Restaurante Rausell en Valencia

Restaurante Rausell

Datos de Rausell
Precio Medio:
41 €
Valoración Media:
6.8 10
SERVICIO DEL VINO:
6.0 10
COMIDA:
7.6 10
ENTORNO:
6.3 10
Calidad-precio:
7.3 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Valencia
Localidad: Valencia
Zona: Ciutat Vella
Dirección: C/ Ángel Guimerá, nº 61
Código postal: 46008
Tipo de cocina: De mercado
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 17,60 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Lunes y martes. Domingo noche

Teléfono


Opiniones de Rausell
OPINIONES
40

Nos lo habían recomendado con tanto ímpetu que quizás por ello ni las bravas ni el revuelto nos cautivaron. Patatas bravas que no lo son y revuelto de boletos con fua, demasiado hecho.
Pero viendo su buena carta de vinos, precios razonable y ambiente agradable seguiamos esperando ese plato q te hace volver. El arroz un poco duro pero sabroso. El único sobresaliente para unos canelones, realmente buenos.

La sorpresa en el postre. Sorbete de cava. En el interior de la copa unas VIRUTAS de ACERO ( de un estropajo? ) se le enseña al camarero que lo retira riendo.
Tarda en traer nuevamente el postre; ya sin virutas pero con un sabor realmente MALO. El sorbete queda sin tomar ( todos coincidimos en que esta brrr). En la cuenta, el súper sorbete y ni 1 disculpa. Igual el sorbete era "AL ROBOCOP " , de no ser así restaurante para olvidar.

Parece ser que el negocio comenzó como una casa de platos preparados, y lo hacían tan bien que sus clientes les animaban a montar un restaurante. Se decidieron y ahí están, triunfando.

Jueves mediodía y todo lleno: la parte de comida para llevar, la barra, las mesitas al otro lado del pasillito paralelo a la barra, y los dos comedores. A reventar. No cabía un comensal más. Y eso en estos tiempos que corren… ¿Y por qué? Pues muy simple: dan buen producto, bien transformado y a buen precio.

La sala en la que nos acomodaron era cuadradota, de moderna construcción, pintada en suaves beige, cremas… y con algún detalle como una discreta cerca clavada en la pared que busca dar la impresión de que estás en un corral. Muy agradable. Las mesas, correctas de tamaño, la separación entre las mismas, ajustada. Sin apreturas pero sin holguras.

La cocina, tradicional, basada en la calidad del producto y preocupada únicamente en no entorpecer la tarea que por sí misma desarrolla la materia prima. Es de estos restaurantes que dan poco juego a la hora de comentarlos, ya que no hay mucho de qué hablar que no sea enaltecer el producto.

Tomamos:

 Entrantes
• Chipirones plancha
• Virutas de rape
• Pulpo a la gallega
• Berberechos vapor

 Principal
• Paella

 Postre
• Sorbete de limón

Como decíamos, poco que añadir: materia prima de calidad, y únicamente especificar que los chipirones eran una locura (yo creo que eran sepionets…), que las virutas de rape eran como lascas pequeñas de este pescado, rebozaditas de un modo jugoso, y que la paella, al medio, estaba como gusta en Valencia y no tanto fuera, con el grano enterito y en ocasiones incluso durito.

Buena carta de vinos. Tomamos para cuatro una botella de godello, Val de Sil 2010, que está en su mejor momento. Tratado sin mimos, en buenas copas, Stoltze.

Servicio profesional, de los de antes.

Un espacio recomendable tanto para llevarte a casa comida preparada, como para tomar un aperitivo, como para comer en la barra, o como para entrar en el restaurante.

Uno de los mejores sitios en los que comer en Valencia si no quieres ir a una estrella Michelín.
El personal es muy agradable. Lo mejor es sentarse en la barra para poder respirar el ambiente y gozar del trabajo de los cocineros (además de escuchar algún que otro chiste).
La gamba roja de Dénia es exquisita, en general todo el pescado y marisco está para chuparse los dedos. Las bravas siempre han sido las mejores de Valencia, aunque últimamente parecen estar fallando, no sé si es que ya las tienen todas preparadas y las meten en el microondas, pero las últimas dos veces no estaban igual.

Fuimos por las criticas de Verema, y la verdad es que bien con algún pero.
El local estaba lleno, pero el servicio bien.
En cuanto a la comida, toda muy buena, excepto el principal, (pedimos buey para compartir 56€ 850gr), ya que he probado carne bastante mejor en Valencia.
De entrantes unas bravas, y un revuelto de esparragos y gambas. Buenisimo. Y para beber un Matarromera(23€). No pedimos postre, y terminamos con cafe.

Volveremos y encargaremos arroz

Comida con amigos y como siempre El Rausell no falla. Al centro unos berberechos al vapor exquisitos aunque algo pequeños, pulpitos con ajos y sobre todo unas espectaculares gambas a la plancha muy bien cocinadas, jugosas, de buen tamaño y con la sal justa.
De segundo un arroz meloso de bogavante y alcachofas también muy bueno. Raciones amplias (pedimos para dos y fue suficiente para tres).
Para beber Mauro, servido bien de temperatura aunque el servicio consiste en abrir y dar a probar.
Pedimos un plato de queso como prepostre para acabar el vino y lo prepararon con tres tipos distintos (un par de manchegos y un cremoso azul) y frutos secos. Correcto.
Ya estaba saciado y sólo fui capaz de tomar piña natural y por tanto poco puedo decir de los postres.
Terminamos con cafés y un buen brandy (Larios 1886).
Del precio no puedo hablar pues me invitaron pero decir que el que pagó también estaba contento, de modo que lo tomo como una señal positiva de que la RCP era correcta.

Visita a la capital del Regne con la ilusión depositada en conocer a Marcos, nuevo en la familia. El feliz padre de la criatura nos lleva a celebrarlo a éste restaurante, del que ya nos habían hablado en otras ocasiones. Fuimos bien entradas las 15 horas por lo que supusímos sería imposible encontrar mesa. Pues eso, el restaurante lleno hasta arriba, llama mucho la atención que la cocina/barra se funden con una tienda bastante modernilla y limpísima de "comidas para llevar", super curioso y muy profesional. Como decía, local lleno hasta la bandera. Pedimos mesa para 4 y... sorpresa!! tuvímos la suerte de cara, una mesa estaba pidiendo la cuenta en ese preciso instante. Esta fué nuestra verdadera suerte.
Lo que tiene que ver con el manduco no es suerte, es profesionalidad.
Nos plantamos unas patatas bravas que a mi me sorprendieron muchísimo. Buenísimas, naturales, cocinadas como se debe. Plato tan utilizado en baretos y chiringos de un modo tan superficial que aquí se saborea como si fuera la primera vez. Cuando me lo sugirió el afitrión me quedé pensativo y luego resultó ser una de las estrellas.
Un par de navajas para cada comensal, frescas y buenas.
Chopitos en su salsa, buenos, sin tirar cohetes, pero correctos.
Panes y rosquillas muy buenos acompañados de tomate y allioli.
Y la traka, una fideuá exquisita, de lo mejorcito que he probado en tiempo. Dejamos la paella temblando. Ademas, sin sugerencia x nuestra parte cocinada como a mi mas me gusta (gustos colores) pimenton abundante, fideo gordo, cigalitas, en fín, día suertudo el nuestro. Esto a las horas que fué y con la chorra de encontrar mesa hacen que mi valoración sea altísima.
Todo regado con un par de Pago de Capellanes.
Postre, bomba de chocolate. El final feliz para cualquiera. Cafés.
Para volver, volver y volver. Creo que voy a retomar el circuito Valencia..

Hola a tods, esta es mi primera crítica gastronómica en este lugar y espero que sea la primera de muchas.

Estuvimos ayer noche en este local. Nos había costado reservar mesa porque al tratarse de un restaurante con pocas mesas nos fue difícil conseguir mesa, pero al final ayer nos tocó en suerte.

El entorno es correcto, con dos tipos de comedor: el primero justo al lado de la barra y separado por una cristalera (en este teníamos la mesa reservada), y el segundo al cruzar un umbral que tendrá aproximadamente doce mesas. La decoración es sobria y elegante, sin dispendios pero con la intención de que lo importante esté por llegar. La mesa ancha, ideal para dos personas o cuatro, y con distancia suficiente con otras mesas, lo que facilita la conversación amena y sin tener que ser comedido a la hora de hablar.

Al traernos la carta nos ofrecieron una cerveza, pero podían haberse esmerado más en lo que nos pusieron para acompañar la bebida, ya que pusieron unas patats fritas de bolsa. Algo que restó un poco de glamour al sitio. No obstante, esto no es reseñable.

A lo que vamos, en la carta diferencian entre picadas, entrantes, carnes y pesacdos. Nos decidimos por tres picadas o entrantes cada uno, que compartiríamos a medida que avanzase la cena. Este fue el recorrido gastronómico:

Unos berberechos al vapor: no nos defraudaron, eran grandes, con una fina capa de aceite y limón pero sin quitarles el gusto. Nos sorprendieron positivamente porque hay lugares en los que pedir berberechos es como pedirlos de lata y eso no compensa.

La segunda picada que nos trajeron fue el calamar, una de las estrellas de la noche. El precio de la carta está relacionado con el peso, en este caso nos pusieron una de unos 300 gramos aprox. que nos costó 12 euros. Se notaba que era un calamar fresco, sin duda, y su sabor era exquisito, con gusto a calamar. Hay lugar que el calamar sabe a plástico.
El siguiente fue pulpo a la gallega: bien cocido, fresco, quizás un exceso de pimentón, pero muy buen sabor, recomendable sin lugar a dudas.

Después, puntilla en salsa con ajetes: un plato de toma pan y moja. Nos acabamos la cesta de pan que nos pusieron (había rebanadas de pan negro y pan de coca). Muy buena elección por parte de mi acompañante.

El siguiente fue otro plato estrella: el revuelto de boletus y foie. Sublime la proporción y equilibrio del plato, una combinación perfecta que despierta todos los sentidos. En otra ocasión que quiera probar un plato más contundente, este será sin duda uno de los entrantes.

Y para finalizar, el revuelto de patatas a lo pobre con jamón de bellota. Este plato también estaba muy conseguido, aunque ya sabemos que mezclar patatas con huevo es casi una victoria seguro para los paladares más exigentes. El jamón 100% bellota, exquisito. Por consiguiente, éxito asegurado.

El vino, Mauro cosecha 2006 tinto crianza, 30 euros. Gran vino, sin D.O. Ribera del Duero pero tampoco le hace falta ceñirse a las exigencias del consejo regulador. Sabiendo que es de Tudela de Duero, se trata de un Ribera, pertenezca o no a la D.O.

Después los cafés, no pedimos postres. Repetimos cafés, a los que nos invitaron, y para acabar un gin tonic y licor de melocotón con hielo. Simplemente una cena perfecta. Llegamos a las 21.30 puntuales y salimos sobre las 00.30. El tiempo nos pasó volando, el servicio fue muy correcto, nos quitaban el plato sucio cada vez que lo veían y estuvieron atentos a nuestras peticiones.

Un lugar muy recomendable para los que no quieren improvisar con la comida, para los que no quieren que les tomen el pelo ni les vendan más el envoltorio que el caramelo. Comer y disfrutar, es decir, la esencia de un buen restaurante, se dan cita en este local. Si bien es cierto que la carta no es de hacer muchos experimentos, la materia prima sí es de primera calidad y, además, saben trabajarla sin estropearla y, lo más importante, sin confundirla con sabores impropios de esa materia prima, sin ponerles siropes ni azúcares que mitiguen el sabor inconfundible de un buen producto.

Volveremos.

Estuvmos viernes noche, local lleno tanto las mesas como la barra.

Decoración elegante y sobria, mesas amplias y bien separadas.

Una carta variada de cocina mercado basada en el producto, sin inventos ni alardes. No hay ni se esperan crujientes, espumas, aromas y demás. La carne plancha, el pescado a la sal y las patatas bravas.

Una carta de vinos correcta con una buena RCP. Bebimos un Priorato del que no recuerdo el nombre a 24€. Correcto aunque un poco duro.

La comida sensacional, gambas a la sal (buenísimas), tellinas (espectaculares) una ensalada de frutos del mar (original y buena) y quisquilla. Para cerrar un entrecot a la plancha de buena calidad.

El trato amable y cordial. La rcp buena. Llevan tiempo haciendo lo que hacen y lo hacen bien. Para terminar un buen PX y un GT de Citadelle con Fever Tree. Nos fuimos felices y contentos.

16 de marzo por la noche, Valencia a tope, menos mal que habiamos reservado con antelación porque el local estaba lleno a revosar, lo que no impidio que el servicio y la espera entre platos fueran correctos. despúes de los elogios a las patatas bravas de este local nos decidimos a probarlas y la verdad que no defraudarón. seguimos con un revuelto de boletus y foie(bueno) y de plato principal un bacalao gratinado de muy buena calidad y una chuleta de mamon que estaba buena, aunque por ponerle un pero con una R.C.P. un poco alta, ya que si el peso es verdad que era de 575 gramos, calculo que la mitad correspondía al hueso y por 31,60 euros + Iva hay otras opciones. tomamos un Ribera de Duero pesquera crianza 21 euros que estaba muy bueno. Acabamos con cafes y gintonis. Una cena agradable y decir que volveremos a probar los mariscos que tenían muy buena cara.

Del local diré, que la entrada esta presidida por una larga barra, en donde se pueden degustar la comida.Dividido en varios salones, nosotros nos sentamos al final del grande, mas comoda esta mesa, ya que se disimula mas el sonido en sala.Mesas espaciosas y bien vestidas.
El servicio es bueno y directo, la carta de comida esta bien nutrida, con variedad para todos los gustos, nosotros nos decantamos por cenar a base de entrantes, que fueron después de unas cervezas de barril (tremendamente frías) y un platito de cacao y almendra.
Tomamos verdura a la plancha, bien completa y con suficiente cantidad(buena).
Dos anchoas del cantrabrico, de buen calibre(buenas)
Cigalas salteadas con ajos tiernos( este fue el plato que nos fallo, pues la cigalas estaban casi sin sabor, desconozco el motivo).
Revuelto de patatas con jamón de bellota, esto no falla, aquí cayo la cesta de pan...
Mención a destacar la carta de vinos, muy completa y con precios ajustados, además de los vinos de carta se pueden encontrar mas posibilidades en la bonita bodega que dispone el local.Nosotros tomamos Venta la Ossa 2006.
Para el postre tomamos una tarta de queso y una bomba de chocolate, ambas muy buenas.Y aquí tuvieron el detalle de dejarnos un vino dulce en la mesa, en que mala hora, le dejamos la botella temblando(insistí en que nos la cobraran, y no lo hicieron).Era Victoria Conarte, vino Malageño.
En definitiva todo muy bien, y si a esto añadimos que la factura no es para nada desorbitada, pues poco mas se puede pedir.

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