Restaurante Andra Mari Terrina de oreja de cerdo con cebolla morada de Zalla

Restaurante Andra Mari

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Datos de Andra Mari
Precio Medio:
61 €
Valoración Media:
8.1 10
Servicio del vino:
7.3 10
Comida:
8.0 10
Entorno:
8.8 10
Calidad-precio:
8.0 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Vasca
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 40,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Domingos, Semana Santa y agosto.

Teléfono


26 Opiniones de Andra Mari

Andra Mari es un clásico que no se difumina en el tiempo. Un restaurante que en sus formas y en la cocina reivindica su esencia y estilo, pero sin renunciar a su propia evolución. Andra Mari es de esos restaurantes a los que vuelves periódicamente, algo de él te llama..En esta ocasión pruebo un menú de 59 euros , quizás no tan bueno como los dos anteriores , pero que tampoco decepciona. Excluyendo el nuevo steak tartare con alcaparras y helado y el último postre de chocolate( perfecto en su ejecución), el menú pasa de una forma un tanto anodina, sin demasiada relevancia y eso aquí no es habitual. Tuve la sensación de que había ideas que precisaban afinamiento( panacota de enebro y el jugo de guisantes y brotes). El restaurante lleno , amabilidad y sonrisas en el servicio de neskas con algunos despites y descuidos que no deben establecerse como norma.En cualquier caso volveré, merece la pena

 

Reciente visita por parte de Mila y un servidor. El día anterior estuvimos pensando que comer, si carta o menú degustación. Viendo que había ostras, almejas ala sartén y cígala con tuétano la idea del menú se nos quito de la cabeza.

Llegamos como siempre, puntuales. El sitio es bonito, no cabe duda que ese caserío llama la atención. El local, no ha cambiado nada desde nuestra primera visita, allá por 2013, así como gran parte del personal.

Lo teníamos claro, por lo que la única dificultad era decidir qué íbamos a comer de segundo y lo que beberíamos. Esto último, fácil; en cuanto vi en la carta Billecart Salmon ya teníamos claro que beberíamos.

De aperitivos nos sirvieron unas galletitas de queso y otras diría que de morcilla. También nos sirvieron una ensalada de perdiz escabechada, la cual estaba francamente buena!

Como entrantes, lo siguiente:

- Ostras sobre naranja. La verdad, que no nos dijo gran cosa. La naranja hace olvidar ala ostra, sin su coraza. Normalito. Tenemos pendiente darnos un buen atracón de ostras y sin tardar lo haremos, ya veremos dónde!

- Almejas a la sartén. Esto si, buen producto y el sabor muy marcado. El aceite con los ajos para chuparse los dedos!

- Cígala con tuétano. En la línea de las ostras la verdad, esperaba mucho más de este plato, sobre todo mucho más sabor. El tuétano, terrible eso sí!

De segundos, tras pensarnoslo mucho nos decidimos por lo siguiente:

- Mila, centro de entrecot. Probé un trozo y estaba realmente bueno.

- Por mi parte, carrilleras. Bien preparadas, la verdad que muy ricas.

Para finalizar la comida y viendo que los postres no nos enamoraban decidí pedir media ración de Idiazabal. Muy bueno, acompañado de un pan de pasas normalito.

Durante la comida probamos pan de maíz, no estaba muy allá, hogaza y otro que no recuerdo.

Para beber lo dicho, Billecart, en su línea.

Pedímos dos cafés con leche pequeños, a Mila le sacaron un vaso de wishky y amo en una taza pequeña. Sin comentarios hacia los cafés.

Es nuestra segunda visita a Andra Mari y probablemente haya la última. Nuestra próxima incursión a Galdakano será en el Atxondo que tenemos buenas referencias del mismo!

¿Recomendable? Lleva muchísimos años al pie del cañón, por algo será!

Andra Mari es ya un restaurante mítico. Y lo es por haber alcanzado un desarrollo pleno, un estilo moderno sin renunciar a su propio estilo. Ser clásico , sin quedarse atrás , sin atascarse en viejos tiempos y glorias. Quizás el menú actual alcanza su máximo esplendor y sintetiza esta idea. Es un menú de bases clásicas , de producto de la zona, pero con sensación de desarrollo, de sentido estético y de perfección y finura en su ejecución. Los mejillones en su jugo con gelatina y Camapri, son el inicio de un menú que no decepciona, parecido a los previos, pero distinto, un estilo propio que crec y evoluciona, finura, delicadeza e intensidad. 59 euros, el mismo precio que hace dos años, mejor menú, mayor perfección, una gozada¡¡¡. El contexto ya conocido, elegancia y tradición, la mesa con su mantel de hilo de seimpre, pulcro y perfecto. Las vistas, lo entrañable, el servicio amable, neskatillas...Buen servicio del vino ( aunque insisten en llamar El Predicador al Predicador y reserva al Pagos Viejos.. será la tradición..),, copas Riedel, muchas opciones , disfrutas, de todo. Grande Andra Mari, lo esencial que evoluciona...la difícil sencillez

Creo que está todo dicho sobre este restaurante en las mil opiniones vertidas y creo que pocos podrán “alardear” de opiniones tan regulares.
Y conste que si algo hacen aquí poco es precisamente “alardear”. Naturalidad al cien por cien. Simpatía. Educación. Buen hacer…….
Al sentarnos nos obsequian con unos “palitos” de ¿galleta? Y de ¿pizza? y con dos copas de txakoli. Y nos ofrecen a elegir varios tipos de pan y yo, como no puede ser de otro modo, me voy de cabeza al por el de maiz.
Como aperitivo nos sacan un plato de txitxarro que “nada” en un caldo que no soy capaz de recordar pero que tenía un toque muy suave a “cilantro” y que está tan rico y fresco que ambos lo terminamos cual si de tazón de caldo se tratase…….. “a morro”. El txitxarro está espectacular.
Comenzamos con nuestra primera elección. Tomate confitado sobre migas de aceituna negra. Ambos hemos comentado que si este plato te lo sacan con los ojos cerrados, difícilmente reconocerías exactamente lo que estás comiendo. Seguro que te sonaría pero…… Una combinación excelente de sabores donde nada molesta al resto y un conjunto muy logrado que hacen de él un plato sabroso y fresco a la vez.
Dicen que Andra Mari es clásico. No digo que no lo sea, ello le ha llevado hasta donde está, pero la cocina de Andra Mari apuesta mucho también por jugar con sabores, por arriesgar y hay ocasiones, muchas, donde aciertan. Este plato es una demostración de ellos. Cigala asada con tétano atemperado y crema de coliflor. El tétano no es precisamente un sabor que pase desapercibido. Mi hijo me dice que le parece tocino. Quizás pueda decirse que tienen un cierto parecido. La cigala cojonuda y la salsa ni te cuento. Un conjunto que pudiera parecer abocado al “divorcio” pero que creo llegará a celebrar sus bodas de oro.
Otro plato que nos llega que de clásico tiene bien poco, un Arroz marinero de moluscos con ali-oli de jengibre. Punto exacto del arroz y sabor muy marcado. Poco se parece esto a una paella. Sorprendente.
Este que nos llega sí puede ser más habitual pero no por ello menos sorprendente. Un Estofado de bacalao y cebolla con crema de patata y huevo. Sabores reconocibles. Aroma que te inunda. Cuchara para rebañar bien el plato. Pan para terminar de “limpiarlo”. Qué rico está esto, oyes.
Al comenzar, me han dicho que hoy había atún. A mi es oirlo y es que ya no me concentro. No puede evitarlo pero es que no quiero hacerlo.
Asi que, de nuevo un par de raciones servidas en sus más que originales y estupendos platos de unos lomos de atún rojo. No soy amigo yo de que este producto lleve compañía. Me gusta tanto que no quiero serle “infiel” con ningún otro ingrediente. Hoy me vuelven a demostrar que aquí arriesgan y mucho. La compañía es sorprendente.
Lleva además como un puré verde que sintiéndolo mucho no soy capaz de recordar de que era exactamente. Yo me como primero toda la compañía para después degustar el pescado en su “justa” medida. Poco que añadir.
Hoy he querido apostar también a lo seguro con el vino. Además quiero ir introduciendo poco a poco al txikito en el mundo de “mis vinos”. Así que nos vamos a por un blanco, un Tondonia Reserva 2000.
Servido en unas estupenda copas Riedel y perfectamente rellenado según vamos necesitándolo. La temperatura, algo “baja” al principio, va “atemperando” y podemos degustarlo como debe ser. Algún día, quizás, aunque me dice nuestra sumiller que es batalla perdida, seamos capaces de hacer entender que los blancos se beben “templados”, no helados.
De este vino se pueden decir muchas cosas. De la filosofía de esa bodega. De su calidad, de su seriedad, de su permanencia. De la fidelidad de sus clientes. Ojalá muchos siguiesen sus pasos.
Vinos blancos tradados como tintos. Vinos que permanecen años en barricas de roble, Que después pasan más años aún en las botellas, esperando a que decidan que es el momento de sacarlos al mercado.
Como somos de beber pausado y de degustarlo, llegamos a los postres con un par de copas aún. Ya he dicho que mi compi no es “postrero” pero sí que es “quesero”, así que una tablita de quesos nos ayudan a poder terminar con este estupendo blanco.
Concretamente un rulo de cabra, un Idiazabal, un queso de Roncal y un queso azul componen la tabla. Me quedo con el Idiazabal y el azul, que por cierto “enamora” sobremanera al txikito.
Con los detalles de “fin de fiesta” en forma de pastelito de chocolate y un par de mini bizcochitos, me pido mi cafecito. En cuanto lo veo delante, me gusta tanto su pinta que les digo que no quiero leche. Que diferencia de un buen a un mal café. Afortunadamente en nuestro pequeño país, disfrutamos de muy buenos cafés. Este ha sido de los mejores.
Para ver las fotos: http://gastiondo.blogspot.com.es/2015/06/restaurante-andra-mari-galdakao-una.html

Voy siendo cumplidor de lo prometido. Me queda ya poco para este repaso que estoy dando a mis restaurantes preferidos. Este, sin duda alguna es uno de ellos. Ahí está, ahí ha estado y esperamos que ahí esté por mucho tiempo. Este año es su 50 aniversario, no le voy a llamar viejo que, manda narices, es más joven que yo. Zorionak por esas bodas de oro tan merecidas.
Su estrella sigue brillando con luz propia. Pocos cambios y además hoy he venido con una idea muy concreta, a seguir la tradición.
La persona que me acompaña, sin duda alguna mi mejor amiga, hace quizás 30 años que no viene por aquí. Es una excelente comedora, agradecida. Da gusto cenar con gente así, que disfruta de cada plato, de cada gesto, de cada trago.
Destaca la amabilidad del personal, algunas veteranas, con mucho arte y otras más jóvenes pero igualmente atentas.
Una vez acomodados en una de sus bien vestidas y amplias mesas y consultado con mi acompañante sobre lo que le parece el menú tradicional, a por él que nos vamos. Menú tradicional Elexalde.
Ante todo destacar el pan de este restaurante, te dan varias opciones pero yo, fiel a mis costumbres, me decanto por el de borona de maíz.
Como aperitivo nos ofrecen un par de copas de txakoli, unos palitos crujientes y unas galletas de queso.
Tienen una carta de vinos bastante completa y hoy tengo yo capricho de que Marijo pruebe un albariño, en concreto el Tricó. Añada 2010 en este caso.
Como soy un “aprovechón”, en el blog he utilizado los conocimientos de un gallego, concretamente de Alberto Freire, aquí no voy a hacerlo pero gracias Alberto.
Yo no soy capaz, ni mucho menos de sacar semejantes matices al vino pero nos ha encantado y realmente está rico, muy rico.
Comenzamos con el menú propiamente dicho.
Taco de foie caramelizado con finas hierbas y cítricos. Acompañado por unas tostas de pan. Excelente producto. Soy yo de comerlo sin acompañamientos, me gusta mucho su sabor. Pero esa crema, que tiene un sabor como si se tratase de una vainilla fina, está riquísima. Mejor que las mermeladas típicas que suelen acompañar este plato y que en más de una ocasión han conseguido estropearlo. En este caso el conjunto de sabores está muy bien logrado.
Bonito marinado sobre migas de tomate y crema de cebolleta. De nuevo hablamos de un producto de mucha calidad. Me encanta el sabor del bonito así preparado. El tomate se presenta como una especie de mermelada. Y la crema de cebolleta es finísima y no destaca por su sabor con lo que volvemos a tener un conjunto de sabores que consiguen que lo que realmente sientas es que estás comiendo bonito bien acompañado.
Me río con Marijo, sus comentarios me demuestran que está disfrutando mucho. Cada plato es… “el más rico”. En este caso, como el bacalao es su pescado favorito, tenemos aún más puntos positivos.
Estofado de bacalao y cebolla con crema de patata y huevo. Quizás si tuviese que destacar un plato de la noche, este sería un claro candidato. Excelente conjunto. La cantidad de bacalao es mucho más que suficiente para saber lo que estás comiendo. La crema de patata está finísima y realmente sabrosa y si lo mezclas todo y lo comes con cuchara, realmente el resultado es impresionantemente sápido. Muy rico.
Txipirones en su tinta. Aquí no hay mucho que contar, realmente unos co.jonudos txipis con esa tinta que tienta y tienta hasta conseguir que con el estupendo pan, demos cuenta de ella demostrando lo “poco finos” que somos.
Pollo en costra de pistacho sobre crema de puerro. Pues una carne que nos dice a la primera que no es un pollo cualquiera. Carne potente que nos indica que este pollo es de muchísima calidad. La costra está muy rica y realmente tiene ese toque de pistacho. Aunque en la foto no se aprecie en su justa medida, lleva un ravioli de pollo que está impresionantemente rico. En este caso han usado el muslo deshuesado. Su carne siempre resulta mucho más jugosa.
En el menú aparece un postre que lleva piña y Marijo me dice que no le hace demasiada gracia. Sin problema alguno nos ofrecen la carta para que elijamos el que más nos guste.
Yo me he ido de cabeza a uno que realmente es pura tradición. Me comenta la camarera que es uno de los que no desaparecerá jamás de la carta. Un plato muy demandado y la verdad es que no me extraña nada. Ya lo había probado en otra ocasión y quería compartir esta sensación. A mi, me trae muchos recuerdos de la niñez. Está para cerrar los ojos y disfrutarlo poquito a poquito. Otz bero de helado de nueces, intxaursaltza y chocolate caliente. (Otz es frío en euskera, bero es caliente e intxaursaltza es salsa de nueces). Un postre de diez, un postre fresco, sabroso, dulce. Sabe a nuez. Buen remate.
Salimos ahora a esa terraza, con una temperatura suave, que invita a disfrutar aún más de la noche. Allí que nos traen los cafés, muy bien preparados por cierto y unos detalles en forma de bizcocho de chocolate y unas galletas. En este caso “el pintor” no tenía que disimular ningún fallo de otros gremios pero si hubiese tenido que hacerlo, lo hubiese conseguido.
Felices y contentos abandonamos el restaurante. Sensación plena de satisfacción. Una estrella bien ganada y bien mantenida.
Para ver las fotos: http://gastiondo.blogspot.com.es/

Una gran noche. Una noche en la que el Gran Andra Mari pudo mostrar todo su esplendor. Platos de Aretxondo de Aizian y de Andra mari, en Andra Mari y maridados con grandes Chablis.Un despliegue de servicio, atención, tradición, raices y elegancia. Una gran cena dónde impactó el begihaundi con huevo y azafrán de Aretxondo. Un plato magnífico, rompedor, diferente y contundente que nos fascinó. Viera asada con alcahofas y espárragos, estofado de bacalao con cebolla patata y huevo y otras presentaciones que una gran noche nos confirmaron lo ya sabido: Andra mari es grande , desde hace años y contra viento y marea

Con estrella desde el 82, es admirable como este restaurante ha sabido mantener su esencia y evolucionar, adaptándose a nuevas tendencias. Marco incomparable, buena bodega, servicio clásico , amable y profesional. Buena atención en todo, también en el vino y ofreciendo al menos dos menús completos y apetecibles. Yo he probado uno de 59 euros que me encantado por condensar platos clásicos con evoluciones y sorpresas con un nivel de ejecución y productos sobresaliente. Ostras con jugo de naranja y lima, equilibrado y estimulante. Alcachofas sbre una salsa verde con un pure de almendra amarga-dulce, memorable. Corzo , salmonete co dos algas distintas y cocinadas distintas para comerse el mar y dos postres delicados y potentes( natilla de azafrán y decosntrucción de tiramisú), que te llevan al final con plenitud y satisfacción. Por si fuera poco, que vistas y que recuerdos. En su mejor momento, impulsado y recomendable

El cielo había dado una tregua y después de incontables días de nubes y lluvia, el sol brillaba con fuerza. Decidimos visitar un restaurante fuera de la gran urbe, buscando poder disfrutar del día y de unas preciosas vistas mientras comemos. Llevaba mucho tiempo rondando mi cabeza el visitar el Andra Mari, y tras varios intentos fallidos (estaban completos) finalmente conseguí mesa.

Al llegar, me detengo un momento en las escaleras que bajan hacia la entrada y me quedo mirando el precioso caserío; paredes de sólida piedra, ladrillo y madera, todo repleto de flores y plantas bien cuidadas…tal y como lo recordaba de la última vez que estuve. Por cierto, cuento mentalmente y mi cabeza viaja hasta el año 2006, fecha de mi última visita a este local. ¿Por qué he tardado tantos años en volver si es un lugar que me encanta?

Accedemos al interior y nuestra primera sensación es la de que allí nada ha cambiado durante todos estos años en nuestra ausencia, la misma decoración tradicional mezcla de piedra y maderas nobles, el mismo equipo de sala vestido con traje tradicional, la misma jefa de sala vestida de negro…es como si no hubieran pasado esos 8 años.

Previa reserva telefónica, nos ubican en una mesa cuadrada vestida con mantel de tela blanco. Cubertería, vajilla y cristalería de calidad. Nos han ubicado junto a la cristalera que ofrece unas vistas privilegiadas del valle. La vegetación se desparrama por todas las laderas de las numerosas montañas que se divisan y allá al fondo, el macizo del Gorbea presidiéndolo todo; preciosa estampa que me tuvo hipnotizado con la mirada perdida durante muchos momentos de la comida.

Su cocina presenta varias opciones, a la carta, Menú Tradicional Elexalde (41,80 € Iva incluido) y MENÚ ANDRA MARI (64,90 € Iva incluido). Nos decidimos por este último compuesto por 6 platos + 2 postres:

**APERITIVO (por cuenta de la casa): una copa de txakoli de la zona, una galleta de queso y unas barritas de oliva negra. Estupendo comienzo.

**OSTRÓN SOBRE ESCABECHE DE NARANJA Y MANZANA: Un plato muy “liquido” ya que a la acuosidad de la ostra, se unía el escabeche de naranja, que era una especie de sopa en el fondo del plato y a las tiras de manzana recién cortadas. En boca superjugoso con contrastes de sabores y texturas…buenísimo. (VER FOTO)

**ALCACHOFAS, BORRAJAS Y CARDOS SALTEADOS: Una alcachofa partida por la mitad con tiras de cardo y borrajas todo ello pasado por la plancha. Muy buen punto de plancha que le daba a las verduras ese sabor característico que a mí particularmente me encanta. Muy rico.

**CIGALA ASADA CON TUÉTANO ATEMPERADO Y CREMA DE COLIFLOR: una riquísima crema de coliflor, bañada por un caldo de sabor intenso a carne, y sobre la crema, el tuétano cocido y la cigala. Sabores potentes que hicieron nuestras delicias. Este plato es de sobresaliente. (VER FOTO)

**TERRINA DE OREJA DE CERDO CON CEBOLLA MORADA DE ZALLA: Plato muy colorista; bloque de oreja de cerdo acompañada con su propio jugo y ornamentada con cebolla de zalla en diferentes formas y preparaciones. Este plato o te enamora o te echa para atrás. A mí me enamoró, a mi compañera sin embargo, la textura de la oreja que es muy cartilaginosa no le hizo gracia. Para aquellos que disfrutan de este tipo de platos realmente delicioso. Yo en esta ocasión lo hice doblemente. (VER FOTO)

**LOMO DE SALMONETE CON ALGAS Y SALSA VERDE DE BERBERECHOS: Plato con pleno sabor a mar. Un único pero…el salmonete para nuestro gusto estaba un pelín pasado de punto. Aun así, los sabores que transmitía eran intensos y el punto del pescado no anuló el disfrute.

**CORZO ASADO CON BONIATO, ACEITUNAS NEGRAS Y CACAO: Un buen taco de corzo, carne muy rica y de sabor potente. El contraste que producían las aceitunas negras y el dulzor del cacao realmente bueno.

**NATILLAS DE AZAFRÁN CON SORBETE DE CACAO Y MARACUYÁ: el sabor final de toda la mezcla de ingredientes muy rico. Curiosamente, las natillas no eran líquidas, sino que tenían textura gelatinosa similar a la de un flan. Yo personalmente eché de menos unas natillas al uso, de las de toda la vida. En mi humilde opinión hubiera sido un plato más divertido de comer.

**TIRAMISÚ: un buen rulo ornamentado con chocolate negro en diferentes texturas (helado y banda crujiente). El tiramisú muy cremoso, muy logrado; al igual que todos los platos degustados, realmente rico.

Acompañó la comida una variedad que panes que fueron repuestos a tiempo según se iba dando buena cuenta de cada uno de ellos con las diferentes salsas que adornaban cada uno de los platos: bollitos de cebolla, bollito artesano, y el que más nos gustó, pan de maíz que en este local está delicioso.

VINO: carta variada, con precios bastante altos en mi opinión. Entre ellos me llamó la atención Tricó 2010 que estaba a 66 € Iva incluido…tenía ganas de probarlo pero me pareció un precio excesivo. Finalmente opté por un vino tinto, concretamente PSI 2011, Ribera de Duero, Bodega Dominio de Pingus. (42,90 € Iva incluido). Presentación de botella, descorche, primer servicio y llenado de copas esporádico durante la comida. Llegó a mesa quizá un pelín frío pero cogió su temperatura enseguida. Servido en buenas copas, estaba muy rico aunque quizá esperaba más de este vino; puede que le falte un poco más de tiempo en botella.

También bebimos una botella de agua. Curiosamente tenían carta, eligiendo un agua procedente de noruega: VOSS, botella de diseño muy bonita de 1/3. Uno pudiera pensar que todos los aguas saben igual, pues no. Éste tenía un sabor característico que no sabría describir, vamos, que hay que probarla para que cada uno saque sus conclusiones. (3,85 € Iva incluido).

Terminé la comida con una copa de ITSASMENDI VENDIMIA TARDÍA 2009. Era la primera vez que lo probaba y me gustó mucho. En boca resultaba una mezcla perfecta entre los matices dulces y ácidos de la uva. Supuso un final feliz para este reencuentro con el restaurante.
(4,95 € Iva incluido)

Café cortado (rico) e infusión.

La cuenta ascendió a 187,55 € (Iva incluido). La calidad de su cocina y de su producto es muy buena, y el local merece la pena, pero tiene su precio.

Servicio de mesa formado por el mismo grupo de mujeres de toda la vida, yo creo que no ha cambiado ninguna de las que estaban en mi última visita. Te atienden muy amablemente, te explican la composición de cada uno de los platos y no falta de nada durante la comida. El único detalle que no nos gustó fue que mientras estaba yo terminando uno de los platos, comenzaron a colocar los cubiertos del siguiente plato. Es un detalle que no llego a entender ya que tienen sobrada experiencia para no cometer este tipo de fallos que son muy notorios. Por lo demás el servicio fue bueno.

Un restaurante para volver una y mil veces. Cuentan con una experiencia que hace que todas sus creaciones mantengan un nivel de notable para arriba. Para mí, un valor seguro en cada visita. Me propongo firmemente no tardar otros 8 años en volver.

  • Terrina de oreja de cerdo con cebolla morada de Zalla

  • Cigala asada con tuétano atemperado y crema de coliflor

  • Ostrón sobre escabeche de naranja y manzana

Venidos desde Laredo visite este afamado restaurante por primera vez,contrate el menú Bodega,con visita incluida a la misma.
He de comentar que tanto el emplazamiento,decoracion y conservación de la bodega me cautivo,la atencion del jefe de sala extraordinaria,todo con un sabor añejo y una calidez ambiental propia de las estancias de nuestra propia casa.
El salón comedor,mas de lo mismo,mucha luminosidad y mucha calidez en el ambiente.
Respecto a la comida me gustaron todos los platos,sabrosos y muy apetecible,se notan que dominan su oferta gastronómica(setas con ravioli de huevo,carrilleras,merluza y arroz cremoso y una estupenda torrija con un sabrosísimo helado de cacahuete).....en definitiva,muy recomendable lugar a unos precios muy razonables.....por lo tanto hay que premiar a quien se adecua a los tiempos actuales sin perder calidad con la asistencia para pasar una gran jornada gastronómica.....Enhorabuena

Bueno, hace ya casi una semana que estuve disfrutando de este restaurante. Me gustó, dirçia que lo suficiente para volver a comer en él.

Comedor de corte clásico, excelente mantelería y demás hierbas. Personal con un servicio correctisimo. Buena presentación, etc.

Fuí con una amiga y esto es lo que comimos:

- Aperitivo de la casa: morcilla sobre una crema de garbanzos (si mal no recuerdo). Muy buena de sabor, de textura, de todo que coño!!

Luego compartimos dos entrantes:

- Vieria sobre una cama de manitas deshuesadas... Increible!!!!
- Kokotxas. En la linea del primer entrante. Espectacular.

De segundo:

- Por mi parte un buen solomillo. Vuelta y vuelta, sobre una crema de queso y con unas patatas laminadas realmente buenas. Hacia mucho que no disfrutaba de un solomillo de esta manera.

- Mi acompañante creo recordar que también comío carne, pero realmente no me acuerdo. (Suele pasarme).

De postre...que demonios comimos. Ah si! Yo elegí uno que habia con chocolate caliente, helador y demás que estaba muy bueno. Mi amiga se decanto por un sorbete de naranja que decia era excelente.

Acompañamos la comida con pan de maíz, de las tres variedades que te ofecen, y estaba muy bueno.

Para beber, una botellita de Juve Camps y otra de agua. Luego me riñieron por no haber pedido Tattinger o la viuda.

Culminamos la comida con unos excelentes cafes!

Total por el festín, 145€. Como para no volver!

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