Restaurante Blanqueries en Valencia

Restaurante Blanqueries

26
Datos de Blanqueries
Precio Medio:
31 €
Valoración Media:
7.8 10
Servicio del vino:
7.3 10
Comida:
7.8 10
Entorno:
7.6 10
Calidad-precio:
8.4 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Zona: Ciutat Vella
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: De mercado, Mediterránea
Vino por copas:
Precio desde 20,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)
Cierra: Abierto domingos mediodía. Cierra domingos noche y lunes todo el día.

Teléfono


26 Opiniones de Blanqueries

Si deseas comer bien, con una excelente RCP, este restaurante es, sin duda, uno de mis favoritos....fuimos 18 comensales, y a todos gustó, tanto lo comido como el excelente servicio, y la amabilidad y profesionalidad del equipo de sala.

Como aperitivo, una estupenda croqueta de jamón.

De entrantes: Gamba, kataifi y col (correcto), triángulo de bacalao con algas (rico), y un exquisito guiso de sepionet(para no pñarar de mojar el buen pan que se ofrece).

Principal: en mi caso, opté por una espectacular terrina de rabo de buey- olé!!- También se podía optar por un "trabado" arroz melosso de magro, perona y alcachofa o por un lomo de corvina.

De postres: tarta tatín, panacota, brownie de chocolate con pera y naranja (opté por este último, y no falló; generosa ración)

De bebercia, aguas, cervezas, y  vino (para el número de comensales que éramos, un tinto y un verdejo seco, que sirvieron para acompañar las comandas, y de los que no recuerdo el nombre) .

Todos quedamos satisfechos....no falla!!

Después de haber visitado en varias ocasiones este restaurante encantador, ver mi link https://www.verema.com/restaurantes/101567-blanqueries-valencia/valoraciones/1213858-bienvenidos-ikea he de recomendarles dos cuestiones, la primera es que la comida no debe ser deglutida, sino degustada, ello conlleva marcar bien los tiempos de cocina con los servicios, ergo una atencion en sala para ver como avanzan los comensales respecto a los platos que van tomando.
Comienzo a odiar un poco la solucion de los menus cerrados, esos que estan tan de moda y que tan solo te permiten elegir el plato principal y salen los entrantes elaborados previamente a una velocidad tan rapida, que parece que te esten dando de comer en el rancho del ejercito.
La segunda cuestion, aunque me gusta pedir la botella de vino que deseo, en ocasiones la has terminado y no te apetece pedir otra, ya que tan solo te falta una copa mas, en ese caso esperas que en un sitio como este puedan ofrecerte dos o tres referencias como minimo, pero que solo puedas tomar un bobal, es un reto para el comensal, esta no es la uva mas apetecible cuando ya has tomado un buen vino y deseas terminar con algo mas de vino y no tomar un gintonic o cualquier otro destilado, recomiendo que te ofrezcan tambien la posibilidad de elegir algun vino apetecible ya que si te ofrecen 10 o 12 referencias de ginebra.
Saludos

Cualquier excusa es buena para celebrar y "pensat y fet" desde el coche y en lugar de volver a casa, nos vamos a comer. ¿Dónde? A un sitio académicamente perfecto y que no desequilibre presupuestos. Estamos en la orilla del río, asi que vamos sin dudarlo. Como es pleno verano, se facilita el único problema del local: aparcar.

Sorprende que haya solo una mesa ocupada. Hay vacaciones también entre el personal aunque no repercute ni en el servicio ni en los platos. vamos por el menú del día que aquí es una muy buena opción en cantidad y calidad.
La carta de vinos se ha renovado y aunque acertamos el que faltaba (riesling) nos explican el por qué, aunque me hubiera gustado no acertar aquí y sí en la Primitiva.

Un aperitivo de la casa: su versión del melón con jamón, suave, refrescante y una entrada agradable. Un pan muy interesante con la posibilidad de pan blanco, de semillas o de aceitunas, repetible más de lo deseable. Hasta el vaso en que se sirve es sorprendente.
Una minicroqueta con base de queso fundido completa completa los extras de la casa.

Ensalada de foie con hortalizas: variedad de verduras, tomate pelado, manzana verde, calabacín, apio, todos cortado muy finito; pequeños brocolis, algunos variantes sin vinagre.

Capuchino de queso: servido en un vasito, con cebolla caramelizada, frutos secos, orejones, queso de cabra y teja de albaricoque. Para comer profundizando cuchara para mezclar los elementos. Una gozada.

Huevo en doble cocción a baja temperatura, luego rebozado y frito sobre un cremoso de patata y aceite de trufa, migas y con una lonchita de jamón. Un plato completo, denso, estructurado e integrado.

De principal: probamos una de raviolis marineros, rellenos de corvina con salsa de mariscos, densa, intensa, con sus gambitas; los raviolis con buen punto de la pasta y buen sabor de relleno.
La otra opción fue la de arroz montañés de pollo, conejo y caracoles. Un punto caldoso con arroz entero, un fondo intenso, bien de caracoles y carne.
Descartamos la carrillera de ternera glaseada en su jugo y hortalizas ya que el menú obliga a elegir un segundo entre tres.

Para postre uno de fruta natural bien cortada con kiwi, manzana, melón, pera, piña. Buena presentación.
La otra opción fueron los chocolates con diferentes formas y colores. Quizás el blanco algo empalagoso pero los negros con diferentes texturas, intensidades y presentaciones estaban en su punto.

Para beber fuimos directos a un blanco, un godello, Neno de Viña Somoza, capaz de acompañar hasta el postre de chocolate.

Unos cafés para finalizar. Factura sin sorpresa: 2 menús y una botella de vino. Un gran servicio en sala tanto en comida como vino en un ambiente elegante. Así se puede celebrar cualquier cosa.

Situado muy cerca de las Torres de Serrano, en los bajos de un edificio de solera. Local amplio en forma de L con buena iluminación natural. Sala principal apta para unos 60 comensales y un pequeño reservado para una docena más. Predominan los colores claros, decoración con cierto aire nórdico, para mi gusto un tanto fría y con algunos elementos decorativos muy curiosos, como un ciervo de plástico colgado en la pared. Las mesas vestidas con caminos de mesa de hilo y con una separación envidiable entre las mismas. Muy a la moda, las sillas son distintas unas de otras.

Ofrecen cocina de mercado con una pincelada creativa, de bonitas presentaciones y perfecta ejecución. Cocina sin sorpresas, pero muy bien resuelta, sabores conjuntados y contrastados permiten el disfrute del comensal.

Además, esta buena cocina la ofrecen a precios muy ajustados. Disponen de carta, pero el gran valor añadido de este restaurante reside en el precio cerrado de sus menús. En estos tiempos difíciles no tener sorpresas en la factura final agrada y convence a la gente. Un menú diario a mediodía por 19 € que incluye tres entrantes a compartir, un segundo y un postre a elegir entre tres apetecibles opciones, además de una bebida, el pan y el café. Por la noche el menú degustación por 26 €.

Los artífices de esta cocina son Guillermo Pérez y Rubén Navarro quienes después de su paso por famosos restaurantes del panorama español decidieron emprender, primero y junto a Claudia Peris en el exitoso Mar d’Avellanes y desde el julio de 2013 los dos en solitario con este proyecto propio que es el restaurante Blanqueries.

Destacable el servicio en sala por su simpatía y buen hacer, con una clara vocación de servicio. Afortunadamente el capítulo del servicio va mejorando poco a poco en España. La cocina ha dado un salto cualitativo, pero la asignatura pendiente sigue siendo el servicio. Tres son las personas que ofician en sala: Esther (que también se responsabiliza de los vinos), Dora y Javi.

La carta de vinos es corta pero interesante, con referencias poco convencionales. Seleccionada con un simple pero estupendo criterio: los vinos al gusto de Esther y con unos precios adecuados y competitivos. La cristalería de calidad, Schott creo recordar y el servicio del vino informal pero suficiente. Cada vez valoro más que me guste la oferta de vinos y que las copas sean de calidad y no tanto una liturgia completa y pomposa de servicio.

Fuimos a mediodía y decidimos probar su tentador menú que consistía en:

Aperitivo de cortesía: crema de verduras y buñuelo de bacalao. Servido en un original vaso cerámico que imita un vasito de cafñe de plástico. Buena forma de empezar.

Entrantes a compartir:
Ensalada de foie y manzana. Los dos elementos principales cortados a bastones, la manzana fresca y el foie en conserva. En este contrastado dueto la manzana aporta frescor y acidez a la densidad grasa del foie. Completaba la ensalada un popurrí de brotes verdes y un, a mi criterio, descolocado tomate que poco decía allí.

Capuchino de queso de cabra. Servido en vaso de zurito. Crema de calabaza al fondo y una mousse de un suave queso de cabra completa el vaso, acompañado de algún fruto seco. Se presenta tapado de una fina rebanada de pan de semillas crujiente. Para comer de abajo a arriba. Plena armonía de los dos ingredientes principales.

Huevo crujiente con cremoso de patata. Una de las combinaciones recurrentes hoy en día, pero no por ello me canso de comerla. En esta ocasión muy bien resuelta. Cada uno de los componentes perfectamente cocinados aportando al conjunto un gran equilibrio y sabor.

Segundos:
Arroz meloso de sepia, rape y alcachofas.
Fue mi opción. Un sabroso y equilibrado arroz, servido caldoso que no meloso. Con suficientes tropezones, de buen fondo y acertado punto de cocción del arroz.

Otros pidieron la corvina y el canelón y todos quedaron bien satisfechos con su elección.

Postres:

Semi-frío de chocolate blanco al cardamomo con bizcocho de zanahoria. Mi opción, acertada combinación de sabores, postre que en conjunto resulta ligero y equilibrado. Por gusto personal me hubiese gustado un bizcocho de zanahoria de sabor más intenso.

Ensalada de fruta con chocolate.

Financier de almendra con manzana, canela y chufa.

También en esta ocasión elegimos todas las ofertas posibles y todos colmamos nuestro “diente dulce”.

Para beber, tras unas refrescantes cervezas, un novedoso Finca Calvestra 2012 monovarietal de Merseguera. Una maravilla de vino, delicadamente frutal con un fondo tenue de madera. Si Toni Sarrión triunfó y sigue triunfando con la Bobal, ahora apuesta por la también autóctona valenciana Mersegurera elaborando uno de los mejores blancos del Mediterráneo. Para los incondicionales del tinto nos recomendó Esther un buen Douro, el Seis Quintas de Martúe 2011 Reserva.

Si quieres disfrutar en Valencia de una cocina de mercado e inspiración mediterránea a precio cerrado y de ejecución impecable, éste es tu restaurante.

Post completo con fotos en: http://www.vinowine.es/restaurantes/restaurant-blanqueries.html

Efectivamente, nos encontramos ante un espacio de carácter nórdico, por su decoración, minimalismo y espacio, lo cual es toda una gran ventaja para el comensal.
Mesas lo suficientemente separadas entres si, como para permitir el disfrute, nada que ver con su anterior “Tacita de plata”, más bien hacinados y enlatados, como debe ser una taberna.
En este restaurante no descubres nada nuevo, si ya eras un habitual de Mardeavellanas, ya que sus cocineros son los mismos, ergo la carta ha variado en poco, pero si algo es acertado y además muy acertado, para que vas a transformarlo? Así que larga vida al concepto que comenzaron hace ya unos años.
El servicio, súper atento, seña de la casa, rápido y diligente, el sistema de comanda ya ha sido comentado por algunos foreros, una oferta de un menú a medio día, dos ofertas de menú degustación con la novedad de un menú nocturno reducido y a un precio de 19€, (tres entrantes para compartir, un segundo entre pescado u otro con alternativa de carne, y un postre del día) mas bebidas, por cierto, se han traído también el fabuloso L’Inconcient para deleite del paladar.
Armonía, buen rollo, buena ubicación, comida liviana bien emplatada, que te hace salir del lugar con la sensación de haber comido más de lo que realmente has tomado, tal vez sea porque su oferta de panes no cesa en ningún momento.
Estamos frente a un restaurante que ha conseguido un equilibrio perfecto, lo que comes esta bueno, está bien servido, estas a gusto y te hacen sentirte bien, enhorabuena.
Saludos

Cena del mes de junio del Grupo de Catas Valencia en este interesante restaurante, bien ubicado, luminoso y cómodo.
Tomamos el siguiente menú:
Aperitivos
- Crema de verduras
- Buñuelo de bacalao
Entrantes
- Ensalada de salmón
- Capuchino de vieira
- Merendola de foie
Segundos
- Lomo de bacalao confitado con ravioli de pisto y ligero pil-pil
- Paletilla de cordero con ragout de setas
Postres
- Sorbete
- Pastel de queso
Creo que hubo algún cambio en los aperitivos que no recuerdo pero la verdad es que el menú resulto equilibrado, con buenas cantidades y muy variado en productos. Buen nivel general de todos los platos aunque destacaría el Capuchino de Vieira y el Lomo de bacalao.
Buenas copas, vajilla y cambio de cubiertos adecuado.
En resumen, buen servicio, atento y honesto, buena cena, buen pan y café e interesante relación calidad precio a mi entender.
El precio no incluye vino ya que, como siempre, lo aportamos nosotros.

Ya tenia yo ganas de venir a este restaurante que tan buenas criticas a tenido entre los compañeros de Verema.
En esta ocasion y por ser la primera vez que iba, lo hicimos poniendole una prueba de fuego............y la superaron con muchas creces.
Teniamos a la vista una celebracion muy especial de un gran amigo, este me pidio consejo de donde podriamos ir, y entre esta (mi opcion) y alguna otra que barajaba se quedo con Blanqueries, uff vaya responsabilidad, eramos unas 60 personas...

De cerrar el menu ya se encargo el, que fue;

-Aperitivo,

*crema de verduras y buñuelo de bacalao.

-Entrantes,

*capuccino de vieira.
*merendola de foie.
*huevo a baja temperatura sobre cremoso de patata, migas y jamon.

-Segundos,

*bacalao confitado con ravioli de pisto.
*carrillada iberica con pure de calabaza y boletus.

-Postre,

*sorbete y tierra.

De la bebida me encarge yo, la primisa era clara BBB.Y no defraudo, bien !

La comoda estuvo genial, cambiando del menu cualquier intolerancia o mania.
Pero me gustaria destacar un apartado tan importante en estos casos como es el servicio.En este caso estuvo de 11.Magnifica atencion, rapidez en el servir, simpaticos, encantadores y resolutivos.
Todos los comensales hablamos de lo agusto que nos hicieron sentir aquel dia.Estoy seguro que desde entonces han ganado un buen numero de clientes nuevos.

Queda todo dicho, un lugar mas que recomendable.

La armonía de la sala es total. Y no quieres romperla, por eso al rato te preguntas ¿qué narices hago hablando tan bajito?. Amplitud, blancura, luz... mucho gusto y buen juicio, pues combina perfectamente los distintos modelos de sillas y mesas, unas más vestidas que otras en función de su forma, con el espacio que se deja. La música, vajilla, etc. colabora sin duda en lo que a mi juicio es un estupendo entorno.

En cuanto a la comida, sigue un modelo continuista. Una cocina de mercado con unos entrantes y unos principales ya "clásicos" en la restauración moderna. Platos ya probados en el anterior periplo de este equipo sin ir más lejos, solo que ahora los veo más redondos e incluso generosos.

Optamos, una vez dada la explicación, por el menú degustación (26 €.), el que ofrece tres entrantes, dos segundos y un par de postres.

Antes de nada, un aperitivo de bienvenida que sólo vino bien para abrir boca, ya que me pasó inadvertido. Un vasito de crema de verdura con una croqueta de jamón. Por si se me olvida, me chocó la imitación del vasito como si fuera uno de plástico con el dedo pulgar hundido. Así mismo, la navaja para cortar el plato de carne que ya hubiese querido Jose María "El Tempranillo". Originales.

- Ensalada de foie y manzana. El entrante que no me gustó. No entendí esta ensalada, no todo vale. El foie estaba demasiado frío, supongo que para no engrasar, y anulaba su sabor, y la manzana fresca en tiras no llegaba a conseguir una buena combinación. Pero le echo la culpa al resto ¿qué pintaba el tomate? por ejemplo. Vamos, que si le quitas el foie y la manzana es una ensalada al uso.

- Capuccino de queso de cabra. Mucho más de lo que el nombre dice. Un delicioso vaso con fondo de crema de calabaza y frutos secos con la mouse del queso arriba. A comer arrastrando desde abajo. El mejor entrante.

- Huevo a baja temperatura sobre cremoso de patata, migas y jamón. Siempre es un buen bocado, untuoso y con sabor, aunque reconozco que esperaba más. El consejo era removerlo todo.

- Corvina parrillada con puré de berenjena y cebollitas tiernas a la llama. Estupenda pieza de este agradecido pescado de buena carne. Perfecta guarnición con el puré de la berenjena asada y un envuelto de pisto en pasta.

- Carrillera de ternera con parmentier de boletus. Tiernas y con pronunciado sabor, como el que impregnaba su reducción.

- Sorbete. Era de mango y estaba buenísimo, cumplía con su papel refrescante y además sabía a lo que debía saber.

- Brownie. Un lingote, tambíen de buen tamaño, muy bien hecho, consistente, con tropezones de frutos secos en su interior... No pude con él pese a lo bueno que estaba. A los NO golosos esto nos hincha más que dos piernas de cordero juntas.

Como veníamos "cerveceados" pasamos a elegir el vino directamente. Están en plena fase de confección de la nueva carta. Total, que me junté con dos en donde en una tenía que elegir los blancos, y en la otra los tintos. Conforme las cogí las bailé y me hice la ..... un lío. Les Cousins L'Inconscient 2012 consiguió acompañar muy bien al menú.

Unos platos mejor que otros, pero los que sí, estuvieron a un gran nivel. El menú lo van rotando, por lo que puede que se de con uno más equilibrado en cuanto a resultado.
Como ya he leído, y estoy de acuerdo, no hay riesgo, pero si un guiño, un toque, o como queramos llamarlo a una propuesta de cocina agradecida.

Ya desde fuera me gusta. De noche se ve desde la C/ Blanqueries a la gente cenando, se adivina un ambiente trendy…

Una sala realmente espaciosa y desahogada, cabrían un 40% más de mesas si quisieran. Un gran corredor central hace de separación invisible de las dos bandas de mesas. Aire nórdico con toques que le dan calidez. Impera el blanco, pero con la pared en un bonito gris roto tirando a verdoso muy acogedor.

La bodega acristalada embellece la entrada. Buena iluminación, algo subida. Desde los altos techos bajan las lámparas de mimbre hasta casi la mesa.

Clara apuesta por la heterogeneidad, por la huida de la simetría y la monotonía: las mesas son distintas unas de otras, al igual que las lámparas, en cada mesa -con manteles unas sí y otras no- hay tres o cuatro sillas una de cada padre y cada madre…

Mientras nos pensábamos lo que pedíamos nos sacaron un aperitivo que consistió en un sorbete de verduras y una croqueta de jamón, logrados ambos.

Disponían de dos “degus”, uno largo y otro más corto. Optamos por el corto, llamado Menú de noche, que se diferenciaba del largo en que en lugar de dos segundos, carne y pescado, elegías sólo uno y en que los postres, de dos pasaban a uno. Lo que hicimos fue pedirnos un segundo cada uno con la idea de compartirlo, de modo que fue como si pidiéramos el citado “degus” largo, pero con media ración en los principales.

-----Entrantes:
Ensalada de anchoas marinadas con sésamo y soja.
Tartar de atún con aguacate y helado de jengibre.
Huevo a baja temperatura con cremoso de patata, migas y jamón.
-----Principal:
Lomo de bacalao con ligero pil-pil y pimiento a la llama.
Costilla ibérica deshuesada con ragout de setas.
-----Postre:
Chocolate coconut.

Una cocina de mercado, como ellos mismos se etiquetan, sin complicaciones, sin altas miras. Nada destaca por su brillantez o creatividad, pero nada está malo. No busques novedades, riesgos, creatividad… Van a apuestas seguras, eso sí, con mano templada en cocina. Llegan al gran público con la mencionada propuesta culinaria, una buena RCP y un entorno muy cool.

Dejar constancia de la calidad del servicio: gente joven, preparada, cariñosa y profesional. Y bien gobernada y dotada de efectivos.

Correcta oferta de vinos con buen rato de los mismos. Tomamos una botella de un champagne blanc de noirs muy agradable, Veuve Doussot Brut Tradition, una copita de un tinto valenciano resultón con la carne, Bon home 2012, y un dulce con los postres, el infalible Don Px.

Un sitio en el que si quieres llevar a alguien sabes que no fallas. No van a flipar, pero van a estar a gusto y a comer bien.

Volvimos después de mucho tiempo a Blanqueries, donde además realizamos la cata de la Peña La Verema.
Me sigue gustando el entorno de este restaurante moderno con el mismo problema de falta de calidez, calidez que se suple con la que te da el equipo del restaurante, atentos en todo momento, amables y sin un no por respuesta. ¡Qué importante es el servicio y qué poco se valora!

Menú degustación cerrado de antemano en el que volvemos a encontrar una cocina de mercado mediterránea.
Tras el detalle de la casa, una sopa de verduras y un buñuelo de bacalao muy ricos, empezamos con un tartar atún rojo con aguacate y helado de jengibre. Buen producto y el guiño a la cocina de autor con el helado de jengibre que estaba realmente bueno.
Navajas al natural con salsa yodada de coco. Me encantan las navajas, pero el coco es un ingrediente al que no le tengo demasiado aprecio, sobre todo porque suele adueñarse del sabor del plato y desentonar. En este caso el coco está muy sutil, dando sólo un toque fresco ligeramente dulce. Lo que me gustó menos fue una especie chutney de mango que le daba un punto dulce de más. Pero en general muy bueno, tal vez el plato que más me gustó del menú.
Chipirones rellenos en su tinta, sin más, sin filigranas innecesarias pero con todo el sabor del chipirón.
El plato de pescado era un lomo de corvina con ravioli de pisto. De nuevo el peligro de jugar con un pescado tan insípido como es la corvina pero que tan de moda está últimamente, imagino que por una cuestión de precio. No obstante se salva la papeleta y además de una buena textura se consigue un sabor bastante interesante. Falta integrar un poco el resto de ingredientes, el ravioli, un puré de coliflor, etc, para que realmente casen con el pescado, pero el plato en general está bien resuelto.
Paletilla de cordero con cebolleta a la brasa y puré de calabaza asada. El cordero perfecto, cocinado a baja temperatura, imagino que con Roner, lo que da esa textura y ese sabor tan concentrado. De nuevo la calabaza asada queda muy dulce para el sabor tan suave que tiene este cordero, aunque como la cebolla a la brasa casa tan bien, una cosa suple la otra. Buen cordero.
Antes del postre probamos un sorbete de frutos rojos correcto y pasamos al pastel de queso con fresa natural. Un pastel de queso de verdad, sin artificios, con buen sabor y textura "casera". Me gustó porque no es excesivamente dulce y tiene ese punto artesanal.
Servicio de vino entregado, en todo momento pendiente de nosotros, accesible, cercana la encargada de esta tarea estuvo comentando con nosotros toda la noche sin llegar a ser intrusiva. Buenas copas y carta de vinos correcta, con referencias interesantes y buenos precios.

En definitiva, un lugar donde volver a disfrutar de una buena cena a un buen precio.

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar