un bocadillo con un pan blanco muy esponjoso relleno de panceta, setas y verduras, muy sabroso.
- Nuestro tradicional revuelto de boletus, misma textura del huevo y los boletus, coronados por un crujiente de torreznillo de Soria, puro sabor.
- Encurtidos y escabeches, un plato vistoso donde los haya, se presentaban varias setas escabechadas (boletus, níscalos, angula de monte, trompetas de la muerte...) combinadas con un muslito de codorniz, anguila ahumada y varios tipos de salsas, sabores y texturas.
- Un canelón de pollo asado, presentado en vaso y a modo de mousse, se coronaba con la masa del canelón a modo de crujiente, delicado.
- Pochas con boletus, pues eso, el típico guiso con un fondo marcado por la seta.
- Interpretación de la sopa castellana en sopa de setas, aquí se nos presenta el plato con una torrija salada, setas salteadas, huevo poché y helado de panceta, al mezclase todo el conjunto, se crea esa especie de sopa, deliciosa y contundente.
- Costilla con patatas, el típico guiso pero con otra presentación, la patata en su punto, la costilla deshuesada y coronando el plaro unos rebozuelos, sabor, sabor y sabor.
- Salmón con aromas del bosque, un lomo de salmón de Alaska perfecto de punto, coronado por un guiso de setas y pequeños brotes de pino y donde la sorpresa llega cuando cogen un trozo de corteza de pino que hay a modo de adorno en la mesa y te lo rallan encima del plato, auténticos aromas montaraces.
- Ajo carretero, volviendo a los orígenes, se presenta en un vaso dentro de un tronco de pino, en el vaso un guiso de setas y encima una especie de coca con queso y mas cosas que no recuerdo, se termina el plato con un chupito del caldo de cocción.
- Leche frita-saúco, la leche frita con un marcado sabor a setas y acompañadas de helado de avellana y gelées y compotas hechas a base de la flor y las baya de saúco.

Con los cafés nos sacaron un petit fours presentados en una caja muy chula con forma de seta, se componían de pastas, rosquillas, gominolas...

En cuanto al vino, la verdad es que disponen de una carta francamente interesante, champagnes de pequeño productor, Jerez, productores nacionales difíciles de encontrar en otros sitios...
Al comentarle a Diego nuestros gustos por Jerez, comenzamos con unas copichuelas del Equipo Navazos en este caso La Bota de Florpower MMXII 57 Y LA 53 "Más allá", la comida la acompañamos con un tinto de Arlanza de Olivier Riviére, El Cadastro 2011, fino, elegante y con cierta potencia y para los postres y sobremesa, terminamos con un Capricho de Goya 250 Aniversario y un tremendo La Bota de Amontillado 9 del Equipo Navazos.
Antes de irnos Diego nos presenta a su mujer Elena que está al mando de la cocina y creadora de tan maravillosos platos.
La verdad es que salimos muy satisfechos de la experiencia y con muchas ganas de volver, si es a las jornadas de la trufa negra en enero, pues mejor que mejor.

En el noreste de la provincia de Soria, en tierra de densos pinares, con abundante caza (corzos, ciervos, jabalies, etc) y situado en la calle principal de un pequeño pueblo, (que tambien es el paso de la N-234 que lo cruza), con muchas construcciones de piedra, limpio y muy cuidado,y quizas por la rasca que soplaba, se encontraba desierto, tan solo dos guiris (nosotros) pisando sus calles, se encuentra un pequeño local, que tiene, a la entrada un bar (desierto) y al fondo un pequeño comedor, con apenas 8 mesas, pero con ventanal, al fondo de la sala, con unas vistas a la sierra y los pinares cercanos, que solo con ocupar una de las mesas junto al ventanal (nuestro caso), hace que la comida te siente mejor.

Esas mismas vistas, que en epoca de nieve, y segun nos cuentan, permite ver, algunas veces, a zorros o corzos que se acercan en busca de comida.

Pues bien, a este pequeño local, que se define como: Restaurante micológico, le ha sido concedida una estrella michelin en su ultima edición, lo cual motiva el interes de este que escribe para ir y probar, de primera mano su cocina, interes al que no es ajeno, mas publico, pues no tienen plazas en ningun fin de semana de lo que resta del presente año, por esa razón tuvimos que subir hoy, único dia disponible en esta semana.

Como decía, un pequeño comedor, apenas 8 mesas, excelentes vistas al campo, instalación sencilla sin alardes de lujo, pero muy bien puesta, muy agradable.

Empezando por el vino, tienen una amplia carta con casi todas las DO's, pero con un nivel de precios altos, a nivel de la capital. Nos decantamos por un rosado de uva prieto picuda, Tombú. Muy bueno.

En lo que se refiere a la gastronomía, tienen un menu micológico (solo fines de semana) a 50€/pax, incluida bebida e IVA; un menu que llaman nuestra tradición que se puede degustar cualquier dia de la semana, a 39,50€/pax sin bebidas y con IVA; la carta que responde al nombre "de hoy y de siempre", y una pequeña carta con propuestas exclusivas del menu micológico. En general, a nivel de precios, son mas que razonables.

Entre la carta normal y la pequeña carta, componemos nuesta comanda.

Comenzamos con dos aperitivos: Una croqueta de chorizo, bastante buena y una crema de alubias, calentita, lo cual se agradece por la rasca que hace en el exterior, acompañada de unos picatostes y una morcilla desmigada. Buen comienzo.

Croquetas de boletus. Aspecto exterior, casero, casero, nada aceitoso, potente sabor a boletus. Bien, bien.

Garzanzos con boletus, espuma de chorizo y langostino. Tremendo plato, garbanzo pedrosillano super tierno, importante sensación en boca de los boletus, muy suave la espuma de chorizo (emulsionada en leche) y langostino muy fresco. Un Platazo, aunque tiene mucha base de cocina tradicional, tiene una ejecución perfecta, no exenta de toques de modernidad. Para aplaudir.

El suelo del pinar. (Plato propio del menu micologico). Una Pasada de plato, de entrada, esteticamente, te da pena tocarlo, pero cuando empiezas a degustarlo, te da un subidon, diferentes tipos de setas, apenas cocinadas, una "tierra" como base del plato, formado por morcilla, chorizo, remolacha y zanahorias, deshidratadas y desmigadas; un "musgo" construido a base de pipas; una "pequeña piña" construida con un pate de caza, y un remate con algunas hojas de plantas silvestres. Platazo, original, bien pensado y merecedor de aplauso.

Tataki de atun rojo, rebozuelos, gona-wakame y te de roca. (Plato propio del menu micológico). Si bien, la calidad y el tratamiento del atun, no tiene nada que envidiar a los probados en la capital, el conjunto, no me acaba de convencer, lo rebozuelos, estando muy bien cocinados, no le aportan gran cosa (en mi opinión), y el te de roca, si bien mejora con la soja que desprende el atun, en boca, no le aporta al atun ninguna mejora, al menos para mi paladar.

Solomillo con foie y crema de boletus. Este es uno de los platos "bandera" del local, y la verdad es que no puedo aportar mucho mas, la carne muy buena, el foie bien, pero la crema de boletus, supera al resto, muy muy buena.

Como prepostre, unas porciones de queso fresco de boletus, de Cantagrullas, rematadas con membrillo y mermelada de boletus. Perfecto.

Arroz con leche con trompetas. (Plato propio del menu micologico). Ojo, sin arroz, espuma de la leche infusionada (del arroz con leche), natillas densas de la misma leche, musgo hecho con trompetas de los muertos y unas porciones de gelatina de infusión de sauco e infusion de trompetas. Muy buen postre, otro plato que denota originalidad y mucha técnica.

Petit fours y cafes con hielo, sin chupitos (a pesar de ser ofrecidos, había que conducir), ponen fin a esta visita, y nos llevan a la calle, donde nos encontramos con un desplome de temperatura, y segun avanza la hora, a esa bajisima temperatura, se añade viento y una violenta lluvia que nos acompaño en todo el viaje de vuelta.

Hasta aqui todo lo bonito y bueno, que no es poco, de este lugar, pero claro, cuando ves la lista de restaurantes tambien con michelin, y en su misma franja (1estrella), te planteas acerca de los criterios de los inspectores para su concesión, si ves que en esa misma franja están, entre otros, Casa Gerardo, Ricard Camarena, el Bohio, Coque, etc, llegas a la conclusión de que es mejor no hacer comparaciones, porque, en definitiva, las comparaciones son odiosas.

En este restaurante se funden a la perfección el interés por el vino y la cocina. Un buen sumiller y una buena cocinera pueden convertir a La Lobita en un gran restaurante. En un local discreto y algo frío de noche por su iluminación( se echa de menos algo de calidez) pudimos disfrutar de un menú autenticamente micológico, dónde la estrella es la seta y ésta, se deja conocer y degustar enriqueciendo cada palto sin perder su identidad. Es una cocina sutil, delicada, con platos excelentes como la careta con aminitas, un plato maravilloso, meloso, rico sin excesos especiados y culminado con unas láminas de cesárea que transportan su degustación a los límites de la perfección. Atún rojo, pulpo al vacio con angula de monte, combinaciones curiosas que se respetan entre sí y con unas presentaciones sugerentes y divertidas. Echamos de menos algo de fuerza en el menu como la caza o alguna carne, pero pudimos comprobar que en la carta de diario existen estas opciones y parece ser, que se preparan desde hace tiempo en esta casa, es decir, que hay tradición familiar. La carta de vinos es excelente y la atención al mismo también. Dispone de muchas opciones de vinos nacionales y Champagnes.El sumiller se adapta a cada cliente con astucia y profesionalidad y fomenta el disfrute
. En definitiva un buen restaurante con un gran potencial que podría entrar en breve en la gloria de la élite

Tras disfrutar de una mañana recorriendo parte de la provincia de Soria y buscando sobre la marcha sitio para comer, encontramos este bar restaurante en Navaleno, situado en la misma carretera que cruza el pueblo, sin pérdida.

Respecto al local, se trata de un bar clásico y popular, pues es la primera visión que tienes al entrar, pero al fondo tiene un comedor que personalmente me parece, en conjunto, muy correcto y digno. Sin alardes estéticos ni ostentosos, más bien sencillo y familiar. Pocas mesas, bien vestidas, menaje curtido en algunos elementos pero cumplidor. Sillas cómodas. Música orquestal de fondo agradable.

Acomodados con simpatía, dos rápidas y frías cañitas para intentar contrarrestar el seco calor que pillamos ese día por la zona. Nos ofrecen la carta y nos explican las dos setas frescas que disponían debido a las lluvias recientes para poderlas preparar fuera de carta. Tras pegar un vistazo decidimos de la siguiente manera:

Aperitivo cortesía de la casa:

Sandía Plancha con Helado de Tomillo y Sopita de Tomate y Frambuesa. Ligero, refrescante y curioso. Trampolín.

Entrante compartido pero emplatado de forma individual:

Senderuelas sobre Parmentier con Huevo a Baja Temperatura. Completaban el plato unas verduritas (zanahoria, ajitos tiernos, apio, calabacín…) con perfecto punto de cocción y flores de saúco. Terreno.

Principales:

Hamburguesas de Secreto Ibérico con Rebozuelos. Se acompañaban de yogur de hongos, pétalos de rosa y mostaza. Variación del plato original de la carta que hicieron sobre la marcha para que probásemos las otras setas frescas que tenían. Sabrosa la carne y tremendos los hongos. Toque y detalle.

Carrilleras de Cerdo Ibérico en su Jugo con Tirabeques, Crujientes de Queso y Crema de Castañas. Tan solo lo probé pero suficiente para notar el poderío que transmitía el plato. Empuje y delicadeza.

Postre compartido y emplatado individualmente:

Croquetas de Chocolate Líquido con Helado de Plátano y Migas Crujientes Dulces. Cómo me gusta esta combinación que se acompañaba con esas migas, que a pesar de ser dulces equilibraban el bocado para no llevarlo al terreno empalagoso. Pensado.

Como pan, una rebanada gruesa sabrosa de dura corteza y tierna y esponjosa miga.

Por la tarde más coche, así que… botella de agua para beber.

Un café bastante mejorable completó la comida.

El servicio por parte de un solo camarero que se las apañaba la mar de bien para llevar todas las mesas del pequeño comedor.

En resumen, grata sorpresa que supuso una agradable comida, en un entorno aceptable y correcto, donde fue posible degustar algunas setas en pleno verano manejadas con mucha pericia. Simpatía y familiaridad en el trato, manteniendo la compostura en todo momento, proporcionando buenos y aprovechables consejos que se materializaban en hechos al disfrutar de los platos presentados. Merece una paradita si pasas por la zona, aún más si es en plena temporada de setas.

  • Croquetas de Chocolate Líquido con Helado de Plátano y Migas Crujientes Dulces

  • Carrilleras de Cerdo Ibérico en su Jugo con Tirabeques, Crujientes de Queso y Crema de Castañas

  • Senderuelas sobre Parmentier con Huevo a Baja Temperatura

Restaurante que aunque poco acogedor a primera vista y que parece mas un bar de carretera que un restaurante, resulta ser un excelente restaurante micologico en el que se disfruta la buena cocina y el servicio del vino.
Servicio excelente, platos comentados, pan casero y el vino ademas de recomendado segun el menu, se sirve perfectamente incluso envinando el decantador.
El menu micologico es muy bueno y nada caro por la calidad de los
platos servidos, sobre los 45 euros por persona.
La cocinera tiene varios premios micologicos de Castilla-Leon y el camarero-sumiller es gran conocedor de los vinos y los sirve perfectamente.

Totalmente recomendado.

...El viaje de mas de dos horas y media desde Madrid a este restaurante que aunque poco acogedor resulta que se disfruta del menu ( micologico) y de la amabilidad del cocinero y maitre. El servicio es excelente excepto en el vino. Decir que es un bar ( de pueblo) con dos camareros mas y al salir nos acompañaron a la puerta porque en las horas de comida el bar cierra para que los dos camareros puedan atender las mesas (7)adecuadamente... y lo consiguen. El menu muy bueno con un vino de Navarra excelente (Pago de Cirsus) inluido en el precio de l menu y ademas incluye cafe y un licor de hongos al que nos invitaron . Todo por 42 euros por persona. Debe mejorar el servicio del vino porque las copas son malas y aunque nos comentó las notas de cata del vino, abrió la botella y la dejó en la mesa sin ofrecer a probar. Por lo demas muy buena comida. Las mesas de los ventanales son las mejores ya que se ve el prado y el pinar y hace olvidar el pobre comedor que no invita a disfrutar como la comida merece. Lo recomiendo

Está bien. La puesta en escena deja mucho que desear. Saloncito duro de roer, dejan que enseguida se llene del humo de los desalmados fumadores. La cubertería raya en lo escabroso,la cristalería poco más o menos, la vajilla... en fín. Pero entrando en la comida, se ve que lo que hacen lo hacen de forma honesta. Los platos están bien preparados, la materia buena calidad, está bueno todo... Pero ya estamos donde mismo: con la manía del diseño a toda costa y los larguíiiiiiisimos nombres en la carta. Los platos son excelentes y no necesitarían para nada tanta salsa y tanto alboroto. Las armonías no están conseguidas, por pretender cosas que no son. La carta de vinos no está cuidada y los precios del vino muy inflados.
Sin embargo la rcp del local es buena.

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